Por Pacho Igartua
04 May 2008
Las fiestas de cumpleaños no suelen ser un gran problema, pero se complican un poco más cuando se celebran por partida doble. Y es que los gemelos, Carlos y Eva, nacieron con siete minutos de diferencia un 4 de mayo de hace ocho años. Durante los tres últimos meses hemos respondido varias veces al día, casi siempre con un resoplido de inmensa paciencia, a la misma pregunta: ¿Cuánto falta para nuestro cumpleaños? Las últimas semanas han ido enterándose de este acontecimiento el panadero, la frutera, el kioskero, todos y cada uno de los vecinos, hasta el ciego que vende el cupón en la esquina, que tiene un labrador íntimo amigo de nuestra perra.
La particularidad de este octavo cumpleaños es que cae en domingo y en un largo puente con buen tiempo en casi toda la península, que nos ha obligado a retocar un poco los planes. Además, Eva tiene sus amigas y Carlos tiene sus amigos. Las ‘chuches’ para toda la clase del colegio se repartirán mañana, lunes, pero las celebraciones con los ‘amigos’ hay que hacerlas por separado y en días distintos para que no se desquicien las neuronas. ¿Complicado? No, el año que viene será peor.
Cuando empieza a hacer buen tiempo solemos pasar los fines de semana en una casa de campo que mis suegros tienen en un pueblo cercano a Vitoria, prácticamente a los pies del Gorbea, donde el frío vive a cuerpo de rey. Hoy nos juntaremos unos cuantos mayores y una pila de niños, que serán los que verdaderamente disfruten de la fiesta. Los gemelos recibirán un montón de regalos. No diré cuáles han sido los nuestros, pero, aunque sé que les van a encantar, no estoy seguro de haber acertado.
Aunque no podemos olvidar que aún quedan los festejos con los amigos o amigas, mañana será otro día. No será tan especial, pero si más valioso porque sabrán un poco más de la vida que ayer y, además, será el principio de la cuenta atrás para la vacaciones de verano, la Navidad o el próximo cumpleaños.
06 Ene 2008
Cuando yo era pequeño el Baltasar de la Cabalgata de Reyes era Armando, mi profesor de gimnasia, un tipo alto y delgado que se pintaba la cara de negro para parecerse al “monarca” africano. Hoy en día Baltasar es un hombre de color llamado Vicente, al que todos hemos podido oirle cantar en el Casco Viejo con esa voz de negro que utilizaba como nadie Louis Armstrong. Yo era y sigo siendo de los Reyes Magos y, en especial, de Melchor. No sé la razón, pero Gaspar me caía mal y el negro era mi profesor de gimnasia.
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Pacho IgartuaBlog de carácter intimista en el que se describen situaciones más o menos cotidianas y en el que se abordan las cosas del día a día, desde el punto de vista de un periodista.
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