25 Sep 2009
Ueli Steck es, muy probablemente, el alpinista más fuerte de la actualidad. Tanto física como mentalmente. Sus escaladas causan tanta admiración como asombro en el planeta alpino. Su combinacion de audacia, velocidad, exigencia personal y compromiso alpinístico le han convertido, por derecho propio, en un referente.
Su último proyecto ha sido intentar escalar en solitario el Pilar Oeste del Makalu, una de las vías más exigentes del ochomilismo. A mediados de mes recibimos la escueta noticia de que había llegado hasta los 7.200 metros, pero se había tenido que dar la vuelta por las condiciones de nieve que había encontrado. Ahora, casi dos semanas después, nos llegan sus explicaciones de la ascensión y los motivos que le llevaron a darse la vuelta. En un relato hipnótico y dramático, Ueli revela que el Pilar Oeste del Makalu le ha descubierto sus límites físicos y mentales. Y finalmente le ha vaciado. Tanto que allá arriba, en la soledad del fracaso, llegó aplantearse abandonar el alpinismo. Tal es su grado de compromiso.
Éste es su relato:
“Mientras escribo estas líneas estoy sentado en el campo base, a 5.250m sobre el nivel del mar. Por encima de mí, la cima del Makalu, a 8.463m de altura. Exactamente 3.213m de desnivel me separan de mi deseado sueño.
Hace una semana llegué hasta el Pilar oeste. Ascendí e instalé un campo a 6.700m de altura. Estaba lleno de motivación, quería completar mi proyecto. Estoy muy bien preparado para realizarlo. A las 3 de la mañana comencé a escalar. Estaba seguro de que iba a conseguirlo. Solo y sin cuerdas fijas, hasta la cima. Pero después todo cambió.
Las grandes cantidades de nieve fresca me mostraron claramente en donde estaban mis límites. Pero luché. No abandoné. No es mi estilo decir tan rápido que no se puede hacer. Si no hubiera dado todo de mi mismo, si hubiera abandonado en ese momento el proyecto y me hubiera vuelto a sentarme en mi cálido salón, ¡me hubiera sentido muy avergonzado por ello!
"Navegué" a través de la nieve adecuadamente. En la primera parte no fue realmente un problema. Pero entonces llegué hasta las primeras torres de roca verticales. El monzón había sepultado literalmente los pasajes verticales de la pared bajo 30 centímetros de nieve. No podía hacer otra cosa que excavar la nieve hasta encontrar la estructura de roca en donde encontrar los apoyos para continuar escalando. A 7.000m esto es extenuante.
Era como escalar la cara norte del Eiger en condiciones imposibles. Pensé que si hubiera estado en casa, escalando en el Eiger en esas condiciones, me habría dado la vuelta, me habría tomado un café, y me habría ido al rocódromo por la tarde.
Al final conseguí superar el primer escalón vertical de roca. Sin aliento me detuve. Fui hacia la derecha, buscando un campo de nieve de 45º-50º. La nieve era muy profunda. El riesgo de avalanchas era límite. Los cristales de nieve no habían fusionado debido al intenso frío. Me arrastraba, casi sin fuerzas. Pero alcancé los 7.100m.
La arista acababa en una canal muy inclinada. Tenía que tirar por ella. Tan pronto como entré, me hundía, y a cada paso que daba, de pronto descendía para atrás rodeado por una masa de nieve. Mi corazón se paralizaba literalmente cada vez. Alguna vez descendía más de un metro. Cada músculo de mi cuerpo estaba en completa tensión. ¿Por qué me detenía de repente, en lugar de continuar para abajo con la nieve? No tenía ni idea. En el momento en el que me detenía la tensión se distendía, y mi corazón volvía a latir. Un respiro. Continué intentando ascender esta canal, que era como un trineo debajo de mí. Lo intentaba una y otra vez. Mis nervios estaban al límite. Hasta que conseguí llegar al siguiente paso de roca. Y otra vez a excavar la nieve para encontrar las presas. Y después de este paso, otro campo de nieve.
Esa masa de nieve suelta me dejó vacío psicológicamente. No sabía en ningún momento si estaba firme en la montaña o si al segundo siguiente iba a patinar con la nieve y caer al vacío. Estaba en permanente tensión. Además la masa de nieve era mayor cada metro que subía. A 7.200m volví al eje del Pilar, esperando que allí hubiera menos nieve fresca. Un poco más arriba me paré en una pequeña plataforma. Esto me permitió quitarme la mochila y asegurarla a un piolet.
