Amigos:
Hoy os voy a contar la Biblia.
En orden de intensidad, los meses más sentis son diciembre -uno ya sabe-, agosto -fiestas y antiguos interraíles- y octubre, por lo de los cumpleaños del grupo, y porque se caen las hojas y porque cambian la hora y hay menos luz y porque, oooh, octubre sin duda suena más senti que *mayo*. Aquí también. Creo que octubre es especial, al menos este octubre.
En estos días el depa marcha increíble. Hace dos semanas que tenemos ya el equipo completo y el piso vuelve a ser un popurrí de lo más interesante, como en los viejos tiempos, pero esta vez en México. Es rara la noche en que llego a casa, a menudo tarde por eso de las horas extras, y no hay tertulia en la sala. Frente al balcón acristalado y el horizonte de luces de la ciudad, en los sofás o sobre el suelo de madera, luz tenue o ninguna y una botellita de vino. Es el bálsamo ideal tras cada larga jornada. Y si quiero estar solo, si quiero leer tranquilo y todavía hay luz, sólo tengo que subirme a la azotea: presidiendo la colonia, diez pisos por sobre la vorágine urbana, tiene toda la paz de un faro sobre la mar picada.
Y es que en México no les gusta mucho vivir juntos. Se busca pareja como si en ello fuera la salvación, si no, se renta un cuarto solo y si sucede que no hay dinero, mejor se está uno con los padres. Por lo general, no es mucha la gente que se avienta a vivir con los amigos por puro deseo, y menos aún con desconocidos. En esto, incluso en la fría Barcelona, les ganamos en calidez a los mexicanos. Yo he conseguido que siempre haya alguien en mi casa, alguien a quien me apetece ver.
Oficialmente, vivimos cuatro. Mau es músico, y qué músico. Muy polifacético. A sus veinticuatro, ya ha tocado con Cold War Kids y miembros de The Stills. Su aspecto es el de un palillo con gafas grandes y las barbas del doctor Bacterio. Defeño de nacimiento, crecido en San Antonio, Texas, y curtido por los caminos de Brasil y en la ciudad de Buenos Aires, donde coincidimos en un concierto de Jethro Tull antes de conocernos: una tarde, hace poco, me vio la camiseta conmemortiva y dedujimos que aquel día estuvimos al ladito. Carla es chihuachueña, es la niña querida del depa y apenas lleva unos años de Derecho, pero es muy consciente de la realidad mexicana y nos instruye a menudo. Su tez linda de modelo francesa y su licenciatura no se corresponden con el trasfondo. Tiene algo de femme fatal que luego se diluye en cada uno de sus abrazos. Es candorosa, se apunta a todo y nos ofrece un buen balance entre fiestera y responsable. María es de Cubalemania. Su historia no es una historia de las de todos los días. Nació en La Habana hace veintimuchos, y a sus tempranos veinte se fue a Berlín con una beca de estudiante, acogiéndose legalmente a un padrino, que era el marido alemán de su mejor amiga. Dicho así suena muy fácil, seguro no lo fue, menos con su aspecto menudo y frágil, su sonrisa inocente y vocecita que habla para adentro. En Berlín tuvo que adaptarse sin poder mirar atrás. Aprendió el idioma, terminó Filosofía y Teatrología y se quedó por siete años, hasta que buscando un poco de calidez y cercanía a su entonces pareja ¡pamplonica! recaló en Madrid. Pero quién lo diría, Madrid no le conquistó el corazón, extrañaba Berlín. Así fue que se volvió, hasta que ganó una plaza en un programa de promoción de la cultura alemana en México.
El cuarto soy yo, y el quinto Lázaro, el perrito de Mau.
No sé qué es lo que tiene pero hemos logrado algo muy lindo. Un lugar donde la gente viene y no se quiere ir, y así, hace un mes y por tiempo indefinido llegó Nubia, una chica paulista del medio audiovisual que hospedó a Mau y Juan en su viaje por Brasil. Juan es colaborador habitual de Mau y por eso vive a tiempo parcial con nosotros. Se dedica al arte, expone sus dibujos, hace instalaciones conceptuales y triunfa a menudo. Y sólo tiene veintitrés. Por cuestiones históricas de uso, desde que conoció el piso, él es el amo del sofá.
