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18 Ago 2009

A continuación tenéis la entrevista a Juanito publicada el pasado domingo en su integridad:

Juanito Oiarzabal (54 años) vuelve, si es que alguna vez se fue. Tras su particular travesía del desierto a raíz de las congelaciones en el K2 (2004), en los dos últimos años ha recuperado su ritmo habitual de expediciones al Himalaya y ha vuelto a ver ligado su nombre a los 'ochomiles'. El año pasado subió el Makalu y la pasada primavera, el Kangchenjunga. O lo que es lo mismo, dos de las cinco montañas más altas del planeta. Y se ha visto tan bien que al final se ha lanzado a un proyecto que bullía en su cabeza desde hacía tiempo: repetir por segunda vez los catorce 'ochomiles'. Le faltan siete.

-¿Por qué quiere repetir los catorce 'ochomiles'?

-Porque es una forma de está ahí. De estar motivado conmigo mismo y de seguir disfrutando de lo que he hecho durante toda una vida. Sobre todo después de lo mal que lo pasé tras las congelaciones del K2 y de reencontrarme estos últimos años con el Himalaya, que es mi hábitat natural, donde mejor me encuentro, donde mejor me adapto, donde mejor me identifico y donde, sobre todo, disfruto con lo que hago. Sencillamente es eso. Creo que es un reto importante. Al menos para mí, aunque quizá no para los demás. Evidentemente, yo ya he hecho los 14 'ochomiles' y no aporto ya nada al mundo del alpinismo, porque lo único que hago es repetir montañas de 'ochomil' metros y tampoco estoy ya en condiciones de aportar nada nuevo. Hay que ser así de humilde y así de claro. Pero este proyecto me permite estar ahí y hacer lo que más me gusta.

-¿Haber subido el Kangchenjunga esta primavera ha sido determinante para decidirse a intentar repetir todos de nuevo?

-Sí. La decepción del Yalung Kang, en la que se me abrieron las heridas de las amputaciones, fue un palo muy gordo e incluso llegué a decir que me retiraba, pero ya sabes como soy. En cuanto llegué a casa en mi mente se instaló la idea de volver de nuevo. Sobre todo en demostrarme a mí mismo que podía volver a subir un 'ochomil'. Fui al Makalu, salió bien todo, y a partir de ahí me metí de nuevo en la dinámica de las expediciones. Y ahora, tras subir en primavera el Kangchenjunga, me he dado cuenta de que, después de haberme quitado los más gordos, era el momento de volverlos a subir todos.

-¿Se ve preparado para este nuevo reto?

-Quien me conoce ya sabe como soy. Si después de 40 expediciones al Himalaya no me he retirado es por algo. Tengo muchas ganas y físicamente me veo muy bien. Es más, creo que no he entrenado nunca como lo hago ahora. La experiencia que me avala es muy importante y motivación y ganas no me faltan. Por eso vuelvo. Soy consciente, porque mucha gente me lo ha dicho, que qué cojones hago volviendo a repetir los catorce 'ochomiles'. Se que me la estoy jugando y que después de haber subido tantos y haber hecho tantas expediciones no tengo que demostrar nada a nadie, ni tan siquiera a mí mismo. Pero es un reto que tengo ahí y probablemente un actividad como ésta tardará muchos, muchos, muchísimos, años en volver a ser repetida por otra persona.

-Los que le critican dicen que ya no aporta nada al mundo del alpinismo...

(Oiarzabal interrumpe al entrevistador).

-Ya. Y qué.

-...Y que cierra el paso a nueva gente con proyectos más innovadores. ¿Tiene algo que decirles?

-Yo no cierro el paso absolutamente a nadie. Es más, yo he sido una de las personas que más ha abierto el camino a otros alpinistas. Yo siempre he reivindicado a esa gente que viene por detrás. Pero es que los que están pidiendo paso tienen que hacer cosas innovadoras y distintas, ser creativos, porque para hacer lo que ya hemos hecho los demás... El hecho de subir un 'ochomil' está muy bien, pero nada más. Y tampoco veo gente, al margen de Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y los de siempre, que aporte nada nuevo.

