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14 Sep 2009

El otoño suele ser la temportada 'baja' en Himalaya, frente al 'overbooking' que sufren buena parte de los campos base de los ochomiles en primavera. Sin embargo, el postmonzón de este año más a ser más caliente que nunca. Los proyectos, de todo tipo, son numerosos y la actividad en casi todas las montañas más altas de la gran cordillera himaláyica va a ser inusualmente alta.

Entre los numerosos proyectos merece la pena destacar tres, que vuelven a situar a sus protagonistas a la vanguardia del alpinismo actual y que tienen un decominador común: el estilo alpino. En primer lugar, aunque sólo sea por cercanía, se encuentra el intento del Naturgas-Basque Team (Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza) en la cara norte del Everest: Supecouloir de los japoneneses y corredor Hornbein. Los otros dos proyectos tiene como denominador común su condición de intentos es solitario: el suizo Ueli Steck nada menos que al Pilar Oeste del Makalu (el mismo que no dio opciones a Iñurrategi y compañía en primavera) y el italiano Simone Moro, que intentará abrir una nueva vía en la cara suroeste del Cho Oyu.

Al margen de estos objetivos, la reapertura del Tíbet para los alpinistas ha propiciado que el Shisha Pangma sea una de las montañas más concurridas este otoño. En lo que a nunestros alpinistas se refiere, por la cara sur, Edurne Pasaban, acompañada por Ferrán Latorre, Alex Txikon y Asier Izagirre, buscará su decimotercer ochomil por la siempre exigente y técnica ruta británica. A ellos tiene previsto sumarse más adelante el alavés Roberto Rojo 'Gorri', que antes intentará el Cho Oyu con Estitxu Salinas, que busca convertirse en la primera alavesa en subir un ochomil.

También en el Shisha, aunque por su vertiente norte (ruta normal), Juanito Oiarzabal retoma su proyecto 2x14 8.000's. Sus compañeros de viaje son los aragoneses Carlo Pauner (8x8.000's) y Javier Pérez y el catalán Tolo Calafat. Sin embargo, las últimas noticias que llegan de allí no son buenas. Carlos sufrió ayer una caída durante la ascensión al C-1 para aclimatarse, al parecer sufre la rotura de varias costillas y hoy mismo ha abandonado el CB camino de Katmandú.

En esta misma vertiente se encuentra el australiano Andrew Lock, que busca en el único ochomil integramente tibetano completar los 14 ochomiles.

Y hablando de completar Los Catorce, la coreana Oh Eun-Sun está ya a los pies del Annapurna para complerar su particular carrera ochomilista (más bien sprint: ha subido diez ochomiles en tres años). Con ella ascenderá Jae-Soo Kim, parreja habitual de escalada de Go Mi-Sun, que falleció antes del verano en el Nanga Parbat. Jae-Soo Kim llevará a la cumbre una foto de Miss Go, que pugnaba con Miss Oh en ser la primera mujer en acabar Los Catorce.

A partir de ahora os intentaremos mantener informados de la actualidad de todas estas expediciones. A continuación os dejo enlaces a algunas de ellas:

Everest:
Naturgas Baske Team Hornbein'09

Shisha Pangma:
Edurne Pasaban
Juanito Oiarzabal
Carlos Pauner
Andrew Lock

Makalu:
Ueli Steck

Annapurna:
Oh Eun-Sun

Cho Oyu:
Simone Moro

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29 May 2009

Conquistar el Kangchenjunga pudo tener consecuencias fatales para Edurne Pasaban (35 años). Una bronquitis, el calor y el agotamiento derivaron en un desfallecimiento al día siguiente de hacer cumbre, cuando lo peor parecía haber pasado y descendían del campo IV al III. Salvó la vida gracias al empeño de sus compañeros Alex Txikon y Ferrán Latorre. El vizcaíno le cuidó, alimentó y literalmente arrastró, hasta la llegada de los sherpas. Entre todos solventaron una situación límite, la más comprometida en la carrera de la ‘ochomilista’ tolosarra, que finalmente se ha solventado con unas ligeras congelaciones que no les impedirán ir en octubre al Shisha Pangma y de las que se recuperan en la clínica MAZ de Zaragoza, donde relataron a EL CORREO con todo detalle el dramático descenso.

–La jornada de cumbre duró prácticamente 24 horas, lo mismo que en el K2 en 2004. ¿Hay más similitudes en los dos ataques?

