29 May 2009
Alberto Zerain y todos sus compañeros de expedición están ya a salvo en Katmandú. A salvo, aunque no sanos, ya que varios de ellos, incluido Alberto, sufren algunos problemas físicos, que van desde congelaciones leves hasta un edema pulmonar en el caso de Koke Lasa que llegó a poner en peligro su vida. El grupo ha vivido momentos muy duros durante la última semana en el campo base del Kangchenjunga, en el que han estado bloqueados por culpa del mal tiempo.
A continuación reproducimos el último post del diario de Alberto Zerain que ha venido publicando en su blog personal y en el que relata las vicisitudes vividas por elgrupo desde el día de cumbre de sus primeros miembros, un ya lejano 18 de mayo. El texto es mucho más que un mero relato de lo sucedido. El alpinista alavés ofrece también sus reflexiones sobre todo los sucedido en la montaña durante los últimos diez días.
Éste es su relato:
"Resumir todas las vivencias que he pasado el día antes de cumbre y después de coronarla y bajar al campo base, me resulta algo complejo pero digno de hacer el esfuerzo para contarlo y compartir penas y glorias con los que siguen esta página cargada de sentimientos que afloran sin ataduras, cuando uno se pasea por los espacios que anulan la condición humana.
Por eso, desde esta cama del hotel de Katmandú donde estoy postrado, con Koke Lasa adormecido en la cama de al lado, las imágenes de días pasados brotan en mi mente y no queda otra que intentar hacer diana con los dardos de la palabra para expresar semejantes días que iban revistiendo una situación que nadie se imaginaba.
En primer lugar, cómo no, “el día de cumbre”. En una montaña tan alta como el Kangchenjunga, tan compleja como ella misma y tan selecta como para que sólo, unos pocos elegidos puedan mirar desde lo alto, me resultaba sospechoso que no pasara nada en el ataque a cumbre que se realizó el día 18 de Mayo y en el que tomaron parte todos los que estaban en el campo 4, a excepción de Miguel Fernández y yo, que lo quisimos dejar para el día siguiente.
A pesar de que la montaña estaba completamente domesticada, ya que los más de tres mil metros de cuerda colocados por sherpas coreanos, habían amansado a la fiera, algunos de los que iban llegando a la cumbre no midieron las consecuencias que podría tener llegar a la cima, demasiado cansados y sin respetar las reglas básicas de cualquier ochomil.
En este caso hubo suerte. Se activó la alarma y llegaba a nuestro walki desde el campo base. Nos pedían que saliéramos a ayudar al equipo de “al filo” porque algunos estaban en serias dificultades y se temían lo peor. Justo cuando salimos a las siete de la tarde hacia arriba, Koke y Patxi, de nuestra expedición, llegaban agotados al campo 4, habiendo renunciado a la cumbre a unos cien metros.
En fin, como he dicho, hubo suerte. Los fuimos encontrando descendiendo por la cuerda fija por sí mismos y vernos llegar y ofrecerles bebida y ayuda, les sorprendía. Todos pensaron que estábamos atacando la cima.
Lo normal hubiera sido que este tipo de imprudencias de los del campo base que dan el aviso o de los que vienen de cumbre, me hubieran hecho desistir a la cima. Finalmente, como persona de recursos, continué hacia la cumbre. Para ello, le pasé a Miguel la botella de oxígeno que nos habíamos agenciado de una expedición americana que esa misma noche atacaría la cumbre, y sin bebida, sin la cámara de video y con la cámara de fotos congelándose en la tapa de la mochila sin saberlo, continué a las diez de la noche, lo que en estos momentos, es difícil arrepentirse por las consecuencias que me ha traído. Miguel fue más listo y no decidió acompañarme. La cumbre ya la había conseguido por el gesto de salir sin pensárselo a socorrer a la gente. 
Pasé la peor noche que os podéis imaginar por el frío. No podía satisfacer los deseos de ir más deprisa para que el cuerpo se calentara. Tenía que ir tranquilo y parándome muchas veces para no llegar de noche a la cumbre. Hubo algunos momentos en los que quise darme la vuelta porque la mordedura del frío iba más que en serio. Si me daba por pararme un poco más de cualquier límite, notaba que los ojos se me cerraban y que el cuerpo se mecía en una especie de sueño, que de seguir su antojo, ahora estaría como un gendarme helado saludando a los que pasasen por ahí.
Finalmente, conseguí llegar a la cima poco después del amanecer. Recién me enteré que la cámara de fotos, de tenerla, estaría en la capota y de aquella manera. Como no me funcionaba en la cima llamé a Aitor para que quedara constancia de la llamada. Tras un cuarto de hora metida la cámara en las partes calientes empezó a funcionar.
--> El americano que estaba ascendiendo con oxígeno y sus tres serpas, se cruzaron conmigo cuando bajaba de la arista cimera. A partir de ese momento, escapé de ese tormento de pisar cumbre al amanecer y corrí despavorido hasta el calor del campo base. Antes, tuve que rellenar la mochila con todo lo que cabía y que estaba por los diferentes campos de altura, 20 kilos pasados.
Atrás quedaba la mole riéndose de todos los que habíamos osado conquistarla como si fuera una simple montaña más. En un acto de generosidad, mantuvo en calma sus vientos, siempre tan inquietos, y obsequió a todos un sol espléndido que permitía a la gente que transportada su pesado cansancio, largas sentadas en la nieve, en definitiva, seguir el ritmo que la montaña había dejado a cada uno en el cuerpo.
Al campo base no llegó nadie de los que habían hecho cima el día anterior o lo habían intentado, hasta dos o tres días después. El agotamiento y la enfermedad se habían cebado con los que iban descendiendo, bien de nuestra expedición, o de otras diferentes. El Kangchenjunga, la cumbre no pisada, había pisado a la mayoría, entre ellos a mí mismo. Cuando me quité las botas descubrí mis pies doloridos y las marcas que la noche anterior habían causado en los dedos. Nada como para alarmarse demasiado pero que desde ese mismo momento había que empezar a tratar e incluso sopesar la posibilidad de ser evacuado en Helicóptero.
VOLAR TAN ALTO Y QUEDARSE EN TIERRA
La montaña siguió portándose bien y permitió que nuestra expedición al completo estuviera a salvo en el campo base. Sin embargo, las heridas que la montaña nos había causado a algunos, nos obligaban a valernos de nuestro seguro e intentar ser evacuados del campo base. Koke y yo activamos la emergencia y al parecer al día siguiente mismo vendrían a recogernos en helicóptero.
A las seis de la mañana apareció del cielo un helicóptero que se llevó a Kinga y a Oriol. El nuestro, nos habían dicho que antes de las ocho estaría para llevarnos. Tras tres horas de ilusionada espera, las nubes que entraron nos conminaron a subir de nuevo los doscientos metros de altitud que separan este punto de nuestro campo base. La ampolla de uno de mis pies con este paseo acabó reventándose. Koke subió como pudo acompañado de sus pies doloridos y el poco garbo que la montaña le había dejado. Mala suerte, pensamos, mientras hablamos con los compañeros que habían volado a la mañana y que estaban ya en el hotel de Katmandú. Al día siguiente repetimos la operación de bajar y tras dos horas de ansiada espera tuvimos que volver sobre nuestros pies. “Paciencia, mañana, lo conseguiremos”, me dije para mí. Sin embargo, Koke a partir de esta bajada y posterior subida fue cambiando hasta volverse irreconocible. Su expresión, hablaba por sí misma, ya que mostraba que algo en su interior no marchaba bien, a parte de estar tocado por congelación y dolores en general. Su carácter se volvió irritable hasta decir basta y empezó a quejarse de que apenas podía respirar por unos dolores en el costado. Una vez que se instaló en el saco, nos pidió algo que hiciera de cojín porque no podía estar tumbado. Le llevamos una maleta y así, en esa postura, sin levantarse para cenar pero atendido por cualquiera de nosotros a lo que necesitara, pasó la noche entera.
