25 Sep 2009
Ueli Steck es, muy probablemente, el alpinista más fuerte de la actualidad. Tanto física como mentalmente. Sus escaladas causan tanta admiración como asombro en el planeta alpino. Su combinacion de audacia, velocidad, exigencia personal y compromiso alpinístico le han convertido, por derecho propio, en un referente.
Su último proyecto ha sido intentar escalar en solitario el Pilar Oeste del Makalu, una de las vías más exigentes del ochomilismo. A mediados de mes recibimos la escueta noticia de que había llegado hasta los 7.200 metros, pero se había tenido que dar la vuelta por las condiciones de nieve que había encontrado. Ahora, casi dos semanas después, nos llegan sus explicaciones de la ascensión y los motivos que le llevaron a darse la vuelta. En un relato hipnótico y dramático, Ueli revela que el Pilar Oeste del Makalu le ha descubierto sus límites físicos y mentales. Y finalmente le ha vaciado. Tanto que allá arriba, en la soledad del fracaso, llegó aplantearse abandonar el alpinismo. Tal es su grado de compromiso.
Éste es su relato:
“Mientras escribo estas líneas estoy sentado en el campo base, a 5.250m sobre el nivel del mar. Por encima de mí, la cima del Makalu, a 8.463m de altura. Exactamente 3.213m de desnivel me separan de mi deseado sueño.
Hace una semana llegué hasta el Pilar oeste. Ascendí e instalé un campo a 6.700m de altura. Estaba lleno de motivación, quería completar mi proyecto. Estoy muy bien preparado para realizarlo. A las 3 de la mañana comencé a escalar. Estaba seguro de que iba a conseguirlo. Solo y sin cuerdas fijas, hasta la cima. Pero después todo cambió.
Las grandes cantidades de nieve fresca me mostraron claramente en donde estaban mis límites. Pero luché. No abandoné. No es mi estilo decir tan rápido que no se puede hacer. Si no hubiera dado todo de mi mismo, si hubiera abandonado en ese momento el proyecto y me hubiera vuelto a sentarme en mi cálido salón, ¡me hubiera sentido muy avergonzado por ello!
"Navegué" a través de la nieve adecuadamente. En la primera parte no fue realmente un problema. Pero entonces llegué hasta las primeras torres de roca verticales. El monzón había sepultado literalmente los pasajes verticales de la pared bajo 30 centímetros de nieve. No podía hacer otra cosa que excavar la nieve hasta encontrar la estructura de roca en donde encontrar los apoyos para continuar escalando. A 7.000m esto es extenuante.
Era como escalar la cara norte del Eiger en condiciones imposibles. Pensé que si hubiera estado en casa, escalando en el Eiger en esas condiciones, me habría dado la vuelta, me habría tomado un café, y me habría ido al rocódromo por la tarde.
Al final conseguí superar el primer escalón vertical de roca. Sin aliento me detuve. Fui hacia la derecha, buscando un campo de nieve de 45º-50º. La nieve era muy profunda. El riesgo de avalanchas era límite. Los cristales de nieve no habían fusionado debido al intenso frío. Me arrastraba, casi sin fuerzas. Pero alcancé los 7.100m.
La arista acababa en una canal muy inclinada. Tenía que tirar por ella. Tan pronto como entré, me hundía, y a cada paso que daba, de pronto descendía para atrás rodeado por una masa de nieve. Mi corazón se paralizaba literalmente cada vez. Alguna vez descendía más de un metro. Cada músculo de mi cuerpo estaba en completa tensión. ¿Por qué me detenía de repente, en lugar de continuar para abajo con la nieve? No tenía ni idea. En el momento en el que me detenía la tensión se distendía, y mi corazón volvía a latir. Un respiro. Continué intentando ascender esta canal, que era como un trineo debajo de mí. Lo intentaba una y otra vez. Mis nervios estaban al límite. Hasta que conseguí llegar al siguiente paso de roca. Y otra vez a excavar la nieve para encontrar las presas. Y después de este paso, otro campo de nieve.
Esa masa de nieve suelta me dejó vacío psicológicamente. No sabía en ningún momento si estaba firme en la montaña o si al segundo siguiente iba a patinar con la nieve y caer al vacío. Estaba en permanente tensión. Además la masa de nieve era mayor cada metro que subía. A 7.200m volví al eje del Pilar, esperando que allí hubiera menos nieve fresca. Un poco más arriba me paré en una pequeña plataforma. Esto me permitió quitarme la mochila y asegurarla a un piolet.
Me permití beber un litro de líquido
y una barrita de muesli, esperando recuperar algo de fuerza con ello y descansar un poco. La perspectiva hacia arriba era destructiva para mí. El Pilar permanecía bajo un grueso abrigo invernal. Una mirada a mi reloj me dijo que había necesitado 4 horas y media para ascender 500 metros. El tiempo: cielo azul profundo. Mi confianza en mi mismo estaba en su punto más bajo. ¿Qué podía hacer? ¿Continuaba o daba la vuelta?
Esta incertidumbre, el no saber en ningún momento en donde pisaba y si la nieve no se iba abajo conmigo, me hundieron.
