En San Pablo, la calle de las bicis, me habían dicho: “aprieta bien los pedales, si no, te puedes dar un buen golpe”.
Eran cerca de las nueve y media y yo avanzaba veloz por el carril para buses del Paseo de Reforma. Iba camino de la agencia. No había demasiados carros, así que manejaba ensimismado bajo las ramas de los árboles. Venía pensando en los pedales que había comprado días antes y que aún no había sacado de la bolsa.
De pronto, lejos, atrás, escuché un ruido familiar. Miré y vi a alguien en el suelo sobre la amplia acera, a la altura del museo Tamayo. Deceleré, subí a la banqueta y pedaleé en sentido contrario.
Al aproximarme contemplé a un tipo de unos treinta años, hecho un ocho entre los hierros de su bicicleta, retorcida en el suelo. Venía arreglado, pantalones negros, camisa de rayas y bandolera cruzada; tez blanquísima, cuatro pelos de barba y unas gafitas chicas. Me dio aspecto de judío. Me pareció simpático, y la situación, no tan grave, más bien cómica. Otro hombre había venido a socorrerlo, pero el accidentado estaba inmóvil, sólo apretaba los dientes y se agarraba fuertemente una muñeca concentrado en su dolor.
Analicé la escena al tiempo que le preguntaba si estaba bien y qué le había pasado. Preguntas, por otro lado, obvias y absurdas, porque estaba dolorido y se había caído. En eso, mis ojos descubrieron a pocos centímetros un pedal sobre la acera. Vi después que del eje de la bicicleta salía una palanca metálica huérfana. Luché entonces por aguantarme la risa. Comoquiera que el tipo parecía de cristal a punto de romperse, yo permanecía en pie con los brazos en jarra sin mucho por hacer, salvo esperar por si él quisiera ayuda. Era como para alzar la vista al cielo y decir: “Te has pasado, tío. Qué grotesca tu señal”.
Mientras señalaba la palanca, de entre sus dientes oí escapar una lacónica respuesta: “Se zafó el pedal”. “¿Sí?, no me digas...”, pensaba para mí, allí parado. Después lo miré a él, abrí la boca y le dije: “Si es que, los pedales, hay que apretarlos bien.” Él agradeció mi parada. Con esto, decidí que no le contaría lo demás y que, tras desearle mejor suerte, me alejaría de allí.
Sobre este blog
Yo era muy casero y tuve una novia que no lo era. Luego terminamos pero me quitó lo de casero. Salí de Vitoria y desde ahí viví en Pamplona, Utrecht, Buenos Aires, Barcelona, Guadalajara (MX) y desde agosto de 2007 en Ciudad de México. Soy redactor de publicidad en Terán\TBWA y extraño al Tau y al Alavés, y a San Lorenzo de Almagro. Pero este blog versa sobre México, y en unos tags más, sobre montaña, greografía, ferrocarril, genealogía, fotografía, lectura y viajes, muchos viajes.
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