Cuadernos de El Cairo
Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos.
Vengo de la peluquería. Qué cosmos más interesante se forma en esos espacios llenos de vapores de tinte, cepillos y secadores de pelo.
Esta vez, para hacerlo más difícil todavía, me puse en manos de un sujeto que no hablaba ni una palabra de inglés. Le señalé el nacimiento del pelo y comprendió inmediatamente. Ni se acercó, ni preguntó, pero al cabo de unos minutos apareció removiendo ceremoniosamente el mejunje que había preparado en la trastienda. Diossdioss pensé, cuando me cerró la bata con una enorme aguja de camota roja, que apuntaba peligrosamente a mi escote.
El proceso de teñido no me produjo ningún picor, ni irritación, mareo o desmayo. Me pareció incluso, que el chaval era un perfeccionista y se estaba empleando a fondo en que ni un pelo quedara fuera del radio de acción de la brocha.
Todo salió a pedir de boca. Transcurrido el tiempo reglamentario, me lavó-refrotó y con insistencia consiguió convencerme de que le dejara secarme el pelo, a pesar de que yo llevaba prisa, inventada, por llegar a casa y preparar unos garbanzos que había puesto a remojo el día anterior. Fue toda una suerte que insistiera, porque lo que ví a continuación, mereció la pena.
Mientras me leía el "Hello", vi entrar a unas clientas, cuatro voluminosas féminas de rompe y rasga. Como les tocaba esperar un rato, se fueron al super para hacer tiempo, pero una de ellas, la más joven, se entregó a los brazos de una muchachota que debía ser esteticién. La seguí con la mirada mientras recogía del mostrador un gran carrete de hilo blanco, normal y corriente, que me había intrigado nada más llegar.
La señora que era de cara generosa y redonda, se tumbó en el sillón sin quitarse su pañuelo y la sesión comenzó de inmediato. Yo miraba y miraba, pero no lograba adivinar qué estaba pasando, porque la empleada me daba la espalda y me quitaba visibilidad. Me incliné sin ningún disimulo y vi que había tomado un tramo de hilo y sin cortarlo se lo había colocado entre los dedos de ambas manos como si fuera seda dental, mientras que el carrete sobrante lo había puesto a buen recaudo en su sobaco derecho. Entonces comenzó a realizar movimientos hábiles de derecha a izquierda y pensé extrañada que le estaba limpiando los dientes...jesúsjesús...
Como no las tenía todas conmigo, me moví un poco más, aún a costa de enfadar al fulano que me estaba secando el pelo y me quedé atónita, porque lo que la experta hacía no era otra cosa que frotar enérgicamente la cara de la señora con el hilo y esta fricción iba llevándose todos los pelos que encontraba a su paso y depilando cejas, mostacho, barbilla, mejillas y patillas. La técnica, que parecía exitosa no estaba bien "afinada", puesto que la depiladora iba tirando del carrete a discreción sacando hilo limpio y el que ya estaba usado, lo iba sujetando entre los dientes, con lo cual se le fue haciendo un pequeño ovillo en la boca con el material usado. Me escoré tanto para tener un buen plano que por poco me caigo de la silla y avergonzada dije por señas al del cepillo que yo nunca había visto algo así. Entonces reaccionó ofreciéndome de inmediato una depilación de cejas.
Salí como loca de aquel lugar, emocionada con el hallazgo y llamé a M. entusiasmada. Sabes lo que he visto??? no te lo vas a creer!!!! le cuento con pelos y señales y me dice, pero tú no conoces esto? es la depilación oriental.
Taciturna subo a casa, dejo los garbanzos plof plof plof y me siento a buscar en google. Sin gran esfuerzo encuentro que semejante técnica no sólo no es del todo desconocida, sino que es la preferida de Madonna...cosas veredes...
Os digo una cosa, el mundo es mucho más divertido cuando una es una ignorante, ni color, vamos.
Sobre este blog
Llevo unos 14 años viviendo por el mundo, de la mano de un marido alemán que como veréis, amplió mis horizontes.
Dejé Bilbao para vivir y trabajar en Alemania, luego fue México y por último Egipto, El Cairo.
En la UPV estudié Ciencias de la Información y trabajé varios años en el sector de las Artes Gráficas, también en Alemania, donde además, continué con mis estudios de especialización y postgrado.
Cuando aterricé en esta increíble ciudad, se me abrieron los ojos de par en par y no me quedó más remedio que contarlo. Si queréis contactar conmigo podéis hacerlo en: cuadernosdecairo(arroba)gmail(punto)com
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Saray dijo
Yo también ignoraba la depilación oriental, vaya, vaya,....
Idoia dijo
Yo conocía la depilación con azúcar que también viene de oriente. Se prepara con azúcar y limón y creo que todavía se usa.
Mira que lo de meterse el hilo usado en la boca tiene delito...
Divertidísimo
Besitos
lari dijo
Me dejas alucinadaaaa, con la de pelo que me sobra, me voy a googlear...
Celia Ruiz dijo
Hola chicas,
veo que estabais tan perdidas como yo. En mi blog, hay algunas lectoras y lectores! que ya lo habían probado y cuentan la experiencia. Para la que quiera, entrar aquí: http://cuadernosdecairo.blogspot.com/
Abrazos!
Luisja dijo
Hola
M dijo
Hola Celia!
Soy M. Tengo mucho material cairota que proponerte, ja ja! Próxima aventura EL WEKELA! o la ruta de la seda ...
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