El revés electoral desconcierta al PNV

11 Mar 2008

OLATZ BARRIUSO.
El durísimo revés electoral que sufrió el PNV el domingo por la noche no sólo ha minado la moral de los dirigentes jeltzales sino que les ha obligado a replantearse la idoneidad de la línea estratégica del partido ante el riesgo, cada vez más interiorizado en la formación de Iñigo Urkullu, de perder el poder institucional que han ejercido de manera ininterrumpida durante las últimas tres décadas en Euskadi. La histórica victoria de los socialistas vascos -que, por primera vez, han superado en escaños al PNV y le han batido en todos los territorios, incluido su hasta ahora inexpugnable feudo vizcaíno- ha encendido las luces de alarma en el Euzkadi buru batzar, que ayer se reunió durante varias horas para analizar el batacazo en las urnas y especialmente el mazazo en Vizcaya, principal fuente de preocupación. El retroceso en porcentaje de voto -que se esperaba en las filas jeltzales, aunque no tan acusado- ha convencido también a la dirección peneuvista de la necesidad de tomar cartas en el asunto ante la inminente convocatoria de elecciones autonómicas, previstas para marzo de 2009 si el lehendakari no decide finalmente adelantarlas.

El PNV está convencido de que no puede quedarse de brazos cruzados tras constatar la sangría de votos que le ha hecho perder 117.000 papeletas respecto a 2004. El propio Urkullu asumió tras el escrutinio que se imponía una reflexión «seria y profunda» para tratar de taponar las vías de agua que se han abierto en su electorado tradicional. Los dirigentes peneuvistas están genuinamente convencidos de que la bipolarización entre PSOE y PP que ha impregnado a la campaña, el miedo a la derecha -al que el electorado vasco ha demostrado ser especialmente sensible-, y el impacto emocional del asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco a menos de cuarenta y ocho horas de la apertura de los colegios han influido indudablemente en el fuerte trasvase de votos hacia el PSE. Pero tampoco ignoran que tachar la derrota de puramente coyuntural sería simplificar demasiado. Según las diversas fuentes consultadas, sin duda hay cuestiones «de fondo» que pesan en la tendencia a la baja del nacionalismo vasco, que, hoy por hoy, y tras la salida de Josu Jon Imaz, ha hecho bandera de la 'hoja de ruta' soberanista del lehendakari Ibarretxe.

El argumento más eficaz que encuentran para negar una crisis estructural en el seno del PNV es el retroceso generalizado que, con la excepción de CiU, ha afectado a todas las fuerzas nacionalistas. «La mejor prueba es que no sólo el PSOE ha subido, también el PP. La marea nos ha llevado a todos», apuntan. No obstante, conscientes de que el próximo paso de su agenda pasa por llevar a la práctica el desafío de Ibarretxe, también admiten la posibilidad de tener que revisar la capacidad de arrastre social del segundo plan del lehendakari y, en consecuencia, su viabilidad.

Pasos tasados

Significativamente, uno de los principales apoyos de Ibarretxe y baluarte de la defensa cerrada de su proyecto -el coordinador general de EB y miembro de su consejo político, Javier Madrazo- abogó ayer por traducir el correctivo en las urnas en un espaldarazo al perfil «social» del Gobierno. De hecho, fuentes del tripartito apuntan la conveniencia de adaptar el discurso gubernamental hasta el fin de la legislatura vasca «a lo que verdaderamente preocupa a los ciudadanos». Pero tanto sus socios como sus propios compañeros de filas -según los medios consultados- son plenamente conscientes de que Ibarretxe hará gala de su proverbial tenacidad para insistir en seguir los pasos tasados que expuso en la Cámara vasca. Y eso pasa por buscar un acuerdo hasta el mes de junio con Zapatero que dé cobertura al derecho a decidir. Los peneuvistas creen, de hecho, que el calendario previsto no sufrirá modificaciones hasta entonces: a partir de ahí, todo dependerá de la manga ancha que haya demostrado -o no- el presidente del Gobierno y de la suerte que corra el plan en la Cámara vasca, donde su futuro queda en manos de la decisión de EHAK, el último reducto institucional de la izquierda abertzale.

Los análisis son múltiples en el entorno del PNV y del tripartito -desde achacar el retroceso a la línea de acercamiento al PSOE iniciada por Imaz hasta los radicalmente partidarios de buscar un recambio para Ibarretxe en autonómicas o las incipientes voces a favor de retomar la gran coalición-, aunque Urkullu se inclina por tratar de buscar una solución salomónica que Zapatero pueda aceptar y que no desaire al lehendakari, con quien el partido, apuntan las fuentes peneuvistas, en ningún caso prevé enfrentarse. De hecho, su prioridad absoluta pasa por mantener las aguas internas calmadas y no reabrir las heridas que se suturaron en la última asamblea.

Pero, evidentemente, es difícil lograr la cuadratura del circulo. Zapatero ya ha advertido de que está abierto al entendimiento con el PNV siempre y cuando aparque la consulta «ilegal» de Ibarretxe. Y los peneuvistas son conscientes de que Zapatero -a quien un acuerdo con CiU complicaría sus relaciones con el PSC, uno de los 'remolcadores' de la victoria del domingo- tratará de buscar un acuerdo con Urkullu que soslaye a su vez al lehendakari. De ahí, las cábalas que en círculos peneuvistas se hacen sobre si el presidente recibirá primero a uno u otro. En todo caso, los jeltzales no están dispuestos a aceptar una reforma del Estatuto 'a la catalana' -«con 'cepillado' incluido»-, aunque saben también que es lo máximo que Zapatero está dispuesto a aceptar. «Retomar los acuerdos de Loiola o reconocer el derecho a decidir ya no tiene sentido para él, con ETA en activo. Ya no gana nada», apuntan.

