28 Oct 2009
El Shisha Pangma (
-No haber ascendido este ‘ochomil’ le ha dolido especialmente.
-Me ha dolido el no poder ni intentarlo. No haber podido hacer nada. Otras veces tienes al menos la sensación de que has trabajado, subes, bajas… o no puedes porque el último día el clima te cambia. Pero esta vez ha sido todo impotencia. Es que no nos ha dejado ni actuar. Montamos el vivac Scout, lo dejamos todo preparado para intentarlo en estilo alpino y es que no hemos podido hacer nada más. No nos ha dejado ni tocarlo.
-¿Ha sido una expedición más cansada anímica que físicamente?
-Sin duda, mucho más. Es que físicamente casi no hemos hecho nada. De hecho, el otro día, cuando llegué a casa y me vio mi madre, fue lo primero que me dijo, que físicamente no parecía que venía de una expedición. Después de otras expediciones se nos nota físicamente el desgaste, y en esta no ha sido así. Sin embargo, anímica y psicológicamente ha sido agotadora. De esperar al buen tiempo, de estar allí tanto tiempo inactivos, en tensión, esperando cada día el parte meteorológico.
-Es la cuarta vez que lo intenta. ¿Empieza a soñar con el Shisha Pangma?
-La verdad es que sí. Nunca me ha costado tanto un ‘ochomil’. Y mira que está considerado como uno de los ‘ochomiles’ fáciles. Pero está claro que a mí se me ha atravesado.
-Mala suerte. Totalmente. Las fechas para subirlo son las que son y no hay más. Lo hemos intentado tres veces por la cara norte y una por la sur en alpino y ha dado igual. El tiempo no nos ha dejado. La única duda que podría haber es que hasta ahora lo habíamos intentado de segundas, tras haber hecho otro ‘ochomil’, y quizás es un planteamiento algo más arriesgado porque vas más justo de fechas, aunque tiene otras ventajas como la de estar ya aclimatado. Sin embargo, ahora hemos ido exclusivamente al Shisha, con todo preparado y planificado como único monte y nos ha pasado lo mismo. El tiempo no nos ha dejado.
-¿Se plantea cambiar la estrategia en el próximo intento?
-Efectivamente, es como para plantearte si estás haciendo algo mal. Y más si comparas con otros ‘ochomiles’ mucho más altos y difíciles, como el Kangchenjunga, que subimos a la primera. Pero tras una reflexión seria es que no hay otra opción. Yo creo que se me ha atascado. Y mejor que se atasque este ‘ochomil’ y no otro. No hay nada más. Para nada. Es que no hay nada que cambiar. Es sólo mala suerte.
-A la gente y a nosotros mismos. Las cuatro expediciones anteriores se habían saldado con cuatro ascensiones a la primera. Así que todos estábamos mal acostumbrados, los primeros nosotros. Quizá por eso el golpe anímico ha sido más fuerte, por esa confianza que llevabamos en hacer cumbre tras los últimos éxitos. Pero sinceramente, creo que de vez en cuando no vienen mal estos golpes. Para no perder la perspectiva de lo que hacemos. No perder el respeto a estas montañas tan grandes y tan peligrosas.
-Si, el italiano Roby Piantoni cayó al vacío cuando intentaba la vía británica, la misma que nosotros, justo al día siguiente de que nosotros decidiéramos retirarnos. En un principio sus compañeros decidieron dejarlo allí, porque el rescate era peligroso, pero su madre les pidió por favor recuperar el cuerpo porque su padre también se mató en la montaña hace años. Así que les ayudamos a sacarlo. Fue muy duro. En esos momentos te das cuenta de que esto no es un juego, de que nunca puedes banalizar un ‘ochomil’.
-Si. Creo que sí. A menos se puede trabajar para ser la primera. Ahora tenemos la oportunidad de nuevo de ser los primeros. Pero habrá que ver y planificarlo todo bien.
-La verdad es que en el CB del Shisha, cuando estábamos en plena desesperación, llegué a renunciar a ello. No es que me diese igual, pero el cansancio anímico que implica te lleva a plantearte tirar la toalla en algunos momentos. Pero luego miras a tu alrededor, ves a tus compañeros, a tu equipo, que luchan tanto como tú por ese objetivo. Y estás rodeado por gente como Asier o Alex, que incluso plantearon volver en diciembre, en pleno invierno, al Shisha… Esa ilusión te carga a ti las pilas.
-El objetivo sería hacer muy temprano, a finales de febrero o principios de marzo, el Shisha Pangma por la cara norte, por la vía de Iñaki Ochoa de Olza, que es la única por la que alguien ha hecho cumbre este otoño. Y luego aprovechar esa aclimatación para ir al Annapurna directamente. Este planteamiento tiene su parte buena y su parte mala. La mala es que son dos ‘ochomiles’ y se puede hacer muy duro, sobre todo anímicamente, si las expediciones se alargan mucho. Pero lo bueno es que conocemos bien el Annapurna y cuanto menos tiempo pasemos metidos en su ruta, debajo de sus seracs, mucho mejor. Porque el objetivo es llegar al campo base del Annapurna perfectamente aclimatados del Shisha, esperar a un buen parte meteorológico y tirar para arriba. Pasar sólo una vez por ese sitio.
-Por supuesto. Y además tenemos que tenerlo todo muy claro porque luego las cosas se pueden complicar y hay que tomar decisiones importantes. Por ejemplo, ¿qué pasa si para mediados de abril no hemos hecho cumbre en el Shisha?, ¿qué hacemos?, ¿nos quedamos allí esperando o nos vamos al Annapurna?. Porque lo que no podemos es empezar con las dudas allí. Todas esas cosas las tenemos que llevas muy bien atadas y acordadas desde aquí.
-Con Miss Oh y con unos cuantos más. Creo que va a haber ‘overbooking’ el año que viene en el Annapurna. Abele Blanc también me han dicho que quieren ir y acabar los Catorce, a los que renunció tras matarse su amigo Christian Kutner allí mismo hace cuatro años. Además Valery Babanov, que quiere abrir una de sus vías imposibles, el otro día me pidió compartir campo base. Y Jean Troillet, con el que hemos estado en el Shisha y ha retomado el proyecto de los Catorce (le faltan cuatro), me comentó su idea de ir en primavera y abrir una vía nueva. También me han dicho quePiotr Pusternik quiere ir para acabar sus Catorce. Nos vamos a juntar todos.
20 Ago 2009
El escritor y periodista brasileño Rodrigo Granzotto ha realizado un primer recuento de las cimas que se han logrado este verano en laos 'ochomiles de Pakistán, según publica www.mounteverest.net . En total son 35, o lo que es los mismo, una de las cifras más bajas de los últimos años (el año pasado, sin ir más lejos, fueron 93). Según comenta Granzotto, este descenso se debe tanto a las malas condiciones meteorológicas que ha habido como al descenso de alpinistas desplazados a los campos base de la montaña debido a la inestabilidad política wue vive la zona. Sin embargo, el brasdileño añade una tercera causa, que no deja de ser curiosa: el descenso se debe también a una vigilancia y control más estrecho por parte de los medios y los propios alpinistas de la cumbres verdaderamente conseguidas respecto a años anteriores.