Me permití beber un litro de líquido
y una barrita de muesli, esperando recuperar algo de fuerza con ello y descansar un poco. La perspectiva hacia arriba era destructiva para mí. El Pilar permanecía bajo un grueso abrigo invernal. Una mirada a mi reloj me dijo que había necesitado 4 horas y media para ascender 500 metros. El tiempo: cielo azul profundo. Mi confianza en mi mismo estaba en su punto más bajo. ¿Qué podía hacer? ¿Continuaba o daba la vuelta?
Esta incertidumbre, el no saber en ningún momento en donde pisaba y si la nieve no se iba abajo conmigo, me hundieron.
Escalar sin cuerda es mentalmente muy exigente. Pero puedo evaluar mis puntos de apoyo. Veo agarres. Puede que me encuentre 1.000 metros por encima del abismo, y todo mi peso cuelga de una regleta de 7mm de ancho. Pero puedo ver la regleta, si es sólida o no. Sé si puedo colgarme de ahí o no. No me importa lo grande que sea. Pero puedo juzgar la situación.
Pero en ese momento me encontraba desde hacía horas en una situación muy precaria. Definitivamente no era capaz de evaluar por más tiempo la situación. Así que ¡decidí descender! Había subido hasta los 7.200m, para descender.
La bajada se convirtió también en una guerra de nervios. Perdí el sentido del tiempo, sólo me daba cuenta de lo tenso que estaba mientras descendía. Una vez que llegué a mi tienda a 6.700m me senté en la nieve. Mi euforia del día anterior había desaparecido. Bebí algo. Después de mucho rato me encontraba otra vez en un lugar seguro. Pero eso no me proporcionaba ningún alivio.
Ahora mi cabeza empezó a funcionar a toda velocidad ¿Qué estaba haciendo ahí arriba? Me acordé de las horas que acababa de pasar, y me enfadé conmigo mismo. Estaba claro: en esas condiciones, era imposible escalar esa ruta. Pero de repente pensaba: “eres demasiado débil. ¿Tienes tan solo un poco de voluntad?"
Estuve sentado allí durante una hora. Mi mayor deseo era volar de vuelta a casa al siguiente día. Después de una hora comencé a recoger mis cosas. Sólo quería bajar. Y abandonar inmediatamente la práctica del alpinismo ¡No veía una razón por la que no abandonarlo! Estaba ya llena la mitad de la mochila y había comenzado a desmontar mi tienda.
Pero entonces me encorajiné: “Sólo es 13 de septiembre”, pensé. Tenía al menos un mes más para intentar la cima del Makalu. Y comencé a deshacer mi mochila otra vez. En se momento no tenía ningún plan acerca de cómo podía ser capaz de escalar el Pilar oeste. Pero en un mes las cosas podían cambiar mucho.
Anclé de nuevo mi tienda y deposité mi material en ella. Puede que las condiciones mejoraran, aunque tengo que reconocer que no confiaba en ello. Comencé el descenso hacia el campo base con sentimientos contrapuestos. Y descendía con buen tiempo.
¿Es realmente necesario exponerse uno mismo a un riesgo semejante? Me sentía deprimido. Totalmente motivado y lleno de confianza entré en este proyecto. Y ahora todo parecía haber acabado. Mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza.
A las 12 en punto tuve contacto por radio con Andy Waelchli y Robert boesch, que iban hacia cima por la ruta normal. Estaban atascados en la nieve también. Un pequeño consuelo para mí. Habían llegado hasta los 6.500m ese día. Menor altura que la que yo había alcanzado. Robert ascendió al día siguiente hasta los 6.800m antes de abandonar también. Así pues, mi decisión no había sido del todo errónea.
De vuelta al campo base me sentí aliviado. Me di una ducha. Comí patatas calientes con queso y comida liofilizada. No sabía qué hacer. Al día siguiente Andy llegó al campo base. Y al otro Robert. Deliberamos. Llegamos a la conclusión de que en esas circunstancias, un ataque a cima era imposible.
Al menos el tiempo era bueno. El sol brillaba y no habíamos vuelto a tener precipitaciones. Pero esto hacía aún más insoportable tener que permanecer sentados en el campo base mientras el tiempo era excelente.
