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10 Oct 2008

Edurne coronó el pasado domingo el Manaslu, su undécimo ochomil (con lo que sólo le quedan tres para completar Los Catorce). Pero parece que a algunos la noticia no ha gustado demasiado. Al día siguiente, Oscar Gogorza director de la revista Campo Base, escribía un duro comentario en el diario El País bajo el título 'El mérito estirado' en el que criticaba el empeño de Edurne de conseguir los catorce ochomiles, su forma de escalar montañas y le restaba al hecho todo valor alpinístico. Incluso la información que encabezaba la página y que relataba la ascensión al Manaslu de Edurne, escrita por el periodista Rafael Carbonell, concluía con la frase "Es un duelo, sin embargo, carente de valor alpinista", referido a la lucha que mantienen la tolosarra, Gerlinde Kaltenbrunner y Nives Meroi por ser la primera mujer en ascender las catorce montañas de más de ocho mil metros que hay en el planeta.

Oscar me conoce y sabe que estoy de acuerdo con él cuando afirma que "el alpinismo moderno camina por escenarios distintos, atento a una ética y una dificultad mucho más sólida que la que viste las ascensiones de Edurne". Por supuesto. Sin duda alguna, la ascensión que este verano ha logrado al G-IV una expedición comandada por Alberto Iñurrategi (por poner un ejemplo cercano) tiene mucho más mérito alpinístico que la del Manaslu (en la que por cierto estuvieron dos alpinistas que también ascendieron al G-IV). Pero de ahí a descalificar lo conseguido por Edurne va un mundo.

Su principal error es comparar la carrera femenina con la épica lucha que protagonizaron a principio de los ochenta Reinhold Messner y Jerzy Kukuczka por convertirse en el primer ser humano en ascender los catorce ochomiles. Absolutamente nadie lo ha hecho. Sería una temeridad. Ellos fueron unos pioneros, además de probablemente los dos mejores alpinistas de la historia, y por eso lo que hicieron es irrepetible. Pero también es un hecho irrefutable que entre la quincena de alpinistas que lo han conseguido desde Messner los completase en 1986 no hay ninguna mujer (no es el momento en extenderse en las consideraciones sociales y culturales que han motivado esta carencia; ése es otro debate). Sólo por eso, el que una mujer consiga ascender los catorce ochomiles tiene ya un mérito indudable.

Como bien dice más adelante, Edurne nunca ha afirmado que sus ascensiones sean un "ejercicio vanguardista" de alpinismo. Ella lo sabe perfectamente, como sabe perfectamente cuales son sus limitaciones técnicas. Pero a continuación Oscar Gogorza matiza en condicional que "tampoco podría negar que todo lo conseguido hasta la fecha se debe tanto a su voluntad, sí, como al trabajo ingente de una cohorte de especialistas (anónimos) que han difuminado todas las carencias técnicas y la dependencia de la guipuzcoana". Y es que, efectivamente, Edurne nunca lo ha negado. Si Edurne se ha caracterizado por algo hasta ahora es por reconocer siempre los méritos de sus compañeros de cordada y la importancia que siempre ha tenido para ella el hecho de rodearse de un buen equipo humano (tanto en el aspecto personal como en el técnico). Nunca han sido anónimos (nombres como Mikel Zabalza, Ferran Latorre, Iván Vallejo o Juan Vallejo tienen la suficiente importancia en el mundo alpinístico para que no lo sean), aunque si han permanecido en un segundo plano, al menos mediáticamente. Pero eso es algo inevitable en un mundo en el que priman los titulares. ¿O es que en la expedición al G-IV (por seguir con el ejemplo) el nombre que acaparaba los titulares no era Alberto Iñurrategi y el resto de sus compañeros (Mikel Zabalza, José Carlos Tamayo, Juan Vallejo y Ferran Latorre) quedaban para ser citados en la letra pequeña?