-Usted también tuvo su época innovadora. ¿Añora sus primeros tiempos de himalayismo, aquellas expediciones a la cara norte Kangchenjunga, al Pilar Oeste del Makalu, a la Bonington del Everest, en la que no hacían cumbre pero miraban a las montañas frente a frente?

-Claro que sí. Los añoro porque fueron momentos muy dulces para mí. Yo intentaba, sobre todo en la época del 87 al 92, hacer cosas diferentes. Y aunque no salieron no los cambio por nada. Son los mejores años de mi carrera deportiva. Pero son eso, otros tiempos. Ahora no soy ni me creo el mejor. Sólo soy una persona diferente, sencilla, que quiero hacer esta historia a mi manera.

-¿Ve con especial recelo a alguno de los 'ochomiles' que le faltan?

-Sin duda. Intentar hacer los siete 'ochomiles' que me quedan en tres años y medio es un reto y se que va a haber dificultades de todo tipo. Por ejemplo, sé, sin ninguna duda, que el Annapurna va a ser un hueso muy duro. El otro 'ochomil' al que le tengo un gran respeto es el Dhaulagiri, ya que ese campamento dos que tiene siempre crea problemas. Y luego, que quizá por eso lo he dejado para el final, por su altura, está el Lhotse.

-¿Se ha planteado que después de todo lo que ha hecho si no consigue estos segundos catorce sea más recordado por este fracaso que por el éxito de los primeros catorce?

-Pues no, porque no lo voy a considerar ningún fracaso. Ni me lo planteo. Si no termino en el 2012, los terminaré en 2013. O en 2014. No me planteo no acabarlos. Puede ocurrir que falle en alguno o que esto se alargue en el tiempo, pero, evidentemente, a medida que me vayan quedando menos los voy a perseguir con más ganas todavía. Hombre, espero que no ocurra la fatalidad de que me quede en uno de ellos, que es algo que no contemplo, pero mi idea es seguir hasta acabarlos. Y que conste que tampoco pasa nada si no los termino porque me surge otra cosa que considero más importante y me impide acabarlos. Como cambio tanto y soy tan inestable, igual dentro de dos años me surge otra historia y digo, 'aquí los dejo'. Y si sucede, ahí quedará lo que he hecho hasta ese momento y ya está. Y se que tendré que aguantar críticas. ¡Y qué! Al final es mi propio reto y se acabó.

-Pero la gente tiende a fijarse en los último, en lo más reciente.

-Ya lo sé, pero es que yo no tengo que demostrar nada. Es un reto para mí, pero sobre todo para estar ahí, haciendo lo que llevo haciendo más de 20 años. Y qué mejor motivación para hacerlo que plantearme subir otra vez los catorce 'ochomiles'. Y cuando termine evidentemente ya se acabará todo esto. Digo yo que se tiene que acabar... Pero yo no tengo que demostrar nada a nadie. Y para el que tenga dudas ahí esta todo lo que he hecho.

-En algunas frases de la presentación del proyecto parece querer callar algunas voces.

-No, no. De verdad que no. No hay ningún resquemor, ni mucho menos. Lo que pasa es que sí es cierto que hay gente que dice 'Jodé Juanito, es que ya aburres. Deja paso a los demás'. Y yo digo, 'vale, dejo paso, pero a quién'. Yo he estado ahora en el Kangchenjunga, he ido con gente joven que tiene mucha experiencia en el Himalaya y no ha subido. He estado en el K2 o en el Everest con gente con mucha experiencia y no ha subido. Y yo sí. Quiero decir que al final si viera que realmente en Euskadi hay gente que está pidiendo paso sería el primero en apoyarlos. Pero cada uno es dueño de hacer las expediciones como quiera. Y que yo siga subiendo 'ochomiles' no quita para que otros chavales salgan y busquen su propio camino. Y que conste que yo creo que hay gente capaz, aunque tampoco hay gran cosa, al margen de los de siempre: Alberto (Iñurrategi), Juan (Vallejo) o Mikel (Zabalza), gente innovadora, creativa, que sabe lo que quieren, que son menos mediaticas que yo porque así lo han decidido. Y que evidentemente se merecen muchísimo más respeto, si cabe, que yo. Yo, al menos, el respeto que les tengo es notable. Ahora mismo son la vanguardia del alpinismo vasco y español.

