Lo mejor de Limerick es, probablemente, su universidad, y todo el barrio que la rodea, que es de lo más agradable de la ciudad. Es una universidad muy nueva, que destaca sobre todo en temas de informática, ingeniería, etc. Aquí van unas cuantas fotos del campus.
Estas son las banderas que marcan la entrada a la universidad:
Este es el Sports Arena, con piscina olímpica de 50 metros y todo:
Plassey House, el edificio con más solera de la universidad:

Y estas son unas fotos de las campas que rodean estos edificios.


Este es el mapa del centro de Limerick, que puede verse al lado de la Oficina de Atención Turística.
Y esto es Limerick en Google Maps.
En el primer mapa puede verse cómo el centro está dividido en dos zonas: arriba a la derecha, lo que se conocía como "ciudad inglesa", formado por la "Isla del Rey" (King's Island), donde se encuentran el Castillo del Rey Juan o la Catedral de St. Mary. Y el resto, en un color más claro, lo que se llamaba "ciudad irlandesa", que es el centro del actual Limerick.
En la parte nueva se puede ver la calle O'Connell, que es la más larga, marcada en amarillo claro. Esta calle es el verdadero centro de todo: visitar Limerick, en su parte moderna, es recorrer O'Connell arriba y abajo una y otra vez, y subir y bajar por sus transversales. La parte conflictiva de la ciudad no sé por dónde queda, aunque por cosas que me han contado creo que está hacia el norte del mapa.
La Universidad está bastante lejos del centro, así que no sale en el mapa, pero si se amplía la imagen, a la derecha, arriba, justo al comienzo de la Isla del Rey, se puede ver la N-7, que es la carretera de Dublín, y también la que lleva a Castletroy, el barrio universitario.
Viniendo a la universidad esta mañana, hacia las 9:30 a.m., me he cruzado con dos estudiantes tambaleantes con una botella de cerveza en la mano.
La pregunta inevitable es: ¿ya borrachos, o todavía borrachos?
¡Ah, la despreocupada vida del estudiante!
La zona de Dock Road (algo así como la "carretera del muelle") está al fondo de Limerick, según se va hacia Shannon, siguiendo el río. Para llegar a ella hay que coger O'Connell Street hasta que se convierte en O'Connell Avenue, y luego girar a la izquierda, o bien coger Henry Street casi hasta el final, hasta el hotel Clarion (que es el edificio alto que sale en la foto de la derecha), y luego girar hacia el río.
Principalmente, hay tres razones para ir a Dock Road, que es bastante fea y desagradable:
-El Dolan's, un bar famoso por sus conciertos en directo y donde ponen buena comida
-Renée Cusack, la mejor pescadería de Limerick
-El almacén de Correos, adonde mandan los paquetes cuando te los han intentado entregar y no estás en casa.
La zona de Dock Road no ha entrado todavía en las remodelaciones estéticas de otras zonas del río de Limerick, y sigue teniendo su aspecto industrial, cochambroso, semiabandonado -como tantas zonas de Bilbao hace no más de diez años, por cierto-. Ahí pueden verse montones de chatarra, almacenes industriales, depósitos que parecen de aduanas, gasolineras... El contraste entre este paisaje y el que Limerick intenta mostrar (por ejemplo, con los nuevos hoteles a los dos lados del Shannon) es evidente.
Pero como decía antes: si Bilbao ha conseguido lavarse la cara en quince años de remodelación urbana, ¿por qué no lo va a conseguir Limerick?
Pues sí, como era bastante inevitable, me he leído Angela's Ashes (Las cenizas de Ángela), de Frank McCourt, que como la mayoría sabréis transcurre en Limerick. De hecho, Frank McCourt, aunque ahora vive en Nueva York, es algo así como la celebridad local (lo que James Joyce es a Dublín o Kafka a Praga... salvando las distancias), de forma que la Oficina de Información y turismo ofrece rutas al "Limerick de Frank McCourt".
