Por César Coca
22 Sep 2009

Como habrán leído estos días, el Gobierno vasco prepara un bono cultural: básicamente consiste en que se adquiere un bono por el que se pagan 25 euros y da derecho a comprar libros, discos, entradas de cine, para conciertos, museos, etc. por un importe de 40 euros. La medida no es nueva, y me parece que es en Andalucía donde primero se puso en marcha (con algunas características diferentes), dentro de España.
Se trata de una iniciativa que puede gustar más o menos y que puede ser criticada en algunos de sus aspectos. En EL CORREO, Enrique Portocarrero ha puesto de relieve algunos problemas, no menores, que a su juicio tiene ese sistema de promoción del consumo cultural.
Lo que me parece que no puede decirse es lo que he leído uno de estos días a un veterano columnista, famoso por mostrar la verdad desnuda: venía a plantear que por qué un bono para consumir cultura y no para pagar la luz o hacer la compra en el mercado, con tanta gente como pasa necesidad.
Llevado al extremo ese argumento, ¿por qué hay que conceder financiación pública a orquestas, museos y teatros si hay gente que llega con lo justo -o no llega- a fin de mes? Con ese planteamiento, no habría un euro público para cultura mientras hubiera un solo necesitado en el mundo. Es decir, que se acabó la cultura. O se acabó la cultura para las clases bajas y medias-bajas, porque los ricos seguirían teniendo acceso a ella. Sin olvidar que la cultura también crea empleo y por tanto ese incentivo del consumo tendrá incidencia en el sector.
Iba a decir que esa opinión era demagogia de la peor especie. Pero no. No me parece que sea así. Creo que es algo distinto. Es, sencillamente, una estupidez. Y una estupidez no deja de serlo por mucho que sea enunciada con solemnidad.
20 Sep 2009
Como estación, el otoño me gusta más bien poco. No soy insensible a la belleza de un bosque de tonos rojizos, ni a la magia de un atardecer brumoso. Pero no es lo que prefiero. Eso sí, el otoño es una muy buena época para la cultura: arrancan las temporadas musicales, las editoriales lanzan buena parte de sus novedades más valiosas del año, se conceden el Nobel y el Cervantes -y eso a veces nos permite descubrir autores interesantes o ratificar nuestra idea de qué bueno es ese escritor que tanto nos gusta-, y los museos suelen programar muestras de enjundia después de terminar el verano, que es un tiempo más dado al populismo y a tratar de satisfacer al turista no demasiado exigente. Así que no lloren porque termina el verano, porque las lágrimas no les dejarán ver el otoño.
Les dejo este vídeo. Es una filmación de 1988 y el grupo es I Musici. El escenario es... sencillamente uno de los lugares más bellos del mundo.
(La foto es de un bosque cercano a Múnich, el año pasado. AFP)
01 Sep 2009
Llevamos años tratando de que nuestros hijos no pasen tanto tiempo jugando con el ordenador o la play y ahora resulta que, según un estudio publicado en una revista médica de EE UU, el Tetris contribuye a mejorar el pensamiento crítico, el procesamiento del lenguaje y la coordinación de movimientos. Y yo que pensaba que encajar las piezas de colores no pasaba de ser un pasatiempo tirando a aburrido, sobre todo si se compara con la aventura de leer un libro, ver una película, escuchar buena música o simplemente dar un paseo...
De todos modos, qué quieren que les diga. Uno procede del ámbito de las letras, si acaso con un ligero barniz estadístico, pero hay cosas que plantean dudas. Por ejemplo: el estudio está hecho con 26 niñas (niñas y no niños o mitad y mitad porque al parecer éstos tienen más hábito de manejarse con ordenadores) lo que no sé si es un número suficiente para llegar a resultados válidos. Desde luego, si se hiciera una encuesta con una muestra así sería como para partirse de risa, pero ignoro lo que sucede en esta materia en el ámbito de la medicina.
Por el momento, seguiré recomendando libros, películas, música y paseos antes que quedar hipnotizado ante una pantalla tratando de colocar los ladrillos de colores. Con un poco de Tetris es suficiente. No hace falta pasar la tarde en su compañía.
12 Jun 2009
Quizá sea solo un problema de edad. De la edad que voy teniendo, quiero decir. Pero sucede que me van gustando cosas que hace unos años estimaba menos o no les encontraba el punto. Un ejemplo es la música de Brahms. Recuerdo haber escrito en este periódico, en un texto que me dejaron publicar cuando era muy joven y a propósito de un concierto que iba a tener lugar en Bilbao, que la obra del hamburgués era técnicamente perfecta pero un tanto marmórea en su frialdad.