-De todos los alpinistas que han acabado los 14 usted es el único que sigue subiéndolos de forma regular. ¿Por qué cree que todos los demás lo han dejado para dedicarse a otras cosas?

-Pues no lo sé muy bien. Probablemente por el carácter de cada uno. Empezando por Messner, que prometió a su madre no subir más y lo ha cumplido a rajatabla. Y se dedicó a otros menesteres, como escribir y meterse en política. Kukuzcka se quedo desgraciadamente en el Lhotse. Loretan tiene un trabajo muy digno y muy bueno como guía en los Alpes y en montañas bajas del Himalaya. Carsolio tiene un negocio de deporte aventura que le lleva todo el tiempo. Y Wielicki tiene una tienda de deporte en Varsovia y se dedica sobre todo a ella, aunque de vez en cuando sí que intenta algún 'ochomil'. En definitiva, que depende del carácter de cada uno y de los derroteros que han tomado sus vidas. Yo siempre he dicho que no he perseguido ningún récord ni ninguna marca. He seguido una curso natural y lo que he hecho ha sido porque soy así. Cuando acabé los 14 quise repetir el Everest sin oxígeno y eso encendió la mecha, seguí subiéndolos con el programa 'Al Filo' hasta que me congelé, que algún día tenia que pasar. Y precisamente ahí, cuando quizá lo lógico hubiese sido retirarme, es cuando más ganas tuve de volver, tras la grave lesión de los pies, para demostrar que podía ser capaz de subir otra vez un 'ochomil'. Y desde entonces he subido nada menos que el Makalu y el Kangchenjunga. Lo dicho, que es cuestión de carácter.

-Que le dijo su mujer cuando le explico este plan.

-Araceli, como sabe y entiende de montaña y sabe lo que es este negocio, mostró una gran preocupación, porque ella ya sabe lo que conlleva todo esto, pero también un gran respeto por mi decisión. Supone tensión y preocupaciones de todo tipo durante todo el año, y no es que altere la vida de mi familia, porque ya están acostumbrados. “Qué necesidad tienes de volver a hacer los 14”, me ha dicho, pero como me conoce lo acepta y no le queda más. Pero desde luego ella sabe lo que conlleva este proyecto.

-Y después de 24 años. 40 expediciones y 23 'ochomiles', ¿Con que se queda de todo lo vivido?

-Me quedo precisamente con eso, con lo que he vivido, con la gente y las culturas que he conocido, con las experiencias, buenas y malas que he tenido. No me puedo quedar con algo concreto. Yo suelo hablar de la expedición al K2 del 94 como la mejor que he hecho. Una expedición como aquella no se ha vuelto a dar porque salió todo perfecto, abriendo la vía Cessen que después de nuestra ascensión pasó a llamarse la ruta vasca. Es que salió todo perfecto. Yo siempre pienso mucho en esa montaña. Y sin embargo la segunda vez que fui mira lo que pasó en el descenso. Me pilló. En definitiva, con lo que me quedo yo es con lo que he disfrutado, con lo que me ha dado la montaña, desde mi mujer hasta todo. Fíjate cual puede ser mi identificación con Nepal que tengo una hija nepalí adoptada. Para ese país y para Pakistán no tengo más que agradecimientos porque gracias a ellos he podido disfrutar con lo que me ha gustado toda la vida. A ellos les debo todo lo que tengo y lo que soy.

-Teniendo en cuenta que Carlos Soria acaba de ascender el G-I con 70 años, ¿hasta cuando va a tener cuerda Juanito Oiarzabal?

-¡Desde luego hasta los 70 años no!. No me veo yo haciendo 'ochomiles' a los setenta años. Eso te lo puedo garantizar. Una vez que termine este proyecto, sin duda alguna, de verdad y esta vez sí que de verdad, no volveré... supongo... a ningún 'ochomil' más. Es lo tengo... (Oiarzabal parece dudar) ¡No me jodas! ¡con 70 años....!

Foto 1: En la cumbre del Makalu.

Foto 2: En la cumbre del Chimborazo.

Foto 3: En la cumbre del Kangchenjunga, con Asier Izagirre y Edurne Pasaban.

