Este domingo, viendo que se nos acaba el curso, decidimos irnos a ver un partido de hurling a Thurles, un pueblo de Tipperary que está a una hora en tren. Concretamente, era la semifinal de Munster del All-Ireland Championship, o sea que el partido tenía su importancia. El hurling, para el que no lo recuerde, es ese deporte que se juega con un palo que es algo intermedio entre un palo de hockey y una pala de pelota vasca, y en el que hay dos tipos de goles: por encima de la portería, que vale 1 punto, y dentro de la portería, que vale 3 puntos.
El partido resultó entretenido (Limerick iba perdiendo 3-9 al descanso y acabó empatando a 11, así que habrá partido de "desempate" el sábado que viene), pero para un espectador ocasional como nosotros resulta un deporte bastante caótico, y bastante violento. Es raro ver una jugada ordenada con un par de pases y un tiro a puerta, todo tiene pinta de ser aleatorio: tú golpeas la pelota hacia el campo contrario, confiando en que por allá haya algún compañero tuyo, y el que la coja que se arregle. Seguro que no es así, pero es la impresión que da.
En fin, aquí van algunas fotos del evento.
Gracias a un compañero de la sección de español me he enterado de una curiosa historia referente a Limerick y su equipo de fútbol. Resulta que, hace ya casi treinta años (mucho antes de que Munster ganase su primera Heineken Cup), el Limerick Utd. vivió su día de gloria cuando le tocó enfrentarse al Real Madrid en los dieciseisavos de final de la Copa de Europa, tras haberse proclamado campeones de la liga irlandesa el año anterior.
Toda la historia está llena de anécdotas. Para empezar, los directivos del Limerick pensaron que sería buena idea trasladar el partido de ida del pequeño Markets Field de Limerick al de Lansdowne Road de Dublín, con capacidad para más de 40.000 personas. Se intentaba así aumentar la recaudación, y evitar una invasión de campo por parte de los aficionados. En realidad, el tiro les salió por la culata, porque la gente de Limerick apenas se animó a viajar, y apenas hubo unas 6.500 personas viendo el partido. Además, el Real Madrid protestó porque no pudo entrenar en Dublín antes del partido (la crónica previa de aquel día de El País es muy agresiva, y hasta insultante, hacia el equipo irlandés, y define a Limerick como una "pequeña ciudad de pescadores", lo que demuestra que no tenía ni idea de lo que hablaba).
En lo deportivo, el partido de ida pudo ser aún más histórico para el Limerick United, que nunca había ganado un partido en competición europea (sigue sin hacerlo). De hecho, el Limerick se adelantó ante el equipo dirigido por Boskov, y en el que jugaba gente como Juanito, Del Bosque, Santillana o Stielike, con un gol de Des Kennedy, aunque el Madrid terminó remontando con goles de Juanito y Pineda -el primero de ellos, por lo que se puede leer por ahí, de penalty injusto-.
La vuelta fue una historia completamente distinta: en un Bernabeu medio lleno (60.000 personas), el Real Madrid se impuso por 5-1 en un partido aburrido y desnivelado. El gol del Limerick Utd. lo marcó otra vez Des Kennedy, con lo que se convirtió en el autor de la mitad de los goles que recibiría el Real Madrid en toda aquella Copa de Europa (cuatro en total, aunque uno de ellos sirvió para que el Liverpool les derrotara en la final), y en la única persona de Limerick que alguna vez marcó un gol en el Bernabeu en partido oficial.
Casi treinta años después, Des Kennedy dirige hoy un taller de reparaciones de coches muy cerca del antiguo campo de fútbol (hoy, estadio de carreras de galgos), y el Limerick Utd., refundado como Limerick 37, juega sin pena ni gloria en la First Division (la segunda división irlandesa). Pero todavía hay gente, en The Gate Bar, por ejemplo, que recuerda aquellas noches de septiembre y octubre de 1980, en que el Limerick estuvo entre los grandes de Europa, aunque fuera por unas horas.
