06 Feb 2008
En mi anterior blog sobre los neveros y glaciares del Balaitús hice una breve mención a las marmotas y su colonización de Formigal. En 1970 estos simpáticos y voraces -con el medio ambiente- roedores aún no habían aparecido en el Circo de Piedrafita. Luego llegaron con fuerza y lo hicieron para ocupar pedreras y terreros y quedarse.
Picado por la curiosidad, he consultado la bibliografía existente al respecto. Pues bien, Ricardo García González en 'Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Ibéricos' escribe y lo cito textualmente que «La introducción de la marmota alpina en el Pirineo francés data de 1948 y fue obra del cazador y naturalista Marcel Couturier (1955). Su finalidad fue disminuir la presión de depredación del águila real (Aquila chrysaetos) sobre el sarrio (Rupicapra p. pyrenaica). Posteriormente, estas sueltas fueron alentadas y llevadas a cabo por el Parque Nacional de los Pirineos, en parte para proporcionar fuentes alternativas de alimento al oso pardo (Ursus arctos), amenazado de extinción (Chimits, 1979). No se realizaron estudios sobre su posible impacto ecológico ni se siguió un protocolo de control sanitario de los animales introducidos (desparasitación y cuarentena). Ninguna de las recomendaciones internacionales relativas a la traslocación de especies se cumplió en el caso de la marmota alpina en el Pirineo (Consejo de Europa, 1985; UICN, 1987). Tampoco se ha estudiado, aún hoy en día, la consecución de los objetivos que alentaron las introducciones. Ninguna de las sueltas realizadas tuvo un seguimiento de su éxito o fracaso por lo que no pueden sacarse conclusiones respecto de la metodología adecuada para realizar traslocaciones de marmotas (Ramousse y Le Berre, 1993). Por el momento, la única enseñanza que se puede extraer de las sueltas en Europa, es sobre aquellas que han fracasado por haberse realizado en macizos demasiado bajos como la Selva Negra o los Montes Jura (Neet, 1992).
Debido a las numerosas introducciones realizadas en la vertiente norpirenaica, tanto a partir de ejemplares procedentes de los Alpes como de los mismos ejemplares pirenaicos, la marmota se halla hoy ampliamente distribuida por toda la cadena, tanto en Francia (Jean, 1979), como en España (Herrero et al., 1992; Herrero y García-González, 2002). El número de ejemplares introducidos en el Pirineo francés, provenientes fundamentalmente del Parque Natural de la Vanoise y en menor medida del de Mercantour en los Alpes franceses, superó los quinientos ejemplares (Ramousse et al., 1992). En principio parecen ser los únicos lugares de origen.
En España la primera cita de su presencia parece que es de 1968 en el valle de Otal, en Huesca. El ICONA realizó una primera encuesta sobre la distribución de la especie a principios de los años setenta del siglo pasado, aunque no se tomó ninguna medida particular al respecto (García-González et al. 1985a, 1985b). La especie aparece en Cataluña a partir de 1974 (Canut et al., 1989) y en Navarra probablemente poco antes de 1985, a partir de ejemplares provenientes de la Hoya de la Solana en Ansó (Huesca).
Aclarada la reintroducción, nos queda por saber si fue acertada o es un grave error que pasará factura a la fauna y flora de las zonas colonizadas por las marmotas. Personalmente no me molestan, sino todo lo contrario. El pasado junio subía hacia el Anayet por el barranco de Culivillas. Hacía mucho calor y los silbidos de estos roedores me distrajeron del bochorno y de los tábanos, que acribillaban a los montañeros en la ascensión hasta los ibones. Se le veía gordas y relucientes, con el forro invernal en la mayoría de los ejemplares. Había algunas de tamaño descomunal. Otras en cambio parecían ardillas saltarinas que se asomaban entre los canchos y las matas de los rododrendos.
Es un caso similar al de los rebecos que han sido reintroducidos en el Alto Asón. En otro tiempo tuvieron un hueco en el ecosistema. No veo la razón por la que no puedan volver a recuperarlo.
05 Feb 2008
Acabo de leer en el último número de los Cuadernos Técnicos de Barrabes.com (nº 36, enero-febrero 2008) una interesante entrevista con Jordi Camins, especialista en los glaciares del macizo del Posets-Maladeta y autor del libro 'El cambio climático en los glaciares de los Pirineos' o la agonía de las masas de hielo en este Parque Natural. (Editorial Barrabés, PVP: 29.50 euros).