Escalar sin cuerda es mentalmente muy exigente. Pero puedo evaluar mis puntos de apoyo. Veo agarres. Puede que me encuentre 1.000 metros por encima del abismo, y todo mi peso cuelga de una regleta de 7mm de ancho. Pero puedo ver la regleta, si es sólida o no. Sé si puedo colgarme de ahí o no. No me importa lo grande que sea. Pero puedo juzgar la situación.
Pero en ese momento me encontraba desde hacía horas en una situación muy precaria. Definitivamente no era capaz de evaluar por más tiempo la situación. Así que ¡decidí descender! Había subido hasta los 7.200m, para descender.
La bajada se convirtió también en una guerra de nervios. Perdí el sentido del tiempo, sólo me daba cuenta de lo tenso que estaba mientras descendía. Una vez que llegué a mi tienda a 6.700m me senté en la nieve. Mi euforia del día anterior había desaparecido. Bebí algo. Después de mucho rato me encontraba otra vez en un lugar seguro. Pero eso no me proporcionaba ningún alivio.
Ahora mi cabeza empezó a funcionar a toda velocidad ¿Qué estaba haciendo ahí arriba? Me acordé de las horas que acababa de pasar, y me enfadé conmigo mismo. Estaba claro: en esas condiciones, era imposible escalar esa ruta. Pero de repente pensaba: “eres demasiado débil. ¿Tienes tan solo un poco de voluntad?"
Estuve sentado allí durante una hora. Mi mayor deseo era volar de vuelta a casa al siguiente día. Después de una hora comencé a recoger mis cosas. Sólo quería bajar. Y abandonar inmediatamente la práctica del alpinismo ¡No veía una razón por la que no abandonarlo! Estaba ya llena la mitad de la mochila y había comenzado a desmontar mi tienda.
Pero entonces me encorajiné: “Sólo es 13 de septiembre”, pensé. Tenía al menos un mes más para intentar la cima del Makalu. Y comencé a deshacer mi mochila otra vez. En se momento no tenía ningún plan acerca de cómo podía ser capaz de escalar el Pilar oeste. Pero en un mes las cosas podían cambiar mucho.
Anclé de nuevo mi tienda y deposité mi material en ella. Puede que las condiciones mejoraran, aunque tengo que reconocer que no confiaba en ello. Comencé el descenso hacia el campo base con sentimientos contrapuestos. Y descendía con buen tiempo.
¿Es realmente necesario exponerse uno mismo a un riesgo semejante? Me sentía deprimido. Totalmente motivado y lleno de confianza entré en este proyecto. Y ahora todo parecía haber acabado. Mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza.
A las 12 en punto tuve contacto por radio con Andy Waelchli y Robert boesch, que iban hacia cima por la ruta normal. Estaban atascados en la nieve también. Un pequeño consuelo para mí. Habían llegado hasta los 6.500m ese día. Menor altura que la que yo había alcanzado. Robert ascendió al día siguiente hasta los 6.800m antes de abandonar también. Así pues, mi decisión no había sido del todo errónea.
De vuelta al campo base me sentí aliviado. Me di una ducha. Comí patatas calientes con queso y comida liofilizada. No sabía qué hacer. Al día siguiente Andy llegó al campo base. Y al otro Robert. Deliberamos. Llegamos a la conclusión de que en esas circunstancias, un ataque a cima era imposible.
Al menos el tiempo era bueno. El sol brillaba y no habíamos vuelto a tener precipitaciones. Pero esto hacía aún más insoportable tener que permanecer sentados en el campo base mientras el tiempo era excelente.
Por la noche le daba vueltas a todo. La historia del alpinismo muestra claramente que todo tiene que encajar para conseguir una cima de 8.000. Y ahora nada lo hacía. Consideré muchas opciones ¿Quizás una ruta por la sur? La radiación solar es mayor, y la nieve transforma más rápido.
Al final rechacé estos pensamientos. Si no podía ser el Pilar oeste, no iría a la cara sur.
Decidí volver a mi pequeño campo a 6.700m. Cima primera y después cima segunda antes de la tienda. Andy vino conmigo. Esto fue el jueves 16 de septiembre. La huella del domingo todavía estaba allí. Esto significaba que la nieve no se había transformado…
Sin equipo alcanzamos los 6.700m, llegando a las 6 de la mañana. Hacía un frío intenso y el sol todavía estaba escondido detrás del Makalu. Estaba contento por contar con la compañía de Andy. Después de un rato llegué a la conclusión de que un ataque al Pilar oeste con esas condiciones era imposible. La ruta normal quizás tuviera más posibilidades.
Dejé comida, la tienda y un hornillo a 6.700m. Bajé mi equipo de pluma al campo base. De esta manera, podía intentar otra ruta, pero dejaba una puerta abierta al Pilar oeste. Descendimos.
Ahora estoy sentado en el campo base y estoy contento de haber bajado mi material de pluma. Así tengo las posibilidades abiertas. De momento, el Pilar oeste es una ilusión. Tan solo un sueño. La ruta normal: si tenemos suerte, quizás tengamos una oportunidad ahora. Tenemos por delante 3 semanas antes de que el Jet Stream incremente los vientos a 8.000m imposibilitando un ataque a cima. 3 semanas…
Lo más importante es que volvamos a casa sanos y salvos. Y con toda seguridad nos habremos enriquecido con una nueva experiencia. Me encontré con mis límites ahí arriba.
