Casi se me olvida que todavía no había subido las fotos del ambientazo el día de la Final de Copa. Ahora ya se han quedado un poco viejas, pero las pongo en cualquier caso...
Ya estoy de vuelta en casa después de la Final de Copa, destruido de cansancio pero orgulloso. Desde luego, la demostración de fidelidad que hemos dado en Valencia estos días es para estarlo. En el campo, había muchísima más gente del Athletic que del Barça; por las calles ya ni te cuento. El martes cuando llegué me fui con Pablo (el amigo que me acogió en su casa) a dar una vuelta por el centro, y sólo se veían camisetas del Athletic. Como Atila y los hunos, allá por donde pasábamos se acababa la cerveza. Hasta la hora del cierre, los pocos bares que tuvieron el olfato comercial de abrir un martes por la noche se llenaron de bilbaínos socarrones y cantarines.
Y el miércoles, más de lo mismo. Todo el centro de Valencia, y no sólo la carpa del equipo, eran "Ciudad Bilbao". A los cánticos de rigor ("Toquero lehendakari", "Del Nido cómeme el rabo" o "Beti zurekin") se unieron algunos especialmente dedicados para la ocasión, como "Gora Catalunya, Visca Euskadi" o "Uno del Barça, he visto uno del Barça". Y en la carpa, impresionante. Como dice Dougal (véase la entrada anterior) "no soy bueno calculando el tamaño de las multitudes, pero ahí debía de haber 27 millones de personas".
Lo peor de estos últimos tres días (peor que perder el partido, que, reconozcámoslo, bilbaínos, entraba dentro de lo probable) han sido los dos viajes, el de ida y el de vuelta, larguísimos, interminables, llenos de contratiempos. A la ida, salí de casa en Limerick a las 7 de la mañana y llegué a Valencia a las 12 de la noche; en medio, tres horas absurdas de espera en Alicante, porque entre las 18.30 y las 21.30 no había ningún autobús. Y a la vuelta, la traca final: el avión de Alicante a Dublín salió con hora y media de retraso, lo que me hizo perder el último autobús a Limerick, así que me tocó quedarme a dormir en Dublín. Desde que salí de casa de Pablo en Valencia hasta que he llegado a mi casa esta mañana, 24 horas de viaje.
Así que ahora no tengo ni fuerzas para ponerme a subir las fotos. Otro día será...
Bueno, pues ya tengo mis vuelos para Valencia para el día 13 de mayo. No tengo entrada, pero por lo menos estaré allí, donde está la noticia...
¿Con cuántos de vosotros coincidiré celebrando el triunfo del Athletic?
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Es posible que esté equivocado (ya me corregiréis los que estáis allí), pero desde la distancia me está dando la impresión de que esta campaña electoral para las elecciones vascas está siendo un poco descafeinada, sin grandes salidas de tono ni demasiadas frases o propuestas para el recuerdo. Será quizás porque todo el asunto de la trama corrupta del PP y la crisis económica la están eclipsando, pero el caso es que, repito, desde aquí, apenas da la impresión de que se esté hablando gran cosa de las elecciones vascas -aunque, estoy seguro, sobre el terreno se estará viviendo el típico bombardeo mediático-publicitario-informativo de costumbre.
En todo caso, seguro que los "emigrantes" vascos seguiremos el día de la votación y los primeros resultados con pasión. Yo, por lo menos, pienso colgarme de internet desde media tarde del domingo hasta que se sepan los resultados más o menos definitivos.
Ya estoy de nuevo en Limerick, donde me ha recibido la lluvia, el viento, y un nuevo triunfo de Munster en la Heineken Cup (¡ya estamos en cuartos de final!). ¡Adiós, pinchos de tortilla; hola, bacon y cabbage! ¡Adiós, café cortado; hola, café de polvos! ¡Adiós, San Miguel; hola, Guinness! ¡Adiós, montañas! ¡Hola, planicies interminables! ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos! ¡Hola, dulce Irlanda, el único país del mundo donde llueve en horizontal!
Después de un peregrino viaje de regreso (Limerick-Londres-Santander-Bilbao) ya estoy en casa para pasar las Navidades. Breves impresiones del viaje:
-Shannon, con ser un aeropuerto pequeñito y (sobre todo en la zona de llegadas) un poco anticuado, es de los pocos que conozco, por no decir el único, que ofrece acceso wifi gratuito en la zona de embarque. Si ofreciera unos cuantos enchufes para los portátiles ya sería la leche.
