¡Aguas! Monterrey
El diario regio El Norte ya avisaba ayer “¡Aguas! Llega Dolly” (1). “Tamaulipas, San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila y Veracruz sentirán hoy los efectos del huracán. Anuncian lluvias torrenciales en el noroeste.”, advierte El Universal. Si mis conocimientos de geografía no me fallan el diario nacional mexicano se ha columpiado un poco, ya que el huracán entrará por el Golfo, esto es, el éste de
El huracán tendrá fuerza uno cuando golpee las costas. Será lógico que se debilite según se adentra en el interior. Así esperemos que mis amigos los regios sólo sufran de lluvias torrenciales sin verse expuestos a vientos huracanados.
Sin embargo aunque sólo sean lluvias lo que llegue a las faldas del Cerro de
En algo más de cuatro años que viví en esa bonita ciudad, sufrí cuatro inundaciones. Por suerte son inundaciones, no riadas. Empieza a llover, el drenaje de la ciudad hace lo que puede... como las nubes no paren a tiempo, el drenaje se rinde... y las aguas empiezan a subir.
Del trabajo a casa tardaba cincuenta minutos. De Salinas Victoria a la colonia Privado Villalta, atravesando la ciudad de norte a sur, rodeando el centro de la ciudad por el oeste, el recorrido era fácil, en su mayor parte por travesías de tres carriles –todo Gonzalitos y todo Lázaro Cárdenas-. Sólo un trozo de carretera, bastante lamentable por cierto, cerca de la empresa. Aunque a veces pillaba puntas de tráfico, yo siempre iba en sentido contrario al tráfico denso.
Las inundaciones siempre me pillaron por la tarde, en el trabajo. La primera vez me avisaron, el resto ya supe cómo manejar la situación.
Lleva varias horas lloviendo. No para. No dejas de mirar de reojo hacia la ventana. Se corre la voz: “En internet dicen que a este ritmo Gonzalitos lo cortan en media hora… que ya los coches ya pasan con dificultad”. Desbandada hacia los coches. Arrancas, pones la radio, nada de música, sólo información local y a pisar el acelerador. Tranquilo… que el asfalto es una pista de patinaje.
Primera dificultad. El cruce a la altura de la autopista ya tiene suficiente agua como para no ver el asfalto. Y ese es el problema, que intuyes donde están los eternos y enormes socavones (2). Los intuyes pero no los ves. Ninguno de los compañeros que tengo delante se arriesga y todos dejamos el asfalto y avanzamos por la zona de tierra, en este caso barro. Son pocos metros, trabajo extra para los amortiguadores, pero hemos pasado.
Como es lógico, a la entrada de la ciudad, llega el momento en que el tráfico es denso, densísimo. La radio aún no ha avisado de que se haya cerrado el badén de Gonzalitos. Y llega el momento de la gran decisión. Si sigues y consigues pasar, ningún problema hasta casa. Si sigues y no consigues pasar, te quedas inmovilizado durante horas…”ni palante ni patrás”, hasta que te dejen dar la vuelta. O, como alternativa, cambias de rumbo y te metes por el centro de la ciudad y empieza la aventura.
Unas veces por cobarde, otras porque ya estaba cerrado Gonzalitos, siempre fui por el centro de la ciudad. A vuelta de rueda, a paso de tortuga, primero por el tráfico y luego por el miedo. Agua por todas partes, ves los coches a tu lado que ya tienen las ruedas cubiertas de agua. Por supuesto no ves ninguna acera, sólo agua y edificios. Mentalmente haces cálculos, sabes que el agua ya llega a ciertas partes del motor y no tienes ni idea por qué sigue funcionando. Te asombras de cómo es posible que las puertas no filtren agua. El tiempo pasa y la obscuridad también acecha. En algunos tramos sientes la fuerza adicional de las corrientes de agua… te tensas más si cabe (3). Avanzas, pero se hace eterno. El alumbrado público también te la juega y no hay ni una farola encendida. Hay zonas en que el agua llega a la mitad de las ruedas y de algún modo te ayuda a relajarte. La voz de la radio es tu única compañía, y el locutor lo sabe, y entre noticia, consejo y advertencia manda palabras de aliento. En otras zonas el agua vuelve a superar la altura de las ruedas. Pase lo que pase se ha de seguir el sendero que abre el de delante. Si hay una alcantarilla sin tapa, será él el que deje la rótula de la rueda en el intento.
