19 Jun 2008
Elizabeth Hawley es una institución en el mundo del himalayismo. Esta mujer que desde los años sesenta se ha convertido en la notaria de las ascensiones significativas en el Himalaya, sobre todo a los ochomiles, ha recibido estos días seguramente la mejor alegría posible. Un escalador francés, François Damilano, ha querido reconocer su labor y no ha tenido mejor idea que ascender una montaña virgen y darle su nombre. se trata de una cumbre de 6.182 metros de altitud localizada en el macizo de los Dhaulagiri, que desde ahora lleva el nombre de Peak Hawley.
Pocos homenajes le habrán hecho más ilusión a Ms. Hawley que este. Seguramente, es la persona que mejor conoce las rutas de ascensión a los ochomiles, cada piedra, cada cadáver en la ruta, pese a que en su vida se ha acercado ni tan siquiera a sus campos base. En los años sesental llegó para Katmandu para ahceru n reportaje para la agencia Reuters, para la que trabaja, y ya no salió de allí.
El sistema de trabajo de Elizabeth Hawley es tan curioso como riguroso. Ella entrevista a todos los alpniistas y en la encuesta introduce ocasionalmente preguntas trampa para saber si le dicen la verdad. Luego contrasta las respuestas con las de otros alpinistas que han realizado la misma ascensión y así sabe perfectamente quien le ha dicho la cerdad y quien no. Y así da descubierto las trampas de numerosos alpinistas, algunos de ellos renombrados, que se vieron cegados por la fiebre de la cumbre...
Yo la conocí en 2002 en Katmandu, a la vuelta de la expedición de Iñurrategi al annapurna y su compañía es sencillamente deliciosa. Su imagen de encantadora abuelita británica contrasta con los incisivos interrogatorios que hace a los alpinistas. Y quizá ese sea su secreto. En todo caso, es toda una institución en el mundo del himalayismo.
26 May 2008
Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es una mujer feliz. Acaba de subir su décimo ‘ochomil’ en una ascensión rápida y limpia y ve más cercano el final del reto de su vida: ascender los catorce ‘ochomiles’ del planeta. Atrás han quedado ya algunos fantasmas que hace unos meses sembraron de nubarrones el objetivo y ahora mira ya hacia el futuro con optimismo. Y con ganas de cerrar este capítulo de su vida para poder abrir otros, como el de la maternidad. Pero los ‘ochomiles’ no ofrecen tregua y, recién llegada de su ascensión al Dhaulagiri, recibía como una sopapo la muerte de Iñaki Ochoa de Olza, un amigo muy especial para ella.
–¿Esperaba ese desenlace para Iñaki Ochoa de Olza?
–Le conocía, era un alpinista muy fuerte y nunca pensé en ese final, confiaba en que saldría adelante, aunque también era consciente de que las posibilidades eran pocas, sobre todo según iban pasando los días y no conseguía salir de allí arriba. Siempre es duro recibir una noticia así, pero en este caso además era un buen amigo y ha sido una persona muy cercana a mí. Aún no me había levantado cuando me llamó Alex Txikon a primera hora de la mañana para decírmelo. Me quedé dos horas en la cama, sin reaccionar, dándole vueltas a todo.
–¿Ante una noticia así no dan ganas de dejarlo todo?
–No. Merece la pena lo que hacemos. Sabemos que puede pasar. Y nunca creemos que nos va a tocar tan cerca. Aunque nos toca. Pero dejarlo, jamás. Esas montañas son nuestra vida, nuestra libertad. Y sabemos que el precio a pagar a veces es alto. Pero hacemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona. Es nuestra vida.
–El Dhaulagiri ha sido su décimo ‘ochomil’. ¿Ve más cerca el final?
–Un poco más cerca sí. A veces sí que lo siento más cerca. Pero tambien soy consciente de que me quedan cuatro. Y muy difíciles. Sobre todo Kanchenjunga y Annapurna, que son dos montañas duras. Así que lo veré más cerca cuando vaya con doce. Con diez todavía queda un largo camino.
–Ahora que se va acercando al final, ¿se siente presionada?
–No especialmente. He dejado siempre muy claro que los cuatro que me quedan tengo que hacerlos tranquilamente. Porque si me obsesiono con ellos el factor del riesgo se dispara. Así que los voy a hacer muy tranquila. Hombre, viendo como van mis ‘rivales’, entre comillas, Gerlinde (Kaltenbrunner) y Nives (Meroi), tendré que espabilar un poco si quiero ser la primera. Pero desde luego, por mi entorno y los patrocinadores no me siento presionada para nada.