Por la noche le daba vueltas a todo. La historia del alpinismo muestra claramente que todo tiene que encajar para conseguir una cima de 8.000. Y ahora nada lo hacía. Consideré muchas opciones ¿Quizás una ruta por la sur? La radiación solar es mayor, y la nieve transforma más rápido.
Al final rechacé estos pensamientos. Si no podía ser el Pilar oeste, no iría a la cara sur.
Decidí volver a mi pequeño campo a 6.700m. Cima primera y después cima segunda antes de la tienda. Andy vino conmigo. Esto fue el jueves 16 de septiembre. La huella del domingo todavía estaba allí. Esto significaba que la nieve no se había transformado…
Sin equipo alcanzamos los 6.700m, llegando a las 6 de la mañana. Hacía un frío intenso y el sol todavía estaba escondido detrás del Makalu. Estaba contento por contar con la compañía de Andy. Después de un rato llegué a la conclusión de que un ataque al Pilar oeste con esas condiciones era imposible. La ruta normal quizás tuviera más posibilidades.
Dejé comida, la tienda y un hornillo a 6.700m. Bajé mi equipo de pluma al campo base. De esta manera, podía intentar otra ruta, pero dejaba una puerta abierta al Pilar oeste. Descendimos.
Ahora estoy sentado en el campo base y estoy contento de haber bajado mi material de pluma. Así tengo las posibilidades abiertas. De momento, el Pilar oeste es una ilusión. Tan solo un sueño. La ruta normal: si tenemos suerte, quizás tengamos una oportunidad ahora. Tenemos por delante 3 semanas antes de que el Jet Stream incremente los vientos a 8.000m imposibilitando un ataque a cima. 3 semanas…
Lo más importante es que volvamos a casa sanos y salvos. Y con toda seguridad nos habremos enriquecido con una nueva experiencia. Me encontré con mis límites ahí arriba.
Estudiamos ansiosos el parte meteorológico. Robert, Andy y yo queríamos haber comenzado a subir el pasado sábado. Parecía que iba a mejorar el tiempo. Pero el sábado el mensaje de meteotest anunció un giro en los modelos. Tormenta para el lunes y martes. Otra vez inmovilizados. Pero el tiempo no ha sido tan malo al final. ¿Debemos creer o no en el parte meteorológico? Esperamos de nuevo. Si meteotest hubiera tenido razón y hubiéramos ascendido, nos habríamos quedado atascados arriba, y el peligro de avalancha habría sido muy alto. Así que mejor esperamos. Mejor permanecemos en el campo base y hacemos nervios que estar arriba y que se cumplan las previsiones.
Un parte meteorológico es sólo una predicción. Pero las predicciones son esenciales. Pueden evitarnos situaciones críticas y muy desagradables.”
14 Sep 2009
El otoño suele ser la temportada 'baja' en Himalaya, frente al 'overbooking' que sufren buena parte de los campos base de los ochomiles en primavera. Sin embargo, el postmonzón de este año más a ser más caliente que nunca. Los proyectos, de todo tipo, son numerosos y la actividad en casi todas las montañas más altas de la gran cordillera himaláyica va a ser inusualmente alta.
Entre los numerosos proyectos merece la pena destacar tres, que vuelven a situar a sus protagonistas a la vanguardia del alpinismo actual y que tienen un decominador común: el estilo alpino. En primer lugar, aunque sólo sea por cercanía, se encuentra el intento del Naturgas-Basque Team (Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza) en la cara norte del Everest: Supecouloir de los japoneneses y corredor Hornbein. Los otros dos proyectos tiene como denominador común su condición de intentos es solitario: el suizo Ueli Steck nada menos que al Pilar Oeste del Makalu (el mismo que no dio opciones a Iñurrategi y compañía en primavera) y el italiano Simone Moro, que intentará abrir una nueva vía en la cara suroeste del Cho Oyu.
Al margen de estos objetivos, la reapertura del Tíbet para los alpinistas ha propiciado que el Shisha Pangma sea una de las montañas más concurridas este otoño. En lo que a nunestros alpinistas se refiere, por la cara sur, Edurne Pasaban, acompañada por Ferrán Latorre, Alex Txikon y Asier Izagirre, buscará su decimotercer ochomil por la siempre exigente y técnica ruta británica. A ellos tiene previsto sumarse más adelante el alavés Roberto Rojo 'Gorri', que antes intentará el Cho Oyu con Estitxu Salinas, que busca convertirse en la primera alavesa en subir un ochomil.
