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24 Jun 2008

Ha comenzado ya la temporada en el Karakorum y los cinco ochomiles de Pakistán reciben ya el asedio de cientos de alpinistas (un día de estos os cuento las primeras ascensiones del verano). Sin embargo, habrá una baja significativa: Gerlinde Kalterbrunner, la austriaca que encabeza, con once (junto con la italiana Nives Meroi), la carrera femenina por ascender los catorce ochomiles, ha anunciado que este verano no intentará el K2, su objetivo para los próximos meses. El argumento esgrimido son los problemas físicos que sufrió hace poco más de un mes en el Lhotse, que intentó enlazar con la ascensión al Dhaulagiri, donde coincidió en la cumbre con Edurne Pasaban.
Efectivamente, Gerlinde y su marido Ralf Dujmovits se las prometían muy felices en el vecino del Everest. De hacer cumbre,el alemán, que venía de hacer cumbre en el Makalu, habría terminado los Catorce. Pero las cosas se complicaron. El desgaste que ambos sufrieron en el Dhaulagiri y el Makalu fue mayor de lo que creían y en el Lhotse sufrieron problemas físicos y principios de congelación que les obligaron a darse la vuelta no muy lejos de la cumbre.
Y ahora ha llegado la renuncia de Gerlinde al K2, una decisión más que acertada, ya que la segunda montaña más alta del planeta exige plenitud de forma para afrontarla con garantías. Esta decisión puede permitir a Edurne Pasaban alcanzar a la austriaca y a la italiana Nives Meroi (aún recuperándose de un accidente el otoño pasado en el Makalu) el próximo otoño, en el que la tolosarra intentará el Manaslu. (En la foto, Edurne y Gerlinde en la cumbre del Broad Peak. Colección Edurne Pasaban).
Hablando de sustos en el Lhotse, el de Carlos Pauner sí que fue realmente serio. El aragonés sufrió un principio de edema cerebral (lo supo más tarde) y gracias a que las escasas fuerzas que le quedaban le permitieron un momento de lucidez en el que decidió darse la vuelta a apenas doscientos metros de la cumbre, porque si no, ahora el relato sería bien distinto.
El caso es que Pauner, que también había ascendido el Dhaulagiri unos días antes, confió en sus fuerzas y en la aclimatación lograda en La Montaña Blanca y planteó la ascensión al Lhotse como "subir a un tresmil en Pirineos". Dicho y hecho,: llegó al Campo Base (el mismo del Everest), esperó un par de días a que los partes meteorológicos fueran buenos, se echó la mochila al hombro y tiró para arriba... Y así le fueron las cosas. Carlos cuenta que ya subiendo en la zona baja notó cierto cansancio. Y luego, arriba, se rozó la tragedia. Incluso fue auxiliado por varios alpinistas españoles que descendían del Everest (El Lhotse y el Everest comparte ruta hasta el campo III), que le suministraron oxígeno y le ayudaron a descender hasta el CB.
Definitivamentem, no hay nada como perderle el respeto a la montaña, sea el Lhotse, el Aneto o el Gorbeia, para jugarte la vida.

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26 May 2008

Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es una mujer feliz. Acaba de subir su décimo ‘ochomil’ en una ascensión rápida y limpia y ve más cercano el final del reto de su vida: ascender los catorce ‘ochomiles’ del planeta. Atrás han quedado ya algunos fantasmas que hace unos meses sembraron de nubarrones el objetivo y ahora mira ya hacia el futuro con optimismo. Y con ganas de cerrar este capítulo de su vida para poder abrir otros, como el de la maternidad. Pero los ‘ochomiles’ no ofrecen tregua y, recién llegada de su ascensión al Dhaulagiri, recibía como una sopapo la muerte de Iñaki Ochoa de Olza, un amigo muy especial para ella.
–¿Esperaba ese desenlace para Iñaki Ochoa de Olza?
–Le conocía, era un alpinista muy fuerte y nunca pensé en ese final, confiaba en que saldría adelante, aunque también era consciente de que las posibilidades eran pocas, sobre todo según iban pasando los días y no conseguía salir de allí arriba. Siempre es duro recibir una noticia así, pero en este caso además era un buen amigo y ha sido una persona muy cercana a mí. Aún no me había levantado cuando me llamó Alex Txikon a primera hora de la mañana para decírmelo. Me quedé dos horas en la cama, sin reaccionar, dándole vueltas a todo.