–Antes de empezar, me decía a mí misma ‘esto se va a convertir en otro K2’, por que teníamos la referencia de la coreana Ms. Ho, que con oxígeno, empleó treinta y pico horas en total unos días antes que nosotros. Y cuando nos lo contó, yo me decía ‘si ella con oxígeno ha tardado eso, ¿Cuánto tardaremos nosotros?’. Aquí el motivo del retraso no ha sido la nieve como en el K2, sino porque la ruta es larguísima y muy técnica, siempre entre rocas y por un terreno muy sinuoso, todo el rato subiendo y bajando. A veces tenías la sensación de que estabas haciendo una arista del Pirineo, pero a ochomil quinientos metros de altitud.

–Pese a todas esas dificultades, llegó bien al C-IV. Los problemas vinieron al día siguiente.

–Exacto. Llegué de la cima al campo IV incluso mejor que Asier [Izagirre]. Llegamos a la tienda, bebimos algo, nos metimos en el saco, nos quedamos dormidos y ya está. Al día siguiente me levanté bien, pero cuando comenzamos a bajar hacia el campo III, hacía un calor exagerado. Es un ‘plateau’ de nieve inmenso y allí no sé qué me pasó. No se si fue el calor o qué, pero me hundí, me dio el bajonazo. Me senté, me quité la mochila y les dije ‘yo me quedo aquí’. Y es cuando empezaron a decirme ‘venga, un poco más, levántate y anda un poco más’, pero llegó un momento en que no podía. Inconscientemente, dentro de ti dices ‘te tienes que levantar de aquí’, pero el cuerpo no me respondía. Yo les veía a estos pobres que me arrastraban y hacían todo lo posible para que siguiese, pero mi cuerpo no respondía.

–¿No perdió la consciencia?

–Nunca. Yo me daba cuenta que me levantaban los pies o me arrastraban, o les decía ‘cogerme esto o lo otro’. La mente me respondía, pero el cuerpo no. Yo veía a unos metros un banderín y me decía, ‘venga Edurne, vamos a gatas, como los niños, a ver si así llegas’. Pero no podía, el cuerpo no se movía.

–¿Es la primera vez que te pasa algo así?

–Sí. Es como decir, ‘Pero Edurne, ¡Qué haces! Venga tía ¡Venga! No hagas tonterías, que tu cabeza está funcionando bien. Déjate de bobadas y vete hasta ese banderín’. Pero tu cuerpo no puede, y te sientes totalmente inútil. Hay momentos en los que hasta te sientes culpable y piensas ‘les estás tomando el pelo. Ellos aquí ayudándote y tú no les haces ni caso. Te estás inventado todo para que te lleven hasta el campo III porque tú crees que estás cansada’... ¡Uf!... Unas paranoias increíbles. Luego, encima se puso a nevar, se cerró el tiempo... Menos mal que al final subieron nuestros tres sherpas y nos ayudaron.

–Y se os hizo tarde.

–Claro, tardamos cuatro o cinco horas lo que se suele hacer en poco más de media hora.

–Viendo lo que sufrió, las congelaciones que tienes son mínimas.

–Desde luego. Pero es que además son del día de cumbre. Ya me había visto los dedos morados la noche anterior, en el C-IV.

–Y luego llegó la decisión de tomar oxígeno artificial.

–Sí. Cuando les explicaron lo que me pasaba, los médicos del CB decidieron que necesitaba oxígeno artificial, pero no había en el campo III. Entonces, Oriol [Rivas, de la expedición de Alberto Zerain], que había subido al C-I para esperarnos y traernos unos refrescos, le explicaron que las cosas se habían complicado y que yo necesitaba oxígeno. Entonces se lo pidió a los sherpas de una expedición americana. Su respuesta fue que la botella costaba 400 dólares a pagar al contado. Así estuvieron un buen rato regateando, hasta que convencieron por walkie al responsable del grupo, que estaba en el CB, que les íbamos a pagar cuando bajásemos. Y es cuando por fin pudo subir el oxígeno al campo III.

-¿Eras consciente de lo mal que estabas?

–Para nada. No era consciente de que estaba tan mal. De cabeza estaba bien…

–Pero sí hay un momento en el que les pides que te dejen allí.

–Eso sí. Además me puse así, como un fetillo [Edurne hace el gesto de un bebe que se acurruca] y les dije ‘dejarme aquí y lo, lo, lo ,lo’. Y estos me decían ‘que no, que no, vamos Edurne’ y éste [señala a Txikon] me decía ‘venga pitxin, sigue’ y me daba besos para que reaccionara y yo le respondía ‘¡Dejame en paz!’. Pero sin ser consciente de que parar significaba la muerte. Simplemente estaba cansada y quería descansar. Son pensamientos muy simples, elementales, sin darte cuenta de las consecuencias. Pero luego, había momentos que me decía ‘tengo que moverme y llegar al campo III’, mientras otra parte de mí quería dejarlo. Es como el diablillo y el ángel de los dibujos animados que revolotean sobre la cabeza y se pelean por convencerte cada uno de su idea. En otros momentos, por el contrario, me culpaba a mí misma y me decía ‘Edurne, lo estás haciendo a propósito para que te den mimos y te ayuden a bajar’, pero evidentemente no era así. Es una sensación muy muy extraña.

