16 Jun 2008

El personaje de moda estos días es José Tomás. Contemplo los toros literalmente desde la barrera; es decir, sin afición alguna y sólo con una cierta curiosidad sociológica. Y es eso lo que me lleva a pensar que el interés que suscitan las corridas de este diestro está generado por lo que parece calidad innegable de sus faenas, pero también –y quizá especialmente– porque en cada tarde se sitúa al borde mismo del drama.

Hace unas semanas, el escritor austriaco Josef Winkler decía en una entrevista a EL CORREO (el cuerpo principal de la entrevista puede encontrarse aquí) que creía que buena parte de los espectadores de las plazas de toros o de la Fórmula 1 –eran los ejemplos que citaba– asisten a la corrida o la competición pensando que quizá presencien una cogida o un choque, y eso da interés especial al espectáculo.

Estoy seguro de que es así. Si José Tomás no se arrimara tanto –a veces casi como un suicida– a los toros, las entradas no cotizarían en el mercado negro a más de 3.000 euros, como el pasado domingo en Madrid. Otra cosa es que me parezca que pagar 3.000 euros por una entrada para los toros es un disparate propio de gente que tiene demasiado dinero y a la que le cuesta muy poco, o nada, ganarlo. Pero al margen de esa consideración estoy convencido de que es la combinación de arte, espectáculo y sangre lo que eleva el interés. Y eso ya no sé si llamarlo sencillamente morbo.

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juanma72x@hotmail.com

juanma72x@hotmail.com dijo

Si las corridas de toros son arte,el canibalismo es gastronomia.

Magda

Magda dijo

De ninguna manera quiero ser pesada, solo que me es muy dificil ver fotografias como ésta y no sentirme sumamente impotente, triste y a la vez mareada. Detesto a los toreros, y soy tan obsesiva con ésto que si les sucede algo sinceramente no me preocupa. Ojalá el toro algun dia pudiera hacer lo mismo que le hacen a él y que lo hicieran con todos y cada uno de los toreros que existen en el mundo.

Ópticas

Ópticas dijo

Le aseguro, César, que he visto decenas y decenas de corridas de toros a lo largo de mi vida y que los aficionados cabales no tienen nada, nada que ver con las motivaciones que usted expone; y que en pocas aglomeraciones reinan un respeto y una educación equiparables a las reinantes en cualquiera de las grandes plazas de toros. Lo que usted sostiene es tanto como decir que el interés de los padres por llevar al parque a sus hijos estribe en el riesgo de tropezarse con un exhibicionista.

Respecto a José Tomás, dudo que sea el principal torero actual. Un torero que se deja prender tanto o tiene deficiencias técnicas, o tiene un problema psicológico profundo. Lo indudable es que suscita un interés mediático anormal, acaso por ser predilecto del Grupo Prisa y, sin duda, del voluble público ventero.

En todo caso, como taurino, agradezco sinceramente su reconocimiento explícito hacia los toros como Arte, y le invito a profundizar en las ricas facetas de estas ancestral expresión cultural. Atentos saludos.

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte dijo

La cercanía con la muerte eleva el interés, pero no sé si eso es morbo. O sí, quizá lo sea, pero no sé si hay algo malo en ese morbo, el caso es que es terriblemente humano. Sí, tan humano como presenciar la posibilidad de la muerte del otro, sí, ese es el morbo humano, el malo. Y llegar incluso a disfrutar con ello. En otras palabras: circo romano, en un significativo porcentaje.

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