También en el Shisha, aunque por su vertiente norte (ruta normal), Juanito Oiarzabal retoma su proyecto 2x14 8.000's. Sus compañeros de viaje son los aragoneses Carlo Pauner (8x8.000's) y Javier Pérez y el catalán Tolo Calafat. Sin embargo, las últimas noticias que llegan de allí no son buenas. Carlos sufrió ayer una caída durante la ascensión al C-1 para aclimatarse, al parecer sufre la rotura de varias costillas y hoy mismo ha abandonado el CB camino de Katmandú.
En esta misma vertiente se encuentra el australiano Andrew Lock, que busca en el único ochomil integramente tibetano completar los 14 ochomiles.
Y hablando de completar Los Catorce, la coreana Oh Eun-Sun está ya a los pies del Annapurna para complerar su particular carrera ochomilista (más bien sprint: ha subido diez ochomiles en tres años). Con ella ascenderá Jae-Soo Kim, parreja habitual de escalada de Go Mi-Sun, que falleció antes del verano en el Nanga Parbat. Jae-Soo Kim llevará a la cumbre una foto de Miss Go, que pugnaba con Miss Oh en ser la primera mujer en acabar Los Catorce.
A partir de ahora os intentaremos mantener informados de la actualidad de todas estas expediciones. A continuación os dejo enlaces a algunas de ellas:
Everest:
Naturgas Baske Team Hornbein'09
Shisha Pangma:
Edurne Pasaban
Juanito Oiarzabal
Carlos Pauner
Andrew Lock
Makalu:
Ueli Steck
Annapurna:
Oh Eun-Sun
Cho Oyu:
Simone Moro
24 Jul 2009
La temporada ochomilista en el Karakorum no está siendo buena. Más muertos que cumbres y mucha, muchísima nieve son las características de un verano en el que, por el momento, sólo dos alpinistas han hecho cumbre en uno de los cuatro ochomiles del Karakorum (K2, Broad Peak, GI y GII, ya que el Nanga, aunque también está en Pakistan, se considera que pertenece a la cordillera del Himalaya): Ueli Steck en el Gasherbrum II y Jorge Egocheaga en el K2, ambos en sendas ascensiones caracterizadas por la velocidad y el compromiso asumidos.
El primero en lograrlo fue el fortísimo suizo Ueli Steck. Su cima fue en el Gasherbrum II, el ochomil más 'comercial' de Pakistán. Fue el 9 de julio y lo hizo a su estilo. Subió con su novia hasta el campo II, se despidió de ella y ascendió hasta la cumbre de un tirón, cuando el resto de expediciones apenas habían empezado a aclimatar. En total, hizo CII-cumbre-CII en catorce horas y media, solo y abriendo huella, lo que no está nada mal para el último Piolet D'or si se tiene en cuenta que esta cumbre, su primer ochomil, la había planteado sólo como un entrenamiento para su proyecto en solitario en el Makalu del próximo otoño. Desde entonces, nadie ha podido repetir cumbre, aunque un grupo iraní estuvo cerca el día 20, la fecha en la que desapareció el alicantino Luis María Barbero precisamente cuando seguía a los iraníes camino de la cumbre.
La segunda cumbre, la del asturiano Jorge Egocheaga en el K2, tiene aún más mérito. También fue en solitario desde el campo III, sin cuerdas fijas en el peligroso tramo final de la montaña, abriendo huella y en un tiempo récord: doce horas para el tramo C3-cumbre-C3. En realidad fue un ataque a cumbre más fruto de las buenas sensaciones y la intuición que de la planificación. Jorge subía al C3 (7.200 m.) con su compañero Martín Ramos para completar la fase de aclimatación. Pero se sintió bien y el sábado, día 19, decidió partir hacia la cumbre a las 11 de la noche. A las 7,30 horas llegaba a ella e inmediatamente iniciaba el regreso al C3, al que llegaba a las 12.00. Esa misma noche dormía en el CB tras descender desde el C3 con Martín. Una velocidad y unas circuntancias de ataque a cumbre que incluso ha levantado cierta suspicacia en algunos de los alpinistas que se encuentran en el CB del K2, ya que incluso el día que hizo cima, el domingo 20 de julio, se desató una fuerte tormenta que hizo retroceder a los equipos que estaban apostados ese día en el C3 para atacar la cima. Por si fuera poco, su anuncio de que estos días va a acompañar a Martín Ramos en su intento a cumbre ha levantado aún más suspicacias sobre si realmente llegó hasta el punto más alto el pasado domingo.