–¿Qué conclusiones has sacado de esta experiencia?

–Yo creo, y lo he comentado con los médicos y me lo han confirmado, que el problema fue que hice el ataque a cumbre con una bronquitis muy fuerte. Y la combinación de cansancio con la enfermedad tuvo ese resultado. Yo nunca había echado tanta sangre por la boca. Más que esputos eran cachos de carne sanguinolenta.

-¿En el K2 no llegaste a ese límite?

-No, no. Para nada. Allí estaba muy cansada y me llegué a quedar dormida, pero luego llegó Juan y me ayudo a bajar, pero sin tener esa sensación de desdoblamiento, de perder na noción de la realidad. En el K2 fue una bajada dura, pero llegué hasta abajo, poco a poco, pero llegué. Yo creo que el problema aquí es que estaba enferma antes de llegar a la cumbre. Por que si no, no es entendible que después del día de cumbre y de descansar y rehidratarme toda una noche me pase eso. No tiene lógica. Hubiese sido más lógico si me pasa bajando de la cima, pero no del C-IV al C-III. Por eso cuando he llegado aquí lo que más me ha preocupado es saber qué me pasó. Y efectivamente las pruebas han descartado cualquier edema. Con el doctor Kiko Arregi hemos llegado a la conclusión de que fue la combinación del cansancio con la bronquitis que tenía los días previos al ataque a cumbre.

-¿Ms. Ho, la coreana que está intentado hacer todos los ochomiles con oxígeno, te preocupa?

-Es que es otra guerra. Es una competición entre dos coreanas, como ya hicieron hace cinco años los dos primeros coreanos que completaron los Catorce. Las dos luchan por ser la primera de su país y para ello les vale todo. Ms. Ho, por ejemplo, tiene equipos trabajando exclusivamente para ella que llegan antes a la montaña, le preparan la ruta y luego ella llega, está unos días en el CB, se enchufa el oxígeno y para arriba. Pero lo que más me fastidia es que la tía miente. El otro día, después de que hiciese el ‘Kangchen’, una semana antes que nosotros, fui a su tienda comedor a felicitarla cuando le pregunté por sus planes me dijo que se iba para casa, que estaba echa polvo y que no pensaba subir el Dhaulagiri. Pero luego al rato, estuve hablando con sus sherpas, con los que tengo buena relación de otras expediciones, y van y me dicen que ahora se van para el Dhaulagiri para subir con ella. Eso me parece ridículo. Que mienta de esa manera. Pero si yo no voy a cambiar mis planes porque tú vayas o dejes de ir al Dhaula.

-¿Cómo definiría el Kangchenjunga?

-Es una montaña muy grande. Buscando una comparación, el K2 es muy grande, pero el ‘Kangchen’ es gigante, un monstruo al que te tienes que ir acercando poco a poco. Y es muy larga. Ir de un campo a otro no supone una ascensión con equis metros de desnivel, no. Supone una travesía en la que subes, bajas, sorteas seracs, cruzas glaciares… Es una montaña en la que debajo de ella te sientes muy poca cosa. No es una montaña, es todo un macizo en un circo muy grande. Técnicamente, además, continuamente hay tramos complicados que exigen instalar cuerdas. Y el día de cumbre es muy duro, porque entras primero en un corredor de nieve y luego son todo tramos rocosos, salteando viras con rocas y más rocas. El sitio es muy complicado.

-¿Qué se ve desde la cima?

-Es una cumbre muy bonita. Y sagrada, que no se puede tocar la punta. Como referencia, había una bandera nepalí con dos botellas de oxígeno un poquito más abajo, y era el límite al que los sherpas habían establecido que podíamos llegar. Ahí es donde nos hicimos la foto.

-En las imágenes de ‘Al filo’ Oiarzabal incluso parece hacer una reverencia.

-Sí. Cuando llegamos, Juanito se tumba y besa la bandera. Fue su forma de agradecer que habíamos llegado hasta allí arriba.

-El panorama debía ser impresionante.