En cuanto a Las cenizas de Ángela, no sé cómo es la película, pero el libro está bastante bien. A pesar del tema, que es terrible -ya sabéis, niños pobres, hambre, enfermedades, alcoholismo... ¡yuhú!- el estilo es bastante ligero, al estar escrito desde el punto de vista del propio autor cuando era un niño y no se enteraba de la misa la media. A medio camino, el libro se hace un poco pesado, porque la historia casi no avanza y uno se cansa de tanta hambre y tanto niño muerto (y no es una frase hecha), pero vuelve a animarse hacia el final, cuando el niño ya no es tan niño.
En fin, no diría yo que es una lectura ligera y veraniega, ni una obra maestra de la narrativa actual, pero si alguien tiene ganas de algo bastante bien escrito, y con sus momentos de humor a pesar de todo, para conocer el Limerick de los años 30 y 40 -que viene a ser como el Sestao de Irlanda-, pues ya sabéis dónde mirar. Ah, y para el que se anime a leerlo en inglés, una vez que te acostumbras a los vulgarismos del habla de los personajes, se entiende bastante bien.
Nota: McCourt acaba de publicar la ¡¡¡cuarta!!! parte de la serie: tras Las cenizas..., Lo es y El profesor, ahora llega Angela and the Baby Jesus (que supongo que en español será Ángela y el Niño Jesús), en este caso un cuento infantil ilustrado.
El Burren es una zona kárstica del Condado de Clare, al norte de Limerick. Es un paisaje pedregoso, con muy poca vegetación, muy especial. Desde Limerick (o desde Ennis) se pueden encargar excursiones que te llevan a través del Burren, hasta los espectaculares Acantilados de Moher.
Realmente resulta difícil de entender cómo una ciudad de 40.000 habitantes como Limerick puede tener los monumentales atascos que tiene. En las horas punta -de 8 a 10 de la mañana y de 4 a 6 de la tarde, aprox.- es prácticamente imposible entrar o salir del centro de la ciudad. El viernes pasado, cuando iba hacia el aeropuerto, tardé más de una hora en hacer un trayecto que, sin tráfico, no dura más de 15 minutos.
Lo peor son las rotondas. Yo siempre había pensado que las rotondas eran un modo de agilizar el tráfico, y que eran mucho mejor que los semáforos. Por eso en Reino Unido y aquí las usan constantemente, y también en España, si no me equivoco, están proliferando últimamente. Pero después de vivir en Limerick, me lo estoy replanteando: en cuanto hay algo de tráfico se empiezan a formar colas en todas las direcciones, y la fluidez de la circulación depende de la buena o la mala voluntad de los conductores. Algo así como la ley de la jungla: si eres "legal" y dejas pasar a los que ya están dentro de la rotonda, nunca llegarás a casa, y encima te ganarás una buena pitada de los coches de atrás.
Supongo que hay varias explicaciones para estos atascos: en primer lugar, las carreteras irlandesas son terribles, y están terriblemente mal diseñadas. Sólo hay dos entradas a Limerick, no hay rondas o circunvalaciones y la carretera principal, como en España en los viejos tiempos, pasa por el centro mismo de la ciudad. Además, aquí todo el mundo tiene un coche, incluidos los estudiantes de la universidad, y todo el mundo lo usa todo el tiempo, entre otras cosas porque el transporte público es bastante desastroso.
Vista la situación, sólo quedan dos soluciones: habituarse a estar encerrado en el autobús durante un buen rato si lo coges en la hora punta, o, siempre que se pueda, evitar la hora punta, adelantando o retrasando los planes. Pero eso no siempre es posible. Por eso, en mi mochila, además del paraguas, siempre llevo un buen libro. Porque nunca sabes cuándo te vas a ver atrapado en una rotonda.
