18 Abr 2008
El oso 'Camille', ese viajero solitario e itinerante que recorre cada primavera desde hace 25 años los rincones del valle del Roncal (Navarra), está muy enfermo. El pasado 9 de abril fue avistado por última vez por los guardas de la zona de Garde, que constataron su deplorable aspecto.
Un avistamiento realizado hace año y medio permitió observar los primeros síntomas de la afección de sarna (un ácaro parásito llamado sarcoptes scabiei) en la pelambrera del plantígrado. Ahora sus efectos son claros y bien visibles en la zona del lomo y los cuartos traseros del animal.
Según explican los veterinarios de Medio Ambiente del Gobierno Foral el avance de la sarna se debe, especialmente, a la avanzada edad del animal, que es incapaz de regenerar la piel en la zona enferma. El animal supera los 25 años, la edad máxima media de longevidad de los osos, y punto en el que comienzan su declive vital, que suele ser muy rápido.
'Camille' (Camilo en francés) reside casi todo el año en el valle desde 1998, cuando llegó procedente de la vertiente francesa y hasta la fecha es el único representante de esta especie en la comunidad navarra.
Los guardas de Roncal explicaron que el encuentro con el renqueante Camille se había producido los días 5, 8 y 9 en Garde, en la zona del puerto de Matamachos. Llegaron a estar a 10 metros del animal, que despistado y a su aire, se estaba comiendo una vaca muerta. Este hecho, el que no se percatara de la presencia humana, hace suponer que el oso está muy enfermo, incluso sordo, y que tenga los días o los meses contados.
Mientras 'Camille' rumia su soledad y soltería entre los abetales de Roncal y Ansó, otro oso (ursus arctos) conocido como 'Aspe Oeste' se ha aproximado a la zona de Larra. Su territorio son el valle de Hecho (Huesca) y los bosques del Pirineo francés, aunque es muy aficionado a realizar largos recorridos. La guardería cree que puede haber establecido sus cuarteles en la zona de Aztaparreta (Larra), en los altos de Isaba.
Contando a 'Camille' y 'Aspe' la población de osos en la zona occidental de los Pirineos incluye además a 'Neré' y 'Cannelito'. Los cuatro son machos y por tanto el futuro de la especie no resulta esperanzador.
Hilando con lo anterior, un compañero de vagabundeos montañeros me preguntó acerca de la existencia de osos en el País Vasco y terrritorios aledaños, y si hubo, cuando desaparecieron. Rebuscando en libros y viejas publicaciones, que supongo serán fiables, he extraído los siguientes datos:
1. El último oso del valle de Carranza (Vizcaya) fue abatido en 1816, en la zona del pico Santipiñia, cerca del barrio de Lanzas Agudas. Hasta aquí la información escueta.
2. El último ejemplar del macizo de Gorbea fue muerto por vecinos de Orozco en 1819.
3. Y finalmente 'the last', el llanero solitario del Duranguesado, fue emboscado y abatido por un cazador vizcaíno el 30 de agosto de 1871, en los roquedos conocidos como Eskubaratz o Eskuagatx. En su tiempo, y aún persiste la duda, se caviló y mucho acerca de su supuesta fiereza. Incluso se dijo que se había escapado de un circo ambulante.
En las tierras burgalesas de la Cordillera Cantábrica también hubo osos y muchos, aunque es difícil localizar datos. Tengo oído que el último ejemplar de la zona de Espinosa de los Monteros y Sotoscueva fue cazado en los bosques de La Engaña a finales del siglo XIX. Agradecería que si alguien tiene alguna información adicional, me la facilitara.
Finalmente recordar que en la Sierra de La Demanda burgalesa, concretamente en la zona de Pradoluengo, también hubo animales de esta especie. Y debieron ser muy numerosos, puesto que hay un camino que se conoce como 'Senda del Oso'. Esta documentado que el último ejemplar fue cazado en los hayedos de Valmala en 1830.
Al otro lado de la sierra también hubo población osera. En Hortigüela existe el 'Museo del Oso'. Allí se expone un esqueleto muy bien conservado de un oso pardo (Ursus arctos) al que sobrevino la muerte mientras hibernaba en una cueva próxima al río Arlanza. El museo presenta además una interesante colección de utensilios tradicionales, copas de plata, pergaminos y una apreciable colección de minerales, que recuerdan el pasado minero de zona.
Está situado en la planta alta del Ayuntamiento de Hortigüela (Plaza Mayor, 1).
Teléfonos: (947) 38 41 96 y (947) 38 41 73.
28 Mar 2008
Leo en mi periódico que una bandada de buitres ha devorado en el barrio de Llaguno de Carranza una vaca que estaba pariendo (Sergio Llamas, EL CORREO viernes 28 de marzo de 2008). Este ataque no es el primero que se registra tras la reapertura del muladar de Ordunte y estoy seguro que se sucederán otros más. ¿La razón? Una muy sencilla. Hay demasiados buitres, y pueden añadir cuervos y grajos, para la poca carroña que les deposita en este caso la Diputación. Dice que les proporciona unos 400 kilos de restos cárnicos a la semana. Una minucia para unos animales de enorme envergadura y gran apetito.
Tengo que confesar que durante los largos años que llevo recorriendo las montañas de nuestra geografía he visto muchos buitres y no he presenciado ningún ataque. En mis años mozos, los pastores de Egiriñao, con los que se solía juntar el famoso Basilio, nos aseguraban que eran aves carroñeras. No había demasiados ejemplares y anidaban en los roquedos de Lekanda. Además eran objeto de persecución aunque no hacían ningún mal. Ahora han mudado los hábitos.
El recordado Félix Rodríguez de la Fuente contribuyó con sus programas en TVE a concienciar a la ciudadanía y las medidas ultraprotectoras que siguieron, consiguieron no sólo salvar la especie, sino relanzarla. En la actualidad cerca de 5.000 ejemplares sobrevuelan los cielos de la península. Una pequeña parte de esos miles son los que se han comido la vaca carranzana, como se podían haber zampado una en Puente Viesgo o en la campa de Urbía.
Modestamente creo que se les ha permitido multiplicarse en exceso y lógicamente, necesitan comer. Y ya no se trata de matarlos de hambre, ni por supuesto a tiros o con estricnina, a la vieja usanza.
Los expertos deberían tratar de encontrar el término medio. Ese que permita contemplar su pausado vuelo desde la cima del Zalama y a la vez, que no perturbe el sueño de los ganaderos, que bastante tienen con el precio de la leche.
PD: En algunas ocasiones, y seguro que éste no es el caso, también entra en juego la picaresca. La vaca o la oveja puede haber muerto en el parto y lo más fácil es echarle la culpa a los carroñeros, como en otras ocasiones culpan a los lobos de algún desaguisado.
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