28 Oct 2009
El Shisha Pangma (
-No haber ascendido este ‘ochomil’ le ha dolido especialmente.
-Me ha dolido el no poder ni intentarlo. No haber podido hacer nada. Otras veces tienes al menos la sensación de que has trabajado, subes, bajas… o no puedes porque el último día el clima te cambia. Pero esta vez ha sido todo impotencia. Es que no nos ha dejado ni actuar. Montamos el vivac Scout, lo dejamos todo preparado para intentarlo en estilo alpino y es que no hemos podido hacer nada más. No nos ha dejado ni tocarlo.
-¿Ha sido una expedición más cansada anímica que físicamente?
-Sin duda, mucho más. Es que físicamente casi no hemos hecho nada. De hecho, el otro día, cuando llegué a casa y me vio mi madre, fue lo primero que me dijo, que físicamente no parecía que venía de una expedición. Después de otras expediciones se nos nota físicamente el desgaste, y en esta no ha sido así. Sin embargo, anímica y psicológicamente ha sido agotadora. De esperar al buen tiempo, de estar allí tanto tiempo inactivos, en tensión, esperando cada día el parte meteorológico.
-Es la cuarta vez que lo intenta. ¿Empieza a soñar con el Shisha Pangma?
-La verdad es que sí. Nunca me ha costado tanto un ‘ochomil’. Y mira que está considerado como uno de los ‘ochomiles’ fáciles. Pero está claro que a mí se me ha atravesado.
-Mala suerte. Totalmente. Las fechas para subirlo son las que son y no hay más. Lo hemos intentado tres veces por la cara norte y una por la sur en alpino y ha dado igual. El tiempo no nos ha dejado. La única duda que podría haber es que hasta ahora lo habíamos intentado de segundas, tras haber hecho otro ‘ochomil’, y quizás es un planteamiento algo más arriesgado porque vas más justo de fechas, aunque tiene otras ventajas como la de estar ya aclimatado. Sin embargo, ahora hemos ido exclusivamente al Shisha, con todo preparado y planificado como único monte y nos ha pasado lo mismo. El tiempo no nos ha dejado.
-¿Se plantea cambiar la estrategia en el próximo intento?
-Efectivamente, es como para plantearte si estás haciendo algo mal. Y más si comparas con otros ‘ochomiles’ mucho más altos y difíciles, como el Kangchenjunga, que subimos a la primera. Pero tras una reflexión seria es que no hay otra opción. Yo creo que se me ha atascado. Y mejor que se atasque este ‘ochomil’ y no otro. No hay nada más. Para nada. Es que no hay nada que cambiar. Es sólo mala suerte.
-A la gente y a nosotros mismos. Las cuatro expediciones anteriores se habían saldado con cuatro ascensiones a la primera. Así que todos estábamos mal acostumbrados, los primeros nosotros. Quizá por eso el golpe anímico ha sido más fuerte, por esa confianza que llevabamos en hacer cumbre tras los últimos éxitos. Pero sinceramente, creo que de vez en cuando no vienen mal estos golpes. Para no perder la perspectiva de lo que hacemos. No perder el respeto a estas montañas tan grandes y tan peligrosas.
-Si, el italiano Roby Piantoni cayó al vacío cuando intentaba la vía británica, la misma que nosotros, justo al día siguiente de que nosotros decidiéramos retirarnos. En un principio sus compañeros decidieron dejarlo allí, porque el rescate era peligroso, pero su madre les pidió por favor recuperar el cuerpo porque su padre también se mató en la montaña hace años. Así que les ayudamos a sacarlo. Fue muy duro. En esos momentos te das cuenta de que esto no es un juego, de que nunca puedes banalizar un ‘ochomil’.
-Si. Creo que sí. A menos se puede trabajar para ser la primera. Ahora tenemos la oportunidad de nuevo de ser los primeros. Pero habrá que ver y planificarlo todo bien.
-La verdad es que en el CB del Shisha, cuando estábamos en plena desesperación, llegué a renunciar a ello. No es que me diese igual, pero el cansancio anímico que implica te lleva a plantearte tirar la toalla en algunos momentos. Pero luego miras a tu alrededor, ves a tus compañeros, a tu equipo, que luchan tanto como tú por ese objetivo. Y estás rodeado por gente como Asier o Alex, que incluso plantearon volver en diciembre, en pleno invierno, al Shisha… Esa ilusión te carga a ti las pilas.
-El objetivo sería hacer muy temprano, a finales de febrero o principios de marzo, el Shisha Pangma por la cara norte, por la vía de Iñaki Ochoa de Olza, que es la única por la que alguien ha hecho cumbre este otoño. Y luego aprovechar esa aclimatación para ir al Annapurna directamente. Este planteamiento tiene su parte buena y su parte mala. La mala es que son dos ‘ochomiles’ y se puede hacer muy duro, sobre todo anímicamente, si las expediciones se alargan mucho. Pero lo bueno es que conocemos bien el Annapurna y cuanto menos tiempo pasemos metidos en su ruta, debajo de sus seracs, mucho mejor. Porque el objetivo es llegar al campo base del Annapurna perfectamente aclimatados del Shisha, esperar a un buen parte meteorológico y tirar para arriba. Pasar sólo una vez por ese sitio.
-Por supuesto. Y además tenemos que tenerlo todo muy claro porque luego las cosas se pueden complicar y hay que tomar decisiones importantes. Por ejemplo, ¿qué pasa si para mediados de abril no hemos hecho cumbre en el Shisha?, ¿qué hacemos?, ¿nos quedamos allí esperando o nos vamos al Annapurna?. Porque lo que no podemos es empezar con las dudas allí. Todas esas cosas las tenemos que llevas muy bien atadas y acordadas desde aquí.
-Con Miss Oh y con unos cuantos más. Creo que va a haber ‘overbooking’ el año que viene en el Annapurna. Abele Blanc también me han dicho que quieren ir y acabar los Catorce, a los que renunció tras matarse su amigo Christian Kutner allí mismo hace cuatro años. Además Valery Babanov, que quiere abrir una de sus vías imposibles, el otro día me pidió compartir campo base. Y Jean Troillet, con el que hemos estado en el Shisha y ha retomado el proyecto de los Catorce (le faltan cuatro), me comentó su idea de ir en primavera y abrir una vía nueva. También me han dicho quePiotr Pusternik quiere ir para acabar sus Catorce. Nos vamos a juntar todos.