Escrito por El Correo

O finlandeses o kosovares

11 Mar 2008

JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA.
Entre el 15 de julio y el 13 de septiembre del año pasado, el PNV pasó por una crisis que casi todo el mundo daba ya por superada. En la primera fecha, Josu Jon Imaz emplazó al lehendakari en torno a dos temas concretos -el de la normalización y el de la pacificación- sobre los que ambos mantenían radicales discrepancias. En la segunda, sintiéndose incapaz de reconducir la postura del lehendakari y temiendo el efecto de división que el mantenimiento de tales discrepancias podría causar en el partido, Imaz anunció su retirada de la contienda interna para su reelección como presidente de la ejecutiva. Estoy seguro de que, en la noche del domingo, cuando se volcaron las urnas y se contaron los votos, más de un burukide de los que se encontraban en Sabin Etxea recordó aquellas fechas y echó de menos a quien ya no estaba entre ellos.

Acertó en su recuerdo y en su añoranza. Porque lo que al PNV le ha sucedido en estas elecciones tiene mucho que ver con lo que ocurrió entre aquellos dos días del pasado verano. Los jeltzales se las dieron entonces muy felices por la rapidez con que habían resuelto la crisis. «A rey muerto, rey puesto», debieron de pensar. Y, en verdad, su proceder fue, en buena medida, un ejemplo de buen hacer. Pero su mirada se fijó demasiado en el interior del partido y no vio lo que ocurría en su derredor. Es muy probable que Josu Jon Imaz fuera ya, en esas fechas, un incordio para la militancia, pero se había convertido en un referente para el electorado. Y así, al prescindir de él, el PNV resolvió un problema a costa de crearse otro no menos grave. El domingo por la noche pudo medir toda su dimensión.

Callada la voz de Imaz, gran parte del electorado nacionalista se ha encontrado sin un discurso coherente y consistente por el que guiarse. Con aquél sabía a qué atenerse. Su discurso era nítido en los dos asuntos en que la sociedad vasca vive enmarañada desde hace tiempo: cómo abordar el terrorismo de ETA y cómo asentar la convivencia desde una asunción consecuente de la pluralidad de la ciudadanía. Resultaba, además, comprensible para una nueva generación de ciudadanos, a la que los debates identitarios le suenan a rancios y que se muestra, en cambio, dispuesta a escucharlos cuando versan sobre otros asuntos que siente más cercanos a sus preocupaciones diarias. Tenía, en definitiva, unas resonancias urbanas y modernas que aportaban una bocanada de aire fresco a la atmósfera de tradición y ruralismo en la que nunca ha dejado de respirar el nacionalismo vasco. Con la retirada de Josu Jon Imaz se retiró también del PNV la esperanza de renovación que con su llegada se había abierto.

El silencio que la marcha de Imaz dejó como un vacío no se ha llenado. Nadie ha suplido en el partido la ausencia de su voz. Los mensajes que desde aquél se emiten suenan como un retorno al pasado, en el que los tópicos han vuelto a ocupar el espacio que pareció, por un momento, querer llenarse de cierta innovación. No se ha renovado un discurso que, si pudo resultar efectivo para la generación de la transición, hoy resulta retórico y huero para la que nació después de ella.

Ante el silencio del partido, sólo suena la voz del lehendakari. No podía ser de otra forma, vista la causa por la que se retiró el anterior presidente. Su mensaje, por institucional, podría haberse proyectado hacia un colectivo mucho más amplio que el de la formación a la que pertenece. Pero ha ocurrido todo lo contrario. Se ha hecho mensaje partidario, anulando, además, tras la traumática retirada de Imaz, toda posibilidad de disonancia. Y así, en vez de enriquecer la voz propia de su partido con otra autónoma que pudiera hacerle el contrapunto, el lehendakari la ha silenciado y secuestrado. Su discurso es suyo, del PNV y de los tres partidos que sustentan su gobierno. De ahí que todos hayan sufrido el pasado domingo la misma suerte aciaga.

En beneficio de todos ellos podría haber redundado este acaparamiento del discurso, si éste hubiera sido moderno y renovador. Pero el discurso del lehendakari incurre en todos los vicios tradicionales del nacionalismo que pretendió depurar Josu Jon Imaz. Se propone, además, conciliar lo inconciliable, conjugando, de modo harto mecánico, apertura al mundo y cerrazón en la propia identidad. Y así, mientras la sociedad vasca sería puntera en todos los bienes que la modernidad aporta -calidad de vida, innovación, cultura y bienestar-, no habría dejado nunca de padecer un asfixiante conflicto, maltratada y oprimida, como está, en su más íntima identidad. Los electores nacionalistas se ven, de este modo, obligados a figurarse finlandeses un día y kosovares el siguiente, extremos que la gran mayoría de ellos sabe que son perfectamente incompatibles. Así lo sabían también los burukides que lamentaron el domingo por la noche en Sabin Etxea la ausencia de Josu Jon Imaz. Resolvieron un problema interno, pero abrieron hacia afuera una brecha por la que se les fugan los votos y que les va a resultar muy difícil de cerrar.

