Por César Coca
28 Sep 2007

Quizá hayan visto los anuncios que protagoniza El Gran Wyoming en la Sexta para promocionar su programa El Intermedio. Se trata de cuñas que parodian famosos anuncios comerciales. Se los recomiendo. Ingenio puro. El ingenio que falta en los discursos de los políticos. Aburridos hasta lo insoportable, llenos de tópicos, de palabras huecas. No crean que me estoy refiriendo a uno en concreto que ha dado mucho que hablar a lo largo del día de hoy (que también), sino a muchos de los que he leído o escuchado en los últimos años en este país. ¿Quién escribe los discursos a algunos políticos? Porque la mayoría de sus autores merecen un clamoroso suspenso en cuanto a estilo, vocabulario, desarrollo de argumentos y articulación. Es más, algunos parecen elaborados por verdaderos analfabetos, que desconocen casi todo en casi todas las materias. Mejor, mucho mejor que los escribiera Wyoming. Por lo menos, la diversión estaría garantizada.
Una vez, en uno de los juicios a los que Oscar Wilde fue sometido acusado de escándalo, el magistrado le presentó una carta cuasi pornográfica que alguien le había escrito y que resultaba demoledora para su suerte en el proceso. El juez le interpeló: '¿Qué? ¿No le parece tremenda?' Y Wilde contestó: 'Mucho peor que eso, señoría: está muy mal escrita'. Pues eso. Que a veces no me preocupa tanto el contenido de los discursos como lo mal escritos que están. Y perdonen la frivolidad.
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8 comentarios · Escribe aquí tu comentario
sawyer dijo
Yo creo que muchas veces la clave es precisamente esa: como en realidad no tienen nada nuevo que decir, ponen lo de siempre en frases enrevesadas para que te pierdas en la forma y no entiendas bien el no-contenido de su mensaje, de forma que te parece que han dicho algo cuando en realidad no lo han hecho. ¡Es todo un arte!
Carlos Martinez Alonso dijo
Carlos Martínez Alonso (actual presidente del CSIC) se ha dedicado durante mucho tiempo a potenciar la anti-ciencia, el fraude y el sensacionalismo científico simplemente por conseguir puestos de poder. Psiológicamente y patológicamente hablando es un claro caso de personaje histriónico que merece ser estudiado con rigurosidad para evitar que la ciencia de mi país sufra un desprestigio internacional. Por lo tanto yo no considero a este tipo como cientifico o investigador racional sino todo lo contrario; es un absoluto hipócrita que ha usado la ciencia como arma de poder, es decir una forma de ganar dinero, fama y poder político. Me consta que ha usado, explotado y torturado psicológicamente a un gran número de sus becarios, postdocs e investigadores desde hace mucho tiempo. Esto es un hecho que cualquiera puede constatar facilmente, simplemente hay que contrastarlo con sus ex-empleados, por lo tanto mi opinión aquí no es un mero discurso político sino por el contrario es una clara denuncia internacional para que la opinión científica internacional sepa de que clase de personaje estamos hablando. Concluyendo, creo que este sujeto debería ser rigurosamente investigado por dos cosas: 1) fraude científico y 2) por acoso moral. Yo desde luego no quisiera que la Ciencia de mi país fuese dirigida por una persona con semejantes caracteristicas. También debemos considerar que la formación universitaria de Carlos Martínez Alonso tuvo lugar durante la dictadura del general Francisco Franco (una época en la cual sólo los ricos podian acceder a la Universidad y así consolidar un prestigio social). Así además creo que pudiera actualmente estar relacionado con ex-dirigentes franquistas además de actuales dirigentes del partido socialista (PSOE), y por lo tanto jugando a un doble juego. En definitiva, es un ejemplo claro del modelo hipócrita americano que se vende al mejor postor. Con mi mayor respeto a las prostitutas, considero a Carlos Martínez Alonso una postituta que se vende por dinero y en absoluto puede ser considerado un investigador intelectual.
