Ayer no escribí, la verdad. Estaba cansado de opiniones que viran cual veleta y pensé que, para escribir paja, mejor nada.
Hoy lo hago desde el trabajo. En apenas una hora nos darán el parte de hoy. Bien es cierto que ahora estoy en la agencia, pero he venido sólo porque debía firmar unos originales para impresión, y en cuanto acabe este post, me voy. Se comenta entre el 20% de empleados -los pocos que estamos hoy presentes- que seguramente la empresa unirá las festividades del 1 de mayo y la del 5, aniversario de la Batalla de Puebla, con lo que habrá un largo puente. Es decir, vacaciones en casa. ¿No era ese el argumento de Aupa Etxebeste? Me suena, con tanto tiempo libre, creo que la voy a ver.
Qué curioso. Hasta de eso hay película. Porque la verdad es que estos días son de lo más cinematográficos, y todos mencionan Yo leyenda, Resident Evil Degeneration, 28 días después o la clásica Estallido, pero la película de Asier Altuna y Telmo Esnal, sin perder actualidad, promete entretenimiento y algo menos de histeria.
Hoy, las últimas hipótesis nos llegan por email en una serie de correos prácticamente idénticos y mayoritariamente poco fundados. Hay versiones de que la gripe no es porcina, sino aún de origen desconocido; y hay rumores de que la economía mundial necesitaba una reactivación y, como Obama no es tan belicoso, una farmacéutica de iniciales S. A. decidió jugar a los hamsters de laboratorio en México, ideal caldo de cultivo que se encargaría, además, de vomitar turistas infectados a todo el mundo. Mi mail preferido y quizás el único que 'se sale de tono', lo tecleó una terapeuta de reiki que visitó el DF y que define la gripe como un estado en el que el cuerpo está al límite de sus fuerzas. Y en el DF, observó que mucha gente vive al límite por el tiempo que pasa en el tráfico, al límite por la inseguridad; al límite por la cantidad de horas de trabajo, al límite de smog y al límite, ojo, del desabasto de agua. En el DF es posible vivir feliz, muy feliz. Pero tiene un punto Harumi Puertos.
La gripe es el tema del momento por necesidad, pero se puede ver que en torno a él orbitan algunos otros. El orgullo mexicano, la autocrítica y su lugar en el mundo son tema de fondo de la situación. Se sigue especulando sobre un eterno "por qué aquí". Ya poco importa dónde nació o de qué país vino. Simplemente, las autoridades confunden con muchas cifras diversas, pero casi todas colocan a México como el país más golpeado.
De momento, la opinión más consensuada respecto a la alta mortalidad del virus en México habla de una población mayoritariamente empobrecida, con las consiguientes carencias alimenticias que provocan una baja inmunidad; acostumbrada a no ir al doctor a costa de perder un día de salario, pues a ver quién se lo paga; y con acceso relativo a un sistema de salud colapsado y mal suministrado. Pero lo cierto es que ya hay una víctima mortal ilustre, el director del Museo Nacional de Antropología, y otra que se salvó por poco, Manuel Camacho Solís, exgobernador del DF, que pudo ser curado con la ayuda de los mejores especialistas. Claro.
De nuevo, ayer se tomaron nuevas medidas que seguramente a estas horas ya no son las últimas. Algunos servicios básicos se han ampliado. Por otro lado, se prevé que recorran el inicio de las clases hasta el día 11 y que, aun con aleta 6, los vuelos sigan operando. En lo personal (ya sé que desde allá se opina diferente), es un consuelo.
Qué hacerle. De momento, para los que no nos ha visitado la gripe, esta circunstancia es una concesión para dejar de estar al límite. (Se lo he escrito en un comentario al revivido Camacho Solís, que supongo ahora será mucho más consciente de que las masas no tienen su misma suerte.) Aparte de cuidarnos, y de bastante tiempo libre, no hay mucho en nuestras manos. Desde hace dos días, junto a la ventana y mi calle semivacía, estoy devorando páginas con las peripecias de un joven Herman Melville, antes de toparse a Moby Dick, en las islas de los Mares del Sur. Perdonen que me salga del tema pero, en medio de este caos, lo más frívolo que podemos hacer es desaprovechar estos pequeños regalos de paz.