Escrito por El Correo

Flancos de debilidad

11 Mar 2008

LOURDES PÉREZ.
En las semanas previas al 9-M circulaban en las filas del PP dos augurios: uno, que Mariano Rajoy reaccionaría con templanza ante el resultado electoral, salvo que se produjera una debacle; dos, que Esperanza Aguirre haría valer con prontitud su poderío en Madrid y las ambiciones políticas que se sostienen sobre el mismo si un recuento especialmente negativo así se lo permitía. El domingo, Aguirre no dio un paso hacia delante, pero sí un significativo paso atrás en la balconada de Génova donde se habían reunido Rajoy y algunos de sus colaboradores más cercanos. Pero resultando incuestionable que el presidente del PP ha vuelto a fracasar en su tentativa de llegar a La Moncloa, el aguante electoral exhibido por el partido y la insuficiente mayoría de los socialistas plantean riesgos para quienes, dentro y fuera de las filas populares, aguardaban a que el escrutinio forzara por sí mismo decisiones drásticas.

Esas expectativas emboscadas han restado fortaleza al liderazgo de Rajoy, transformándose en un lastre para cualquier matización en el discurso político. Sin embargo, la honrosa derrota del líder ha obstaculizado en un primer momento los movimientos de aquellos cuya actuación se ha ido configurando como una alternativa en el seno del propio PP. La oposición dentro de la oposición ya salió desgastada del enfrentamiento Gallardón-Aguirre, no sólo porque el alcalde de Madrid quedara excluido de las listas; también porque su correligionaria, que concita un mayor aprecio en las filas conservadoras, no logró mantenerse indemne ante la constatación de que estaba dispuesta a anteponer sus intereses a los del partido.

La apertura de un proceso de sucesión fruto de presiones internas insostenibles corre el peligro de trocar un fracaso llevadero en una derrota en toda regla, lo que a su vez permitiría al PSOE iniciar la legislatura disfrutando de la comodidad que no le ha proporcionado el veredicto del electorado.

Los socialistas han de administrar con sumo cuidado una victoria gestada en gran medida en Cataluña y en Euskadi, los dos territorios que, por distintas razones, más han empañado el balance de su gestión en el resto de España y a los que pertenecen los dos grupos nacionalistas cuyo apoyo apuntalaría la mayoría de Zapatero en el Congreso. Las primeras palabras del presidente en funciones reafirman su genérica voluntad de explorar el entendimiento con el partido de Urkullu siempre que éste renuncie al desafío soberanista planteado por Ibarretxe.

Pero el presidente en funciones no sólo esta obligado esta vez a calibrar cada uno de sus gestos hacia los peneuvistas, si no quiere desmerecer la reafirmación como alternativa de gobierno de su partido en Euskadi. Habrá de superar la tentación de atender los requerimientos de Urkullu para buscar una definitiva salida al contencioso vasco, por la vía de asumir y dar cauce a las contradicciones que anidan en los nacionalistas y que éstos no terminan de afrontar. Lo que supondría tanto como blindarles ante la vulnerabilidad que empiezan a mostrar tras 30 años de democracia.

Escrito por El Correo

Las consecuencias de una legislatura

11 Mar 2008

FLORENCIO DOMÍNGUEZ.
Los más de doscientos mil votos obtenidos por el PP vasco el pasado domingo en una jornada en la que el PSE se salió de la tabla hubieran podido ser consoladores si no hubieran ido acompañados por la pérdida de un escaño en Vizcaya, aunque fuera sólo por unos cientos de sufragios. De ese diputado, cuya asignación definitiva está pendiente del recuento del voto de los residentes en el extranjero, depende la interpretación definitiva de los resultados del PP dentro de este partido.

La formación que lidera María San Gil tiene en el País Vasco un escenario difícil porque se enfrenta a una sociedad en la que hay sectores amplios que rechazan al PP con intolerancia antidemocrática, no sólo porque estén en desacuerdo con sus postulados políticos, sino porque lo han catalogado como el enemigo por antonomasia. El PP se encuentra estigmatizado de entrada, diga lo que diga y haga lo que haga, es el perfecto chivo expiatorio al que se puede culpar de todos los males del mundo sin necesidad siquiera de argumentar los motivos.

Del PP se recuerdan siempre los supuestos agravios y nunca los aciertos por importantes que éstos sean. Se recuerda que promovió una reforma legal para impedir que el lehendakari pudiera convocar un referéndum al margen de la Constitución y el Estatuto, pero no se recuerda que fue el odiado Aznar quien firmó la transferencia de los impuestos especiales, el que concedió la capacidad normativa en el IRPF a las Haciendas vascas, el que alcanzó la 'paz fiscal' del año 2000, el que hizo posible la creación de Euskaltel o el que hizo que el Concierto Económico se convirtiera en indefinido. ¿Quién se acuerda de todo esto?

Sin embargo, el centro derecha no nacionalista es un espacio político importante en el País Vasco pues desde hace quince años el PP es la tercera fuerza política y en ocasiones ha sido la segunda. En estos comicios ha obtenido el 18,50% de los votos (muchos más que la suma de EA, EB y Aralar juntos), pero resultados anteriores evidencian que tiene un territorio electoral más amplio al que acceder.

Al margen de las adversidades locales del PP en el País Vasco, los resultados han estado condicionados por la línea seguida por este partido político en toda España durante toda la legislatura. Es inevitable tener que remontarse cuatro años atrás, cuando el PP perdió unas elecciones que consideraba ganadas de antemano en medio de la conmoción de los atentados del 11-M.

Las circunstancias en que se produjo aquella derrota provocaron un férreo cierre de filas para reivindicar la gestión del Gobierno popular antes y después del atentado. El temor a una crisis interna por las circunstancias catastróficas en que se produjo la salida del Gobierno bloqueó las reflexiones habituales que se dan en todo partido que pierde el poder sobre las causas de la derrota, sobre las medidas que hay que adoptar para el futuro y sobre los equipos humanos que deben gestionar la nueva situación.