Estudiamos ansiosos el parte meteorológico. Robert, Andy y yo queríamos haber comenzado a subir el pasado sábado. Parecía que iba a mejorar el tiempo. Pero el sábado el mensaje de meteotest anunció un giro en los modelos. Tormenta para el lunes y martes. Otra vez inmovilizados. Pero el tiempo no ha sido tan malo al final. ¿Debemos creer o no en el parte meteorológico? Esperamos de nuevo. Si meteotest hubiera tenido razón y hubiéramos ascendido, nos habríamos quedado atascados arriba, y el peligro de avalancha habría sido muy alto. Así que mejor esperamos. Mejor permanecemos en el campo base y hacemos nervios que estar arriba y que se cumplan las previsiones.
Un parte meteorológico es sólo una predicción. Pero las predicciones son esenciales. Pueden evitarnos situaciones críticas y muy desagradables.”
14 Sep 2009
El otoño suele ser la temportada 'baja' en Himalaya, frente al 'overbooking' que sufren buena parte de los campos base de los ochomiles en primavera. Sin embargo, el postmonzón de este año más a ser más caliente que nunca. Los proyectos, de todo tipo, son numerosos y la actividad en casi todas las montañas más altas de la gran cordillera himaláyica va a ser inusualmente alta.
Entre los numerosos proyectos merece la pena destacar tres, que vuelven a situar a sus protagonistas a la vanguardia del alpinismo actual y que tienen un decominador común: el estilo alpino. En primer lugar, aunque sólo sea por cercanía, se encuentra el intento del Naturgas-Basque Team (Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza) en la cara norte del Everest: Supecouloir de los japoneneses y corredor Hornbein. Los otros dos proyectos tiene como denominador común su condición de intentos es solitario: el suizo Ueli Steck nada menos que al Pilar Oeste del Makalu (el mismo que no dio opciones a Iñurrategi y compañía en primavera) y el italiano Simone Moro, que intentará abrir una nueva vía en la cara suroeste del Cho Oyu.
Al margen de estos objetivos, la reapertura del Tíbet para los alpinistas ha propiciado que el Shisha Pangma sea una de las montañas más concurridas este otoño. En lo que a nunestros alpinistas se refiere, por la cara sur, Edurne Pasaban, acompañada por Ferrán Latorre, Alex Txikon y Asier Izagirre, buscará su decimotercer ochomil por la siempre exigente y técnica ruta británica. A ellos tiene previsto sumarse más adelante el alavés Roberto Rojo 'Gorri', que antes intentará el Cho Oyu con Estitxu Salinas, que busca convertirse en la primera alavesa en subir un ochomil.
También en el Shisha, aunque por su vertiente norte (ruta normal), Juanito Oiarzabal retoma su proyecto 2x14 8.000's. Sus compañeros de viaje son los aragoneses Carlo Pauner (8x8.000's) y Javier Pérez y el catalán Tolo Calafat. Sin embargo, las últimas noticias que llegan de allí no son buenas. Carlos sufrió ayer una caída durante la ascensión al C-1 para aclimatarse, al parecer sufre la rotura de varias costillas y hoy mismo ha abandonado el CB camino de Katmandú.
En esta misma vertiente se encuentra el australiano Andrew Lock, que busca en el único ochomil integramente tibetano completar los 14 ochomiles.
Y hablando de completar Los Catorce, la coreana Oh Eun-Sun está ya a los pies del Annapurna para complerar su particular carrera ochomilista (más bien sprint: ha subido diez ochomiles en tres años). Con ella ascenderá Jae-Soo Kim, parreja habitual de escalada de Go Mi-Sun, que falleció antes del verano en el Nanga Parbat. Jae-Soo Kim llevará a la cumbre una foto de Miss Go, que pugnaba con Miss Oh en ser la primera mujer en acabar Los Catorce.
A partir de ahora os intentaremos mantener informados de la actualidad de todas estas expediciones. A continuación os dejo enlaces a algunas de ellas:
Everest:
Naturgas Baske Team Hornbein'09
Shisha Pangma:
Edurne Pasaban
Juanito Oiarzabal
Carlos Pauner
Andrew Lock
Makalu:
Ueli Steck
Annapurna:
Oh Eun-Sun
Cho Oyu:
Simone Moro
11 Jun 2009
El 6 de junio se hizo público y el pasado fin de semana lo recibieron. El italiano Simone Moro y el kazajo Denis Urubko han sido galardonados con el premio Eiger, considerado el Oscar del alpinismo, por su ascensión invernal y en estilo alpino al Makalu (8.463 metros), que lograron el pasado 9 de febrero.
El encargado de recibir el premio fue Simone, ya que Denis no pudo estar presente en la ceremonia de entrega, celebrada en Grindelwald, al pie de la cara norte del Eiger, legendaria montaña que da nombre a estos premios. El objetivo de estos galardones es muy simple: premiar a los que sirven de inspiración a todos aquellos que aman las montañas. El italiano recogió el trofeo, diseñado por Lisa Notter y realizado con un trozo original de roca del Eiger, además de un premio en metálico de 10.000 francos suizos (6.600 €). El jurado valoró el esfuerzo que Simone y Denis hacen por difundir y acercar "el valor y la fascinación del montañismo y las montañas al público en general”, con la convicción y el entusiasmo de aquellos que siguen manteniendo la misma ilusión que tenían cuando comenzaron.
