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One day… in another future (iv)

Última entrega de este relato histórico en el futuro publicado ayer en el blog hermano jARRILLEROrOJIBLANCO... sin palabras.

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No recordaba haberse reído tanto desde hacía mucho tiempo. Al final resultó que el gran pelmazo, en realidad, era alguien muy cercano, fresco y divertido.

La presencia del camarero recogiendo la mesa antes de tomar nota de los postres, nuevamente, creó un punto de inflexión en la conversación. Sus pensamientos, ahora libres de cualquier carga, invadieron su interior, al tiempo que sus cómplices miradas sonreían.

«No quiero ser aguafiestas… pero mañana debo madrugar. Está siendo la noche más especial desde hace… bueno, ni recuerdo. Pero mañana… —de forma inconsciente la sonrisa de Laizza se atenuaba gradualmente—. Incluso ahora no somos muy diferentes de otros tiempos. La raza no ha evolucionado. La vida sigue encadenada a un trabajo.»

—Alguna vez leí —y dibujó un rictus lleno de amargura— que hubo una época en que había personas que se separaban de la sociedad y se refugiaban en la naturaleza, en una vida libre o… contemplativa. Rompían con las normas sociales, que las encorsetaban, y se encaminaban hacia una libertad persiguiendo una religión o una rebeldía sin causa. Una simple cabaña en medio de un bosque, las rocas de una cueva… una agricultura y caza de subsistencia aportaban todo lo que su espíritu necesitaba. Nosotros, sin embargo… no podemos optar por eso. Las condiciones climáticas tan… adversas impedirían que resistiéramos ahí fuera más de una semana, sin el apoyo logístico de la sociedad. A cambio nos piden responsabilidad, trabajo, más responsabilidad… civismo… —la mano de él estrechó la suya en un gesto de comprensión— y un poco más de responsabilidad… Ahora quisiera alargar esta cena más allá del desayuno… pero, ¡vaya, pero si hay un pero!... sí, mañana esperan a la prestigiosa doctora en una reunión. La doctora estará perfecta. Sí, ésa es la palabra. No excelente, tampoco impecable, ni insuperable… simplemente perfecta. Y… ¿sabes por qué debe ser así? Pues es sencillo, muy sencillo… si la doctora Doña Perfecta quiere ver un pasado mañana, entonces tendrá que deberse a su responsabilidad el día de mañana.

—No me digas que estoy sentado frente a Doña Perfecta, y yo sin darme cuenta… Mañana será otro día. Nos queda el ahora, que puede que sea breve, pero nunca efímero, porque aunque… aunque no volviera a verte en el resto de mis días, tu recuerdo será uno de los últimos que me acompañen. Nos queda el postre, un par de páginas por leer de ese libro… me queda el deseo de que mañana Doña Perfecta tenga un buen día y que al final del mismo tenga unos minutos para mí… Y ahora alegra esa cara y saca el libro. Te concedo el honor de que leas para mí…

—¿Honor? Mira por donde, ahora me toca leerle a mi nuevo amiguito —estaba a punto de irrumpir en una carcajada mientras sacaba el libro de su bolso—… y luego, si quieres, te arropo y te doy un beso de buenas noches.

—Entonces pido la cuenta ahora mismo.

—¡Que te lo crees tú! Calla y escucha —buscó la página, aclaró la voz y empezó la lectura.

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Tras pasar la página, giró el libro y se lo acercó para mostrarle el final de ese capítulo.

—Mira la foto. Resultan tan extraños sus peinados, su forma de vestir. El… bonete, ese gorrito se llamaba bonete.

—¿De las cuatro, quién es ella?

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—No lo sé. Se llamaba Alazne, pero… ¿será la de la izquierda?... o ¿la de la derecha?… A ciencia cierta, ¡quién sabe! En todo el libro no hay una sola pista que nos permita descubrir cuál de las cuatro era.

—Tal vez sólo existió en la imaginación del autor.

—Te equivocas… Hemos vivido tantas cosas juntas… en mis sueños. Conozco el color de sus ojos, de su piel. Hemos compartido secretos, me ha dado consejos. La he visto morir, ancianita ella, … en mis brazos, tantas veces. Cuando ocurre, me despierto llorando, inconsolable. El vacío que me deja es tan… intenso. Hasta la fecha ella es la mejor amiga que jamás he tenido. Mira, es ella —la señaló con su dedo índice—. Alazne, éste es Parssi, Parssi, Alazne.

«Algún día…, si estás junto a mí, te contaré que ella me enseñó su idioma… en sueños.»