Un PP acorralado por las acusaciones cerró filas y se enrocó en la defensa numantina de la gestión de los Gobiernos de José María Aznar. En lugar de considerar que había pagado en las urnas cualquier responsabilidad política que hubiera podido tener y seguir adelante, se empecinó en abrir una y otra vez el debate sobre el mismo asunto, el 11-M, asumiendo en el camino las más peregrinas teorías sobre este atentado. Todo ello mantuvo en el candelero un debate sobre un tema que el PP tenía que haber sido el primer interesado en dar por zanjado porque sólo a él le perjudicaba dar vueltas a esa noria.

Esa percepción angustiosa de quien se siente cercado, con peligro para el futuro del propio partido, llevó a mantener una política de oposición dura ante el nuevo Gobierno socialista, un Gobierno sobre el que aleteaba la sombra del Pacto del Tinell que prefería tener al PP aislado del resto de formaciones como fórmula idónea para impedirle ampliar su espacio político. Las reformas territoriales, el diálogo con ETA o algunas políticas sociales relativas a educación, familia o el matrimonio homosexual se convirtieron en los focos catalizadores de la oposición del PP. Pero no sólo de eso: en la batalla contra el Gobierno intervinieron otros agentes ajenos al partido que parecían aliados de éste (asociaciones de víctimas del terrorismo, Foro Ermua, obispos, algunos profesionales de la comunicación, etc.) que pusieron en marcha una campaña de protestas contra el ejecutivo socialista planteadas más veces desde planteamientos de desahogos emocionales o por afán de denuncia ética que desde análisis estratégicos de eficacia política.

No es que los motivos invocados para algunas de estas protestas no fueran de peso o que los convocantes no tuvieran razones sólidas, pero es que el PP no controló los ritmos, ni los discursos de estas iniciativas y se vio obligado a secundarlas sin tener capacidad para modular el mensaje en función de los intereses que como partido tenía. Asumió como propias las agendas de otros y eso condicionó su imagen política ante toda la sociedad ofreciendo un perfil de agresividad que no se corresponde en absoluto con la personalidad del líder del PP. Y cuando se quiso cambiar de registro ya no había tiempo suficiente para hacerlo, especialmente porque se había acuñado con éxito la imagen de un PP extremista y peligroso.

La forma en que se ha desarrollado la estrategia del PP en esta legislatura ha consolidado en torno a este partido una importante base social, pero no ha logrado añadir ese plus de votantes que hay que arrebatar al contrario para poder ganar unas elecciones.

Escrito por El Correo

Realidad e izquierda abertzale

11 Mar 2008

XABIER GURRUTXAGA.
Los medios afines a la izquierda abertzale abstencionista están explicando los resultados obtenidos en los comicios del domingo de manera mucho más inteligente y más fina que las burdas explicaciones dadas por varios portavoces en las que se resumía la jornada electoral como el día en que los vascos dieron «un plante al estado fascista». Como si al margen de la abstención no hubiera vida política en Euskal Herria, ni ciudadanos con opción política, y como si el 35% de la abstención que se dio en la comunidad autónoma y el 27% en Navarra fuera plenamente computable como abstención activa, en virtud del sopesadísimo argumento de que esos ciudadanos han decidido abstenerse aun sabiendo y conociendo que eran ETA y la izquierda abertzale quienes estaban pidiendo la abstención, con las consecuencias que ello tiene.

Por eso la imposición de la abstención. Porque la abstención no permite hacer cálculos objetivos y rigurosos como para el resto de las formaciones. Porque permite ocultar o disimular los fracasos, pero también agrandar unos resultados aceptables hasta convertirlos en excelentes. Desde los medios afines se afirma que la noche electoral dio en Euskal Herria fundamentalmente dos noticias. Por una parte, el triunfo de los socialistas en el conjunto de los territorios, y, por otra parte, el mantenimiento del respaldo a la izquierda abertzale, vía abstención, cifrando dicho apoyo en torno a 185.000 votos en los cuatro territorios, situándose así, según ellos, en niveles similares a los resultados obtenidos en las últimas forales y municipales.

Hay cuatro ideas a mi entender que se quieren proyectar con este análisis. En primer lugar, se pretende subrayar el mantenimiento del apoyo a la izquierda abertzale con una fidelidad muy alta por parte de sus votantes habituales. En segundo lugar, que la abstención atribuible a la izquierda abertzale refleja un número de votos bastante superior al del voto nulo obtenido hace cuatro años, con lo que ello significa de recuperación de voto perdido en aquellos comicios y también de crecimiento u obtención de nuevos votantes. En tercer lugar, que la recuperación del voto se ha dado a pesar de la ruptura de la tregua por ETA, con lo que se traslada la idea de que su base social no considera a ETA la responsable del fracaso del proceso de diálogo. Y en cuarto lugar, que la izquierda abertzale sigue existiendo, manteniéndose firme a pesar de las medidas excepcionales adoptadas.

