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RBD se despide de Alazne (El concierto)

Si tienes una hija preadolescente, sabrás bien de qué estoy hablando. De once años, para acotar mejor el fenómeno social. Reconozco ignorar en qué coordenadas se mueven los niños de esa misma edad.

Algún día, y nunca sabré cuándo ni cómo, se coló en mi entramado familiar un miembro nuevo: High School Musical y sus protagonistas. Ahora llaman a la puerta los Jonas Brothers y otros integrantes de la película Camp Rock. Estos fenómenos televisivos y musicales juveniles comparten nuestra intimidad familiar. Ellos como cualquier otro de la familia tienen boca que alimentar y parte del presupuesto se va en cromos, revistas, cds, pósters y dvds… y mochilas y carpetas, ahora que viene el inicio del curso.

Sin embargo, Alazne, ya desde los ocho años, ha tenido un referente muy de su tierra: RBD. Escuchó su primer disco unos años antes, cuando mi excuñada, de visita, nos trajo el cd pirateado y ya nos habló del impacto social en México de la telenovela Rebelde. El disco estaba bien –esa es mi opinión, con un par de canciones muy por encima de la media de lo que se podía escuchar por entonces-.

El origen tan atípico del grupo es un ingrediente más que adereza mejor el producto final. Dentro del guión de la telenovela, seis alumnos forman un grupo musical de pop rock y a partir de ahí se desarrolla una trama paralela musical entre la vida real y el guión de la misma.

Cuando llega la telenovela a Antena 3 Alazne empieza a ver capítulos sueltos, en vacaciones. Y se engancha. Le envían sus abuelos mexicanos dvds de la primera temporada de la novela. Y es así como Mia, Roberta, Miguel y los demás empiezan a desbancar a los héroes de Disney y DreamWorks. Prematuramente, creo yo, Alazne añoraba ser como el personaje de Anahí: rica y fresa (1) en el colegio más elitista de México.

Como es de imaginar desde entonces el fenómeno RBD ha formado parte de mí. Y he saboreado cada uno de sus discos. Ni qué decir que Alazne se sabe de memoria casi todas las letras de las canciones.

Y, a pesar de lo que se pueda pensar, éste no es un fenómeno mexicano que se ha exportado a la España latina a través de los inmigrantes. Sino que RBD ha calado muy bien, principalmente, en toda la adolescencia femenina. Ha seguido el ritmo de una estrategia comercial consistente y universal.

Alazne ya estuvo el año pasado en el concierto de RBD en Barcelona con su mamá. Este año me apetecía mucho compartir con ella este momento. Además, ahora o nunca. 25 de agosto, Palau Sant Jordi, concierto en Barcelona en su gira de despedida, una vez anunciada su futura disolución.

Por razones del destino, Alazne cumplió su sueño, y pudo asistir al concierto cerca del escenario. Cantó como nunca. Se lo pasó en grande. Y creo que nunca olvidará esa noche.

A pesar de las cuatro horas que estuvimos de pie, pasando un calor sofocante hasta que empezaron los primeros acordes, defendiendo la zona que habíamos ganado para que nadie se nos colara. A pesar de que Alazne, de puntillas todo el concierto, pocas veces podía ver a sus ídolos –por mucho que se lo pedí, nunca quiso que la subiera a mis hombros-. A pesar de los pesares, fue un concierto muy especial. Una gran velada.

Es justo compartir ciertos hechos.

Los guaruras que custodiaban el escenario se mostraron superamables con el público. Ni una amenaza, ni un mal gesto. Incluso repartieron botellines de agua a los que estábamos más cerca.

En la espera previa al concierto, en las megapantallas del escenario, ofrecieron varios vídeos promocionales de México. Sendos escalofríos recorrieron mi columna. Otro vídeo musical apoyaba la no discriminación racial y la no violencia para alcanzar un mundo mejor.

Maite no ha venido a la gira. No sé si ya es fruto de la desintegración del grupo o algún inconveniente la mantuvo atrapada en México. Personalmente ha sido una decepción. El reportaje fotográfico que logré hacer –cerca de trescientas fotos- siempre añorará su dulce rostro.