En la lista llama la atención que nadie haya llegado al punto culminante del Broad Peak, considerado un ochomil 'fácil' o que al G-II sólo hayan subido 2 personas, frnete a las 13 del G-I, teóricamente más difícil. También destaca que al punto culminante del siempre difícil y peligroso K2 sólo ha llegado este año el asturiano Jorge Egocheaga
La lista de ascensiones es la siguiente:
K2
1) 19.07.2009 Jorge Egocheaga Rodriguez (ESP)
Nanga Parbat
1) 10.07.2009 Oh Eun-Sun (COR) (f)
2) 10.07.2009 Pemba Tshering Sherpa (NEP)
3) 10.07.2009 Dawa Wangchuk Sherpa (NEP)
4) 10.07.2009 João Garcia (POR)
5) 10.07.2009 Aminullah (PAK)
6) 10.07.2009 Mohammad Ali (PAK)
7) 10.07.2009 Hans Wenzl (AUT)
8) 10.07.2009 Richard (Rick) Allen (GBR)
9) 10.07.2009 Alexander (Sandy) Allan (GBR)
10) 10.07.2009 Go Mi-Sun (KOR) (f)
11) 10.07.2009 Kim Jae-Soo (KOR)
12) 10.07.2009 Tshering Dorje Sherpa (NEP)
13) 10.07.2009 Sonam Sherpa (NEP)
14) 10.07.2009 Wolfgang Koblinger (AUT)
15) 11.07.2009 Gerfried Goschl (AUT)
16) 11.07.2009 Louis Rousseau (AUT)
17) 11.07.2009 Herbert Schutter (AUT)
18) 11.07.2009 Josef (Sepp) Bachmair (AUT)
19) 11.07.2009 Johann (Hans) Goger (AUT)
Gasherbrum I (Hidden Peak)
1) 26.07.2009 Veikka Gustafsson (FIN)
2) 26.07.2009 Kazuya Hiraide (JAP)
3) 26.07.2009 Nikolay Petkov (BUL)
4) 26.07.2009 Boyan Petrov (BUL)
5) 26.07.2009 Nikolay Valkov (BUL)
6) 26.07.2009 Doychin Boyanov (BUL)
7) 03.08.2009 Oh Eun-Sun (KOR) (f)
8) 03.08.2009 Dawa Wangchuk Sherpa (NEP)
9) 03.08.2009 Carlos Soria (ESP)
10) 03.08.2009 Marta Alejandre (ESP) (f)
11) 03.08.2009 Oskar Porras (ESP)
12) 03.08.2009 Unai Zendoia (ESP)
13) 03.08.2009 Arkaitz Lasa (ESP)
Gasherbrum II
1) 09.07.2009 Ueli Steck (SUI)
2) 01.08.2009 Boyan Petrov (BUL)
A esta 35 cumbres se contraponen los cinco alpinistas que han fallecido en estas montañas durante la temporada recién concluida.
Por orden cronológico, en el K2 murió el italiano Michele Fait al despeñarse con esquís durante la fase de equipación de los campos de altura. Su plan era subir hasta la cumbre los esquis y realizar el descenso con ellos.
Días más tarde fallecían con apenas unas horas de diferencia en el Nanga Parbat la coreana Miss Go, en una sección de la ruta en la que se había retirado las cuerdas fijas por otra expedición, y el austriaco Wolfgang Köblinger, despeñado cerca de la cumbre.
Además, la italiana Cristina Castagna resbaló y cayó en una grieta durante la ascensión al campo 4 del Broad Peak.
Por último, el bilbaíno afincado en Gandía (Alicante) Luis María Barbero, desaparecía cerca de la cumbre del Gasherbrum I durante un intento de cima.
En paz descansen todo ellos.
18 Ago 2009
A continuación tenéis la entrevista a Juanito publicada el pasado domingo en su integridad:
Juanito Oiarzabal (54 años) vuelve, si es que alguna vez se fue. Tras su particular travesía del desierto a raíz de las congelaciones en el K2 (2004), en los dos últimos años ha recuperado su ritmo habitual de expediciones al Himalaya y ha vuelto a ver ligado su nombre a los 'ochomiles'. El año pasado subió el Makalu y la pasada primavera, el Kangchenjunga. O lo que es lo mismo, dos de las cinco montañas más altas del planeta. Y se ha visto tan bien que al final se ha lanzado a un proyecto que bullía en su cabeza desde hacía tiempo: repetir por segunda vez los catorce 'ochomiles'. Le faltan siete.
-¿Por qué quiere repetir los catorce 'ochomiles'?
-Porque es una forma de está ahí. De estar motivado conmigo mismo y de seguir disfrutando de lo que he hecho durante toda una vida. Sobre todo después de lo mal que lo pasé tras las congelaciones del K2 y de reencontrarme estos últimos años con el Himalaya, que es mi hábitat natural, donde mejor me encuentro, donde mejor me adapto, donde mejor me identifico y donde, sobre todo, disfruto con lo que hago. Sencillamente es eso. Creo que es un reto importante. Al menos para mí, aunque quizá no para los demás. Evidentemente, yo ya he hecho los 14 'ochomiles' y no aporto ya nada al mundo del alpinismo, porque lo único que hago es repetir montañas de 'ochomil' metros y tampoco estoy ya en condiciones de aportar nada nuevo. Hay que ser así de humilde y así de claro. Pero este proyecto me permite estar ahí y hacer lo que más me gusta.
-¿Haber subido el Kangchenjunga esta primavera ha sido determinante para decidirse a intentar repetir todos de nuevo?
-Sí. La decepción del Yalung Kang, en la que se me abrieron las heridas de las amputaciones, fue un palo muy gordo e incluso llegué a decir que me retiraba, pero ya sabes como soy. En cuanto llegué a casa en mi mente se instaló la idea de volver de nuevo. Sobre todo en demostrarme a mí mismo que podía volver a subir un 'ochomil'. Fui al Makalu, salió bien todo, y a partir de ahí me metí de nuevo en la dinámica de las expediciones. Y ahora, tras subir en primavera el Kangchenjunga, me he dado cuenta de que, después de haberme quitado los más gordos, era el momento de volverlos a subir todos.
-¿Se ve preparado para este nuevo reto?
-Quien me conoce ya sabe como soy. Si después de 40 expediciones al Himalaya no me he retirado es por algo. Tengo muchas ganas y físicamente me veo muy bien. Es más, creo que no he entrenado nunca como lo hago ahora. La experiencia que me avala es muy importante y motivación y ganas no me faltan. Por eso vuelvo. Soy consciente, porque mucha gente me lo ha dicho, que qué cojones hago volviendo a repetir los catorce 'ochomiles'. Se que me la estoy jugando y que después de haber subido tantos y haber hecho tantas expediciones no tengo que demostrar nada a nadie, ni tan siquiera a mí mismo. Pero es un reto que tengo ahí y probablemente un actividad como ésta tardará muchos, muchos, muchísimos, años en volver a ser repetida por otra persona.
-Los que le critican dicen que ya no aporta nada al mundo del alpinismo...
(Oiarzabal interrumpe al entrevistador).
-Ya. Y qué.
-...Y que cierra el paso a nueva gente con proyectos más innovadores. ¿Tiene algo que decirles?
-Yo no cierro el paso absolutamente a nadie. Es más, yo he sido una de las personas que más ha abierto el camino a otros alpinistas. Yo siempre he reivindicado a esa gente que viene por detrás. Pero es que los que están pidiendo paso tienen que hacer cosas innovadoras y distintas, ser creativos, porque para hacer lo que ya hemos hecho los demás... El hecho de subir un 'ochomil' está muy bien, pero nada más. Y tampoco veo gente, al margen de Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y los de siempre, que aporte nada nuevo.