—Por cierto… ¿cómo es que tú también sabes leer su lengua? —en ese momento, sin esperar la respuesta, se convenció de que ambos formaban parte de un mismo destino.

vw

La había acompañado hasta la puerta de su domicilio. A punto de despedirse, le dijo:

—Volveremos a vernos algún día… espero. No quiero que me digas nada ahora. Créeme, mi intención no es agobiarte. Sólo toma mi número. Ahora depende de ti. —Perdió su mirada en el vacío y en unos instantes añadió— Cuando coincidamos en el tren procuraré sentarme bien lejos, por mucho que me...

—Mira listillo… si piensas que ahora te vas a deshacer de mí, vas… ­­—al tiempo que ella callaba su última palabra, le robo un fugaz y delicado beso de sus labios— apañado. Toma el libro. Cuando lo acabes, me lo devuelves. Y mañana nos vemos. Sin excusas.

Carlos Benito CBC

One day… in another future (ii)

Segunda entrega del relato histórico en el futuro publicado ayer en el blog hermano jARRILLEROrOJIBLANCO... sin palabras.

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Laizza había despedido al camarero con cajas destempladas. Sus dedos tamborileaban frenéticamente sobre la mesa al ritmo que su cara se congestionaba con el enfado que estaba pillando.

«¿Es que nadie puede ser puntual?… Hemos quedado a las siete. ¡Lo que me faltaba ahora! No sé por qué fui tan tonta al quedar con un mamarracho como ése… El día ha sido de asco, y no tiene pintas de mejorar… Un minuto y te largas, ¿vale Laizza?, un minuto…»

Si había una cosa que no soportaba era la impuntualidad. Tras su primer escudo, había una mujer fácil, accesible, que aceptaba las debilidades de la gente como algo innato y no digno de ser condenable; sin embargo, consideraba que llegar tarde compendiaba, entre otras cosas, una falta de respeto al prójimo. Los valores que más apreciaba era la coherencia como contraposición a la hipocresía y la cultura del esfuerzo, antagónica a la filosofía del aquí-me-las-den-todas.

De pie, recogiendo sus cosas, de espaldas a la puerta, ofuscada en su enfado se sobresaltó con su saludo.

—He dicho hola, aunque tal vez debería haber dicho hasta luego… ¿te vas? —se le veía disfrutar de la situación.

—A punto he estado de marchar, ya que…

—Si la intuición no me falla, sólo han pasado cuatro minutos de nuestra cita. ¿Dónde…

—¡Cita!... ¿cita?... ¿has dicho cita? No te lo crees ni tú —estalló en un ataque de ira, ya por largo rato contenida—. Veníamos a hablar de un libro, ¿recuerdas?... un libro es todo lo que nos une. Unía, mejor dicho. Porque me largo.

Él con una inusitada suavidad le puso la mano sobre el antebrazo y le dijo:

—Por favor…

Como abatida, se volvió a sentar. Él la imitó justo enfrente. El silenció invadió la distancia entre ambos. Sendos ojos rastreaban el local evitando cruzar sus miradas.

La llegada, nuevamente, del camarero dio paso a una conversación agradable, entre dos desconocidos.

Parssi, que era como se llamaba él, en cuanto tuvo la oportunidad solicitó ver el libro. Laizza buscó el capítulo que esta mañana estaba leyendo y se lo entregó. Respetó en silencio su lectura. Vio cómo pasaba de página.

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Su cara no traslucía ninguna emoción.

Cerró el libró y fijó su mirada en Laizza. Sin decir nada, volvió su atención al mismo. Lo abrió al azar; ojeaba las páginas; en alguna se paraba y se daba su tiempo.

—No es una novela—finalmente dijo sin levantar la vista—, ni un ensayo… tampoco son cartas, ni artículos periodísticos. Sólo encaja con algo sobre lo que basé mi tesis: los blogs. Como te dije, soy doctor en Historia de la Cultura. Sin embargo… me desconcierta que esté impreso. Éste era un canal de comunicación meramente virtual, basado en lo que en aquella época se conocía como internet. Sí, mira, aquí, en los créditos del libro… Curioso, muy curioso. Dice que es una edición personalizada y limitada, y hace alusión a un blog. Sí, está claro, no es una edición comercial. Si hubiera tenido esta joya en mis manos —y finalmente la miró directamente a sus ojos—, habría sacado una excelencia en mi tesis y no una simple suficiencia.

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—Los créditos me sirvieron para indagar: autor desconocido, imprenta desconocida… sólo encontré referencias a elcorreodigital. Mira, ¿lo ves, junto a ese logo? Era la edición virtual de un periódico de aquella época. Su cobertura era regional, justo en el norte de la península ibérica... Una vez también investigué mi árbol genealógico… una de sus ramas proviene de allá.