11 Oct 2009
Problemas, y serios, para la expedición de Edurne Pasaban al Shisha Pangma. Según los planes previstos, el grupo ha partido esta mañana hacia el vivac Scott, que hace las veces de campo 1. Han llegado sin problemas, pero se han encontrado con la desagradable sorpresa de que allí no quedaba absolutamente nada. Ni rastro de las tres tiendas instaladas hace dos semanas. El viento se las ha llevado. Y con ellas, y ese es el problema, todo el material que había dentro, que era nada menos que los equipos de escalada de los alpinistas: buzos de altura, piolets, esterillas, infiernillos, cuerdas, etc.
El grupo ha tenido que bajar al campo base avanzado a pasar la noche y en estos momentos analizan la situación y si lo perdido les va a impedir el ataque definitivo o se puede reemplazar con lo que tienen en el CB, desde donde inmediatamente han salido hacia el CBA con todo el material posible.
Esta es la crónica de los sucedido hoy transmitida por la expedición Endesa:
"Hoy día 11 de octubre tal y como estaba previsto, Edurne, Alex, Asier y Ferran salían del Campo Base camino de la cima del Shisha Pangma. A las 06:30h. todo el Campo Base se ponía en marcha, con la ilusión de que hoy por fín comenzaba el ataque a la gran montaña, una ascensión que transcurriría a lo largo de los cuatro próximos días, con la idea de coronar la cumbre el miercoles día 14. El frío intenso de la mañana ha remitido en cuanto el sol ha comenzado a iluminar el Campo Base.
Los últimos preparativos, el reparto del peso y las cargas entre los miembros del equipo, un último buen desayuno, la ofrenda a los Dioses en el "chorten" (pequeño altar instaladoo junto al Campo Base) y la despedida del resto de del equipo que permanecemos en el Campo Base.
A las 08:00h. de la mañana las seis diminutas siluetas (los cuatro alpinistas acompañados de los sherpas Zagmu y Pemba) se perdían en el horizonte tras superar el enorme collado que flaquea el Campo Base.
A partir de ese momento, la comunicación sería por "walkie talkie".
Calculabamos que pasarían cuatro horas hasta que Edurne y el equipo alcanzaran el Campo Base Avanzado (5.700m.), al pie de la pared suroeste del Shisha, donde dejaron instalada una gran tienda, que en el día de hoy serviría como punto de abituallamiento, ya que el equipo tenía previsto llegar a dormir más arriba, a las tiendas del Vivac Scott a 6.200m. ya en la propia ruta de ascensión.
Así ha sido, Alex comunicó por walkie con el Campo Base desde el Campo Base Avanzado, donde recogieron parte del material depositado y cerró el walkie hasta nueva comunicación desde el Vivac Scott.
Casí tres horas más tarde, entraba nuevamente Alex Txikón por walkie con el Campo Base, eran las 15:45 hora local, y su voz sonaba furiosa y desesperada informando que las tiendas instaladas en el Vivac Scott habían volado literamente, el fuerte viento de las últimas semanas se lo habían llevado todo: "No queda nada, no tenemos Campo, el viento se lo ha llevado todo, las tres tiendas, los sacos, las esterillas, los buzos, los piolets, los infiernillos! No queda nada joder, no queda nada!"
En el CB recibimos la noticia como un jarro de agua fría, pero tratando al mismo tiempo de mantener la serenidad y buscar soluciones.
Edurne y Asier alcanzan el Vivac Scott unos minutos más tarde de Alex y Ferran y vuelven a comunicar por radio, confirmando que no existe posibilidad de hacer noche en el Vivac Scott y que emprenden el regreso al Campo Base Avanzado, desde donde volveran a comunicar por walkie en un par de horas y podremos una vez más por walkie hacer balance de la situación, inventario del material perdido y el que hemos podido encontrar de repuesto en el Campo Base, con intención de llevarselo hasta el Campo Base Avanzado lo antes posible.
La situación ahora mismo es de preocupación e incertidumbre, pero las circunstancias exigen guardar calma y buscar soluciones a este fatal imprevisto, que sin duda complica mucho la ascensión al Shisha."
(En la imagen de encabezamiento, las tiendas del vivac Scott que han desaparecido.)
07 Oct 2009
Mientras las esperanzas vuelven a la expedición Naturgas-Horbein'09 a la cara norte del Everest (en la imagen, Juan Vallejo estirando músculos en un serac cercano al CB) y a la de Edurne Pasaban a la cara suroeste del Shisha Pangma con nuevos partes del tiempo que anuncian mejoría para el fin de semana (probablemente será su última oportunidad), hemos conocido que la lista de los alpinistas que han ascendido los catorce ochomilos ha crecido con un nombre más: Andrew Lock. Y ya son 18.
El australiano ascendió el 2 de octubre a la cumbre principal del Shisha Pangma (8.027 m.) y completó así su carrera. Para evitar los problemas que una semana antes obligaron a Juanito Oiarzabal a quedarse en la cumbre central (8.008), Lock y su compañero, el galés Neil Ward, fueron por la variante abierta por Iñaki Ochoa de Olza en 2006 y que evita la peligrosa arista somital. Sin embargo, esa última ascensión a punto estuvo de salirle muy cara ya que durante el descenso se vieron envueltos en una tormenta qe tuvieron que sufrir a pelo cerca de la cumbre.
Una vez en la seguridad del campo base, el australiano relató lo sucedido durante el descenso: “Nos dimos cuenta de que estábamos en una situación muy seria. Entraron nubes y nos ocultaron la luz de la luna. Simplemente no podíamos encontrar el camino de vuelta porque además nuestra huella estaba tapada por la nieve. Cavamos una repisa para sentarnos durante 10 u 11 horas en medio de la nevada, con viento y un frío entre 20 y 30 °C bajo cero. No llevábamos ni tienda, ni sacos ni hornillo en la mochila. Nuestro gran miedo era coger un edema y el viento. Fue la noche más dura y fría de mi vida. Si el tiempo hubiera empeorado otro poco más probablemente allí nos habríamos quedado. Tuvimos suerte de poder bajar”, explicó.
El primer ochomil de Lock, de 47 años, fue el K2 en 1993. Ha trabajado como cámara para una serie de Discovery Channel en el Everest (lo ha ascendido dos veces con oxígeno) y tres de sus ochomiles lo ha escalado en solitario:Lhotse, Broad Peak y Cho Oyu.
Antes de completar los Catorce, el australiano había anunciado que si lograba el Shisha volvería al Everest para ascenderlo sin la ayuda de oxígeno artificial. Y ya ha confirmado que lo intentará la próxima primavera y por la vía del collado norte y la la arista norte, la normal de la vertiente tibetana.