Camins ha constatado el retroceso glaciar en estos últimos años. Como él mismo reconoce, ha sido testigo inconsciente de su lenta agonía, primero; rápido retroceso a partir de los años 80, y casi desaparición en la actualidad. Nos llega a decir que «son enfermos terminales. Están agonizando». No es precisamente optimista, como no lo puede ser nadie que se haya aventurado en los últimos veranos en las morrenas y canchales donde en sus años mozos pisó hielo.
Nos aclara que los glaciares llevan 18.000 años en retroceso, es decir desde la última edad del hielo. Entonces apenas había hombres y la agricultura era inexistente, por lo que no pudo haber influencia humana en el proceso. Así y todo el hielo comenzó a retirarse. Es un fenómeno natural que depende de factores como la radiación solar, la vulcanología y los movimientos orbitales de la tierra, que el hombre sólo ha incrementado con su actividad.
Se desconoce su capacidad de influir sobre el clima, pero de lo que no cabe ninguna duda es que hay que tomar medidas. La disquisición anterior me viene como anillo al dedo para contar una 'batallita' de mis años mozos. Ahí va.
En junio de 1970, con el selectivo aprobado, un grupo de estudiantes-montañeros emprendimos viaje hacia Sallent del Gállego para atacar el Balaitús, Arriel, La Gran Facha y alguna de las cimas de los alrededores. A última hora se descolgó del grupo por motivos familiares Emilio Hernando, himalayista, gran amigo y propietario de 'Mendiko Etxea'.
Salimos de Bilbao en autobús hacia Pamplona. Hicimos noche donde pudimos y a la mañana siguiente cogimos en autocar a Jaca. El viaje fue eterno. Hubo escalas en Sangüesa, Liédena y Puente La Reina de Jaca, entre otras. En la capital de la Jacetania tomamos otro autobús a Sabiñanigo y allí de nuevo otra 'tartana'. En este caso, el coche de línea de la Hispano-tensina, que nos dejó en Sallent. Entonces era un pueblo ganadero, donde despuntaba la industria de la nieve y que en vernao vivía del turismo francés.
Una vez allí, sin descansar, emprendimos la subida a pie -me acuerdo que eran las 7 de la tarde- hacia el ibón y embalse de Respumoso (ahora Respomuso). Llegamos con las estrellas a las casetas abandonadas que había al pie de la presa, donde hicimos noche.
Al día siguiente -el tercero desde que salimos de Bilbao- subimos los escalones hasta Respomuso y entramos en el circo de Piedrafita, para dirigirnos hacia el antiguo refugio de Alfonso XIII (no existía el actual). Estaba de bote en bote. Dejamos los pertrechos donde pudimos y después de enterrar los alimentos perecederos en un gran nevero (atención al dato) que se adentraba en un ibón menor, emprendimos la marcha hacia la cima del Balaitús.
Durante la ascensión nos acompañaron un numeroso grupo de franceses y algunos militares que estaban de maniobras. Los pobres penaban con unas botas prehistóricas y unos piolet que parecían picos de minero.
Pues bien, desde el emplazamiento del refugio actual hasta debajo de la brecha de Latour pisamos nieve. A pesar de que estábamos a mediados de junio ascendimos por un continuado nevero que nos dejó a los pies de la brecha. Es más, había tal acumulación de nieve que no necesitamos ni utilizar las clavijas, que estaba casi cubiertas por el hielo, para alcanzar el collado y remontar la pedrera final, que estaba pelada por efecto del viento.
Algo impensable en la actualidad. La bajada fue rápida, porque se nos hizo muy tarde y para cuando comenzamos el descenso, la nieve sopa se había vuelto a helar. Y llegamos al refugio congelados y muy hambrientos.
Dos días después subimos a la Gran Facha. Desde Campo Plano hasta el collado pisamos nieve, que desapareció en la trepada final. Han pasado 38 años. Aún tengo fresco el recuerdo de un rebaño de sarrios que se aproximó al refugio. Eran los supervivientes de las grandes cacerías que se produjeron durante la construcción de los embalses y que casi terminan con la especie. También quiero señalar que aún no habían llegado las marmotas a Formigal.
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