22 Jun 2009
Los Picos de Europa vuelven a estar de luto. El pasado junio fallecía Mariano, el inolvidable guardián del refugio de Cabaña Verónica. En esta ocasión ha sido Ángel de la Lama. El cuerpo sin vida del director del teleférico de Fuente Dé fue hallado en la tarde del sábado (20 junio) después de una intensa labor de rastreo, en la zona del Canal de la Gendunda, que ya había sido rastreada sin resultado, dado que el cuerpo se encontraba en un paraje escondido.
De la Lama desapareció el pasado jueves por la tarde en los alrededores de la estación superior de Fuente Dé, a donde subió para supervisar la instalación, como solía hacer de forma habitual. El vehículo fue encontrado en el párking del Teleférico. Dado que no regresaba, el viernes se puso en marcha un operativo del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil con el apoyo de un helicóptero.
De la Lama, de 62 años, la mitad de ellos como director y luego responsable de las instalaciones de Cantur en Fuente Dé, tomó el teleférico sobre las 11 de la mañana del jueves. Arriba, bebió un café en la cafetería de la estación y al acabar dijo que iba a dar una vuelta. Nada indicaba que la caminata pudiera ser tan prolongada. Al contrario. Como profundo conocedor de la zona y de los Picos de Europa tanto por afición (montañero, escalador y esquiador de montaña), además de ser vecino de Mogrovejo, a los pies de Pico Cortés y Lechugales, estaba claro que no se iba a arriesgar a penetrar en la garma vestido como iba: zapatos, camisa y un forro polar
Las condiciones climatológicas, en este caso niebla, pudieron haberle despistado. Ante la tardanza en volver se pensó que pudo haberse dirigido al hotel del Refugio de Áliva. No fue así.
Hasta el día siguiente, viernes a primera hora, no se dio la voz de alarma. Los empleados del turno de mañana del teleférico vieron que el Rover MG de De la Lama seguía en el párking.
La búsqueda la inició al mediodía una dotación del GREIM de Potes luego se sumaron más efectivos de Cangas de Onís, así como trabajadores del teleférico. Ese primer operativo se mantuvo hasta las 22:00 de la noche y se reinició a las 6 de la mañana. Además de los GREIM y del helicóptero de la Guardia Civil de CyL, entró en el operativo el helicóptero del Gobierno regional con base en Parayas así como Protección Civil. Los aparatos, sin embargo, sólo pudieron sobrevolar la zona hasta las 11:30 debido a la niebla. Por la tarde se abrió el cielo y a las 16:00 reemprendieron la búsqueda por aire.
Las labores a pie de terreno se centraron en la zona próxima. Por otras áreas, veredas y pistas, decenas de vecinos de Pido, Espinama, Mogrovejo y, en general, de toda Liébana se sumaban con sus vehículos a la búsqueda. Desgraciadamente, el rastreo terminó con el hallazgo del cuerpo sin vida de Ángel de la Lama.
13 Jun 2009
Hasta hace unos años Aragón (más bien el Ayuntamiento de Zaragoza, propietario hasta el 2002) disponía de un paraje de ensueño en el Balneario de Panticosa (Huesca). Sus aguas fueron descubiertas en 1646. Desde esa fecha cinco manantiales diferentes de aguas nitrogenadas, oligometálicas y sulfurosas convirtieron al Balneario en un manantial de salud. Son aguas fuertemente hipertermales y poco sulfhídricas, especialmente indicadas para el tratamiento de afecciones hepáticas, renales, digestivas, respiratorias, reúmaticas, nerviosas de obesidad y piel. 
Había sido declarado Conjunto Artístico Nacional (BOE 21, 07/1994) y estaba integrado por ocho edificios que mantenían la arquitectura pirenaica típica de finales del siglo XIX. En ellos se habían alojado S. M. Alfonso XIII, Ortega y Gasset, Cánovas del Castillo o el doctor Ramón y Cajal, entre otras personalidades. La historia había pasado por allí pero el tiempo habían maltratado el conjunto, que sucumbía bajo el abandono.