-Usted también tuvo su época innovadora. ¿Añora sus primeros tiempos de himalayismo, aquellas expediciones a la cara norte Kangchenjunga, al Pilar Oeste del Makalu, a la Bonington del Everest, en la que no hacían cumbre pero miraban a las montañas frente a frente?
-Claro que sí. Los añoro porque fueron momentos muy dulces para mí. Yo intentaba, sobre todo en la época del 87 al 92, hacer cosas diferentes. Y aunque no salieron no los cambio por nada. Son los mejores años de mi carrera deportiva. Pero son eso, otros tiempos. Ahora no soy ni me creo el mejor. Sólo soy una persona diferente, sencilla, que quiero hacer esta historia a mi manera.
-¿Ve con especial recelo a alguno de los 'ochomiles' que le faltan?
-Sin duda. Intentar hacer los siete 'ochomiles' que me quedan en tres años y medio es un reto y se que va a haber dificultades de todo tipo. Por ejemplo, sé, sin ninguna duda, que el Annapurna va a ser un hueso muy duro. El otro 'ochomil' al que le tengo un gran respeto es el Dhaulagiri, ya que ese campamento dos que tiene siempre crea problemas. Y luego, que quizá por eso lo he dejado para el final, por su altura, está el Lhotse.
-¿Se ha planteado que después de todo lo que ha hecho si no consigue estos segundos catorce sea más recordado por este fracaso que por el éxito de los primeros catorce?
-Pues no, porque no lo voy a considerar ningún fracaso. Ni me lo planteo. Si no termino en el 2012, los terminaré en 2013. O en 2014. No me planteo no acabarlos. Puede ocurrir que falle en alguno o que esto se alargue en el tiempo, pero, evidentemente, a medida que me vayan quedando menos los voy a perseguir con más ganas todavía. Hombre, espero que no ocurra la fatalidad de que me quede en uno de ellos, que es algo que no contemplo, pero mi idea es seguir hasta acabarlos. Y que conste que tampoco pasa nada si no los termino porque me surge otra cosa que considero más importante y me impide acabarlos. Como cambio tanto y soy tan inestable, igual dentro de dos años me surge otra historia y digo, 'aquí los dejo'. Y si sucede, ahí quedará lo que he hecho hasta ese momento y ya está. Y se que tendré que aguantar críticas. ¡Y qué! Al final es mi propio reto y se acabó.
-Pero la gente tiende a fijarse en los último, en lo más reciente.
-Ya lo sé, pero es que yo no tengo que demostrar nada. Es un reto para mí, pero sobre todo para estar ahí, haciendo lo que llevo haciendo más de 20 años. Y qué mejor motivación para hacerlo que plantearme subir otra vez los catorce 'ochomiles'. Y cuando termine evidentemente ya se acabará todo esto. Digo yo que se tiene que acabar... Pero yo no tengo que demostrar nada a nadie. Y para el que tenga dudas ahí esta todo lo que he hecho.
-En algunas frases de la presentación del proyecto parece querer callar algunas voces.
-No, no. De verdad que no. No hay ningún resquemor, ni mucho menos. Lo que pasa es que sí es cierto que hay gente que dice 'Jodé Juanito, es que ya aburres. Deja paso a los demás'. Y yo digo, 'vale, dejo paso, pero a quién'. Yo he estado ahora en el Kangchenjunga, he ido con gente joven que tiene mucha experiencia en el Himalaya y no ha subido. He estado en el K2 o en el Everest con gente con mucha experiencia y no ha subido. Y yo sí. Quiero decir que al final si viera que realmente en Euskadi hay gente que está pidiendo paso sería el primero en apoyarlos. Pero cada uno es dueño de hacer las expediciones como quiera. Y que yo siga subiendo 'ochomiles' no quita para que otros chavales salgan y busquen su propio camino. Y que conste que yo creo que hay gente capaz, aunque tampoco hay gran cosa, al margen de los de siempre: Alberto (Iñurrategi), Juan (Vallejo) o Mikel (Zabalza), gente innovadora, creativa, que sabe lo que quieren, que son menos mediaticas que yo porque así lo han decidido. Y que evidentemente se merecen muchísimo más respeto, si cabe, que yo. Yo, al menos, el respeto que les tengo es notable. Ahora mismo son la vanguardia del alpinismo vasco y español.
-De todos los alpinistas que han acabado los 14 usted es el único que sigue subiéndolos de forma regular. ¿Por qué cree que todos los demás lo han dejado para dedicarse a otras cosas?
-Pues no lo sé muy bien. Probablemente por el carácter de cada uno. Empezando por Messner, que prometió a su madre no subir más y lo ha cumplido a rajatabla. Y se dedicó a otros menesteres, como escribir y meterse en política. Kukuzcka se quedo desgraciadamente en el Lhotse. Loretan tiene un trabajo muy digno y muy bueno como guía en los Alpes y en montañas bajas del Himalaya. Carsolio tiene un negocio de deporte aventura que le lleva todo el tiempo. Y Wielicki tiene una tienda de deporte en Varsovia y se dedica sobre todo a ella, aunque de vez en cuando sí que intenta algún 'ochomil'. En definitiva, que depende del carácter de cada uno y de los derroteros que han tomado sus vidas. Yo siempre he dicho que no he perseguido ningún récord ni ninguna marca. He seguido una curso natural y lo que he hecho ha sido porque soy así. Cuando acabé los 14 quise repetir el Everest sin oxígeno y eso encendió la mecha, seguí subiéndolos con el programa 'Al Filo' hasta que me congelé, que algún día tenia que pasar. Y precisamente ahí, cuando quizá lo lógico hubiese sido retirarme, es cuando más ganas tuve de volver, tras la grave lesión de los pies, para demostrar que podía ser capaz de subir otra vez un 'ochomil'. Y desde entonces he subido nada menos que el Makalu y el Kangchenjunga. Lo dicho, que es cuestión de carácter.
-Que le dijo su mujer cuando le explico este plan.
-Araceli, como sabe y entiende de montaña y sabe lo que es este negocio, mostró una gran preocupación, porque ella ya sabe lo que conlleva todo esto, pero también un gran respeto por mi decisión. Supone tensión y preocupaciones de todo tipo durante todo el año, y no es que altere la vida de mi familia, porque ya están acostumbrados. “Qué necesidad tienes de volver a hacer los 14”, me ha dicho, pero como me conoce lo acepta y no le queda más. Pero desde luego ella sabe lo que conlleva este proyecto.
-Y después de 24 años. 40 expediciones y 23 'ochomiles', ¿Con que se queda de todo lo vivido?
-Me quedo precisamente con eso, con lo que he vivido, con la gente y las culturas que he conocido, con las experiencias, buenas y malas que he tenido. No me puedo quedar con algo concreto. Yo suelo hablar de la expedición al K2 del 94 como la mejor que he hecho. Una expedición como aquella no se ha vuelto a dar porque salió todo perfecto, abriendo la vía Cessen que después de nuestra ascensión pasó a llamarse la ruta vasca. Es que salió todo perfecto. Yo siempre pienso mucho en esa montaña. Y sin embargo la segunda vez que fui mira lo que pasó en el descenso. Me pilló. En definitiva, con lo que me quedo yo es con lo que he disfrutado, con lo que me ha dado la montaña, desde mi mujer hasta todo. Fíjate cual puede ser mi identificación con Nepal que tengo una hija nepalí adoptada. Para ese país y para Pakistán no tengo más que agradecimientos porque gracias a ellos he podido disfrutar con lo que me ha gustado toda la vida. A ellos les debo todo lo que tengo y lo que soy.
