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11 May 2008

Sí, sí, pasiones. Y no me refiero precisamente a la más bajas (por cierto, nunca he entendido el por qué se las considera bajas), no. Se trata de las otras: las elevadas, sobre todo una: odio. Esa es la conclusión a la que he llegado tras leer los comentarios escritos en El Correo Digital a cuenta de la ascensión de Juanito Oiarzabal al Makalu. Parece que a unos cuantos les molesta que el vitoriano sea capaz aún de subir un 'ochomil.
Sinceramente, no entiendo esa animadversión ¿O será envidia? que algunos muestran en sus comentarios, algunos de los cuales rozan incluso el insulto personal. Y no pretendo con ello erigirme aquí en defensor de nadie. Conozco a Juanito y he compartido con él expediciones (aunque sólo haya sido hasta el campo base), así que puedo decir que le he 'sufrido', pero también que he disfrutado con él. Y, sobre todo, he podido comprobar su experiencia, su capacidad de sufrimiento y superación, sus condiciones innatas para la alta montaña.
Juanito tiene un carácter difícil. No estoy descubriendo nada. Cualquiera que lo conozca lo puede corroborar. Y ha tomado una serie de decisiones en su vida personal, al margen de la montaña, que a unos gustarán más que a otros. Pero no dejan de ser suyas. Y por eso hay que respetarlas. A mí me importa un bledo si antes de escalar el Makalu ha ido a 'Supervivientes' a 'Operación Triunfo' o a 'Barrio Sésamo'. A mí lo que me importa es que es un tío capaz de demostrarse a sí mismo que cuatro años después de sufrir la amputación de todos los dedos de los pies por congelaciones y con 54 años en la chepa aún puede subir hasta la cumbre del Makalu, una 'tatxuelilla' de casi ocho mil quinientos metros de altitud (el quinto ochomil más alto). Lo que supone, por recordar un detalle sin importancia, su vigésimo segundo ochomil. Miren ustedes por donde (otro detalles sin importancia), algo que nadie ha hecho aún en este planeta.
Algunos de los comentarios hacen referencia también a su supuesta fama de mal compañero y lo justifican refiriendose a la gente que se ha muerto en sus expediciones. Eso es algo que no se puede negar. Los hechos están ahí. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero en ese caso quizás sería bueno mirar a otros ochomilistas. ¿Cual de ellos, y me refiero a los que tienen una cierta experiencia, a los que acumulan ya unos cuantos años de expediciones, no ha sufrido la pérdida de algún compañero de expedición o no han vivido situaciones extremas en las ascensiones con el resultado de muertos, sean compañeros o miembros de otras expediciones? Y Juanito acumula casi 40 expediciones. Seamos justos. La alta montaña, y más los ochomiles, es un deporte de riesgo, de alto riesgo. Y el que no arriesga no se muere, pero tampoco sube.
Y en cuanto a antiguos compañeros de cordada que parecen ir diciendo ahora por ahí que no le quieren ver ni en pintura, creo que hay que volver a ser justos. Es probable que Juanito no este ahora mismo para hacer la 'magic line' del K2 en alpino o la travesía de los kangchenjuga en solitario y necesite unos buenos compañeros de expedición para completar una ascensión a un ochomil (los que no los necesitas en el ochomilismo actual se pueden contar con los dedos de una mano). Pero durante años, él ha sido una referencia en el mundo del ochomilismo, y a él se han pegado muchos escaladores porque para ellos era la única forma de llegar a un ochomil. Incluso en tiempos más recientes se le ha utilizado como reclamo publicitario para conseguir patrocinios para luego relegarle a un segundo plano en la expedición. En el mundo del ochomilismo hace tiempo que el romanticismo pasó a mejor vida. Cada uno mira por sus intereses (absolutamente honorables siempre que se vaya con la verdad por delante) y la amistad ha quedado relegada a un plano muy inferior.
Así que sólo me queda darle la enhorabuena al Oiarzabal montañero por su capacidad de superación y por su vigesimo segundo ochomil. ¡Zorionak Juanito!