Los otros dos nominados fueron el suizo Daniel Anker - el alpinista que más vías ha abierto en la norte del Eiger, autor del famoso libro “Eiger, la arena vertical”- y el alemán Kurt Albert, aperturista de vías por todo el mundo, incluida “Royal Flush”, en la pared este del Fitz Roy. También se otorgó un premio especial dedicado a la cultura al fotógrafo suizo Robert Bösch Los premios fueron entregados por el británico Sir Chris Bonnington, uno de los mitos del himalayismo de los años setenta y ochenta.
El ganador de esta edición ha sido elegido por votación popular. Este año cualquier persona podía dar su voto a un candidato a través de Internet. El jurado, compuesto por personalidades que promueven el reconocimiento de este premio, propuso a tres candidatos. Entre ellos, el público debía elegir al ganador.
En el siguiente vídeo podéis ver un pequeño resumen del día de cumbre de la ascensión invernal al Makalu de Simone y Denis:
02 Jun 2009
Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, los tres integrantes de la expedición vasca Naturgas Makalu’09, están ya en casa, y esta mañana han comparecido ante los medios de comunicación para relatar los pormenores de su aventura, el intento de coronar la quinta montaña más alta de la Tierra por su vía más difícil y estética, el Pilar Oeste, en estilo alpino. Los tres han subrayado el valor de la experiencia, pese a no conseguir el objetivo previsto debido a una climatología extraordinariamente adversa que ha dado al traste con uno de los proyectos más interesante y arriesgado de la temporada ochomilista. "La sensación que te queda es un tanto agridulce porque hemos puesto toda nuestra ilusión, pero hay que destacar que, de cara al futuro, ha sido una oportunidad muy buena para aprender a desenvolvernos en el estilo alpino y que los tres estaríamos encantados de volver a intentarlo y de planear nuevos objetivos, siempre con este mismo estilo”, ha resumido Alberto Iñurrategi.
Pese a todas las dificultades, los tres alpinistas se han mostrado satisfechos con la elección tanto del estilo como de la ruta. "El estilo alpino te obliga a prescindir de todo lo innecesario, a mirar mucho el peso, a ajustar mucho al planteamiento al objetivo. Esta modalidad, sobre todo en estas montañas tan grandes es el resultado de muchas experiencias, de las muchas expediciones en que hemos participado los tres antes. Es una lástima que este estilo, que es el más natural, más limpio y puro se utilice tan poco”, ha lamentado Iñurrategi. En este sentido, el atxabaltarra no consideran que ellos sean "unos bichos raros" por asumir ese estilo. "en todo caso, los bichos raros son otros, los que no respetan ni su condición ni a la montaña con ascensiones que dejan mucho que desear". De todas formas, Alberto huye de polémicass: "yo respeto el estilo que cada uno decida emplear, pero creo que deben existir unos límites éticos, personales, a la hora de afrontar estas montañas".
El trío iba preparado para enfrentarse a la vía, pero con lo que no han podido ha sido con los elementos, con esa espada de Damocles del alpinismo llamada meteorología : "El mal tiempo estaba en las previsiones. Nos habían avisado de que este invierno había sido especialmente seco y de que el mes de abril también había sido muy bueno, con muy pocas precipitaciones, con lo que el mal tiempo no había hecho su aparición y tenía que hacerlo tarde o temprano. Mayo ha sido lo suficientemente malo y ventoso como para impedirnos hacer esta ruta y obligarnos a renunciar”, ha explicado Mikel Zabalza.
"Fueron unos diez o quince días de ‘agonía’, de ver que el tiempo no mejoraba. Pero una vez que tienes los partes, que ves que el mal tiempo persiste y que los días antes de la llegada del monzón se agotan, no te queda más remedio que tomar esta decisión. No hay otra posible. Realmente ha sido un año con un tiempo muy extraño en el que no hemos tenido ni los tres o cuatro día buenos que hay siempre para haber podido intentar la ruta. Hemos tenido muy mala suerte; el tiempo no nos ha dejado ni intentarlo y eso es lo que más nos duele”, ha coincido Juan Vallejo.
Por lo demás, si los tres alpinistas estaban ya seducidos por el Pilar Oeste, tras acariciarlo directamente durante los dos intentos que han realizado y verlos casi a diario durante los 40 días que han estado en el campo base han vuelto definitivamente enamorados de él: "La ruta es la más bonita. La escogimos por lo directa y vertiginosa que es. Los montañeros en el fondo siempre estamos buscando la belleza y el Pilar Oeste era la ruta más bonita", ha insistido Mikel Zabalza. “Quizá dentro de unos años podamos volver a intentarlo. Dejaremos un tiempo antes de intentar esta aventura, pero para el año que viene ya tenemos tres o cuatro cosillas pensadas para repetir con el estilo alpino”, ha subrayado Juan Vallejo.