A la mañana siguiente el día se presentaba prometedor, por lo que me volví a levantar antes de las cinco y desperté a Koke. Esta vez, bajamos con la ayuda de cuatro, todos atentos para cuidar en la bajada al maltrecho Koke. Además, la bajada tenía una capa de unos ocho centímetros de nieve. Aquí se nos cayó el alma al suelo cuando oíamos helicópteros por el valle abajo y Antonio, de la compañía de seguros, insistía en que la máquina estaba a punto de llegar.
--> Cuando parecía que ya lo veíamos, la niebla se echó al completo y nos aguó la fiesta de nuevo. Una vez llegamos a nuestro campo, - el único que quedaba dando la nota en todo el espacio donde días antes relucía un surtido colorido de tiendas -, comenzamos a indagar lo que Koke pudiera tener. Llamamos a Ramón Gárate y por los síntomas podría tratarse de un neumotorax. Al momento comenzamos a medicarle y así esperamos resultados de mejora que sutilmente fueron apareciendo. Koke, comenzaría a ser tratado como una máquina cuando se le va parcheando para que vaya tirando hacia delante.
El cuarto día no nos planteamos ni tan siquiera bajar puesto que la climatología hablaba por sí misma. Además, en la mañana Koke, lucía su peor rostro que invitaba al nerviosismo y a actuar con contundencia para frenar lo que pudiera estar padeciendo.
Tras hablar con los médicos de la compañía de seguros y comentarles que probablemente Koke estuviera sufriendo un edema pulmonar, y debíamos meterlo en la cámara hiperbática pero no podíamos hacer que estuviera echado, nos fueron indicando qué tipo de medicina había que suministrarle para conseguir tumbarlo dentro.
Tras varias sesiones dentro de la cámara, koke fue resucitando a pesar de las fugas que el viejo aparato de Oscar Cadiach, tenía. Entre parches de chicle y pegotes de cinta americana, la vida abrazó al pobre Koke.
Esa noche, por fin, nos metimos más tranquilos al saco olvidándonos del helicóptero. Esa noche misma, comencé a sentir que los ganglios de ambas piernas se me hinchaban y que una infección me iba dejando fuera de combate. Volví a hablar con el médico de la compañía y me sugirió qué medicina podía tomar, tanto para el dolor como para la infección.
Esa noche, para qué dejarlo para otra ocasión, comenzó un ciclón que se originaba en el Golfo de Bengala y de paso nos visitaba para no sentirnos solos en el campo base. Las ráfagas de viento sacudían una y otra vez la tienda y dábamos gracias a Dios por no salir volando, cosa que por otra parte, tanto ansiábamos.
Esa noche nuestro compañero, Oscar Cadiach, estaba aislado en el campo 3. No quiero ni pensar qué sensaciones recorrían su cuerpo. Oscar, el ciclón y el Kangchenjunga: una compañía perfecta para marcar un antes y un después en la vida de cualquier persona. Y amaneció. El viento llamaba una y otra vez a la puerta. A pesar de su insistencia, sólo le hice caso a las doce del mediodía, y al salir, el metro y medio de nieve que había caído y la ventisca que todo lo envolvía, me hicieron retroceder sin lograr llegar a la tienda-comedor, donde el equipo. A las cuatro de la tarde pude conseguirlo, el viento había amainado y sólo seguía cayendo copos ordenados e inofensivos de nieve.
Cuando ya todo se nos ponía en contra y comenzábamos a revelarnos contra nuestro destino cruel, un nuevo día nos trajo todo lo que habíamos necesitado: Oscar, el helicóptero y hasta la sonrisa.
Ya en la clínica, nos han examinado, primero el médico nepalí y después, por suerte, una pareja de médicos españoles que Oriol había conocido: José Ramón Morandeira y María Antonia Nerín. Ambos expertos en congelaciones y que han tomado parte como médicos en la expedición al Manaslu de Carlos Pauner. Lo primero que me ofrece el médico nepalí es quedarme unos días para someterme a cirugía quitándome la ampolla que envuelve la congelación. El doctor Morandeira me explica lo que yo ya sé, precisamente ese envoltorio del dedo que es la ampolla, es la verdadera protección. Así que los doctores españoles convencen al nepalí para que haga las curas en el hotel y que ellos me observarán la evolución.
Con respecto a Koke, después de la revisión y placas de las vías respiratorias, el edema y un pinzamiento en la zona aparecen bien visibles. No obstante, los médicos recomiendan reposo en el hotel.
Por la tarde, nos visitan para ver sobre todo la evolución de Koke. Al ver que padece fiebre y que está pachucho, le someten a un análisis exhaustivo y viendo los datos que va dando en las diferentes pruebas, le van suministrando inyecciones y medicamentos. Ahora, un día después, recién empieza a cambiarle la cara y en esas nos encontramos ahora".
Alberto Zerain
29 May 2009
Conquistar el Kangchenjunga pudo tener consecuencias fatales para Edurne Pasaban (35 años). Una bronquitis, el calor y el agotamiento derivaron en un desfallecimiento al día siguiente de hacer cumbre, cuando lo peor parecía haber pasado y descendían del campo IV al III. Salvó la vida gracias al empeño de sus compañeros Alex Txikon y Ferrán Latorre. El vizcaíno le cuidó, alimentó y literalmente arrastró, hasta la llegada de los sherpas. Entre todos solventaron una situación límite, la más comprometida en la carrera de la ‘ochomilista’ tolosarra, que finalmente se ha solventado con unas ligeras congelaciones que no les impedirán ir en octubre al Shisha Pangma y de las que se recuperan en la clínica MAZ de Zaragoza, donde relataron a EL CORREO con todo detalle el dramático descenso.

–La jornada de cumbre duró prácticamente 24 horas, lo mismo que en el K2 en 2004. ¿Hay más similitudes en los dos ataques?
–Antes de empezar, me decía a mí misma ‘esto se va a convertir en otro K2’, por que teníamos la referencia de la coreana Ms. Ho, que con oxígeno, empleó treinta y pico horas en total unos días antes que nosotros. Y cuando nos lo contó, yo me decía ‘si ella con oxígeno ha tardado eso, ¿Cuánto tardaremos nosotros?’. Aquí el motivo del retraso no ha sido la nieve como en el K2, sino porque la ruta es larguísima y muy técnica, siempre entre rocas y por un terreno muy sinuoso, todo el rato subiendo y bajando. A veces tenías la sensación de que estabas haciendo una arista del Pirineo, pero a ochomil quinientos metros de altitud.
–Pese a todas esas dificultades, llegó bien al C-IV. Los problemas vinieron al día siguiente.