Cuando vamos a comer al restaurante de la Universidad -tres o cuatro veces por semana- no sabemos exactamente qué vamos a comer. Lo que sí sabemos, y nunca falla, es que nos vamos a llevar nuestra ración de patata. No hay comida irlandesa sin patatas. Hoy mismo hemos comido Diego y yo en un restaurante (supuestamente) texano del centro, y alrededor de nuestros platos había tres tipos de patatas distintas: cocidas, fritas y en puré. Aunque Irlanda ya no es el país agrícola y misérrimo que solía ser, la patata es una parte fundamental de su gastronomía, y también de su historia. Así que vamos a hablar algo de historia.
La patata llegó de América a Irlanda, como al resto de Europa, en el siglo XVI, y en el siglo XVII ya se había convertido en uno de sus productos básicos, casi el único. La gran mayoría de los campesinos irlandeses -católicos- poseían sólo una minúscula porción de tierra, por la que pagaban rentas a los terratenientes -normalmente, ingleses y protestantes-, de forma que la patata era -o eso creían ellos- el único producto lo suficientemente nutritivo para , cultivado en esos mini-minifundios, sostener a toda una familia.
Ya en el siglo XVIII, la alimentación de gran parte de la población de Irlanda dependía casi por completo de la cosecha de patatas. De hecho, las hambrunas eran frecuentes: entre 1800 y 1846 se perdieron dieciséis cosechas completas de patatas en diversas zonas de Irlanda. Pero lo peor llegó en 1846, cuando toda la producción de patata de Irlanda se perdió por la infección de un hongo traído de América, el tizón tardío; y la plaga se reprodujo de nuevo en 1848, cuando parecía erradicado. Los irlandeses, privados de su alimento principal, con un número altísimo de desempleados, sin apenas industria y con un sistema económico que todavía se basaba en el trueque, sufrieron cinco años seguidos de escasez, en lo que se conoce como la "Gran Hambruna" o, en inglés, Irish potato famine.
Las consecuencias económicas, sociales y demográficas de la crisis fueron enormes para Irlanda. Se calcula que murió aproximadamente un millón de personas, algunas de hambre, otras de enfermedades provocadas por la debilidad y el frío -ya que muchos campesinos fueron además expulsados de sus casas por no poder pagar las rentas-. Otro millón más de irlandeses emigró, a Gran Bretaña o a Estados Unidos, sobre todo a Nueva York. La población de Irlanda en 1841 era de 8 millones; en 1851, cuando las estimaciones apuntaban a que alcanzaría los 9 millones, se había reducido a 6.500.000.
La Gran Hambruna también provocó que se acentuara aún más el rechazo al dominio inglés: el gobierno de Londres hizo bastante poco, y mal, para paliar los efectos de la crisis -porque no pudo, no supo o, según ciertos historiadores, porque no quiso-; además, barcos cargados de comida, principalmente cereales, siguieron saliendo de Irlanda con dirección a Gran Bretaña, sin que se decretase su bloqueo, como se había hecho en algunas hambrunas anteriores. Por último, algunas congregaciones religiosas protestantes, como la Sociedad Religiosa de los Amigos (los conocidos como "cuáqueros") ofrecían sopa y comida a los hambrientos, pero sólo a cambio de que asistieran a sus iglesias y escuelas, es decir, a cambio de renegar a sus creencias religiosas (costumbre que, por lo que parece, continuó durante el siglo XX, porque aparece en Las cenizas de Ángela).
La Gran Hambruna de la patata cambió la historia de Irlanda en muchos sentidos. Aparte de las consecuencias inmediatas, destruyó la estructura económica, social y demográfica de país, impulsó la diáspora irlandesa y alentó los deseos de emancipación de Inglaterra. En la memoria colectiva del país, su huella es similar a la dejada por un genocidio; incluso hay quien considera que de hecho fue un genocidio.
El declive de la población de Irlanda continuó hasta bien entrado el siglo XX: hacia 1960 tenía unos 4 millones de habitantes, la mitad que en 1841. Sólo comenzó a recuperarse gracias a una industrialización realmente tardía, y a la implantación de empresas tecnológicas. En la actualidad, obviamente, Irlanda es una sociedad industrializada, y la patata no es ya el elemento básico de su economía; pero sí de su gastronomía.
