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03 Jun 2008

Ayer partió para Pakistán la expedición formada por José Carlos Tamayo, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre. Os preguntaréis a donde se va esa pléyade de alpinistas de ensueño, ese 'dream Team' del himalayismo vasco (seguro que Ferrán, catalán hasta la médula él, no se enfada si le hago vasco un ratito para redondear el adjetivo). Pues nada menos que al G-IV.
¿El G-IV? Sí, el cuarto pico más alto del macizo de los Gasherbrum, en el corazón del Karakorum, en torno a ese pequeño paraiso para los montañeros conocido como Concordia, confluencia de tres glaciares a cuatro mil metros de altitud y privilegiado mirador a algunas de las montañas más altas y bellas del planeta.
El G-IV es la montaña perfecta, sus formas, su dificultad la convierten en el sueño de todo alpinista, una más que digna competencia para el cercano K2 (8.611 m.). Os preguntaréis entonces porque no es una montaña conocida, popular, codiciada como su vecina. La culpa la tienen 75 metros. Los que le faltan para medir 8.000. Esos 75 metros la dejan fuera de Los Catorce (es la decimoséptima montaña más alta del mundo). Esa mínima distancia la ha relegado al anonimato.
Tanto que sólo cuenta con cuatro rutas (tres a la cumbre principal, en la foto la punta derecha del polígono rocoso) y otras tantas ascensiones desde que Walter Bonatti y Carlo Mauri pisaron su cumbre por primera vez en 1958. El dato es el mejor reflejo de su dificultad.
Para varios de los expedicionarios vascos es también un viejo anhelo. Así Tamayo lo intentará por tercera vez (1997 y 1004), mientras que para Iñurrategi, será su segunda incursión en la montaña (2004).
El grupo ha decidido intentarlo por la ruta que en 1986 abrió la expedición australiano-americana formada por Andy Tuthill, Greg Child, Tom Hargis y Tim Macartney-Snape, y que supuso la segunda ascensión absoluta de la montaña. La vía discurre por la arista Noroeste (la de la izquierda en la fotografía), una ruta lógica, bella y con una dificultad mantenida, con una sorpresa final: media docena de largos de V grado a 7.700 metros de altitud.
En 15 días el grupo estará instalado en el campo base y, desde ese momento, la montaña será enterita para ellos. Mientras, a apenas un par de kilómetros, decenas y decenas de personas convertirán las laderas del Broad Peak en una especie de romería camino de uno de los santuarios ochomilísticos. ¡Benditos 75 metros! pensará para sus adentros el G-IV mientras mira de reojo la hilera de penitentes de su vecino. En la inmensidad de sus paredes, la presencia de cinco alpinistas, osados y nobles en la pelea, será para él todo un honor.
¡Suerte y fuerza para todos!

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21 Abr 2008

Alberto Iñurrategi concluyó hace ya seis años el proyecto de ascender los 14 ochomiles. Ya lo dijo entonces. «Me he quitado un peso de encima». Luego ha seguido escalando, pero en proyectos mucho más personales –Cho Oyu en invierno, segunda absoluta al G-III, intentos al Ogro y el Everest por el corredor Hornbein–, en los que el éxito o el fracaso no venía dado por la consecución de la cumbre. Reservado por naturaleza, también ha descubierto un vehículo para dar a conocer sus inquietudes personales: los documentales. Primero fue el multipremiado ‘Hire Himalaya’, una deuda saldada con su hermano. Luego surgió ‘Gure Himalaya’, los recuerdos personales de una década de expediciones. Y ahora llega ‘Begiz Begi’, una reflexión personal y muy crítica del alpinista reconvertido en viajero. Un viajero que mira. Pero al que también miran.
–No deja títere con cabeza en el documental. Es muy crítico con casi todo: el turismo, la religión, la explotación infantil y de las mujeres...
–Y conmigo mismo.
–... con el alpinismo actual.
–Si me incluyes dentro de él, sí.
–Concretamente con la actual forma de hacer alpinismo.