El análisis desde mi punto de vista resulta bastante razonable y responde a su lógica y a su esquema de pensamiento. Es obvio que no quieren resaltar aquello que les incomoda y les molesta. A la luz de los resultados habidos tanto en la comunidad autónoma como en la foral, parece un pelín exagerado atribuirse todo el diferencial de la abstención habida respecto de la que se dio hace cuatro años, porque probablemente también entre nosotros la llamada abstención técnica se ha incrementado, tal y como ha sucedido en otras comunidades, como Cataluña donde ha subido casi cinco puntos. Teniendo en cuenta esa circunstancia, creo que la llamada 'abstención activa' ha podido obtener en Euskadi en torno a un ocho por ciento, aproximadamente unos 140.000 votos, y en Navarra en torno a un tres por ciento que podría representar aproximadamente unos 14.000 votos. Con lo que se podría fijar el total en torno a 155.000 votos. Que es un término medio entre lo que ahora se atribuyen y los aproximadamente 110.000 votos nulos de las generales de 2004.

Convendría recordar que en las generales del 2000 esta izquierda abertzale también llamó a la abstención. En aquella ocasión la abstención habida fue un 36% en la comunidad autónoma y un 34% en Navarra. Es decir, similar a la actual en Euskadi y netamente superior en Navarra. Entonces no existía Nafarroa Bai. Este dato nos lleva a un terreno complicado y difícil de reconocer para la izquierda abertzale: la desarticulación territorial de su proyecto. Con los datos a la vista la izquierda abertzale se está reduciendo cada vez más a una realidad electoral guipuzcoana-vizcaína. Curiosamente a mayor reclamación de la territorialidad, su realidad electoral refleja cada vez peor la idea nacional que se persigue.

Aun así, con esa desigual representación, hay que reconocer a la izquierda abertzale su capacidad para mantenerse. Lo cual, sin más, no les augura ningún futuro cierto, máxime si siguen sin asumir sus responsabilidades. El futuro de la izquierda abertzale depende de su capacidad de presión sobre ETA, de su valentía y decisión de agarrar ese toro por los cuernos y ofrecerle a ETA la única alternativa que se le puede ofrecer, que no es otra que la asunción del cese de la violencia y su transformación e integración política en el seno de la izquierda abertzale, con negociación de la cuestión de los presos con Zapatero.

Si no asumen esa responsabilidad ante sus votantes continuarán aguantando, cada vez con más costes, pero sin ninguna expectativa cierta. Sometida a múltiples riesgos y desafíos como el que ha supuesto para ellos la creación de Nafarroa Bai. Sería bueno que al inicio de esta nueva etapa aprovecharan este nuevo tiempo político y ejercieran la dirección política que hasta ahora no han ejercido. La pelota está en su tejado, aunque no lo quieran reconocer.

Escrito por El Correo

El PSOE necesita a los nacionalistas

10 Mar 2008

OLATZ BARRIUSO
Los españoles dieron ayer la victoria por segunda legislatura consecutiva al PSOE, que vio reforzada su fortaleza en el Congreso de los Diputados con 169 escaños, a siete de la mayoría absoluta y cinco por encima de la marca registrada en 2004, cuando los socialistas lograron dar la vuelta a todas las encuestas en plena conmoción por la tragedia del 11 de marzo. Ayer, en cambio, aún de luto por el asesinato a manos de ETA del ex concejal del PSE Isaías Carrasco en Mondragón -para quien los partidos tuvieron un recuerdo unánime-, el veredicto de las urnas coincidió, en buena medida, con las previsiones que se habían venido manejando durante la campaña. En contra de la costumbre, el resultado reflejó por una vez los pronósticos de la mayoría de los sondeos, que auguraban a los socialistas una ventaja más o menos holgada sobre su inmediato perseguidor, el PP. Finalmente, el PSOE superó en más de tres puntos al que seguirá siendo, durante los próximos cuatro años, el primer partido de la oposición al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que precisará, no obstante, del apoyo de los nacionalistas para procurar la necesaria estabilidad a su Gabinete.

El escenario anhelado por el PSOE pasaba, por supuesto, por la mayoría absoluta o, como mal menor, por una victoria lo suficientemente amplia como para poder prescindir de las hipotecas nacionalistas. Pero no podrá ser. Zapatero, que volvió a cimentar su triunfo en los excelentes resultados en Cataluña y Andalucía -que celebraba además comicios autonómicos y ratificó a Manuel Chaves como vencedor tras dos décadas en el poder-, logró concentrar el voto útil de la izquierda pero no lo suficiente frente a un PP también en alza. La debacle de IU -que obtiene el peor resultado de su historia, pasa de cinco a dos escaños y no podrá siquiera formar grupo parlamentario propio- reduce notablemente la influencia en la Cámara Baja del grupo de Gaspar Llamazares, que se había ofrecido abiertamente al PSOE para formar un Ejecutivo de coalición exclusivamente de izquierdas y ha acabado por renunciar a la reelección como coordinador general de IU ante el «fracaso» sin paliativos de su formación.

Zapatero necesitará por lo tanto recabar el apoyo de los nacionalistas catalanes de CiU, que mantienen sus diez representantes y que deberán resolver sus propias contradicciones internas sobre la conveniencia de entrar a formar parte del Gobierno o bien sostenerlo desde fuera, o del PNV, que cede un escaño respecto a la legislatura anterior y se perfila a priori como un socio problemático, con el plan soberanista de Ibarretxe en su agenda política inmediata. En cualquier caso, el panorama que dibujaron ayer las urnas reproduce el escenario que en principio deseaban los jeltzales, que, pese a su histórica derrota en Euskadi frente al PSE, no perdieron la oportunidad de subrayar que están en condiciones de presionar a un Zapatero en minoría en favor de un nuevo acuerdo sobre el estatus político de Euskadi.