22 May 2009
Se acabó. Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza se han cansado de esperar y se vuelven para casa. En realidad, a estas alturas de la temporada poco había ya que esperar, salvo la llegada al monzón. No ha sido una temporada mala para los ochomiles, pero si para el Pilar Oeste del Makalu, donde el viento juega un papel decisivo. Y si además el planteamiento era en alpino, la exigencia de bonanza meteorológica era aún mayor. Y no se ha producido.
Tenían casi todas las cartas en la mano: una buena aclimatación tras haber ascendido el Baruntse y al collado del Makalu LA en días previos, la experiencia, la fuerza y la calidad que se requieren para una hazaña así, pero ha faltado, quizás, la más importante por ser incontrolable: el tiempo; y éste se ha puesto en contra.
El último parte meteorológico recibido anuncia una leve reducción de precipitaciones para la semana que viene, pero arrecia el viento y parece que será para un largo periodo, o lo que es lo mismo, el avance de la inminente entrada del Monzón, periodo de lluvias que llega invariablemente a finales de mayo o principios de junio y que marca el inexorable final de la temporada de ascensiones en Himalaya.
Así que la decepción de los protagonistas es tan evidente como lógica. “Desde el primer momento que planteamos esta expedición ya sabímos que iba a ser complicado escalar el Pilar Oeste del Makalu, pero a decir verdad, el tiempo no nos ha ayudado abosolutamente nada", explica Juan Vallejo. "Durante todo el mes de mayo hemos tenido unas condiciones muy malas para escalar, y en estas condiciones nos ha sido imposible realizar un ataque con garantías. ¡Quién sabe si en una próxima ocasión tendremos una nueva oportunidad de poder intentarlo!. La verdad es que nos gustaría porque es una de las rutas más bonitas y atractivas que hay en todo el Himalaya”.
En parecidos términos se expresaba Alberto Iñurrategi: “No hemos tenido las condiciones necesarias para hacer una ruta así. Mayo se está terminando y ya no nos queda tiempo; tenemos que dar por finalizada la expedición, pero esta ruta es una de las más bonitas que existen entre las rutas de los ochomiles y no descartamos volver”.
Mikel Zabalza tampoco renuncia a volverlo a intentarlo: “Sí, damos por concluida la expedición pero es una vía irresistible para nosotros y tenemos ganas de volver ainterntarla otro año a ver si tenemos un poco más de suerte”.
17 May 2009
Cara y cruz para las dos principales expediciones con alpinistas vascos en Himalaya durante el fin de semana. Mientras Iñurrategi, Vallejo y Zabalza decidían darse de nuevo la vuelta en el Pilar Oeste del Makalu por culpa del viento, como se puede ver perfectamente en el vídeo, el grupo que lidera Edurne Pasaban decidían esperar un día a que el tiempo se estabilizase y tras pasar toda la jornada de ayer descansando en el C-III, hoy han subido hsta el C-IV, a 7.800 m. de altitud, y esta noche partirán hacia la cumbre del Kangchenjunga, tercer ochomil más alto del planeta y que supondría en duodécimo para la tolosarra en su particular carrera por hollar Los Catorce.
Las cosas para Alberto, Juan y Mikel se han complicado en el Makalu. El sábado hicieron lo indecible por continuar subiendo tras dormir a 6.500 metros, pero seguir para arriba hubiese supuesto una temeridad a la vista del aumento de la fuerza del viento que marcaban los partes meteorológicos. “En el mes de mayo estamos teniendo un tiempo inestable, pero aún así esta última semana teníamos un parte que nos daba una pequeña posibilidad de intentar el Pilar Oeste. Salimos (el sábado por la mañana) hacia el Campo II con un tiempo bastante aceptable pero a medida que subíamos, el parte fue cambiando, el viento fue intensificándose…el viento tenía mucha fuerza y pensamos que en esas condiciones nos iba a ser imposible alcanzar la cumbre. Y como todavía nos quedan días y otro intento de alcanzar cumbre, decidimos bajar a la espera de esa pequeña oportunidad”. explica Iñurrategi.
Y esa oportunidad será su tercer intento, aunque el tiempo se acaba. Ganas les sobran, la aclimatación está perfecta y de fuerzas están sobrados, pero sólo les queda una semana de plazo en el campo base. O en este tiempo se abre la ansiada ventana de buen tiempo o se irán de vacío a casa. “Sabíamos desde el principio” -apunta Zabalza- ”que el objetivo que nos planteábamos era potente, sobre todo en este Pilar del Makalu, que está extremadamente expuesto al viento, y el viento se nos ha puesto en contra en los 2 intentos. Vamos muy apurados de tiempo, pero no perdemos la esperanza de que en esta última semana el parte nos dé unos días para realizar un último intento. Por el momento, las previsiones meteorológicas no son buenas”.
Mientras tanto, el grupo que lidera Edurne Pasaban templa armas para su intento de cima de mañana, que en realidad comenzará esta misma noche, en una jornada larguísima retrasada un día a la espera de que ese mismo viento que echó para atrás al grupo del Makalu se asiente y les permita a ellos alcanzar la cumbre.
