Hay 1 artículo con el tag heráldica en el blog Euskaltitlán. Otros artículos en Blogs El Correo Digital clasificados con heráldica

Definitivamente, cualquier filólogo vasco debe venirse de este lado del Atlántico para una temporada. Intuía algo de lo que podía significar la cultura vasca en México a raíz de las historias de emigrantes que pasaban en ETB, como en Sustraiak, de nuevo desterrados a altas horas de la noche.

No es necesario acercarse al Centro Vasco de la colonia Polanco, en la capital, para encontrar la pista. Si bien la gran mayoría de mexicanos, vascos incluidos, ignoran los elementos euskaldunes de sus vidas, los guiños a nuestra historia son frecuentes por toda la ciudad y algunas del extrarradio. Más de lo que cualquiera pueda imaginarse allí, tan lejos.

Claro que en la puertita que hay junto al restaurante Loyola, el local colindante, está la historia más fresca. Allí, en el txoko y el frontón se dan cita varias generaciones de desarraigados, bien sean exiliados de la posguerra o diplomáticos de la Delegación del Gobierno Vasco; jóvenes trabajadores de CAF, alumnos de Estudios Vascos en la U.N.A.M. o chilangos entusiastas del euskera. Estos ikasles morenitos acuden martes tras martes a las clases de Gabriel, la mayoría, como dice él, “porque conoció una neska y no la puede olvidar”. Geográficamente, lo que más predomina en las comilonas son baztaneses, seguidos de donostiarras y bilbainos. Hace casi un año incluso conocí a un gasteiztarra, cosa rara, aunque junto a un gran mapa de Euskalerria los pósteres de Athletic, Real, Osasuna y Alavés se encargan de asegurar una equidad más de derecho que de hecho.

Pero volvamos a la calle. Uno se siente una suerte de arqueólogo moderno con el simple pulular de la ciudad, clavando la vista en cientos de carteles rehuidos por la rutina y la ignorancia –a veces inocente y lógica- que homogeniza el crisol de voces y grafías, unas académicas y otras populares.

Comencemos por los negocios, que son un claro indicador de que, por lo general, hacer las Américas se les dio bien a nuestros antepasados. Así, durante décadas, millones de mexicanos han hecho sus compras en la Bodega Aurrerá, una sexagenaria cadena de hipermercados que ahora mantiene su nombre como submarca del gigante Wal-Mart. Los carros en México, que más que en ningún otro lugar son una extensión natural del individuo, queman mucha rueda. Entre las marcas internacionales de neumáticos se cuela exitosamente una mexicana: Euzkadi. El primer día fue de no creerlo. Ahora, cuando digo de dónde soy, confieso que “sí, como las ruedas, al norte de España”. Pero si la avería depende de ti, mejor que vayas a una ferretería y te aprovisiones. Te darán herramientas Urrea. Y si requieres un electrodoméstico entero, muy probablemente acabes comprándolo en una tienda Viana.

En la lengua hablada, al cabo de los días es fácil escuchar palabras como chamarra, aquelarre, o como parte de los modismos callejeros incluso escuché a mi jefa referirse a una probabilidad como “seguro segurola”.

Pero, sin duda, lo más gratificante es contar a ciertas personas el significado de su apellido vasco. No veas la cara que se les pone, si lo desconocen, entre la vergüenza por no saberlo y la ilusión de aprender algo más de sí mismos, algo por lo que muchas veces ni se habían preguntado.

Y lo más increíble, lo más interesante, es descubrir apellidos sospechosamente vascos y totalmente inauditos. (Algo me hace pensar, sin ningún rigor, que México con sus 110 millones de mexicanos podría ser el país con más apellidos vascos del mundo. Habría que consultárselo a Euskaltzaindia y su Nomenclator.) Son casos, presiento, de familias casi enteras que vinieron al Nuevo Mundo y cuyos apellidos se perdieron allí en Euskadi, en los restantes, entre la jerarquía del abolengo. Sin ir más lejos, en mi trabajo hay un Nucamendi y un Amozurrutia. Y mira que me encanta la genealogía, pero para mí eran recién estrenados. Por otro lado, mis amigos son Labastida y De Iturbide. Y si miramos el mapa del Distrito Federal, en el centro histórico hay una serie de calles adyacentes que se llaman Aldaco y Bolívar y son cortadas consecutivamente por Echeveste, Meave y Vizcaínas. Para más inri, son mexicanos históricos y omnipresentes Aldama, Abásolo, Iturbide, Villaurrutia, Azueta, Lasaga, Vértiz, Allende. Y hasta el Vasco Aguirre y la madre de Fox, que era donostiarra. En este punto se me hace muy curioso algo que contrasta con la muy escasa presencia alavesa en América: los apellidos de la llanada son abrumadores en todo el continente, y no menos en México. Los ejemplos más ilustres: Mendoza, Landa, De Anda, Gamarra, Arriaga, Gordoa, Gardea, Murguía, Arciniega, Orduña, Apodaca o un apellido precioso, Ladrón de Guevara.

Como se puede ver, vivir en México no es algo tan ajeno a uno mismo. No fue mi principal razón para venir, pero es prueba fehaciente de que, saliendo, uno se conoce mejor.


PD: En relación a esto, hay un artículo muy sorprendente acerca de la diáspora vasca y lo mucho vasco que se puede conocer fuera de Euskalerria:

http://www.elpais.com/articulo/espana/PAiS_VASCO/estan/vascos/elpepiesp/19990301elpepinac_15/Tes/

57 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

Yo era muy casero y tuve una novia que no lo era. Luego terminamos pero me quitó lo de casero. Salí de Vitoria y desde ahí viví en Pamplona, Utrecht, Buenos Aires, Barcelona, Guadalajara (MX) y desde agosto de 2007 en Ciudad de México. Soy redactor de publicidad en Terán\TBWA y extraño al Tau y al Alavés, y a San Lorenzo de Almagro. Pero este blog versa sobre México, y en unos tags más, sobre montaña, greografía, ferrocarril, genealogía, fotografía, lectura y viajes, muchos viajes.

ver perfil [+]

ver otros blogs [+]

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

PUBLICIDAD