–¿Y por usted misma?
–Tampoco. Yo me he planteado esto en dos o tres años y creo que tengo tiempo suficiente para hacerlo. Hombre, si dentro de un año no he subido ningún ‘ochomil’ más entonces seguramente sí que me sentiría presionada. Pero por ahora no. He cumplido en el Dhaulagiri el primer plazo y todo va bien.
Las ‘rivales’
–¿Y si al final es la segunda o la tercera en acabar los ‘ochomiles’?
–No creo que me sentiría muy diferente. Tampoco va a cambiar mucho la vida ni de Edurne, ni de Gerlinde ni de Nives por esto. La primera que lo consiga pasará a la historia y estará en los libros. Pero no creo que por ello vaya a tener más trabajo ni sea más que las otras. ‘Guay’ para la primera, porque será eso, la primera. Es lo que buscamos las tres, aunque no haya competencia entre nosotras. Pero, al final, lo importante es terminar los catorce para una misma. Y si soy la primera, mejor. Pero lo haré para mí. Gerlinde y yo pensamos eso. Los hemos hablado mucho en esta expedición y las dos lo tenemos claro.
–Gerlinde lleva un ritmo tremendo.
– Está claro que ella va mucho más a saco que yo. Va a un ritmo mucho más fuerte. No sé si porque está presionada o porque los austriacos son más cuadriculados en los planteamientos una vez que se marcan un objetivo, mientras que nosotros somos más relajados.
–Ha coincidido con ella en los dos últimos ‘ochomiles’. ¿Su relación sigue igual de bien?
–Es una pasada. Mantenemos el contacto continuamente, no sólo en las expediciones. Por ejemplo, acabo de recibir un ‘e-mail’ suyo en el que me cuenta que está esperando a su marido, Ralf Dujmovits, que ha subido el Makalu, para irse juntos al Lhotse, que les falta a los dos. Y me contaba que ha estado superpreocupada porque no ha sabido nada de él, que si los hombres cómo son… Lo que quiero decirte es que nuestra relación es de todo menos de rivalidad.
–¿Qué tienen cada una de las tres a favor y en contra para ser la primera en acabar Los Catorce?
–Antes pensaba que Gerlinde y Nives tenían la ventaja de sus maridos, que siempre iban a escalar con ellos. Y no por el hecho de que fueran sus maridos, sino porque vivían en un entorno familiar que giraba también sobre su objetivo de terminar los ‘ochomiles’. Y yo me sentía un poco sola. Pero ya no es así. De otra forma, con un programa de televisión, un patrocinador y un entrenador, pero ahora también me siento arropada en torno al mismo objetivo. Son personas que saben lo que quiero y lo ponen todo de su parte para que lo logre. Es un equipo que trabaja para lograrlo conmigo. Y ya no siento esa soledad de antes.
–Antes hablábamos de la presión de acabar...
–A ellas las veo más obsesionadas que yo para terminar Los Catorce. Mucho más. Muy obcecadas en ello. Yo desde luego quiero terminarlos y me gustaría ser la primera, pero hago las cosas más pausadas y pensadas. A otro ritmo. Valoro mucho, mucho la vida. Y eso no quiere decir que ellas no la valoren, pero su vida sólo la basan ahora mismo en terminar Los Catorce. Y yo no.
El final
–De momento Gerlinde tiene ventaja.
–Sí.Y yo creo que será la que acabe primero. Si no le ocurre nada. Lo que pasa es que le queda un hueso muy duro que es el K2. Pero es la que más boletos tiene. Y la que más me gustaría, si te soy sincera, que acabase primera. Es una gran persona y una muy buena alpinista. Se lo merece.
–¿Y Nives?
–Es mayor que nosotras, de otra generación. No la conozco tanto como a Gerlinde, aunque veo que está obsesionada con terminarlos. Se ha metido a saco en esto y no mira por lo demás. Incluso ha tenido alguna disputa con Gerlinde, contra la que se querelló porque hizo algún comentario sobre las dudas que existen de la ascensión de Nives y su marido al Dhaulagiri. Y no es algo que diga Gerlinde, es algo de lo se duda en el mundo de alpinismo... Y una persona que va de este modo por la vida se ve claramente lo que quiere...
–Y cuando acabe los catorce, ¿será el final?
