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06 Feb 2009

Lo sabía. Cuando vi el avance del último capítulo de ‘Herederos’ (TVE 1) enseguida me di cuenta de que todo era una estratagema. La gran Carmen Orozco no podía morir, y al día siguiente le expliqué mi teoría a un amigo en el Facebook. La pista me la dio Teresa (el ama de llaves) cuando en pleno incendio, mientras el resto trataban de abrir la puerta del dormitorio en llamas, gritó algo así como “intentadlo desde la habitación del señor, hay una puerta que comunica los dos dormitorios”.


Entonces lo vi todo claro. Sentí un relámpago en mi cabeza y me llegó la inspiración (bueno, eso y que tengo más teleserie a mis espaldas que el fantasma de Aaron Spelling). Yo estaba convencido de que el cadáver que Carmen Orozco utilizaría para simular el suyo sería el de Mónica, su ayudante, a quien había ordenado matar. También es cierto que se tomaba no sé cuantas pastillas antes de dejar el cigarro encendido en la habitación, otra pista. Ésta se mete en el ataúd de la hermana, la entierran viva, pero dormida, y Bernardo la desentierra al día siguiente, me dije. Pero en vez de eso, a quien había mandado matar Carmen era a su hermana Isabel (interna en un hospital psiquiátrico, de esos para ricos, en el extranjero). Como se supone que la pobre ni siente ni padece, pues se la quitan del medio, primero Carmen pide permiso para salir de la cárcel y asistir al funeral, y después utilizan su cadáver para quemarlo en la habitación. Así si le hacen las pruebas de ADN dan positivo (es que también veo 'CSI').

De todas formas me pareció muy heavy el capítulo de marras. Fue lo más aburrido de toda la serie. Una especie de flashbacks absurdos y confusos recordaban el comienzo de la historia. A eso había que sumarle la lectura del testamento de la difunta. Un testamento en vídeo (porque para eso la Velasco es mucha Velasco y aun muerta nadie le roba planos en el último capítulo), más cómico que dramático, desde la cárcel, confiando su fortuna a sus dos hijos (Julia –hasta la mitad de la serie pensábamos que era su hermana pequeña y resultó ser su hija, fruto de una violación de su padre. Alucina, vecina- y Jacobo). Los otros herederos eran Nino, el hijo del capataz y el ama de llaves, viudo de la hija de Carmen, y Bernardo, el marido de Julia. Todo a partes iguales.

Sorpresas a parte, los guionistas se estrujaron la cabeza “a saco paco”. Carmen dejaba como administrador de su fortuna y sus fincas a su enemigo de siempre, Bernardo (osea, el Richard Chaning de este ‘Falcon Crest’ donde Conchita imita con gran acierto a la magnífica Angela). Éso y el parto de la nueva novia de Nino, sí hombre, Lorena, la ex del hermano de Cecilia (la eterna amante de Jacobo, el hijo de Carmen y hermano de Vero, la primera mujer de Nino) ¿A que ya va tomando cuerpo de soap opera? Pues no.

Porque para estar a la altura de un buen culebrón de amor, poder y lujo, ‘Herederos’ hubiese tenido que durar por lo menos diez temporadas. Y en lugar de eso sólo se han grabado dos (aunque el final queda abierto, luego lo veremos). La vida es irónica. Resulta que ‘Los Serrano’ o ‘Médico de familia’ sí han tenido 10 temporadas, y se parecen a 'Falcon Crest' lo que yo al negro de 'El Equipo A'. Vamos, Bonilla es clavadito a Lorenzo Lamas, ‘el rey de las camas’ (mierda, ya no sé decir el nombre del actor sin añadir el latiguillo del slogan).

Lo que os contaba: el capítulo flojo, el testamento cantado, el parto asistido en casa (como en las mejores teleseries... allí sólo faltaba ‘La Doctora Quinn’) y el fantasma de Carmen Orozco vagando por la mansión y despidiéndose uno a uno de todos los allí presentes (¿Soy el único que piensa que aquello parecía más un capítulo de ‘Cuarto Milenio’ que de ‘Herederos’?) me parecieron horripilantes. Bien hilada la trama de la falsa muerte, pero nada más. Y encima, en los últimos segundos, cuando Carmen va a desaparecer del mapa en un helicóptero (supongo que para irse a las Islas Sándwich con Marilyn, Elvis, Carmen Ordóñez y Jesús Gil) y vivir en el exilio con una nueva identidad, le dice a Bernardo por teléfono que nombrarle administrador de la fortuna Orozco tiene un precio: Preparar su reaparición ¿Estamos locos? ¡Si todos la creen muerta! Sus hijos... pobres. Menudo palo saber que todo era una farsa (o un sueño...). Richard Channing también se hacía el muerto en la 6ª temporada y Maggie (Susan Sullivan) no se lo perdonaba después. Con lo culpable que se sentía Jacobo por mandar a su madre a la cárcel... Después de descubrirse en el futuro que su muerte era más falsa que los morros de Bárbara Rey, ¿le dará una fiesta de bienvenida?