–Exacto. Llegué de la cima al campo IV incluso mejor que Asier [Izagirre]. Llegamos a la tienda, bebimos algo, nos metimos en el saco, nos quedamos dormidos y ya está. Al día siguiente me levanté bien, pero cuando comenzamos a bajar hacia el campo III, hacía un calor exagerado. Es un ‘plateau’ de nieve inmenso y allí no sé qué me pasó. No se si fue el calor o qué, pero me hundí, me dio el bajonazo. Me senté, me quité la mochila y les dije ‘yo me quedo aquí’. Y es cuando empezaron a decirme ‘venga, un poco más, levántate y anda un poco más’, pero llegó un momento en que no podía. Inconscientemente, dentro de ti dices ‘te tienes que levantar de aquí’, pero el cuerpo no me respondía. Yo les veía a estos pobres que me arrastraban y hacían todo lo posible para que siguiese, pero mi cuerpo no respondía.
–¿No perdió la consciencia?
–Nunca. Yo me daba cuenta que me levantaban los pies o me arrastraban, o les decía ‘cogerme esto o lo otro’. La mente me respondía, pero el cuerpo no. Yo veía a unos metros un banderín y me decía, ‘venga Edurne, vamos a gatas, como los niños, a ver si así llegas’. Pero no podía, el cuerpo no se movía.
–¿Es la primera vez que te pasa algo así?
–Sí. Es como decir, ‘Pero Edurne, ¡Qué haces! Venga tía ¡Venga! No hagas tonterías, que tu cabeza está funcionando bien. Déjate de bobadas y vete hasta ese banderín’. Pero tu cuerpo no puede, y te sientes totalmente inútil. Hay momentos en los que hasta te sientes culpable y piensas ‘les estás tomando el pelo. Ellos aquí ayudándote y tú no les haces ni caso. Te estás inventado todo para que te lleven hasta el campo III porque tú crees que estás cansada’... ¡Uf!... Unas paranoias increíbles. Luego, encima se puso a nevar, se cerró el tiempo... Menos mal que al final subieron nuestros tres sherpas y nos ayudaron.
–Y se os hizo tarde.
–Claro, tardamos cuatro o cinco horas lo que se suele hacer en poco más de media hora.
–Viendo lo que sufrió, las congelaciones que tienes son mínimas.
–Desde luego. Pero es que además son del día de cumbre. Ya me había visto los dedos morados la noche anterior, en el C-IV.
–Y luego llegó la decisión de tomar oxígeno artificial.
–Sí. Cuando les explicaron lo que me pasaba, los médicos del CB decidieron que necesitaba oxígeno artificial, pero no había en el campo III. Entonces, Oriol [Rivas, de la expedición de Alberto Zerain], que había subido al C-I para esperarnos y traernos unos refrescos, le explicaron que las cosas se habían complicado y que yo necesitaba oxígeno. Entonces se lo pidió a los sherpas de una expedición americana. Su respuesta fue que la botella costaba 400 dólares a pagar al contado. Así estuvieron un buen rato regateando, hasta que convencieron por walkie al responsable del grupo, que estaba en el CB, que les íbamos a pagar cuando bajásemos. Y es cuando por fin pudo subir el oxígeno al campo III.
-¿Eras consciente de lo mal que estabas?
–Para nada. No era consciente de que estaba tan mal. De cabeza estaba bien…
–Pero sí hay un momento en el que les pides que te dejen allí.
–Eso sí. Además me puse así, como un fetillo [Edurne hace el gesto de un bebe que se acurruca] y les dije ‘dejarme aquí y lo, lo, lo ,lo’. Y estos me decían ‘que no, que no, vamos Edurne’ y éste [señala a Txikon] me decía ‘venga pitxin, sigue’ y me daba besos para que reaccionara y yo le respondía ‘¡Dejame en paz!’. Pero sin ser consciente de que parar significaba la muerte. Simplemente estaba cansada y quería descansar. Son pensamientos muy simples, elementales, sin darte cuenta de las consecuencias. Pero luego, había momentos que me decía ‘tengo que moverme y llegar al campo III’, mientras otra parte de mí quería dejarlo. Es como el diablillo y el ángel de los dibujos animados que revolotean sobre la cabeza y se pelean por convencerte cada uno de su idea. En otros momentos, por el contrario, me culpaba a mí misma y me decía ‘Edurne, lo estás haciendo a propósito para que te den mimos y te ayuden a bajar’, pero evidentemente no era así. Es una sensación muy muy extraña.
–¿Qué conclusiones has sacado de esta experiencia?
–Yo creo, y lo he comentado con los médicos y me lo han confirmado, que el problema fue que hice el ataque a cumbre con una bronquitis muy fuerte. Y la combinación de cansancio con la enfermedad tuvo ese resultado. Yo nunca había echado tanta sangre por la boca. Más que esputos eran cachos de carne sanguinolenta.
-¿En el K2 no llegaste a ese límite?
-No, no. Para nada. Allí estaba muy cansada y me llegué a quedar dormida, pero luego llegó Juan y me ayudo a bajar, pero sin tener esa sensación de desdoblamiento, de perder na noción de la realidad. En el K2 fue una bajada dura, pero llegué hasta abajo, poco a poco, pero llegué. Yo creo que el problema aquí es que estaba enferma antes de llegar a la cumbre. Por que si no, no es entendible que después del día de cumbre y de descansar y rehidratarme toda una noche me pase eso. No tiene lógica. Hubiese sido más lógico si me pasa bajando de la cima, pero no del C-IV al C-III. Por eso cuando he llegado aquí lo que más me ha preocupado es saber qué me pasó. Y efectivamente las pruebas han descartado cualquier edema. Con el doctor Kiko Arregi hemos llegado a la conclusión de que fue la combinación del cansancio con la bronquitis que tenía los días previos al ataque a cumbre.
-¿Ms. Ho, la coreana que está intentado hacer todos los ochomiles con oxígeno, te preocupa?
-Es que es otra guerra. Es una competición entre dos coreanas, como ya hicieron hace cinco años los dos primeros coreanos que completaron los Catorce. Las dos luchan por ser la primera de su país y para ello les vale todo. Ms. Ho, por ejemplo, tiene equipos trabajando exclusivamente para ella que llegan antes a la montaña, le preparan la ruta y luego ella llega, está unos días en el CB, se enchufa el oxígeno y para arriba. Pero lo que más me fastidia es que la tía miente. El otro día, después de que hiciese el ‘Kangchen’, una semana antes que nosotros, fui a su tienda comedor a felicitarla cuando le pregunté por sus planes me dijo que se iba para casa, que estaba echa polvo y que no pensaba subir el Dhaulagiri. Pero luego al rato, estuve hablando con sus sherpas, con los que tengo buena relación de otras expediciones, y van y me dicen que ahora se van para el Dhaulagiri para subir con ella. Eso me parece ridículo. Que mienta de esa manera. Pero si yo no voy a cambiar mis planes porque tú vayas o dejes de ir al Dhaula.
-¿Cómo definiría el Kangchenjunga?
-Es una montaña muy grande. Buscando una comparación, el K2 es muy grande, pero el ‘Kangchen’ es gigante, un monstruo al que te tienes que ir acercando poco a poco. Y es muy larga. Ir de un campo a otro no supone una ascensión con equis metros de desnivel, no. Supone una travesía en la que subes, bajas, sorteas seracs, cruzas glaciares… Es una montaña en la que debajo de ella te sientes muy poca cosa. No es una montaña, es todo un macizo en un circo muy grande. Técnicamente, además, continuamente hay tramos complicados que exigen instalar cuerdas. Y el día de cumbre es muy duro, porque entras primero en un corredor de nieve y luego son todo tramos rocosos, salteando viras con rocas y más rocas. El sitio es muy complicado.