Anahí se ha operado.

Anahí, Dulce, Alfonso, Christian y Christopher se mostraron muy lejanos de la imagen de divos. Se entregaron. Sus monólogos de despedida llegaron al público, Anahí incluso hizo sus pucheritos. No voy a olvidar que además son actores y que eso puede ser parte de su espectáculo. Lo que me anima a pensar que sí eran verdaderamente sinceros es que al final, tras la última canción, recogieron personalmente casi todos los regalos que les lanzaron al escenario. Además, Anahí estaba sacando fotos al público, con su cámara, desde el escenario, mientras cantaba.

Del sonido poco puedo decir. Estábamos a penas a cinco metros de una torre de sonido. Es el peor lugar para apreciar la calidad de los músicos y de las voces. Y es el mejor lugar para acabar medio sordos –como así fue-.

El repertorio del concierto nos muestra el último disco Empezar desde cero y bastantes de las clásicas. En la hora y cuarenta y cinco minutos que duró el concierto quedaron fuera muchas canciones.

Cuando llegamos a casa, le di un masaje a Alazne y se durmió inmediatamente. Hoy la desperté a la hora de la comida tras doce horas de sueño interrumpido. Sigue muy cansada. Pero más que feliz. Su siguiente hito: 20 de septiembre, estreno en televisión de la película Camp Rock.

Carlos Benito CBC

(1) fresa: pija

RBD, historia, letras, integrantes.

RBD se despide de Alazne (Prólogo)

25 de agosto, Palau Sant Jordi, concierto despedida en España de RBD en su gira de despedida, una vez anunciada su futura disolución.

No esperaba dedicar una palabra al aspecto organizativo del concierto. Pero se lo han merecido a pulso. Todo un post.

Compré las entradas para este concierto en ServiCaixa en una pantalla táctil de un cajero automático. Abro con este apunte para indicar que en el proceso de compra no existe ningún intercambio de impresiones con persona alguna, que pueda responder tus dudas o matizar lo que compras. El caso es que por las indicaciones de la pantalla compré dos entradas, al precio más barato, situadas en las gradas del Palau. Las entradas para el común de los mortales eran de dos precios. Durante el concierto oí hablar que existía zona VIP y que el precio era estratosférico –pero ya se sabe, esas entradas ni se ponen a la venta ni finalmente las paga nadie, las utilizan los de siempre y los amigos de siempre de los de siempre, ¡vamos como siempre ha sido!-.

Llegamos a Montjuic dos horas antes del concierto. Con una niña de once años no tenía pretensiones de ocupar un lugar privilegiado en el concierto –entre otras cosas por el precio que había pagado -, sólo sentarnos en cinco palmos de cemento y que Alazne viera a sus ídolos desde la distancia. Me extrañó que sólo hubiera una fila, cuando a la hora de comprar las entradas se identificaban varias zonas en el recinto del Palau. ¡Todos en una fila, como borregos!

Quien más quien menos ha vivido momentos como éste. La fila avanza lentamente y alrededor tuyo todo son especulaciones, desde las más variopintas hasta aquellas que a ti te encajan más. Veíamos dos puertas de acceso abiertas y un punto en el que la fila hacía una i griega y se bifurcaba. Pues bueno, se llegó al consenso de que la primera puerta era para los que iban abajo, de pie, y la segunda puerta para los que íbamos a las gradas, sentados. Llegados al punto de la bifurcación era cuestión de tirar la moneda al aire porque no había nadie para preguntar. Bueno la lógica es la lógica. Nosotros seguimos hacia la puerta de acceso a las gradas.

Enseñamos las entradas. Preguntamos por donde se accede a nuestra zona. Indiferencia. Insistimos. Nos hacen unas vagas indicaciones. ¡Sorpresa! Estamos en la zona de abajo, en el parquet o cemento, en la punta opuesta al escenario. Para más cachondeo me doy cuenta de que la gente que optó por la otra puerta de acceso acaba en el mismo lugar que nosotros.