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10 May 2008

Juanito Oiarzabal ha alcanzado hacia las seis y media de esta mañana, hora española, la cima de la quinta montaña más alta de la tierra, el Makalu (8.463 metros), por lo que suma vigésimo segundo ochomil.
Así lo ha confirmado hoy su mujer, Araceli, quien hablado brevemente por teléfono con su marido desde la cumbre del del Makalu. Oiarzabal estaba "muy emocionado" y ha contado que la ascensión ha ido "muy bien" y que hacía "mucho frío".
El alpinista vitoriano ha hecho cima acompañado por el también alavés Roberto Rojo y el sherpa Pasan Nuru. Con esta ascensión, Juanito amplía a 22 su récord de ochomiles ascendidos. En el mundo sólo hay catorce cumbres de más de ocho mil metros, de las que Oiarzabal ha repetido varias, hasta las veintidós.
Tras sufrir congelaciones en su última ascensión, en el K2 en 2004 que le llevaron a la amputación de todos los dedos de sus pies, Oiarzabal ha vuelto con esta hazaña a reanudar su carrera como "ochomilista".
Los tres montañeros iniciaron la ascensión desde el campo base el miércoles, y ayer llegaron, como estaba previsto, al último campo situado a 7.850 metros, aproximadamente, desde donde comenzaron la ascensión hasta la cumbre que han coronado esta mañana.
Un campo por detrás de Juanito y Gorri venían, según explicí ayer el Alavés, el 'sector' guipizcoano de la expedición, comandado por Koke Lasa y Pedro Garcia, que decidieron salir un día más tarde hacia la cima para asegurarse las condiciones metrorológicas. Asi que si no hsy cpntratiempo mañana intentarán alcanzar la cumbre.

Ochoa de Olza se da la vuelta en el Annapurna

Quien ha tenido que darse la vuelta ha sido Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna. Habían salido también para la cumbre y estaban ya en el campo 2, pero unas fuertes nevadas que han dejado la ruta muy peligrosa recomendaban prudencia. Iñaki explicaba ayer en su web que las dudas sobre continuar o no quedaron definitivamente resueltas cuando dos aludes lpasaron muy cerca de ellos.

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09 May 2008

La voz de Juanito Oiarzabal sonada nítida y firme ayer al mediodía (12:30 horas) desde el campo avanzado (7.850 metros), el cuarto que han instalado, en su intento de hacer cumbre en el Makalu (8.463 m.) en compañía de Roberto Rojo ‘Gorri’ y el sherpa Pasan Nuru. El alpinista vitoriano contaba a EL CORREO que «hemos salido de Makalu-La y acabamos de llegar a un punto que consideramos apropiado para esperar. Hemos instalado una tienda debajo de un serac enorme y las vistas son espectaculares. Esta madrugada, creo que salimos a las 12.00 (hora nepalí), vamos hacia la cumbre. Espero que mañana -hoy- sábado, a eso de las 10.00 consigamos pisar la cima del Makalu». Oiarzabal ostenta el récord mundial absoluto de ascensiones a ochomiles, con 21 cimas.
El vitoriano también nos contó que «en la subida nos hemos cruzado con dos sherpas y dos coreanos. Bajaban con oxígeno después de haber hecho el Makalu. Nos contaron que habían salido el viernes por la noche y habían empleado casi 20 horas en el asalto». Su compañero Roberto Rojo está emocionado. Primero por escalar en compañía de Oiarzabal, una leyenda del montañismo, y también porque consigue cumbre será su tercer ochomil tras el Broad Peak y el Nanga Parbat. «El tiempo acompaña. Estamos fuertes. El viento ha bajado en intensidad y la temperatura es soportable. En estos momentos se aproxima a los 20º bajo cero. Nada para esta altura y para esta montaña donde -50º no son raros. No vamos a fallar», nos dijo.
El veterano alpinsiat de Vitoria estaba enfadado porque habían desaparecido parte de las cuerdas fijas que les podrían haber facilitado el camino. «Las han quitado. Menos mal que nos vamos a encontrar las que han abandonado los coreanos en la chimenea final».
Aprovechar las cuerdas fijas es una práctica habitual en el Himalaya, como también lo es seguir la estela o huella de los grupos más numerosos en aquellos tramos y cimas en los que la nieve es demasiado profunda o ha caído recientemente.