–A mí no me parece que sea tan, tan... es duro, sí, pero yo creo que es una crítica muy asumible. Por parte de todos. Tampoco se trata de tomarlo a título muy personal. Yo me quedaría más con el mesaje general. Y creo que es muy evidente: que las actitudes de la gente, de los montañeros, a la hora de viajar, en la mayoría de los casos deja mucho que desear.
–También critica la religión.
–No se critica la religión. Se critica la hipocresía de los montañeros en el uso de las banderas de oraciones, por ejemplo. ¿Qué tiene que ver eso con la montaña? Es sólo folclore. La crítica no se hace tanto al individuo que vive su fe como a la clase dirigente que dirige la religión, a sus palacios, como ocurre en el catolicismo y en todas las religiones.
–En un momento del documental afirma «nosotros venimos al pillaje, nosotros venimos a profanar»...
–Claro. Y si tienes en cuenta lo que pasa... Te pongo un ejemplo. ¿Conoces esas piedras cultivadas que suelen llevar los tibetanos en collares, no? Pues los japoneses en particular y los occidentales en general hemos esquilmado Tíbet de esas piedras. Las hemos comprado, las hemos robado como quien dice pagándoles cuatro rupias, cuando son unos artículos que ellos han heredado de sus antepasados y han ido pasando de generación en generación.Y nosotros hemos ido allí, nos han gustado y hemos arramplado con ello. Y que profanamos tumbas, es evidente. Vamos a Pashupatinath y los occidentales entramos con las cámaras hatsa las mismas piras crematorias. No somos nada respetuosos cuando vamos de viaje. Eso, por ejemplo, difícilmente nos lo plantearíamos hacer en casa.
–¿Se incluye en esa crítica?
–Por supuesto. Las imágenes de la proyección están hechas por mí o por los que me acompañaban. Y me incluyo porque el documental es una autocrítica. Quedaría hasta muy feo excluirme de ese grupo.
–¿Cómo se llega a esta visión tan crítica del viajero?
–En mi caso hay dos elementos que me han influido muchísimo. Uno es la relación con la gente local que he ido conociendo viaje tras viaje, sobre todo en Pakistán, donde los pueblos desde los que parten las expediciones son siempre los mismos y eso te permite entablar una relación más estrecha y profundizar un poquito más. Y el otro elemento es la estrecha colaboración que he tenido, casi desde el primer momento que empezamos a montar proyecciones, con Koldo Izagirre. Me ha enseñado a valorar esa vertiente humana, ese lado social y lo importante que es. Porque cuanto más somos capaces de enriquecernos de ella, más peso va a adquirir también la actividad deportiva, que toma otra dimensión. En las anteriores proyecciones, tanto ‘Hire Himalaya’ como ‘Gure Himalaya’, creo que ese lado social del os viajes se dejaba ver mucho. Ha sido un componente que siempre ha estado presente, tanto en las proyecciones como en nuestros dos libros. Siempre hemos intentado que no queden ignorados un porteador de altura, un cocinero o un ayudante cuando hemos recurrido a ellos, cuando nos han acompañado en una expedición.
–¿Hay mala conciencia personal en la necesidad de hacer un documental así?
–Deberíamos de tenerla. Pero la verdad es que no se ha hecho por eso. Ni tampoco para lavar culpas. Sino con la intencion de aportar algo positivo. Porque con este mensaje tampoco se está diciendo que no se viaje, sino que se puede viajar con otra actitud, de otra forma mucho más enriquecedora. Yo creo que al final el viajar es algo muy universal y un elemento con el que los pueblos se han ido desarrollando y enriqueciendo. Y hoy es el día en el que todavía todos tenemos mucho que aprender de otros países y de otras gentes. Y el viaje es un instrumento inmejorable para ese desarrollo.