”Tal como anunciaban nuestras previsiones meteorológicas hace mucho viento, así que hoy no nos moveremos del Campo 3”, comunicó ayer Asier Izaguirre, compañero de expedición de Edurne Pasabán. ”Mañana (por hoy) iremos al Campo 4 y, el lunes, a por la cumbre”, añadió. ”Ha sido una decisión unánime de todas las expediciones que nos encontramos aquí,” comentaba Asier. ”Estamos todos juntos, con las tiendas pegadas unas a otras en un pequeño plateau (meseta de altura) a 7.200 metros”.
15 May 2009
Ya conocían el camino y esta vez han necesitado 2 horas menos para superar los 1.200 metros de desnivel que van desde su Campamento Base (5.300 m.) hasta el punto donde han establecido su Campo I (6.500 m.), que en realida suele ser el C-II en las expediciones normales. Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, los componentes de la expedición Naturgas Makalu'09, han terminado en tan sólo seis horas la primera etapa de la ruta que les llevará a la cumbre del Makalu por el Pilar Oeste, una ruta nunca antes conquistada en estilo alpino: sin porteadores ni oxígeno artificial, ni campos previamente preparados ni cuerdas fijas.
"Aunque las nevadas de los días anteriores han hecho que la vía estuviera más pesada, hemos ascendido mucho mejor que la vez anterior. Se nota el efecto de la aclimatación, hemos llegado bastante enteros", señalaba Juan Vallejo
Igual que en el primer intento, han aplicado una de las máximas del estilo alpino: la rapidez, y han podido colocar su diminuta tienda para dos personas -poco más de dos metros cuadrados de una tela extra-fina- en una suave pendiente sobre nieve. Las dos o tres próximas noches, en cambio, tendrán que colocar las tiendas en unas estrechísimas repisas, a modo de balcones sobre el abismo, en las que ni podrán salir de la tienda. (En la imagen, los tres alpinistas intantes antes de partir esta mañana hacia la cumbre)
Esta tarde los 3 alpinistas han recibido el parte meteorológico que les anuncia un ligero cambio en las previsiones, un problema que está sufriendo la mayoría de las expediciones que hay en estos momentos en Himalaya. No hay manera de obtener una buena ventana de tiempo, de seis o siete días para ascender sin el peligro del viento. Las previsiones para mañana les anuncian precipitaciones por la noche y viento de 33 km por hora al mediodía (algo más de lo que pensaban), aunque no demasiado frío para los 6.000-7.000 de altitud: -15 grados.
El parte no es el mejor, pero mañana temprano Iñurrategi, Vallejo y Zabalza recogerán su mini-tienda, se echará cada uno su mochila de 5 kilos a la espalda y afrontarán la segunda etapa, hasta los 7.300 metros. La vía, que a partir de ese tramo comienza a hacerse más vertical, consta de largos pasos tanto de roca como de terreno mixto: hielo, nieve y roca. Sobre los 6.900 metros hay una travesía difícil en roca, a la que los franceses llamaron “travesía terrorífica”. Además, hay poca nieve en la montaña debido a que el año está siendo seco y se encontrarán con bandas de roca lisa, lo que dificulta aún más la ya de por sí complicada ruta. El último largo son 15 metros verticales donde no hay casi nada a qué agarrarse; es el tramo más exigente de la jornada, conocido como 'El muro Seigneur', uno de los mitos del himalayismo. Y no tienen margen de errot, ya que no hay espacio para parar o vivaquear hasta la repisa superior, situada a 7.300 y donde han previsto situar su campo II.
La jornada de mañana será larga y complicada. Ya lo decía el vitoriano Juan Vallejo en el intento anterior: "Aunque ya de por sí, la ruta es técnicamente complicada, lo que le da más dificultad es el estilo alpino en el que la vamos a escalar. Esto le introduce muchas dosis de incertidumbre, con la particularidad de que cuanta más altura ganemos, la ruta va ganando más enteros en dificultad".
15 May 2009
Nuestros alpinistas vascos en el Makalu y el Kangchenjunga no ganan para sustos. Cuando los partes meteorológicos parecían anunciar unos días de inestabilidad, lo que se traduce en tranquilidad en los campos bases, el último recibido ayer les puso a todos patas arriba. Y es que anunciaba una progresiva mejoría del tiempo desde ayer mismo y hasta el martes que viene, con condiciones favorables para hacer cumbre entre el domingo y el martes. Así que todos los grupos se han puesto manos a la obra y sin perder un segundo se han puesto en marcha.

Los más rápidos han sido los del grupo de Al Filo de lo Imposible en el Kangchenjunga, comandados por Edurne Pasaban. La tolosarra, Juanito Oiarzabal, Ferrán Latorre, Alex Txikon y Jorge Egocheaga hicieron la mochila a toda velocidad y ayer mismo partieron la cumbre con el objetivo de, si se cumplen sus previsiones, hollar la cima del trer ochomil más alto el domingo.