-Teniendo en cuenta que Carlos Soria acaba de ascender el G-I con 70 años, ¿hasta cuando va a tener cuerda Juanito Oiarzabal?
-¡Desde luego hasta los 70 años no!. No me veo yo haciendo 'ochomiles' a los setenta años. Eso te lo puedo garantizar. Una vez que termine este proyecto, sin duda alguna, de verdad y esta vez sí que de verdad, no volveré... supongo... a ningún 'ochomil' más. Es lo tengo... (Oiarzabal parece dudar) ¡No me jodas! ¡con 70 años....!
Foto 1: En la cumbre del Makalu.
Foto 2: En la cumbre del Chimborazo.
Foto 3: En la cumbre del Kangchenjunga, con Asier Izagirre y Edurne Pasaban.
28 Jul 2009
Ya son diecisiete. El último en sumarse a la lista de alpinistas que han ascendido los 14 ochomiles del planeta es el finlandés Veikka Gustafsson (41 años). Aunque conviene matizar, atendiendo a la recomendación de los más puristas, que si bien en la lista completa es el 17º, Veikka es el noveno escalador que los sube sin la ayuda de oxígeno artificial, tras Reinhold Messner, Erhard Loretan, Juanito Oiarzabal, Alberto Iñurrategi, Ed Viesturs, Silvio Mondinelli, Iván Vallejo y Denis Urubko. En 1993 ascendió el Everest con la ayuda de botellas de oxígeno (fue además su primer ochomil), pero en 1997 lo volvió a subir, esta vez sin ellas.
Su último ochomil ha sido el Gasherbrum I y lo logró el pasado domingo en compañía del japonés Kazuya Hiraide y cuatro miembros de una expedición búlgara (Nikolay Petkov, Doychin Boyanov, Boyan Petrov and Nikolay Valkov), según informa www. mountEverest.net . Estas seis cumbres suponen, además, las primeras de la temporada en el Gasherbrum más alto (8.065 m.)
Los ochomiles de Gustafsson son los siguientes:
Everest (8848 m), 1993 (con oxígeno)
Dhaulagiri (8167 m), 1993
K2 (8611 m), 1994
Lhotse (8501 m), 1995
Makalu (8483 m), 1995
Everest (8848 m), 1997 (sin oxígeno)
Manaslu (8163 m), 1999
Dhaulagiri (8167 m), 1999
Shisha Pangma (8046 m), 2001
Nanga Parbat (8125 m), 2001
Everest (8848 m), 2004 (con oxígeno)
Cho Oyu (8201 m), 2005
Annapurna (8091 m), 2005
Kanchenjunga (8586 m), 2006
Gasherbrum II (8035 m), 2008
Broad Peak (8047 m), 2008
Gasherbrum I (8080 m), 2009
Gustafsson es el tercer alpinista que este año concluye la carrera de Los Catorce, tras Denis Urubko y Ralf Dujmovits. Y puede no ser el último, ya que hay varios escaladores con 13 ochomiles y todavía queda la temporada de otoño en los ochomiles nepalíes. Es el caso del portugués Joao Garcia, que hace unos días ascendió el Nanga Parbat (su 13º ochomil) y ya ha anunciado que en otoño se irá al Annapurna para acabar su particular carrera.
Aunque se anunciaba éste como un fin de semana de cima en los ochomiles del Karakorum, al final sólo la cumbre del GI ha recibido visitas. En el GII nadie ha pasado del C-II (como explican dramáticamente las sobrinas de Luis Barbero en el post en el que relatamos su desaparición a él), en el Broad Peak un miembro de una expedición catalana ha llegado a su antecima, y en el K2 las cosas aún van despacio. Ninguna expedición han llegado aún al C-IV y todas han vuelto al CB al no confirmarse las predicciones de tiempo del fin de semana. La montaña sigue muy cargada den ueve en su tramo superior y la ruta hastal a cumbre en el cuello de Botella se ve tan complicada que Gerlinde Kantelbrunner y sus compañeros de expedición, que intentan subir por la vía Cessen, han decidido buscar una ruta alternativa que evite ese complicado y peligroso paso.
Mientras tanto, en el CB del GI y GII se aguarda la llegada de la coreana Ms. Oh, que finalmente ha decidido realizar el tramo final de aproximación a pie, aunque su equipo está ya en el CB tras haber sido trasladado en helicóptero.
14 Jul 2009
El Nanga Parbat, ‘La Diosa desnuda’. fue su último ‘ochomil’. Go Mi-Sun, una de las dos coreanas implicadas en la carrera femenina por ascender las 14 cimas de más de 8.000 metros de l planeta, falleció el sábado en esta montaña de 8.125 metros, localizada en el Himalaya paquistaní. Según informó Kim Jae-Soo, jefe de su expedición y manager de Go Mi-Sun, se despeñó a 6.200 metros de altura, por encima del muro Kinshofer, cuando descendía de
la cumbre. Según Kim, la alpinista, que había sumado su undécimo ‘ochomil’, se encontraba «en una zona sin cuerdas fijas, bajo condiciones climáticas adversas y sin tomar suficientes descansos».
Según el escalador italiano Giuseppe Pompili, que coincidió durante la ascensión con la coreana, «llegó a la cumbre sobre las seis de la tarde. Poco después se vio obligada a refugiarse detrás de una roca durante dos horas debido al fuerte viento». Pese a todo, logró alcanzar el Campo IV, donde «pasó la noche». A la mañana siguiente continuó bajando, hasta que en un tramo muy pendiente, entre el C-III y el C-II, «de hielo puro y sin cuerda fija», se cayó.
«Le vimos tropezar y caer hacia el glaciar», declaró otro miembro del grupo al ‘Korean Times’ de Seúl. El accidente fue visto desde el Campo Base, desde donde observaban la evolución de los alpinistas. Al ver la caída, inmediatamente dieron la voz de alarma y se inició la búsqueda. Por fin, el domingo, uno de los dos helicópteros que participan en las labores de rastreo avistó el cuerpo de la mujer sobre una estrecha repisa, mil metros más abajo del lugar de accidente y a unos cien de la vía Messner. El mal tiempo impidió el rescate del cuerpo y ayer ya no estaba allí. Hoy tenían previsto continuar la búsqueda.
Go Mi-Sun nació en Seúl (1966) y hasta hace apenas tres años era una perfecta desconocida dentro del himalayismo. Pero tras una meteórica carrera que le ha llevado a ascender once ochomiles desde 2006, se encontraba en plena pugna con su compatriota Oh Eun-Sun por convertirse en la primera mujer en hollar los 14 ‘ochomiles’. Se da la circunstancia de que Miss Oh, ayudada co
n oxígeno artificial, hizo cumbre en el Nanga Parbat una horas antes que Miss Go, con lo que sumó su duodécimo ‘ochomil’. La pelea contrarreloj de estas dos coreanas era tan encarnizada que se había convertido en una amenaza para la carrera más ‘amable’ que mantienen desde hace un par de años las europeas Edurne Pasaban (12 ‘ochomiles’), Gerlinde Kaltenbrunner (12) y Nives Meroi (11).