-Sí, si. El paisaje es una pasada. Tengo un foto de 360º en la que se ve todo. El cielo estaba limpísimo. La cumbre es impresionante. Fíjate si estabamos bien y tranquilos que justo debajo de donde se nos ve en la foto de cumbre, empieza ya la roca y hay como una pequeña visera que hace una peña. Allí nos metimos debajo y estuvimos comiendo un poco de chocolate y bebiendo. ¡Como si estuviéramos en Pirineos!

-¿El que fuese tan tarde no os hizo dudar?

-Yo no me di cuenta ni qué hora era cuando llegamos a la cumbre. Me di cuenta a la mañana, sobre todo cuando amanecía, que podía ser un poco tarde, pero a partir de allí no hice caso. Luego nos cruzamos con los coreanos, que bajaban, sobre las once y media y nos dijeron que estabamos a hora y media de la cumbre. Nos pareció poco por que ellos estaban con oxígeno, pero quizás sí unas tres horas. Ése es el último momento que tengo de una referencia horaria. Y por supuesto no tardamos eso, pero es que arriba se complica mucho la ruta, con continuas subidas y bajadas. Hay un momento en el que llegas a una especie de chimenea potente, de unos diez metros, que hay que rapelarla, y cuando llegas abajo te metes en una zona de rocas y continúas por unas viras. Encuentras bloques de rocas como una casa de grandes. Y claro, luego, en el descenso, hay que hacer todo eso en sentido inverso y subir esa chimenea que antes habíamos bajado. De verdad es muy muy complicado.

-¿Tras esta cumbre ves por fin Los Catorce a tu alcance?

-Hombre, sí que los veo más cerca. Mucho más cerca. Creo que me he quitado un buen hueso. Antes de hacer al ‘Kangchen’ yo me decía que no me tenía que emocionar con Los Catorce hasta no subirlo. Y lo que ha pasado y hemos sufrido ha confirmado eso, que era muy duro de pelar.

-¿Podrás mantener los planes de intentar en otro el Shisha Pangma pese a las congelaciones?

-El doctor Kilo Arregi me ha dicho que sí, que sin problemas si este verano me porto bien y no ando por nieve ni sitios fríos. Que entrene bicicleta y al sol, y que para septiembre fijo que podré ir. Además el Shisha es un ochomil justo, bajito, así que sin problemas. Cuando me lo ha dicho me he animado mucho, porque recordaba la larga recuperación del K2. Pero esto no tiene nada que ver.

-¿Has hablado con tu amiga Gerlinde Kaltenbrunner tras hacer cumbre?

-No. No he tenido ocasión.

-Ya sabes que al día siguiente que tú ella hizo el Lhotse.

-Ya, ya me lo comentaron. Hemos hablado durante la expedición y espero poder llamarla en cuanto pueda.

-¿Y qué tal la relación con Nives Meroi en el campo base?

-Rara, muy rara (Edurne sonríe). En cuanto me veía se escapaba. La verdad es que es una tía más rara que la leche. Y por lo que me han dicho se dio la vuelta por su marido.

-De los ochomiles que has hecho cual es la cumbre más bonita, la más fea y la que nunca volverías.

-¿Volver? ¡A ninguna! (Edurne ríe con ganas). A ver, en serio, la más bonita no sabría decirte. Yo creo que todas han tenido su historia bonita. Yo creo que el conjunto de poder escalar todos esos ochomiles y conocer el himalaya, es lo bonito de todo. Compensa todas las penalidades sufridas. Y sobre todo por los países que he conocido. El vínculo que tengo con Nepal, con su gente... Eso no se paga con nada. Es los más importante de todo.

-Y tu madre que dice de todo esto (está en la habitación y ha asistido en silencio a toda la conversación).

-Pregúntaselo a ella… ja ja ja… (su madre rehuye contestar y sólo explica su alegría por tener a su hija allí, junto a ella).

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29 May 2009

El lemoarra Alex Txikon (28 años) se convirtió en un inesperado ángel de la guarda para Edurne Pasaban en el dramático descenso del Kangchenjunga. Su emocionante relato evidencia los malos momentos vividos, pero también su determinación para sacar a la tolosarra de aquella situación.

-¿Cómo fue el día de cumbre?

-Muy muy largo. Quedamos para salir a las doce de la noche. Pero ya a las diez, mientras estábamos con los preparativos, haciendo agua y demás, notamos que el viento empezaba a soplar con fuerza. Y no paró hasta la una y pico, así que estuvimos esperando a que amainara. El caso es que al final salimos para cumbre a la una y media. Así que ese fue el primer retraso.

-¿Porqué fue tan larga la subida? ¿Era lo previsto u os retrasó algo?