–¿Pero es posible hoy en día viajar no con las perspectiva de conquistar, sino con la de aprender? ¿Con el objetivo de ver, no de mirar? –Yo creo que sí, aunque para eso hay que viajar con menos prisa y sabiendo que somos bastante menos de lo que pensamos. Y acercarnos a la gente con otro respeto, con otra actitud. Claro que es posible, aunque evidentemente no todo el mundo lo va a hacer con esa actitud. Eso es imposible. Pero sí se puede influir en muchos y que una parte de la gente que viaja lo haga de esta manera.
–El turismo se ha convertido en una nueva forma de colonización. ¿Pasa lo mismo con el alpinismo?
–Sí, si la globalización la entendemos como el neocolonialismo pues si que la montaña es parte de la globalización. No hay más que ver la cantidad de gente que va al Aconcagua, al Kilimajaro, al Monte Kenia, al Himalaya, etc. Se ha globalizado y es parte de ese neocolonialismo.
–¿Pero esa globalización es buena o mala? Porque algunos le podrán responder que así se ha democratizado la montaña.
–No debería de ser malo si se hiciera repetando unas formas y unos mínimos. Me explico. Si me preguntas si es malo que los montañeros vayan a Nepal o a Pakistán, te diría que no porque es beneficioso. Me parece positivo.
–¿La llegada del alpinismo ha sido positivo para pueblos como el nepalí?
–Yo creo que sí. Es palapable el desarrollo que ha habido en el valle de Khumbu, en el de Annapurna o en un montón de valles de Nepal. La gente ha mejorado en nivel de vida, en educación, en sanidad. Es algo notorio. En Pakistán, donde el desarrollo ha sido algo menor, en los años malos, como durante la guerra de Afganistán, cuando ha habido epocas duras, siempre por temas políticos, ha habido bajón de turismo y expediciones y la gente de alrededor del Karakorum ha tenido que emigrar a los Emiratos Arabes, a Karacho o a Lahore para buscar trabajo porque en sus pueblos no tenían ningun otro recurso para sacar adelante a sus familias.
–¿Cómo ve la situación que está viviendo en Tíbet?
–No me pilla de sorpresa. Todo el mundo sabe que China vulnera los derechos humanos, en general y más concretamente en Tíbet, y los tibetanos están aprovechando la publicidad de los Juegos Olímpicios y la antorcha para llamar la atención sobre sus derechos. Por otra parte, existe una respuesta por parte de occidente que yo sospecho que va muy unido a una moda. Al budismo y a todo lo que conlleva. Porque la vulneración de los derechos humanos se da en mucho otros países, e incluso en casa. Pero ahora parece que sólo pasa en Tíbet. Los intereses económicos también están muy presentes en la actitud que adopta cada Gobierno. Es todo muy complejo.
–¿Es partidario del boicot?
–Lo que pasa es que a mí todo me parece un teatro, un despropósito. Por las dos partes.
–¿Es un documental para el público o para otros alpinistas?
–Yo creo que es para todo el mundo, aunque el alpinista puede sacar más conclusiones que el simple turista. El montañero puede entender esto sólo como una forma de viajar de otra forma pero también como una forma distinta de actuar en la montaña. Porque esa misma cultura del viaje ‘fast food’, del viaje conquistador, actualmente también se aplica en la montaña. Hoy en día en la montaña la gente cada vez valora menos como se hacen las cosas y lo único que se tiene en cuenta es la cumbre. Al final se extrapola la actitud del viaje a la montaña. Y si el montañero reflexiona sobre su actitud en el viaje, esa misma reflexion la puede trasladar a su actividad en la montaña y aprende a valorar mas otras cosas como el propio acercamento a la montaña, el como se hacen las cosas, por donde se sube... La camaradería incluso, de la que tanto hemos hecho gala siempre los montañeros. Ponerla más en práctica porque últimamente ha habido un montón de situaciones en las que se ha antepuesto la consecucion de la cumbre a ayudar a un compañero incluso moribundo.
–También se muestras crítico con el alpinismo mediático. Sin embargo, usted es un alpinista mediatico. Es un profesional de la montaña gracias a la publicidad que le dan los medios de comunicación.
