Muy buenas. En las tres últimas semanas he estado a mil. La razón, que Acentos Perdidos está yendo muy, muy bien. Ya hizo prensa en Euskadi, y ahora en México.
¡Impriman y peguen!
:)
Agurrak!
Pablo.
Tengo la prueba. La cárcel de Lecumberri, la estación Éuzkaro del Metrobús o la colonia –barrio- Echegaray o incluso el edificio Vizcaya son conocidos, si no ubicados, por la mayoría de defeños. Más allá de lo proveniente de la época de la conquista y la colonia, lo que se ve en apellidos como Ayala, Landa, Gamboa, Ladrón de Guevara, Mendoza o Salvatierra, siempre me ha llamado la atención la escasa presencia de inmigración alavesa y de alusiones a nuestra provincia en comparación a la vizcaína, guipuzcoana o incluso vascofrancesa o navarra. Al fin y al cabo, los alaveses no sufrimos una desindustrializción tan acusada, no fuimos tan republicanos y nunca fuimos hombres de mar. Así las cosas, el hallazgo de hoy en la calle Manuel Villalongín de la colonia Cuauhtémoc, personalmente alcanza la categoría de tesoro. Prometo investigarlo.
(Algunas fotos están cortadas porque el formato apaisado se distorsiona.)
Hoy me he juntado con dos amigos venezolanos y nos hemos acercado a la estación Buenavista, al norte del Distrito Federal. El objetivo: conocer el recién inaugurado Tren Suburbano, una megaobra de la beasaindarra CAF. Adjunto fotos y todo.
Cuando uno llega a México, mientras gira y planea sobre la ciudad buscando encarar la pista del aeropuerto –urbano- internacional, se acongoja. El Monstruo de cemento se extiende hasta donde la vista no alcanza, por aquí, por allá, colina arriba y colina abajo, un océano blanco, gris y marrón que hasta oleaje parece que tiene. Refrendando la imagen con las cifras, no entra en cualquier cabeza cómo se organizan los habitantes del Valle de México. Los ocho millones de defeños –capitalinos- están acompañados tras una línea virtual por unos quince millones de mexiquenses, los habitantes del circundante Estado de México. Los mexiquenses lo tienen peor. Los barrios del extrarradio surgieron con una planificación que pronto hizo aguas. Algunos suertudos trabajan por sus pagos, pero otros muchos conforman una marea de almas que fluye por las atestadas autovías de entrada a la capital dos veces al día. En particular, los habitantes de Cuautitlán, en el norte, pueden hacer hasta dos horas y media para llegar al centro.
Solución transoceánica, por los vascos que faltaban.
El nuevo transporte va a hacer que a esas dos horas y media le sobren dos. Cualquiera pensaría que se trata de un error. Desde Buenavista, la antigua estación central defeña, será posible alcanzar Cuautitlán en veinticinco minutos. Y doy fe de ello: los primeros veinte kilómetros se recorren ya desde mayo en diecinueve minutos. Dicho kilometro veinte corresponde a la parada de Lechería, en el municipio de Tultitlán. En octubre se completarán los siete restantes para llegar a Cuautitlán. Y en otros cuatro años se pretende llegar a los setenta y nueve kilómetros, en Huehuetoca, allá en los confines de la megalópolis. Para ello, el Suburbano ha sido construido a lo largo de la antigua línea al norte y en paralelo al ferrocarril de carga, que continúa muy activo. Y es que no se entiende cómo de grande puede ser la desidia y la falta de compromiso que alguien tuvo con el propio país que en algún momento condenó a semejante gentío a la penitencia diaria de la cruda carretera.
Esto me suena.
Ya en marcha, el tren va como la seda. Por escasos cuarenta minutos, la ida y la vuelta, me he sentido si cabe más en casa. Tanto por fuera como por dentro, las unidades se parecen a las series 440 y 446 de RENFE. Testeros planos por fuera y asientos de cuatro piezas por dentro, todo en rojiblanco y si acaso unas líneas negras. Por su parte, cada estación en que se detiene resulta ultramoderna, y más en este país que poco a poco se está poniendo al día. Mucho metal, mucho cristal y baldosas resplandecientes hacen las delicias de los pocos viajeros de un domingo de julio. Y las nuestras. Sin embargo, demasiados policías charlatanes y excesivos limpiadores que limpian lo limpio son un rasgo, más que ibérico, mexicano.
Es lo mismo pero no es lo mismo.
La comodidad europea en el paisaje americano. Popurrí de México, esta vez ferroviario. Qué grato es que comprobar que por mucho que el viajar ponga a trabajar a la memoria, casi como el río de Heráclito, también es muy difícil transitar dos veces por la misma vía.



