12 Jul 2007
Syd Barrett murió el domingo al complicarse su diabetes, pero llevaba desaparecido más de treinta años, perdido en su mundo interior como un recluso de su propio genio. «Fue muy famoso hace tiempo, pero nadie sabe siquiera si está vivo», cantaban Television Personalities en 'I Know Where Syd Barrett Lives', una de las incontables muestras de reverencia tributadas a lo largo de las últimas décadas al alma de los primeros Pink Floyd. Más allá del efecto de las drogas, el cerebro de Barrett habría servido como mareante mapa de la psicodelia: sus melodías parecían seguir siempre la senda más difícil, menos conformista, y las interpretaba con letras crípticas y espíritu de duende juguetón. No soy un experto en su obra, ni siquiera un auténtico fan -para eso, ahí está nuestro lector Lobo López, que nos adelantó la noticia en un comentario-, pero 'The Madcap Laughs' siempre me ha parecido una auténtica lección para cantautores, porque muestra lo original que se puede llegar a ser con una guitarra, unas cuerdas vocales y poco más. Pero, claro, se trata de una lección difícil, que sólo pueden aprender bien tipos tan brillantes como Robyn Hitchcock, así que Barrett ha quedado como una rareza, un espécimen único en un
mundo ramplón. Descanse en paz, por fin.
(Por cierto, consuélense visitando al catalán Syd Barretina)
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Ciro Galante dijo
Y como contraimagen esperpéntica, la noticia se difunde el mismo día que la retirada de Guerrero. ¡Vidas paralelas!
Lobo López dijo
No creo que Barrett llegue nunca a grandes audiencias. Para eso sería necesario que utilizaran alguna melodía suya en una campaña publicitaria o película de éxito. Supongo.
Pero siempre hay por ahí gente como R.E.M. o Bowie haciendo versiones de sus coplas. Una vez leí que el listo de Malcolm McLaren quería hacer de los Sex Pistols un grupillo que revitalizara la psicodelia de finales de los 60 haciendo versiones de Barrett (se conoce que el Rotten, Vicious y la compaña no daban para tanto, así que se limitaron a ser lo que fueron).
Como dice el amigo Carlos Benito, Syd Barrett es toda una lección de originalidad para tiempos ramplones. Su "The Madcap Laughs" es, a ratos, hilarante, caótico, sobrecogedor,... La canción "Dark Globe", que R.E.M. acostumbra a versionear en directo, es desesperación desnuda, fuera trucos sonoros y demás harapos.
La cachondísima "Here I go", en la que el protagonista es abandonado por una chica, pero él acaba liándose con la hermana de la malvada que no valoraba su música. Otra cachonda es el corte "Love you", en el que se ríe descaradamente de las canciones de amor.
Recuerdo la primera vez que escuché el gallo del principio de "If it's in you" y la conversación de Barrett con el ingeniero de sonido en el estudio... El gallo es lamentable, sí, pero él, a lo Dylan en su "Bob Dylan's 115th Dream", lo mete en el disco porque le sale de las narices.
En este disco también musica "Golden Hair", un poema de James Joyce.
Y no nos olvidemos de esas maravillas que son la tristérrima "She took a long cold look at me" y la muy celebrada "Terrapin", que abre el disco. Si no me equivoco, creo que el cretino de Gilmour (que produjo esta canción y el siguiente disco de Barrett) la toca en un disco en solitario de hace unos años en el que toca en directo coplas de Pink Floyd acompañado tan sólo de una guitarra acústica ("Gilmour plays Floyd unplugged", creo que se intitula).
Luego está su segundo trabajo en solitario, "Barrett", también conocido por el disco de las avispas por su simpática portada. Contiene cortes tan estupendos como "Rats", "Love Song" o "Wined and dined/I never lied to you". Este álbum suena, digamos que más pop. La guitarra acústica queda más diluida entre los teclados y demás arreglos. Contiene su mayor éxito en solitario, "Gigolo Aunt", aunque tampoco es que llegara muy arriba en las listas; pero sirvió para dar nombre a un grupo que anda por esos mundos de dios.
El disco "Opel", publicado en 1989, no es estrictamente un nuevo disco de Barrett, sino un refrito de tomas alternativas de canciones ya publicadas y otras que se quedaron en el estudio. Una de ellas, "Dolly Rocker" acabó dándole nombre a un fanzine que aún se publica en Inglaterra.
Quede también constancia de su obra dentro de Pink Floyd, que no sólo de Barrett en solitario vive el hombre. Magistrales sus dos primeros singles, "Arnold Layne" (censurado en su momento por la BBC por describir los curiosos hábitos del señor Layne, que tenía afición a robar la ropa interior femenina de los tendederos de ropa) y "See Emily Play". El primer disco de Pink Floyd es casi todo obra del interfecto. En el segundo disco, sus desvaríos ya menudeaban en exceso y sólo le dejaron la última pista, "Jugband Blues", en cuyo inicio se despide: "Es extremadamente considerado por vuestra parte pensar que estoy aquí / y me siento en la obligación de aclararos que no estoy aquí / ... / Me pregunto quién estará escribiendo esta canción".
Tengo debilidad por Barrett, no lo puedo evitar. Cosas de la adolescencia, que es metastásica.
laplaya dijo
mi pésame, menos mal que alguien lo ha mencionado, D. Carlos se está Ud. ganando a pulso mi corazón...investigad sobre aquel tío de Barcelona que tanto se dejo influenciar por él
pendejo electronico dijo
Un artículo en Pegamin, escrito a principios de este año por alguien que sí conocía y admiraba a Barrett
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