‘Dark horse’ (’Caballo oscuro’), como era conocida en Corea Go Mi-Sun, estrenó su palmarés ‘ochomilista’ en 2006 en el Cho Oyu. Al año siguiente apretó ya el acelerador subiendo al Everest, Broad Peak y Shisha Pangma. Mantuvo el ritmo en 2008 con las ascensiones al Lhotse, K2 (donde fue uno de los supervivientes de la tragedia que costó la vida a cinco miembros de su expedición) y Manaslu; y este año había batido su propio récord al convertirse en el primer alpinista (hombre o mujer) en ascender en 72 días cuatro ochomiles: Makalu, Kangchenjunga, Dhaulagiri y Nanga Parbat. Tras este último éxito, su plan era ascender en los próximos días G-I y G-II y completar en otoño con el Annapurna los 14 ‘ochomiles’.
Otra cosa son los polémicos métodos que utilizaba para sumar esos colosos uno tras otro. En primer lugar estaba la planificación milimétrica de cada objetivo. Ello incluía equipos simultáneos equipando varias montañas a la vez y su traslado de un campo base a otro en helicóptero. El segundo elemento era el uso casi indiscriminado del oxígeno artificial, tanto por ella como por sus equipos de apoyo, hasta el punto de que casi todos los ochomiles ascendidos los habría conseguido con esa ayuda suplementaria.

La muerte de Go Mi-Sun deja sola en la carrera ‘coreana’ a Miss Oh, que es poco probable que guarde luto a su compatriota y renuncie, con una filosofía de trabajo y de uso de oxígeno artificial muy similar a Miss Go, a su plan inicial de intentar atacar los próximos días el G-I, para viajar en otoño al Annapurna y completar así Los Catorce.
Las que no han alterado sus planes pese al esprint de las orientales son Pasaban, Kalterbrunner y Meroi. Las tres mantienen su ritmo, y mientras la vasca prepara el asalto al Shisha Pangma en septiembre y la austriaca lucha estos días contra la gran cantidad de nieve acumulada en la ruta del Espolón SSE o Vía Vasca del K2, nada se sabe de nuevos proyectos de la italiana tras darse la vuelta en el Kangchenjunga en mayo por los problemas físicos de su marido Romano Benet. En todo caso, y salvo cambios de última hora, ninguna de las tres tiene previsto completar los 14 ‘ochomiles’ antes de 2010.
Foto 1: Go Mi-Sun.
Foto 2: Oh Eun-Sun.
Foto 3: Go Mi-Sun durante la ascensión al Nanga Parbat, el pasado viernes (foto gentileza de Joao Garcia).
11 Jun 2009
Ya lo decía hace unos días. El mundo alpino gira su mirada hacia el Karakorum tras la llegada, este año prematura, del monzón en el Himalaya. Los cinco ochomiles de Pakistán se aprestan a soportar el asedio de decenas de expediciones y centenares de escaladores. El Gasherbrum II y el Broad Peak se vuelven a llevar la palma en su condición de ochomiles 'fáciles', pero como viene sucediendo en los últimos años, ni tan siquiera el otrora sagrado K2 se libra de la presencia en su base de un numero de expediciones (casi una docena) impensable hace apenas un lustro. La mejor evidencia de que el alpinismo comercial ha perdido el respeto hasta a las más temidas cumbres.
Y es que, salvo honrosas excepciones, las rutas normales, cosidas con cuerdas fijas, serán las vías mayoritarias de acceso a las cumbres. Pero como he dicho, algunas excepciones hay. A la cabeza de ellas vuelve a estar el gran Valery Babanov, el único alpinista que ha recibido dos veces el Piolet de Oro, el máximo premio del alpinismo mundial. El ruso ya dejó muestras de su clase el año pasado al abrir en apenas quince días dos nuevas rutas en estilo alpino en el Broad Peak y el Gasherbrum I. Su idea era completar una trilogía de aperturas con el Ghasherbrum II, pero el tiempo se les echó encima. Así que este año vuelve para completar el reto. No ha dado detalles de la vía elegida, pero seguro que no decepcionará.
El resto de actividades singulares se centran en el K2, con el intento de sueco Fredrik Ericsson de descender desde la cumbre en esquí y el objetivo de una nueva vía a cargo del equipo que dirige el austriaco Gerfriend Goschl.
Pero donde el Karakorum echará chispas en los dos próximos meses será en la carrera por completar los 14 ochomiles, tanto en su versión masculina como en la femenina. Hasta media docena de alpinistas a los que les faltan uno, dos o tres ochomiles para completar la carrera se darán cita en los campos base de los cinco colosos pakistaníes. El que mejor lo tiene es el finlandés Veikka Gustafsson, que si asciende en las próxima semanas el G-I se convertirá en el decimoséptimo hombre en completar Los Catorce.
El pelotón se amplía con los alpinista a falta de dos 'grandes' para acabar la serie. Los jóvenes kazajos Maksut Zhumayev y Vassili Pivtsov tienen el permiso para el K2 (el otro que les falta es el Lhotse) pero tras la reciente muerte de su compañero Serguey Samoilov precisamente en las faldas del Lhotse cuando intentaban la famosa travesía Everest-Lhotse su presencia en el campo base del Chogori es más que dudosa. El portugués Joao García, por contra, sí que ha confirmado su intento en el Nanga Parbat en busca del que sería su decimotercer ochomil (le quedaría el Annapurna).
También estará en la base del K2 la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner, que intentará ascender por la ruta de los vascos (pilar SSE). Si lo consigue, sólo le faltará el Everest para convertirse en la primera mujer en completar Los Catorce. PEro ni ella ni Edurne Pasaban se pueden descuidar. Al acecho se encuentra la coreana Eun Sun Oh, que se ha plantado en Pakistán con el firme propósito de subir el Nanga Parbat y el Gasherbrum I de una tacada y acudir así en otoño al annapurna para acabar su sprint final. Para ello, ya tiene a sendos equipos trabajando en ambas montañas donde no escatimará medios en forma de porteadores u oxígeno artificial.
Otro que se plantea un esprint final endiablado es el nepalí Serap Jangbu, empeñado en convertirse en el primer sherpa en completar Los Catorce. Su reto este verano no tiene desperdicio: ascender el Nanga Parbat, el Gasherbrum I y el Broad Peak, con lo que le quedaría únicamente el Makalu. El reto es descomunal, pero si hay alguien capaz de hacerlo es este szherpa que el 25 de julio cumplirá 40 años y que además de diez ochomiles ascendidos cuenta con repeticiones al Everest, K2, Lhotse y Cho Oyu.
28 May 2009
El alemán Ralf Dujmovits, el último conquistador de los catorce ochomiles tras
ascender hace una semana el Lhotse, ha realizado una interesante propuesta en una no menos interesante entrevista a la web desnivel.com. Básicamente, Ralf, que además dirige una empresa dedicada a organizar expediciones a ochomiles, propone dividir la carrera del os ochomiles entre los que han ascendido alguno con oxígeno y los que han hecho todos sin la ayuda de oxígeno embotellado.
Con esta propuesta, él mismo se descarta de la que considera auténtica, la de los que no han usado oxígeno, ya que en 1992 utilizó bombonas para hollar el Everest. "Hasta que no vuelve a subirlo sin oxígeno no consideraré que he ascendido los catorce ochomiles", asegura. Y todo ello respetando a los que eligen esa opción y sin querer buscar la más mínima polémica.