-¿Qué se ve desde la cima?
-Es una cumbre muy bonita. Y sagrada, que no se puede tocar la punta. Como referencia, había una bandera nepalí con dos botellas de oxígeno un poquito más abajo, y era el límite al que los sherpas habían establecido que podíamos llegar. Ahí es donde nos hicimos la foto.
-En las imágenes de ‘Al filo’ Oiarzabal incluso parece hacer una reverencia.
-Sí. Cuando llegamos, Juanito se tumba y besa la bandera. Fue su forma de agradecer que habíamos llegado hasta allí arriba.
-El panorama debía ser impresionante.
-Sí, si. El paisaje es una pasada. Tengo un foto de 360º en la que se ve todo. El cielo estaba limpísimo. La cumbre es impresionante. Fíjate si estabamos bien y tranquilos que justo debajo de donde se nos ve en la foto de cumbre, empieza ya la roca y hay como una pequeña visera que hace una peña. Allí nos metimos debajo y estuvimos comiendo un poco de chocolate y bebiendo. ¡Como si estuviéramos en Pirineos!
-¿El que fuese tan tarde no os hizo dudar?
-Yo no me di cuenta ni qué hora era cuando llegamos a la cumbre. Me di cuenta a la mañana, sobre todo cuando amanecía, que podía ser un poco tarde, pero a partir de allí no hice caso. Luego nos cruzamos con los coreanos, que bajaban, sobre las once y media y nos dijeron que estabamos a hora y media de la cumbre. Nos pareció poco por que ellos estaban con oxígeno, pero quizás sí unas tres horas. Ése es el último momento que tengo de una referencia horaria. Y por supuesto no tardamos eso, pero es que arriba se complica mucho la ruta, con continuas subidas y bajadas. Hay un momento en el que llegas a una especie de chimenea potente, de unos diez metros, que hay que rapelarla, y cuando llegas abajo te metes en una zona de rocas y continúas por unas viras. Encuentras bloques de rocas como una casa de grandes. Y claro, luego, en el descenso, hay que hacer todo eso en sentido inverso y subir esa chimenea que antes habíamos bajado. De verdad es muy muy complicado.
-¿Tras esta cumbre ves por fin Los Catorce a tu alcance?
-Hombre, sí que los veo más cerca. Mucho más cerca. Creo que me he quitado un buen hueso. Antes de hacer al ‘Kangchen’ yo me decía que no me tenía que emocionar con Los Catorce hasta no subirlo. Y lo que ha pasado y hemos sufrido ha confirmado eso, que era muy duro de pelar.
-¿Podrás mantener los planes de intentar en otro el Shisha Pangma pese a las congelaciones?
-El doctor Kilo Arregi me ha dicho que sí, que sin problemas si este verano me porto bien y no ando por nieve ni sitios fríos. Que entrene bicicleta y al sol, y que para septiembre fijo que podré ir. Además el Shisha es un ochomil justo, bajito, así que sin problemas. Cuando me lo ha dicho me he animado mucho, porque recordaba la larga recuperación del K2. Pero esto no tiene nada que ver.
-¿Has hablado con tu amiga Gerlinde Kaltenbrunner tras hacer cumbre?
-No. No he tenido ocasión.
-Ya sabes que al día siguiente que tú ella hizo el Lhotse.
-Ya, ya me lo comentaron. Hemos hablado durante la expedición y espero poder llamarla en cuanto pueda.
-¿Y qué tal la relación con Nives Meroi en el campo base?
-Rara, muy rara (Edurne sonríe). En cuanto me veía se escapaba. La verdad es que es una tía más rara que la leche. Y por lo que me han dicho se dio la vuelta por su marido.

-De los ochomiles que has hecho cual es la cumbre más bonita, la más fea y la que nunca volverías.
-¿Volver? ¡A ninguna! (Edurne ríe con ganas). A ver, en serio, la más bonita no sabría decirte. Yo creo que todas han tenido su historia bonita. Yo creo que el conjunto de poder escalar todos esos ochomiles y conocer el himalaya, es lo bonito de todo. Compensa todas las penalidades sufridas. Y sobre todo por los países que he conocido. El vínculo que tengo con Nepal, con su gente... Eso no se paga con nada. Es los más importante de todo.
-Y tu madre que dice de todo esto (está en la habitación y ha asistido en silencio a toda la conversación).
-Pregúntaselo a ella… ja ja ja… (su madre rehuye contestar y sólo explica su alegría por tener a su hija allí, junto a ella).
29 May 2009
El lemoarra Alex Txikon (28 años) se convirtió en un inesperado ángel de la guarda para Edurne Pasaban en el dramático descenso del Kangchenjunga. Su emocionante relato evidencia los malos momentos vividos, pero también su determinación para sacar a la tolosarra de aquella situación.
-¿Cómo fue el día de cumbre?
-Muy muy largo. Quedamos para salir a las doce de la noche. Pero ya a las diez, mientras estábamos con los preparativos, haciendo agua y demás, notamos que el viento empezaba a soplar con fuerza. Y no paró hasta la una y pico, así que estuvimos esperando a que amainara. El caso es que al final salimos para cumbre a la una y media. Así que ese fue el primer retraso.
-¿Porqué fue tan larga la subida? ¿Era lo previsto u os retrasó algo?
-Nada en especial, pero hacía mucho frío también y fuimos un poco más lentos de lo normal. Además, los primeros tramos eran muy empinados y al hacerlos de noche vas con más cuidado. Todo eso nos fue retrasando poco a poco. Estuvimos tres veces a punto de darnos la vuelta. Asier (Izagirre) por que tenía mucho frío, Juanito (Oiarzabal) por que íbamos lentos y se iba a hacer muy tarde, y Edurne, al ver las dudas de los otros dos también comentó para bajarnos. Pero yo lo tenía muy claro. Cada vez que lo comentaban yo les gritaba “¡Para arriba, para arriba!”. Por fin, en la tercera intentona de darse la vuelta les chillé “¡Venga, por favor, venga equipo, que hay que subir!”. Le dije entonces a Ferrán (Latorre) que se pusiese a tirar por delante mientras yo cerraba el grupo y así siguieron hasta arriba. Así que al final hicieron cumbre por mí y el que me quedé sin ella fui yo!
-¿Qué te pasó para no llegar a la cima?
-En el torreón final, ellos se metieron a la derecha y yo, que iba un poco rezagado, tranquilito, sacando fotos y filmando, me desvié un poco a la izquierda y llegué a un punto bastante técnico unos cuarenta metros por debajo de la cumbre. Volví a bajar para ir por el otro lado, pero entonces vi a Ferrán que bajaba y pensado que si yo seguía para arriba podía retrasar al grupo me bajé con él. ¡Y luego resulta que estuvimos más de hora y media esperándoles un poco más abajo! Estuve casi dos horas a media hora de la cumbre. ¡Fíjate si hubiese tenido tiempo de llegar a la cima! Pero bueno, no llegué hasta el punto más alto, aunque para mí, personalmente, como si hubiese hecho cumbre, vamos. Estaba allí mismo. Al lado, al lado…
-O sea que no fue un problema físico…
-No, no, para nada. Simplemente que era un terreno en roca, con poca nieve, donde la huella apenas se veía y vas a lo tuyo, disfrutando de la ascensión y las vistas, tras haber hecho lo peor, y yo me desvié un poco…
-Y no tienes un poco de frustración por haberla tenido tan cerca y no haber llegado?
