Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
28 Feb 2008

Iván, un dirigente del IRA habla con el pistolero que fue su líder e instructor tres años atrás:
- «Una noche, estaba aquí echando cuentas y de pronto comprendí que ya controlaba la isla, o al menos, mi parte de la isla. La guerra había terminado. En esta región no se mueve nada sin mi consentimiento. Tengo ganado, tierras, una participación en las alquerías y los pubs. En todo, j****. Incluso en las colectas dominicales. Estoy hecho todo un granjero, capitán. ¿Te lo puedes creer? ¿Qué era yo sólo hace tres años?»
- «Un chaval».
- «Muy cierto. Un pobre idiota inofensivo. Pero eso se acabó, chico. Yo he liberado a la p*** Irlanda. Aquí no trabaja nadie si no es con la indicación expresa de Iván. Nadie se come un caramelo sin que buena parte de la cobertura y el provecho pasen por la lengua de Iván. Tengo un éxito tremendo. Deberías estar orgulloso de mí».

El diálogo procede de «Una estrella llamada Henry», la primera parte de una serie escrita por Roddy Doyle , el de la foto, reeditada recientemente. El libro es una joya que merece la pena por cientos de cosas, desde la tensión con la que está escrita, hasta el aire de realismo mágico trasladado a la Isla Esmeralda a las poéticas descripciones de la vida en Dublín en 1914 . Y por el personaje; Henry Smart, su familia, una madre alcohólica y un padre con una pierna de madera que trabaja de vigilante en el burdel de Dolly Oblong.
Para aquellos que no conozcan a Doyle, basta con decir que es el autor del libro en el que se basa la película de Alan Parker The Commitments. Además de la obra La camioneta, llevada al cine por Stephen Frears.
Pero «Una estrella llamada Henry» es también un libro que deberían leer los terroristas o quienes les apoyan. Para empezar, Doyle, un irlandés que vive en Irlanda, desmitifica la Sublevación de Pascua, un hecho fundacional del independentismo irlandés, casi un momento sagrado en las liturgias nacionalistas. Algó así como Moisés en el Mar Rojo. Doyle, sin embargo, nos presenta a un protagonista preocupado en levantarse el dinero de la oficina de Correos y de acostarse con la cantinera. Cansado de los poetas nacionalistas, asqueado de los nacionalistas católicos más preocupados por rezar el rosario que de disparar a los enemigos.
Y, sin quere destripar la obra, Doyle narra –en momentos como el diálogo del principio– el momento en elque los pistoleros, la carné de cañón, son arrasados por sus propios compañeros terroristas convertidos en dirigentes políticos y terratenientes. Bueno, por tipos que han descubierto que la política permite beber Remy Martin en vez de aguardiente. ‘Una estrella llamada Henry’ describe a la perfección como los fanáticos son la mano de obra más barata para los desalmados.
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Gww dijo
Muy interesante (y atinado) el comentario. Sólo señalar que el libro que comentas tiene su continuación en Chicago Blues, en la que el autor muestra toda su sabiduría (y cómo es difícil escapar de unos orígenes que lo contaminan todo).
Un saludo.
Fernando dijo
Mano de obra barata para desalmados ricos y poderosos, supongo; porque, al menos hoy en día, entiendo que fanático y desalmado son adjetivos que suelen coincidir en las mismas personas.
Rubén dijo
Me ha sorprendido la poca repercusión que ha tenido esta novela, por lo demás excelente. Yo me la compré precisamente por el buen recuerdo que tengo de The Commitmens, una de mis películas favoritas. Pese a la violencia que destilan sus páginas el mensaje es realmente lúcido: cómo construir un país practicamente de la nada, haciendo que todo el mundo se comprometa en la empresa. Si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Las palabras son de Valdimir Illich, tipo que sirve tanto para un roto como para un descosido, pero cuyo sentido sirve para definir los conflictos desde el principio de los tiempos.
Esta novela enlaza intimamente con la película Michael Collins, como tú sabrás. El nacionalismo desbocado arrasa hasta con sus padres. Y una pequeña lección amarga: el único lugar de la verde Erín que resistió a este nacionalismo con rosario fue el Ulster, combatiendo con sus propias armas. Para ello, el sufrimiento se multiplicó, haciendo que al final tuvieran que ceder. Amarga conclusión.
Y el acabose (que termino, pues): retorciendo la paradoja, ver a Eamon de Valera dando el pésame al embajador alemán por la muerte de Adolf Hitler. Ni con la beatería católica se puede entender.
Un saludo.
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