Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
26 Feb 2008

Ya hace varios años que mis dos columnistas de cabecera, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías , vienen escribiendo acerca de cómo la mala educación se ha apoderado de este país. Algunos hasta consideran que ser educado es algo completamente antiguo y de derechas. Más o menos como negarse a duplicar el género de las palabras para ser políticamente correcto. Y aprovecho para recomendarles el artículo de Pérez-Reverte en Xl Semanal el pasado domingo.
Pero yo quiero hablarles hoy de mala educación. Ayer por la noche presencié un ejemplo de dimensión notable en un acto cultural, así que me parece que no me desvío del tema de este blog si lo cuento. Se lo explico brevemente: entrega de los premios Ercilla de Teatro y Toros . Calculo que asisten unas 300 personas. El acto se inicia con una cena durante la cual todo el mundo habla con los de su alrededor. Ahí empiezo a percibir que muy cerca de mí, en dos mesas, todos lo hacen con un tono altísimo, pero lo justifico pensando que quizá en su zona haya un problema de acústica y se debe a esa circunstancia.
Empieza la entrega de premios y los galardonados van pasando a recogerlos y hablan unos minutos, agradeciendo, recordando su carrera, confesando sus sueños y sus temores. Todo el mundo escucha en silencio, menos los ocupantes de las mismas dos mesas, que siguen hablando y riéndose, y haciendo tanto ruido que casi no se escucha a la presentadora ni a los premiados. En varias ocasiones, algunos asistentes al acto se vuelven hacia los ruidosos y les piden silencio. Empeño inútil. Cada vez hablan más alto y por tanto resulta más difícil oír a los galardonados. Las recriminaciones suben de tono pero el volumen de las risas y las voces no baja. Y así hasta que acaba el acto.
¿En algún momento pensaron quienes no pararon de hablar y reír que lo suyo era una falta de educación extraordinaria y un comportamiento irrespetuoso para con los premiados, los organizadores y los asistentes al acto? Y, por último, ¿a qué fueron si no les interesaban ni los premios ni lo que decían quienes los recibieron? Quizá sólo a cenar...
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César Coca
Otra manera de enterarse de lo que pasa en el brillante, competitivo y no siempre noble mundo de la cultura, con opiniones heterodoxas y análisis con bisturí sobre la creación en todos sus ámbitos
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