Quizá lo más pujante de Panticosa era el vetusto refugio 'La Casa de Piedra'. Ofrecía buen alojamiento y mejor comida y era el punto de reunión de montañeros de toda España. Fue uno de los primeros lugares de alta montaña que visité de chaval. Recuerdo que fue en una excursión organizada por los Escolapios de Barbastro. Con los años he estado en muchísimas montañas, pero Panticosa guarda ese recuerdo mágico.
La transformación y ruina comienza en el año 2000. Como publicaba el 'Heraldo de Aragón', el grupo Nozar se hace con el control del balneario. Empieza la transformación del conjunto. Más que transformación, es aniquilación del mismo. Mientras el Gran Hotel y el Casino se restauran (arquitectos Rafael Moneo, su hija Belén y Álvaro de Siza), el resto de edificios empiezan a desaparecer bajo la piqueta. La Casa de Piedra llevaba camino de irse con ellos.
Llega la crisis y las obras sin finalizar quedan paralizadas, pero lo peor estaba por llegar. Ahora ya es oficial. La urbanización del balneario cerrará sus puertas el próximo 1 de julio y despedirá a sus 145 trabajadores. El consejero de Industria, Comercio y Turismo de Gobierno de Aragón, Arturo Aliaga, informó de que el presidente del grupo Nozar, Luis Nozaleda, le había comunicado la decisión de cesar la actividad después de que la cadena Vincci Hoteles renunciara a la gestión por diferencias con la propiedad.
Este parón ha salvado de momento a la Casa de Piedra, que ha seguido funcionado. Mientras tanto la FAM (Federación aragonesa de montaña), a través de los Planes de Refugios de Aragón, ha avanzado en la construcción del nuevo de Bachimaña. Hay que tener en cuenta que solo se puede trabajar en verano -de junio a comienzos de octubre- por ser un refugio de altura. Comenzaron las obras en verano de 2007. Este 2009 se terminará la fachada en piedra y se comenzará con el interior. Podría acabarse en 2010.
Tendrá 80 plazas, un número adecuado para el sector y las necesidades deportivas y de gestión. Estará abierto todo el año y guardado. El nuevo refugio se ubica junto al ibón inferior de Bachimaña. Eso sí, no se encuentra a pie de aparcamiento. Está a hora y media andando del Balneario, con un desnivel de 600 metros sobre la Casa de Piedra.
En resumen, que se han cargado un paraje emblemático e irrepetible del Pirineo de Huesca, han estado a punto de echar a los montañeros y ahroa todo ha quedado en agua de borrajas.
Las fotos son de la Casa de Piedra (Pirineos3000.com), aún en pie; la vieja Casa Belio y una vista de las instalaciones ya desaparecidas. Las imágenes de las nuevas termas y hoteles me las ahorro.
11 Jun 2009
El 6 de junio se hizo público y el pasado fin de semana lo recibieron. El italiano Simone Moro y el kazajo Denis Urubko han sido galardonados con el premio Eiger, considerado el Oscar del alpinismo, por su ascensión invernal y en estilo alpino al Makalu (8.463 metros), que lograron el pasado 9 de febrero.
El encargado de recibir el premio fue Simone, ya que Denis no pudo estar presente en la ceremonia de entrega, celebrada en Grindelwald, al pie de la cara norte del Eiger, legendaria montaña que da nombre a estos premios. El objetivo de estos galardones es muy simple: premiar a los que sirven de inspiración a todos aquellos que aman las montañas. El italiano recogió el trofeo, diseñado por Lisa Notter y realizado con un trozo original de roca del Eiger, además de un premio en metálico de 10.000 francos suizos (6.600 €). El jurado valoró el esfuerzo que Simone y Denis hacen por difundir y acercar "el valor y la fascinación del montañismo y las montañas al público en general”, con la convicción y el entusiasmo de aquellos que siguen manteniendo la misma ilusión que tenían cuando comenzaron.
Los otros dos nominados fueron el suizo Daniel Anker - el alpinista que más vías ha abierto en la norte del Eiger, autor del famoso libro “Eiger, la arena vertical”- y el alemán Kurt Albert, aperturista de vías por todo el mundo, incluida “Royal Flush”, en la pared este del Fitz Roy. También se otorgó un premio especial dedicado a la cultura al fotógrafo suizo Robert Bösch Los premios fueron entregados por el británico Sir Chris Bonnington, uno de los mitos del himalayismo de los años setenta y ochenta.