Para ahorrar tiempo, pasaron de largo el primer campo de altura y subieron a pasar la noche al Campo II, a 6.700 metros. Hoy subirán al Campo 3, a 7.200 metros, donde deberán revolver dos incógnitas: la primera, comprobar que las tiendas continúan intactas a pesar del temporal que ha azotado la montaña en los últimos días. No solo necesitan dormir a cubierto, sino que en ese campamento está almacenado el equipo esencial para llegar a cumbre: sus monos de plumón para frío extremo y el material de vivac con el que montarán un cuarto campo sobre la marcha. Una vez comprobado que todo sigue en su lugar, resolverán la segunda cuestión: a través del teléfono vía satélite recibirán un nuevo parte meteorológico, según el cual permanecerán un día en el campo III a la espera de condiciones idóneas, o continuarán hacia arriba. (En la foto, el grupo en el momento de partir del Campo Base).
En caso de que el parte confirme la previsión, el sábado partirán cargados con las tiendas y el equipo para instalar sobre la marcha el Campo IV a 7.800m. Equipado con lo mínimo imprescindible, servirá al menos como último refugio donde descansar unas horas hasta que, en la noche del sábado al domingo emprendan el camino hacia la cima.
La ubicación del Campo IV constituye una de las mayores preocupaciones de Edurne. Ella hubiera preferido instalarlo a mas altura,
más cerca de la cumbre, que está a 8.586 metros – pero es simplemente imposible. Por encima de esa cota el terreno es demasiado escarpado como para poder montar una tienda, por pequeña que sea.
Por tanto es fácil entender que, desde ese lugar, les queda lo más difícil. No sólo hay que salvar casi ochocientos metros de desnivel en condiciones extremas y en la llamada 'zona de la muerte'; además, el viento ha barrido la nieve de toda la zona superior de la montaña, por lo que el terreno se compondrá básicamente de roca y hielo en pendientes muy pronunciadas, que requieren una escalada muy técnica y alto grado de compromiso.
Mientras, Edurne y su equipo no estarán solos en la montaña. Tras una reunión mantenida ayer en el Campo Base, una expedición coreana ha querido unir fuerzas con el grupo de 'Al Filo' y ambos equipos compartirán la pesada tarea de abrir huella en la nieve fresca.
Iñurrategi, Vallejo y Zabalza salen hoy
En el Makalu el cambio de tiempo también ha adelantado todos los planes, nada más volver del Campo Hillary, excursión que
por cierto al final ha tenido poco de relajante -les nevó durante toda la noche y les hizo mucho frío-, el grupo ha apresurado los preparativos y hoy a primera hora parten hacia la el 'Gran Negro', donde les espera su Pilar Oeste en estilo alpino.
Precisamente, esa forma de afrontar la escalada (sin campos instalados ni ayuda alguna) les obliga a meditar con mucho tino la decisión del intento de cumbre, ya que no se pueden permitir muchos intentos debido al desgaste que cada uno de ellos implica. Así que después de aquella primera tentativa apresurada en la que el viento les echó atrás, ahora quieren asegurarse al máximo sus posibilidades, y han estado esperando en vilo un último parte, que indica buen tiempo hasta el martes y, lo que más importante, una notable disminución del viento que pasaría a tener una fuerza máxima de 20 km/h en altura, nada que ver con los cerca de 50 km/h que soportaron la anterior tentativa.
Su plan para hoy es llegar hasta el campo II normal, que para ellos es el primero, a 6.500 metros, y luego seguir durante tres o cuatro días más hasta los 8.463 metros de la cumbre, según explica en el blog de la expedición Aitor Elduayen, periodista que acompaña a Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza en el CB del Makalu.
13 May 2009
Las expediciones con alpinistas vascos al Makalu y al Kangchenjunga templan armas en los campo base a la espera de la ventana de buen tiempo defiitiva que les permita sus respectivos ataques a cumbre. De acuerdo con los partes meteorológicos, ese plazo de estabilidad e los cielos podría llegar a partir del fin de semana, aunque nadie se confía tras el cambio de tiempo que el pasado fin de semana les obligó a varias los planes.
Por ejemplo, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, los tres integrantes de la Expedición Naturgas Makalu’09 han decidido tomárselo con tranquilidad y hacer acopio de fuerzas para le definitivo ataque en estilo alpino al Pilar Oeste del 'Gran Negro'. Por eso han decidido descender desde su Campo Base, a 5.300 metros de altitud, hasta el Campo Hillary, a 4.800 metros. El objetivo con este 'paseo' es doble. Por un lado combatir la rutina de la espera de unas condiciones meteorológicas propicias y por otra, mejorar en la medida de los posible su estado físico descendido a menos altura de los 5.300 metros del CB, lo que permite a su cuerpo una mejor recuperación. La 'excursión concluye esta misma tarde con su retorno al campo base tras pasar una noche en el Campo Base normal del Makalu, que lleva el nombre del primer hombre que hizo cumbre en el Everest.

También el grupo que lidera Edurne Pasaban se lo ha tomado con calma en el Kangchenjunga. Edurne, Juanito Oiarzabal, Ferran Latorre, Alex Txikon y Jorge Egocheaga han hecho bien sus deberes hasta ahora, y durantes los últimos días se encuentran descansando en el Campo Base de la montaña a 5.600m. donde esperan un parte meteorológico favorable que les hará tomar la decisión de cual será el día de cumbre. A Edurne se le nota muy animada a través del teléfono vía satélite explicando sus sensaciones ante el decisivo ataque a la cumbre de la tercera montaña más alta del planeta (8.586m.), uno de los ochomiles más peligrosos de todos… “Que bien se esta descansando estos días después de haber estado a 7.200 metros. Nuestro campo tres lo hemos dejado instalado a esa altura y allí arriba hemos pasado dos días completos para terminar nuestro proceso de aclimatación. Han sido días muy duros ya que ha hecho muchísimo viento, y pasar 48 horas a esa altura, sin prácticamente poder movernos, dentro de una tienda pequeña que con el viento entra toda la nieve dentro, es en verdad lo mas duro de todo esto. Pero era necesario hacerlo así, y confiamos en que ahora nuestra aclimatación es bastante buena".
