04 Nov 2009

Vengo de otro blog que me encanta: “Apuntes científicos desde el MIT, de Pere Estupinyá, donde se aborda el tema del altruismo desde las aportaciones de la genética y la biología, y trata de responder a la cuestión de si los valores morales forman parte de nuestra naturaleza. Yo creo que ciertamente no, que no nacemos con ellos, sino que se aprenden a lo largo de la vida, sobre todo si te tratan bien, pero también estoy convencido de que tenemos una disposición natural a que esos aprendizajes prendan en nosotros y nos despierten inclinaciones naturales a ayudar a los demás, y que esto no va necesariamente contra nuestro instinto de supervivencia, en el sentido darviniano del término.

Parece fuera de debate, por incontrovertible, que tenemos más de un gen egoísta, que nos movemos por intereses aunque queramos aparentar lo contrario, y que el provecho propio nos hace ser amables y serviciales, en esta cultura del hiper individualismo. Que somos unos cabrones es evidente, y la Historia da pruebas sobradas de ello. ¿Hay quien lo dude? Lo que despierta la curiosidad de los científicos y también de los psicólogos es: ¿cómo, a pesar de ser esto cierto, observamos comportamientos tan genuinamente altruistas? Los escépticos responden: para sentirnos mejor con nosotros mismos, para limpiar nuestra conciencia, etc. En definitiva, quienes niegan que el altruismo sea una inclinación natural, afirman que ciertos actos aparentemente generosos, como dar un aguinaldo a un pobre, nos reportan una ventaja psicológica, por lo que en el fondo son actos de egoísmo. Según esta visión, Teresa de Calcuta, por ejemplo, no fue realmente altruista, sino que se movió por el interés de ganarse el cielo (o librarse del infierno). Voy a explicar aquí por qué considero que esto es falso, por qué creo en el altruismo radical, sin atenuantes. Se trata de una experiencia personal que hasta ahora sólo he contado a mis amigos y más allegados.

En quechua los llaman “huaycos”. Son avalanchas que bajan rugiendo de la montaña, tremendas lenguas de tierra, piedras y material de arrastre, que arrasan poblaciones enteras causando tragedias. Bajaban en época de la avenida, como un derrumbamiento de los cerros. En las zonas andinas son la maldición de las montañas.

Yo lo viví hace muchos años un huayco, en Aguas Calientes, un pueblo al pie del Machu Picchu. La avalancha causó cientos de víctimas y desaparecidos y unos mil quinientos turistas atrapados, esperando ser evacuados. Me pilló cerca, en la localidad de Santa Teresa, y todos salimos corriendo por las vías, que estaban cortadas por el lodo y las piedras, a ayudar en las tareas de rescate. El pueblo estaba sepultado bajo los escombros: piedras, barro, troncos, tejados de zinc, trozos de muros… Los equipos de salvamento tardaron muchas horas en llegar en helicóptero desde Cuzco y Lima y era urgente actuar. Muchos voluntarios se metían reptando bajo las montañas de escombros, jugándose la vida para salvar otras vidas. ¡Sabían a lo que se exponían, y no se lo pensaban!

Todos allí donamos sangre en el hospital de campaña que se improvisó, conmocionados; entre escenas pavorosas llevamos heridos a los helicópteros, pero lo que más me impresionó, más que el espectáculo de la muerte, fue el de los voluntarios “topos” que se metían donde ningún especialista se hubiera atrevido, entre estructuras que se tambaleaban, y algunos se quedaron atrapados.

No me pregunten qué genes hicieron eso posible, cómo se entiende desde la teoría de Darwin, en la que el instinto de supervivencia prima sobre cualquier otra ley: cuando has vivido esto, lo has visto con tus propios ojos, todo lo demás te sobra.

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Tcagas dijo

Interesante post, creo que me pasaré a menudo por aquí.

No estaría de más poder diferenciar entre conductas conscientes o deliberadas y comportamientos innatos.
En modo parecido al ejemplo de esos "topos" que arriesgaron tan irracionalmente sus vidas en pos de salvar otras, se dan en el día a día situaciones no menos desesperantes que conllevan comportamientos similares.
Todos hemos oido hablar de ésas tragedias que de cuando en vez tienen lugar en pozos sépticos, del tipo; "Cae un trabajador, seguidamente baja su compañero para tratar de ayudarle, después un tercero para salvar a los anteriores.. y finalmente mueren los tres", o en verano, en casos de ahogamientos en ríos, pantanos.. ¿Qué padre o madre sería capaz de dejar morir a su hijo que se esta ahogando agónicamente ante éllos sin intentar desesperadamente salvarle, por muy arriesgado que resultara para su própia vida..?

En mi opinión, todo este tipo de acciones aparentemente "altruistas", no son más que acciones totalmente automáticas, innatas, como formas de comportamiento "impresas" en nuestros genes, que salen a la palestra como por puro "protocolo" ante situaciones como las ya descritas.
Conocido es que, la parte del cerebro que controla estos impulsos tan automatizados, (el sistema límbico), poco o nada tiene que ver con nuestra capacidad analítica y, más aún, nuestra voluntad de llevar a cabo cualquier acción.

Podría decirse, por tanto, que los comportamientos presentados como "altruistas" no son en absolutos reflexionados por sus actores, (al igual que los latidos de su corazón, o el ritmo respiratorio), por lo que poco o nada tienen que ver con la encomiable actitud altruista.

Para finalizar, personalmente pienso que el instinto de supervivencia darwiniano puede ser completamente compatible con este tipo de comportamientos, siempre y cuando responda (aún individualmente) al interés de supervivencia colectivo, de la especie humana, en este caso.

Un saludo.

swap

swap dijo

Ser altruista, instintivo, o darwiniano, that is the question.
Todo muy opuesto entre sí. Que tenemos el instinto de superviviencia es un hecho demostrado, ¿pero en qué ocasiones? analicemos (cada cuál las suyas). Altruistas ¿lo somos realmente? Unos sí, otro no, elemental. Para los que lo son, fantástico, tambien es un hecho que para saberlo uno mismo debe verse de pleno en la situación, no se sabe hasta dónde puede llegar uno hasta que tiene el toro enfrente.. ¿Instintivo? Se puede deber a un reflejo condicionado dentro de una determinada conducta. Conducirse irracionalmente puede no traer muy buenas consecuencias. Como habéis citado en ejemplo y hechos: uno va a salvar a otro y un tercero a los dos primeros y la palman los tres. Aquí, yo elegiría el darwinismo. Además, debemos ser responsables de nuestro propio cuerpo, en ese momento miramos por el nuestro, pero se le debe concerder el mismo valor que a otro cuerpo que no sea el nuestro, por lo tanto, lo más prudente es valorarlo en el acto. Me quedo con el altruismo, puede ser fastuoso. El limpiar conciencia es egoista, lo otro te produce satisfacción a corto y largo plazo, te hace sentir bien y en paz con los demás, pero es un ejercicio continuado, no de un día que "apetece" porque estás de ronda...
Yo lo veo así, pero entiendo que hay que estar en el campo de batalla y después hablamos...

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Sobre este blog

En buena lógica

Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968) es novelista y psicólogo. Ha publicado siete novelas: 'La irresistible nariz de Verónica' (1995; Premio José María de Pereda), 'Urías y el rey David' (1997); 'La caricia del escorpión' (1998; finalista del Premio Nadal), 'Una cosa es el silencio' (1999), 'Las dos muertes de Sócrates (2003), 'Querido Caín' (2006; finalista del V Premio de Novela Ciudad de Torrevieja) y 'El corazón de la materia' (2008).

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