–¿Ante una noticia así no dan ganas de dejarlo todo?
–No. Merece la pena lo que hacemos. Sabemos que puede pasar. Y nunca creemos que nos va a tocar tan cerca. Aunque nos toca. Pero dejarlo, jamás. Esas montañas son nuestra vida, nuestra libertad. Y sabemos que el precio a pagar a veces es alto. Pero hacemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona. Es nuestra vida.
–El Dhaulagiri ha sido su décimo ‘ochomil’. ¿Ve más cerca el final?
–Un poco más cerca sí. A veces sí que lo siento más cerca. Pero tambien soy consciente de que me quedan cuatro. Y muy difíciles. Sobre todo Kanchenjunga y Annapurna, que son dos montañas duras. Así que lo veré más cerca cuando vaya con doce. Con diez todavía queda un largo camino.
–Ahora que se va acercando al final, ¿se siente presionada?
–No especialmente. He dejado siempre muy claro que los cuatro que me quedan tengo que hacerlos tranquilamente. Porque si me obsesiono con ellos el factor del riesgo se dispara. Así que los voy a hacer muy tranquila. Hombre, viendo como van mis ‘rivales’, entre comillas, Gerlinde (Kaltenbrunner) y Nives (Meroi), tendré que espabilar un poco si quiero ser la primera. Pero desde luego, por mi entorno y los patrocinadores no me siento presionada para nada.
–¿Y por usted misma?
–Tampoco. Yo me he planteado esto en dos o tres años y creo que tengo tiempo suficiente para hacerlo. Hombre, si dentro de un año no he subido ningún ‘ochomil’ más entonces seguramente sí que me sentiría presionada. Pero por ahora no. He cumplido en el Dhaulagiri el primer plazo y todo va bien.
Las ‘rivales’
–¿Y si al final es la segunda o la tercera en acabar los ‘ochomiles’?
–No creo que me sentiría muy diferente. Tampoco va a cambiar mucho la vida ni de Edurne, ni de Gerlinde ni de Nives por esto. La primera que lo consiga pasará a la historia y estará en los libros. Pero no creo que por ello vaya a tener más trabajo ni sea más que las otras. ‘Guay’ para la primera, porque será eso, la primera. Es lo que buscamos las tres, aunque no haya competencia entre nosotras. Pero, al final, lo importante es terminar los catorce para una misma. Y si soy la primera, mejor. Pero lo haré para mí. Gerlinde y yo pensamos eso. Los hemos hablado mucho en esta expedición y las dos lo tenemos claro.
–Gerlinde lleva un ritmo tremendo.
– Está claro que ella va mucho más a saco que yo. Va a un ritmo mucho más fuerte. No sé si porque está presionada o porque los austriacos son más cuadriculados en los planteamientos una vez que se marcan un objetivo, mientras que nosotros somos más relajados.
–Ha coincidido con ella en los dos últimos ‘ochomiles’. ¿Su relación sigue igual de bien?
–Es una pasada. Mantenemos el contacto continuamente, no sólo en las expediciones. Por ejemplo, acabo de recibir un ‘e-mail’ suyo en el que me cuenta que está esperando a su marido, Ralf Dujmovits, que ha subido el Makalu, para irse juntos al Lhotse, que les falta a los dos. Y me contaba que ha estado superpreocupada porque no ha sabido nada de él, que si los hombres cómo son… Lo que quiero decirte es que nuestra relación es de todo menos de rivalidad.
–¿Qué tienen cada una de las tres a favor y en contra para ser la primera en acabar Los Catorce?
–Antes pensaba que Gerlinde y Nives tenían la ventaja de sus maridos, que siempre iban a escalar con ellos. Y no por el hecho de que fueran sus maridos, sino porque vivían en un entorno familiar que giraba también sobre su objetivo de terminar los ‘ochomiles’. Y yo me sentía un poco sola. Pero ya no es así. De otra forma, con un programa de televisión, un patrocinador y un entrenador, pero ahora también me siento arropada en torno al mismo objetivo. Son personas que saben lo que quiero y lo ponen todo de su parte para que lo logre. Es un equipo que trabaja para lograrlo conmigo. Y ya no siento esa soledad de antes.
–Antes hablábamos de la presión de acabar...