Toda expedición tiene un líder (por méritos alpinísticos, por capacidad organizativa o por importancia mediatica) y sus compañeros son conscientes de que va a ser quien de la cara (en la firma del permiso o ante los medios), porque, seguramente, gracias a él (a su calidad alpinística, a su capacidad de organización o a su poder mediático para conseguir patrocinadores) ellos está ahí. La clave no está en que mediáticamente el resto del grupo sea situado al nivel del líder, sino que dentro del grupo cada uno sea consciente de su rol y sea valorado (y reconocido) por el líder en esa función. Mi experiencia cubriendo expediciones 'in situ' me ha llevado a comprobar más de una vez que es de ese 'feeling' entre los miembros de una expedición del que depende en buena medida el éxito o fracaso de la misma. Muchas veces incluso por encima de otros factores como la climatología o las condiciones en las que esté la montaña.

Algo similar ocurre con los sherpas, esos trabajadores anónimos del Himalaya sin cuyo concurso la conquista de las montañas más grandes del planeta hubiese sido imposible. Y hoy lo seguiría siendo, salvo muy honrosas excepciones. Y es que conviene tener en cuenta que de las cerca de mil ascensiones que se hacen cada año a los 14 ochomiles, más del 90% son posibles gracias al trabajo que realizan los sherpas equipando la montaña y los campamentos de altura y abriendo la ruta. Las ascensiones logradas en el Himalaya sin la ayuda de sherpas (como la del ya citado G-IV) tienen un plus de mérito y de fidelidad a la esencia más pura de alpinismo que las sitúa en un nivel muy por encima del resto. Pero al margen de esos casos, hoy en día el himalayismo sería inconcebible sin los sherpas. Y pese a quien pese, todos los alpinistas que han completado los 14 ochomiles han recurrido a ellos alguna vez.

Otra aformación que no comprendo, ni comparto es que "el alpinismo nunca se ha contemplado como una actividad deportiva", para a continuación definirlo como "una forma de relacionarse con el medio natural en atención a unas reglas éticas que rigen el afán humano de superación". ¿Y acaso esta última frase no es una perfecta definición de deporte?

En definitiva, pienso que para destacar un tipo de alpinismo -que creo que todos estamos de acuerdo en que es más auténtico y meritorio-, no hay por qué descalificar al otro, más popular, por llamarlo de alguna forma. Sobre todo cuando la protagonista tiene perfectamente asumidas tanto sus limitaciones como las reglas con las que afronta el reto de acabar los catorce ochomiles, ni ha pretendido nunca engañar a nadie apropiandose de méritos ajenos u ocultando las condiciones en las que ha afrontado cada ascensión.

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09 Oct 2008

La noticia ha tardado más de lo necesario en confirmarse, pero finalmente, ayer, la web de Nives Meroi colgó las imágenes de su cumbre en el Manaslu, lograda justo 24 horas antes que la de Edurne Pasaban.

El retraso se debió a un malentendido entre un periodista italiano y los alpinistas. El caso es que se transmitieron noticias contradictorias. Por un lado se habló de que habían hecho cima el sábado, y por otra, el domingo. Incluso en alguno de los casos tampoco quedaba muy claro si habían subido a la cumbre principal o se habían quedado en la secundaria, como la inmensa mayoría de las comerciales que, por cierto, hay que recordar que subieron con oxígeno artificial "como evidenciaban todas las botellas vacías que había en el camino", según explicó Nives, quien también reconoció que se habían visto beneficiados por la huella abierta por la expedición comercial que llevaban por delante: "sus sherpas abrieron huella hasta la cima secundaria, donde se quedaron. Desde ahí nosotros seguimos solos", explicó. La italiana hizo cumbre con sus compañeros habituales, su marido Romano Benet y Luca Vuerich.

El caso es que por fin ayer se pudieron ver las fotos, que despeja toda duda. Con esta cumbre. La italiana, que hace un año se rompió una pierna cuando descendía del campo base del Makalu, iguala los once ochomiles que tienen Edurne Pasaban y Gerlinde Kaltenbrunner.