El ganador de esta edición ha sido elegido por votación popular. Este año cualquier persona podía dar su voto a un candidato a través de Internet. El jurado, compuesto por personalidades que promueven el reconocimiento de este premio, propuso a tres candidatos. Entre ellos, el público debía elegir al ganador.
En el siguiente vídeo podéis ver un pequeño resumen del día de cumbre de la ascensión invernal al Makalu de Simone y Denis:
11 Jun 2009
Ya lo decía hace unos días. El mundo alpino gira su mirada hacia el Karakorum tras la llegada, este año prematura, del monzón en el Himalaya. Los cinco ochomiles de Pakistán se aprestan a soportar el asedio de decenas de expediciones y centenares de escaladores. El Gasherbrum II y el Broad Peak se vuelven a llevar la palma en su condición de ochomiles 'fáciles', pero como viene sucediendo en los últimos años, ni tan siquiera el otrora sagrado K2 se libra de la presencia en su base de un numero de expediciones (casi una docena) impensable hace apenas un lustro. La mejor evidencia de que el alpinismo comercial ha perdido el respeto hasta a las más temidas cumbres.
Y es que, salvo honrosas excepciones, las rutas normales, cosidas con cuerdas fijas, serán las vías mayoritarias de acceso a las cumbres. Pero como he dicho, algunas excepciones hay. A la cabeza de ellas vuelve a estar el gran Valery Babanov, el único alpinista que ha recibido dos veces el Piolet de Oro, el máximo premio del alpinismo mundial. El ruso ya dejó muestras de su clase el año pasado al abrir en apenas quince días dos nuevas rutas en estilo alpino en el Broad Peak y el Gasherbrum I. Su idea era completar una trilogía de aperturas con el Ghasherbrum II, pero el tiempo se les echó encima. Así que este año vuelve para completar el reto. No ha dado detalles de la vía elegida, pero seguro que no decepcionará.
El resto de actividades singulares se centran en el K2, con el intento de sueco Fredrik Ericsson de descender desde la cumbre en esquí y el objetivo de una nueva vía a cargo del equipo que dirige el austriaco Gerfriend Goschl.
Pero donde el Karakorum echará chispas en los dos próximos meses será en la carrera por completar los 14 ochomiles, tanto en su versión masculina como en la femenina. Hasta media docena de alpinistas a los que les faltan uno, dos o tres ochomiles para completar la carrera se darán cita en los campos base de los cinco colosos pakistaníes. El que mejor lo tiene es el finlandés Veikka Gustafsson, que si asciende en las próxima semanas el G-I se convertirá en el decimoséptimo hombre en completar Los Catorce.
El pelotón se amplía con los alpinista a falta de dos 'grandes' para acabar la serie. Los jóvenes kazajos Maksut Zhumayev y Vassili Pivtsov tienen el permiso para el K2 (el otro que les falta es el Lhotse) pero tras la reciente muerte de su compañero Serguey Samoilov precisamente en las faldas del Lhotse cuando intentaban la famosa travesía Everest-Lhotse su presencia en el campo base del Chogori es más que dudosa. El portugués Joao García, por contra, sí que ha confirmado su intento en el Nanga Parbat en busca del que sería su decimotercer ochomil (le quedaría el Annapurna).
También estará en la base del K2 la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner, que intentará ascender por la ruta de los vascos (pilar SSE). Si lo consigue, sólo le faltará el Everest para convertirse en la primera mujer en completar Los Catorce. PEro ni ella ni Edurne Pasaban se pueden descuidar. Al acecho se encuentra la coreana Eun Sun Oh, que se ha plantado en Pakistán con el firme propósito de subir el Nanga Parbat y el Gasherbrum I de una tacada y acudir así en otoño al annapurna para acabar su sprint final. Para ello, ya tiene a sendos equipos trabajando en ambas montañas donde no escatimará medios en forma de porteadores u oxígeno artificial.
Otro que se plantea un esprint final endiablado es el nepalí Serap Jangbu, empeñado en convertirse en el primer sherpa en completar Los Catorce. Su reto este verano no tiene desperdicio: ascender el Nanga Parbat, el Gasherbrum I y el Broad Peak, con lo que le quedaría únicamente el Makalu. El reto es descomunal, pero si hay alguien capaz de hacerlo es este szherpa que el 25 de julio cumplirá 40 años y que además de diez ochomiles ascendidos cuenta con repeticiones al Everest, K2, Lhotse y Cho Oyu.