Por supuesto, he dejado de estar de acuerdo conmigo mismo, al menos en eso. Años después de haber escrito lo que acabo de citar, leí un artículo de Federico Sopeña en el que hablaba de los jóvenes y la música, y citaba algo que le sucedió una vez en Roma. Era una noche de verano, hacía calor y Sopeña abrió la ventana de su casa, en un piso bajo de un inmueble de la capital italiana, mientras en su tocadiscos sonaba el Concierto para piano y orquesta Nº 2 de Brahms. Al poco, empezó a escuchar gritos de la calle. Se asomó y entonces una docena de jóvenes que estaban bajo su ventana le pidieron que lo pusiera más alto para poder escucharlo mejor. Al parecer, no iban juntos, sino que se fueron reuniendo allí hechizados por la música.
Con el paso de los años, he ido apreciando la música de Brahms y ahora me parece que es un compositor que renuncia a las explosiones sentimentales, pero no creo que sea en absoluto frío. Entiendo a los jóvenes romanos que querían escuchar ese concierto soberbio. Si algo siento es que hayan tenido que pasar unos cuantos años para que yo haya llegado a apreciar debidamente esa música.
(Les dejo una versión de primera: Celibidache con la batuta y Barenboim al piano y la Filarmónica de Múnich)
18 Abr 2009
¿Y a ustedes qué les parece el debut de la Orquesta Sinfónica de Youtube?
05 Abr 2009
En más de una ocasión les he contado que me gustan mucho las procesiones de Semana Santa. Me parece que, desde el punto de vista estrictamente cultural -que es de lo que va este blog-, son interesantes: hay escultura, guión, coreografía, dramatización... y música. No me refiero a las extraordinarias pasiones de Bach, Telemann, Haendel y otros muchos, sino a la música que tocan los congregantes, nazarenos o bandas que acompañan el desfile de pasos. Quizá la más famosa sea la de los tambores de Calanda, pero a mí me gusta más la que les pongo debajo. Se trata de la Marcha fúnebre de Thalberg, que suena en la Semana Santa de Zamora. No he hallado ningún vídeo que nos permita escuchar la música en condiciones mínimas de calidad mientras se ve el desfile de pasos, así que les he puesto uno en el que lo que interesa es sólo la música porque el plano casi fijo de la banda de Baeza no creo que les entusiasme.
16 Feb 2009

Las noticias que sugieren comentarios se multiplican y más para alguien que de forma inesperada tiene mucho tiempo libre. Estoy todavía abochornado por el asunto de los padres adolescentes, los jóvenes que ahora se disputan la paternidad, los abuelos que venden exclusivas, la protección de los menores literalmente arrasada por comportamientos groseramente mercantilistas, etc. Estoy tan abochornado que no pienso comentar nada, porque además este es un blog que trata temas culturales, aunque creo que detrás de ese tema lo que hay es justo una evidente falta de cultura y formación.
Les hablaré por tanto del carnaval. Nunca me ha apetecido demasiado estar en Río estos días (ya sé que muchos de ustedes estarán pensando que debo de ser muy raro, pero es que cada vez me van menos las multitudes), pero en cambio siempre he sentido envidia de quienes tienen la oportunidad de darse una vuelta por Venecia. No pierdo la esperanza de ir por allí algún año. Mientras, veo y leo todo lo que me lleva a ese lugar y a un tiempo, el barroco, con su arte y su música, sus máscaras y sus desfiles en el que me gustaría estar (al menos, un rato) si existiera una máquina del tiempo. Así que voy a releer Concierto barroco, un librito de Alejo Carpentier que reúne en un carnaval veneciano a Vivaldi, Haendel y Scarlatti, allá por comienzos del siglo XVIII.
Por cierto, todavía recuerdo mi asombro al enterarme de que el carnaval veneciano original duraba varios meses.
06 Feb 2009
Leo una pequeña entrevista a un director de orquesta iraquí. Dice que quiere ofrecer una alternativa a los jóvenes de su país, “que vean que pueden elegir entre tocar la flauta o el violín y empuñar un Kaláshnikov”. Cuando a Karim Wasfi, que así se llama, le preguntan por qué los extremistas odian la música, la respuesta es “porque tienen miedo a la libertad”.
Queda muy bonito, pero me temo que no es cierto. Sí lo es que para algunos la música puede ser una alternativa al fusil, la pistola o la navaja. La experiencia de Abreu en Venezuela es positiva. Pero no es verdad que a los extremistas no les guste la música. Muchos dirigentes nazis eran exquisitos melómanos. A Stalin se le veía con frecuencia en la ópera o en los conciertos. Y creo que uno y los otros eran extremistas por no decir otra cosa bastante peor. Eso sucedió hace medio siglo o más y sigue sucediendo. Tiene mucho mérito ser director de orquesta en Irak pero me parece que su diagnóstico no es acertado.
Que pasen un buen fin de semana y empiecen a pensar en el amor, que llega el día de San Valentín. Les dejo el célebre Sueño de amor de Liszt interpretado nada menos que por Artur Rubinstein. Disfruten.
(La foto es de un concierto dirigido por Furtwängler ante todos los jerarcas nazis, en el Berlín de 1940, cuando Europa ardía y los campos de concentración empezaban a llenarse).
