San Francisquito de Paula

san francisquito de paula

Por José Luis Amestoy

Voy a ocuparme en este blog, de este barrio, y daré una de cal y otra de arena, unas veces ensalzaré lo bueno de esta zona y otras veces criticaré y afearé lo que nadie desea, lo que nos preocupa cada día. También recordaré hechos y personajes que he conocido y vivido, y seguramente, quien me lea, hará memoria conmigo.

Habito en Santuchu desde hace….., tan es así, que ni me acuerdo. Solo sé que era un niño, y vine desde el bilbainísimo barrio de Irala. La impresión que me queda desde entonces es la de un cambio a mejor.

Cando hicimos la mudanza, allá por los nueve años y ahora he cumplido unos cuantos, todo eran fincas con huertas, rodeadas de caminos rurales, y se respiraba un ambiente eminentemente campestre. Los inviernos eran duros, y las primaveras, hermosas, llenas de flores, y con un olor a limpio, a fresco, a plantas, a sano… Casi no había coches y recuerdo que los camiones aún llevaban ruedas macizas (algunos). Hoy día, mi barrio nada tiene que ver con lo que fue. Poblado con muchísimos habitantes, con auge inmobiliario importante, y creo que no queda ninguna finca sin construir. Todos estamos de acuerdo en que es uno de los barrios más populosos de Bilbao.

Quizás uno de los edificios más emblemáticos que recuerdo, era la ermita de San Francisquito, nombre que le viene de San Francisco de Paula, que nació en Paula en 1416, probablemente el 27 de Marzo, con extendida devoción a fines del siglo XVIII, fue fundada en el año 1737, por Francisco Fernando de Barrenechea, dedicada a San Francisco de Paula, y derribada en 1967, quizás por dos motivos, uno por el empuje inmobiliario y otro por la construcción de un nuevo templo denominado San Francisquito, en tiempos del párroco D. Victorino Larrucea. Estuvo ubicada a la altura del núm. 52, de la calle Santuchu, hoy denominada Gardeazábal.

Santuchu, recibe su nombre de este Santo, y significa “Santo pequeño”. Lo de pequeño será, y solo lo supongo, porque la imagen que lo representa sea pequeña.

La ermita, en principio, fue provisionalmente parroquia y celebraba misas y otros actos litúrgicos, pero fue quedándose pequeña según crecía la población, y se daban en sus últimos tiempos, casos como que la gente asistía incluso desde la calle, con lluvia o nieve a la celebraciones, con los paraguas abiertos.

Después se descongestionó un poco, ya que al construirse la barriada de Párroco Unceta, “La Tabacalera, la parroquia dispuso de unos locales habilitados para celebraciones, catequesis, etc. en unas lonjas, las cuales hasta sirvieron brevemente como lugar de entrenamiento de halterofilia, y digo esto porque yo era uno de los que allí entrenaba.

Desde aquí arriba, y desde el suelo, comparando con quienes habitan en el Casco Viejo, percibíamos las cosas de otra manera, (ya que en el Bilbao viejo, desde cualquier lado se miraba hacia adentro), se veían las montañas cercanas, Archanda, el Pagasarri, y desde la Campa de Basarrate, o mejor dicho “la campa del muerto”, alcanzaba la vista hasta Echévarri, Basauri, Galdácano, y toda la cadena montañosa situada detrás de esta última población, desde una perspectiva general. Hoy día, ya estamos igual que el Casco Viejo, puesto que de igual manera, también aquí se mira para adentro. Son cosas que trae el progreso.

Bilbao, Santuchu, 04 de febrero de 2008.

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