–Seguramente el final de los ‘ochomiles’ sí. No me veo como Juanito haciendo 22, 25 o no sé cuántos. Me veo haciendo montaña, y seguramente el Himalaya no lo voy a dejar nunca porque me gusta ir allí y estar con su gente. Pero desde luego no voy a seguir haciendo ‘ochomiles’ como loca.
–¿Antes de dejarlo se plantea hacer el Everest sin oxígeno?
–Sí, sí. Primero vamos a terminar los catorce, pero desde luego sí que me lo planteo. Sí que me gustaría intentar el Everest sin oxígeno. Sería el final. La mejor forma de cerrar el ciclo de los ‘ochomiles’.
–Con la perspectiva de que fue su primer ‘ochomil’, ¿se arrepiente de haberlo hecho con oxígeno?
–No. Porque creo que cada cosa hay que hacerla en su momento y como viene. Y yo, en 2001, no tenía la experiencia que tengo ahora. Entonces, el Everest para mí era una fijación. No me planteaba para nada Los Catorce y lo único que quería era subir al Everest. Primero lo intenté sin oxígeno y al final me costó ¡tres años! Así que no me arrepiento para nada de lo que hice entonces ni de cómo lo hice.
–¿Tiene miedo al vacío que se siente tras concluir algo que se ha convertido en el objetivo de su vida?
–Aunque esas cosas hasta que llegan no sabes si te van a pasar y cómo vas a reaccionar, yo creo que no. Porque ahora me falta tiempo para hacer otras muchas cosas. Y la maternidad es algo que también me va a llenar muchísimo cuando acabe con esto. Así que no me van a faltar ocupaciones ni preocupaciones. Van a llenar con creces el espacio que ahora ocupa la montaña. No sólo no tengo miedo al vacío, sino que quiero terminar con esto para poder empezar a hacer otras cosas.
–Tiene muy claro lo de ser madre.
–¡¡¡¡Síííí!!!! La maternidad será mi decimoquinto ‘ochomil’. Al menos lo espero. Por eso me marco el límite de acabar los catorce en dos o tres años. Para poder pasar a otras etapas de mi vida que también quiero hacer y que de momento tengo aparcadas, como tener una pareja, un hijo… ahora tengo un sobrino al que estoy todo el día dando la lata cuando estoy en casa. ¡¡¡¡Tengo el instinto a flor de piel!!! ja ja ja ja. Llevo dos años que no sé qué me pasa… Ahora que hay pastillas para todo, tendrían que inventar alguna que calme el instinto maternal… ¡¡Ja ja ja!!
–No sé si preguntarle si ya ha elegido el padre.
–¡Noooo!. Eso no lo tengo aún elegido. ¡¡Este es el problema!! Ja ja ja. De todas formas, ahora la ciencia ha avanzado una barbaridad, así que si no encuentro uno que me guste no lo necesito. Pero esto no lo pongas, no vaya a ser que asuste a los posibles candidatos y no encuentre ninguno… (Edurne vuelve reír con ganas).
–Hablemos de los ‘ochomiles’ que le faltan: el Manaslu.
–Para mí es un desconocido. Nunca he estado ni he oído hablar mucho de él. Aquí, en Euskadi, por ejemplo, han ido poquitas personas. Iremos este otoño y no sé si es la mejor época, porque se carga bastante de nieve en el monzón. Por lo demás no es una montaña muy complicada. El problema es la nieve y que es muy fría. Nuestras posibilidades dependerán mucho del monzón que haga.
–Shisha Pangma.
–He estado ya dos veces. Para subir tengo que ir por la cara sur. El año pasado estuvimos por la norte, por la que es una montaña ‘facilita’ entre comillas, por lo menos hasta la cima secundaria. Pero creo que la ruta para hacerlo es la Británica, por el sur. Cuando estuvimos allí subimos hasta los siete mil y pico, y me parece una vía muy bonita y divertida.
–Annapurna.
–Bueno, después de la experiencia del año pasado al menos ya sé a dónde voy. La clave del Annapurna es saber elegir por dónde subir y cuándo. Por mí, la dejaría para el final, pero la gente me dice que no lo haga. Podríamos ir por la vía del año pasado. Sobre todo porque ya la conozco. Ir al Annapurna por una vía que ya conoces, en la que sabes dónde vas a encontrar los problemas, es un plus muy importante. Pero, bueno, ya veremos cuando llegue el momento.
–Tras darse la vuelta el año pasado dijo que fue la mejor decisión. ¿Sigue pensando igual?