Tiene tres días sin dejar de llover. He salido temprano del trabajo y me he venido directamente a casa. Vestido, me he echado sobre la cama y he abierto el libro de historias de la ciudad. Lo escribe un gringo que se quedó en México y obtuvo la nacionalidad. Es interesante ver otro punto de vista más, ciertamente parecido, pero yo acabo de cumplir aquí un año y él ya lleva diecisiete.
La lluvia rechina en el asfalto de la calle, en las cañerías del interior del edificio y en cada tejabana. Ya sé de sobra cómo terminan estos momentos. Siempre me asomo un rato a la ventana y me acuerdo de mi ciudad. Y con algo parecido a la pena, de mi exnovia, que tampoco es de mi ciudad, cosas de no ser sedentario. Es una pena endurecida por el esfuerzo de hacer del espacio una distancia mental. A ella la puedo extrañar mucho, pero al tiempo soy capaz de reprimir la mayor parte de ese extrañamiento. Darle rienda suelta seria fatal.
De fondo, haciendo orquesta con las gotas suena música clásica en la compu. Estos momentos suceden aquí y en China y siempre me dan una dimensión global, puedes pensar en qué pensará alguien tras los vidrios mojados de cualquier otra parte. Además, según dice mi compañero italomexicano tras leer La Repubblica online, parece que está lloviendo en todo el mundo. No creo que sean lágrimas porque el mundo está más o menos igual de jodido cada día. Pero sí parece: en Euskadi también está lloviendo a cántaros. Para más inri, en la querida Patagonia, el frente del glaciar Perito Moreno se ha derrumbado hoy, primer colapso invernal desde 1918.
Los compositores del este reivindican desde mi reproductor los recuerdos de sus patrias. Los complazco por un rato, pero de ahí suelo bajar directamente a los Balcanes, que apenas probé durante una semana y despertaron en mí un apetito insaciable. Pero aunque no haya música la melancolía, por poca que sea, siempre me lleva a Buenos Aires. Menos mal que no odio a los porteños, porque si no estoy jodido. En sus calles, perdido por cualquiera de ellas, suele terminar mi viaje.
Extrañamente Gerardo, el taquero, hoy no ha abierto. Y es martes, cosa rara. Mi pareja de amigos también ha roto recientemente y mi trabajo está más monótono que nunca. En estos días me levanto para leer en el autobús de la mañana, comer con los compañeros y escribir un rato propuestas que el cliente nunca comprará, después telefonear a alguna amiga y si no puede, volver a casa a echarme otro montón de páginas sobre la versión gringa de la ciudad.
Pero no está mal, no me puedo quejar. Saco petróleo de las pequeñas cosas. La lluvia constante me recuerda a la Euskadi profunda, a cuando papá avisaba de que iban a tener que soltar agua los embalses, y agradezco que no sea una tromba fatal de las de media hora, que son injustas y me recuerdan al Apocalipsis.
Sobre este blog
Yo era muy casero y tuve una novia que no lo era. Luego terminamos pero me quitó lo de casero. Salí de Vitoria y desde ahí viví en Pamplona, Utrecht, Buenos Aires, Barcelona, Guadalajara (MX) y desde agosto de 2007 en Ciudad de México. Soy redactor de publicidad en Terán\TBWA y extraño al Tau y al Alavés, y a San Lorenzo de Almagro. Pero este blog versa sobre México, y en unos tags más, sobre montaña, greografía, ferrocarril, genealogía, fotografía, lectura y viajes, muchos viajes.
Tags
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Archivos
Secciones
Últimos Comentarios
La historia de la casa del Hombre que Mató al Animal
4 comentarios angel hikaru tamilla Pablo Zulaica Parra alejandra maldonadoInventario de la cerveza mexicana (con un toque vasconavarro)
13 comentarios MANOLY Pedro Rodrigo daniel Carlos LeyBucareli, antiguos esplendores en la calle de las ratas
8 comentarios francisco Rodriguez Raúl Briseño karen Pablo Zulaica Parra AnónimoLo vasco en México, algo más que coincidencia en los colores.
57 comentarios Zatarain claudia lizarraga Antonio Apodaca Gerardo Puente Zavala Gerardo Puente ZavalaCómo encontrar un perro en la Ciudad de México (III/III)
6 comentarios claudia Pablo Zulaica Parra jarrillerorojiblanco IVENNA Pablo Zulaica ParraPor qué la Pampa no está en México
2 comentarios Pepe Villatoro Julio MartinezAcentos Perdidos, viento en popa. Prensa.
26 comentarios Pablo Zulaica Parra noel Pablo Zulaica Parra Pablo Zulaica Parra Eugenia Barrientos- 12 comentarios Karla Vizuett jarrillerorojiblanco LOre CHERYL Ser-Lore-eta-Amaia
- 5 comentarios Ale Arreola Tamara elregio Interesado Anasan
Euskara eguna’08: creatividad, participación y por supuesto, buena cocina.
4 comentarios teresa Pablo Zulaica Parra jarrillerorojiblanco Omar Bucio
PUBLICIDAD