Bah… No… hombre, un poco de pena sí que te da. Da pena por que dices, “joer, no haber pisado la cumbre teniéndola tan cerca…”. Pero, de verdad, para mí personalmente es como si hubiese llegado a la cima. Me he quedado satisfecho como si la hubiese hecho. Además yo soy un tío conformista, tranquilo, porque mis compañeros, y sobre todo Edurne, que es por la que estábamos allí, llegaron hasta arriba y yo es algo que no necesito, por que no estoy metido ni me interesa lo de los catorce ochomiles.
-Y la bajada…
-Ferrán y yo nos adelantamos y llegamos al campo IV sobre las ocho de la noche. Por detrás vino Juanito, y por último Edurne y Asier. Todo sin problemas. Muy cansados, pero bien. Fíjate. Igual el que peor bajó de la cumbre fui yo, por que tenía muchísimo sueño y en algún momento que paré a descansar me quedé dormido. Y cuando Ferrán me vino a despertar le debí de decir alguna incongruencia, según me contó luego.
–El día siguiente, el de la bajada del campo IV al III comenzó con normalidad.
–Si. Madrugamos, desmontamos el campamento y comenzamos a bajar. Íbamos todos en grupo, sin novedades. Hasta que Edurne empezó a ir muy lenta y a quedarse rezagada. Primero le cogí su mochila y me quedé cerca de ella mientras los demás seguían a su ritmo. De pronto se sentó, me acerqué a ella y vi que ya no reaccionaba. ‘¡Ostras!’ pensé, ‘hay que hacer algo rápidamente’. Llamé a Ferrán, que venía también un poco rezagado, y a Juanjo Garra [del grupo de Alberto Zerain], que también bajaba con nosotros, le dije que bajase corriendo al C-III a buscar ayuda. Al verla allí tumbada me dije ‘hay que sacarla de aquí como sea’, le dimos un miligramo de Fortecortín (Dexametasona), y empezamos el descenso. A partir de ahí la situación se puso cada vez peor. Del sol y el calor con el que salimos del C-IV pasamos a una ventisca y una nevada impresionante, y sin casi visibilidad. Me eché a hombros a Edurne y la bajé un rato, cien o doscientos metros, antes de quitarnos las mochilas y abandonarlas, porque no hacían más que molestarnos.
–Fue un momento verdaderamente duro.
–Malo. Pero malo, malo. Fue cuando Edurne comento a decir ‘dejarme aquí, dejarme aquí, por favor’. Yo peleaba con ella para que no se durmiera, unas veces dándole mimos y otras enfadándome con ella, gritándole o raspando su cara con mi barba para que reaccionara. Al menos, en esos momentos me decía ‘jo, que pesado Alex, déjame en paz’. Yo le insistía: ‘Edurne, por favor no te me duermas. Siente tu cuerpo, ayúdanos a caminar. Camina por tu familia, acuérdate de la gente que te quiere’… le daba de beber… Y así durante todo el descenso. Hubo momentos en que no sabíamos ni como bajarla. Al principio la arrastrábamos por la nieve. Luego, cuando el medicamento le hizo efecto y se pudo poner de pie, la bajamos sujetándose en nuestros hombros. El problema es que había tramos muy técnicos, con rapeles y todo.
–Además, Edurne perdió sus guantes.
–La verdad es que no entiendo cómo no he bajado con congelaciones en las manos, porque en un momento dado nos dimos cuenta de que no llevaba guantes y yo le dejé mis manoplas. ¡Hice todo el descenso con las manos a pelo!, con una nevada y una ventisca alucinantes y ¡mira! [Alex levanta entonces con indisimulado orgullo las manos, que en las puntas de los dedos muestran el característico color amarillo de una incipiente congelación), ¡no tengo nada¡ Yo creo que fue toda la tensión que viví y el continuo trajín con ellas lo que evitó que se congelaran. Para que te des cuenta de lo que pasamos, del C-IV al C-III se baja normalmente en apenas cuarenta minutos y nosotros tardamos unas cinco horas. Y ya como colofón, justo antes del C-III hay que subir un gran serac y bajarlo por el otro lado. Y cuando estábamos buscando el modo de hacerlo ya aparecieron los sherpas, que nos ayudaron a llevarla hasta las tiendas de campaña. Y encima Edurne iba un pelín mejor al perder altura.
-Y en el C-III hubo que tomar la decisión de seguir bajando a quedarse a dormir.
-Sí. Primero decidimos que Juanito y Asier siguieran bajando, que eran los que estaban más cansados. Y enseguida vimos que para Edurne era demasiado, que no podía seguir bajando. Ella nos decía “por favor, por favor, marcharos todos” y se quería quedar con un sherpa. Pero yo, después de haber bajado con ella hasta allí, tenía claro que no iba a dejarla sola. Así que nos quedamos a pasar la noche. Y Edurne volvió a empeorar otra vez.
-A qué te refieres.
-A que empezó a echar sangre por la boca. Dos esputos de sangre muy grandes que a ella le asustaron mucho porque nunca le había pasado algo así. Y cuando se intentaba recostar se ahogaba. Eran claros síntomas de edema pulmonar y yo pensaba ‘Joder, y el oxígeno [que habían pedido a otras expediciones] que no llega’. Y Edurne cada vez más apurada… Y así aguantamos hasta que llegó el oxígeno, sobre las diez de la noche. Entonces nos quedamos más tranquilos, pero fue una noche muy muy larga.
-¿Y tus congelaciones?
-Yo estoy convencido que me las hice esa noche, porque estaba tan cansado que me quedé dormido con los botines atados y la sangre no me circuló bien por los pies.
-A la mañana siguiente seguisteis bajando.
-Sí. Al día siguiente Edurne estaba muy recuperada tras haber recibido el oxígeno y bajamos al C-II, donde nos estaban esperando los demás, y de allí bajamos ya sin más contratiempos hasta el Campo Base.
-Fue entonces cuando comenzó tu particular calvario.
-Si. Desde el día de cumbre no me había quitado las botas y los pies se me empezaron a recalentar por las congelaciones. Era como si me estuvieran clavando miles de agujas en los dedos. ¡yo me quería morir! Pero bueno, al final tampoco ha sido para tanto y no nos va a tener que cortar nada. El viernes nos dan de alta y luego tenemos un mes mas o menos de curas y reposo ¡Yo que quería hacer ahora una temporada con el hacha de la de Dios!, con
-¿Ha sido la experiencia más fuerte que has vivido en un ochomil?
-Si. Ver a Edurne allí tumbada, que no reaccionaba… fue muy duro. Yo pensé que se nos moría, la verdad.
-¿Y el Kangchenjunga? ¿Qué te ha parecido la montaña?
