Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
29 Abr 2008
Como le sucedió a Óscar, yo también he disfrutado mucho con el discurso de Javier Marías en su ingreso en la Real Academia. Y me he preguntado estos días si la literatura puede contar la realidad. Marías sostiene que no. A veces por defecto y a veces por exceso. Por poner sólo un ejemplo: ¿a quién no le parecería una burda exageración una novela que contara con el detalle y el rigor de un buen reportaje la historia terrible de Josef Fritzl, presunto ser humano –como suele decir el maestro Manuel Alcántara–, de cuyas monstruosidades estamos teniendo cumplida noticia estos días?
Hace unos cuantos años, cuando publicó 'La fiesta del Chivo', Mario Vargas Llosa me contó que tuvo conocimiento de episodios protagonizados por Trujillo de una crueldad tal que no los puso en la novela porque nadie lo habría creído. El propio Marías cuenta en el segundo tomo de 'Tu rostro mañana' un par de brutalidades de la época de la Guerra Civil que pone en boca del padre del personaje narrador (trasunto más que evidente de su progenitor, Julián Marías ) y que si son creíbles es porque el lector sabe que eso fue así por unos cuantos detalles que los acompañan. Pero en un relato de ficción no habrían funcionado, por inverosímiles. A veces la maldad es tanta que ni siquiera la literatura puede con ella.
28 Abr 2008

He disfrutado con el discurso de ingreso a la Real Academia Española de la Lengua de Javier Marías. Son unas palabras muy interesantes que pueden encontrar aquí y que les recomiendo.
El nuevo académico explica las dificultades de cualquier tipo de narración a la hora de intentar recoger la realidad y destaca «la imposibilidad de contar nada acaecido, real, de manera absolutamente segura, veraz, objetiva, completa y definitiva». Nuestra vida, añade, «la conocemos sólo fragmentariamente y como envuelta en niebla». Ante esa imposibilidad, Marías defiende la ficción como una forma de «conocer lo improbable, además de los cierto». Y concluye: «sólo podemos contar así, cabalmente y con sus incontrovertibles principio y fin, lo que nunca ha sucedido».
El discurso me recuerda a una genial frase de una mago andaluz: «La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad...es lo más aburrido que existe».
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