Amanece un nuevo día en la Ciudad de México, y ya son seis. Quizás ya se han formulado todas las preguntas y pese al afán de saber qué sucede no merece la pena arriesgar saliva. El asunto ha madurado un poco y es tiempo de respuestas. Siguen generándose nuevas, a veces de los medios, a veces un simple “me han dicho que”, y al agrandarse el espectro la credibilidad va en retroceso.
Mi rutina, ciertamente, sí ha cambiado. Ahora estoy en casa, colgado de Messenger y Skype, recibiendo órdenes de trabajo y redactando titulares para gráficas y vallas que quién sabe cuándo saldrán. Muchas juntas se han pospuesto o cancelado y toda fecha ha perdido su vigencia.
He salido temprano a la calle a ver cómo amanecía el barrio. Los puestos de tacos siguen echando humo, aunque con menos clientes. Al lado, la juguería está vacía. Pido dos jugos de litro y muestro mi sorpresa. “¿Dónde están los clientes, ahora que hay que tomar vitamina C?”. Ni modo. La lógica personal es eso, personal, y no siempre tiene la solución.
En la vidriera del cine, un cartel anunciaba que se acogía a las medidas preventivas y cerraba hasta nuevo aviso. A una cuadra, en la glorieta del Ángel de la Independencia. había menos tráfico del habitual y muchas mascarillas en los viandantes, pero todo fluía casi como siempre. Poco se parecía a las fotografías de los medios del domingo, donde uno esperaba encontrarse de un momento a otro a Dustin Hoffman en un traje antinuclear. La vida intenta una nueva normalidad, una normalidad relativa, acorde con los problemas habituales en la ciudad, pero en este caso también condicionada por las nuevas medidas. Mas los papeles ya están asignados, esto nos tocó de lleno y todo el mundo sabe qué debe hacer en caso de sospecha. Otra cosa es cómo se lleve por dentro.

Esas nuevas medidas atañen especialmente a los restaurantes y a las empresas privadas. Los primeros quedan sin aforo útil y sólo pueden cocinar para llevar a domicilio, y las segundas han reducido en todo lo posible la presencia de su personal organizándose en turnos y practicando una comunicación piramidal para dar los partes. Si antes era voluntario, el no cerrar, para algunos sectores, está ahora sujeto a multa.
A primera vista pareciera que las autoridades están actuando bien, pero quedan muchos puntos pendientes, quizás demasiados, que se hablan a escondidas. Los principales: la falta de información sobre la vida útil de las mascarillas y su repartición entre el personal médico, así como la provisión a quienes no alcanzaron o las usan viejas; la necesidad de dibujar un perfil del fallecido medio, si es niño o anciano o bien joven, como se intuye, y si es de nivel económico bajo y no tiene acceso a la información, que es por lo que algunos aventuran que están falleciendo, pues por otro lado de asegura que los antivirales están respondiendo muy bien; pero, principalmente, falta acallar los rumores que hablan de cifras de decesos mucho mayores y ante los que, se dice, hay órdenes de no hablar. Pero la reina de las preguntas sigue siendo por qué la influenza deviene en neumonía y en muchos casos sólo mexicanos, termina en muerte. Ni la OMS dice saberlo.
Así que, dentro de lo excepcional, hay calma relativa. Pero los defeños esperan respuestas válidas, y si las hay, a ver si los convencen de que son las buenas.
Sobre este blog
Yo era muy casero y tuve una novia que no lo era. Luego terminamos pero me quitó lo de casero. Salí de Vitoria y desde ahí viví en Pamplona, Utrecht, Buenos Aires, Barcelona, Guadalajara (MX) y desde agosto de 2007 en Ciudad de México. Soy redactor de publicidad en Terán\TBWA y extraño al Tau y al Alavés, y a San Lorenzo de Almagro. Pero este blog versa sobre México, y en unos tags más, sobre montaña, greografía, ferrocarril, genealogía, fotografía, lectura y viajes, muchos viajes.
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