Pero esta igualdad podría durar poco. Mientras la tolosarra viaja ya hacia el Shisha Pangma para intentar una ascensión relámpago (también le faltan el Kangchenjunga y el Annapurna), Nives Meroi hará lo mismo en el Annapurna (lo otros que le faltan son Makalu y Kangchenjunga). Gerlinde, por su parte, tenía previsto viajar en verano para intentar el K2, pero una inoportuna neumonia que cogió intentando el Lhotse le obligó a quedarse en casa recuperándose. Hasta la próxima primavera no tiene previsto viajar a otro ochomil (el otro que le falta es el Everest).

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05 Oct 2008

Hacía menos de una hora que había llegado al campo base y estaba a punto de empezar a cenar cuando hemos hablado con Edurne Pasaban en el campo base del Manaslu. La felicidad y satisfacción que transmitía a través del teléfono satélite es difícil de explicar si no se le oía. Y desde luego, su voz no reflejaba que acababa de completar cinco horas de ascensión hasta la cumbre desde el C-III (7.400 m.) y otras doce de descenso desde la cumbre (9.153 m.) hasta el CB (4.900 m.) casi de un tirón.
"Ha salido todo fenomenal. Una subida perfecta. En menos de cinco horas estábamos en la cumbre y eso que el tiempo no acababa de estar todo lo bien que preveíamos. Durante la subida hacía mucho viento y mucho frío y una vez que ha amanecido, veíamos que soplaba muy fuerte arriba. Pero hemos seguido, hemos llegado a la cumbre secundaria, donde se han quedado todas la expediciones comerciales. Hemos seguido hasta el collado entre la secundaria y la principal y ha sido increíble. En ese momento se ha abierto el cielo. ha parado el viento y hemos tenido media hora para llegar a la cumbre y disfrutar de ella increíble. Aunque no hemos querido perder más tiempo porque veíamos que en cualquier momento podía cambiar todo". Y eso es lo que ha sucedido cuando han iniciado el descenso, cuando toda la montaña ha sido cubierta por la niebla.
Pese a todo, cuando ha llegado al C-III, han visto que todavía eran las once de la mañana y no han dudado un segundo. "hemos encendido un rato los infiernillos para hacer agua e hidratarnos y nos hemos dicho 'a las once y media todos bajando'". Y dicho y hecho. A esa hora han recogido todas las cosas y han continuado el descenso, para llegar al CB a media tarde. El primero en alcanzarlo ha sido el navarro Mikel Zabalza haciendo una nueva exhibición de fuerza, y el resto del grupo ha ido llegando progresivamente.
Y todo ello pese albergar algunas dudas que albergaban sobre la aclimatación, que podían llevar algo justa y que Edurne no quiso confesar antes de la subida para no preocupar a nadie. "La verdad es que sí que teníamos algunas dudas, porque sólo habíamos dormido una noche en el C-II (6.900 m.) y luego bajamos y sólo descansamos un día ante de salir para cumbre, pero no podíamos desaprovechar la oportunidad que nos ofrecía la climatología después del mes que hemos tenido". Y la apuesta les ha resultado perfecta, pese que que "con la aclimatación nunca estas seguro al cien por cien; cómo te va a responder el cuerpo. Pero al final todo a salido fenomenal y nos hemos sentido muy bien. El equipo ha funcionado a la perfeción. Hemos funcionado todos como un reloj", explicaba.
Pero el trabajo no he terminado todavía para la tolosarra. Ahora le espera el Shisha Pangma. "Lo teníamos previsto si la ascensión al Manaslu iba bien, como así ha sido, pero no hemos querido avanzar los planes para no presionarnos", revelaba Edurne. " El martes nos bajamos Asier (Izagirre) y yo con el grupo de Juanito (Oiarzabal) a Katmandu. Allí descansaremos un par de días y seguido iremos al campo base del Shisha Pangma, donde intentaremos una ascensión rápida por la ruta normal de la cara norte", añadía. Allí esperan aprovechar el trabajo de una gran expedición china que intenta ascender el ochomil más bajo (8.027 m.) para realizar una ráppida ascensión en estilo alpino, sumar así su decimosegundo ochomil y quedar a sólo dos (Kangchenjunga y Annapurna) de su gran objetivo: ser la primera mujer que asciende los catorce ochomiles del planeta.