LOS 18 CATORCEOCHOMILISTAS
Alpinista.................País..............Año.............Oxígeno
Reinhold Messner..... Italia..............1986...............NO
Jerzy Kukuzka..........Polonia............1987...............SÍ
Erhard Lorétan..........Suiza.............1995...............NO
Carlos Carsolio.........México............1996...............SÍ
Krzysztof Wielicki.....Polonia............1996...............SÍ
Juan Oiarzabal.........España............1999...............SÍ
(En 2001, repitió el Evererst sin oxígeno y completó así los Catorce sin usarlo)
Sergio Martini......... Italia..............2000...............SÍ
Park Young-Seok......Corea.............2001...............SÍ
Um Hong-Gil............Corea.............2001................SÍ
Alberto Iñurrategi....España............2002...............NO
Wang-Yong Han......Corea..............2003...............SÍ
Edmund Viesturs......EEUU..............2005...............NO
Silvio Mondinelli........Italia............ .2007...............NO
Iván Vallejo...........Ecuador............2008...............NO
Denis Urubko.........Kazajstán..........2009...............NO
Ralf Dujmovits.......Alemania............2009...............SÍ
Veikka Gustaffson...Finlandia...........2009...............NO
Andrew Lock.........Australia........ ...2009...............SÍ

Andrew Lock.
04 Oct 2009
La alpinista coreana Oh Eun-Sun se retiró el sábado de su intento de alcanzar la cumbre del Annapurna, la última montaña que le queda para convertirse en la primera mujer en ascender los catorce ochomiles, según informa en su página web . Miss Oh abortó el ataque a cumbre en el campo 3, a 7.400 metros, debido a "las malas condiciones meteorológicas". Con ella ascendía su compatriota Kim Jae-Soo, compañero habitual de Go Eun-Sun, la otra alpinista coreana que también intentaba completar los catorce ochomiles y que falleció el pasado mes de junio en el Nanga Parbat, y a la que pretendía dedicar esta ascensión.
Ambos descansan ya en el campo base. Al parecer, a Kim Jae-Soo no le quedan muchas ganas de volver a intentarlo y probablemente desmantele sus campamentos e inicie el regreso a casa. Por el contrario, Oh Eun-Sun ha decidido esperar en el CB a que el tiempo mejore para realizar un nuevo intento.
Ese temporal que se abatió el sábado sobre el Annapurna es el que azota el Everest, y el resto del Himalaya, desde el pasado viernes y que mantiene parados en el CB de la cara norte a Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, donde a la espera del buen tiempo matan el tiempo a base de lectura, sudokus y mus. En parecida situación se encuentran Edurne Pasaban y su grupo en la cara suroeste del Shisha Pangma. Sin embargo, la espera empieza a tornarse un poco tensa ya que el tiempo se acaba al aproximarse el final de la corta temporada postmonzónica en el Himalaya. Según la experiencia acumulada por los alpinistas de otros años, entre el 10 y el 15 de octubre entran los fuertes vientos que azotan la cordillera a partir de los 6.500/7.000 metros, preámbulo de la llegada de las fuertes nevadas invernales y que en todo caso les impiden ya toda incursión en las montañas.
30 Sep 2009
Mientras Juanito Oiarzabal está ya de camino a casa con la pequeña decepción que supuso hollar 'sólo' el Shisha Pangma Central , El grupo de Edurne Pasaban en la cara sur del Shisha y el Basque Team en la cara norte del Everest templan ya armas a la espera de una ventana de tres o cuatro días de buen tiempo para realizar sus respectivos ataque a cumbre.
Desde luego, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza están hechos de otra pasta. Nada más bajar el domingo tras salir vivos de milagro de dos avalanchas Alberto decía "Somos muy optimistas y el Everest nos dará otra oportunidad". Parece que la meteorología anuncia que la humedad bajará en los próximos días en las alturas y por tanto el riesgo de precipitaciones disminuirá. Mañana temprano, los tres alpinistas de la Expedición Naturgas-Hornbein'09 recibirán un parte que intentará acotar mejor las previsiones para los próximos días. "Si mañana se abre una ventana de buen tiempo, estamos listos para subir".
Como 3 relojes de precisión. Dijeron que necesitarían 2 ó 3 días para descansar y recuperarse del tenso fin de semana que vivieron en el corredor de los japoneses y así ha sido. Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza quieren intentar de nuevo, cuanto antes, llegar a los 8.85 metros que marca la cima del Techo del Mundo por el corredor Hornbein.
Mientras tanto, en el campo base de la expedición Endesa-Al Filo al Shisha Pangma aguarda con tranquilidad esa misma ventana de buen tiempo para realizar su ascensión después de subir hasta la base Scott y completar la aclimatación.
¡Mucha suerte para todos!!
Alberto Iñurrategi y Mikel Zabalza se toman un descanso.
Vivac en el corredor de los Japoneses.
Latorre, Pasaban y Txikon en el vivac Scott de la vía Británica del Shisha.
Tienda del vivac Scott antes de la nevada...
... Y después.
Juanito Oiarzabal, en la arista cimera del Shisha.
Juanito, en la cumbre del Shisha Pamgma Central (8.008 m.)
22 Sep 2009
Edurne Pasaban y sus compañeros de la expedición Endesa-Shisha Pangma'09 -Ferrán Latorreo, Alex Txikon y Asier Izagirre- llevan ya cinco días en el campo base de la vertiente sur del Shisha Pangma, donde intentarán ascender la vía británica de la pared suroeste en busca del decimotercer ochomil para la tolosarra. El grupo ha iniciado ya incluso el periodo de aclimatación. Hace unos días subieron hasta el campo base avanzado (el vídeo es de esa ascensión) y en los próximos días tienen previsto ascender hasta una pequeña cota cercada, de 6.200 metros de altitud, donde pasarán un par de noches. Son las exigencias del estilo alpino, cuya ética impide tocar la ruta a realizar más que cuendo se va a intentar.
El caso es que para matar el tiempo en el campo base decidieron limpiar un poco el campo base de la basura que han dejado expediciones anteriores y se encontraron con la desagradable sorpresa de que recogieron nada menos que 200 kilos de basura en apenas una mañana.
Ésta es la crónica de Edurne sobre la jornada de limpieza, con algunas fotos del grupo:
Pero no paramos para nada. Ayer se nos ocurrió limpiar el campo base, y recogimos mas de 200kg de basura. El campo base del Shisa Pagma por la cara sur, donde estamos no es muy concurrido, pero de todas maneras siempre hay gente que deja basura.
Asier y Alex recogiendo la basura.
Normalmente las basura orgánica se hecha detrás de una piedra, y los animales y pájaros, sobre todo los cuervos se la comen. Pero la basura no orgánica, se recoge durante toda la expedición y al final de ésta se quema, pero la gente algunas veces no lo hace, y quedan grandes pilas de latas y plásticos. Ayer por la mañana nos pusimos a recogerla y en un par de horas habíamos recogido casi todo. Ahora lo hemos apilado en una esquina y cuando terminemos la expedición lo quemaremos. No podemos darle fuego antes, ya que nuestros sherpas dicen que trae muy mala suerte, por eso lo haremos al final.