04 Jun 2009
Con la temporada del Himalaya nepalí recién concluida y los ojos del planeta alpino mirando ya hacia el Karakorum, es hora de los balances y recuentos en las montañas más altas del planeta. Mientras las rutas 'turísticas' del Everest recuperaban la masificación de otros años tras las restricciones que los chinos impusieron el año pasado con centenares de ascensiones y todo tipo de records (Apa sherpa subió por 19ª vez y también los hizo la primera mujer con esclerosis múltiple), merece la pena detenerse en algunas actividades desarrolladas en sus paredes -unas exitosas y otras no- que le permiten recuperar al menos parte del honor y la gloria perdida.
Sin duda, la mejor ascensión de la temporada en el Techo del Mundo la ha protagonizado el coreano Park Young Seok (conquistador de los catorce ochomiles en 2001), quien capitaneando un potente equipo equipo ha abierto una nueva ruta en la temible cara Suroeste, uno de los mitos del himalayismo y con sólo dos vías abiertas, ambas en las décadas de los setenta y ochenta. No han trascendido muchos más datos de la ascensión en una pared que para Park se había convertido en una auténtica obsesión tras haber perdido a tres compañeros y varios intentos anteriores.
Otra importante actividad es la que intentó un Equipo Nacional Kazajo encabezado por Maxut Zhumayev, Vassil Pivtsov, Serguey Samoilov y Eugeny Shatov, cuatro de los más grandes alpinistas del momento. El objetivo era realizar la famosa travesía Lhotse-Everest. Tras varios intentos fallidos por culpa del mal tiempo, a finales de mayo el plan acababa en tragedia con la muerte de Samoilov en la pared del Lhotse.
Sergei nació el 4 de enero de 1958 y aunque su idilio con los ochomiles comenzó tarde, en 2005, en apenas cuatro años ha atesorado un currículum envidiable. Así, en 2005 abrió una nueva ruta en el Broad Peak (cara SW) en compañía de Denis Urubko, en estilo alpino y en unas condiciones tan malas que fueron los dos únicos alpinistas que ese año hicieron cumbre. En 2006, también con Urubko, ascendió primero al Manaslu por la ruta normal, y sólo trece días después los dos abrían una nueva ruta en esta montaña. En la primavera de 2007 subió el Dhaulagiri y en octubre de ese mismo año, de nuevo con Denis Urubko, lograba la primera ascensión al K2 otoño y además por la cara norte, que llevaba 11 años sin ser ascendida. Finalmente, en enero de 2008 intentaron el Makalu en invierno.
También concluyó en tragedia enl intento del polaco Priotr Morawski y el esloveno Peter Hamor de abrir una nueva ruta en la cara oeste del Manaslu. En su caso, además, ni tan siquiera tuvieron tiempo de acercarse a la montaña, ya que la desgracia sobrevino cuando se aclimataban en el cercano Dhaulagiri y el polaco cayó en una grieta mientras descendían del campo 2 al 1.
Morawski era otro de los alpinistas más vanguardistas del momento, con seis ochomiles en su haber, incluida la primera ascensión invernal al Shisha Pangma, en compañía de Simone Moro. El año pasado estuvo a punto de lograr en el G1 y G2 la segunda travesía de dos ochomiles de la historia en la misa ascensión en la que logró, junto con Peter Hamor, la primera travesía del G1.
Sin final trágico, también se quedaron con las ganas los vascos de la expedición Naturgas al Pilar Oeste del Makalu en alpino (Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza), que hemos vivido de cerca en este blog; y los rusos Valery Babanov y Viktor Afasiev, que pretendían abrir una nueva ruta en la dificilísima cara oeste del Annapurna tambiém en estilo alpino. En ambos casos, el mal tiempo les ha impedido ni siquiera una ataque serio a sus objetivos.