Tres horas y media después llegas a casa. Exhausto. Bajas y rodeas el coche. Mojado pero intacto. El interior del coche sigue seco, sin filtraciones. No te lo crees. Ya estás seguro. Además la casa no está situada en ninguna zona baja, por lo que no hay el menor peligro de que se inunde.
Hay una fecha que sí la tengo grabada: 10 de septiembre de 2001. Esa tarde viví una de las anteriores experiencias. A la mañana siguiente seguía lloviendo, poco pero llovía. Dudaba si ir a trabajar en esas condiciones. Ya se había hecho tarde para ir al trabajo y tenía encendida la televisión local para conocer el estado del tráfico en la ciudad y las previsiones de lluvia, cuando interrumpieron la programación con el primer impacto a una de las Torres Gemelas en Nueva York.
Curiosamente, el 10 de septiembre de 2002 volví a llegar a casa agotado después de conducir por más de tres horas en las calles inundadas de Monterrey.
Carlos Benito CBC
(1) ¡Aguas! Expresión coloquial mexicana que significa ¡Cuidado!
(2) Este cruce tiene derecho a una mención aparte. Es objeto de un tráfico rodado intenso y pesado, ya que forma parte del recorrido de la flota de camiones basura de uno de los dos vertederos de la ciudad de Monterrey (ocho millones de habitantes). En la época seca, su asfaltado no es ninguna maravilla y necesita parches de alquitrán de vez en cuando. Pero en la época de lluvias el problema se acentúa. Dado que forma un badén natural cualquier lluvia hace que se formen bolsas de agua perennes hasta que las seca el sol. Es inevitable que poco a poco se formen socavones. Primero pequeños agujeros que van agrandándose por el paso de los camiones. A las semanas, llega el inevitable momento en que sabes que están allí, debajo del agua, dispuestos a devorarse una rueda. He visto cómo un coche primero se escoraba y luego se quedaba clavado, inmóvil, inclinado como un barco antes de irse a pique. Y todo sigue igual hasta que llega la época seca y viene un retén a re-asfaltar el cruce.
(3) Repito no son riadas, simplemente el agua inunda y se embalsa por completo casi toda la ciudad. El agua busca salidas naturales y por eso se producen corrientes en la zona llana de la ciudad. Corrientes que en modo alguno arrastrarían un coche. En las zonas altas de la ciudad o justo debajo de ellas sí que hay peligro de que los torrentes de agua puedan arrastrar vehículos.
Post publicado el 24 de julio en el blog jARRILLEROrOJIBLANCO... sin palabras.
Sobre este blog
Con sabor a frijoles... del D.F. a Monterrey, ida y vuelta
jarrillerorojiblanco... desde los 27 que no vivo en Portu, hace ya casi dos décadas. Me convertí en un nómada, nómada laboral, en pos de un plato de garbanzos. Primero Castilla y León, más tarde Madrid... a pesar de no haber salido de la península me sentía extranjero en esas tierras -mi Portu es mucho Portu-. Más tarde viví casi diez años en México -ellos agradecen que utilicemos la x y a nosotros no nos cuesta nada- y curiosamente allí nunca me sentí extranjero. Ahora me toca vivir en Cataluña... y soy doblemente extranjero... porque añoro más que nunca mi Euskadi y porque me obligan a utilizar un idioma que me cuesta horrores aprender -yo lo siento más que nadie pero lo de los idiomas no es mi fuerte y a estas alturas de mi vida...-.
… desde la adolescencia me ha acompañado un utópico pensamiento: “Libertad… hermosa bandera, desgarrada pero erguida… que se abre paso como el trueno, contra el viento…” Que nadie se equivoque… cualquier cosa menos pretensiones políticas.
Carlos Benito CBC
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