Tarea terminada.
Hace tres días no os lo conte, pero como en todas las expediciones, hicimos la puya, la ofrenda a los dioses antes de escalar. Normalmente siempre entre los cocineros o sherpas de las expediciones hay alguno que ha estudiado para lama durante una época y el suele encargarse de los rezos. En esta ocasión, como apenas hay gente, nosotros y los chicos de Vitoria, no había ninguno. Pero uno de nuestros sherpas se encargó de esto, y repetía unas frases que tenia en un libro, y de esta manera pudimos hacer la puya. Como siempre, fue bonita y además creo que necesaria antes de empezar la escalada.
Las previsiones del tiempo parecen que para mañana y pasado no son muy buenas, creo que va nevar un poquito, ya lo veremos. Nuestra intención era mañana coger una tienda y subirnos a una montaña que hay encima del campo base, que mide 6200 metros, y pasar ahí un par de noches para aclimatranos.Ya veremos como amanece mañana el tiempo, si aguanta un poquito subiremos para poder seguir con la aclimatación.
Por lo demás todo va muy bien, el ambiente en el grupo es fenomenal, nos reímos mucho, y eso es lo mas importante. Hay una gran colaboración por parte de todos, los escaladores y los cámaras de RTVE. Se nota que ya es la segunda expedición que pasamos juntos con la misma gente, y eso hace mucho.
Bueno vamos a ver si mañana podemos subir ahí arriba como os he comentado, y continuar con la aclimatación.
Abrazos para todos los que nos seguís, y os dejamos con unas fotografías que hemos hecho estos días:"













14 Sep 2009
El otoño suele ser la temportada 'baja' en Himalaya, frente al 'overbooking' que sufren buena parte de los campos base de los ochomiles en primavera. Sin embargo, el postmonzón de este año más a ser más caliente que nunca. Los proyectos, de todo tipo, son numerosos y la actividad en casi todas las montañas más altas de la gran cordillera himaláyica va a ser inusualmente alta.
Entre los numerosos proyectos merece la pena destacar tres, que vuelven a situar a sus protagonistas a la vanguardia del alpinismo actual y que tienen un decominador común: el estilo alpino. En primer lugar, aunque sólo sea por cercanía, se encuentra el intento del Naturgas-Basque Team (Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza) en la cara norte del Everest: Supecouloir de los japoneneses y corredor Hornbein. Los otros dos proyectos tiene como denominador común su condición de intentos es solitario: el suizo Ueli Steck nada menos que al Pilar Oeste del Makalu (el mismo que no dio opciones a Iñurrategi y compañía en primavera) y el italiano Simone Moro, que intentará abrir una nueva vía en la cara suroeste del Cho Oyu.
Al margen de estos objetivos, la reapertura del Tíbet para los alpinistas ha propiciado que el Shisha Pangma sea una de las montañas más concurridas este otoño. En lo que a nunestros alpinistas se refiere, por la cara sur, Edurne Pasaban, acompañada por Ferrán Latorre, Alex Txikon y Asier Izagirre, buscará su decimotercer ochomil por la siempre exigente y técnica ruta británica. A ellos tiene previsto sumarse más adelante el alavés Roberto Rojo 'Gorri', que antes intentará el Cho Oyu con Estitxu Salinas, que busca convertirse en la primera alavesa en subir un ochomil.
También en el Shisha, aunque por su vertiente norte (ruta normal), Juanito Oiarzabal retoma su proyecto 2x14 8.000's. Sus compañeros de viaje son los aragoneses Carlo Pauner (8x8.000's) y Javier Pérez y el catalán Tolo Calafat. Sin embargo, las últimas noticias que llegan de allí no son buenas. Carlos sufrió ayer una caída durante la ascensión al C-1 para aclimatarse, al parecer sufre la rotura de varias costillas y hoy mismo ha abandonado el CB camino de Katmandú.
En esta misma vertiente se encuentra el australiano Andrew Lock, que busca en el único ochomil integramente tibetano completar los 14 ochomiles.
Y hablando de completar Los Catorce, la coreana Oh Eun-Sun está ya a los pies del Annapurna para complerar su particular carrera ochomilista (más bien sprint: ha subido diez ochomiles en tres años). Con ella ascenderá Jae-Soo Kim, parreja habitual de escalada de Go Mi-Sun, que falleció antes del verano en el Nanga Parbat. Jae-Soo Kim llevará a la cumbre una foto de Miss Go, que pugnaba con Miss Oh en ser la primera mujer en acabar Los Catorce.
A partir de ahora os intentaremos mantener informados de la actualidad de todas estas expediciones. A continuación os dejo enlaces a algunas de ellas:
Everest:
Naturgas Baske Team Hornbein'09
Shisha Pangma:
Edurne Pasaban
Juanito Oiarzabal
Carlos Pauner
Andrew Lock
Makalu:
Ueli Steck
Annapurna:
Oh Eun-Sun
Cho Oyu:
Simone Moro
29 May 2009
Conquistar el Kangchenjunga pudo tener consecuencias fatales para Edurne Pasaban (35 años). Una bronquitis, el calor y el agotamiento derivaron en un desfallecimiento al día siguiente de hacer cumbre, cuando lo peor parecía haber pasado y descendían del campo IV al III. Salvó la vida gracias al empeño de sus compañeros Alex Txikon y Ferrán Latorre. El vizcaíno le cuidó, alimentó y literalmente arrastró, hasta la llegada de los sherpas. Entre todos solventaron una situación límite, la más comprometida en la carrera de la ‘ochomilista’ tolosarra, que finalmente se ha solventado con unas ligeras congelaciones que no les impedirán ir en octubre al Shisha Pangma y de las que se recuperan en la clínica MAZ de Zaragoza, donde relataron a EL CORREO con todo detalle el dramático descenso.

–La jornada de cumbre duró prácticamente 24 horas, lo mismo que en el K2 en 2004. ¿Hay más similitudes en los dos ataques?
–Antes de empezar, me decía a mí misma ‘esto se va a convertir en otro K2’, por que teníamos la referencia de la coreana Ms. Ho, que con oxígeno, empleó treinta y pico horas en total unos días antes que nosotros. Y cuando nos lo contó, yo me decía ‘si ella con oxígeno ha tardado eso, ¿Cuánto tardaremos nosotros?’. Aquí el motivo del retraso no ha sido la nieve como en el K2, sino porque la ruta es larguísima y muy técnica, siempre entre rocas y por un terreno muy sinuoso, todo el rato subiendo y bajando. A veces tenías la sensación de que estabas haciendo una arista del Pirineo, pero a ochomil quinientos metros de altitud.