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26 May 2008

Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es una mujer feliz. Acaba de subir su décimo ‘ochomil’ en una ascensión rápida y limpia y ve más cercano el final del reto de su vida: ascender los catorce ‘ochomiles’ del planeta. Atrás han quedado ya algunos fantasmas que hace unos meses sembraron de nubarrones el objetivo y ahora mira ya hacia el futuro con optimismo. Y con ganas de cerrar este capítulo de su vida para poder abrir otros, como el de la maternidad. Pero los ‘ochomiles’ no ofrecen tregua y, recién llegada de su ascensión al Dhaulagiri, recibía como una sopapo la muerte de Iñaki Ochoa de Olza, un amigo muy especial para ella.
–¿Esperaba ese desenlace para Iñaki Ochoa de Olza?
–Le conocía, era un alpinista muy fuerte y nunca pensé en ese final, confiaba en que saldría adelante, aunque también era consciente de que las posibilidades eran pocas, sobre todo según iban pasando los días y no conseguía salir de allí arriba. Siempre es duro recibir una noticia así, pero en este caso además era un buen amigo y ha sido una persona muy cercana a mí. Aún no me había levantado cuando me llamó Alex Txikon a primera hora de la mañana para decírmelo. Me quedé dos horas en la cama, sin reaccionar, dándole vueltas a todo.
–¿Ante una noticia así no dan ganas de dejarlo todo?
–No. Merece la pena lo que hacemos. Sabemos que puede pasar. Y nunca creemos que nos va a tocar tan cerca. Aunque nos toca. Pero dejarlo, jamás. Esas montañas son nuestra vida, nuestra libertad. Y sabemos que el precio a pagar a veces es alto. Pero hacemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona. Es nuestra vida.
–El Dhaulagiri ha sido su décimo ‘ochomil’. ¿Ve más cerca el final?
–Un poco más cerca sí. A veces sí que lo siento más cerca. Pero tambien soy consciente de que me quedan cuatro. Y muy difíciles. Sobre todo Kanchenjunga y Annapurna, que son dos montañas duras. Así que lo veré más cerca cuando vaya con doce. Con diez todavía queda un largo camino.
–Ahora que se va acercando al final, ¿se siente presionada?
–No especialmente. He dejado siempre muy claro que los cuatro que me quedan tengo que hacerlos tranquilamente. Porque si me obsesiono con ellos el factor del riesgo se dispara. Así que los voy a hacer muy tranquila. Hombre, viendo como van mis ‘rivales’, entre comillas, Gerlinde (Kaltenbrunner) y Nives (Meroi), tendré que espabilar un poco si quiero ser la primera. Pero desde luego, por mi entorno y los patrocinadores no me siento presionada para nada.
–¿Y por usted misma?
–Tampoco. Yo me he planteado esto en dos o tres años y creo que tengo tiempo suficiente para hacerlo. Hombre, si dentro de un año no he subido ningún ‘ochomil’ más entonces seguramente sí que me sentiría presionada. Pero por ahora no. He cumplido en el Dhaulagiri el primer plazo y todo va bien.
Las ‘rivales’
–¿Y si al final es la segunda o la tercera en acabar los ‘ochomiles’?
–No creo que me sentiría muy diferente. Tampoco va a cambiar mucho la vida ni de Edurne, ni de Gerlinde ni de Nives por esto. La primera que lo consiga pasará a la historia y estará en los libros. Pero no creo que por ello vaya a tener más trabajo ni sea más que las otras. ‘Guay’ para la primera, porque será eso, la primera. Es lo que buscamos las tres, aunque no haya competencia entre nosotras. Pero, al final, lo importante es terminar los catorce para una misma. Y si soy la primera, mejor. Pero lo haré para mí. Gerlinde y yo pensamos eso. Los hemos hablado mucho en esta expedición y las dos lo tenemos claro.
–Gerlinde lleva un ritmo tremendo.
– Está claro que ella va mucho más a saco que yo. Va a un ritmo mucho más fuerte. No sé si porque está presionada o porque los austriacos son más cuadriculados en los planteamientos una vez que se marcan un objetivo, mientras que nosotros somos más relajados.