-Nada en especial, pero hacía mucho frío también y fuimos un poco más lentos de lo normal. Además, los primeros tramos eran muy empinados y al hacerlos de noche vas con más cuidado. Todo eso nos fue retrasando poco a poco. Estuvimos tres veces a punto de darnos la vuelta. Asier (Izagirre) por que tenía mucho frío, Juanito (Oiarzabal) por que íbamos lentos y se iba a hacer muy tarde, y Edurne, al ver las dudas de los otros dos también comentó para bajarnos. Pero yo lo tenía muy claro. Cada vez que lo comentaban yo les gritaba “¡Para arriba, para arriba!”. Por fin, en la tercera intentona de darse la vuelta les chillé “¡Venga, por favor, venga equipo, que hay que subir!”. Le dije entonces a Ferrán (Latorre) que se pusiese a tirar por delante mientras yo cerraba el grupo y así siguieron hasta arriba. Así que al final hicieron cumbre por mí y el que me quedé sin ella fui yo!

-¿Qué te pasó para no llegar a la cima?

-En el torreón final, ellos se metieron a la derecha y yo, que iba un poco rezagado, tranquilito, sacando fotos y filmando, me desvié un poco a la izquierda y llegué a un punto bastante técnico unos cuarenta metros por debajo de la cumbre. Volví a bajar para ir por el otro lado, pero entonces vi a Ferrán que bajaba y pensado que si yo seguía para arriba podía retrasar al grupo me bajé con él. ¡Y luego resulta que estuvimos más de hora y media esperándoles un poco más abajo! Estuve casi dos horas a media hora de la cumbre. ¡Fíjate si hubiese tenido tiempo de llegar a la cima! Pero bueno, no llegué hasta el punto más alto, aunque para mí, personalmente, como si hubiese hecho cumbre, vamos. Estaba allí mismo. Al lado, al lado…

-O sea que no fue un problema físico…

-No, no, para nada. Simplemente que era un terreno en roca, con poca nieve, donde la huella apenas se veía y vas a lo tuyo, disfrutando de la ascensión y las vistas, tras haber hecho lo peor, y yo me desvié un poco…

-Y no tienes un poco de frustración por haberla tenido tan cerca y no haber llegado?

Bah… No… hombre, un poco de pena sí que te da. Da pena por que dices, “joer, no haber pisado la cumbre teniéndola tan cerca…”. Pero, de verdad, para mí personalmente es como si hubiese llegado a la cima. Me he quedado satisfecho como si la hubiese hecho. Además yo soy un tío conformista, tranquilo, porque mis compañeros, y sobre todo Edurne, que es por la que estábamos allí, llegaron hasta arriba y yo es algo que no necesito, por que no estoy metido ni me interesa lo de los catorce ochomiles.

-Y la bajada…

-Ferrán y yo nos adelantamos y llegamos al campo IV sobre las ocho de la noche. Por detrás vino Juanito, y por último Edurne y Asier. Todo sin problemas. Muy cansados, pero bien. Fíjate. Igual el que peor bajó de la cumbre fui yo, por que tenía muchísimo sueño y en algún momento que paré a descansar me quedé dormido. Y cuando Ferrán me vino a despertar le debí de decir alguna incongruencia, según me contó luego.

–El día siguiente, el de la bajada del campo IV al III comenzó con normalidad.

–Si. Madrugamos, desmontamos el campamento y comenzamos a bajar. Íbamos todos en grupo, sin novedades. Hasta que Edurne empezó a ir muy lenta y a quedarse rezagada. Primero le cogí su mochila y me quedé cerca de ella mientras los demás seguían a su ritmo. De pronto se sentó, me acerqué a ella y vi que ya no reaccionaba. ‘¡Ostras!’ pensé, ‘hay que hacer algo rápidamente’. Llamé a Ferrán, que venía también un poco rezagado, y a Juanjo Garra [del grupo de Alberto Zerain], que también bajaba con nosotros, le dije que bajase corriendo al C-III a buscar ayuda. Al verla allí tumbada me dije ‘hay que sacarla de aquí como sea’, le dimos un miligramo de Fortecortín (Dexametasona), y empezamos el descenso. A partir de ahí la situación se puso cada vez peor. Del sol y el calor con el que salimos del C-IV pasamos a una ventisca y una nevada impresionante, y sin casi visibilidad. Me eché a hombros a Edurne y la bajé un rato, cien o doscientos metros, antes de quitarnos las mochilas y abandonarlas, porque no hacían más que molestarnos.

–Fue un momento verdaderamente duro.

