Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
18 Mar 2008

Un pianista japonés ha dado un breve concierto con piezas de jazz, mientras su instrumento (un media cola que vale un dinero) era pasto de las llamas. Medio millar de personas, según las agencias, han asistido a la performance, que ha tenido lugar en una playa de su país.
De nuevo, los límites del arte. ¿Qué aporta a una interpretación –además de hacerla muy breve, los pianos arden con rapidez– quemar el piano durante la misma? ¿Hay un verdadero plus artístico en eso o es una manera de intentar llamar la atención? José Luis Pardo decía hace poco en una entrevista a El Correo , que la provocación está perdiendo efecto, porque se está haciendo tan común que ya apenas suscita polémica ni comentarios. No hay que esperar a que pasen unos días. ¿Quién recuerda hoy mismo el nombre del pianista japonés que ha hecho esa tontería?
10 Feb 2008

Confieso que no me gusta demasiado que los artistas, escritores, intelectuales y demás muestren públicamente su apoyo a una lista electoral. Prefiero verlos tras la pancarta defendiendo los grandes principios que deberían ser de todos: la libertad, la paz, el respeto, la pluralidad... Pero tampoco me satisface nada la campaña de acoso y derribo de algunos contra quienes han formado la plataforma de apoyo a Zapatero. Son los mismos que, ante una plataforma semejante, pero de apoyo a Rajoy , hablarían de artistas íntegros, defensores de la libertad.
Entre quienes apoyan a Zapatero hay personalidades indiscutibles de la cultura que ya están por encima del bien y del mal, junto a un grupo no pequeño de cantamañanas. Nada que nos sorprenda. Por aquí cerca, también es habitual ver en determinadas plataformas cuyos objetivos coinciden punto por punto con los de algunos partidos a gentes fuera de toda sospecha de buscar beneficio alguno junto a otras que simplemente persiguen un acomodo en el pesebre.
Son los cantamañanas y los aficionados al pesebre los únicos que sólo están dispuestos a ir a favor de la corriente, a formar grupos cuando se saben en el caballo ganador y esperan obtener un beneficio de su apoyo. Los mismos que cuando les piden una firma o una presencia para luchar por otras causas en las que no hay nada que ganar más allá de la defensa de los grandes principios suelen rechazar la propuesta alegando que prefieren no meterse en política.
29 Nov 2007

Un artista (?) llamado Santiago Sierra ha tenido la ocurrencia de montar una exposición en una galería de Londres que básicamente se compone de las heces resecas de unos cuantos centenares de indios (de la India) de la casta de los intocables. ¿Eso es arte o es mierda y tan sólo mierda? ¿O es un arte de mierda? ¿Hasta cuándo a la provocación más elemental algunos lo van a seguir llamando arte?
(La foto es de otra exposición de Sierra. En ésta muestra a unos cuantos trabajadores asiáticos sobre los que se ha arrojado poliuretano).
18 Sep 2007

04 Abr 2007

Muchos años atrás, escuché en un rincón de Praga a un cuarteto de cuerda que bordaba una obra de Beethoven. Luego he podido ver muchas estatuas vivientes, pintores de pavimento, músicos de todo pelaje y en otro contexto -el de las playas-, escultores en arena.
Pueden ser mejores o peores pero en bastantes casos (no en todos, algunos son muy malos incluso aunque tengamos el listón de la exigencia por los suelos) realizan su trabajo con gran dignidad. Y me surge la duda de si entre el éxito y el fracaso, entre la fama y el anonimato, a veces no hay más que una pequeña diferencia en cuanto a talento y una gran distancia en cuanto a suerte, contactos o capacidad de cada uno para vender lo suyo.
27 Dic 2006

