Hoy, entrando en mi calle, me he topado con una montaña de basura que ocupaba una plaza de aparcamiento. Parecía como si un gran contenedor, con todo tipo de desechos inorgánicos, muchos de ellos chamuscados, hubiera volcado en semejante lugar. Me quedé sorprendida y me pregunté cómo alguien había conseguido depositar tal cantidad de porquería en una zona limpia y muy transitada sin que le hubieran arrestado y azotado en el trasero en una plaza pública. Entended que esto último es más bien un impulso personal, que una realidad.

Me pareció que a nadie le afectaba este regalo de dudosa procedencia, aunque ocupaba la entrada de un precioso edificio antiguo que se dedica a actividades culturales y adornaba el camino hacia una interesante galería de arte moderno.

La garita de policía está a sólo un par de metros y los tres uniformados de turno, parecían no enterarse de nada porque les vi sacar sus taburetes al fresco y comerse un kushari con vistas a aquella inquietante montaña. Los de enfrente, capataces de un edificio en construcción, estaban sentados sobre la arena en unas sillas de plástico destronchadas por el uso y despachaban sus asuntos con los obreros, ajenos a cualquier asunto que ocurriera fuera de su entorno más próximo.

Seguí caminando extrañada, pensando en aquel miserable vertido cuando me encontré con la sonrisa desdentada de mi querido Mohamed, el bauab, que aquel día, especialmente frío, había elegido una curiosa indumentaria y parecía disfrazado de guerrero sarraceno. Por la cabeza se había puesto un rodete de un paño grueso que dejaba colgando por los lados, como orejeras y sobre los hombros llevaba una especie de manta que le colgaba a modo de capa hasta el suelo y que dejaba ver un par de sandalias de goma negra que llevaba sin calcetines.

Le pillé en pleno desenfreno, reservando para los vecinos de mi escalera, un par de huecos de aparcamiento que habían quedado libres. Como se vio necesitado de ayuda, pegó un par de voces que llegaron a los portales colindantes y enseguida aparecieron como hormigas, otros compañeros de labores.

Advertí que todos los coches estaban aparcados en punto muerto y les vi desplazarlos estratégicamente a golpe de brazo, pie y cadera como si fueran autos de choque, ahora un metro hacia delante, poooomb, ahora estos dos hacia atrás, blommmmb, se iban acunando unos a otros. Así, con cada coche ocupaban dos plazas e impedían la entrada a los foráneos. Para rematar la jugada, colocaron un par de taxis en doble fila y bloquearon todas las plazas. Si os había quedado alguna duda de quién controla las calles en El Cairo, espero haberla despejado.

Me volví para repasar la jugada con una cierta perspectiva y descubrí que el último coche de la fila había quedado medio encaramado en aquella montaña de desperdicios como si tal cosa. Lo que en otro entorno me hubiera causado horror, aquí sólo me produjo un extraño hormigueo cercano a la diversión que acabó convertido en media sonrisa. Ya en el ascensor, me prometí no intentar comprender este extraño, pero fascinante mundo, mejor lo disfrutaría.

*En la foto: "camión" cairota de recogida de basuras.

9 comentarios | Enlace permanente

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anasan

Anasan dijo

Hola Celia, son muy bonitas ese tipo de fotos...así como las historias¡¡¡
Has pensado en publicarlo en un libro??????
ya dirás..........
un abrazooooooooooo de osoooooooooooooooo

CELIA

CELIA dijo

Anasan!
bueno, de momento escribo las historias y quizá algún día las publique si encuentro a alguien interesado, claro.
Un abrazote!!

Amaia dijo

Es genial como una cosa que a nosotros nos sorprende a otros en otra parte del mundo les parece normal. Y lo mejor es tener a alguien que nos lo cuente!

Un saludo.

Diana

Diana dijo

Hola Celia,

Ayer, descubri, casi sin quererlo tu blog.. y bueno.. ya has ganado otra adepta a tu causa..jajaja.
Cuando estuve en El Cairo, tan solo 3 dias, sali espantada de la ciudad, no me imaginaba (incluso despues de patear 15 dias Egipto), que puediera sorprenderme tanto una ciudad como El Cairo. Pero, quizas no le otorgue el merito que tiene.. y no se.. creo que merece que le de una segunda oportunidad. Sobre todo despues de leer tus relatos que me llenan de curiosidad. Quizas no supe ver lo que tenia delante y solo "miraba" con mis ojos occidentales. Eso si, caotica es un rato...
Pero tengo que confesar.. que algo de alli, no se exactamente el que.. se me quedo pegado.. Por favor, sigue asi, despertandonos las ganas de volver.
Un abrazo

Celia Ruiz dijo

Amaia,
así es, cuando llegué iba por las calles como abducida, mirando todo como si estuviera en una película del siglo pasado, ahora ya me voy acostumbrando, lo cual es una pena porque es mucho más divertido cuando todo te sorprende.

Diana,
yo creo que esta ciudad hay que vivirla más y mirarla sin grandes análisis, porque puede asustar. Los ojos de occidental hay que dejarlos en casa y disfrutarla. A mí me fascina, la adoro, a pesar de sus muchos horrores. Veo que a ti se te quedó pegada y me hace gracia porque es lo que suele pasar, así que tendrás que volver para descubrir por qué.

UN ABRAZO A TODOS!!

jarrillerorojiblanco dijo

Hola Celia,

Lo del poder de los aparcacoches ya se ha extendido por todo el mundo. Si recuerdas en México estaban los del trapo rojo -no recuerdo cómo les llamábamos- ayudando a aparcar el coche o invitándote a largarte si no les pagas el "impuesto revolucionario".

Ahora aquí ya hay muchas ciudades que sufren el problema.

En El Cairo pues más de lo mismo...

Un abrazo

Celia Ruiz dijo

Hola Carlos,
por aquí también están los del trapo rojo...pero en contadas esquinas y sin trapo.
Lo que me llama la atención es que esto se haya exportado a Europa porque realmente es ilegal que alguien tome la calle como suya y haga presión para recibir dinero...

Un abrazo y buen fin de semana!!

JOSE (UGDA) dijo

Hola, Celia.

Me ha impresionado mucho la foto del camión de la basura. ¡¡¡Impresionante documento!!!

Celia Ruiz dijo

Ugda

Así son los "camiones" normalmente, pero algunas veces son una especie de carrito improvisado y tirado por una o dos personas que acarrea cualquier cosa que encuentran en las calles.
La imagen es de Muqqatam,el barrio de las basuras.

Un abrazo!

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Llevo unos 14 años viviendo por el mundo, de la mano de un marido alemán que como veréis, amplió mis horizontes.

Dejé Bilbao para vivir y trabajar en Alemania, luego fue México y por último Egipto, El Cairo.

En la UPV estudié Ciencias de la Información y trabajé varios años en el sector de las Artes Gráficas, también en Alemania, donde además, continué con mis estudios de especialización y postgrado.

Cuando aterricé en esta increíble ciudad, se me abrieron los ojos de par en par y no me quedó más remedio que contarlo. Si queréis contactar conmigo podéis hacerlo en: cuadernosdecairo(arroba)gmail(punto)com

ver perfil [+]

ver otros blogs [+]

Sígueme en Twitter. Lo que pasa en mi mundo y en el de otros.

    Suscríbete

    Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

    Lo que cuentan otros

    PUBLICIDAD