–Malo. Pero malo, malo. Fue cuando Edurne comento a decir ‘dejarme aquí, dejarme aquí, por favor’. Yo peleaba con ella para que no se durmiera, unas veces dándole mimos y otras enfadándome con ella, gritándole o raspando su cara con mi barba para que reaccionara. Al menos, en esos momentos me decía ‘jo, que pesado Alex, déjame en paz’. Yo le insistía: ‘Edurne, por favor no te me duermas. Siente tu cuerpo, ayúdanos a caminar. Camina por tu familia, acuérdate de la gente que te quiere’… le daba de beber… Y así durante todo el descenso. Hubo momentos en que no sabíamos ni como bajarla. Al principio la arrastrábamos por la nieve. Luego, cuando el medicamento le hizo efecto y se pudo poner de pie, la bajamos sujetándose en nuestros hombros. El problema es que había tramos muy técnicos, con rapeles y todo.

–Además, Edurne perdió sus guantes.

–La verdad es que no entiendo cómo no he bajado con congelaciones en las manos, porque en un momento dado nos dimos cuenta de que no llevaba guantes y yo le dejé mis manoplas. ¡Hice todo el descenso con las manos a pelo!, con una nevada y una ventisca alucinantes y ¡mira! [Alex levanta entonces con indisimulado orgullo las manos, que en las puntas de los dedos muestran el característico color amarillo de una incipiente congelación), ¡no tengo nada¡ Yo creo que fue toda la tensión que viví y el continuo trajín con ellas lo que evitó que se congelaran. Para que te des cuenta de lo que pasamos, del C-IV al C-III se baja normalmente en apenas cuarenta minutos y nosotros tardamos unas cinco horas. Y ya como colofón, justo antes del C-III hay que subir un gran serac y bajarlo por el otro lado. Y cuando estábamos buscando el modo de hacerlo ya aparecieron los sherpas, que nos ayudaron a llevarla hasta las tiendas de campaña. Y encima Edurne iba un pelín mejor al perder altura.

-Y en el C-III hubo que tomar la decisión de seguir bajando a quedarse a dormir.

-Sí. Primero decidimos que Juanito y Asier siguieran bajando, que eran los que estaban más cansados. Y enseguida vimos que para Edurne era demasiado, que no podía seguir bajando. Ella nos decía “por favor, por favor, marcharos todos” y se quería quedar con un sherpa. Pero yo, después de haber bajado con ella hasta allí, tenía claro que no iba a dejarla sola. Así que nos quedamos a pasar la noche. Y Edurne volvió a empeorar otra vez.

-A qué te refieres.

-A que empezó a echar sangre por la boca. Dos esputos de sangre muy grandes que a ella le asustaron mucho porque nunca le había pasado algo así. Y cuando se intentaba recostar se ahogaba. Eran claros síntomas de edema pulmonar y yo pensaba ‘Joder, y el oxígeno [que habían pedido a otras expediciones] que no llega’. Y Edurne cada vez más apurada… Y así aguantamos hasta que llegó el oxígeno, sobre las diez de la noche. Entonces nos quedamos más tranquilos, pero fue una noche muy muy larga.

-¿Y tus congelaciones?

-Yo estoy convencido que me las hice esa noche, porque estaba tan cansado que me quedé dormido con los botines atados y la sangre no me circuló bien por los pies.

-A la mañana siguiente seguisteis bajando.

-Sí. Al día siguiente Edurne estaba muy recuperada tras haber recibido el oxígeno y bajamos al C-II, donde nos estaban esperando los demás, y de allí bajamos ya sin más contratiempos hasta el Campo Base.

-Fue entonces cuando comenzó tu particular calvario.

-Si. Desde el día de cumbre no me había quitado las botas y los pies se me empezaron a recalentar por las congelaciones. Era como si me estuvieran clavando miles de agujas en los dedos. ¡yo me quería morir! Pero bueno, al final tampoco ha sido para tanto y no nos va a tener que cortar nada. El viernes nos dan de alta y luego tenemos un mes mas o menos de curas y reposo ¡Yo que quería hacer ahora una temporada con el hacha de la de Dios!, con la Aurrezko Aizkora, el campeonato de Bizkaia por parejas… pero me parece que no va a ser posible.

-¿Ha sido la experiencia más fuerte que has vivido en un ochomil?

-Si. Ver a Edurne allí tumbada, que no reaccionaba… fue muy duro. Yo pensé que se nos moría, la verdad.

-¿Y el Kangchenjunga? ¿Qué te ha parecido la montaña?