Sin embargo, la tolosarra sabe que queda lo más difícil: "Lo que he podido comprobar es que todavía queda mucho hasta la cumbre. Aún son 1.400 metros de desnivel de ascensión hasta la cumbre. Es por esto, que instalaremos un cuarto campo de altura a 7.800 metros, donde pasaremos la última noche antes de atacar. Se que desde ese último campo hasta la cumbre va a ser muy duro y muy largo. Es un terreno muy complicado, y este año además hay zonas con muy poca nieve, con mucha roca. Siento un poco de miedo y mucho respeto ante ese último y decisivo tramo de ascensión que aún no conocemos. Estos días me estoy acordando mucho del ataque a cumbre del K2 , de lo duro que fue, y de las consecuencia que tuvo, y lo comparo con esto, ya que todo el mundo me dice que el día de cumbre es muy largo. No se que pasará. Es verdad que lo mejor es que esté tranquila, ya que todo el trabajo hasta el momento lo hemos hecho bien, tenemos una buena aclimatación, y ahora debemos esperar que el tiempo nos acompañe ese día".
"Estos días estamos muy atentos al parte de meteo, todas las tarde nieva bastante, unas cuatro horas y el viento en la cumbre es muy fuerte. Necesitamos que esto cambie para poder subir. Nos gustaría poder intentarlo entorno al día 15, pero todavía no lo sabemos, nuestro hombre del tiempo, Victor Baia, nos tiene que confirmar cual será el día más adecuado".
"De momento seguiremos aquí descansando y comiendo. Juanito esta de cocinero con el cámara de 'Al Filo' Toñin Perezgrueso, y estas comilonas nos animan mucho, ya que la verdad es que ahora mismo no hay mas que hacer aquí en el Campo Base. Yo paso mucho tiempo en la cocina, con nuestros cocineros y shepas. Es el mejor sitio donde puedes pasar el tiempo, hace calor, y encima me cuidan mucho, son super atentos. Tenemos muy buena gente trabajando, los conozco desde hace muchos años y el ambiente es muy bueno, y me siento muy cuidada. Ayer estaba un poco malita de las tripas, y enseguida vinieron a mi tienda a ver que es lo que me pasaba, me trajeron un té, que me sentó muy bien. Son una gente especial".
"Ahora sólo queda esperar, la próxima vez que salgamos hacia los campos de altura será para realizar el ataque a la cumbre sagrada de esta grandísima montaña. Un primer día hasta el campo 1 (6.200m.) , al día siguiente al Campo II (6.644m.) y de allí al Campo III (7.200m.).Del Campo III saldremos con un par de tiendas a la espalda que nos servirán para montar un Campo IV a modo de vivac a 7.800metros, y tras esa noche saldremos hacia la cumbre sagrada del Kangchenjunga".
07 May 2009
Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, los tres integrantes de la expedición vasca Naturgas Makalu Oeste ’09, se han visto obligados a desistir de su primer intento de hacer cumbre en estilo alpino por el Pilar Oeste de esta montaña de 8.463 metros. Un brusco cambio meteorológico, con intensas rachas de viento, les ha obligado a retornar al Campo Base, después de una noche infernal a 6.500 metros de altitud
En las condiciones extremas en las que se desarrolla la escalada de un ochomil, y más en la vía que van a intentar, las ventiscas no significan solamente una dificultad añadida, sino que pueden convertirse en una trampa mortal para los alpinistas. Por ello, los tres alpinistas han optado esta mañana por regresar al Campo Base tras una noche en la que el viento ha estado a punto de llevarse la diminuta tienda en la que pernoctaban, de poco más de dos metros cuadrados de una tela extra-fina (en la foto).
Y es que ése es uno de los peajes que tienen que pagar para ir ligeros de peso. Una preocupación que Alberto Iñurrategi aplica a rajatabla, siempre que puede: “Reinhold Messner, quien sigue siendo un mito en el himalayismo, solía decir que para abordar una escalada de estas características había que preparar una mochila ligera y luego quitarle la mitad. En nuestro caso, sí hemos procurado hacer unas mochilas muy ligeras porque va a ser una clave en esta ascensión: para superar las dificultades y movernos con rapidez en el terreno es fundamental que lo que llevamos en la espalda no pese mucho”.
Les queda el consuelo de haber comprobado que se encuentran en un excelente estado de forma y muy animados. Y es que ayer llegaron en 8 horas hasta la cota de 6.500 metros, tras superar 1.200 metros de desnivel desde el Campo Base. Aplicaron una de las máximas del estilo alpino: la rapidez, que en esas siempre expuestas y peligrosas paredes suele ser sinónimo de seguridad.

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