11 Jun 2009
Ya lo decía hace unos días. El mundo alpino gira su mirada hacia el Karakorum tras la llegada, este año prematura, del monzón en el Himalaya. Los cinco ochomiles de Pakistán se aprestan a soportar el asedio de decenas de expediciones y centenares de escaladores. El Gasherbrum II y el Broad Peak se vuelven a llevar la palma en su condición de ochomiles 'fáciles', pero como viene sucediendo en los últimos años, ni tan siquiera el otrora sagrado K2 se libra de la presencia en su base de un numero de expediciones (casi una docena) impensable hace apenas un lustro. La mejor evidencia de que el alpinismo comercial ha perdido el respeto hasta a las más temidas cumbres.
Y es que, salvo honrosas excepciones, las rutas normales, cosidas con cuerdas fijas, serán las vías mayoritarias de acceso a las cumbres. Pero como he dicho, algunas excepciones hay. A la cabeza de ellas vuelve a estar el gran Valery Babanov, el único alpinista que ha recibido dos veces el Piolet de Oro, el máximo premio del alpinismo mundial. El ruso ya dejó muestras de su clase el año pasado al abrir en apenas quince días dos nuevas rutas en estilo alpino en el Broad Peak y el Gasherbrum I. Su idea era completar una trilogía de aperturas con el Ghasherbrum II, pero el tiempo se les echó encima. Así que este año vuelve para completar el reto. No ha dado detalles de la vía elegida, pero seguro que no decepcionará.
El resto de actividades singulares se centran en el K2, con el intento de sueco Fredrik Ericsson de descender desde la cumbre en esquí y el objetivo de una nueva vía a cargo del equipo que dirige el austriaco Gerfriend Goschl.
Pero donde el Karakorum echará chispas en los dos próximos meses será en la carrera por completar los 14 ochomiles, tanto en su versión masculina como en la femenina. Hasta media docena de alpinistas a los que les faltan uno, dos o tres ochomiles para completar la carrera se darán cita en los campos base de los cinco colosos pakistaníes. El que mejor lo tiene es el finlandés Veikka Gustafsson, que si asciende en las próxima semanas el G-I se convertirá en el decimoséptimo hombre en completar Los Catorce.
El pelotón se amplía con los alpinista a falta de dos 'grandes' para acabar la serie. Los jóvenes kazajos Maksut Zhumayev y Vassili Pivtsov tienen el permiso para el K2 (el otro que les falta es el Lhotse) pero tras la reciente muerte de su compañero Serguey Samoilov precisamente en las faldas del Lhotse cuando intentaban la famosa travesía Everest-Lhotse su presencia en el campo base del Chogori es más que dudosa. El portugués Joao García, por contra, sí que ha confirmado su intento en el Nanga Parbat en busca del que sería su decimotercer ochomil (le quedaría el Annapurna).
También estará en la base del K2 la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner, que intentará ascender por la ruta de los vascos (pilar SSE). Si lo consigue, sólo le faltará el Everest para convertirse en la primera mujer en completar Los Catorce. PEro ni ella ni Edurne Pasaban se pueden descuidar. Al acecho se encuentra la coreana Eun Sun Oh, que se ha plantado en Pakistán con el firme propósito de subir el Nanga Parbat y el Gasherbrum I de una tacada y acudir así en otoño al annapurna para acabar su sprint final. Para ello, ya tiene a sendos equipos trabajando en ambas montañas donde no escatimará medios en forma de porteadores u oxígeno artificial.
Otro que se plantea un esprint final endiablado es el nepalí Serap Jangbu, empeñado en convertirse en el primer sherpa en completar Los Catorce. Su reto este verano no tiene desperdicio: ascender el Nanga Parbat, el Gasherbrum I y el Broad Peak, con lo que le quedaría únicamente el Makalu. El reto es descomunal, pero si hay alguien capaz de hacerlo es este szherpa que el 25 de julio cumplirá 40 años y que además de diez ochomiles ascendidos cuenta con repeticiones al Everest, K2, Lhotse y Cho Oyu.
03 Jun 2008
Ayer partió para Pakistán la expedición formada por José Carlos Tamayo, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre. Os preguntaréis a donde se va esa pléyade de alpinistas de ensueño, ese 'dream Team' del himalayismo vasco (seguro que Ferrán, catalán hasta la médula él, no se enfada si le hago vasco un ratito para redondear el adjetivo). Pues nada menos que al G-IV.
¿El G-IV? Sí, el cuarto pico más alto del macizo de los Gasherbrum, en el corazón del Karakorum, en torno a ese pequeño paraiso para los montañeros conocido como Concordia, confluencia de tres glaciares a cuatro mil metros de altitud y privilegiado mirador a algunas de las montañas más altas y bellas del planeta.
El G-IV es la montaña perfecta, sus formas, su dificultad la convierten en el sueño de todo alpinista, una más que digna competencia para el cercano K2 (8.611 m.). Os preguntaréis entonces porque no es una montaña conocida, popular, codiciada como su vecina. La culpa la tienen 75 metros. Los que le faltan para medir 8.000. Esos 75 metros la dejan fuera de Los Catorce (es la decimoséptima montaña más alta del mundo). Esa mínima distancia la ha relegado al anonimato.
Tanto que sólo cuenta con cuatro rutas (tres a la cumbre principal, en la foto la punta derecha del polígono rocoso) y otras tantas ascensiones desde que Walter Bonatti y Carlo Mauri pisaron su cumbre por primera vez en 1958. El dato es el mejor reflejo de su dificultad.
Para varios de los expedicionarios vascos es también un viejo anhelo. Así Tamayo lo intentará por tercera vez (1997 y 1004), mientras que para Iñurrategi, será su segunda incursión en la montaña (2004).
El grupo ha decidido intentarlo por la ruta que en 1986 abrió la expedición australiano-americana formada por Andy Tuthill, Greg Child, Tom Hargis y Tim Macartney-Snape, y que supuso la segunda ascensión absoluta de la montaña. La vía discurre por la arista Noroeste (la de la izquierda en la fotografía), una ruta lógica, bella y con una dificultad mantenida, con una sorpresa final: media docena de largos de V grado a 7.700 metros de altitud.
En 15 días el grupo estará instalado en el campo base y, desde ese momento, la montaña será enterita para ellos. Mientras, a apenas un par de kilómetros, decenas y decenas de personas convertirán las laderas del Broad Peak en una especie de romería camino de uno de los santuarios ochomilísticos. ¡Benditos 75 metros! pensará para sus adentros el G-IV mientras mira de reojo la hilera de penitentes de su vecino. En la inmensidad de sus paredes, la presencia de cinco alpinistas, osados y nobles en la pelea, será para él todo un honor.
¡Suerte y fuerza para todos!
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