Para saber más
*Wikipedia: The Great Hunger
*The Irish Famine (Univerity of Maryland)
*Irish Potato Famine en The History Place
*La Hambruna Irlandesa en MSN Encarta
Nota: La imagen del memorial a la Gran Hambruna en Dublín está tomada de Wikimedia Commons, y su autor la liberó para el dominio público. La imagen de la familia desahuciada por su casero también está en el dominio público, porque han pasado más de 70 años desde la muerte de su autor.
Todos los sábados, en el centro de Limerick se celebra un mercado al aire libre, el "Milk Market", bastante parecido al rastro de Madrid, por ejemplo, pero en versión reducida, irlandesa y rural. Aquí tenéis un par de imágenes del simpático evento:
La verdad es que es una cosa curiosa: lo mismo puedes encontrar dulces, pescado, frutas y verduras, que zapatos, lámparas, herramientas... Eso sí, nada que ver con el English Market de Cork, un mercado con todas las de la ley donde se puede comprar todo tipo de carne, pescado, huevos, leche, queso, todo de calidad y bajo techo, que en un país como Irlanda es un detalle. En Limerick, tenemos que conformarnos con el Milk Market, y con una Feria Francesa que tambien está bastante bien pero que, alas, solo viene a la ciudad un día al año.
En fin, yo, que soy muy débil con mis debilidades, este sábado acabé comprándome un buen trozo de queso local de nombre impronunciable, con hierbas aromáticas y sabor algo picante, y un chorizo fabricado en Vitoria (???) para cuando me prepare unas alubias.
Aunque sea una ciudad relativamente pequeña y alejada de Dublín, la historia de Limerick tiene bastante que ver con la historia general de Irlanda. Para empezar, el centro de Limerick está dividido en dos zonas: la zona católica o irlandesa, y la protestante o inglesa, cada una con su propia catedral. La parte más grande, y el centro del actual Limerick es la parte irlandesa, con O'Connell Street, que es la calle de tiendas, en el medio; pero la zona histórica, donde está el castillo, por ejemplo, es la parte inglesa.
Esta división, claro, tiene orígenes históricos: los primeros pobladores de Limerick fueron al parecer los vikingos (que se instalaron alrededor del siglo IX), a los que luego se añadieron los normandos (siglo XII). Fueron ellos, claro, los que construyeron los principales edificios de la "zona inglesa": el Castillo del Rey Juan (que no es otro que el conocido "Juan sin Tierra") por ejemplo es de 1200 -aprox.-, y la Catedral de Santa María, actualmente anglicana, de 1168.
Desde entonces, Limerick ha sido objeto de varios asedios por parte de las tropas inglesas, los más importantes en el siglo XVII (1642, 1650-1 y 1690-1). Al final del último de estos asedios se firmó -sobre la Piedra del Tratado, que es la que aparece a la derecha- el Tratado de Limerick, por el que los británicos se comprometían a respetar las propiedades de los Jacobitas católicos irlandeses, con la condición de que jurasen fidelidad al rey Guillermo III de Inglaterra. Lo cierto es que el Tratado no se respetó durante mucho tiempo, sobre todo porque el Parlamento inglés se opuso, y ya en 1695 se dictaron leyes muy duras contra los católicos.
En los siglos siguientes, Limerick siguió un camino similar al resto de Irlanda: cierta prosperidad durante el siglo XVIII, pobreza, hambre y emigración durante el siglo XIX y gran parte del XX, hasta la recuperación reciente gracias al fenómeno conocido como Tigre Celta (del que ya hablaré en algún otro post.
Sobre este blog
Me llamo Santi Pérez Isasi, y desde hace unos meses trabajo como Teaching Assistant de español en la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este blog habla de Irlanda, de Bilbao (en la distancia) y de todo lo que hay en medio: aviones, teléfonos, internet, libros... En fin, de lo que se me vaya ocurriendo.
Este blog, tanto sus textos como sus fotografías, se publica bajo una licencia Creative Commons by-nc-sa.
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