–Pese a todas esas dificultades, llegó bien al C-IV. Los problemas vinieron al día siguiente.
–Exacto. Llegué de la cima al campo IV incluso mejor que Asier [Izagirre]. Llegamos a la tienda, bebimos algo, nos metimos en el saco, nos quedamos dormidos y ya está. Al día siguiente me levanté bien, pero cuando comenzamos a bajar hacia el campo III, hacía un calor exagerado. Es un ‘plateau’ de nieve inmenso y allí no sé qué me pasó. No se si fue el calor o qué, pero me hundí, me dio el bajonazo. Me senté, me quité la mochila y les dije ‘yo me quedo aquí’. Y es cuando empezaron a decirme ‘venga, un poco más, levántate y anda un poco más’, pero llegó un momento en que no podía. Inconscientemente, dentro de ti dices ‘te tienes que levantar de aquí’, pero el cuerpo no me respondía. Yo les veía a estos pobres que me arrastraban y hacían todo lo posible para que siguiese, pero mi cuerpo no respondía.
–¿No perdió la consciencia?
–Nunca. Yo me daba cuenta que me levantaban los pies o me arrastraban, o les decía ‘cogerme esto o lo otro’. La mente me respondía, pero el cuerpo no. Yo veía a unos metros un banderín y me decía, ‘venga Edurne, vamos a gatas, como los niños, a ver si así llegas’. Pero no podía, el cuerpo no se movía.
–¿Es la primera vez que te pasa algo así?
–Sí. Es como decir, ‘Pero Edurne, ¡Qué haces! Venga tía ¡Venga! No hagas tonterías, que tu cabeza está funcionando bien. Déjate de bobadas y vete hasta ese banderín’. Pero tu cuerpo no puede, y te sientes totalmente inútil. Hay momentos en los que hasta te sientes culpable y piensas ‘les estás tomando el pelo. Ellos aquí ayudándote y tú no les haces ni caso. Te estás inventado todo para que te lleven hasta el campo III porque tú crees que estás cansada’... ¡Uf!... Unas paranoias increíbles. Luego, encima se puso a nevar, se cerró el tiempo... Menos mal que al final subieron nuestros tres sherpas y nos ayudaron.
–Y se os hizo tarde.
–Claro, tardamos cuatro o cinco horas lo que se suele hacer en poco más de media hora.
–Viendo lo que sufrió, las congelaciones que tienes son mínimas.
–Desde luego. Pero es que además son del día de cumbre. Ya me había visto los dedos morados la noche anterior, en el C-IV.
–Y luego llegó la decisión de tomar oxígeno artificial.
–Sí. Cuando les explicaron lo que me pasaba, los médicos del CB decidieron que necesitaba oxígeno artificial, pero no había en el campo III. Entonces, Oriol [Rivas, de la expedición de Alberto Zerain], que había subido al C-I para esperarnos y traernos unos refrescos, le explicaron que las cosas se habían complicado y que yo necesitaba oxígeno. Entonces se lo pidió a los sherpas de una expedición americana. Su respuesta fue que la botella costaba 400 dólares a pagar al contado. Así estuvieron un buen rato regateando, hasta que convencieron por walkie al responsable del grupo, que estaba en el CB, que les íbamos a pagar cuando bajásemos. Y es cuando por fin pudo subir el oxígeno al campo III.
-¿Eras consciente de lo mal que estabas?
–Para nada. No era consciente de que estaba tan mal. De cabeza estaba bien…
–Pero sí hay un momento en el que les pides que te dejen allí.
–Eso sí. Además me puse así, como un fetillo [Edurne hace el gesto de un bebe que se acurruca] y les dije ‘dejarme aquí y lo, lo, lo ,lo’. Y estos me decían ‘que no, que no, vamos Edurne’ y éste [señala a Txikon] me decía ‘venga pitxin, sigue’ y me daba besos para que reaccionara y yo le respondía ‘¡Dejame en paz!’. Pero sin ser consciente de que parar significaba la muerte. Simplemente estaba cansada y quería descansar. Son pensamientos muy simples, elementales, sin darte cuenta de las consecuencias. Pero luego, había momentos que me decía ‘tengo que moverme y llegar al campo III’, mientras otra parte de mí quería dejarlo. Es como el diablillo y el ángel de los dibujos animados que revolotean sobre la cabeza y se pelean por convencerte cada uno de su idea. En otros momentos, por el contrario, me culpaba a mí misma y me decía ‘Edurne, lo estás haciendo a propósito para que te den mimos y te ayuden a bajar’, pero evidentemente no era así. Es una sensación muy muy extraña.
–¿Qué conclusiones has sacado de esta experiencia?
–Yo creo, y lo he comentado con los médicos y me lo han confirmado, que el problema fue que hice el ataque a cumbre con una bronquitis muy fuerte. Y la combinación de cansancio con la enfermedad tuvo ese resultado. Yo nunca había echado tanta sangre por la boca. Más que esputos eran cachos de carne sanguinolenta.
-¿En el K2 no llegaste a ese límite?
-No, no. Para nada. Allí estaba muy cansada y me llegué a quedar dormida, pero luego llegó Juan y me ayudo a bajar, pero sin tener esa sensación de desdoblamiento, de perder na noción de la realidad. En el K2 fue una bajada dura, pero llegué hasta abajo, poco a poco, pero llegué. Yo creo que el problema aquí es que estaba enferma antes de llegar a la cumbre. Por que si no, no es entendible que después del día de cumbre y de descansar y rehidratarme toda una noche me pase eso. No tiene lógica. Hubiese sido más lógico si me pasa bajando de la cima, pero no del C-IV al C-III. Por eso cuando he llegado aquí lo que más me ha preocupado es saber qué me pasó. Y efectivamente las pruebas han descartado cualquier edema. Con el doctor Kiko Arregi hemos llegado a la conclusión de que fue la combinación del cansancio con la bronquitis que tenía los días previos al ataque a cumbre.
-¿Ms. Ho, la coreana que está intentado hacer todos los ochomiles con oxígeno, te preocupa?