Casi se me olvida que todavía no había subido las fotos del ambientazo el día de la Final de Copa. Ahora ya se han quedado un poco viejas, pero las pongo en cualquier caso...
Ya estoy de vuelta en casa después de la Final de Copa, destruido de cansancio pero orgulloso. Desde luego, la demostración de fidelidad que hemos dado en Valencia estos días es para estarlo. En el campo, había muchísima más gente del Athletic que del Barça; por las calles ya ni te cuento. El martes cuando llegué me fui con Pablo (el amigo que me acogió en su casa) a dar una vuelta por el centro, y sólo se veían camisetas del Athletic. Como Atila y los hunos, allá por donde pasábamos se acababa la cerveza. Hasta la hora del cierre, los pocos bares que tuvieron el olfato comercial de abrir un martes por la noche se llenaron de bilbaínos socarrones y cantarines.
Y el miércoles, más de lo mismo. Todo el centro de Valencia, y no sólo la carpa del equipo, eran "Ciudad Bilbao". A los cánticos de rigor ("Toquero lehendakari", "Del Nido cómeme el rabo" o "Beti zurekin") se unieron algunos especialmente dedicados para la ocasión, como "Gora Catalunya, Visca Euskadi" o "Uno del Barça, he visto uno del Barça". Y en la carpa, impresionante. Como dice Dougal (véase la entrada anterior) "no soy bueno calculando el tamaño de las multitudes, pero ahí debía de haber 27 millones de personas".
Lo peor de estos últimos tres días (peor que perder el partido, que, reconozcámoslo, bilbaínos, entraba dentro de lo probable) han sido los dos viajes, el de ida y el de vuelta, larguísimos, interminables, llenos de contratiempos. A la ida, salí de casa en Limerick a las 7 de la mañana y llegué a Valencia a las 12 de la noche; en medio, tres horas absurdas de espera en Alicante, porque entre las 18.30 y las 21.30 no había ningún autobús. Y a la vuelta, la traca final: el avión de Alicante a Dublín salió con hora y media de retraso, lo que me hizo perder el último autobús a Limerick, así que me tocó quedarme a dormir en Dublín. Desde que salí de casa de Pablo en Valencia hasta que he llegado a mi casa esta mañana, 24 horas de viaje.
Así que ahora no tengo ni fuerzas para ponerme a subir las fotos. Otro día será...
Al final, la tarde del sábado fue una decepción en muchos aspectos, aunque no en todos. Efectivamente, como se anunciaba, el Munster-Leinster se convirtió en el partido de rugby entre clubs con más espectadores (82.208 personas abarrotaron Croke Park, con ligera mayoría del rojo de Munster sobre el azul de Leinster, o esa impresión daba en la televisión. Así que en ese apartado, todo un triunfo del rugby irlandés, que sigue creciendo.
Pero luego... Para empezar, en Limerick no pusieron la pantalla gigante en O'Connell Street, como nos habían dicho, sino enfrente del ayuntamiento; y con buen criterio además, porque la afluencia fue mucho menor de lo que se esperaba, ni siquiera estaba muy lleno aquello. Se ve que hubo muchos Limerickenses que decidieron irse a Dublín a ver el partido, ya fuera en el campo o en los bares.
Y el partido, pues un desastre para Munster, al que le salió todo mal: O'Gara falló en patadas a banda que normalmente clava como una máquina; la delantera, sorprendentemente, no consiguió imponerse, y las pocas veces que Mafi o Keath lograron romper la línea de Leinster, faltó el golpe definitivo que convirtiera el avance en puntos. Así, varios ataques prometedores -las famosas largas avalanchas de Muster- se convertían en balones perdidos, una y otra vez. Y encima, ya con Munster volcado, uno de esos balones perdidos lo cogió O'Driscoll, un espectáculo con Leinster como con Irlanda, para hacer el tercer y definitivo ensayo de su equipo. Al final, un resultado que lo dice todo: Munster 6 - 25 Leinster.
