Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
18 Mar 2008

Un pianista japonés ha dado un breve concierto con piezas de jazz, mientras su instrumento (un media cola que vale un dinero) era pasto de las llamas. Medio millar de personas, según las agencias, han asistido a la performance, que ha tenido lugar en una playa de su país.
De nuevo, los límites del arte. ¿Qué aporta a una interpretación –además de hacerla muy breve, los pianos arden con rapidez– quemar el piano durante la misma? ¿Hay un verdadero plus artístico en eso o es una manera de intentar llamar la atención? José Luis Pardo decía hace poco en una entrevista a El Correo , que la provocación está perdiendo efecto, porque se está haciendo tan común que ya apenas suscita polémica ni comentarios. No hay que esperar a que pasen unos días. ¿Quién recuerda hoy mismo el nombre del pianista japonés que ha hecho esa tontería?
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10 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Fernando dijo
Bueno, bussines is bussines, César.
El señor Bieito y otros similares se están forrando con el negocio... quiero decir, con el arte.
Ezkerraldea dijo
Business, se escribe business. Y la pregunta final de César tiene trampa, caramba, que el tío se llama Yosuke Yamashita y no es un nombre que se quede fácil.
Con respecto a lo de Pardo y la provocación, pues bueno, su teoría no debe de incluir a los redactores de los informativos de televisión, porque he visto el piano en llamas en tres cadenas distintas.
Y, efectivamente, la performance de marras es una descomunal chorrada.
incongruencia dijo
Que lo de ser original es muy dificil y cualquier mediocre cree que con sus actos puede ser genial cuando lo mas que puede inspirar es lastima. A proposito del quemapianos
Sinblanca Porelmundo dijo
Sinceramente, creo que ya BASTA.
http://sinblancaporelmundo.wordpress.com/2008/03/19/vosotros-los-vascos-y-los-catalanes-nazionalistas-sois-los-culpables/
Rubén dijo
¡Cuanto daño ha hecho Andy Warhol al mundo del arte, cáspita!
I.Olivera dijo
La provocación deja de serlo cuando no logra trascender lo corriente. Afortunada o desafortunadamente en los tiempos que corren la provocación se ofrece en bandeja de plata y es tan habitual que se ha convertido en un lugar común más. Ser políticamente incorrecto se ha transformado en politicamente correcto gracias a la modernez que no es capaz de arriesgar (por
I.Olivera dijo
La provocación deja de serlo cuando no logra trascender lo corriente. Afortunada o desafortunadamente en los tiempos que corren la provocación se ofrece en bandeja de plata y es tan habitual que se ha convertido en un lugar común más. Ser políticamente incorrecto se ha transformado en politicamente correcto gracias a la modernez que no es capaz de arriesgar (por que no sabe o porque no puede). El panorama actual del riesgo artístico no creo que pase por las performances (Jimi Hendrix quemó su guitarra a finales de los sesenta, Pete Townshend y Keith Moon destrozaron durante décadas sus instrumentos en los conciertos) sino en ahondar más profundamente en la técnica o en caminar hacia el futuro con mejor y mayor solvencia. El último acto de art terrorism realmente auténtico que recuerdo fue el asunto de Mike Nedo y el Guggenheim. Ni siquiera Banski es ya transgresor.
Julia dijo
La provocación se ha vuelto cotidiana y por ello ha perdido efectividad. Ya no tienen sentido alguno y da muestras de que el arte actual no encuentra el camino para trascender, un objetivo engarzado a sus raíces. Es como si importara más ser visto que mostrar, y ello bordea el vaciamiento de las obras. Cuando se ha defendido que el continente era más importante que el contenido, algunos lo han entendido como este hombre del piano japonés.
This Piano Has Been Drinking dijo
Al hablar de provocación, sois vosotros los que os dais por provocados. Y eso, no otra cosa, es lo que convierte el acto en una provocación. La única manera de demostrar que la provocación ya no tiene sentido es contemplarla con absoluta indiferencia.
MIQUEL dijo
No es el primero en incendiar un piano encima de un escenario. También ha habido qien destrozaba guitarras o decapitaba pollos. Incluso en ópera se ha sentado a los intérpretes en sanitarios - creo que fue Bieito.
Quemar un piano no es una provocación, es una estupidez que no aporta nada.
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