–Ha coincidido con ella en los dos últimos ‘ochomiles’. ¿Su relación sigue igual de bien?
–Es una pasada. Mantenemos el contacto continuamente, no sólo en las expediciones. Por ejemplo, acabo de recibir un ‘e-mail’ suyo en el que me cuenta que está esperando a su marido, Ralf Dujmovits, que ha subido el Makalu, para irse juntos al Lhotse, que les falta a los dos. Y me contaba que ha estado superpreocupada porque no ha sabido nada de él, que si los hombres cómo son… Lo que quiero decirte es que nuestra relación es de todo menos de rivalidad.
–¿Qué tienen cada una de las tres a favor y en contra para ser la primera en acabar Los Catorce?
–Antes pensaba que Gerlinde y Nives tenían la ventaja de sus maridos, que siempre iban a escalar con ellos. Y no por el hecho de que fueran sus maridos, sino porque vivían en un entorno familiar que giraba también sobre su objetivo de terminar los ‘ochomiles’. Y yo me sentía un poco sola. Pero ya no es así. De otra forma, con un programa de televisión, un patrocinador y un entrenador, pero ahora también me siento arropada en torno al mismo objetivo. Son personas que saben lo que quiero y lo ponen todo de su parte para que lo logre. Es un equipo que trabaja para lograrlo conmigo. Y ya no siento esa soledad de antes.
–Antes hablábamos de la presión de acabar...
–A ellas las veo más obsesionadas que yo para terminar Los Catorce. Mucho más. Muy obcecadas en ello. Yo desde luego quiero terminarlos y me gustaría ser la primera, pero hago las cosas más pausadas y pensadas. A otro ritmo. Valoro mucho, mucho la vida. Y eso no quiere decir que ellas no la valoren, pero su vida sólo la basan ahora mismo en terminar Los Catorce. Y yo no.
El final
–De momento Gerlinde tiene ventaja.
–Sí.Y yo creo que será la que acabe primero. Si no le ocurre nada. Lo que pasa es que le queda un hueso muy duro que es el K2. Pero es la que más boletos tiene. Y la que más me gustaría, si te soy sincera, que acabase primera. Es una gran persona y una muy buena alpinista. Se lo merece.
–¿Y Nives?
–Es mayor que nosotras, de otra generación. No la conozco tanto como a Gerlinde, aunque veo que está obsesionada con terminarlos. Se ha metido a saco en esto y no mira por lo demás. Incluso ha tenido alguna disputa con Gerlinde, contra la que se querelló porque hizo algún comentario sobre las dudas que existen de la ascensión de Nives y su marido al Dhaulagiri. Y no es algo que diga Gerlinde, es algo de lo se duda en el mundo de alpinismo... Y una persona que va de este modo por la vida se ve claramente lo que quiere...
–Y cuando acabe los catorce, ¿será el final?
–Seguramente el final de los ‘ochomiles’ sí. No me veo como Juanito haciendo 22, 25 o no sé cuántos. Me veo haciendo montaña, y seguramente el Himalaya no lo voy a dejar nunca porque me gusta ir allí y estar con su gente. Pero desde luego no voy a seguir haciendo ‘ochomiles’ como loca.
–¿Antes de dejarlo se plantea hacer el Everest sin oxígeno?
–Sí, sí. Primero vamos a terminar los catorce, pero desde luego sí que me lo planteo. Sí que me gustaría intentar el Everest sin oxígeno. Sería el final. La mejor forma de cerrar el ciclo de los ‘ochomiles’.
–Con la perspectiva de que fue su primer ‘ochomil’, ¿se arrepiente de haberlo hecho con oxígeno?
–No. Porque creo que cada cosa hay que hacerla en su momento y como viene. Y yo, en 2001, no tenía la experiencia que tengo ahora. Entonces, el Everest para mí era una fijación. No me planteaba para nada Los Catorce y lo único que quería era subir al Everest. Primero lo intenté sin oxígeno y al final me costó ¡tres años! Así que no me arrepiento para nada de lo que hice entonces ni de cómo lo hice.
–¿Tiene miedo al vacío que se siente tras concluir algo que se ha convertido en el objetivo de su vida?