Mientras escribo escucho el disco «Sweet Charity», una pequeña joya con
la grabación original del musical del mismo nombre que se estrenó en
1966 en Broadway. Llevo unos días que no me separo del CD y lo utilizo
como banda sonora para leer «Bob Fosse. Vida y muerte»,
una biografía de uno de los genios más indiscutibles del cine, el
teatro y el musical de todos los tiempos. «Sweet Charity» fue una de
las obsesiones de Bob, que se inspiró -como homenajean los títulos de
crédito- en 'Las Noches de Cabiria' de Fellini para coreografiar un
musical sin precedentes. Aquí
tienen una muestra. Verán como, treinta años después, la estética
inventada por Fosse impera tanto en la publicidad como en la mayoría de
las creaciones audiovisuales. Eso es ser un maestro. Y aquí
le tienen interpretando a la serpiente del Principito. Uno tiene la
sensación de que nadie ha vuelto a inventar nada serio en el mundo del
espectáculo.

Estoy enganchado a Fosse
desde que vi «All that jazz», un testamento vital sin precedentes. (Bob
murió como había anunciado en la película). Antes ya había visto
«Cabaret» o «Lenny», pero la primera de ellas me sigue pareciendo
magistral. Cualquiera que ame el cine-y por lo tanto amará las citadas
películas- debería leer su biografía. Fosse era un bailarín de vodevil
al que su talento le lleva hasta la cumbre de Hollywood tras años de
esfuerzo, sudor y genialidad. Era un personaje con un mundo interior
demasiado complejo y con un vitalismo brutal. Un ser humano normal
necesitaría varias vidas para vivir la mitad que él. Su afición al
tabaco, las drogas y el sexo (en 'All that Jazz' creo que se quería
acostar con La Muerte. Sólo le faltaba Ella) sólo era equiparable a su
profesionalidad y su genio.
Leyendo el libro sobre Fosse uno piensa en esas tonterías como O.T y en
esa creencia banal según la cual se puede ser artista con un
cursillito. Fosse hubiera maldecido mil veces ese tipo de programas
que, en realidad, no pasan del nivel de un bar de 'karaoke' con las
paredes limpias. Una de las claves de su arte era innovar y atreverse a
hacer lo que nadie más sueña con imaginar. Y todo ello, respetando al
público y considerándole un ser inteligente.
En estos días tan extraños de nieve de mentiras, buenos deseos, y esas
cosas, he pensado en cómo sería una película sobre la Navidad dirigida
por Fosse. Seguría que se atrevería a comenzar con Papá Noel perdido en
un burdel. Y de ahí para arriba.
Felices Fiestas.
11 Sep 2006

Vayamos por partes. Antes de nada, voy a reiterar algo que me parece
innecesario, pero por si acaso. Como ya he dicho en este blog en alguna
otra ocasión, me parece que la libertad de expresión es un bien imprescindible. Sin ella no puede hablarse de democracia verdadera.
También he dicho, y reitero, que la libertad de expresión debe ir siempre acompañada de una dosis de respeto. Más por las personas que por las ideas, porque, la verdad, a mí hay ideas que no me parecen en absoluto dignas de respeto.
A partir de aquí, qué ha sucedido. Primero, que Rubianes hace unas declaraciones absolutamente brutales en una entrevista en la televisión catalana. El espíritu de lo que dijo es compartido por muchas personas. Ahora bien, hay formas y formas de decirlo.
Y Rubianes no tiene derecho a decir que se le calentó la boca. Eso
puede sucederle a alguien sin experiencia de hablar en público. Pero
nunca a un actor con una larga carrera.
Luego viene la rectificación. Hay quien dice que suena a falsa. Puede. No lo sé. Me aseguran que Rubianes es un bárbaro y que todo es auténtico: su calentón y su rectificación. Concedámosle al menos el beneficio de la duda.
Pero eso nada tiene que ver con la obra que pone en escena.
La obra no debe ser cancelada porque su máximo responsable sea un tipo
dado a los excesos verbales y al insulto. Al hacerlo se rebasa un
límite peligroso.
Y no hay que olvidar la hipocresía de algunos políticos. No diré de todos porque sería injusto. Voy a plantear una hipótesis:
supongamos que, en otra entrevista, Rubianes (o cualquier otro
director-actor) dice lo que dijo pero en vez de españoles habla de
catalanes, vascos, andaluces, gallegos, castellano-leoneses... ¿Sería
Rubianes contratado por un teatro público catalán, vasco, andaluz,
gallego o castellano-leonés para poner en escena una obra sobre
Lorca y Rosales? O que hablara de franceses o alemanes. ¿Le
contrataría algún teatro público de esos países? No son preguntas
retóricas. No sé lo que sucedería. Sólo trato de contextualizar un poco lo sucedido.
02 Sep 2006