Afortunadamente, la tarde mejoró luego con el 2-6 del Barça al Madrid y con una noche de cervezas y música en directo con los amigos...
Este sábado que viene va a tener lugar en Croke Park (Dublín) el que se anuncia como el mayor partido de rugby de la historia a nivel de clubs: el récord actual de asistencia a un partido de rugby de clubs es de 81.600 personas, en una final de la Guinness Premiership. Croke Park tiene capacidad para 82.000 personas, y se espera un lleno absoluto, porque se enfrentan nada menos que Munster y Leinster, los dos mejores equipos de Irlanda en una semifinal de la Heineken Cup -la "Champions" del rugby- en el año en que Irlanda ha conseguido el Seis Naciones, el Grand Slam y una mayoría importante en la convocatoria de los British and Irish Lions.
La expectación para este partido es enorme -me recuerda a lo que ha pasado en Bilbao con la final de Copa-: el mismo día de los cuartos de final salieron a la venta 5000 entradas en internet, y duraron aproximadamente media hora. El resto de las entradas que correspondían a Munster se han repartido, como se suele hacer aquí, entre los abonados y los miembros de clubs de rugby de la región, o sea que no han salido a la venta al público. Vamos, que ha sido imposible conseguir una.
Así que para este sábado se anuncia una buena fiesta en Limerick, con pantalla gigante en O'Connell Street incluida (como el año pasado para la final). Además, coincide que este fin de semana es el Limerick Riverfest 2009, un mini-festival con mercado, actuaciones y actividades al aire libre que se celebra todos los años por estas fechas, así que si el tiempo ayuda, puedeser un día completo...
Bueno, pues ya tengo mis vuelos para Valencia para el día 13 de mayo. No tengo entrada, pero por lo menos estaré allí, donde está la noticia...
¿Con cuántos de vosotros coincidiré celebrando el triunfo del Athletic?
La canción "The fields of Athenry", aunque se compuso hace sólo cuarenta años, se ha convertido en todo un himno popular irlandés, asociado sobre todo a acontecimientos deportivos (de la selección de Irlanda de rugby o del Munster, por ejemplo), pero que también puede oírse en los pubs por la noche en versión rockera. Es una canción bonita, pero triste, muy al estilo irlandés.
La letra habla de la Gran Hambruna de la patata del siglo XIX, y en concreto de un campesino de Athenry (en el Condado de Galway) al que condenan al destierro en Australia -"Botany Bay", bahía cercana a Sydney, en la canción- por robar el maíz de "Trevelyan" -Sir Charles Trevelyan, el encargado de administrar las ayudas británicas a Irlanda durante la gran hambruna, al que se acusa de haber agravado más que aliviado los problemas de los irlandeses-.
Aquí os dejo dos versiones: una más melódica, cantada por el grupo de folk The Dubliners, y otra más rockera, de los Dropkick Murphys.
Épico. Histórico. 61 años desde que Irlanda ganó su último Grand Slam. El partido decisivo, en el mítico Millenium Stadium de Cardiff. A falta de cinco minutos, Irlanda gana por dos puntos. Gales emboca un drop goal y pasa a ganar por un punto. A falta de dos minutos, O'Gara se juega otro drop goal y lo anota también: Irlanda se vuelve a poner por delante cuando quedan apenas 120 segundos de partido. Entonces, a falta de unos pocos segundos para el final, un jugador irlandés comete un penalty absurdo por entrar en el ruck claramente desde el costado en vez de desde atrás. Patada a palos para Gales desde 48 metros. Si Steven Jones lo convierte, Gales gana el partido, e Irlanda sufre una nueva decepción: Seis Naciones, sí, pero no Grand Slam. Y entonces pasa esto:
Los galeses con los que vimos el partido se lamentaban de que esa última patada no la hubiera pegado Henson, más fuerte que Jones; pero lo cierto es que habría sido injusto para Irlanda, y para los O'Driscoll, O'Connell y O'Gara que se les escapase el Grand Slam en el último suspiro. Habría sido demasiado cruel.