El líder socialista podrá también jugar con los posibles respaldos del BNG y Nafarroa Bai -que conservan a sus actuales representantes-, Coalición Canaria, que retrocede y pierde a uno de sus diputados y su ex compañera de filas Rosa Díez, que por primera vez tendrá voz en el Congreso de la mano de su nuevo partido, UPD. Esquerra Republicana no parece una opción factible para Zapatero, no sólo por el desplome del independentismo catalán -que baja de ocho a tres diputados- sino porque el propio líder socialista ha admitido que no contempla colaborar con los republicanos tras su negativa experiencia en la anterior legislatura.

El fortísimo retroceso de ERC, que hace cuatro años planteó las generales como un plebiscito sobre el liderazgo de Carod Rovira tras su salida del tripartito catalán y arrasó, refleja la generalizada tendencia a la baja de los nacionalismos. Los resultados electorales de ayer refuerzan el peso electoral de los llamados grandes partidos nacionales -que suben tanto en número de representantes como en porcentaje de voto- pero al mismo tiempo otorgan un papel decisivo en la gobernabilidad a un nacionalismo en franco retroceso.

Paradójicamente, la tendencia a la polarización bipartidista que las fuerzas minoritarias han denunciado una y otra vez durante la campaña -máxime tras su exclusión de los debates cara a cara entre Zapatero y Rajoy- se ha consolidado más que nunca, pero, al mismo tiempo, les coloca en una ventajosa posición para tratar de hacer valer sus escaños en Madrid. Y hace cobrar fuerza a la tesis -que ha sobrevolado de fondo las dos últimas semanas-, de que socialistas y populares traten de recuperar los grandes acuerdos de Estado en asuntos fundamentales como la política exterior, el modelo territorial o la lucha antiterrorista para tratar de neutralizar la influencia nacionalista.

La trayectoria al alza de los dos grandes partidos se reflejó también en el resultado del PP, que, aunque perdió las elecciones, mejoró notablemente sus registros de hace cuatro años y se permitió por ello digerir la derrota con menos amargura que entonces. Mariano Rajoy y los suyos lograron finalmente seis diputados más que en 2004 -uno más que los que ganó el PSOE-, mejorar en casi tres puntos su porcentaje de voto y aumentar considerablemente su cosecha de papeletas, que ayer superó los diez millones de votos. Además, lograron recortar distancias con los socialistas, de dieciséis a quince diputados, y paliar, al menos de momento, la influencia de la derrota electoral en el liderazgo de Rajoy, que fracasó por segunda vez en su intento de mudarse a La Moncloa.

Pero la clave estaba en la participación y ése fue el dato que acabó por consolidar la victoria del PSOE, que consiguió además hacer calar el llamamiento al voto útil de la izquierda. Un 75,35% de los electores acudió ayer a ejercer su derecho al voto, sólo unas décimas por debajo del registro alcanzado en 2004, cuando la movilización ciudadana se achacó al especialísimo estado emocional de los españoles tras el trauma de la masacre yihadista. Ayer, menos de cuarenta y ocho horas después del asesinato a tiros de Isaías Carrasco, la abstención se disparó sobre todo en el País Vasco -donde creció casi diez puntos-, influida presumiblemente por el llamamiento de ETA y de la izquierda abertzale a no acudir a las urnas. También en Euskadi se registraron los incidentes más llamativos -pocos- de la jornada.

Escrito por El Correo

Zapatero convence en Euskadi

10 Mar 2008

FLORENCIO DOMÍNGUEZ
Los socialistas vascos consiguieron ayer ser la fuerza política más votada en el conjunto del País Vasco y en sus tres territorios, adelantando por segunda vez en unas elecciones generales al PNV tanto en escaños como en voto popular. La polarización extrema de la contienda electoral entre los dos grandes partidos nacionales ha ayudado al PSE a situarse en el primer lugar.

La vez anterior en la que los socialistas fueron el primer partido vasco fue en las generales de 1993. Aquellos comicios se celebraron en un ambiente de máxima confrontación entre el PSOE, que veía amenazada su continuidad en el Gobierno, y el PP, al que se atribuía la posibilidad de vencer a Felipe González, aunque al final éste consiguiera una ajustada victoria.

El PSE superó entonces al PNV por apenas seis mil votos, muchos menos de los que anoche le sirvieron al partido de Patxi López para ganar al de Iñigo Urkullu. La apuesta política de Zapatero ha encontrado un respaldo claro en Euskadi. Por el contrario, la que ha sufrido un traspiés es la representada por el lehendakari Juan José Ibarretxe.

La impronta radical que ha implantado al PNV con sus exigencias soberanistas y el pulso planteado al Gobierno central ha hecho que la formación jeltzale haya sufrido ya dos tropezones electorales significativos: el primero fue en las autonómicas del año 2005, en las que el PNV perdió cuatro escaños, y el segundo el registrado ayer. En medio están las elecciones locales, en las que el acceso a la Diputación de Álava le permitió salvar las apariencias de unos resultados discretos.

En el seno del PNV, un partido que tradicionalmente ha mostrado un gran sentido práctico, va a tener que abrirse un debate acerca de la línea marcada por el lehendakari, porque la apuesta planteada por Juan José Ibarre-txe para celebrar una consulta el próximo mes de octubre ha quedado tocada en el ala por estos resultados. Los socialistas van a poder decirle, y con bastante razón, que los ciudadanos han rechazado en las urnas el maximalismo unilateral de la propuesta del lehendakari.

Mientras el PP logra salvar los muebles al mantener los cuatro diputados, la pérdida del escaño de Eusko Alkartasuna en Guipúzcoa supone un duro batacazo para esta formación política. En los comicios de 2004, EA experimentó una reducción de apoyos populares, pero conservar el diputado le salvó de una crisis. Ahora se ha quedado sin aquel salvavidas y la situación se presta a que se reabra el debate interno sobre las coaliciones electorales.