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07 May 2008

La actividad de los alpinistas vascos en los ochomiles del planeta se aprieta en las últimas horas. Por empezar por lo más reciente, Juanito Oiarzabal y Roberto Rojo 'Gorri' han salido hoy hacia la cumbre en el Makalu (8.463 m.). Con ellos sube también el sherpa Pasan Nuru.

Los tres montañeros han partido hoy desde el campo base, a 5.700 metros, y han llegado al campo 2, situado a 6.600 metros. Mañana jueves esperan subir a dormir a Makalu-La, a 7.450 metros, y el viernes continuarán la ascensión al último campo situado a 7.850 metros, aproximadamente. Si todo sigue sin novedad y se cumplen los partes meteorológicos, el sábado es el día elegido para el ataque a cumbre. Carlos Martínez, el tercer miembro de la expedición, se ha quedado en el campo base recuperándose de una gripe.
Los alpinistas alaveses tienen abierta la ruta hasta la cima, ya que estos días coreanos y británicos han hecho cumbre con oxígeno artificial. Juanito y Roberto lo van a intentar sin oxigeno suplementario. Si logra hollar el Makalu, el quinto ochomil más alto del planeta, Juanito sumará ya 22 ascensiones a los 14 ochomiles y sería el primero que consigue desde 2004, cuando subió el K2 y sufrió graves congelaciones que obligaron a amputarle los diez dedos de los pies. (En la foto Juanito, Roberto y Carlos en el aeropuerto de Lukhla)
En el campo base se encuentran también, los integrantes de la también expedición vasca Decoexsa Makalu-2008, que por fin ha llegado al pie de la montaña, aunque con nueve días de retraso sobre los planes previstos, tras padecer todo tipo de vicisitudes. La más desgraciada de ellas fue la muerte de un porteador en la marcha de aproximación al despeñarse en un tramo empinado y complicado del recorrido después de que un grupo de sherpas no quisieran esperar a que la expedición asegurase ocn cuerdas fijas el tramo. Por si fuera poco la desgracia, uno de los porteadores denunció a la policía nepali que el fallecido no se había caído, sino que había sido empujado por otros porteadores, por lo que cinco de ellos fueron detenidos. Al final todo se aclaró la pequeña odisea del grupo concluyó el lunes con su llegada al CB. Eso sí, con un último incidente, ya que el helicóptero que les trasladaba les dejó a dos días del campo base, por lo que han llegado agotados. Esta expedición está integrada por el vizcaíno Roberto Rodrigo, la burgalesa Isabel García, el alavés Josu Ortubay y el también vizcaíno Xabi Zaita.

Annapurna

Mientras tanto, en el Annapurna, Iñaki Ochoa de Olza templa armas para su intento final a cumbre. El navarro ha elegido la exigente cara sur para intentar su decimotercer ochomil y la primera parte, casi lo más dificil, ya está conseguido: la ascensión de la pared. Han equipado la ruta hasta la arista cimera y han vuelto al campo base a reponer fuerzas para intentar ya llegar hastal a cumbre. Lo que les queda tampoco es nada fácil,ya que han elegido una ruta, nueva parcialmente (la línea azul en la fotografía), que discurre entre la de los polacos de los años ochenta (línea roja) y la que abrió Tomaz Humar el año pasado (verde). Esta bastante a la derecha de la vertical de la cumbre principal, así que cuando alcancen la arista tendrán todavía casi un día entero de travesía hasta la cima principal (8.091 m.) Independientemente de que la consigan o no, estamos ante una de las mejores actividades de la temporada ochomilista, tanto por la ruta elegida como por la filosofía de ascensión: una expedición muy ligera (su compañero de cordada es el rumano Horia), sin ayuda de porteadores de altura y por supuesto sin oxígeno suplementario.
Iñaki y Horia intentan aprovechar la misma ventana de buen tiempo que los del Makalu y han salido hoy hacia la cumbre. Si el tiempo se mantiene estable hasta el día 10, sus planes son subir hoy hasta el campo 2 (6.200 m.), mañana llegar al campo 3 (6.900) y el viernes llegar lo más alto posible en la arista cimera para intentar cumbre el sábado.
A continuación, reproduzco la última crónica enviada por Iñaki desde el Annapurna, previa al ataque a cumbre. Recomiendo vivamente su lectura ya que como apreciaréis, se trata de mucho más que un simple relato de sus andanzas por la cara sur del Annapurna:

"Esperamos y miramos al cielo. En cuanto el pronóstico del tiempo sea favorable, saldremos en busca de la cima del Annapurna, lugar mágico donde de nuevo nuestros sueños serán destruidos sin compasión. Nuestros cuerpos, por su parte, se han declarado preparados para lo que se les viene encima sin remedio, aclimatados a la altura inhumana de este gigante de nuestros deseos más… públicos El proceso de aclimatación a la altitud, que acabamos ahora de finalizar, es siempre una fase ingrata, dura e inevitablemente más larga de lo deseado. Pero me imagino que una vez más nos lo hemos ganado a pulso, tras un mes de estancia en el campo base e innumerables viajes arriba y abajo, cargados como mulos. Les recuerdo, no usamos porteadores de altura, nadie ha de jugarse el bigote por nuestra gloria o a cambio de nuestro vil metal. Sin duda esta es una de las expediciones en las que más he trabajado desde un punto de vista físico, pero ésta es la forja donde se templa el acero que luego nos ha de permitir cabalgar esas aristas colgadas del cielo. El hierro gime y se queja, dice el poeta, pero después se convierte en martillo y en espada. Nos encontramos con buena salud, contentos y motivados, y con el mismo equilibrio espiritual de un gurú, si es que ello es posible, rodeados de uno de los escenarios más hermosos que sea posible encontrar en este planeta.

El pasado día 21 de abril Horia y yo escalamos hasta los 6.500 metros por la ruta polaca de la cara sur (Kukuczcka-Hajzer, 1988). Subimos sin aparente esfuerzo, la pared se halla en condiciones aceptables. Al día siguiente, las piernas cansadas, nos dirigimos a la vía que se encuentra justo a la derecha de la anterior, abierta en solitario el año pasado por nuestro amigo el enérgico esloveno Tomaz Humar. Su ruta es fantástica, lógica y más segura de lo que parece. Entramos por una variante que puede ser nueva (800m.) y, sin llegar a sacar la cuerda de la mochila, ascendemos dos terceras partes de la
pared, y nos dimos la vuelta casi a 7.000
Horia, en la cara sur, fotografiado por Iñaki
metros porque tenemos el trabajo hecho.
Destrepamos cada paso con cuidado hasta alcanzar de nuevo el glaciar.
Hemos encontrado el cómo y el por donde, así que parte de los misterios del Annapurna han sido ya resueltos. Sólo falta lo mejor, la nata del pastel.

Creo que una de las numerosas razones por las que practicamos la escalada en el Himalaya es simplemente para purgar de nuestros cuerpos los demonios de la civilización occidental. Me refiero, como algunos de ustedes intuyen, a la soledad no elegida, el hastío, la depresión, el consumismo, el clima político que nos rodea, la violencia, las diversas adicciones posibles y probables, además de los malignos centros comerciales. Todos estos demonios se han quedado directamente en casa, incapaces como son de desplazarse en el espacio hasta aquí. Mientras tanto, sus compañeros el colesterol, el sedentarismo, el aburrimiento y el sobrepeso, que quizás han viajado hasta aquí, están a punto de perecer con saña, sumidos los pobres en los inevitables encantos de la cara sur de esta montaña sin par. Pronto va a empezar un baile salvaje, que dejará nuestros cuerpos limpios y desnudos, privados de todo resto de fuerza, pero cargados hasta los topes de esa energía espiritual rica como pocas, que da cuerda a nuestras vidas sin cicatería alguna. Lo que ustedes pueden hacer por nosotros es enviar fuerza y buenos deseos, rezar si saben o quieren, y quizás dejar de lado por un rato el periódico o el ordenador y salir a dar una vuelta, correr o andar en bicicleta… más que nada, por sacudirse de encima por un rato a esos demonios de los que hablaba, tan poco amigables pero también tan débiles de carácter, los muy cobardes".