—Podría deducir, entonces, que nos encontramos ante un legado familiar.

—Sí, siempre lo pensé. Mis padres nunca me hablaron del libro. No supe de su existencia hasta… que me hice cargo de sus pertenencias tras la muerte de mi madre.

—Vaya, lo siento… ¿Y concretamente, en qué consiste el trabajo en tu laboratorio?—cambió de tema al observar la tristeza que se dibujaba en la cara de Laizza.

—¿No vas a seguir leyendo?

—Lo haré más tarde… Si he de elegir entre unos… ibéricosaurios de hace ocho siglos y una compañera de mesa, hermosa y culta… es que no tengo elección —su sonrisa, por primera vez, le resultó fresca y agradable a ella.

Fue entonces cuando Laizza se abandonó a hablar sobre el tema que más le apasionaba: su trabajo. Dirigía un departamento que desde hacía más de trescientos años estudiaba la fertilidad humana. Por todos es sabida la tendencia demográfica a la baja. El punto de inflexión, curiosamente, databa en el siglo XXI, cuando el planeta parecía a punto de reventar por la presión demográfica.

En la actualidad cerca de tres cuartas partes de los hombres nacían infértiles. La esterilidad femenina, por el contrario, rondaba la mitad de la población. Aún no se habían encontrado razones científicas que explicaran esta realidad.

Las dos tendencias que desde decenas de décadas pretendían interpretarlo se situaban en las antípodas. Los unos abundaban en la extinción de la especie y se regocijaban en profecías apocalípticas. Los otros respiraban tranquilos convencidos de la adaptación natural de la humanidad a su nuevo hábitat terrestre, es decir, a medida que el cambio climático había deteriorado el planeta para su habitabilidad, el hombre había reducido su tasa de natalidad para evitar agotar los recursos del mismo.

—¿Y tú, a quién sigues?

—Recuerda… yo soy la científica… no tengo derecho a posicionarme, de otro…

—¡Vaya!, la mujer de hielo… De otro modo ¿qué? ¿interferirá en tu trabajo? Aún no te conozco, pero estoy seguro que harás igual de bien tu trabajo, seas fértil o no, seas milenarista o adaptacionista… Yo, he pensado muchas veces en ello. Y lo único que sé es que no tengo suficiente información para posicionarme. Pero estoy seguro de algo… desde las dos grandes guerras del siglo XX, desde aquella época convulsa de las guerras regionales independentistas a finales del mismo y de la guerra del petróleo de principios del XXI hemos gozado un inmenso periodo de paz. A ello han contribuido dos causas. La primera es el temor a un holocausto nuclear y el segundo a la menor presión demográfica.

—Comparto tu opinión. A pesar de que hay menos agua, menos cosechas, menos energía, también somos menos a repartir… ¡Uff!, nos hemos puesto demasiado serios, ¿no te parece?

—Se me ocurre una buena cena como…

—Tú pones la idea, yo elijo el lugar —Laizza se sorprendió a sí misma al ver con qué ímpetu le interrumpió antes de que él acabara su frase; ahora nunca estaría segura si Parssi realmente le iba a invitar a cenar.

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Carlos Benito CBC

Mañana publicaré la siguiente entrega de este relato histórico en el futuro en el blog hermano jARRILLEROrOJIBLANCO... sin palabras.

Sobre este blog

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Con sabor a frijoles... del D.F. a Monterrey, ida y vuelta

... desde los 27 que no vivo en Portu, hace ya casi dos décadas. Me convertí en un nómada, nómada laboral, en pos de un plato de garbanzos. Primero Castilla y León, más tarde Madrid... a pesar de no haber salido de la península me sentía extranjero en esas tierras -mi Portu es mucho Portu-. Más tarde viví casi diez años en México -ellos agradecen que utilicemos la x y a nosotros no nos cuesta nada- y curiosamente allí nunca me sentí extranjero. Ahora me toca vivir en Cataluña... y soy doblemente extranjero... porque añoro más que nunca mi Euskadi y porque me obligan a utilizar un idioma que me cuesta horrores aprender -yo lo siento más que nadie pero lo de los idiomas no es mi fuerte y a estas alturas de mi vida...-.
… desde la adolescencia me ha acompañado un utópico pensamiento: “Libertad… hermosa bandera, desgarrada pero erguida… que se abre paso como el trueno, contra el viento…” Que nadie se equivoque… cualquier cosa menos pretensiones políticas.
Carlos Benito CBC

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