–Para nada. Ahí la cagué. Tenía que haber aguantado más. Lo que pasa es que me encontré un poco sola. Iván (Vallejo) y Fernando (González) iban por delante, abriendo ruta (ambos hicieron cumbre al día siguiente). Asier (Izagirre) se puso enfermo y yo me quedé sola en el campo 3. Y soy una persona que afronto todo, pero siempre necesito a alguien al lado que me apoye. Me equivoqué. Tenía que haberle echado más cojones y haber tirado para arriba. Ahí fastidié una buena oportunidad para quitarme el Annapurna. Pero, bueno, las decisiones se toman sobre la marcha y es mejor no darle más vueltas.
–Kanchenjunga.
–Uf,.. es la más alta que me queda. Muy alta... un montañón. A la que va poca gente, así que habrá que currar mucho... Iván dice que es muy chula y muy noble. Pero es que todo lo que tiene de noble lo tiene de alta. Y eso asusta. Porque últimamente hemos estado en montañas más bajas, al límite de los ocho mil metros, y los pies ya andan pasando penurias... Creo que la dejaremos para la próxima primavera e iremos mentalizados de que será la única expedición del año, como hice en el K2 en 2004.
11 Mar 2008
Una temporada más, no pudo ser. Los ochomiles de Pakistán seguirán, un año más, vírgenes. Simone Moro y sus dos compañeros paquistaníes se vuelven ya para casa. Han agotado todas las posibilidades y, sobre todo, el tiempo en el Broad Peak. Y ni mucho menos se puede decir que han abandonado. Todo lo contrario. Su retirada el pasado fin de semana cuando se encontrado a 7.800 metros de altitud, a menos de 300 metros de la cumbre, les honra. Después de padecer semanas y semanas de frío y mal tiempo, por fin disfrutaron de unos días buenos. El día de cumbre «El tiempo era fantástico; el viento soplaba suave y había sol... pero al llegar a los 7.800 metros mi reloj marcaba las 14:00, muy tarde para continuar», explica Simone. Y es que ése fue el único problema: se les hizo demasiado tarde buscando la ruta correcta. Según sus cálculos, hubiesen llegado a la cima sobre las cuatro de la tarde. «Coronar la montaña a esa hora, en invierno, era un suicidio. Hubiese sido imposible resistir y organizar un vivac durante el descenso. Nos costó, pero tomamos la decisión más razonable. Teníamos que darnos la vuelta y llegar lo antes posible hasta el último campo de altura». Y pese a haberlo tenido tan cerca, Simone en absoluto se arrepiente de haberse dado media vuelta: «Estábamos muy cerca y mis condiciones físicas se mantenían en buen estado, pero usamos el cerebro en vez de los músculos. Nunca he aprobado a los escaladores que luchan por una cumbre cuando se les hace tarde, arriesgándose demasiado, perdiendo a veces la vida por tomar una mala decisión. Se sobrevive más veces guiándote con la cabeza que con el ego». Una decisión que sin duda le honra y dice mucho de su madurez como alpinista.
Pero lejos de lo que pueda parecer. Simone no se da por vencido y ya priensa en el próximo invierno... «He dado lo mejor de mi, he usado todo mi poder físico y mental, he agotado mis energías durante otro invierno completo en el Broad Peak, y creo que he dejado claro que se pueden alcanzar grandes y extremas metas con solo un pequeño equipo sin apoyo externo. Seguro que en un futuro próximo alguien escalará un 8.000 del Karakorum en invierno, quizá por eso regrese el año que viene, de nuevo aquí, de nuevo en invierno». ¡Eso esperamos los buenos aficionados al alpinismo, Simone!
15 Feb 2008
Hirotaka Takeuchi es un alpinista japonés. Es probable que no os suene mucho el nombre pero hablamos seguramente del himalayista más importante de los últimos años en el país del sol naciente. Forma cordada habitual con la pareja Gerlinde Kalterbrunner/Ralf Dujmovits y al margen de ser el japonés con más ochomiles ascendidos en la actualidad (9), su compromiso de escalada está siempre ligado a un estilo honesto con la montaña y lo más ligero posible. Con 25 años ascendió el Everest y el K2 y entonces se convirtió en la persona más joven en subir las dos montañas más altas del planeta.
El pasado mes de julio, Hiro, como se le conoce en el mundo del alpinismo, intentó ascender el Gasherbrum II, el decimotercer ochomil del planeta y uno de los menos peligrosos (al menos según las estadísticas, porque alí dejó su vida Félix Iñurrategi). Lo hacía encuadrado dentro de una expedición comercial de la agencia Amical, que dirige su amigo Ralf Dujmovits.