Qué lastima, con lo bien hecha que estaba la serie y se la cargan en el último capítulo, lo mismito que ‘Los Serrano’ (y Dios sabe que no soy fan de Antonio Resines y toda su tropa). Series canceladas en la cumbre, guionistas estupendos que se vuelven mediocres, debe ser cierto eso de que se puede morir de éxito. En recuerdo al buen trabajo de los guionistas de 'Herederos' durante el transcurso de la serie va este "las mejores frases de Carmen Orzoco":

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14 Ene 2009

Nunca pensé que viviría para ver a Will Smith rapeando “el torito bravo” de El Fary. Y sin embargo todos tuvimos la ocasión de verlo hace una par de noches en ‘El Hormiguero’ de Cuatro. Grande Pablo Motos.

Pero más grande aún es Will Smith. El prolífico actor (y uno de los más taquilleros, además) hizo gala de su buen humor y su naturalidad ante las cámaras de Cuatro. Pero el chaval ya apuntaba maneras (odio esta expresión, creedme, la detesto, pero es que sale sola), vamos, que se veía venir.

Aunque su primer éxito no fue ‘Men in Black’ o ‘Wild Wild West’, sino una sitcom de la NBC que veía la luz en 1990, aunque nosotros no pudimos verla en Antena 3 hasta (y cuidado que rima...) 1993. Se titulaba ‘El Príncipe de Bel Air’ y en ella el joven Will revolucionaba a toda su estirada familia. El argumento no era nada del otro mundo, harta de las fechorías de su hijo, la madre del protagonista lo enviaba a pasar una larga temporada con sus tíos y primos de la jet para ver si rodeado de lujos lograba enderezarse. Pero con Will pasaba lo mismo que con las manzanas del cesto: cuando hay una podrida, poco a poco se van estropeando las demás.

Así que Will llegaba a Bel Air (en un taxi que olía a cuadra) y lejos de aprender una educación, labrarse un porvenir y codearse con lo más granado de la sociedad, arrastraba en sus travesuras a sus primos, al mayordomo y a su mejor amigo, Jazz.

Los primos eran lo mejor. Karyn Parsons era Hilary, la mayor, una niñata que no era más pija porque no sudaba Chanel nº 5. Carlton, el mediano, interpretado por Alfonso Ribeiro, reunía las las tres i: ingenuo, insulso e imbécil, lo que le convertía siempre en blanco de las burlas de su primo. Por último estaba la dulce Ashley (Tatiana M. Ali), que de mayor se ha convertido en una explosiva cantante... Aunque en la 3ª temporada los tíos de Will, Vivian y Phillip tenían un 4º hijo, Nicky.

La serie enseguida se hizo un hueco en la parrilla de la privada, aunque terminó pasando como con el culo de Amor (Gran Hermano 9), que lo poco gusta y lo mucho cansa, y Antena 3 repitió los capítulos de ‘El Príncipe de Bel Air’ tanto o más que los de ‘Cosas de casa’, ‘El Equipo A’ y ‘El coche fantástico’.

Pero a los fans nos daba igual, era comenzar a oír los acordes de “Al oeste de Filadelfia vivía y crecía sin hacer mucho caso de la policía...” y sentarnos en el sofá (o en la mesa, que siempre la programaban a la hora de comer) dispuestos a reir a mandíbula abierta.

Bueno, me estoy acordando de mi momento favorito, cuando en la 4ª temporada cambiaban a la tía Vivian (la interpretaron dos actrices diferentes), pero claro, la mansión también cambiaba a lo largo de la serie y de pronto las escaleras aparecían dentro o fuera del salón, la cocina era inmensa y tenía cristaleras que comunicaban con el jardín, o minúscula y con una puerta con visillos que daba al patio de atrás. Lo sorprendente era que Jazz (el amigo de Will, un Luisma como otro cualquiera), se daba cuenta del cambio de actrices en el papel de Vivian y hacía un chiste al respecto, algo tipo “cómo ha cambiado la tía Vivian desde el año pasado”...

Y qué me decís de aquel mayordomo al que Will conseguía engañar con un falso sorteo de la lotería grabado en vídeo. El pobre Geoffrey, al creerse millonario se despedía después de haberse explayado a gusto con sus jefes para más tarde disculparse y regresar a su sumiso trabajo al descubrir que todo había sido un engaño.

Pero el top hits de momentazos de ‘El Príncipe de Bel Air’ no era ningún chiste de Will ni la aparición de Tyra Banks, sino los pasos de baile que se marcaba Carlton (cara cartón) a ritmo de Tom Jones. Inconfundible. Eran buenos tiempos.

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