Quien sí tuvo éxito fue el kazajo Denis Urubko. Como ya contamos hace unos días en este mismo blog, concluyó los catorce ochomiles en el Cho Oyu abriendo una nueva ruta en solitario. También se sumó a los conquistadores de Los Catorce Ralf Dujmovits tras ascender el Lhotse junto con su esposa Gerlinde Kaltenbrunner.
El resto de actividades en los ochomiles del Himalaya prácticamente se ha reducido a las ascensiones por las vías normales de los ochomiles, que como nota general han sufrido una notable masificación, con presencia de expediciones comerciales en buena parte de ellos y, lo que es peor un uso también masivo del oxígeno artificial para acometer las ascensiones.
02 Jun 2009
Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, los tres integrantes de la expedición vasca Naturgas Makalu’09, están ya en casa, y esta mañana han comparecido ante los medios de comunicación para relatar los pormenores de su aventura, el intento de coronar la quinta montaña más alta de la Tierra por su vía más difícil y estética, el Pilar Oeste, en estilo alpino. Los tres han subrayado el valor de la experiencia, pese a no conseguir el objetivo previsto debido a una climatología extraordinariamente adversa que ha dado al traste con uno de los proyectos más interesante y arriesgado de la temporada ochomilista. "La sensación que te queda es un tanto agridulce porque hemos puesto toda nuestra ilusión, pero hay que destacar que, de cara al futuro, ha sido una oportunidad muy buena para aprender a desenvolvernos en el estilo alpino y que los tres estaríamos encantados de volver a intentarlo y de planear nuevos objetivos, siempre con este mismo estilo”, ha resumido Alberto Iñurrategi.
Pese a todas las dificultades, los tres alpinistas se han mostrado satisfechos con la elección tanto del estilo como de la ruta. "El estilo alpino te obliga a prescindir de todo lo innecesario, a mirar mucho el peso, a ajustar mucho al planteamiento al objetivo. Esta modalidad, sobre todo en estas montañas tan grandes es el resultado de muchas experiencias, de las muchas expediciones en que hemos participado los tres antes. Es una lástima que este estilo, que es el más natural, más limpio y puro se utilice tan poco”, ha lamentado Iñurrategi. En este sentido, el atxabaltarra no consideran que ellos sean "unos bichos raros" por asumir ese estilo. "en todo caso, los bichos raros son otros, los que no respetan ni su condición ni a la montaña con ascensiones que dejan mucho que desear". De todas formas, Alberto huye de polémicass: "yo respeto el estilo que cada uno decida emplear, pero creo que deben existir unos límites éticos, personales, a la hora de afrontar estas montañas".
El trío iba preparado para enfrentarse a la vía, pero con lo que no han podido ha sido con los elementos, con esa espada de Damocles del alpinismo llamada meteorología : "El mal tiempo estaba en las previsiones. Nos habían avisado de que este invierno había sido especialmente seco y de que el mes de abril también había sido muy bueno, con muy pocas precipitaciones, con lo que el mal tiempo no había hecho su aparición y tenía que hacerlo tarde o temprano. Mayo ha sido lo suficientemente malo y ventoso como para impedirnos hacer esta ruta y obligarnos a renunciar”, ha explicado Mikel Zabalza.
"Fueron unos diez o quince días de ‘agonía’, de ver que el tiempo no mejoraba. Pero una vez que tienes los partes, que ves que el mal tiempo persiste y que los días antes de la llegada del monzón se agotan, no te queda más remedio que tomar esta decisión. No hay otra posible. Realmente ha sido un año con un tiempo muy extraño en el que no hemos tenido ni los tres o cuatro día buenos que hay siempre para haber podido intentar la ruta. Hemos tenido muy mala suerte; el tiempo no nos ha dejado ni intentarlo y eso es lo que más nos duele”, ha coincido Juan Vallejo.
Por lo demás, si los tres alpinistas estaban ya seducidos por el Pilar Oeste, tras acariciarlo directamente durante los dos intentos que han realizado y verlos casi a diario durante los 40 días que han estado en el campo base han vuelto definitivamente enamorados de él: "La ruta es la más bonita. La escogimos por lo directa y vertiginosa que es. Los montañeros en el fondo siempre estamos buscando la belleza y el Pilar Oeste era la ruta más bonita", ha insistido Mikel Zabalza. “Quizá dentro de unos años podamos volver a intentarlo. Dejaremos un tiempo antes de intentar esta aventura, pero para el año que viene ya tenemos tres o cuatro cosillas pensadas para repetir con el estilo alpino”, ha subrayado Juan Vallejo.