Edu dijo
Algunos discursos efectivamente parecen escritos por personas que a duras penas han superado la ESO. Pero me temo, Sr. Coca, que está usted tirando piedras contra su gremio, porque es muy probable que se los escriban sus jefes de prensa. Luego ellos serían los analfabetos. Bueno, y sus jefes, que los leen como si tal cosa.
NULL dijo
Dos cosas. La primera: no entiende qué tiene que ver el comentario sobre el presidente del CSIC en este blog. Más bien será un comentario para Magonia...
La segunda, una contestación para Edu: efectivamente, no pocos de esos discursos los hacen los jefes de prensa. No sabe cómo me duele decirlo. Así que este comentario puede entenderse también como una autocrítica colectiva.
Gari dijo
La mayoría de los discursos no los escribe el jefe de prensa, sino alguno de sus subordinados. La bola se va pasando hacia abajo hasta que llega a alguien que sabe que no puede decir que no. Ese alguien, un periodista, tendrá una primera reacción de desesperación, a la que se sobrepondrá pues sabe que tiene que hacerlo y además cuanto antes, y porque ya ha aprendido que lo importante es pasar la bola al campo contrario. El periodista procurará escribir un texto digno (discrepo en lo de la forma Sr. Coca), procurará, como le enseñó su profesor de 1º de periodismo, cuidar el estilo, el vocabulario, el desarrollo de argumentos y la articulación. Será totalmente consciente de que su texto carece de contenido (a pesar de los esfuerzos por documentarse), pero le quedará la tranquilidad de que el texto, en sí, está bien escrito. Entregará el texto al jefe de prensa, esperando sus apreciaciones, sus sugerencias, pero no recibirá ninguna. El jefe de prensa pasará el texto al director de comunicación, y éste al jefe supremo. Tendrá una esperanza: por el camino, quizás a alguien se le ocurra enriquecer, completar e incluso cambiar el texto. Rara vez ocurre. Qué más da: las parrafadas se las lleva el viento.
NULL dijo
Estimado Gari (sospecho que nos conocemos):
En primer lugar, yo no digo que todos los discursos sean malos. Los hay buenos. O porque los políticos son tipos cultos, ingeniosos, dominan la dialéctica y saben que es fundamental no aburrir. O porque quienes les escriben los discursos tienen esas mismas virtudes. En mi post hablaba sólo de los malos. Que, a mi entender, son muchos, por desgracia. Por supuesto que hay textos bien escritos y articulados, pero hay otros directamente para echarse a llorar. Un ejemplo: hace unos meses, un líder político vasco (no voy a decir quién para no señalar) dijo que el problema de la convivencia en esta comunidad autónoma estaba a punto de llegar a la 'solución final'. Y se quedó tan ancho. No sé si él o quien le escribió aquello lo dijo a propósito. Creo que no, que fue ignorancia. Prefiero pensarlo. Porque la 'solución final' es exactamente la denominación que los altos jerarcas del partido nazi dieron al envío masivo de los judíos a los campos de concentración, en especial a partir de 1942. Desde entonces, esa expresión de 'solución final' aplicada a una sociedad está teñida de sangre. Nadie, ningún político democrático debería usarla jamás por lo que supone. En Europa se evita cuidadosamente. Aquí al parecer quien escribió el discurso carece de la mínima formación en materia de Historia. De esas cosas hablaba, además del aburrimiento absoluto que generan muchos (no todos, repito) de esos discursos.
Un saludo.
Fernando dijo
Ojo, César, que no todo el mundo entiende a Wyoming, aunque se rían porque se supone que es muy gracioso. Si éste escribiera discursos para políticos, éstos quedarían muy mal asumiendo ese estilo y la mayor parte de la audiencia no se enteraría de nada. Eso sí, al final siempre cerrada ovación.
Gari dijo
Ya sé que no viene a cuento, pero este verano he estado en Alemania, visité el Memorial del Holocausto y el campo de concentración de Buchenbald. Fue espeluznante. No sabes si llorar o mirar con detenimiento y, en cierta manera, contribuir a que esa vileza no se olvide.
otro saludo
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