23 Ene 2009

Ha anochecido y todos estamos esperando algo así como el apocalipsis que anticipó San Juan, en versión postmoderna. Se anuncia un viento muy fuerte (ciclogénesis explosiva lo llaman, el nombre ya asusta de por sí) que a estas horas no es aún ni tenue brisa. Me llama la atención que el temporal se vaticine mucho más devastador (y por tanto las medidas adoptadas son mucho más importantes) en las dos comunidades autónomas del Cantábrico que tienen elecciones de forma inmediata. En fin, no me tomen en serio la maldad.
Lo que quería decirles es que hagan acopio de alimentos y dispóngase a pasar un fin de semana casero, que tampoco está tan mal. Que no falten los libros, la música y alguna buena película. Algo para picar y un buen vino. Y a pasar un par de días tranquilos.
No sé si es la música más apropiada, pero a mí si las cosas se ponen feas me gustaría escuchar la obertura de Tannhauser, la ópera de Wagner. Se la dejo aquí. Estoy seguro de que les va a gustar.
10 Ene 2009

Como les dije, tiré un largo post en el que hacía balance de 2008 en el momento en que un coche bomba explotó frente a la sede de EITB. Pero luego me comprometí a publicarlo, una vez dejada constancia de lo que pienso sobre quienes creen que poniendo bombas defienden la libertad.
No he podido recuperar el comentario, así que lo reconstruyo, pero en vez de hacer una cosa tan argumentada como aquella voy a resumir en ocho puntos lo que pienso que ha sido lo mejor y lo peor de 2008 desde el punto de vista de la cultura. Por supuesto, creo que ha habido bastantes cosas buenas pero me parece que en su conjunto el ejercicio ha sido flojito.
Lo que sigue no pretende sentar cátedra. Seguro que me dejo muchas cosas positivas y muchas negativas en el tintero. Sólo quiero apuntar algunas que me han llamado la atención.
Lo mejor
1.Por fin le dieron el Cervantes a Juan Marsé. Creo que nunca ha habido un premio con un nivel tan alto de acuerdo en este país.
2.Me gustaría que nuestros escritores y artistas favoritos (como nuestros seres queridos) fueran inmortales, para seguir disfrutando toda mi vida de sus creaciones. A comienzos de 2008 nadie habría apostado un duro porque leeríamos una novela nueva de Saramago. Pero se obró el milagro. El autor portugués se recuperó de su dolencia y terminó El viaje del elefante. No es su mejor trabajo, pero ahí está su impronta, en un relato con mucho más sentido del humor del que ha hecho gala otras veces.
3.Los museos vascos, sobre todo Guggenheim y Bellas Artes de Bilbao, han recibido un elevado número de visitantes, gracias a algunas exposiciones magníficas. El año se cerró (la muestra sigue aún, vayan a verla si no lo han hecho) con Visión de España, de Sorolla. Lo mejor que ha habido en el Bellas Artes en bastante tiempo.
4.El sector discográfico clásico parece sobreponerse a la crisis explorando caminos nuevos. Cada vez es más frecuente que los lanzamientos de compactos vayan acompañados de la posibilidad de descargar la música a través de Internet, pagando por las piezas que uno desee. Y es ya muy habitual que los discos lleven algo que los haga más atractivos: un DVD, una caja con mucho material documental...
Lo peor
1.El cine español ha tenido otro año para olvidar. Y, lo que es peor, no sé si sirve ya la disculpa de que el estadounidense tiene una gran promoción y por eso la gente acude a las salas. Desde luego, yo tengo muchas dudas de que ésa sea la principal explicación del desafecto que sienten los espectadores.
2.Apagadas ya las luces de las celebraciones del décimo aniversario del Guggenheim, han empezado a aflorar historias poco edificantes. Estoy convencido de que sacarlas a la luz no va en detrimento del interés que el museo suscita. Quienes han usado ese argumento deberían explicar si ellos piensan que la gente dejaría de ir al Louvre si se supiera que un directivo ha metido mano en la caja o que ha habido una desastrosa operación especulativa en una compra. Quizá en 2009 sepamos en qué consiste exactamente el significado que la consejera Azkarate da a la expresión “asumir las responsabilidades políticas”. De momento, la imagen que ha dado es la de una persona desbordada por los acontecimientos y mal asesorada (esto último no es nuevo).
3.Nadie, ni siquiera los intelectuales más relevantes, está a salvo de decir tonterías. Se han dicho muchas en este año concluido, pero una de las más notorias fue la Horace Engdahl, cuando habló de una literatura estadounidense ensimismada y mucho menos relevante fuera de sus fronteras que la europea. Una verdadera sandez.
4.No me olvido de la crisis. El año terminó con muchas amenazas para el sector de la cultura, en forma de posibles recortes de patrocinios y subvenciones. Una nube negra para un ámbito muy sensible al contexto general.
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