-El monte es muy duro, pero yo creo que subimos bien. Hombre, luego oyes que uno sube en cuatro horas, el otro en dieciocho… pero claro, aprovechando el trabajo de los que hemos ido por delante. Y la verdad es que estoy hasta los huevos de que venga la gente criticando, que esto y lo otro del equipo de ‘Al Filo’. Y luego esa gente te roba el gas, te roba la comida, se meten en tu saco, se meten en tu tienda… es que ¡joder! Toda esa gente que corre tanto, si es tan buena como dice, lo que tenía que hacer es coger y abrir nuevas rutas o irse al pilar oeste del Makalu en estilo alpino, como hacen otros. Esas son las cosas que te dan un poquito de rabia.

-¿Os robaron en los campos de altura?

-Cuando llegamos a las tiendas del campo III en el ataque a cumbre nos encontramos con que nos faltaba gas, comida… nos cogieron de todo. Como al final estuvimos un día entero y dos noches esperando a que el tiempo mejorase, durante todo ese tiempo estuvimos prácticamente sin poder comer nada, y bebiendo lo justo, porque se lo habían llevado casi todo Yo no quiero culpar a nadie, pero desde luego hubo alguna expedición cuyo comportamiento dejó mucho que desear.

-¿Dónde está la dureza del Kangchenjunga?

-El día final. Es muy muy técnico. Y a esa altitud… Lo demás muy bien. Y creo que también hemos tenido mucha suerte con el tiempo

-¿Entonces no vas a volver para quitarte la espina de esos cincuenta metros finales?

-Ja, ja, ja, ja. ¡Jo, pues no lo sé! No creo, ¿no? Hombre… la verdad es que me quedado con la cosa esa de que no he pisado la cumbre, pero bueno. Los que me conocen ya saben que yo a por Los Catorce no voy. Tengo otros proyectos, otras cosas en mente para hacer en Nepal…Por ejemplo, en octubre, tras hacer el Shisha Pangma, quiero volver en moto desde allí. Por lo demás te queda esa cosilla dentro de no haber llegado hasta arriba, pero bueno… Antes me iría al Pilar Oeste del Makalu, que ya intentamos en ‘Al Filo’ hace tres años y no tuvimos suerte. Allí sí tengo que volver.

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18 May 2009

Ha sido un descenso largo y muy muy duro, pero Edurne Pasaban y todos sus compañeros ya están sanos y a salvo en el Campo IV, a 7.700 metros de altitud en el Kangchenjunga. En total, 24 horas desde que partieron hacia la cumbre ayer, pasadas las doce de la noche, en una jornada que recuerda a la que vivieron hace cinco años en el K2, aunque en este caso con final mucho más feliz, ya que, segun la primeras informaciones, y a la espera de una confirmación definitiva, ninguno tiene problemas de salud. Están exhaustos, pero sanos.

Los primeros en llegar han sido Ferrán Latorre y Alex Txikon. Tras ellos, Juanito Oiarzabal con Juanjo Garra, del equipo de Alberto Zerain; y por último, Edurne Pasaban, su primo Asier Izagirre, que no se ha separado de ella ni un segundo, dos sherpas que acompañaban al grupo de 'Al Filo' y la polaca Kinga Baranozka, del grupo de Zerian, que también habría hollado la cima.

El descenso ha sido largo y duro y la falta de noticias ha deparado momentos de tensión, dudas sobre el estado en el que bajaban los alpinistas. Incluso Alberto Zerain llegó a anunciar que ascendía con oxígeno y una tienda de campaña para ayudar a los que bajaban, pero no ha sido necesario. Según confirmó el alavés antes de salir del C-IV, su plan era subir al encuentro de los que descendían, ofrecer su ayuda y, si no era necesario, como finalmente ha sucedido, continuar hacia la cumbre.

El caso ese que al final todo ha quedado en falsas alarmas. Cansados pero sanos, los alpinistas han ido llegando al Campo IV para confirmar la mejor de las noticias: todos bien. Tras descansar, comer e hidratarse esta noche, el grupo continuará mañana hacia el campo base al que esperan llegar al final del día.

Así que ahora sí se puede gritar bien alto ¡¡Zorionak a Edurne y a todos sus compañeros!!

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18 May 2009


Ha sido un ascensión agotadora, extenuante. Casi 17 horas subiendo desde que anoche, a las doce, partieron desde el campo IV, a 7.800 metros. Pero lo han conseguido. Edurne Pasaban ha hollado hoy poco antes de las cinco de la tarde, horal local (la una de la tarde en España), la cumbre del Kangchenjunga, con sus 8.586 metros, la tercera montaña más alta del mundo. Para la tolosarra supone el duodécimo ochomil en su particular carrera por ascender las catorce cimas más altas del planeta. Y uno de las más difíciles. Es el tercer ochomil menos ascendido y hasta ahora sólo lo habían hollado dos mujeres: la británica Ginette Harrison (1998) y la austriaca Gerlinde Kalterbrunner (2006), amiga de la tolosarra que lucha también por completar Los Catorce. A Edurne le faltan ahora el Annapurna y el Shisha Pangma.