-El monte es muy duro, pero yo creo que subimos bien. Hombre, luego oyes que uno sube en cuatro horas, el otro en dieciocho… pero claro, aprovechando el trabajo de los que hemos ido por delante. Y la verdad es que estoy hasta los huevos de que venga la gente criticando, que esto y lo otro del equipo de ‘Al Filo’. Y luego esa gente te roba el gas, te roba la comida, se meten en tu saco, se meten en tu tienda… es que ¡joder! Toda esa gente que corre tanto, si es tan buena como dice, lo que tenía que hacer es coger y abrir nuevas rutas o irse al pilar oeste del Makalu en estilo alpino, como hacen otros. Esas son las cosas que te dan un poquito de rabia.
-¿Os robaron en los campos de altura?
-Cuando llegamos a las tiendas del campo III en el ataque a cumbre nos encontramos con que nos faltaba gas, comida… nos cogieron de todo. Como al final estuvimos un día entero y dos noches esperando a que el tiempo mejorase, durante todo ese tiempo estuvimos prácticamente sin poder comer nada, y bebiendo lo justo, porque se lo habían llevado casi todo Yo no quiero culpar a nadie, pero desde luego hubo alguna expedición cuyo comportamiento dejó mucho que desear.
-¿Dónde está la dureza del Kangchenjunga?
-El día final. Es muy muy técnico. Y a esa altitud… Lo demás muy bien. Y creo que también hemos tenido mucha suerte con el tiempo
-¿Entonces no vas a volver para quitarte la espina de esos cincuenta metros finales?
-Ja, ja, ja, ja. ¡Jo, pues no lo sé! No creo, ¿no? Hombre… la verdad es que me quedado con la cosa esa de que no he pisado la cumbre, pero bueno. Los que me conocen ya saben que yo a por Los Catorce no voy. Tengo otros proyectos, otras cosas en mente para hacer en Nepal…Por ejemplo, en octubre, tras hacer el Shisha Pangma, quiero volver en moto desde allí. Por lo demás te queda esa cosilla dentro de no haber llegado hasta arriba, pero bueno… Antes me iría al Pilar Oeste del Makalu, que ya intentamos en ‘Al Filo’ hace tres años y no tuvimos suerte. Allí sí tengo que volver.
21 May 2009
Aquí tenéis la impresionantes imágenes de Edurne Pasaban, Juanito Oiarzabal, Asier Izagirre en el momento de llegar a la cima del Kangchenjunga, gentileza de www.rtve.es. Eran poco más de las 16.45 (hora nepalí) del 18 de mayo cuando los miembros de la expedición de Al Filo pisaban la cumbre, a , a 8.586 metros de altitud.
El primero en pisar la cumbre, el solitario, fue Ferrán Latorre, que lo hizo casi dos horas antes que el resto de los miembros del equipo. En las imágenes se puede ver primero llegar a Juanito, y segundos más tarde lo hicieron Edurne y Asier -el que grababa el vídeo- junto con uno de los sherpas de altura de la expedición, Pasan Sherpa.
Como es tradición, y por tratarse de una montaña sagrada, ninguno de ellos pisó la cumbre propiamente dicha sino que se quedaron a menos de un metro del punto más alto, para no ofender a los dioses.
Alex Txikon se dio la vuelta a escasos metros de la cima, mientras que el otro miembro de la expedición, el médico asturiano Jorge Egochoaga, se dio la vuelta en el Campo 4 (a 7.800 metros de altura) debido a la bronquitis que sufría, que mejoró en cuanto descendió de altura.
Tras dos días de descenso, agotados y algunos de ellos con leves congelaciones, Edurne y Alex han sido evacuados esta misma mañana en helicóptero del campo base y ya están en katmandú, donde en las próximas horas cogerán un avión rumbo a España, donde inmediatamente serán trasladados a la la clínica IMAZ de Zaragoza, donde el doctor Kiko Arregi, una de los mejores especialistas del mundo en congelaciones, les tratará de sus lesiones.
El resto del equipo de Al Filo también regresará en helicóptero hasta la capital nepalí en las próximas horas (la aeronave es pequeña y en el primer viaje sólo podía transportar dos pasajeros, por lo que los primeros en ser evacuados fueron Edurne y Alex) y también emprenderán su vuelta a casa en breve.
En este otro vídeo, también gentileza de www.rtve.es, podéis ver la llegada al campo base de una agotada y emocionada Edurne.
20 May 2009
¡¡Todos a salvo en el Campo Base del Kangchenjunga!! "Acaba de llegar Edurne, ya estamos todos". La noticia me la daba personalmente un extenuado Juanito Oiarzabal a las dos de la tarde (hora española, la seis de la tarde en Nepal). El vitoriano, más emocionado que nunca, hablaba incluso con dificultad y explicaba que estaba bien, aunque muy muy cansado, y con unas muy leves congelaciones en los pies, aunque confiaba en que en unos días se recuperaran sin mayores problemas.
Nada más llegar al CB, Jorge Egocheaga, el médico de la expedición de Al Filo, ha hecho un primer examen de Edurne y el resto de los miembros del equipo de TVE. Según sus primeras apreciaciones, tanto Edurne como Alex Txicón sufren leves congelaciones en algunos de sus dedos, que ya están siendo tratadas y que no parecen ser de gravedad.
Para que todos ellos reciban tratamiento lo antes posible, los responsables de Al Filo en Madrid han montado un operativo para que un helicóptero recoja mañana a primera hora de la mañana a todos muy cerca del Campo base, y puedan así volar a Katmandú y horas después regresar a España.
La jornada de hoy ha vuelto a ser muy larga para todos los alpinistas. Hacia las ocho de la mañana (las cuatro de la madrugadaen España), Edurne Pasaban, Alex Txikon y dos sherpas que acompañan a la expedición, Pasan Sherpa y Zhamboo Sherpa, comenzaron el descenso desde el campo 3 (a 7.200 metros de altura) hasta el Campo 2.
La montañera vasca había logrado recuperar algo de fuerzas durante la noche, gracias al oxígeno que recibió de unas botellas subidas por Oriol Riva (miembro de la expedición de Alberto Zerain) hasta su tienda. Edurne, que al principio de la tarde de ayer se recuperaba bien sin oxígeno, decidió empezar a utilizarlo de madrugada en vista de que no mejoraba y seguía sintiéndose extremadamente débil y cansada, pero con el O2 y la medicación que recibió su estado mejoró ligeramente, lo que le ha permitido comenzar a bajar y seguir perdiendo altura esta misma mañana.
Edurne bajaba lenta y ayudada por Alex y Pasan y Zhamboo, y ha decidido seguir utilizando el oxígeno en la bajada. Ya en el campo II, se han unido todos los alpinistas del grupo y han llegado a última hora de la tarde (hora local) al Campo Base.
Y mientras Edurne bajaba a la seguridad del Campo Base, su amiga, la montañera austriaca Gerlinde Kaltenbrunner, ha conseguido hacer cumbre en el Lhotse, lo que la convierte en la segunda mujer del mundo (después de Edurne) que tiene doce ochomiles en su haber.Además, con esta cumbre su marido Ralf Dujmovvits ha completado también Los Catorce Ochomiles. A ella le faltan ahora el Everest y el K-2.