–A ellas las veo más obsesionadas que yo para terminar Los Catorce. Mucho más. Muy obcecadas en ello. Yo desde luego quiero terminarlos y me gustaría ser la primera, pero hago las cosas más pausadas y pensadas. A otro ritmo. Valoro mucho, mucho la vida. Y eso no quiere decir que ellas no la valoren, pero su vida sólo la basan ahora mismo en terminar Los Catorce. Y yo no.
El final
–De momento Gerlinde tiene ventaja.
–Sí.Y yo creo que será la que acabe primero. Si no le ocurre nada. Lo que pasa es que le queda un hueso muy duro que es el K2. Pero es la que más boletos tiene. Y la que más me gustaría, si te soy sincera, que acabase primera. Es una gran persona y una muy buena alpinista. Se lo merece.
–¿Y Nives?
–Es mayor que nosotras, de otra generación. No la conozco tanto como a Gerlinde, aunque veo que está obsesionada con terminarlos. Se ha metido a saco en esto y no mira por lo demás. Incluso ha tenido alguna disputa con Gerlinde, contra la que se querelló porque hizo algún comentario sobre las dudas que existen de la ascensión de Nives y su marido al Dhaulagiri. Y no es algo que diga Gerlinde, es algo de lo se duda en el mundo de alpinismo... Y una persona que va de este modo por la vida se ve claramente lo que quiere...
–Y cuando acabe los catorce, ¿será el final?
–Seguramente el final de los ‘ochomiles’ sí. No me veo como Juanito haciendo 22, 25 o no sé cuántos. Me veo haciendo montaña, y seguramente el Himalaya no lo voy a dejar nunca porque me gusta ir allí y estar con su gente. Pero desde luego no voy a seguir haciendo ‘ochomiles’ como loca.
–¿Antes de dejarlo se plantea hacer el Everest sin oxígeno?
–Sí, sí. Primero vamos a terminar los catorce, pero desde luego sí que me lo planteo. Sí que me gustaría intentar el Everest sin oxígeno. Sería el final. La mejor forma de cerrar el ciclo de los ‘ochomiles’.
–Con la perspectiva de que fue su primer ‘ochomil’, ¿se arrepiente de haberlo hecho con oxígeno?
–No. Porque creo que cada cosa hay que hacerla en su momento y como viene. Y yo, en 2001, no tenía la experiencia que tengo ahora. Entonces, el Everest para mí era una fijación. No me planteaba para nada Los Catorce y lo único que quería era subir al Everest. Primero lo intenté sin oxígeno y al final me costó ¡tres años! Así que no me arrepiento para nada de lo que hice entonces ni de cómo lo hice.
–¿Tiene miedo al vacío que se siente tras concluir algo que se ha convertido en el objetivo de su vida?
–Aunque esas cosas hasta que llegan no sabes si te van a pasar y cómo vas a reaccionar, yo creo que no. Porque ahora me falta tiempo para hacer otras muchas cosas. Y la maternidad es algo que también me va a llenar muchísimo cuando acabe con esto. Así que no me van a faltar ocupaciones ni preocupaciones. Van a llenar con creces el espacio que ahora ocupa la montaña. No sólo no tengo miedo al vacío, sino que quiero terminar con esto para poder empezar a hacer otras cosas.
–Tiene muy claro lo de ser madre.
–¡¡¡¡Síííí!!!! La maternidad será mi decimoquinto ‘ochomil’. Al menos lo espero. Por eso me marco el límite de acabar los catorce en dos o tres años. Para poder pasar a otras etapas de mi vida que también quiero hacer y que de momento tengo aparcadas, como tener una pareja, un hijo… ahora tengo un sobrino al que estoy todo el día dando la lata cuando estoy en casa. ¡¡¡¡Tengo el instinto a flor de piel!!! ja ja ja ja. Llevo dos años que no sé qué me pasa… Ahora que hay pastillas para todo, tendrían que inventar alguna que calme el instinto maternal… ¡¡Ja ja ja!!
–No sé si preguntarle si ya ha elegido el padre.
–¡Noooo!. Eso no lo tengo aún elegido. ¡¡Este es el problema!! Ja ja ja. De todas formas, ahora la ciencia ha avanzado una barbaridad, así que si no encuentro uno que me guste no lo necesito. Pero esto no lo pongas, no vaya a ser que asuste a los posibles candidatos y no encuentre ninguno… (Edurne vuelve reír con ganas).
–Hablemos de los ‘ochomiles’ que le faltan: el Manaslu.