Creo que su relflexión es muy loable y refleja el caminos que debería tomar el alpinismo del siglo XXI. Se trataría de dividirlo en dos vertientes. Por un lado una llamemosla comercial (expediciones comerciales/turísticas, vias normales, etc) y otra más deportiva, en la que se tenga en cuenta el cómo y el por dónde se intenta alcanzar una cumbre, incluso por encima del hecho en sí mismo de haberla conseguido.
No es la primera vez que se realiza esta propuesta, aunque en muchos foros no acaba de cuajar porque implicaría dejar fuera a dos de los más grandes escaladores de la historia, Jerzy Kukuzka y Krzysztof Wiekicki, que en los años ochenta escalaron el Everest con oxígeno, aunque abriendo una impresionante vía en el Pilar Sur y realizando la primera invernal, respectivamente. En estos casos, Ralf entra de lleno en la polémica para reivindicar un alpinismo ético en el que los escaladores respeten sus límites y dejen a otros los que ellos no puedan hacer salvo que utilicen medios extras como el oxígeno. Es como dijo en su día Reihnold Messner evitar "matar lo imposible".
Con esta propuesta, la lista de 16 alpinistas que han subido los catorce ochomiles quedaría reducida a 8: Reinhold Messner, Erhard Loretan, Juanito Oiarzabal (que en 2001 repitió el Everest sin oxígeno tras haberlo subido años antes con él), Alberto Iñurrategi, Ed Viesturs, Silvio Mondinelli, Iván Vallejo y Denis Urubko.
10 Oct 2008
Edurne coronó el pasado domingo el Manaslu, su undécimo ochomil (con lo que sólo le quedan tres para completar Los Catorce). Pero parece que a algunos la noticia no ha gustado demasiado. Al día siguiente, Oscar Gogorza director de la revista Campo Base, escribía un duro comentario en el diario El País bajo el título 'El mérito estirado' en el que criticaba el empeño de Edurne de conseguir los catorce ochomiles, su forma de escalar montañas y le restaba al hecho todo valor alpinístico. Incluso la información que encabezaba la página y que relataba la ascensión al Manaslu de Edurne, escrita por el periodista Rafael Carbonell, concluía con la frase "Es un duelo, sin embargo, carente de valor alpinista", referido a la lucha que mantienen la tolosarra, Gerlinde Kaltenbrunner y Nives Meroi por ser la primera mujer en ascender las catorce montañas de más de ocho mil metros que hay en el planeta.
Oscar me conoce y sabe que estoy de acuerdo con él cuando afirma que "el alpinismo moderno camina por escenarios distintos, atento a una ética y una dificultad mucho más sólida que la que viste las ascensiones de Edurne". Por supuesto. Sin duda alguna, la ascensión que este verano ha logrado al G-IV una expedición comandada por Alberto Iñurrategi (por poner un ejemplo cercano) tiene mucho más mérito alpinístico que la del Manaslu (en la que por cierto estuvieron dos alpinistas que también ascendieron al G-IV). Pero de ahí a descalificar lo conseguido por Edurne va un mundo.
Su principal error es comparar la carrera femenina con la épica lucha que protagonizaron a principio de los ochenta Reinhold Messner y Jerzy Kukuczka por convertirse en el primer ser humano en ascender los catorce ochomiles. Absolutamente nadie lo ha hecho. Sería una temeridad. Ellos fueron unos pioneros, además de probablemente los dos mejores alpinistas de la historia, y por eso lo que hicieron es irrepetible. Pero también es un hecho irrefutable que entre la quincena de alpinistas que lo han conseguido desde Messner los completase en 1986 no hay ninguna mujer (no es el momento en extenderse en las consideraciones sociales y culturales que han motivado esta carencia; ése es otro debate). Sólo por eso, el que una mujer consiga ascender los catorce ochomiles tiene ya un mérito indudable.
Como bien dice más adelante, Edurne nunca ha afirmado que sus ascensiones sean un "ejercicio vanguardista" de alpinismo. Ella lo sabe perfectamente, como sabe perfectamente cuales son sus limitaciones técnicas. Pero a continuación Oscar Gogorza matiza en condicional que "tampoco podría negar que todo lo conseguido hasta la fecha se debe tanto a su voluntad, sí, como al trabajo ingente de una cohorte de especialistas (anónimos) que han difuminado todas las carencias técnicas y la dependencia de la guipuzcoana". Y es que, efectivamente, Edurne nunca lo ha negado. Si Edurne se ha caracterizado por algo hasta ahora es por reconocer siempre los méritos de sus compañeros de cordada y la importancia que siempre ha tenido para ella el hecho de rodearse de un buen equipo humano (tanto en el aspecto personal como en el técnico). Nunca han sido anónimos (nombres como Mikel Zabalza, Ferran Latorre, Iván Vallejo o Juan Vallejo tienen la suficiente importancia en el mundo alpinístico para que no lo sean), aunque si han permanecido en un segundo plano, al menos mediáticamente. Pero eso es algo inevitable en un mundo en el que priman los titulares. ¿O es que en la expedición al G-IV (por seguir con el ejemplo) el nombre que acaparaba los titulares no era Alberto Iñurrategi y el resto de sus compañeros (Mikel Zabalza, José Carlos Tamayo, Juan Vallejo y Ferran Latorre) quedaban para ser citados en la letra pequeña?
Toda expedición tiene un líder (por méritos alpinísticos, por capacidad organizativa o por importancia mediatica) y sus compañeros son conscientes de que va a ser quien de la cara (en la firma del permiso o ante los medios), porque, seguramente, gracias a él (a su calidad alpinística, a su capacidad de organización o a su poder mediático para conseguir patrocinadores) ellos está ahí. La clave no está en que mediáticamente el resto del grupo sea situado al nivel del líder, sino que dentro del grupo cada uno sea consciente de su rol y sea valorado (y reconocido) por el líder en esa función. Mi experiencia cubriendo expediciones 'in situ' me ha llevado a comprobar más de una vez que es de ese 'feeling' entre los miembros de una expedición del que depende en buena medida el éxito o fracaso de la misma. Muchas veces incluso por encima de otros factores como la climatología o las condiciones en las que esté la montaña.
Algo similar ocurre con los sherpas, esos trabajadores anónimos del Himalaya sin cuyo concurso la conquista de las montañas más grandes del planeta hubiese sido imposible. Y hoy lo seguiría siendo, salvo muy honrosas excepciones. Y es que conviene tener en cuenta que de las cerca de mil ascensiones que se hacen cada año a los 14 ochomiles, más del 90% son posibles gracias al trabajo que realizan los sherpas equipando la montaña y los campamentos de altura y abriendo la ruta. Las ascensiones logradas en el Himalaya sin la ayuda de sherpas (como la del ya citado G-IV) tienen un plus de mérito y de fidelidad a la esencia más pura de alpinismo que las sitúa en un nivel muy por encima del resto. Pero al margen de esos casos, hoy en día el himalayismo sería inconcebible sin los sherpas. Y pese a quien pese, todos los alpinistas que han completado los 14 ochomiles han recurrido a ellos alguna vez.
Otra aformación que no comprendo, ni comparto es que "el alpinismo nunca se ha contemplado como una actividad deportiva", para a continuación definirlo como "una forma de relacionarse con el medio natural en atención a unas reglas éticas que rigen el afán humano de superación". ¿Y acaso esta última frase no es una perfecta definición de deporte?