19 May 2009
Alberto Zerain ha cumplido con sus planes y esta noche, tras cruzarse con los miembros de Al Filo y ver que no necesitaban su ayuda, ha decidido seguir hacia la cumbre del Kangchenjunga. Ha realizado toda la ascensión durante la noche, por lo que el frío ha sido el gran protagonista. Por fin, a las 6 de la mañana, hora local (las 2 de la madrugada en España), ha alcanzado la cima. En conversación con la emisora de la Cadena Ser en Vitoria, Zerain afirmaba que durante toda la subida no ha podido beber ni comer nada porque todo lo que llevaba encima estaba absolutamente congelado. Para Alberto éste es su séptimo ochomil, tras haber ascendido el Everest (1993), Makalu (1995), Lhotse (2001), G-I (2006), G-II (2006) y K2 (2008). Tras un descenso vertiginoso, hoy ya dormirá en la seguridad del CB.
Mientras tanto, hacia las 8.30 de la mañana en Nepal (4.30 en España), Edurne Pasaban ha llamado por teléfono a sus padres justo antes de iniciar el descenso del campo 4 hacia abajo. La expedición apenas tiene batería en sus teléfonos satélite, aunque sí funcionan perfectametne los walkies con los que mantienen contacto con el campo base. El padre de Edurne, Sergio, contaba que ella misma les ha dicho que se encuentra "muy, muy cansada, pero parece que bien", y que la bajada desde la cumbre hasta el Campo 4 ha sido "otro K2" -la montaña en la que Edurne sufrió graves congelaciones en el descenso-, según informa el blog de la expedición .
Hacia las ocho de la mañana (hora de Nepal), con las primeras lunces del día, y tras pasar la noche descansando e hidratándose en las tiendas, Edurne, Alex, Asier, Ferrán y Juanito han comenzado a descender hacia el Campo 3. Una bajada que llevó más horas de lo pensado, puesto que la alpinista vasca baja extenuada y siempre acompañada por los sherpas y el resto del equipo de Al Filo.
Tras llegar al Campo 3 (7.200 metros) el grupo decidió que Edurne se quedaría allí a pasar la noche, acompañado por Alex Txikon y dos sherpas. Mientras, Asier Izagirre, Juanito Oiarzabal y Ferrán Latorre han continuado bajando hacia el C-II, con el objetivo incluso de alcanzar el Campo Base esta misma noche.
18 May 2009
Ha sido un descenso largo y muy muy duro, pero Edurne Pasaban y todos sus compañeros ya están sanos y a salvo en el Campo IV, a 7.700 metros de altitud en el Kangchenjunga. En total, 24 horas desde que partieron hacia la cumbre ayer, pasadas las doce de la noche, en una jornada que recuerda a la que vivieron hace cinco años en el K2, aunque en este caso con final mucho más feliz, ya que, segun la primeras informaciones, y a la espera de una confirmación definitiva, ninguno tiene problemas de salud. Están exhaustos, pero sanos.
Los primeros en llegar han sido Ferrán Latorre y Alex Txikon. Tras ellos, Juanito Oiarzabal con Juanjo Garra, del equipo de Alberto Zerain; y por último, Edurne Pasaban, su primo Asier Izagirre, que no se ha separado de ella ni un segundo, dos sherpas que acompañaban al grupo de 'Al Filo' y la polaca Kinga Baranozka, del grupo de Zerian, que también habría hollado la cima.
El descenso ha sido largo y duro y la falta de noticias ha deparado momentos de tensión, dudas sobre el estado en el que bajaban los alpinistas. Incluso Alberto Zerain llegó a anunciar que ascendía con oxígeno y una tienda de campaña para ayudar a los que bajaban, pero no ha sido necesario. Según confirmó el alavés antes de salir del C-IV, su plan era subir al encuentro de los que descendían, ofrecer su ayuda y, si no era necesario, como finalmente ha sucedido, continuar hacia la cumbre.
El caso ese que al final todo ha quedado en falsas alarmas. Cansados pero sanos, los alpinistas han ido llegando al Campo IV para confirmar la mejor de las noticias: todos bien. Tras descansar, comer e hidratarse esta noche, el grupo continuará mañana hacia el campo base al que esperan llegar al final del día.
Así que ahora sí se puede gritar bien alto ¡¡Zorionak a Edurne y a todos sus compañeros!!
18 May 2009

Ha sido un ascensión agotadora, extenuante. Casi 17 horas subiendo desde que anoche, a las doce, partieron desde el campo IV, a 7.800 metros. Pero lo han conseguido. Edurne Pasaban ha hollado hoy poco antes de las cinco de la tarde, horal local (la una de la tarde en España), la cumbre del Kangchenjunga, con sus 8.586 metros, la tercera montaña más alta del mundo. Para la tolosarra supone el duodécimo ochomil en su particular carrera por ascender las catorce cimas más altas del planeta. Y uno de las más difíciles. Es el tercer ochomil menos ascendido y hasta ahora sólo lo habían hollado dos mujeres: la británica Ginette Harrison (1998) y la austriaca Gerlinde Kalterbrunner (2006), amiga de la tolosarra que lucha también por completar Los Catorce. A Edurne le faltan ahora el Annapurna y el Shisha Pangma.
Con Edurne llegó a la cumbre el resto del equipo, salvo, Jorge Egocheaga, que con una fuerte bronquitis decidió abortar el intento y mientras sus compañeros partían hacia la cumbre él descendía hasta el campo base, y Alex Txikon, que finalmente decidió darse la vuelta al comprobar que se les estaba haciendo demasiado tarde. El lemoatarra descendió con Koke Lasa y Julen Reketa, de la expedición de Alberto Zerain, que tomaron la misma decisión. Alberto Zerain, por su parte, ha preferido retrasar el ataque a cumbre hasta mañana.
El progreso de los alpinistas ha sido muy lento debido a la extrema dificultad del terreno – principalmente corredores de hielo y tramos rocosos donde no hay una ruta clara - y al viento, que ha soplado con fuerza, sobre todo durante la noche. El primer en llegar a la cumbre fue Ferrán Latorre, que lo hizo casi dos horas antes que sus compañeros. Luego, con Edurne llegaron Juanito Oiarzabal, que suma ya 24 ochomiles y amplía un poco más su mito, Asier Izagirre y los sherpas que les acompañan. Además de la dureza de la ascensión, parte del retraso se ha debido a los problemas de garganta de Edurne, que arrastraba desde que comenzaron a subir. El grupo desciende ya hacia el campo IV, donde llegarán entrada ya la noche.
Quien no ha hecho cumbre ha sido la italiana Nives Meroi, la otra alpinista que pugna con Edurne y Gerlinde, que en estos momento está intentado ascender el Lhotse, por ser la primera mujer en ascender Los Catorce.
17 May 2009
Cara y cruz para las dos principales expediciones con alpinistas vascos en Himalaya durante el fin de semana. Mientras Iñurrategi, Vallejo y Zabalza decidían darse de nuevo la vuelta en el Pilar Oeste del Makalu por culpa del viento, como se puede ver perfectamente en el vídeo, el grupo que lidera Edurne Pasaban decidían esperar un día a que el tiempo se estabilizase y tras pasar toda la jornada de ayer descansando en el C-III, hoy han subido hsta el C-IV, a 7.800 m. de altitud, y esta noche partirán hacia la cumbre del Kangchenjunga, tercer ochomil más alto del planeta y que supondría en duodécimo para la tolosarra en su particular carrera por hollar Los Catorce.
