16 Oct 2005

Hoy que es domingo, se pueden dedicar cuatro o cinco horas de tiempo libre a escuchar un trocito de Longplayer, una pieza de música que durará mil años -en realidad más, ya que entonces volverá a comenzar de nuevo, siempre que el mundo exista- y que se puede oír en directo a través de Internet, en un faro y un parque del Reino Unido y en Alejandría. Lo más curioso es que el responsable del proyecto es Jem Finer, un tipo que tocaba el banjo con los Pogues y que ha dado un gran salto desde el punk-folk borrachuzo hasta la música eterna generada por ordenador: ayer, en su sexto año, la cosa en cuestión era un solemne pestiño ambiental que sumía en un plácido sueño. La verdad es que, siendo generosos, nos sobran 999 años, 11 meses, 30 días, 23 horas y 55 minutos de obrita.

Nadie escuchará entera Longplayer -qué alivio-, pero hay composiciones musicales todavía menos afortunadas, más... minoritarias. La artista Caroline Kraabel ha puesto en marcha su proyecto 'Los oídos de los muertos', que consiste en lo siguiente: pongamos que usted acepta participar en la iniciativa y después, Dios no lo quiera, va y la palma. Pues bien, Caroline compondrá para usted una pieza de saxofón de «entre tres y diez minutos», la grabará -sin escuchar cómo suena, porque situará el micrófono dentro del instrumento-, colocará unos auriculares a su cadáver y se la reproducirá, para después borrarla. El difunto será así el único oyente y, por lo menos, nadie esperará que aplauda.


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Tenebris

Tenebris dijo

Esto de la música para los muertos me recuerda al cuento de Hans Christian Andersen, titulado "El traje nuevo del emperador" en el que se le vendía aire a precio de oro.



Una música, que solamente podrá escuchar un cerebro que ya no puede percibir, se presta, obviamente, a la desconfianza, máxime si tenemos en cuenta que no ha sido un difunto quien la ha "comisionado" y sufragado sino la cuenta corriente del interfecto pero cuando aún respiraba.



La verdad es que hay gente que sabe buscarse la vida y, lo que es peor, seguro que hay más de un vivo más bien muerto que realiza su encargo.

Tenebris

Tenebris dijo

Perdón.

Coincido con Carlos Benito en su depreciación de la macrosinfonía Longplayer.



Conectar el ordenador al servidor, empezar a sonar esos ruidos vibrantemente metálicos y salir disparada mi perra de la habitación ha sido todo uno.



Ahora, si quiero que deje de aullar, tendré que someterla a una audición de música barroca.

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