-Es que es otra guerra. Es una competición entre dos coreanas, como ya hicieron hace cinco años los dos primeros coreanos que completaron los Catorce. Las dos luchan por ser la primera de su país y para ello les vale todo. Ms. Ho, por ejemplo, tiene equipos trabajando exclusivamente para ella que llegan antes a la montaña, le preparan la ruta y luego ella llega, está unos días en el CB, se enchufa el oxígeno y para arriba. Pero lo que más me fastidia es que la tía miente. El otro día, después de que hiciese el ‘Kangchen’, una semana antes que nosotros, fui a su tienda comedor a felicitarla cuando le pregunté por sus planes me dijo que se iba para casa, que estaba echa polvo y que no pensaba subir el Dhaulagiri. Pero luego al rato, estuve hablando con sus sherpas, con los que tengo buena relación de otras expediciones, y van y me dicen que ahora se van para el Dhaulagiri para subir con ella. Eso me parece ridículo. Que mienta de esa manera. Pero si yo no voy a cambiar mis planes porque tú vayas o dejes de ir al Dhaula.
-¿Cómo definiría el Kangchenjunga?
-Es una montaña muy grande. Buscando una comparación, el K2 es muy grande, pero el ‘Kangchen’ es gigante, un monstruo al que te tienes que ir acercando poco a poco. Y es muy larga. Ir de un campo a otro no supone una ascensión con equis metros de desnivel, no. Supone una travesía en la que subes, bajas, sorteas seracs, cruzas glaciares… Es una montaña en la que debajo de ella te sientes muy poca cosa. No es una montaña, es todo un macizo en un circo muy grande. Técnicamente, además, continuamente hay tramos complicados que exigen instalar cuerdas. Y el día de cumbre es muy duro, porque entras primero en un corredor de nieve y luego son todo tramos rocosos, salteando viras con rocas y más rocas. El sitio es muy complicado.
-¿Qué se ve desde la cima?
-Es una cumbre muy bonita. Y sagrada, que no se puede tocar la punta. Como referencia, había una bandera nepalí con dos botellas de oxígeno un poquito más abajo, y era el límite al que los sherpas habían establecido que podíamos llegar. Ahí es donde nos hicimos la foto.
-En las imágenes de ‘Al filo’ Oiarzabal incluso parece hacer una reverencia.
-Sí. Cuando llegamos, Juanito se tumba y besa la bandera. Fue su forma de agradecer que habíamos llegado hasta allí arriba.
-El panorama debía ser impresionante.
-Sí, si. El paisaje es una pasada. Tengo un foto de 360º en la que se ve todo. El cielo estaba limpísimo. La cumbre es impresionante. Fíjate si estabamos bien y tranquilos que justo debajo de donde se nos ve en la foto de cumbre, empieza ya la roca y hay como una pequeña visera que hace una peña. Allí nos metimos debajo y estuvimos comiendo un poco de chocolate y bebiendo. ¡Como si estuviéramos en Pirineos!
-¿El que fuese tan tarde no os hizo dudar?
-Yo no me di cuenta ni qué hora era cuando llegamos a la cumbre. Me di cuenta a la mañana, sobre todo cuando amanecía, que podía ser un poco tarde, pero a partir de allí no hice caso. Luego nos cruzamos con los coreanos, que bajaban, sobre las once y media y nos dijeron que estabamos a hora y media de la cumbre. Nos pareció poco por que ellos estaban con oxígeno, pero quizás sí unas tres horas. Ése es el último momento que tengo de una referencia horaria. Y por supuesto no tardamos eso, pero es que arriba se complica mucho la ruta, con continuas subidas y bajadas. Hay un momento en el que llegas a una especie de chimenea potente, de unos diez metros, que hay que rapelarla, y cuando llegas abajo te metes en una zona de rocas y continúas por unas viras. Encuentras bloques de rocas como una casa de grandes. Y claro, luego, en el descenso, hay que hacer todo eso en sentido inverso y subir esa chimenea que antes habíamos bajado. De verdad es muy muy complicado.
-¿Tras esta cumbre ves por fin Los Catorce a tu alcance?
-Hombre, sí que los veo más cerca. Mucho más cerca. Creo que me he quitado un buen hueso. Antes de hacer al ‘Kangchen’ yo me decía que no me tenía que emocionar con Los Catorce hasta no subirlo. Y lo que ha pasado y hemos sufrido ha confirmado eso, que era muy duro de pelar.
-¿Podrás mantener los planes de intentar en otro el Shisha Pangma pese a las congelaciones?
-El doctor Kilo Arregi me ha dicho que sí, que sin problemas si este verano me porto bien y no ando por nieve ni sitios fríos. Que entrene bicicleta y al sol, y que para septiembre fijo que podré ir. Además el Shisha es un ochomil justo, bajito, así que sin problemas. Cuando me lo ha dicho me he animado mucho, porque recordaba la larga recuperación del K2. Pero esto no tiene nada que ver.
-¿Has hablado con tu amiga Gerlinde Kaltenbrunner tras hacer cumbre?
-No. No he tenido ocasión.
-Ya sabes que al día siguiente que tú ella hizo el Lhotse.
-Ya, ya me lo comentaron. Hemos hablado durante la expedición y espero poder llamarla en cuanto pueda.
-¿Y qué tal la relación con Nives Meroi en el campo base?
-Rara, muy rara (Edurne sonríe). En cuanto me veía se escapaba. La verdad es que es una tía más rara que la leche. Y por lo que me han dicho se dio la vuelta por su marido.

-De los ochomiles que has hecho cual es la cumbre más bonita, la más fea y la que nunca volverías.
-¿Volver? ¡A ninguna! (Edurne ríe con ganas). A ver, en serio, la más bonita no sabría decirte. Yo creo que todas han tenido su historia bonita. Yo creo que el conjunto de poder escalar todos esos ochomiles y conocer el himalaya, es lo bonito de todo. Compensa todas las penalidades sufridas. Y sobre todo por los países que he conocido. El vínculo que tengo con Nepal, con su gente... Eso no se paga con nada. Es los más importante de todo.
-Y tu madre que dice de todo esto (está en la habitación y ha asistido en silencio a toda la conversación).
-Pregúntaselo a ella… ja ja ja… (su madre rehuye contestar y sólo explica su alegría por tener a su hija allí, junto a ella).
29 May 2009
El lemoarra Alex Txikon (28 años) se convirtió en un inesperado ángel de la guarda para Edurne Pasaban en el dramático descenso del Kangchenjunga. Su emocionante relato evidencia los malos momentos vividos, pero también su determinación para sacar a la tolosarra de aquella situación.
-¿Cómo fue el día de cumbre?
-Muy muy largo. Quedamos para salir a las doce de la noche. Pero ya a las diez, mientras estábamos con los preparativos, haciendo agua y demás, notamos que el viento empezaba a soplar con fuerza. Y no paró hasta la una y pico, así que estuvimos esperando a que amainara. El caso es que al final salimos para cumbre a la una y media. Así que ese fue el primer retraso.
