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16 Jun 2008

El personaje de moda estos días es José Tomás. Contemplo los toros literalmente desde la barrera; es decir, sin afición alguna y sólo con una cierta curiosidad sociológica. Y es eso lo que me lleva a pensar que el interés que suscitan las corridas de este diestro está generado por lo que parece calidad innegable de sus faenas, pero también –y quizá especialmente– porque en cada tarde se sitúa al borde mismo del drama.

Hace unas semanas, el escritor austriaco Josef Winkler decía en una entrevista a EL CORREO (el cuerpo principal de la entrevista puede encontrarse aquí) que creía que buena parte de los espectadores de las plazas de toros o de la Fórmula 1 –eran los ejemplos que citaba– asisten a la corrida o la competición pensando que quizá presencien una cogida o un choque, y eso da interés especial al espectáculo.

Estoy seguro de que es así. Si José Tomás no se arrimara tanto –a veces casi como un suicida– a los toros, las entradas no cotizarían en el mercado negro a más de 3.000 euros, como el pasado domingo en Madrid. Otra cosa es que me parezca que pagar 3.000 euros por una entrada para los toros es un disparate propio de gente que tiene demasiado dinero y a la que le cuesta muy poco, o nada, ganarlo. Pero al margen de esa consideración estoy convencido de que es la combinación de arte, espectáculo y sangre lo que eleva el interés. Y eso ya no sé si llamarlo sencillamente morbo.

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18 Mar 2008

Un pianista japonés ha dado un breve concierto con piezas de jazz, mientras su instrumento (un media cola que vale un dinero) era pasto de las llamas. Medio millar de personas, según las agencias, han asistido a la performance, que ha tenido lugar en una playa de su país.

De nuevo, los límites del arte. ¿Qué aporta a una interpretación –además de hacerla muy breve, los pianos arden con rapidez– quemar el piano durante la misma? ¿Hay un verdadero plus artístico en eso o es una manera de intentar llamar la atención? José Luis Pardo decía hace poco en una entrevista a El Correo , que la provocación está perdiendo efecto, porque se está haciendo tan común que ya apenas suscita polémica ni comentarios. No hay que esperar a que pasen unos días. ¿Quién recuerda hoy mismo el nombre del pianista japonés que ha hecho esa tontería?

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06 Feb 2008

La Iglesia ha sido durante siglos el mejor mecenas de Occidente. Eso no lo puede negar nadie, por muy ateo que sea. Hay miles de iglesias, monasterios y conventos en Europa y América que son verdaderas joyas arquitectónicas, miles de cuadros de tema religioso de los mejores pintores de su tiempo, miles de partituras musicales que fueron encargadas a los mayores compositores para los oficios religiosos.

Me pregunto si la Iglesia , que tiene un evidente problema de reducción del número de fieles, ha pensado alguna vez en usar todo eso como elemento de atracción de la gente a los oficios religiosos. No planteo nada que no se esté haciendo. Por Europa, es frecuente anunciar el organista que tocará en la misa mayor del domingo. Y en los templos protestantes tampoco es inusual adelantar quién será el sacerdote que hará el sermón. La oratoria, la elegancia del verbo y la claridad expositiva como ganchos para los fieles. Por supuesto, acompañado todo ello por un derroche de arte. Seguro que muchos de ustedes han visto en Suiza o en Alemania o en Hungría iglesias llenas porque la gente ha ido a oír al organista. Puede que algunos de ellos repitan y quizá ya no sólo por la música. Tengo un amigo que dice que la música de Mozart es la mejor demostración de la existencia de Dios: es tan bella que sólo alguien tocado por un ser superior habría podido componerla, explica. Así que Dios existe.

No lo puedo demostrar, pero estoy convencido de que un mensaje espiritual bellamente expuesto, en un escenario de gran valor artístico y acompañado por una música sublime llega mejor a los fieles que si lo transmite un cura a quien no acompaña el don de la palabra, en un templo que es una lonja en un edificio de suprema fealdad y sin música. ¿Por qué la Iglesia no usa ese arte que ha promovido para difundir mejor su mensaje?

(La iglesia de la foto es la de Santo Tomás, en Praga )

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Divergencias

Otra manera de enterarse de lo que pasa en el brillante, competitivo y no siempre noble mundo de la cultura, con opiniones heterodoxas y análisis con bisturí sobre la creación en todos sus ámbitos

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