El 18 de Julio, cuatro de los miembros del grupo se encontraban en el Campo 2 (6.700 m.), cuando fueron alcanzados por una avalancha. El líder de la expedición, Dirk Groeger, logró salir a la superficie por sus propios medios. Otros dos fueron rescatados poco después. Hirotaka aún estaba vivo, aunque con graves lesiones; pero el otro montañista murió a causa de las lesiones. El cuarto nunca apareció.
El rescate fue todo un ejercicio de solidaridad entre las expediciones allí presentes, pero más mérito tuvo aún la operación que montaron después para descender a Hiro hasta el CB, teniendo en cuenta que tenía fracturada la columna vertebral. Un verdadero ejemplo de solidaridad en montaña, tan en entredicho tras algunos desgraciados incidentes ocurridos en los últimos años en el Everest a cargo de expediciones comerciales. Hechos como estos reconfortan profundamente y devuelven la confianza en el alpinismo, pero sobre todo en sus protagonistas, los alpinistas.
A continuación, reproduzco la carta abierta que Hiro ha enviado recientemente a diversos medios de comunicación especializados para expresar su agradecimiento a todas las expediciones y personas que hicieron posible que sobreviviese en tan complicada situación:
“Queridos Amigos,
Antes que nada, les pido que acepten mis disculpas por no darles las gracias antes. Cuando me subieron al helicóptero, trate de expresar mi gratitud a ustedes con el gesto de mis manos”.
“Desde entonces, no tuve la oportunidad de hablar con ninguno de ustedes; y eso me entristece. A pesar de que el accidente ocurrió hace casi ya seis meses, en momentos siento que sucedió ayer”.
“Todavía, hay días que siento una opresión en mi pecho cuando recuerdo ese momento espantoso de la avalancha; y esa fría oscuridad que me rodeaba”.
“Cuando pienso en mis compañeros de cordada y su familia, no me alcanzan las maneras para expresar mis sentimientos. Solamente puedo decirles que les doy mis más profundas condolencias por la muerte de estos grandes amigos”.
“Siempre que recuerdo los momentos del accidente, vienen a mi memoria los recuerdos de mis amigos; el miedo, el remordimiento y un dolor desenfrenado. Muchas veces siento enojo conmigo mismo por ser débil y querer olvidar todo como si fuera un mal sueño, y no enfrentar la realidad”.
“Algo que siempre estará conmigo es el respeto hacia ustedes por ayudarme. Por ir donde la propia seguridad de ustedes estaba amenazada. Estaré eternamente agradecido por lo que han hecho por mí. Gracias a ustedes he podido pasar la Navidad y el Nuevo Año con mi familia”.
“No se como expresar mi gratitud a todos los que han salvado mi vida. Me estoy recuperando bien, y no tengo dificultades para incorporarme a la vida cotidiana. Puedo caminar y ya he dejado el bastón”.
“Después que el helicóptero me llevó del Campo 1, me tomó dos semanas para que mi organismo se estabilizada y volver a Japón con seguridad. Luego que arribé a mi tierra, fui sometido a intensas cirugías. La tercer vértebra lumbar estaba rota, al igual que cinco de mis costillas; y uno de mis pulmones había colapsado”.
“Según los médicos, mi vida estuvo en serio peligro, especialmente la lesión en la columna. Podría haber quedado parapléjico si el transporte y la evacuación no hubieran sido tan bien hechos. Todos los cuidadosos esfuerzos y el dedicado cuidado que me brindaron no solo salvaron mi vida, sino que salvaron mi cuerpo y mi futuro”.
“Al momento del accidente, también tenía problemas para respirar. Un neumotórax había causado el colapso del pulmón. Si el oxígeno se hubiera acabado durante la noche, yo no estaría aquí para escribirles esta carta de agradecimiento”.
“No fue hasta mucho después que yo supe que uno de ustedes fue hasta el Campo 2 en busca de más oxígeno a pesar de las malas condiciones. Si esa persona no se hubiera arriesgado por mí, yo no hubiera sobrevivido. Muchas gracias por haber hecho eso”.
“Yo le debo mi vida a cada una de las personas que estuvieron conmigo en esos momentos, y que me ayudaron. Me gustaría poder tomar cada una de las manos que me asistieron, mirarlos a los ojos y trasmitirles la más profunda gratitud. Espero tener la oportunidad de verlos en un futuro cercano. Ahora, espero poder volver al GII este verano”.