Las cosas para Alberto, Juan y Mikel se han complicado en el Makalu. El sábado hicieron lo indecible por continuar subiendo tras dormir a 6.500 metros, pero seguir para arriba hubiese supuesto una temeridad a la vista del aumento de la fuerza del viento que marcaban los partes meteorológicos. “En el mes de mayo estamos teniendo un tiempo inestable, pero aún así esta última semana teníamos un parte que nos daba una pequeña posibilidad de intentar el Pilar Oeste. Salimos (el sábado por la mañana) hacia el Campo II con un tiempo bastante aceptable pero a medida que subíamos, el parte fue cambiando, el viento fue intensificándose…el viento tenía mucha fuerza y pensamos que en esas condiciones nos iba a ser imposible alcanzar la cumbre. Y como todavía nos quedan días y otro intento de alcanzar cumbre, decidimos bajar a la espera de esa pequeña oportunidad”. explica Iñurrategi.
Y esa oportunidad será su tercer intento, aunque el tiempo se acaba. Ganas les sobran, la aclimatación está perfecta y de fuerzas están sobrados, pero sólo les queda una semana de plazo en el campo base. O en este tiempo se abre la ansiada ventana de buen tiempo o se irán de vacío a casa. “Sabíamos desde el principio” -apunta Zabalza- ”que el objetivo que nos planteábamos era potente, sobre todo en este Pilar del Makalu, que está extremadamente expuesto al viento, y el viento se nos ha puesto en contra en los 2 intentos. Vamos muy apurados de tiempo, pero no perdemos la esperanza de que en esta última semana el parte nos dé unos días para realizar un último intento. Por el momento, las previsiones meteorológicas no son buenas”.
Mientras tanto, el grupo que lidera Edurne Pasaban templa armas para su intento de cima de mañana, que en realidad comenzará esta misma noche, en una jornada larguísima retrasada un día a la espera de que ese mismo viento que echó para atrás al grupo del Makalu se asiente y les permita a ellos alcanzar la cumbre.
”Tal como anunciaban nuestras previsiones meteorológicas hace mucho viento, así que hoy no nos moveremos del Campo 3”, comunicó ayer Asier Izaguirre, compañero de expedición de Edurne Pasabán. ”Mañana (por hoy) iremos al Campo 4 y, el lunes, a por la cumbre”, añadió. ”Ha sido una decisión unánime de todas las expediciones que nos encontramos aquí,” comentaba Asier. ”Estamos todos juntos, con las tiendas pegadas unas a otras en un pequeño plateau (meseta de altura) a 7.200 metros”.
15 May 2009
El equipo de Al Filo de lo imposible comandado por Edurne Pasaban ya está en el campo III del Kangchenjunga, a 7.300 metros de altitud. Poco después de alcanzarlo, La tolosarra daba la noticia por teléfono vía satélite con satisfacción. "Estamos en el Campo III y todo va según los previsto. Mañana seguiremos hasta el C-IV y desde allí, tras descansar unas horas, saldremos hacia la cumbre". Si el plan se cumbre, Edurne, Juanito Oiarzabal, Ferrán Latorre, Alex Txikon y Jorge Egocheaga y los sherpas que les acompañan hollarán la cumbre el domingo.
"Ha hecho muchísimo calor durante la subida, y hemos abierto huella durante todo el trayecto desde el Campo 2, pero aún así estábamos en las tiendas a las 12.30 del mediodía (hora local)", ha explicado la alpinista. "Ahora está nevando, como todas las tardes. Mañana, tal como preveíamos, subiremos cargados con cuatro tiendas, gas y equipo hasta el lugar donde montaremos nuestro Campo 4. Allí descansaremos unas horas, nos hidrataremos y después – a por la cumbre".
La voz de Edurne sonaba clara y animada a través del teléfono, pese a que la garganta le está dando algún problema. "Al salir hoy me preocupaba un poco: Me duele al tragar, y el dolor se extiende a los oídos. Pero estoy bien, puedo aguantar. Jorge, el médico de la expedición, me está dando ibuprofeno, y todos mis compañeros están pendientes de mí en todo momento. Como él dice, después de más de un mes en la montaña, el cuerpo se queja de una manera u otra".
Ningún miembro del equipo de Al Filo de lo imposible se ha quedado atrás; todos han llegado al C3 en plena forma, incluidos los cuatro sherpas de altura que acompañan a la expedición. “Tres de los sherpas subirán con nosotros hasta la cima, mientras que el cuarto se quedará en el Campo IV como apoyo, preparando bebidas calientes para cuando regresemos", dijo Edurne.
Otra buena noticia es que el viento previsto en los partes meteorológicos no afectará a los escaladores hasta el último tramo de la ascensión. "El viento sopla del Noreste y nosotros estamos escalando por la vertiente sur, por lo que vamos a estar protegidos durante la ascensión de un delicado corredor que se abre por encima del Campo 4", explicó Edurne. "Sólo nos dará de lleno cuando lleguemos a las últimas pendientes".
Pasabán y su equipo están abriendo camino a todas las expediciones que se encontraban en el Campo Base, que han seguido su estela en cuanto han visto que iban hacia la cumbre. A lo largo del día también han llegado al Campo 3 los coreanos liderados por Mi Sun Go; el grueso de la expedición de Alberto Zerain (además del propio Alberto, Koke Lasa, Patxi, Juanjo Garra y la polaca Kinga Baranowska, un alpinista holandés y otro escandinavo). También esta entre ellos Nives Meroi –la italiana que comparte con Edurne número de ochomiles y planes de completar los Catorce-. Como siempre, Nives escala con su marido, Romano Benet.
Mañana será un día crucial, ya que además de suponer el prólogo de la jornada de cumbre, es un terreno que el grupo aún no ha pisado. Deberán de abrir huella e instalar el campo IV, cuyas tiendas y material llevan encima. Una vez los alpinistas monten todo a 7.800 metros, descansarán unas horas y partirán en plena noche hacia la cumbre del Kangchenjunga, el tercer 'ochomil' más alto del planeta.
Sobre este blog
Basabide
fernandojperez
Un espacio abierto a los aficionados a la montaña en el que encontrar un punto de vista incisivo y diferente sobre el mundo de la escalada y el alpinismo y donde se descubre la trastienda de las excursiones.
Tags
Categorías
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Archivos
Secciones
Últimos Comentarios
- Paseo por las Tetas de Viana 2 comentarios admirador de CJ Cela Anónimo
- El alpinista alicantino Luis María Barbero desaparece en el Gasherbrum II 39 comentarios Para Marcos lukene santamaria barbero Soledad lukene santamaria barbero Lukene Santamaria Barbero
- Tomaz Humar: "Jagat, éste es mi final" 1 comentario fernandojperez
- Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil 11 comentarios laura Asiduo de Valderejo ricardo JULIAN mar
- El Mont Blanc pierde 45 centímetros en 2 años 3 comentarios fernandojperez ¡¡¡Montañas... A Esgalla!!! Grono
- Edurne Pasaban: “De nuevo tengo la oportunidad de ser la primera en acabar los Catorce” 3 comentarios LAVANDA Iñurrategi (Beasain) Ander
- Una excursión en el funicular de Bulnes 21 comentarios Txomin javi Suso ainvic Txomin
- La expedición de Edurne Pasaban recoge 200 kilos de basura en el Shisha Pangma 2 comentarios number one Yosu
- Pedro Holst, 'primera española' al Everest por la cara norte 7 comentarios Anónimo Anónimo viejo alpinista bilbaíno Anonimo 3 anonimo 2
- Nuevas trabas para los seteros en Ultzama 2 comentarios setero aragonés un setero vizcaíno