Con Edurne llegó a la cumbre el resto del equipo, salvo, Jorge Egocheaga, que con una fuerte bronquitis decidió abortar el intento y mientras sus compañeros partían hacia la cumbre él descendía hasta el campo base, y Alex Txikon, que finalmente decidió darse la vuelta al comprobar que se les estaba haciendo demasiado tarde. El lemoatarra descendió con Koke Lasa y Julen Reketa, de la expedición de Alberto Zerain, que tomaron la misma decisión. Alberto Zerain, por su parte, ha preferido retrasar el ataque a cumbre hasta mañana.

El progreso de los alpinistas ha sido muy lento debido a la extrema dificultad del terreno – principalmente corredores de hielo y tramos rocosos donde no hay una ruta clara - y al viento, que ha soplado con fuerza, sobre todo durante la noche. El primer en llegar a la cumbre fue Ferrán Latorre, que lo hizo casi dos horas antes que sus compañeros. Luego, con Edurne llegaron Juanito Oiarzabal, que suma ya 24 ochomiles y amplía un poco más su mito, Asier Izagirre y los sherpas que les acompañan. Además de la dureza de la ascensión, parte del retraso se ha debido a los problemas de garganta de Edurne, que arrastraba desde que comenzaron a subir. El grupo desciende ya hacia el campo IV, donde llegarán entrada ya la noche.

Quien no ha hecho cumbre ha sido la italiana Nives Meroi, la otra alpinista que pugna con Edurne y Gerlinde, que en estos momento está intentado ascender el Lhotse, por ser la primera mujer en ascender Los Catorce.

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20 Feb 2008

Los responsables del club Ganzabal de Lemoa suelen cuidar con mimo su ciclo anual de proyecciones y nunca defraudan con sus invitados. Siempre es una acertada selección de alpinistas que ofrecen algunas de las mejores realizaciones del año, sea en la montaña o en el estudio de montaje, y con el colofón del local Alex Txikon, cuya presencia hace tiempo que dejó de estar justificada por la condición de miembro del club para pasar a figurar por méritos propios. Este año, los responsable del ciclo han vuelto a acertar de pleno con cuatro audioviduales de altísima calidad, contenidos de lo más interesantes y autores más que cualificados.
El 28 de febrero (jueves) abrirá fuego el bicampeón mundial de escalada Patxi Usobiaga, que mostrará en
Ur Sakonetako Bakardadea (Soledad en Aguas Profundas) sus experiencias psicobloqueras junto con Irati Anda y Miquel Riera. La cinta, estrenada en la última edición de la Feria del libro y disco vasco de Durango, trata sobre las experiencias de Patxi, Irati y Miquel, creador de esta disciplina de escalada denominada Psicoblock.
El viernes 29 le tocará el turno a la catalana Silvida Vidal, una de las mejores, si no la mejor, 'bigwallera' nacional. El título de su proyección lo dice todo: 'Ascensión en solitario: Shipton Spire'. Y es que el pasado verano, esta mítica aguja del Karakorum se convirtió en su objetivo. Encapsulada y en solitario, Silvia abrió una nueva ruta:
Life is lilac (La vida es de color lila) en el espolón NE. Pasó 21 días en la pared (20 vivacs) en los que tuvo que soportar, a parte de la soledad, el tradicional mal tiempo de la zona, con nevadas la mitad de los días que estuvo colgada en la pared.
El jueves 6 de marzo llega Alberto Iñurrategi y su último documental:
Begiz Begi. Con un estilo lírico y conceptual muy similar al de sus dos anteriores y premiadas obras (Hire Himalaya y Gure Himalaya), el guipuzcoano ofrece ahora una reflexión en voz alta sobre la escalada moderna y todas sus vertientes, incluidas las más polémicas.
Y como es habitual, el viernes 7 de marzo cerrará el ciclo Alex Txikon, que en esta ocasión ofrecerá en
Euskal Herria-Nepal. Shisha Pangma el relato de su última aventura: el viaje en coche desde Lemoa hasta Katmandú para luego ascender el Shisha Pangma por la ruta Británica.
Lo dicho, una ocasión inmejorable para disfrutar de la mejor escalada y el mejor alpinismo a través de proyecciones cuidadas y de calidad.
Ah! Se me olvidaba. La cita es en la Casa de Cultura Lasarte, en Igorre. Los cuatro días a la misma hora, las ocho de la tarde.

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