–Pero es que yo nunca he estado en contra del alpinismo mediático. A mi el alpinismo que no me gusta es el que no es honesto. El discurso falso. Eso es lo que me incomoda. Cómo voy a ser yo crítico con el alpinismo mediático si he vivido y sigo viviendo de ello. Sería echarme piedras a mí mismo. A mí lo que no me gusta es la falta de sinceridad. El no contar las cosas como han sido. Siempre y cuando se cuenten las cosas como han sucedido no veo nada malo en mediatizar esa experiencia.
–Actualmente, ¿la importancia de las ascensiones lo son más en función de la publicidad que tienen que su propio merito alpinístico?
–No tengo ninguna duda de ello. En estos momentos tiene bastante más trascendencia una ascensión al Cho Oyu por su ruta normal de lo que tenía hace 20 años, cuando no existía el teléfono satelite, ni el ordenador, ni la posibilidad de mandar imágenes y sonido desde un campo base. Cuando nadie te atendía a la vuelta de una expedición y nadie te dedicaba un titular o dos minutos en televisión. No tenía trascendencia. Lo contabas a tus amigos y lo que hacías lo hacías para ti y para tu entorno, que era muy reducido.
–Entonces, ahora mismo no se hace alpinismo para uno mismo, se hace alpinismo para los demás.
–Siempre se ha hecho alpinismo para uno mismo y para los demás. Sólo que esos ‘los demas’ antes eran una cuadrilla muy reducida y ahora son grandes masas debido a los medios de comunicación. Pero el reconocimiento de los otros siempre ha existido como impulso para los montañeros, es algo innato a su actividad. Sentirte reconocido en tu actividad es algo que todo el mundo agradece. Lo que pasa es que hoy en día las nueva tecnologías y la sociedad global nos permiten llegar con cosas bastante menos meritorias a muchisima más gente. Y además con un mensaje mucho más sobredimensionado. Haciendo bastante menos de lo que se hacía antes, ahora te consideran bastante mejor de lo que te consideraban tus amigos, que tenían una visión mucho más real de lo que hacías que la que tiene ahora de lo que haces esa masa general.
–Quizás ahora sea más importante ser un buen comunicador que un buen alpinista.
–Sin ninguna duda. Y por eso hoy lo único que se tiene en cuenta es si has hecho cumbre. Porque el que te valoraba antes tenía unos conocimientos y un criterio para valorar las ascensiones de los que carecen ahora los medios y el publico en general. A parte de que entiendo que para los medios también es difícil. No es lo mismo valorar una actividad alpinística que un partido de fútbol o una carrera de atletismo.
–¿Y esta dirección que ha cogido el alpinismo tiene vuelta atrás?
–Sí Yo creo que llegará un momento en el que ya a nadie le llame la atención la actividad de montaña. Y luego vendrá otra fase, porque los montañeros seguirán estando ahí, en la que la gente que sigue las actividades de montaña se especialice y las vuelva a contar, pero con criterio y sin la pretensión de llegar a las masas, dando una información mucho más objetiva.

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20 Feb 2008

Los responsables del club Ganzabal de Lemoa suelen cuidar con mimo su ciclo anual de proyecciones y nunca defraudan con sus invitados. Siempre es una acertada selección de alpinistas que ofrecen algunas de las mejores realizaciones del año, sea en la montaña o en el estudio de montaje, y con el colofón del local Alex Txikon, cuya presencia hace tiempo que dejó de estar justificada por la condición de miembro del club para pasar a figurar por méritos propios. Este año, los responsable del ciclo han vuelto a acertar de pleno con cuatro audioviduales de altísima calidad, contenidos de lo más interesantes y autores más que cualificados.
El 28 de febrero (jueves) abrirá fuego el bicampeón mundial de escalada Patxi Usobiaga, que mostrará en
Ur Sakonetako Bakardadea (Soledad en Aguas Profundas) sus experiencias psicobloqueras junto con Irati Anda y Miquel Riera. La cinta, estrenada en la última edición de la Feria del libro y disco vasco de Durango, trata sobre las experiencias de Patxi, Irati y Miquel, creador de esta disciplina de escalada denominada Psicoblock.