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05 Oct 2008

Edurne Pasaban ya tiene once ochomiles. La tolosarra y todos sus compañeros de expedición -Asier Izagirre, Alex Txikon, Mikel Zabalza, Ferran Latorre, Esther Sabadell y Juanjo Garra- además de los dos sherpas que les han ayudado desde el principio, hicieron cumbre en el Manaslu (8.156 m.) sobre las nueve de la mañana, (hora local, las cinco de la madrugada en Euskadi). Ha sido una ascensión rápada y limpia (partieron a las 3,30 del campo III, a 7.400 metros), en la que primero padecieron una madrugada muy fría, acentuado por el viento, pero que en cuanto amaneció con un cielo raso la ascensión se tornó mas confortable. Equiparon cuerdas fijas en el tramo final, entre la cumbre secundaria y la principal.
Su idea es descender hoy mismo hasta el campo base, aunque quizás Ferran Latorre no lo consiga ya que baja algo más retrasado ayudando a una alpinista polaca que ha sufrido algún problema en el descenso.
Espero poder hablar con Edurne en las próximas horas para poderos trasladar sus primeras impresiones tras lograr su undécimo ochomil. Para completar Los Catorce le faltan el Kangchenjunga, el Annapurna y el Shisha Pangma.
Ahora, su idea es traslarse cuanto antes a Katmandu, descansar un par de días e irse al Shisha Pangma para, aprovechando la aclimatación, realizar una ascensión en alpino y sumar su duodécimo ochomil
¡¡Enhorabuena para toda la expedicion!!

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04 Oct 2008

Si todo marcha según lo previsto, mañana nos despertaremos con la noticia de que Edurne Pasaban y sus compañeros de expedición -Alex Chicón, Ferrán Latorre, Esther Sabadell, Asier Izaguirre y Mikel Zabalza- han hecho cumbre en el Manaslu (9.156 m.), lo que significaría el úndecimo ochomil de la tolosarra... que se dice pronto.
Por el momento todo marcha rodado. El grupo ha llegado hoy al campo III (7.400 m.) y esta noche (tres de la madrugada en Nepal y once de la noche en España) partirán hacia la cumbre. La previsión es de que tarden entre cinco y seis horas en llegar a la cima, dependiendo de la nieve que encuentren en el camino, que en todo caso será mucha.
Hoy han llegado a la cima varias expediciones, aunque sólo un alpinista, un italiano cuyo nombre no me han podido confirmar desde el campo base, hasta la cumbre principal. El resto de expediciones, todas comerciales se han quedado en una antecima situada a unos 30 metros de la principal. Al parece el problema es que entre este punto y el más alto xiste una travesía bastante técnica en la que los grupo comerciales no se han querido arriesgar.
Precisamente, desde el campo base de la expedición Movistar-TVE nos comentaban ayer que ese punto era el que más preocupaba a los expedicionarios. Por lo demás, las previsiones meteorológicas se están cumpliendo al milimetro y están teniendo un tiempo excelente.

Travesía del campo I al campo II

Campo II desde el Campo Base.