En definitiva, pienso que para destacar un tipo de alpinismo -que creo que todos estamos de acuerdo en que es más auténtico y meritorio-, no hay por qué descalificar al otro, más popular, por llamarlo de alguna forma. Sobre todo cuando la protagonista tiene perfectamente asumidas tanto sus limitaciones como las reglas con las que afronta el reto de acabar los catorce ochomiles, ni ha pretendido nunca engañar a nadie apropiandose de méritos ajenos u ocultando las condiciones en las que ha afrontado cada ascensión.
19 Jun 2008
Elizabeth Hawley es una institución en el mundo del himalayismo. Esta mujer que desde los años sesenta se ha convertido en la notaria de las ascensiones significativas en el Himalaya, sobre todo a los ochomiles, ha recibido estos días seguramente la mejor alegría posible. Un escalador francés, François Damilano, ha querido reconocer su labor y no ha tenido mejor idea que ascender una montaña virgen y darle su nombre. se trata de una cumbre de 6.182 metros de altitud localizada en el macizo de los Dhaulagiri, que desde ahora lleva el nombre de Peak Hawley.
Pocos homenajes le habrán hecho más ilusión a Ms. Hawley que este. Seguramente, es la persona que mejor conoce las rutas de ascensión a los ochomiles, cada piedra, cada cadáver en la ruta, pese a que en su vida se ha acercado ni tan siquiera a sus campos base. En los años sesental llegó para Katmandu para ahceru n reportaje para la agencia Reuters, para la que trabaja, y ya no salió de allí.
El sistema de trabajo de Elizabeth Hawley es tan curioso como riguroso. Ella entrevista a todos los alpniistas y en la encuesta introduce ocasionalmente preguntas trampa para saber si le dicen la verdad. Luego contrasta las respuestas con las de otros alpinistas que han realizado la misma ascensión y así sabe perfectamente quien le ha dicho la cerdad y quien no. Y así da descubierto las trampas de numerosos alpinistas, algunos de ellos renombrados, que se vieron cegados por la fiebre de la cumbre...
Yo la conocí en 2002 en Katmandu, a la vuelta de la expedición de Iñurrategi al annapurna y su compañía es sencillamente deliciosa. Su imagen de encantadora abuelita británica contrasta con los incisivos interrogatorios que hace a los alpinistas. Y quizá ese sea su secreto. En todo caso, es toda una institución en el mundo del himalayismo.
26 May 2008
Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es una mujer feliz. Acaba de subir su décimo ‘ochomil’ en una ascensión rápida y limpia y ve más cercano el final del reto de su vida: ascender los catorce ‘ochomiles’ del planeta. Atrás han quedado ya algunos fantasmas que hace unos meses sembraron de nubarrones el objetivo y ahora mira ya hacia el futuro con optimismo. Y con ganas de cerrar este capítulo de su vida para poder abrir otros, como el de la maternidad. Pero los ‘ochomiles’ no ofrecen tregua y, recién llegada de su ascensión al Dhaulagiri, recibía como una sopapo la muerte de Iñaki Ochoa de Olza, un amigo muy especial para ella.
–¿Esperaba ese desenlace para Iñaki Ochoa de Olza?
–Le conocía, era un alpinista muy fuerte y nunca pensé en ese final, confiaba en que saldría adelante, aunque también era consciente de que las posibilidades eran pocas, sobre todo según iban pasando los días y no conseguía salir de allí arriba. Siempre es duro recibir una noticia así, pero en este caso además era un buen amigo y ha sido una persona muy cercana a mí. Aún no me había levantado cuando me llamó Alex Txikon a primera hora de la mañana para decírmelo. Me quedé dos horas en la cama, sin reaccionar, dándole vueltas a todo.
–¿Ante una noticia así no dan ganas de dejarlo todo?
–No. Merece la pena lo que hacemos. Sabemos que puede pasar. Y nunca creemos que nos va a tocar tan cerca. Aunque nos toca. Pero dejarlo, jamás. Esas montañas son nuestra vida, nuestra libertad. Y sabemos que el precio a pagar a veces es alto. Pero hacemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona. Es nuestra vida.
–El Dhaulagiri ha sido su décimo ‘ochomil’. ¿Ve más cerca el final?
–Un poco más cerca sí. A veces sí que lo siento más cerca. Pero tambien soy consciente de que me quedan cuatro. Y muy difíciles. Sobre todo Kanchenjunga y Annapurna, que son dos montañas duras. Así que lo veré más cerca cuando vaya con doce. Con diez todavía queda un largo camino.
–Ahora que se va acercando al final, ¿se siente presionada?
–No especialmente. He dejado siempre muy claro que los cuatro que me quedan tengo que hacerlos tranquilamente. Porque si me obsesiono con ellos el factor del riesgo se dispara. Así que los voy a hacer muy tranquila. Hombre, viendo como van mis ‘rivales’, entre comillas, Gerlinde (Kaltenbrunner) y Nives (Meroi), tendré que espabilar un poco si quiero ser la primera. Pero desde luego, por mi entorno y los patrocinadores no me siento presionada para nada.
–¿Y por usted misma?
–Tampoco. Yo me he planteado esto en dos o tres años y creo que tengo tiempo suficiente para hacerlo. Hombre, si dentro de un año no he subido ningún ‘ochomil’ más entonces seguramente sí que me sentiría presionada. Pero por ahora no. He cumplido en el Dhaulagiri el primer plazo y todo va bien.
Las ‘rivales’
–¿Y si al final es la segunda o la tercera en acabar los ‘ochomiles’?
–No creo que me sentiría muy diferente. Tampoco va a cambiar mucho la vida ni de Edurne, ni de Gerlinde ni de Nives por esto. La primera que lo consiga pasará a la historia y estará en los libros. Pero no creo que por ello vaya a tener más trabajo ni sea más que las otras. ‘Guay’ para la primera, porque será eso, la primera. Es lo que buscamos las tres, aunque no haya competencia entre nosotras. Pero, al final, lo importante es terminar los catorce para una misma. Y si soy la primera, mejor. Pero lo haré para mí. Gerlinde y yo pensamos eso. Los hemos hablado mucho en esta expedición y las dos lo tenemos claro.
–Gerlinde lleva un ritmo tremendo.
– Está claro que ella va mucho más a saco que yo. Va a un ritmo mucho más fuerte. No sé si porque está presionada o porque los austriacos son más cuadriculados en los planteamientos una vez que se marcan un objetivo, mientras que nosotros somos más relajados.
–Ha coincidido con ella en los dos últimos ‘ochomiles’. ¿Su relación sigue igual de bien?
–Es una pasada. Mantenemos el contacto continuamente, no sólo en las expediciones. Por ejemplo, acabo de recibir un ‘e-mail’ suyo en el que me cuenta que está esperando a su marido, Ralf Dujmovits, que ha subido el Makalu, para irse juntos al Lhotse, que les falta a los dos. Y me contaba que ha estado superpreocupada porque no ha sabido nada de él, que si los hombres cómo son… Lo que quiero decirte es que nuestra relación es de todo menos de rivalidad.
–¿Qué tienen cada una de las tres a favor y en contra para ser la primera en acabar Los Catorce?