El viernes 29 le tocará el turno a la catalana Silvida Vidal, una de las mejores, si no la mejor, 'bigwallera' nacional. El título de su proyección lo dice todo: 'Ascensión en solitario: Shipton Spire'. Y es que el pasado verano, esta mítica aguja del Karakorum se convirtió en su objetivo. Encapsulada y en solitario, Silvia abrió una nueva ruta:
Life is lilac (La vida es de color lila) en el espolón NE. Pasó 21 días en la pared (20 vivacs) en los que tuvo que soportar, a parte de la soledad, el tradicional mal tiempo de la zona, con nevadas la mitad de los días que estuvo colgada en la pared.
El jueves 6 de marzo llega Alberto Iñurrategi y su último documental:
Begiz Begi. Con un estilo lírico y conceptual muy similar al de sus dos anteriores y premiadas obras (Hire Himalaya y Gure Himalaya), el guipuzcoano ofrece ahora una reflexión en voz alta sobre la escalada moderna y todas sus vertientes, incluidas las más polémicas.
Y como es habitual, el viernes 7 de marzo cerrará el ciclo Alex Txikon, que en esta ocasión ofrecerá en
Euskal Herria-Nepal. Shisha Pangma el relato de su última aventura: el viaje en coche desde Lemoa hasta Katmandú para luego ascender el Shisha Pangma por la ruta Británica.
Lo dicho, una ocasión inmejorable para disfrutar de la mejor escalada y el mejor alpinismo a través de proyecciones cuidadas y de calidad.
Ah! Se me olvidaba. La cita es en la Casa de Cultura Lasarte, en Igorre. Los cuatro días a la misma hora, las ocho de la tarde.

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19 Dic 2007

Al Juanjo San Sebastián, organizador y alma mater de la Semana de Montaña de la BBK , le lleva tiempo rondando en la cabeza la idea de dar un giro hacia posiciones más cinematográficas al evento. No hay que olvidar que sus orígenes alpinísticos en los ochomiles coincidieron con su bautismo con la cámara, entonces todavía cinematográfica, de ‘Al Filo de lo Imposible’. Lo lleva en la sangre. Y este año ese giro parece más evidente que nunca. Los tres ponentes estrella invitados –Stephan Siegrist , Ermanno Salvaterra y Alberto Iñurrategi– si no son tan camarógrafos como alpinistas al menos han interiorizado perfectamente la importancia de la imagen para divulgar tanto sus actividades como la filosofía de escalar que propugnan. Y como muestra de ello, los tres presentarán audioviduales formados exclusivamente por imágenes de vídeo, o sea, tres documentales sobre sus actividades en la montaña.
Ayer abrió fuego el suizo Siegrist y el estreno de la Semana no pudo ser mejor. Su película sobre la apertura del pilar nordeste del Thalay Sagar (6.904 m., Himalaya indio) en 2004 es simplemente espectacular. Titulada ‘Harvest Moon’, ha llegado a Bilbao después de haber recibido numerosos galardones en diversos festivales de cine de montaña del mundo. La doble vertiente cinematográfica-alpina de Stephan Siegrist es más que evidente en su carrera profesional. Cuando decide primar la escalada Siegrist , de 35 años, es un auténtico atleta de la dificultad en alta montaña. Su historial presenta numerosas primeras ascensiones, invernales, encadenamientos y escaladas rapidísimas en ‘sus’ alpes, como las caras norte del Eiger, Mönch y Jungfrau en 25 horas, por poner un ejemplo. Cuenta con una destacada actividad en Patagonia, habiendo escalado el Cerro Torre en dos ocasiones (primera invernal a la cara este). También ha realizado las primeras ascensiones del ‘Golden Eagle’, en la Aguja Desmochada, el pilar ‘New Wave’ en el Cerro Dos Cumbres… En el Himalaya cuenta también con varias aperturas, en la cara nordeste de la Torre Arwa y en el mencionado pilar nordeste del Thalay Sagar.
