Cuadernos de El Cairo
Y de la noche a la mañana me vi expatriada en El Cairo, viviendo entre pirámides, gatos resabiados y turbantes blancos.
Esta semana, El Cairo ha cumplido con una de las tradiciones más importantes para el mundo musulmán, la celebración del Eid Al Adha, fiesta llena de ritual y simbolismo religioso que sigue en importancia al Ramadán y que consiste en el sacrificio de un carnero o una vaca en conmemoración del día en que el bueno de Abraham estuvo a punto de sacrificar a su propio hijo.
Aunque os resulte insólito, el lugar preferido para el ritual suele ser la calle, en las transitadas aceras, delante de comercios y viviendas. Para los más tímidos, la bañera de casa es una buena opción, me dicen. La repartición se hace así, un tercio de la carne se regala a los amigos, otro tercio a los más pobres y el último se reserva para el consumo familiar. El sacrificio, me cuenta Mansour, otorga además, el perdón de los pecados a los miembros masculinos de la familia.
Los días previos a la fiesta, anduve con cierta aprensión observando los preparativos que se hacían alegremente en la mayoría de los barrios. Los carniceros, ampliaban sus negocios sacando toldos que cubrían las aceras e iluminaban la calle, asegurándose de que su particular exposición no pasara desapercibida a nadie. Por encima de nuestras cabezas, colgaban los pobres animales que ya habían pasado a mejor vida, desollados, tatuados y listos para el despiece. Caminar en esos días por ciertas calles se convirtió en un juego de concentración para conseguir esquivar los traseros de los animales y no cabecear por distracción contra ellos.
Y así, en cada esquina, iba recopilando nuevas experiencias. En la puerta de uno de los restaurantes más chics de la ciudad, en plena avenida 26 de julio, unos vendedores habían improvisado un establo al aire libre y allí estaban los animales vivos, despeinados y con cara de susto, esperando al piadoso comprador que emularía con ellos al bíblico Abraham. Miré como sin querer ver, con los ojos entrecerrados y les vi ojos de martir. Conté las horas que les quedaban, pobres, pensé y ellos sin saberlo.
En mi barrio, también se veía el trajín. Una tarde, le pillé al bauab del edificio contiguo transportando a un carnero de tremenda ornamenta dentro del carrito del supermercado, ya sabéis, ese en el que normalmente llevamos el pan y la leche. Así, corrió serpenteando por la carretera con el asustado animal pegando brincos hasta que se perdió de mi vista. Otros, menos organizados intentaban arrastrar al bicho sin cuerda ni atadura alguna. Le agarraban de las patas delanteras y así a la brava pretendían hacerle andar. Puse el grito en el cielo y me tapé los ojos, cosa que sólo consiguió despertar la hilaridad de aquellos improvisados matarifes.
Y llegó el día en cuestión y como ya me habían prevenido de que durante las primeras horas, la mayoría de las aceras de El Cairo se convertirían en altares de sacrificio, decidí quedarme atrincherada en casa para esquivar el espectáculo que habría de convertirme en vegetariana para el resto de mis días.
A primerísimas horas de la mañana, cuando todavía me cobijaba el calor de la cama, me despertaron, como si de una inmensa colmena se tratara, millones de voces de El Cairo unidas en la misma plegaria, el balido de los corderos, las oraciones de los muhecines, los sonidos de cada casa, las voces de cada hombre, de cada mujer, de cada niño. Y toda esa fascinante música, unida a un inmenso y extraño silencio provocado por la total ausencia de coches.
Rondando el mediodía, cuando ya creí pasado el peligro, oí el estruendo de un chorro de agua a presión en el patio de nuestro edificio y con curiosidad insana, me asomé a ver qué pasaba. Y allí estaba el bueno de Mohamned, mi bauab, otra vez arremangado hasta el muslo y enseñando sus patitas con sus chancletas de goma. Me temí lo peor cuando le vi de esa guisa, poniendo orden y limpieza en el lugar donde se había dado matarile a algún pobre animal. De él sólo quedaba la despeluchada piel, blanca y negra que arrastraban entre dos hasta los contenedores de basura. El agua hacía el resto y mezclaba y diluía los fluidos en el asfalto.
Sobre este blog
Llevo unos 14 años viviendo por el mundo, de la mano de un marido alemán que como veréis, amplió mis horizontes.
Dejé Bilbao para vivir y trabajar en Alemania, luego fue México y por último Egipto, El Cairo.
En la UPV estudié Ciencias de la Información y trabajé varios años en el sector de las Artes Gráficas, también en Alemania, donde además, continué con mis estudios de especialización y postgrado.
Cuando aterricé en esta increíble ciudad, se me abrieron los ojos de par en par y no me quedó más remedio que contarlo. Si queréis contactar conmigo podéis hacerlo en: cuadernosdecairo(arroba)gmail(punto)com
Sígueme en Twitter. Lo que pasa en mi mundo y en el de otros.
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Enlaces
- BLOG ORIGINAL con todos los posts
- CUADERNOS DE EL CAIRO. Galería de fotos
- Dubai-Arabia Saudí. De como viajé entre peregrinos a La Meca.
- Esto no es ni el cantábrico ni una playa nudista
- Indumentaria de la mujer árabe, de abayas y picardías.
- Mercados de El Cairo. Khan El Khalili y aledaños.
- Muqattam, sonrisas a pesar de todo.
- Taxistas Cairotas
- Una mezquita sin nombre
- Una princesa saudita y otras mariposas.
Lo que cuentan otros
Archivos
Últimos Comentarios
- 8 comentarios noelia morgana Celia Ruiz Gautxori Rosse
El fútbol, una poderosa arma de "distracción" masiva
11 comentarios CELIA jarrillerorojiblanco gautxori rafael Gil Gonzalo Anasan- 20 comentarios Cantabrico Baraka18 Celia Ruiz Celia Ruiz morgana
Cuando el aire no sopla en Ramadán.
5 comentarios Cantabrico Cantabrico CELIA Rosse Anasan- 21 comentarios JOSE (UGDA) Celia Ruiz gautxori Mikel Celia Ruiz
Los Zabalines, cristianos coptos y la recogida de basuras.
7 comentarios Cantabrico Celia Ruiz Cantabrico Celia Ruiz jarrillerorojiblancoLos comerciantes de El Cairo y la percepción del tiempo.
28 comentarios Cantabrico gautxori Cantabrico Celia Ruiz Cantabrico- 14 comentarios Celia Ruiz Yolanda Celia Ruiz JAVIER Anasan
De Cairo a Amman. Una historia de avión.
2 comentarios Celia Ruiz RosseBlog del día. Yuuuuuupiiiiiiiiii
4 comentarios CELIA CELIA Anasan Rosse
PUBLICIDAD


3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
lari dijo
¡Hola Celia!
Curioso, eh...Pues no menos "impactante" debe de ser aquí la matanza antes de la txarriboda. No, si...muy distintos no somos.
Saludos desde Bilbao.
Celia Ruiz dijo
Lari, por suerte no he visto una txarriboda, pero imagínate que la hicieran en medio de todas y cada una de las calles y esquinas de Bilbao. Aquí no se matan un par de carneros, casi todas las familias con algún ahorrillo lo hacen y sólo en Cairo hay unos cuantos millones de habitantes...
A pesar de todo, me encantan los choricitos, ummmmm.
Saludos!!!
elvira dijo
Me encantan las historias del cairo... gracias por acercarnos a otra realidad...jejjeejej
Escribe tu comentario