Surge una organización improvisada entre unos cuantos. No sabemos si por intuición nos dirigimos a una puerta interior que parece ser que tiene acceso a las gradas. Nos movemos por las tripas del Palau, la zona de baños, vestuarios, pasillos y más pasillos. Llega un punto en el que hay un tapón de gente. Acertamos. Ese es el acceso. La gente indignada dice que no dejan subir, que las gradas están llenas. Agarro a Alazne fuertemente de la mano y en una operación de zapa llegamos hasta los guaruras que tapan el acceso a las gradas. Lo de siempre en estos casos. Palabras más altas que otras se mezclan con frases de indignación y respuestas de disculpa vacía. Hasta que el guarura más listo del lugar dice: “Sólo los de las entradas tipo 100. Sólo pasan estos.” Dios es grande, enseño mis entradas y pasamos.

¡Sorpresa! Dios es grande, pero a veces es aficionado a apretar. Estamos nuevamente en el parquet del Palau, en la zona de abajo. “Nos están tomando el pelo” le digo a una vecina de calvario. Pasa de mí y se abalanza hacia delante. Mi hija tira de mi mano y hace lo mismo. Cuando quiero darme cuenta estoy en tercera fila del escenario. De pie pero en tercera fila. El sueño de mi hija cumplido. Y el sueño de mi bolsillo también.

Que cada uno saque sus conclusiones de cómo se organizó este evento.

Quiero destacar otro aspecto hilarante de la organización. Retrocedamos en el tiempo al momento cuando estábamos en la fila acercándonos a la puerta de acceso. Observamos que en un “control de seguridad” previo a enseñar las entradas están confiscando cámaras de fotos y vídeos. Han organizado un servicio de guardarropa con las cámaras que encuentran. Con mi cámara Sony semiprofesional en la mochila ya sé cuál es mi primer chasco de la velada. Cualquier bolso o mochila es escudriñado a fondo.

Me piden que abra la mochila y a la vista se muestra una chamarra vaquera, el mango de un paraguas y una botella de litro y medio de agua. “La botella no puede pasar”. “¿¡Cómo!? Es agua... pues quédatela”. La agarra, cierro la mochila y sigo avanzando -sin que hayan detectado la cámara en el interior de la mochila-.

La avaricia de esta gentuza –vendían en el interior botellines de agua de medio litro a dos euros- es más importante que las medidas de seguridad. Porque además de requisar cámaras imagino que su función principal es evitar problemas elementales de seguridad.

Si mi dios fuera Bin Laden, se podía haber armado una gorda.

Finalizaré haciendo eco de un comentario que me enviaron a un post anterior "… y paciencia con los catalanes, que madrugan mucho, y aún no sé para qué.
"Con lo trabajadores que son, si supiesen hacer algo serían los amos del mundo" (Eduardo Mendoza, de su libro Sin Noticias de Gurb) Te recomiendo su lectura, si aún no lo hiciste, libro cortito y superdivertido; verás a los catalanes con otros ojos”.

Carlos Benito CBC

Sobre este blog

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Con sabor a frijoles... del D.F. a Monterrey, ida y vuelta

... desde los 27 que no vivo en Portu, hace ya casi dos décadas. Me convertí en un nómada, nómada laboral, en pos de un plato de garbanzos. Primero Castilla y León, más tarde Madrid... a pesar de no haber salido de la península me sentía extranjero en esas tierras -mi Portu es mucho Portu-. Más tarde viví casi diez años en México -ellos agradecen que utilicemos la x y a nosotros no nos cuesta nada- y curiosamente allí nunca me sentí extranjero. Ahora me toca vivir en Cataluña... y soy doblemente extranjero... porque añoro más que nunca mi Euskadi y porque me obligan a utilizar un idioma que me cuesta horrores aprender -yo lo siento más que nadie pero lo de los idiomas no es mi fuerte y a estas alturas de mi vida...-.
… desde la adolescencia me ha acompañado un utópico pensamiento: “Libertad… hermosa bandera, desgarrada pero erguida… que se abre paso como el trueno, contra el viento…” Que nadie se equivoque… cualquier cosa menos pretensiones políticas.
Carlos Benito CBC

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