Por César Coca
04 Abr 2007

Muchos años atrás, escuché en un rincón de Praga a un cuarteto de cuerda que bordaba una obra de Beethoven. Luego he podido ver muchas estatuas vivientes, pintores de pavimento, músicos de todo pelaje y en otro contexto -el de las playas-, escultores en arena.
Pueden ser mejores o peores pero en bastantes casos (no en todos, algunos son muy malos incluso aunque tengamos el listón de la exigencia por los suelos) realizan su trabajo con gran dignidad. Y me surge la duda de si entre el éxito y el fracaso, entre la fama y el anonimato, a veces no hay más que una pequeña diferencia en cuanto a talento y una gran distancia en cuanto a suerte, contactos o capacidad de cada uno para vender lo suyo.
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Lucía dijo
Yo creo que la diferencia no es sino de oportunidad. He visto salir de las aulas de la Facultad a gente sin talento pero con suerte (me alegro) y sus contrarios. En estas ocasiones, siempre lo he lamentado profundamente: No hay orden en el universo.
Náufrago dijo
Yo he tomado chocolate en el pasadizo de San Ginés, en la famosa chocolatería, donde una de esas placas que marcan el decadente itinerario de Max Estrella y puedo afirmar que tiene mucho de arte, grumoso y pesado, como debe ser.
consuelo dijo
Me gustan los artistas callejeros de Madrid o Barcelona, dan alegria y colorido a la ciudad y a los viandantes. El pasado miércoles, en Madrid (Plaza Mayor), un virtuoso de violín interpretaba tangos y pasión por la vida a raudales, gracias y... MIERDA, mucha mierda
Cris dijo
Tengo que añadir que el éxito no es sinónimo de talento, y mucho menos la fama es sinónimo de éxito.
Es muy triste pensar que la diferencia no es sino de oportunidad, y que gran parte de nuestra vida depende de la suerte.
jmr dijo
César, aquí tienes algo muy revelador:
http://fogonazos.blogspot.com/2007/04/el-violinista-entre-la-multitud.html
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