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03 Oct 2008

La montaña muestra a veces su cara más cruel, injusta incluso. Eso es lo que ha pasado este año en el Manaslu (8.156 m.). Las cosas han sido al reves. El octavo ochomil ha castigado a las expediciones más madrugradoras, más previsoras y ha premiado a las más tardonas. Me explico. Lo madrugadores llegaron a primeros de septiembre. El Manaslu les recibió con buen tiempo e inmediatamente se pusieron a trabajar. En una semana habían instalado ya el campo II, a 6.800 metros, hasta donde subieron todo el material necesario para un futuro ataque a cumbre, una práctica habitual en las expediciones para aligerar peso en las jornadas decisivas.
Justo en esas fechas llegó al CB la expedición comandada por Edurne Pasaban, que apenas tuvieron tiempo de subir al campo I antes de que entrase el mal tiempo y no parase de nevar durante casi veinte días. Y así llegamos a esta semana, en la que por fin el monzón de ha moderado y las expediciones se han podido poner de nuevo en movimiento. El momento de los disgustos para las expediciones que montaron el C-II hace tres semanas y que han visto cómo quedaba sepultado por tres metros de nieve, con la de Juanito Oiarzabal. Y el momento de la esperanza para las más rezagadas, que han aprovechado para montar ese C-II a principios de semana e iniciar el ataque a cumbre con el objetivo de alcanzar el fin de semana, como es el caso de la de Edurne Pasaban.
En medio quedan la pequeña historia de lucha y solidaridad que han protagonizado ambos grupos.
A principios de semana, cuando Edurne y compañía subieron al C-II para montar sus tiendas y pasar la última noche de aclimatación ya vieron que las cosas estaban feas para Juanito, 'Beja' Ruiz de Infante y los demás. Y es que la explanada en la que debía haber una docena de tiendas de las expediciones que habían llegado hasta allí semanas antes se había convertido en una gran pendiente llena de nieve. Como mínimo tres metros de espesor. En cuanto se lo comunicaron a Juanito no esperó ni un segundo. Se lanzó al C-II a buscar las tiendas y el imprescindible material, con la inestimable ayuda de los de 'Al Filo' que permitieron a los alaveses dormir en sus tiendas.
Dos días ha estado el grupo de Juanito buscando las tiendas, con sondas de hasta tres metros. Pero sin resultado. Ayer, totalmente abatidos, descendían al campo base. Ironías del destino, cuando llegaban a él se cruzaban con Edurne y su gente, que salían para arriba con la intención de hacer cumbre el domingo.
El veterano 'Benja' Ruiz de Apodaca, curtido en mil batallas como Juanito y que se ha llevado al Manaslu a media familia, no podía ocultar su decepción a través del telégono satélite. " Hemos sentido una rabia increíble. vienes preparado para que la montaña te eche para atrás porque no puedes con ella. Pero que pierdas todo por una nevada... Yo llevo muchos años en esto y te haces a todo, pero me ha dado mucha pena por los chicos" (en referencia a su hijo y sus sobrinos, que le acompañan).
En un último gesto de solidaridad, la expedición de 'Al Filo' les propuso repartirse su material entre las dos expediciones y haceru n ataque conjunto, pero en una decisión que ennoblece a Juanito y compañía declinaron el ofrecimiento "porque al final podíamos poner en peligro su ataque a cumbre", explicaba 'Benja'.
Pero El grupo de Edurne tampoco lo va a tener nada fácil. La mnotaña está caergada a tope de nieve y ayer mismo informaban que para llegar al campo I, donde han hecho noche, habían encontrado nieve hasta la cintura. Y a partir del campo II sólo encontrarán terreno virgen, ya que nadie ha subido más arriba. El C-III lo montarán sobre la marcha mañana en torno a los 7.400 metros y el domingo intentarán alcanzar la cumbre.

