Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
06 May 2008
El debate abierto en este blog sobre ficción y realidad tiene invitados ilustres. El último ha sido el escritor Tom Wolfe , que ha realizado el inevitable vaticinio sobre la muerte de la novela. Frente a otros que reclaman el yo como salvavidas de la literatura, el creador del ‘nuevo periodismo’ defiende que la solución se encuentra en la realidad. «Los detalles se encuentran si uno se sumerge en la vida de otros», asegura. Creo que el público no está nada de acuerdo con ese diagnóstico. Si la gente sigue leyendo es porque pueden alimentarse de la imaginación de otros para ver lo que no existe. Si la novela histórica o el género negro, por ejemplo, siguen siendo un éxito de ventas es porque alguien quiere que le lleven a un lugar que no podrá visitar jamás.
Con una dieta basada en grandes dosis de realidad, ¿dónde estarían La Isla del Tesoro, Funes el Memorioso, La Continuidad de los Parques, Gandalf y sus amigos o los Hermanos Karamazov? ¿Dónde estarían Sancho y su jefe?
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Otra manera de enterarse de lo que pasa en el brillante, competitivo y no siempre noble mundo de la cultura, con opiniones heterodoxas y análisis con bisturí sobre la creación en todos sus ámbitos
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
JL dijo
Saludos,
Yo creo que el éxito de la novela histórica no tiene que ver con el hábito de lectura, sino con que de hecho se lee poco y casi cualquier cosa. El filón editorial del metal Da Vinci me causa terror, sobre todo cuando los escritores comienzan a contarnos, con pelos y señales, cómo una sefardí cocina un cabrito o un cirujano árabe opera un tumor para luego decirnos, en los agradecimientos, que la ayuda de un historiador de la medicina (imagino que jubilado) ha sido inestimable. Que se vendan muchos libros de estos me parece un síntoma de la muerte de la novela, precisamente, y su sustitución por la sopa editorial. Esto no tiene nada que ver, huelga decirlo, con las evocaciones que sugieres, Óscar, al final de tu texto. No sé dónde estarían en sus libros con una dosis alta de realidad, pero aun sé menos donde estaría yo sin ellos.
Fernando dijo
Cuando algunos (autores) ya no tienen nada interesante que decir, dicen este tipo de cosas, prevaliéndose de su todavía inextinta popularidad. Me parece, además, un argumento egocéntrico al máximo: cuando ya no "tengo" ideas para escribir una novela es que la novela se está muriendo.
Bibop dijo
Decir que la novela ha muerto es una evidente exageración, pero no lo es afirmar que la novela es ya un lenguaje artístico "agotado". Por supuesto, siempre se opdrán escribir nuevas novelas, buenas y de éxito, pero a estas alturas cualquier novela recuerda inevitablemente a muchas otras. Además, la novela ha perdido el estatus de género privilegiado del que un día gozó. También se agotó anteriormente el arte de las catedrales, el de las sinfonías, el del teatro e incluso el del cine. Eso no quiere decir que hayan desaparecido, pero pasan a un segundo o tercer lugar.
El gran arte que nos viene encima pasa por la realidad virtual. Los videojuegos son la avanzadilla de algo inmenso que está por llegar.
Vamos, que coincido un poquito con Tom Wolfe, sólo que al revés. El arte del futuro se fundamentará en la realidad... inventada. Como siempre. El artista es soberano y hace lo que le da la gana dentro del terreno de su arte.
Magda dijo
Me parece muy interesante la respuesta de Juan Villoro, respecto a "la muerte de la novela":
http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1010076
Aristarkus dijo
Oscar, me parece estupendo que de cuatro ejemplos de literatura fantástica que das, uno sea "Continuidad en los parques". Yo también lo incluiría en una pequeña lista de mis cuentos predilectos.
Recuerdo haber leido esta maravilla literaria del tamaño de una redacción de colegio hace un montón de años ojeando libros en una librería cuando no sabía quien era Julio Cortazar. Como era el primer cuento del libro y además tan corto, me tomé la libertad de leerlo allí mismo.
Al acabarlo, me quedé anonadado. Me dije que si los demás cuentos de "El perseguidor y otros relatos", que así se titulaba el libro, eran igual de buenos, estaba sosteniendo en mis manos una obra extraordinaria. Naturalmente, no pude hacer otra cosa que comprarlo. Por fortuna, estaba en una edición de bolsillo (de Editorial Bruguera, en concreto), y podía permitírmelo con mis escasos dineros de estudiante. Como me ocurre con las buenas películas, que recuerdo los cines donde las he visto, así me pasa con ese libro: me acuerdo de la librería donde lo compré.
Los demás relatos de "El perseguidor" estaban bien, había algunos magníficos, pero ninguno me impactó como el primero. Estoy seguro que el astuto Cortazar colocó "Continuidad en los parques" el primero del índice como si fuese un anzuelo. Él sabía que era un cuento extraordinario, y que, siendo tan corto, casi nadie iba a resistir la tentación de leerlo en la misma librería.
Pero ¡ay! llevado por el entusiasmo que me causa ese cuento cometí la imprudencia de dejar el libro a un conocido, y, como pasa muy a menudo en estos casos, fui robado con el agravante de abuso de confianza.
"Continuidad en los parques" es como una cinta de Moebius literaria, donde se pasa de la ficción a la realidad, y viceversa, con naturalidad pasmosa, con la sensación de continuidad, como indica el título, sin ser conscientes de traspasar una frontera, un límite claro.
Y es también el máximo ejemplo de que la lectura puede ser una experiencia extraordinaria.
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