Este comentario está inspirado en 'Fraude' o 'F for Fake'
de Orson Welles, ese tremendo falso documental (del que hablaremos otro
día) en el que el creador de Ciudadano Kane se ríe del mundo del Arte,
del espectador e incluso de sí mismo. Una de las teorías con las que
juega Welles es la siguiente. Desde hace años, los museos están llenos
de cuadros falsos pintados por el mejor falsificador de toda la
historia. Como la única diferencia entre el falso y el verdadero es el
criterio de un experto, una vez que el experto ha sido engañado, ya no
existe posibilidad de dar marcha atrás. Eso es el Arte.

Bien. Ahora vayamos a los hechos, pero de la mano de Welles. David
Toska, un atracador de bancos noruego, (el de la foto) está condenado a
19 años de cárcel. Tiene recursos, no es un pequeño delincuente. El
sabe cosas y conoce gente. Y también una idea. Si todo su país
está buscando las dos obras de Munch robada en 2004, entreguémoslas.
«Pero no las tenemos», le apunta su cómplice en la celda. «Las
pintamos. No tenemos nada que perder», responde Toska.
El ladrón encarga las copias a un digno falsificador. Habla con la Fiscalía
y consigue una reducción de condena a cambio de El Grito y de Madonna.
(Parece que también quería a cambio más visitas con su novia y algún
apaño para un amigo preso. Es un buen chaval).
Se recuperan los cuadros. El Gobierno y la Policía noruegos respiran
tranquilos. Sigamos suponiendo. A nadie se le ocurre imaginar que son
falsas. Pero es que nadie quiere mencionar el tema. Cuando
alguien pronuncia la palabra falsificación le envían un par de años a
los fiordos a contar arenques. El honor noruego ya está satisfecho. La
Policía no se quiere meter en más líos que revelen su incapacidad de
encontrar los dos cuadros. Guardemos silencio. Esa es la consigna. Los
cuadros, por si acaso, no se han vuelto a exponer al público. Dicen que
están deteriorados. Hum....
Sigamos. Vayamos al auténtico ladrón. Le acaban de hundir el negocio.
Si los cuadros falsos han vuelto al museo y ahora son auténticos, sus
cuadros auténticos ahora son falsos. Una fortuna se ha esfumado en
cuestión de minutos. Claro, el ladrón auténtico tiene que guardar
silencio, no va a dar una rueda de prensa para decir: «Eh, payasos, yo
robé los cuadros de verdad. Están en la caseta del perro». Imposible,
acabaría en la celda con Toska. Se los tendría que comer con patatas y
pensar en otra historia.
Mi solución: llenar Noruega de Gritos y Madonnas. Un día, dejaría un
par de copias frente al Museo. Otro, frente al Palacio Real y
entre las piernas de La Sirenita, etc.... Empezaría por sitios de
renombre, pero acabaría por abandonar las pinturas en cervecerías,
lavanderías y tiendas de todo a cien. Ante tal saturación, Habría que
volver a llamar a los expertos. Y entonces alguien se daría cuenta de
que todo es falso. O que todo es verdad. Eso es el Arte.
17 Ago 2006