–Para mí es un desconocido. Nunca he estado ni he oído hablar mucho de él. Aquí, en Euskadi, por ejemplo, han ido poquitas personas. Iremos este otoño y no sé si es la mejor época, porque se carga bastante de nieve en el monzón. Por lo demás no es una montaña muy complicada. El problema es la nieve y que es muy fría. Nuestras posibilidades dependerán mucho del monzón que haga.
–Shisha Pangma.
–He estado ya dos veces. Para subir tengo que ir por la cara sur. El año pasado estuvimos por la norte, por la que es una montaña ‘facilita’ entre comillas, por lo menos hasta la cima secundaria. Pero creo que la ruta para hacerlo es la Británica, por el sur. Cuando estuvimos allí subimos hasta los siete mil y pico, y me parece una vía muy bonita y divertida.
–Annapurna.
–Bueno, después de la experiencia del año pasado al menos ya sé a dónde voy. La clave del Annapurna es saber elegir por dónde subir y cuándo. Por mí, la dejaría para el final, pero la gente me dice que no lo haga. Podríamos ir por la vía del año pasado. Sobre todo porque ya la conozco. Ir al Annapurna por una vía que ya conoces, en la que sabes dónde vas a encontrar los problemas, es un plus muy importante. Pero, bueno, ya veremos cuando llegue el momento.
–Tras darse la vuelta el año pasado dijo que fue la mejor decisión. ¿Sigue pensando igual?
–Para nada. Ahí la cagué. Tenía que haber aguantado más. Lo que pasa es que me encontré un poco sola. Iván (Vallejo) y Fernando (González) iban por delante, abriendo ruta (ambos hicieron cumbre al día siguiente). Asier (Izagirre) se puso enfermo y yo me quedé sola en el campo 3. Y soy una persona que afronto todo, pero siempre necesito a alguien al lado que me apoye. Me equivoqué. Tenía que haberle echado más cojones y haber tirado para arriba. Ahí fastidié una buena oportunidad para quitarme el Annapurna. Pero, bueno, las decisiones se toman sobre la marcha y es mejor no darle más vueltas.
–Kanchenjunga.
–Uf,.. es la más alta que me queda. Muy alta... un montañón. A la que va poca gente, así que habrá que currar mucho... Iván dice que es muy chula y muy noble. Pero es que todo lo que tiene de noble lo tiene de alta. Y eso asusta. Porque últimamente hemos estado en montañas más bajas, al límite de los ocho mil metros, y los pies ya andan pasando penurias... Creo que la dejaremos para la próxima primavera e iremos mentalizados de que será la única expedición del año, como hice en el K2 en 2004.

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05 May 2008

Hay ochomiles que, cuentan quienes los han subido, no son técnicamente difíciles muy difíciles de ascender, pero arrastran un halo de tragedia que les convierten en montañas malditas, desagradables para los alpinistas. El Dhaulagiri es una de ellas. La 'montaña blanca' atesora varias leyendas negras de accidentes y desapariciones, incluido el cádaver que marca la ruta en el tramo final, justo antes de la arista cimera. Allí murió, en el fatídico Campo 2, Chantal Maduit, Pepé Garcés o, el año pasado, Santiago Sagaste y el navarro Ricardo Valencia. Edurne Pasaban y el mismo Iván Vallejo han necesitado tres intentos para hollarla, por fin, este año. Los hicieron el pasado primero de mayo.
Casi 20 alpinistas hicieron cumbre. Sin mayores problemas que los lógicos del cansancio y el frío. Este año por fin parecía que todo iba a salir bien en el Dhaula. Pero la montaña aguardaba al descenso para cobrarse su tributo. El tarraconense Rafael Guillén, miembro de la expedición Himalaia-Maestrat, de Castellón, falleció despeñado cuando auxiliaba a su compañero de expedición Jesús Morales, que bajaba con problemas de congelaciones y agotamiento de la cima.
Por circunstancias que todavía no están claras, el alpinista catalán, perdió pie y se precipitó ladera abajo, donde un tercer miembro de la expedición que también subía a auxiliar a su compañero, David Ferrer, lo encontró ya cadáver. Finalmente, fue el propio Ferrer quien auxilió a Jesús Morales y le ayudó a bajar hasta el campo base. La tragedia puede ser aún mayor, ya que con Morales hizo cumbre un escalador argentino, Christian Vitry, de quien se separó durante el descenso y del que no se han vuelto a tener noticias. Además, del compañero de Vitry, que no llegó a la cumbre, Dario Bracali, tampoco existen noticias por el momento.

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