Claro que con el permiso de Ruca. Ruca es barcelonés y se dedica al diseño gráfico, al cartelismo y ahora planea también impartir unas clases universitarias (a las que quizás le ayudo en la parte de redacción). Ya tiene treinta y tantos, aunque sinceramente yo me enteré hace poco. Un desarraigo amoroso reciente le llevó a rentar el cuarto que ahora tiene María, luego se buscó otro piso pero en sus visitas nocturnas se ha hecho asiduo del sofá, siempre que no está Juan.
Coninuará. (I/III)
Somos muchos y muy diversos en origen, ideas, carácter o aspiraciones. Prácticamente sólo constituimos partes de un todo para el extranjero observador que viene y busca atar cabos en su intento de deglutir mejor la cantidad de estímulos que encuentra en nuestro alrededor. Lo siento así porque, en consonancia con esto, creo que la única vez en que he sentido mi pertenencia a mi generación ha sido al leer uno de esos mails en cadena donde se habla de peonzas, gameboys, matutanos y los cromos del ochenta y seis. Las sonrisas que generaba y genera dicho mail, que aún pulula por la red, son fruto de un pasado común nada meritorio por nuestra parte pero que rescata el valor de la experiencia de lo compartido bien que, como siempre, nosotros no hayamos decidido nada.
Pero teníamos algo más en común, difícil de cosificar y por ello de dejar constancia entre aquellas fotos de antiguallas. Algo que iba en el carácter, y en este caso lo que nos unía es una carencia. Tan futboleros como somos –intentemos voltearlo a una forma positiva-, lo que compartíamos es el sarcasmo con una selección que parece el coyote rodeada de un puñado de correcaminos y cientos de explosivos ACME siempre listos para inmolarse. Como en los dibujos, este coyote moría, resucitaba y volvía a pasarle lo mismo. La forma negativa de decirlo, la carencia antedicha, es obvia: la nada futbolística.
Los mexicanos son malinchistas, admiradores de lo ajeno, fútbol incluido; los argentinos son orgullosos, llenos de un amor propio que más bien busca alejar fantasmas aferrándose a sus virtudes, fútbol incluido; los españoles –y sí, la fama es mundial- somos todo menos españoles, fútbol incluido. Y es normal. Sea casualidad o no, todo se refleja en el fútbol. Particularmente pienso que nada tiene que ver esto con nuestra realidad política plurinacional, como sugería un espectador dominicano en plena retransmisión del partido a Mario Kempes, ahora comentarista de ESPN para América. Sin embargo, políticas aparte pues cada vez más me valen madres las banderas, creo que el hito de hoy, a la postre muy a la italiana, nos alimenta un poco una identidad común y transversal que alivia aunque sea al ir de bares los casi monotemas de vivienda, mileurismo y otras calamidades contemporáneas.
Ahora, lo único que puede pasar a corto plazo es un cambio de nomenclatura para esta generación, por lo de semis. Pero sea como sea desde hoy tenemos otro motivo para reírnos de la vida y, aunque todo lo otro siga igual, quizás nos podemos permitir tomar las cosas un poco más a la ligera, cambiar la forma de mirarlas relativizando problemas y quién sabe si, incluso, optar sanamente por vivir en alquiler.
Sobre este blog
Yo era muy casero y tuve una novia que no lo era. Luego terminamos pero me quitó lo de casero. Salí de Vitoria y desde ahí viví en Pamplona, Utrecht, Buenos Aires, Barcelona, Guadalajara (MX) y desde agosto de 2007 en Ciudad de México. Soy redactor de publicidad en Terán\TBWA y extraño al Tau y al Alavés, y a San Lorenzo de Almagro. Pero este blog versa sobre México, y en unos tags más, sobre montaña, greografía, ferrocarril, genealogía, fotografía, lectura y viajes, muchos viajes.
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