29 May 2009
Alberto Zerain y todos sus compañeros de expedición están ya a salvo en Katmandú. A salvo, aunque no sanos, ya que varios de ellos, incluido Alberto, sufren algunos problemas físicos, que van desde congelaciones leves hasta un edema pulmonar en el caso de Koke Lasa que llegó a poner en peligro su vida. El grupo ha vivido momentos muy duros durante la última semana en el campo base del Kangchenjunga, en el que han estado bloqueados por culpa del mal tiempo.
A continuación reproducimos el último post del diario de Alberto Zerain que ha venido publicando en su blog personal y en el que relata las vicisitudes vividas por elgrupo desde el día de cumbre de sus primeros miembros, un ya lejano 18 de mayo. El texto es mucho más que un mero relato de lo sucedido. El alpinista alavés ofrece también sus reflexiones sobre todo los sucedido en la montaña durante los últimos diez días.
Éste es su relato:
"Resumir todas las vivencias que he pasado el día antes de cumbre y después de coronarla y bajar al campo base, me resulta algo complejo pero digno de hacer el esfuerzo para contarlo y compartir penas y glorias con los que siguen esta página cargada de sentimientos que afloran sin ataduras, cuando uno se pasea por los espacios que anulan la condición humana.
Por eso, desde esta cama del hotel de Katmandú donde estoy postrado, con Koke Lasa adormecido en la cama de al lado, las imágenes de días pasados brotan en mi mente y no queda otra que intentar hacer diana con los dardos de la palabra para expresar semejantes días que iban revistiendo una situación que nadie se imaginaba.
En primer lugar, cómo no, “el día de cumbre”. En una montaña tan alta como el Kangchenjunga, tan compleja como ella misma y tan selecta como para que sólo, unos pocos elegidos puedan mirar desde lo alto, me resultaba sospechoso que no pasara nada en el ataque a cumbre que se realizó el día 18 de Mayo y en el que tomaron parte todos los que estaban en el campo 4, a excepción de Miguel Fernández y yo, que lo quisimos dejar para el día siguiente.
A pesar de que la montaña estaba completamente domesticada, ya que los más de tres mil metros de cuerda colocados por sherpas coreanos, habían amansado a la fiera, algunos de los que iban llegando a la cumbre no midieron las consecuencias que podría tener llegar a la cima, demasiado cansados y sin respetar las reglas básicas de cualquier ochomil.
En este caso hubo suerte. Se activó la alarma y llegaba a nuestro walki desde el campo base. Nos pedían que saliéramos a ayudar al equipo de “al filo” porque algunos estaban en serias dificultades y se temían lo peor. Justo cuando salimos a las siete de la tarde hacia arriba, Koke y Patxi, de nuestra expedición, llegaban agotados al campo 4, habiendo renunciado a la cumbre a unos cien metros.
En fin, como he dicho, hubo suerte. Los fuimos encontrando descendiendo por la cuerda fija por sí mismos y vernos llegar y ofrecerles bebida y ayuda, les sorprendía. Todos pensaron que estábamos atacando la cima.
Lo normal hubiera sido que este tipo de imprudencias de los del campo base que dan el aviso o de los que vienen de cumbre, me hubieran hecho desistir a la cima. Finalmente, como persona de recursos, continué hacia la cumbre. Para ello, le pasé a Miguel la botella de oxígeno que nos habíamos agenciado de una expedición americana que esa misma noche atacaría la cumbre, y sin bebida, sin la cámara de video y con la cámara de fotos congelándose en la tapa de la mochila sin saberlo, continué a las diez de la noche, lo que en estos momentos, es difícil arrepentirse por las consecuencias que me ha traído. Miguel fue más listo y no decidió acompañarme. La cumbre ya la había conseguido por el gesto de salir sin pensárselo a socorrer a la gente. 