-¿Porqué fue tan larga la subida? ¿Era lo previsto u os retrasó algo?
-Nada en especial, pero hacía mucho frío también y fuimos un poco más lentos de lo normal. Además, los primeros tramos eran muy empinados y al hacerlos de noche vas con más cuidado. Todo eso nos fue retrasando poco a poco. Estuvimos tres veces a punto de darnos la vuelta. Asier (Izagirre) por que tenía mucho frío, Juanito (Oiarzabal) por que íbamos lentos y se iba a hacer muy tarde, y Edurne, al ver las dudas de los otros dos también comentó para bajarnos. Pero yo lo tenía muy claro. Cada vez que lo comentaban yo les gritaba “¡Para arriba, para arriba!”. Por fin, en la tercera intentona de darse la vuelta les chillé “¡Venga, por favor, venga equipo, que hay que subir!”. Le dije entonces a Ferrán (Latorre) que se pusiese a tirar por delante mientras yo cerraba el grupo y así siguieron hasta arriba. Así que al final hicieron cumbre por mí y el que me quedé sin ella fui yo!
-¿Qué te pasó para no llegar a la cima?
-En el torreón final, ellos se metieron a la derecha y yo, que iba un poco rezagado, tranquilito, sacando fotos y filmando, me desvié un poco a la izquierda y llegué a un punto bastante técnico unos cuarenta metros por debajo de la cumbre. Volví a bajar para ir por el otro lado, pero entonces vi a Ferrán que bajaba y pensado que si yo seguía para arriba podía retrasar al grupo me bajé con él. ¡Y luego resulta que estuvimos más de hora y media esperándoles un poco más abajo! Estuve casi dos horas a media hora de la cumbre. ¡Fíjate si hubiese tenido tiempo de llegar a la cima! Pero bueno, no llegué hasta el punto más alto, aunque para mí, personalmente, como si hubiese hecho cumbre, vamos. Estaba allí mismo. Al lado, al lado…
-O sea que no fue un problema físico…
-No, no, para nada. Simplemente que era un terreno en roca, con poca nieve, donde la huella apenas se veía y vas a lo tuyo, disfrutando de la ascensión y las vistas, tras haber hecho lo peor, y yo me desvié un poco…
-Y no tienes un poco de frustración por haberla tenido tan cerca y no haber llegado?
Bah… No… hombre, un poco de pena sí que te da. Da pena por que dices, “joer, no haber pisado la cumbre teniéndola tan cerca…”. Pero, de verdad, para mí personalmente es como si hubiese llegado a la cima. Me he quedado satisfecho como si la hubiese hecho. Además yo soy un tío conformista, tranquilo, porque mis compañeros, y sobre todo Edurne, que es por la que estábamos allí, llegaron hasta arriba y yo es algo que no necesito, por que no estoy metido ni me interesa lo de los catorce ochomiles.
-Y la bajada…
-Ferrán y yo nos adelantamos y llegamos al campo IV sobre las ocho de la noche. Por detrás vino Juanito, y por último Edurne y Asier. Todo sin problemas. Muy cansados, pero bien. Fíjate. Igual el que peor bajó de la cumbre fui yo, por que tenía muchísimo sueño y en algún momento que paré a descansar me quedé dormido. Y cuando Ferrán me vino a despertar le debí de decir alguna incongruencia, según me contó luego.
–El día siguiente, el de la bajada del campo IV al III comenzó con normalidad.
–Si. Madrugamos, desmontamos el campamento y comenzamos a bajar. Íbamos todos en grupo, sin novedades. Hasta que Edurne empezó a ir muy lenta y a quedarse rezagada. Primero le cogí su mochila y me quedé cerca de ella mientras los demás seguían a su ritmo. De pronto se sentó, me acerqué a ella y vi que ya no reaccionaba. ‘¡Ostras!’ pensé, ‘hay que hacer algo rápidamente’. Llamé a Ferrán, que venía también un poco rezagado, y a Juanjo Garra [del grupo de Alberto Zerain], que también bajaba con nosotros, le dije que bajase corriendo al C-III a buscar ayuda. Al verla allí tumbada me dije ‘hay que sacarla de aquí como sea’, le dimos un miligramo de Fortecortín (Dexametasona), y empezamos el descenso. A partir de ahí la situación se puso cada vez peor. Del sol y el calor con el que salimos del C-IV pasamos a una ventisca y una nevada impresionante, y sin casi visibilidad. Me eché a hombros a Edurne y la bajé un rato, cien o doscientos metros, antes de quitarnos las mochilas y abandonarlas, porque no hacían más que molestarnos.
–Fue un momento verdaderamente duro.
–Malo. Pero malo, malo. Fue cuando Edurne comento a decir ‘dejarme aquí, dejarme aquí, por favor’. Yo peleaba con ella para que no se durmiera, unas veces dándole mimos y otras enfadándome con ella, gritándole o raspando su cara con mi barba para que reaccionara. Al menos, en esos momentos me decía ‘jo, que pesado Alex, déjame en paz’. Yo le insistía: ‘Edurne, por favor no te me duermas. Siente tu cuerpo, ayúdanos a caminar. Camina por tu familia, acuérdate de la gente que te quiere’… le daba de beber… Y así durante todo el descenso. Hubo momentos en que no sabíamos ni como bajarla. Al principio la arrastrábamos por la nieve. Luego, cuando el medicamento le hizo efecto y se pudo poner de pie, la bajamos sujetándose en nuestros hombros. El problema es que había tramos muy técnicos, con rapeles y todo.
–Además, Edurne perdió sus guantes.
–La verdad es que no entiendo cómo no he bajado con congelaciones en las manos, porque en un momento dado nos dimos cuenta de que no llevaba guantes y yo le dejé mis manoplas. ¡Hice todo el descenso con las manos a pelo!, con una nevada y una ventisca alucinantes y ¡mira! [Alex levanta entonces con indisimulado orgullo las manos, que en las puntas de los dedos muestran el característico color amarillo de una incipiente congelación), ¡no tengo nada¡ Yo creo que fue toda la tensión que viví y el continuo trajín con ellas lo que evitó que se congelaran. Para que te des cuenta de lo que pasamos, del C-IV al C-III se baja normalmente en apenas cuarenta minutos y nosotros tardamos unas cinco horas. Y ya como colofón, justo antes del C-III hay que subir un gran serac y bajarlo por el otro lado. Y cuando estábamos buscando el modo de hacerlo ya aparecieron los sherpas, que nos ayudaron a llevarla hasta las tiendas de campaña. Y encima Edurne iba un pelín mejor al perder altura.
-Y en el C-III hubo que tomar la decisión de seguir bajando a quedarse a dormir.