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12 Feb 2008

Estamos en invierno. Ya se que es una obviedad, pero conviene recordarlo. Aunque la asamblea de majaras parece haber triunfado por fin, en otras latitudes la estación cumple con su obligada ración de viento, frío y nieve. ¡Y cómo cumple! Me refiero a las cordilleras de Himalaya (Nepal) y Karakorum (Pakistán), el universo de los ochomiles. En esta época, el tercer polo se queda vacío, mientras los alpinistas últiman los preparativos para las expediciones de primavera. Sin embargo, en los últimos años está habiendo un cambio de tendencia. Algunos alpinistas miran a las cumbres más altas del planeta en esta inhóspita época. Algo que no ocurría desde la gloriosa década de los ochenta, cuando la dura y excepcional escuela polaca abrió brecha ascendiendo todos los ochomiles en invierno. Bueno, todos no. En Nepal, el Makalu continúa virgen en estas fechas, mientras que en Pakistán, ninguno de sus cinco ochomiles (Nanga Parbat, G-I, G-II, Broad Peak y K-2) ha podido ser escalado. Y es que allí, a las difíciles condiciones de las montañas (vientos de 150 k/h. y temperaturas de -40% a ocho mil metros de altitud) se le añade una complicada aproximación por glaciares.
Así que en tres de estos ochomiles han puesto sus ojos cuatro pequeñas expediciones. Dos al Makalu, una al Broad Peak y otra al Nanga Parbat.
La del Nanga Parbat ha sido la más fugaz. El italiano Simone La Terra y su grupo llegaron al Campo Base el 3 de diciembre y el 21 de ese mismo mes una tormenta de nieve y viento les voló todas las tiendas del CB. Todo el material de la expedición quedó esparcido por el glaciar. En ese tiempo no pudieron pasar del C-1 (6.000), con temperaturas de hasta -35% y sólo un día de sol.
En el Makalu también acaban de abandonar. Hace una semana lo hicieron los fortísimos kazajos Denis Urubko and Serguey Samoilov, protagonistas de algunas de las mayores gestas en ochomiles de los últimos años, después de alcanzar los 7.500 metros de altitud, sufrir algunas congelaciones y soportar vientos de 135 k/h. y temperaturas de -35º. Y hace un par de días lo han hecho los italianos Nives Meroi, Romano Benet y Luca Vuerich. Ellos habían decidido realizar último intento tras la retirada de Urubko y Samoilov, pero el fin de semana una tormenta con vientos huracados arrasó también su CB. A duras penas evitaron salir volando y prácticamente se quedaron con lo puesto. Sin posibilidades de ser evacuados en helicóptero, iniciaron un penoso regreso en el que Nives Meroi (con diez ochomiles en su haber, una de las rivales de Edurne Pasaban en la lucha femenina por completar los catorce ochomiles) se fracturó el peroné.
Quien no se da por vencido es Simone Moro en el Broad Peak. Parece haberse convertido en una fijación tras su intento fallido del año pasado. Él y sus dos compañeros llevan camino de sumar ya dos meses de expedición y su próximo objetivo es instalar el C-3 a 7.200, el último antes del ataque a cumbre. De su última salida para portear material les quedan la sensación de vivir una condiciones «inhumanas» y la certeza de ver su termómetro marcando -41º.
Así que a la vista de estas penurias sólo me queda mostrar la más profunda admiración hacia estos locos románticos del himalayismo. En una época en la que las noticias de las ascensiones al Everest encajan mejor en la crónica de sociedad que en la de deportes, reconforta comprobar que todavía quedan alpinistas dispuestos a demostrar que el cómo se sube a una montaña es más importante que el llegar a lo más alto.

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