Escrito por El Correo

Vuelco en Euskadi

10 Mar 2008

JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA
La llamada a la abstención que han realizado ETA y la izquierda abertzale no ha perdido efecto por el asesinato de Isaías Carrasco. Por el contrario, el diferencial respecto de la inhibición electoral que se produjo hace cuatro años indica que, en esta ocasión, se han abstenido más electores que los que entonces votaron nulo. No son, sin embargo, los que han promovido expresamente la abstención quienes han de atribuirse todo el éxito. A él han contribuido también, y en buena medida, los votantes del nacionalismo democrático, que han optado por esta forma de expresar su descontento con sus respectivos partidos. En todo caso, ahí sigue, irreductible, un electorado blindado ante el dolor ajeno. No es sólo el miedo, como suele decirse, el que le ha impedido acudir a las urnas. Es también, y sobre todo, la identificación resistente con lo que la banda terrorista es y hace. Mientras este referente exista, su lealtad será difícilmente quebrantable.

Quienes han acudido a las urnas, por su parte, se han volcado, en una histórica proporción, por el Partido Socialista de Euskadi. Nunca había tenido éste un resultado tan brillante en nuestra comunidad. También en este caso, el éxito ha de compartirse. El efecto Zapatero y el temor a un triunfo de Rajoy han sido en Euskadi más fuertes que en ninguna otra parte de España. Pero esta constatación no puede, en absoluto, restarles méritos propios a los socialistas vascos. El electorado ha premiado su discurso y su praxis, mantenidos a veces en circunstancias muy adversas, y los ha situado, como nunca hasta ahora, en una posición de clara alternativa al nacionalismo. Su tarea ahora no es sentarse a disfrutar en la autocomplacencia, sino tratar de encontrar los instrumentos más adecuados para proyectar estos resultados sobre las próximas autonómicas.

El nacionalismo democrático y, más en concreto, el PNV se han dado un auténtico batacazo. Vendrán ahora, sin duda, las excusas. Eran -dirán- unas elecciones generales muy polarizadas, en las que los partidos minoritarios tenían todas las de perder. Atribuirán también el éxito socialista -como ya hizo anoche Josu Erkoreka con una muy poco edificante falta de pudor- al efecto de solidaridad que produjo en la sociedad vasca el asesinato de su ex concejal en Mondragón. Pero se equivocarán radicalmente si no hurgan un poco más en el fondo de su descalabro. Tendrán que pensar, en primer lugar, que la pérdida de votos ha afectado a todos los partidos del tripartito, a los que se ha juzgado tanto por su defecto de gestión como, sobre todo, por su exceso de ideología. En este sentido, la 'hoja de ruta' del lehendakari, que es el factor cohesionador por antonomasia del tripartito, ha sufrido una clara derrota por adelantado. Su electorado le ha dado la espalda de manera más clamorosa de lo que podría haberse temido y ha traspasado su confianza a quienes, como los socialistas, le han ofrecido un proyecto más estabilizador de la convivencia y más cercano a sus preocupaciones reales. Estos resultados, sumados a los obtenidos en las elecciones que se han celebrado desde 2005, exigen, por tanto, del nacionalismo y, sobre todo, del PNV una reflexión en profundidad sobre la tortuosa y ambigua línea que viene siguiendo en la última década o, lo que es lo mismo, desde la aventura de Lizarra, nunca del todo corregida. Casi un 40%de su electorado lo ha abandonado, bien trasvasando sus votos al PSE, bien refugiándose en la abstención. En cualquier caso, el aviso es de los que deben tomarse muy en serio y apunta directamente al fondo del discurso político. Tiempo tendrán para reflexionar sobre éste, toda vez que, prescindibles como han resultado ser para la gobernabilidad en el Estado, podrán dedicar su tiempo a poner en orden la propia casa.

En definitiva, los resultados de estas elecciones han supuesto en Euskadi un auténtico vuelco. Leídas desde el interior del país, presentan un panorama novedoso, en el que no sólo se ha puesto en duda, antes siquiera de debatirla, la viabilidad de la estrategia política marcada por el nacionalismo a iniciativa del lehendakari, sino que se ha abierto además el interrogante que, entre nosotros, parecía fatalmente cerrado: la posibilidad de una alternancia en la gobernación del país. La última fase de esta legislatura puede ser en Euskadi realmente apasionante. Es de esperar que vencedores y vencidos no se atrincheren en estos resultados, sino que sean capaces de gestionarlos de manera productiva para todos los ciudadanos. Es todo un reto.

Escrito por El Correo

Zapatero fagocita a sus socios

10 Mar 2008

TONIA ETXARRI
Zapatero volverá a dirigir el gobierno de España, por segunda vez consecutiva, sin contar con la mayoría absoluta. Con una victoria lo suficientemente holgada para gobernar cómodamente, aunque necesitará nutrirse de pactos, el PSOE ha obtenido el mejor de los resultados previstos por los sondeos. Donde los socialistas han conseguido, sorprendentemente, ampliar su fuerza electoral es en Cataluña, donde la izquierda, después de una campaña polarizada, decidió decantarse por el 'voto útil', provocando así el notable bajón de IU y ERC. El PP no ha logrado su reto de ganar esta carrera, aunque ha subido en porcentaje de votos y en siete escaños, lo que explicaría el mensaje de García Escudero en la primera parte de la noche preconizando un resultado «histórico y magnífico».