–Aunque esas cosas hasta que llegan no sabes si te van a pasar y cómo vas a reaccionar, yo creo que no. Porque ahora me falta tiempo para hacer otras muchas cosas. Y la maternidad es algo que también me va a llenar muchísimo cuando acabe con esto. Así que no me van a faltar ocupaciones ni preocupaciones. Van a llenar con creces el espacio que ahora ocupa la montaña. No sólo no tengo miedo al vacío, sino que quiero terminar con esto para poder empezar a hacer otras cosas.
–Tiene muy claro lo de ser madre.
–¡¡¡¡Síííí!!!! La maternidad será mi decimoquinto ‘ochomil’. Al menos lo espero. Por eso me marco el límite de acabar los catorce en dos o tres años. Para poder pasar a otras etapas de mi vida que también quiero hacer y que de momento tengo aparcadas, como tener una pareja, un hijo… ahora tengo un sobrino al que estoy todo el día dando la lata cuando estoy en casa. ¡¡¡¡Tengo el instinto a flor de piel!!! ja ja ja ja. Llevo dos años que no sé qué me pasa… Ahora que hay pastillas para todo, tendrían que inventar alguna que calme el instinto maternal… ¡¡Ja ja ja!!
–No sé si preguntarle si ya ha elegido el padre.
–¡Noooo!. Eso no lo tengo aún elegido. ¡¡Este es el problema!! Ja ja ja. De todas formas, ahora la ciencia ha avanzado una barbaridad, así que si no encuentro uno que me guste no lo necesito. Pero esto no lo pongas, no vaya a ser que asuste a los posibles candidatos y no encuentre ninguno… (Edurne vuelve reír con ganas).
–Hablemos de los ‘ochomiles’ que le faltan: el Manaslu.
–Para mí es un desconocido. Nunca he estado ni he oído hablar mucho de él. Aquí, en Euskadi, por ejemplo, han ido poquitas personas. Iremos este otoño y no sé si es la mejor época, porque se carga bastante de nieve en el monzón. Por lo demás no es una montaña muy complicada. El problema es la nieve y que es muy fría. Nuestras posibilidades dependerán mucho del monzón que haga.
–Shisha Pangma.
–He estado ya dos veces. Para subir tengo que ir por la cara sur. El año pasado estuvimos por la norte, por la que es una montaña ‘facilita’ entre comillas, por lo menos hasta la cima secundaria. Pero creo que la ruta para hacerlo es la Británica, por el sur. Cuando estuvimos allí subimos hasta los siete mil y pico, y me parece una vía muy bonita y divertida.
–Annapurna.
–Bueno, después de la experiencia del año pasado al menos ya sé a dónde voy. La clave del Annapurna es saber elegir por dónde subir y cuándo. Por mí, la dejaría para el final, pero la gente me dice que no lo haga. Podríamos ir por la vía del año pasado. Sobre todo porque ya la conozco. Ir al Annapurna por una vía que ya conoces, en la que sabes dónde vas a encontrar los problemas, es un plus muy importante. Pero, bueno, ya veremos cuando llegue el momento.
–Tras darse la vuelta el año pasado dijo que fue la mejor decisión. ¿Sigue pensando igual?
–Para nada. Ahí la cagué. Tenía que haber aguantado más. Lo que pasa es que me encontré un poco sola. Iván (Vallejo) y Fernando (González) iban por delante, abriendo ruta (ambos hicieron cumbre al día siguiente). Asier (Izagirre) se puso enfermo y yo me quedé sola en el campo 3. Y soy una persona que afronto todo, pero siempre necesito a alguien al lado que me apoye. Me equivoqué. Tenía que haberle echado más cojones y haber tirado para arriba. Ahí fastidié una buena oportunidad para quitarme el Annapurna. Pero, bueno, las decisiones se toman sobre la marcha y es mejor no darle más vueltas.
–Kanchenjunga.
–Uf,.. es la más alta que me queda. Muy alta... un montañón. A la que va poca gente, así que habrá que currar mucho... Iván dice que es muy chula y muy noble. Pero es que todo lo que tiene de noble lo tiene de alta. Y eso asusta. Porque últimamente hemos estado en montañas más bajas, al límite de los ocho mil metros, y los pies ya andan pasando penurias... Creo que la dejaremos para la próxima primavera e iremos mentalizados de que será la única expedición del año, como hice en el K2 en 2004.

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