Los veranos ya no son, tampoco en lo cultural, lo que eran. Aquellos remansos de paz, con la gente instalada en los bares de moda de los que nos habla cada día en el periódico Enrique Portocarrero, son ahora tiempos de turbulencias. Se toma uno un mes de vacaciones y mientras tanto Grass reconoce que perteneció a las SS; los Rolling Stones cancelan
más conciertos que algunos divos de la ópera conocidos precisamente por
el alto riesgo que supone siempre su contratación; un puñado de
importantes escritores anuncian la publicación de libros en editoriales diferentes a las suyas de toda la vida; el Hermitage demuestra que tiene más agujeros que un colador y por allí se le van los cuadros; Follett desvela que su nuevo libro se inspira en la catedral de Vitoria...
Casi cada día ha habido una de esas noticias que hacen la delicia de
cualquier medio en octubre o marzo. Y encima ha sido en plena canícula.
que estas noticias pueden hacernos pensar un poco, aunque sea a la
sombra de un toldo, a escasos metros del mar y mientras tomamos una
caña. Por ejemplo: ¿cuántos intelectuales, artistas y creadores
en general, de entre quienes se quedaron en Alemania en los años
treinta y primeros cuarenta, no formaron parte de una o de otra forma
del sistema? Sigo: ¿alguien va a compensar alguna vez seriamente
a los perjudicados por las cancelaciones de grupos como los Stones...?
Porque el dinero de la entrada se devuelve, pero que yo sepa no se hace
lo mismo con otros gastos que mucha gente afronta para ir a un
concierto: hotel, viaje, comidas, etc. Más preguntas: ¿están las editoriales en plena guerra
para arrebatarse autores, tal y como pasó hace una década? Y si es así,
¿qué debe valorar más un autor -o su agente-: un adelanto más suculento
o el nombre del sello, el mimo con que sea editado, la calidad de la
promoción y la distribución...? Continúo: ¿quién vigila a los
vigilantes en los museos? Y no me refiero sólo a los vigilantes de
uniforme, sino a toda la gente que trabaja de una o de otra forma para
esas instituciones? ¿Alguien ha valorado lo que supone en publicidad
que un autor de ventas millonarias como Follet hable de una ciudad? En
Vitoria deben de estar dando saltos de alegría: primero Coelho y ahora
Follet. Y no miro hacia ningún otro lado. En fin, que he vuelto preguntón, que es algo que al fin y al cabo forma parte de mi oficio. Ah, y es un placer tenerlos a todos (o casi) de nuevo en cualquier punto de la red.
14 Ago 2006
Una vez que Iñaki, ha abierto la persiana, metámonos en harina. Sin más dilaciones.

De todo el revuelo que se está montando por la pertenencia del Premio Nobel Günter Grass a las SS
durante su juventud, lo que más me preocupa es algo que le leí a un
crítico alemán. Según él, la decisión de Grass no era otra cosa que un
intento del escritor de llamar la atención. No me parece una sospecha
gratuita. El propio autor ha montado el lío realizando su confesión y,
además, ha anunciado que en breve presentará un libro con sus memorias.
Incluso Sherlock Holmes enarcaría una ceja.
Grass se ha pasado toda la vida rechazando la actuación de los nazis.
En ese contexto, juzgar su militancia juvenil -tenía 17 años cuando
ingresó en esa organización criminal- me parece muy complicado si
el sujeto, además, no se enorgullece de ella y parece que le
avergüenza. Berlanga,
por ejemplo, formó parte de la División Azul en Rusia, pero lo hizo
para evitar que fusilasen a su padre. Nadie se atrevería a condenarle
por ello. Juzgar el pasado siempre es complejo, pero que Grass lo
utilice para ponerse en primera línea del escaparate sí que huele a
aberrante.
Sobre este blog
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César CocaOtra manera de enterarse de lo que pasa en el brillante, competitivo y no siempre noble mundo de la cultura, con opiniones heterodoxas y análisis con bisturí sobre la creación en todos sus ámbitos
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