-Qué lugares más absurdos son los aeropuertos: ahora en Londres Stansted se les ha ocurrido (a los de Ryanair) hacerte imprimir tu propio billete en unas maquinitas tipo cajero automático para ganar tiempo. Lo cual estaría muy bien, si no fuera porque después de imprimirte el billete tienes que tragarte una cola de una hora para "depositar" tu equipaje. Señores de Ryanair: ¿dónde ven ustedes el ahorro de tiempo en el nuevo sistema?
-Qué lugares más absurdos son los restaurantes de los aeropuertos. En uno de ellos me cobraron cinco libras por un "calzone" (que en realidad era más bien un cracker tamaño XL) relleno con tres trozos de pollo, una lechuga pasada y una rodaja de tomate. Luego me pedí un café y un muffin, me cobraron otras cinco libras, me atolondré y se le cayó la mitad del café por el culo. No admito preguntas al respecto.
-No recordaba Santander tan limpio, ni tan luminoso. Eso sí, la estación de autobuses huele igual que siempre.
-Qué bonito es Petronor por la noche.
-No recordaba Bilbao tan limpio, ni tan luminoso. Eso sí, la estación de autobuses huele igual que siempre.
-Qué taxistas más cenutrios hay por el mundo (léase Bilbao): el que me recogió en Termibus se saltó dos semáforos en rojo e hizo varios adelantamientos en plan Carlos Sainz. ¿Exceso de Need for Speed?
Me hace cierta gracia el revuelo que se ha montado en Bilbao a cuenta de que ha abierto sus puertas la primera casa de apuestas de Euskadi en el Casco Viejo: lo he visto y oído en el periódico, en la radio y en la televisión, y esta misma mañana había en la radio por ejemplo una entrevista con una psicóloga hablando del posible peligro que esto suponía para los ludópatas. Que me ha parecido una tontería soberana: es como decir que los restaurantes son peligrosos para los bulímicos.
El caso es que cualquiera que haya vivido en Irlanda o en el Reino Unido, habrá visto decenas de casa de apuestas, casi una en cada esquina, donde se puede apostar sobre prácticamente cualquier cosa. En el propio aeropuerto de Londres-Stansted quizáis hayáis visto una, cerca de los baños y de la zona de llegadas. Y las casas de apuesta por internet no son precisamente ninguna novedad, seguro que todos podríais nombrar por lo menos un par de ellas. Vamos, que el quería apostar no estaba precisamente corto de opciones.
Supongo que es nada más cosa de costumbre: aquí jugamos a la lotería, al cupón, a la quiniela, a la primitiva, al euromillón; apostamos en el frontón, en el hipódromo, en el bingo, en el bar antes de las regatas... pero ¡ah!, nos abren una casa de apuestas y nos ponemos como locos, como me imagino que se ponían cuando llegaba el tren por primera vez a una ciudad.
Si es que en el fondo, para qué engañarnos, somos un poquito pueblerinos...
Algunas veces en las películas dobladas se olvidan de, o no se molestan en, doblar las voces de fondo, el murmullo que se oye por detrás de las voces de los protagonistas en la calle, en un bar, etc. Así, podemos tener en primer plano a Robert de Niro hablando un español perfecto ("Abogadoooo, sal ratita..."), y en cambio oír de fondo gente diciendo "totally", "yeah", "oh my God", etc.
Al volver a España, una de las sensaciones que sorprenden es precisamente la de volver a entender ese ruido de fondo -en la vida real, me refiero-. Porque en Irlanda (o en Escocia o donde sea) hace falta prestar atención, poner el oído y esforzarse si se quiere entender una conversación ajena. Y a veces ni así. Pero aquí, en cambio, no hace falta ni intentarlo: las voces de los demás pasajeros del autobús, por ejemplo, te invaden aunque tú no quieras, y las entiendes aunque no sepas ni que las estás entendiendo.
Al revés, al volver también hay que acostumbrarse al hecho de que aquí la gente te entiende a ti cuando hablas, así que lo de hacer comentarios sarcásticos en voz alta, que ya en el extranjero es arriesgado -porque hoy en día muchísima gente habla español, además de los españoles que están en el extranjero, que ya son muchos-, aquí es directamente suicida.
Sobre este blog
Me llamo Santi Pérez Isasi, y desde hace unos meses trabajo como Teaching Assistant de español en la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este blog habla de Irlanda, de Bilbao (en la distancia) y de todo lo que hay en medio: aviones, teléfonos, internet, libros... En fin, de lo que se me vaya ocurriendo.
Este blog, tanto sus textos como sus fotografías, se publica bajo una licencia Creative Commons by-nc-sa.
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