Antes, había habido un partido tenso, dominado territorial y tácticamente por Irlanda, pero en el que Gales había conseguido adelantarse 6-0 en la primera parte, y remontar después de que Irlanda consiguiera dos ensayos en cinco minutos nada más empezar la segunda. Un partido poco vistoso, jugado al estilo de Munster ("eso no es rugby", decía un gales a nuestro lado) y que se decidió al final por dos patadas: la que O'Gara supo colocar entre palos; la que Jones dejó corta, botando a pocos metros de la línea de ensayo.
Y después, la locura para los irlandeses, que casi no podían creérselo: Seis Naciones, Grand Slam, Triple Corona, todo. O'Driscoll, oficial u oficiosamente, es el hombre del campeonato, con ensayos decisivos ante Gales, Inglaterra e Italia, y sobre todo con una capacidad de liderazgo que deja en mal lugar a quienes cuestionaban que fuera el capitán de esta selección. Para Gales, una importante decepción: comenzaban el partido con posibilidades de ganar el título; lo terminan cuartos, por detrás de Inglaterra y Francia, que tampoco han ofrecido una gran imagen este año.
Y durante todo el día, un ambiente excepcional en Cardiff: banderas, bufandas, camisetas; reventa de entradas (oímos precios entre los 90 y los 200 euros, que tampoco me parece tanto para ser el partido que era); galones y galones de cerveza, riadas de gente por todas partes, colas en la puerta de los bares, bailes, canciones, camaradería. Un día histórico para el rugby irlandés, y un fin de semana excepcional en todos los sentidos.
Esto está casi hecho: Irlanda tendrá el próximo sábado, en Cardiff, una ocasión histórica para conseguir no sólo el Seis Naciones (que podría conseguir incluso perdiendo por 12 puntos contra Gales), sino un Grand Slam -o sea, ganar los cinco partidos del campeonato-, algo que sólo ha logrado una vez, hace 61 años.
El partido de hoy contra Escocia ha sido más complicado de lo que cabía prever, viendo el bajísimo nivel de esta selección escocesa. Pero claro, después de que Gales haya estado a punto de perder contra Italia, más que probable cuchara de madera, todo era posible. En toda la primera parte, no ha habido ningún ensayo: sólo un intercambio de patadas a palos entre Patterson, de Escocia, y O'Gara, de Irlanda -quien, por cierto, ha adelantado hoy a Wilkinson como máximo anotador histórico del campeonato-. 12-9 para Escocia, y podía haber sido peor para Irlanda, porque una embarullada jugada hacia el final del primer tiempo ha podido convertirse en el primer ensayo del partido.
La segunda parte ha sido muy distinta: Irlanda ha salido decidida a dominar el encuentro, ha impuesto su ritmo y su juego y ha conseguido por fin un ensayo gracias a una inteligente carrera de Stringer -hoy titular- culminada por Heaslip. Desde ahí hasta el final, más dominio irlandés, una nueva patada de Patterson y otra de O'Gara, y a dormir el partido hasta el final.
Ya tenemos cita con la historia: el próximo sábado, a las 17.30 hora galesa, en el Millenium Stadium de Cardiff.
Sobre este blog
Me llamo Santi Pérez Isasi, y desde hace unos meses trabajo como Teaching Assistant de español en la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este blog habla de Irlanda, de Bilbao (en la distancia) y de todo lo que hay en medio: aviones, teléfonos, internet, libros... En fin, de lo que se me vaya ocurriendo.
Este blog, tanto sus textos como sus fotografías, se publica bajo una licencia Creative Commons by-nc-sa.
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