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01 Oct 2008

Pues eso, que por fin ha dejado de nevar en el Manaslu, y por extensión en todo el Himalaya, así que las expediciones se apresuran a recuperar el tiempo perdido... Las que pueden. Y es que el precio pagado por casi cuatro semanas seguidas de mal tiempo está siendo muy alto. Demasiado para algunas. Por ejemplo, para las que han perdido todo su material que habían dejado en el campo II, en la mayoría de los casos, el material necesario para subir a la cumbre. Es el caso del grupo de Juanito Oiarzabal. Los primeros alpinistas que llegaron ayer a sus 6.800 metros hablaban de que la explanada llena de tiendas donde se ubicaba se había convertido en una gran ladera cubierta de nieve. De las tiendas, ni rastro.
Pero Juanito no está dispuesto a tirar la toalla así como así. Así que ayer decidió subir a ese C-II a buscar sus cosas. Han dormido en las tiendas de la expedición de Edurne, que las montó hace un par de días, y hoy se han tirado todo el día excavando en busca del material. Pero no tuvieron éxito. Mañana quemarán los últimos cartuchos, insistirán en la búsqueda y si lo encuentran, partirán directamente para la cumbre. En caso concreto, no les quedará más remedio que dar por concluida la expedición.
Edurne, para la cumbre
Mejor le van las cosas a Edurne Pasaban y a sus compañeros. Al final, el aparente retraso que llevaban en la aclimatación ha jugado a su favor ya que aún no habían instalado el campo II y por lo tanto no han perdido el material, como casi todos los demás grupos. Ellos lo montaron hace dos días, y tras dormir una noche a sus 6.800 metros han dado por concluida la aclimatación. Así que mañana mismo tienen previsto partir hacia la cumbre. "Las previsiones de tiempo son buenas hasta la semana que viene y no podemos perder el tiempo. Subiremos al C-I, luego al C-II y camino de la Cumbre instalaremos el C-III. Si todo sale bien el domingo intentaremos llegar a la cumbre", explicaba hoy la tolosarra mientras descansaba en su tienda a la espera de mañana.

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24 Sep 2008

"Un caos". Así de simple. Así de demoledora. Ésta es la definición que ha hecho Juanito Oiarzabal de la situación que se vive en estos momentos en el Manaslu tras más de una semana de incesantes nevadas que ha tenido a la veintena de expediciones que intentan la montaña bloqueados en el Campo Base, entre las que se incluyen la del propio Juanito y la de Edurne Pasaban. El problema está en los campos de altura, donde casi todos los grupos dan por perdido todo el material que habían subido. Y uno de ellos es el de Juanito, que había instalado ya el C-2 con un depósito del material necesario para el ataque a cumbre incluido.
Las sospechas no son infundadas. El sábado, el grupo de Edurne aprovechó una pequeña ventana de buen tiempo para subir a dormir asl campo 1, ya que tienen la aclimatación bastante retrasada. Desde que el día 14 llegaron al CB y al día siguiente subieron al C-1 a hacer un depósito de material, no habían podido moverse del CB. Y lo que vieron cuando llegaron al C-1 fue dantesco, prácticamente todas las tiendas estaban sepultadas bajo la nieve, muchas de ellas totalmente aplastadas, inutilizadas. Sólo aguantó la suya, de casi dos metros de altura. Tras horas quitando nieve, pasaron la noche, pero al día siguiente tuvieron que bajar rápidamente porque el tiempo de nuevo empeoró.
Cuando llegaron abajo y relataron lo sucedido el pesimismo se adueñó del CB. "Por lo que nos han contado, el C-1 lo tenemos tocado de muerte pero salvable", explica Juanito, "pero el campo 2 no creemos que se haya salvado y por lo tanto habríamos perdido prácticamente la totalidad del equipo de cumbre. En los próximos días verificaremos si podemos llegar al C-2 e intentaremos recuperar lo máximo posible. ¡Es un caos!
Sólo cuatro de la veintena de expediciones presentes en el Manaslu habían logrado instalar el C-2 y son precisamente las más afectadas.
Así que el pesimismo empieza a cundir. Casi todas las comerciales empiezan a preparar su partida "y nosotros estamos en fechas, pero el tiempo tiene que dar un giro de 180 grados para tener alguna opción de poder intentar algo. Estamos animados pero la presión puede aparecer en cualquier momento. En una semana como máximo tendremos que tomar una decisión: o para arriba o para casa", añadió el vitoriano.
Edurne es más optimista -"mantenemos la moral a tope"- pero también es consciente de que el tiempo tiene que cambiar para tener opciones.

Fotos: Arriba, la expedición de Juanito al completo. Abajo, Edurne en el CB con el Manaslu al fondo.