Y es que el grueso de expediciones en el K2 están movilizadas ya que los partes meteorológicos dan día de cumbre para mañana, lo que ha puesto a todos los alpinistas en fila india hacia los campamentos de altura. Sin embargo, el tiempo real no se está correspondiendo con los partes y la ascensión escalonada de estos dias se está realizando en medio de un tiempo muy inestable y con una desconfianza total de la mayoría de las expediciones, entre ellas la de la austriaca Gerlinde Kalterbrunner.
Tampoco en el GI y en el Broad Peak ha habido cumbres. En el Broad, donde hace una semana falleció la italiana Cristina Castagna cuando descendía hacia el campo IV tras un ataque a cumbre abortado, alguna expedición ha llegado a la antecumbre, pero nadie hasta el punto culminante.
Y en el GI es el finalndés Veikka Gustaffson quien más cerca parece de hacer cima. Ganas desde luego le sobran. Si lo consigue habrá completado los 14 ochomiles. Mientras, al campo base de esta montaña acaba de llegar en helicóptero la coreana Miss Oh para intentar el que sería su decimotercer ochomil.
22 May 2008
Si todo ha ido según lo previsto, probablemente a esta hora el suizo Ueli Steck habrá llegado ya al campo 4 del Annapurna, donde Iñaki Ochoa de Olza lleva ya tres días semiinconsciente y asistido por su compañero de cordada, el rumano Horia Colibasanu. Puede que incluso hayan iniciado ya el descenso. Según las últimas noticias, conocidas ya hace varias horas (la diferencia horaria con Nepal es de cuatro horas y allí empieza ya a atardecer), Ueli se encontraba a tres horas del campo 4, hacia donde subía con medicinas para tratar el edema cerebral que todo apunta que padece Iñaki. Mientras, el otro rescatador, Simon Anthamattenn, se ha quedado en el campo 3, no se sabe muy bien si porque el esfuerzo del rapidísimo ascenso le ha pasado factura o como parte de la estrategia del rescate, para estar más fresco a la hora de auxiliar al navarro durante le descenso.
Ayer, Horia logró contactar unos minutos con la familia, a los que confirmó que Iñaki sigue vivo, aunque semiinconsciente e incapaz de moverse por su propio pie. Según los síntomas que padece, los neurólogos consultados en España por la familia apuntan a una más que probable lesión cerebral.
Pero el de Ueli y Simon no es el único equipo de rescate que se ha puesto en marcha. Don Bowie -que en un principio iba en el equipo con Iñaki y Horia, aunque se separaron tras algunas discrepancias-, ha vuelto desde Katmandú, junto a Denis Urubko, otro alpinista ruso potentísimo, y ya han salido para arriba desde el campo base con oxígeno artificial para asistir al navarro.
Además, el llamamiento que desde la web www.mounteverest.net se realizó para conseguir un helicóptero de rescate en cuanto se supieron los problemas de Iñaki ha dado sus frutos y un helicóptero ha trasladado hoy al campo base a otro grupo de rescate, en el que se encuentra un médico polaco, dos alpinistas rumanos, uno ruso y sherpas de altura para ayudar en en el tramo final del descenso, sobre todo el complicado cruce del glaciar. Por supuesto, el helicóptero aguardará en el CB para trasladar inmediatamente a Iñaki a Katmandú.
Mientras, ayer contábamos que el ruso Bolotov, que también intentaba la cumbre con Iñaki y Horia, bajaba con un principio de edema pulmonar. Las últimas noticias le sitúan en el campo 2, donde han desaparecido los síntomas del mal de altura. Y aguarda allí por si su ayuda fuera también necesaria.
Al margen de cómo termine todo, que esperemos que sea bien, creo que en el Anapurna se está escribiendo estos días una de las más bonitas páginas de solidaridad entre alpinistas de los últimos tiempos. Un ejemplo que devuelve todo el sentido al espíritu montañero, algo vilipendiado en los últimos tiempos por desgraciados pasajes de insolidaridad alpina, protagonizados, sobre todo, por expediciones comerciales y en el Everest.
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