–Antes pensaba que Gerlinde y Nives tenían la ventaja de sus maridos, que siempre iban a escalar con ellos. Y no por el hecho de que fueran sus maridos, sino porque vivían en un entorno familiar que giraba también sobre su objetivo de terminar los ‘ochomiles’. Y yo me sentía un poco sola. Pero ya no es así. De otra forma, con un programa de televisión, un patrocinador y un entrenador, pero ahora también me siento arropada en torno al mismo objetivo. Son personas que saben lo que quiero y lo ponen todo de su parte para que lo logre. Es un equipo que trabaja para lograrlo conmigo. Y ya no siento esa soledad de antes.
–Antes hablábamos de la presión de acabar...
–A ellas las veo más obsesionadas que yo para terminar Los Catorce. Mucho más. Muy obcecadas en ello. Yo desde luego quiero terminarlos y me gustaría ser la primera, pero hago las cosas más pausadas y pensadas. A otro ritmo. Valoro mucho, mucho la vida. Y eso no quiere decir que ellas no la valoren, pero su vida sólo la basan ahora mismo en terminar Los Catorce. Y yo no.
El final
–De momento Gerlinde tiene ventaja.
–Sí.Y yo creo que será la que acabe primero. Si no le ocurre nada. Lo que pasa es que le queda un hueso muy duro que es el K2. Pero es la que más boletos tiene. Y la que más me gustaría, si te soy sincera, que acabase primera. Es una gran persona y una muy buena alpinista. Se lo merece.
–¿Y Nives?
–Es mayor que nosotras, de otra generación. No la conozco tanto como a Gerlinde, aunque veo que está obsesionada con terminarlos. Se ha metido a saco en esto y no mira por lo demás. Incluso ha tenido alguna disputa con Gerlinde, contra la que se querelló porque hizo algún comentario sobre las dudas que existen de la ascensión de Nives y su marido al Dhaulagiri. Y no es algo que diga Gerlinde, es algo de lo se duda en el mundo de alpinismo... Y una persona que va de este modo por la vida se ve claramente lo que quiere...
–Y cuando acabe los catorce, ¿será el final?
–Seguramente el final de los ‘ochomiles’ sí. No me veo como Juanito haciendo 22, 25 o no sé cuántos. Me veo haciendo montaña, y seguramente el Himalaya no lo voy a dejar nunca porque me gusta ir allí y estar con su gente. Pero desde luego no voy a seguir haciendo ‘ochomiles’ como loca.
–¿Antes de dejarlo se plantea hacer el Everest sin oxígeno?
–Sí, sí. Primero vamos a terminar los catorce, pero desde luego sí que me lo planteo. Sí que me gustaría intentar el Everest sin oxígeno. Sería el final. La mejor forma de cerrar el ciclo de los ‘ochomiles’.
–Con la perspectiva de que fue su primer ‘ochomil’, ¿se arrepiente de haberlo hecho con oxígeno?
–No. Porque creo que cada cosa hay que hacerla en su momento y como viene. Y yo, en 2001, no tenía la experiencia que tengo ahora. Entonces, el Everest para mí era una fijación. No me planteaba para nada Los Catorce y lo único que quería era subir al Everest. Primero lo intenté sin oxígeno y al final me costó ¡tres años! Así que no me arrepiento para nada de lo que hice entonces ni de cómo lo hice.
–¿Tiene miedo al vacío que se siente tras concluir algo que se ha convertido en el objetivo de su vida?
–Aunque esas cosas hasta que llegan no sabes si te van a pasar y cómo vas a reaccionar, yo creo que no. Porque ahora me falta tiempo para hacer otras muchas cosas. Y la maternidad es algo que también me va a llenar muchísimo cuando acabe con esto. Así que no me van a faltar ocupaciones ni preocupaciones. Van a llenar con creces el espacio que ahora ocupa la montaña. No sólo no tengo miedo al vacío, sino que quiero terminar con esto para poder empezar a hacer otras cosas.
–Tiene muy claro lo de ser madre.
–¡¡¡¡Síííí!!!! La maternidad será mi decimoquinto ‘ochomil’. Al menos lo espero. Por eso me marco el límite de acabar los catorce en dos o tres años. Para poder pasar a otras etapas de mi vida que también quiero hacer y que de momento tengo aparcadas, como tener una pareja, un hijo… ahora tengo un sobrino al que estoy todo el día dando la lata cuando estoy en casa. ¡¡¡¡Tengo el instinto a flor de piel!!! ja ja ja ja. Llevo dos años que no sé qué me pasa… Ahora que hay pastillas para todo, tendrían que inventar alguna que calme el instinto maternal… ¡¡Ja ja ja!!
–No sé si preguntarle si ya ha elegido el padre.
–¡Noooo!. Eso no lo tengo aún elegido. ¡¡Este es el problema!! Ja ja ja. De todas formas, ahora la ciencia ha avanzado una barbaridad, así que si no encuentro uno que me guste no lo necesito. Pero esto no lo pongas, no vaya a ser que asuste a los posibles candidatos y no encuentre ninguno… (Edurne vuelve reír con ganas).
–Hablemos de los ‘ochomiles’ que le faltan: el Manaslu.
–Para mí es un desconocido. Nunca he estado ni he oído hablar mucho de él. Aquí, en Euskadi, por ejemplo, han ido poquitas personas. Iremos este otoño y no sé si es la mejor época, porque se carga bastante de nieve en el monzón. Por lo demás no es una montaña muy complicada. El problema es la nieve y que es muy fría. Nuestras posibilidades dependerán mucho del monzón que haga.
–Shisha Pangma.
–He estado ya dos veces. Para subir tengo que ir por la cara sur. El año pasado estuvimos por la norte, por la que es una montaña ‘facilita’ entre comillas, por lo menos hasta la cima secundaria. Pero creo que la ruta para hacerlo es la Británica, por el sur. Cuando estuvimos allí subimos hasta los siete mil y pico, y me parece una vía muy bonita y divertida.
–Annapurna.
–Bueno, después de la experiencia del año pasado al menos ya sé a dónde voy. La clave del Annapurna es saber elegir por dónde subir y cuándo. Por mí, la dejaría para el final, pero la gente me dice que no lo haga. Podríamos ir por la vía del año pasado. Sobre todo porque ya la conozco. Ir al Annapurna por una vía que ya conoces, en la que sabes dónde vas a encontrar los problemas, es un plus muy importante. Pero, bueno, ya veremos cuando llegue el momento.
–Tras darse la vuelta el año pasado dijo que fue la mejor decisión. ¿Sigue pensando igual?
–Para nada. Ahí la cagué. Tenía que haber aguantado más. Lo que pasa es que me encontré un poco sola. Iván (Vallejo) y Fernando (González) iban por delante, abriendo ruta (ambos hicieron cumbre al día siguiente). Asier (Izagirre) se puso enfermo y yo me quedé sola en el campo 3. Y soy una persona que afronto todo, pero siempre necesito a alguien al lado que me apoye. Me equivoqué. Tenía que haberle echado más cojones y haber tirado para arriba. Ahí fastidié una buena oportunidad para quitarme el Annapurna. Pero, bueno, las decisiones se toman sobre la marcha y es mejor no darle más vueltas.
–Kanchenjunga.
–Uf,.. es la más alta que me queda. Muy alta... un montañón. A la que va poca gente, así que habrá que currar mucho... Iván dice que es muy chula y muy noble. Pero es que todo lo que tiene de noble lo tiene de alta. Y eso asusta. Porque últimamente hemos estado en montañas más bajas, al límite de los ocho mil metros, y los pies ya andan pasando penurias... Creo que la dejaremos para la próxima primavera e iremos mentalizados de que será la única expedición del año, como hice en el K2 en 2004.
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