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11 Sep 2008

Ayer hablaba de las expediciones vascas que han ido al Manaslu. Hoy voy a detenerme un poco más en una de ellas, la que comanda Juanito Oiarzabal, que cuenta con una curiosidad que creo que se ha dado pocas veces en un ochomil.

Y es que cuatro de sus miembros pertenecen a una misma familia: Benjamín Ruiz de Infante, un viejo compañero de aventuras de Juanito Oiarzabal, con el que subió el Makalu en 1995, es el patriarca. Luego está su hijo, Íñigo Ruiz de Infante, y dos de sus sobrinos: Lander Arrue, de 29 años y jugador de rugby, y Estitxu Salinas Ruiz de Infante.

Inicialmente, el proyecto era intentar ascender al Cho Oyu, considerado el ochomil más sencillo, pero las restricciones impuestas por el Gobierno chino les obligaron a cambiar de planes y decidirse por el Manaslu.

Si logran hollar la cumbre, será el bautismo ochomilista para los tres jóvenes, aunque para la que más sentido simbólico tendrá la cima sería para Estitxu, que a sus 28 años se convertiría en la primera alavesa en alcanzar un cima de más de ochomil metros.

De izquierda a derecha, Íñigo, Estitxu, Benjamín y Lander.

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10 Sep 2008

Y ahora, el Manaslu. El octavo ochomil (8.156 metros). Es la siguiente estación para dos de más ¡ilustres alpinistas vascos: Edurne Pasaban y Juanito Oiarzabal. Eso sí, quien se piense que comparten expedición se equivoca. Simplemente han coincidido en el objetivo. Cada uno viaja en expediciones separadas. Y, por supuesto, no serán los únicos vascos.

Juanito viaja con los también alaveses Benjamín Ruis de Infante, Estitxu Salinas (que se podría convertir en la primera alavesa en hollar un ochomil), Lander Arruer, Iñigo Ruiz de Infante y Roberto Rojo 'Gorri y el vizcaíno Unai Etxebarria. El grupo llegó el pasado día 5 al campo base salvo Gorri y Unai, que partieron una semana más tarde y se les espera para dentro de un par de días en el CB (4.900), y hoy mismo tiene previsto subir hasta el Campo I (5.600 m.) para iniciar la aclimatación y comenzar a equipar los campos de altura.

Mientras, Edurne Pasaban, inmersa en su proyecto de acabar los 14 ochomiles con Telefónica y Al Filo de lo Imposible, se ha rodeado de un potente grupo formado por su ángel de la guarda, Asier Eizagirre, el vizcaíno Alex Txikon, el navarro Mikel Zabalza, el catalán Ferrán Latorre (estos dos últimos recién llegado de coronar el G-IV con Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y José Carlos Tamayo) y la también catalana Esther Sabadell. lEl grupo está esta semana inmersa en el trekking de aproximación y ayer durmieron en Namru, tovía a 1.800 mts de altura.

Si la tolosarra holla el Manaslu sólo le restarán tres para completar su objetivo: Shisha Pangma (8.027 m.), Annapurna (8.091 m.) y Kangchenjunga (8. 586 m.), mientras que si lo hace el vitoriano, su mitó se habrá ensanchado un poquito más con su vigesimotercer ochomil.

Pero no va a ser fácil para ninguno. El Manaslu no es una montaña especialmente técnica, pero esconde algunos ases en su manga que le han convertido en uno de los ochomiles menos ascendidos.


Uno de los mayores riesgos está en su condición de montaña 'avalanchosa', especialmente entro los campos I y II, a lo que se suma un tramo de grietas muy peligroso. Por si fuera poco, del monzón ha sido muy lluvioso, lo que se traduce en que las montañas están muy cargadas de nieve. En la parte técnica, los alpinistas deberán superar un muro en técnica de escalada por encima de los 8.000 metros, cerca ya de la cumbre. Es un tramo corto, pero a esa altitud no hay empresa pequeña.

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