“Todavía tengo las prótesis de titanio que sostienen mi espalda. No se cuan recuperado estaré para ese momento; pero al menos quiero ir hasta un lugar donde pueda ver el GII para recordar a mis compañeros y los momentos he compartimos juntos. En ese lugar también renovaré mi gratitud a cada uno de ustedes”.
“Me apena no poder devolverles nada a todos los que me han ayudado. Nuevamente, todo lo que puedo hacer es continuar subiendo montañas; porque eso es la pasión que nos une, y la manera en que nos conectamos”.
“Espero poder verlos en la montaña. Muchas, Muchas Gracias a TODOS Ustedes.
Hirotaka Takeuchi”.
12 Feb 2008
Estamos en invierno. Ya se que es una obviedad, pero conviene recordarlo. Aunque la asamblea de majaras parece haber triunfado por fin, en otras latitudes la estación cumple con su obligada ración de viento, frío y nieve. ¡Y cómo cumple! Me refiero a las cordilleras de Himalaya (Nepal) y Karakorum (Pakistán), el universo de los ochomiles. En esta época, el tercer polo se queda vacío, mientras los alpinistas últiman los preparativos para las expediciones de primavera. Sin embargo, en los últimos años está habiendo un cambio de tendencia. Algunos alpinistas miran a las cumbres más altas del planeta en esta inhóspita época. Algo que no ocurría desde la gloriosa década de los ochenta, cuando la dura y excepcional escuela polaca abrió brecha ascendiendo todos los ochomiles en invierno. Bueno, todos no. En Nepal, el Makalu continúa virgen en estas fechas, mientras que en Pakistán, ninguno de sus cinco ochomiles (Nanga Parbat, G-I, G-II, Broad Peak y K-2) ha podido ser escalado. Y es que allí, a las difíciles condiciones de las montañas (vientos de 150 k/h. y temperaturas de -40% a ocho mil metros de altitud) se le añade una complicada aproximación por glaciares.
Así que en tres de estos ochomiles han puesto sus ojos cuatro pequeñas expediciones. Dos al Makalu, una al Broad Peak y otra al Nanga Parbat.
La del Nanga Parbat ha sido la más fugaz. El italiano Simone La Terra y su grupo llegaron al Campo Base el 3 de diciembre y el 21 de ese mismo mes una tormenta de nieve y viento les voló todas las tiendas del CB. Todo el material de la expedición quedó esparcido por el glaciar. En ese tiempo no pudieron pasar del C-1 (6.000), con temperaturas de hasta -35% y sólo un día de sol.
En el Makalu también acaban de abandonar. Hace una semana lo hicieron los fortísimos kazajos Denis Urubko and Serguey Samoilov, protagonistas de algunas de las mayores gestas en ochomiles de los últimos años, después de alcanzar los 7.500 metros de altitud, sufrir algunas congelaciones y soportar vientos de 135 k/h. y temperaturas de -35º. Y hace un par de días lo han hecho los italianos Nives Meroi, Romano Benet y Luca Vuerich. Ellos habían decidido realizar último intento tras la retirada de Urubko y Samoilov, pero el fin de semana una tormenta con vientos huracados arrasó también su CB. A duras penas evitaron salir volando y prácticamente se quedaron con lo puesto. Sin posibilidades de ser evacuados en helicóptero, iniciaron un penoso regreso en el que Nives Meroi (con diez ochomiles en su haber, una de las rivales de Edurne Pasaban en la lucha femenina por completar los catorce ochomiles) se fracturó el peroné.
Quien no se da por vencido es Simone Moro en el Broad Peak. Parece haberse convertido en una fijación tras su intento fallido del año pasado. Él y sus dos compañeros llevan camino de sumar ya dos meses de expedición y su próximo objetivo es instalar el C-3 a 7.200, el último antes del ataque a cumbre. De su última salida para portear material les quedan la sensación de vivir una condiciones «inhumanas» y la certeza de ver su termómetro marcando -41º.
Así que a la vista de estas penurias sólo me queda mostrar la más profunda admiración hacia estos locos románticos del himalayismo. En una época en la que las noticias de las ascensiones al Everest encajan mejor en la crónica de sociedad que en la de deportes, reconforta comprobar que todavía quedan alpinistas dispuestos a demostrar que el cómo se sube a una montaña es más importante que el llegar a lo más alto.
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