-Sí. Primero decidimos que Juanito y Asier siguieran bajando, que eran los que estaban más cansados. Y enseguida vimos que para Edurne era demasiado, que no podía seguir bajando. Ella nos decía “por favor, por favor, marcharos todos” y se quería quedar con un sherpa. Pero yo, después de haber bajado con ella hasta allí, tenía claro que no iba a dejarla sola. Así que nos quedamos a pasar la noche. Y Edurne volvió a empeorar otra vez.
-A qué te refieres.
-A que empezó a echar sangre por la boca. Dos esputos de sangre muy grandes que a ella le asustaron mucho porque nunca le había pasado algo así. Y cuando se intentaba recostar se ahogaba. Eran claros síntomas de edema pulmonar y yo pensaba ‘Joder, y el oxígeno [que habían pedido a otras expediciones] que no llega’. Y Edurne cada vez más apurada… Y así aguantamos hasta que llegó el oxígeno, sobre las diez de la noche. Entonces nos quedamos más tranquilos, pero fue una noche muy muy larga.
-¿Y tus congelaciones?
-Yo estoy convencido que me las hice esa noche, porque estaba tan cansado que me quedé dormido con los botines atados y la sangre no me circuló bien por los pies.
-A la mañana siguiente seguisteis bajando.
-Sí. Al día siguiente Edurne estaba muy recuperada tras haber recibido el oxígeno y bajamos al C-II, donde nos estaban esperando los demás, y de allí bajamos ya sin más contratiempos hasta el Campo Base.
-Fue entonces cuando comenzó tu particular calvario.
-Si. Desde el día de cumbre no me había quitado las botas y los pies se me empezaron a recalentar por las congelaciones. Era como si me estuvieran clavando miles de agujas en los dedos. ¡yo me quería morir! Pero bueno, al final tampoco ha sido para tanto y no nos va a tener que cortar nada. El viernes nos dan de alta y luego tenemos un mes mas o menos de curas y reposo ¡Yo que quería hacer ahora una temporada con el hacha de la de Dios!, con
-¿Ha sido la experiencia más fuerte que has vivido en un ochomil?
-Si. Ver a Edurne allí tumbada, que no reaccionaba… fue muy duro. Yo pensé que se nos moría, la verdad.
-¿Y el Kangchenjunga? ¿Qué te ha parecido la montaña?
-El monte es muy duro, pero yo creo que subimos bien. Hombre, luego oyes que uno sube en cuatro horas, el otro en dieciocho… pero claro, aprovechando el trabajo de los que hemos ido por delante. Y la verdad es que estoy hasta los huevos de que venga la gente criticando, que esto y lo otro del equipo de ‘Al Filo’. Y luego esa gente te roba el gas, te roba la comida, se meten en tu saco, se meten en tu tienda… es que ¡joder! Toda esa gente que corre tanto, si es tan buena como dice, lo que tenía que hacer es coger y abrir nuevas rutas o irse al pilar oeste del Makalu en estilo alpino, como hacen otros. Esas son las cosas que te dan un poquito de rabia.
-¿Os robaron en los campos de altura?
-Cuando llegamos a las tiendas del campo III en el ataque a cumbre nos encontramos con que nos faltaba gas, comida… nos cogieron de todo. Como al final estuvimos un día entero y dos noches esperando a que el tiempo mejorase, durante todo ese tiempo estuvimos prácticamente sin poder comer nada, y bebiendo lo justo, porque se lo habían llevado casi todo Yo no quiero culpar a nadie, pero desde luego hubo alguna expedición cuyo comportamiento dejó mucho que desear.
-¿Dónde está la dureza del Kangchenjunga?
-El día final. Es muy muy técnico. Y a esa altitud… Lo demás muy bien. Y creo que también hemos tenido mucha suerte con el tiempo
-¿Entonces no vas a volver para quitarte la espina de esos cincuenta metros finales?
-Ja, ja, ja, ja. ¡Jo, pues no lo sé! No creo, ¿no? Hombre… la verdad es que me quedado con la cosa esa de que no he pisado la cumbre, pero bueno. Los que me conocen ya saben que yo a por Los Catorce no voy. Tengo otros proyectos, otras cosas en mente para hacer en Nepal…Por ejemplo, en octubre, tras hacer el Shisha Pangma, quiero volver en moto desde allí. Por lo demás te queda esa cosilla dentro de no haber llegado hasta arriba, pero bueno… Antes me iría al Pilar Oeste del Makalu, que ya intentamos en ‘Al Filo’ hace tres años y no tuvimos suerte. Allí sí tengo que volver.
21 May 2009
Aquí tenéis la impresionantes imágenes de Edurne Pasaban, Juanito Oiarzabal, Asier Izagirre en el momento de llegar a la cima del Kangchenjunga, gentileza de www.rtve.es. Eran poco más de las 16.45 (hora nepalí) del 18 de mayo cuando los miembros de la expedición de Al Filo pisaban la cumbre, a , a 8.586 metros de altitud.
El primero en pisar la cumbre, el solitario, fue Ferrán Latorre, que lo hizo casi dos horas antes que el resto de los miembros del equipo. En las imágenes se puede ver primero llegar a Juanito, y segundos más tarde lo hicieron Edurne y Asier -el que grababa el vídeo- junto con uno de los sherpas de altura de la expedición, Pasan Sherpa.
Como es tradición, y por tratarse de una montaña sagrada, ninguno de ellos pisó la cumbre propiamente dicha sino que se quedaron a menos de un metro del punto más alto, para no ofender a los dioses.
Alex Txikon se dio la vuelta a escasos metros de la cima, mientras que el otro miembro de la expedición, el médico asturiano Jorge Egochoaga, se dio la vuelta en el Campo 4 (a 7.800 metros de altura) debido a la bronquitis que sufría, que mejoró en cuanto descendió de altura.
Tras dos días de descenso, agotados y algunos de ellos con leves congelaciones, Edurne y Alex han sido evacuados esta misma mañana en helicóptero del campo base y ya están en katmandú, donde en las próximas horas cogerán un avión rumbo a España, donde inmediatamente serán trasladados a la la clínica IMAZ de Zaragoza, donde el doctor Kiko Arregi, una de los mejores especialistas del mundo en congelaciones, les tratará de sus lesiones.
El resto del equipo de Al Filo también regresará en helicóptero hasta la capital nepalí en las próximas horas (la aeronave es pequeña y en el primer viaje sólo podía transportar dos pasajeros, por lo que los primeros en ser evacuados fueron Edurne y Alex) y también emprenderán su vuelta a casa en breve.
En este otro vídeo, también gentileza de www.rtve.es, podéis ver la llegada al campo base de una agotada y emocionada Edurne.
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