Y cuando se decide a filmar no desmerece a su vertiente alpina. Al margen de numerosos premios en festivales de cine de montaña, quizá su obra más conocida sea la recreación, filmada por supuesto, de la primera ascensión a la norte del Eiger, en la que el equipo realizó la escalada con materiales de la época, y hablamos de 1938.
Esta tarde le toca el turno a Ermanno Salvaterra, otro mito del alpinismo o, como le definió Juanjo San Sebastián durante la presentación de la Semana, «el dios de la Patagonia». Y es que este italiano nacido en Pinzolo hace 52 años que desciende de una familia de guardas de refugios de montaña, profesor de esquí y guía alpino, y que tuvo en su poder el récord de Italia de velocidad en kilómetro lanzado sobre esquíes (211,64 Km/h) entre 1988 y 1993, quedó hechizado por este territorio cuando lo conoció en 1982. No hay nadie en el mundo con una actividad tan extensa y meritoria como él en estas zona del planeta: 23 expediciones desde que en 1983 realizara la tercera ascensión al Cerro Torre por la ‘Ruta del Compresor’ y poco después la primera invernal, Salvaterra ha abierto una variante y tres nuevas vías (‘Infinito Sud’, ‘Mágico Este’ y el ‘Arca de los Vientos’) en esta misma montaña. Ha realizado también, numerosas aperturas y primeras repeticiones en la Torre Central del Paine, Cerro Standhart, Punta Herrón, El Mocho, Aguja de Saint Exupery… Y, como no, Ermanno, es también un destacado cineasta que realizó su primera experiencia con una cámara en la primera ascensión invernal al Cerro Torre y ha filmado y dirigido más de 15 documentales. El último de ellos –’Patagonia vertical’– es el que se podrá ver esta tarde en el Palacio Euskalduna.
Y mañana llega un clásico de la Semana de la BBK: Alberto Iñurrategi. Recordar su palmarés alpinístico no es necesario. Y cada vez lo es menos destacar su vena cineasta. Sus últimos audiovisuales –’Hire Himalaya’ y ‘Gure Himalaya’– son dos poesías visuales sobre el Himalaya, sendos viajes interiores en medio del mayor paisaje del planeta, el primero como homenaje a su hermano y el segundo como reflexión a toda una vida de expediciones y experiencias.
Mañana estrenará ‘Begiz Begi’ (‘Miradas a cámara’), otro montaje que promete no defraudar y en el que el de Aretxabaleta «hace un viaje introspectivo en la búsqueda de las razones que empujan al alpinista-viajero hacia las parcelas del mundo que trata de buscar, un mundo repleto de razones invisibles para muchos». Hasta aquí el texto del programa oficial de la Semana. Pero es que Alberto, durante la presentación, fue mucho más allá: «‘Begiz Begi’ sigue la línea de los dos documentales anteriores: un toque poético pero duro y autocrítico en el contenido. Creo que es un trabajo atrevido y diferente, con un contenido arriesgado, porque va contra el pensamiento generalizado respecto al modo actual de hacer alpinismo. Aunque tampoco quiero ir de duro ni de Pepito Grillo. No quiero ser la conciencia de los escaladores. El documental va más contra las tendencias por las que nos dejamos llevar en el alpinismo actual. Buscamos la reflexión de la gente. Que el espectador de la película salga después de verla con más preguntas que las que tenía cuando entró. Y es que la montaña se está desvirtuando. Cada vez somos más competitivos, pero en el peor sentido de la palabra, y el mejor ejemplo es el Everest». Duro alegato a la forma de hacer alpinismo en la actualidad, aunque al final dejó abierta la puerta a la esperanza: «Todavía hay gente que practica el alpinismo auténtico».
Así que lo dicho: esto, y a buen seguro mucho más, mañana en el Euskalduna de la mano de Alberto Iñurrategi. Ah!, y acudir con tiempo porque en cuanto se llene el aforo de la sala (300 personas) se cierran las puertas.

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