Una vez fijadas las tendencias de los resultados en los partidos minoritarios, el baile de escaños fluctuaba automáticamente, anoche, entre el PSOE y el PP, como si de dos vasos comunicantes se tratara. El escaño que perdían los socialistas lo ganaban los populares, y viceversa. Con estos resultados se va consolidando la tendencia al bipartidismo que empezó a perfilarse desde las primeras consultas democráticas. Los partidos nacionalistas han ido perdiendo peso, pero el revés más significativo lo han sufrido los dos partidos que han ejercido de socios del presidente Zapatero. La Izquierda Unida de Llamazares ha perdido dos escaños y se queda sin grupo propio. A IU le ha penalizado nuestro sistema electoral, ya que ha obtenido más de 775.000 votos y se queda con dos asientos en el hemiciclo. Si lo comparamos con los resultados obtenidos por las formaciones nacionalistas que se presentan tan sólo en su comunidad autónoma, (PNV, con 248.280 y 6 escaños o CiU con 599.232 y 10 escaños) la desigualdad parece evidente.

Pero esta anomalía electoral se da desde siempre, incluso en los tiempos gloriosos en los que IU tuvo mucha más fuerza, así que este batacazo se debe, sobre todo, a que los votantes han decidido optar directamente por el PSOE y no por una formación que había perdido su perfil y que había sido, prácticamente, absorbida por el Partido Socialista.

A ERC también le ha pasado factura una legislatura radicalizada que ha terminado por cansar a su electorado en Cataluña, que ha desplazado su voto hacia los socialistas. La gran novedad: la irrupción de Rosa Díez, que a pesar del «ninguneo» que ha sufrido durante la campaña, ha obtenido más de 250.000 votos, tantos como el PNV y más que ERC. UPD era anoche Rosa Díez, el verdadero motor de este partido que apenas tiene seis meses de historia. Zapatero inicia su segunda andadura después de haber fagocitado a los partidos que le han ayudado a gobernar hasta ahora. Cabe preguntarse si su política de alianzas derivará hacia un cambio de socios. CiU ya sabe que sus diez escaños pueden ser decisivos.

El PNV estará en guardia, con un escaño menos, sobre la próxima consulta que quiere convocar el 'lehendakari'. Y, sobre todo, el presidente tendrá que despejar si ya se ha escarmentado con las falsas treguas de ETA para no volver a negociar con la banda. Sólo de esta forma será concebible una legislatura menos crispada que la que acabamos de superar.

Escrito por El Correo

Obligados a reflexionar

10 Mar 2008

LOURDES PÉREZ
Las urnas confirmaron anoche la profundidad de la oleada bipartidista, ante la que sólo ha conseguido resistirse CiU y que se ha extendido de forma singular a Euskadi, donde el PNV ha perdido su preeminencia ante el empuje de los socialistas. Pero ese refuerzo de los dos grandes partidos no puede obviar la sensación agridulce con que ambos han de interiorizar un escrutinio que, dejando el escenario casi inmutable, debería obligarles a encarar la nueva legislatura de manera distinta a como han administrado la anterior. Porque es una evidencia que el enfrentamiento que ha definido los últimos cuatros años no ha reportado ni a socialistas ni a populares los réditos que han buscado con tanto ahínco. El triunfo cosechado por José Luis Rodríguez Zapatero ha de dejar un regusto necesariamente decepcionante entre los socialistas, que se han mostrado incapaces de traducir su ambiciosa acción de Gobierno en una victoria más holgada. El resultado confirma la paradoja de la participación, que sí ha asegurado el predominio del PSOE pero no le ha beneficiado como se preveía.

Fueron esas mismas expectativas las que permitieron a Mariano Rajoy maquillar con un discurso muy cercano al triunfalismo lo que constituye su segunda derrota en unas generales. Pero del mismo modo que Zapatero deberá reflexionar sobre los motivos por los que el electorado no ha respondido satisfactoriamente a su incisiva gestión, el PP no puede obviar que su férrea estrategia de oposición sólo le ha permitido contener una derrota que en los días previos se pronosticaba más pronunciada. Pero en ningún caso vencer, aunque Rajoy haya encontrado motivos para reivindicarse a sí mismo.

El resultado frena la crisis interna que hubiera desatado una derrota menos dulce, sin que eso libere en ningún caso a los populares del dilema que se les plantea de forma incluso más acuciante: si seguir dando por buena su estrategia de contraposición sin cuartel al proyecto de sus oponentes, con la confianza de que en algún momento les acabe devolviendo el poder, o prepararse para la recuperación del mismo con una modulación de esa política.

El asesinato de Isaías Carrasco había convertido la participación en estas elecciones en un termómetro ineludible para medir la entereza democrática de la sociedad ante el brutal desafío del terror. De ahí que la caída de la participación en Euskadi en más de diez puntos con respecto a la cita de 2004 constituya un dato desolador, que se traduce en que un sector nada despreciable de los votantes vascos ha cedido ante el miedo. O ante la indiferencia que tan certeramente quedó radiografiada en la meliflua nota con la que la directiva del Athletic convocó el primer minuto de silencio en San Mamés por una víctima del fanatismo etarra. El triunfo de los socialistas también en el País Vasco evidencia que ese desistimiento ha sido más acusado en las filas del nacionalismo institucional. Lo que debería llevar tanto al lehendakari como al PNV a cuestionarse sobre el negativo efecto que ha provocado para los intereses colectivos y los suyos propios su renuncia a ejercer un liderazgo institucional más visible en el rearme cívico frente al terror.

Escrito por El Correo

Sobre este blog

Secciones

Archivos por meses

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):