Pasé la peor noche que os podéis imaginar por el frío. No podía satisfacer los deseos de ir más deprisa para que el cuerpo se calentara. Tenía que ir tranquilo y parándome muchas veces para no llegar de noche a la cumbre. Hubo algunos momentos en los que quise darme la vuelta porque la mordedura del frío iba más que en serio. Si me daba por pararme un poco más de cualquier límite, notaba que los ojos se me cerraban y que el cuerpo se mecía en una especie de sueño, que de seguir su antojo, ahora estaría como un gendarme helado saludando a los que pasasen por ahí.
Finalmente, conseguí llegar a la cima poco después del amanecer. Recién me enteré que la cámara de fotos, de tenerla, estaría en la capota y de aquella manera. Como no me funcionaba en la cima llamé a Aitor para que quedara constancia de la llamada. Tras un cuarto de hora metida la cámara en las partes calientes empezó a funcionar.
--> El americano que estaba ascendiendo con oxígeno y sus tres serpas, se cruzaron conmigo cuando bajaba de la arista cimera. A partir de ese momento, escapé de ese tormento de pisar cumbre al amanecer y corrí despavorido hasta el calor del campo base. Antes, tuve que rellenar la mochila con todo lo que cabía y que estaba por los diferentes campos de altura, 20 kilos pasados.
Atrás quedaba la mole riéndose de todos los que habíamos osado conquistarla como si fuera una simple montaña más. En un acto de generosidad, mantuvo en calma sus vientos, siempre tan inquietos, y obsequió a todos un sol espléndido que permitía a la gente que transportada su pesado cansancio, largas sentadas en la nieve, en definitiva, seguir el ritmo que la montaña había dejado a cada uno en el cuerpo.
Al campo base no llegó nadie de los que habían hecho cima el día anterior o lo habían intentado, hasta dos o tres días después. El agotamiento y la enfermedad se habían cebado con los que iban descendiendo, bien de nuestra expedición, o de otras diferentes. El Kangchenjunga, la cumbre no pisada, había pisado a la mayoría, entre ellos a mí mismo. Cuando me quité las botas descubrí mis pies doloridos y las marcas que la noche anterior habían causado en los dedos. Nada como para alarmarse demasiado pero que desde ese mismo momento había que empezar a tratar e incluso sopesar la posibilidad de ser evacuado en Helicóptero.
VOLAR TAN ALTO Y QUEDARSE EN TIERRA
La montaña siguió portándose bien y permitió que nuestra expedición al completo estuviera a salvo en el campo base. Sin embargo, las heridas que la montaña nos había causado a algunos, nos obligaban a valernos de nuestro seguro e intentar ser evacuados del campo base. Koke y yo activamos la emergencia y al parecer al día siguiente mismo vendrían a recogernos en helicóptero.
A las seis de la mañana apareció del cielo un helicóptero que se llevó a Kinga y a Oriol. El nuestro, nos habían dicho que antes de las ocho estaría para llevarnos. Tras tres horas de ilusionada espera, las nubes que entraron nos conminaron a subir de nuevo los doscientos metros de altitud que separan este punto de nuestro campo base. La ampolla de uno de mis pies con este paseo acabó reventándose. Koke subió como pudo acompañado de sus pies doloridos y el poco garbo que la montaña le había dejado. Mala suerte, pensamos, mientras hablamos con los compañeros que habían volado a la mañana y que estaban ya en el hotel de Katmandú. Al día siguiente repetimos la operación de bajar y tras dos horas de ansiada espera tuvimos que volver sobre nuestros pies. “Paciencia, mañana, lo conseguiremos”, me dije para mí. Sin embargo, Koke a partir de esta bajada y posterior subida fue cambiando hasta volverse irreconocible. Su expresión, hablaba por sí misma, ya que mostraba que algo en su interior no marchaba bien, a parte de estar tocado por congelación y dolores en general. Su carácter se volvió irritable hasta decir basta y empezó a quejarse de que apenas podía respirar por unos dolores en el costado. Una vez que se instaló en el saco, nos pidió algo que hiciera de cojín porque no podía estar tumbado. Le llevamos una maleta y así, en esa postura, sin levantarse para cenar pero atendido por cualquiera de nosotros a lo que necesitara, pasó la noche entera.
A la mañana siguiente el día se presentaba prometedor, por lo que me volví a levantar antes de las cinco y desperté a Koke. Esta vez, bajamos con la ayuda de cuatro, todos atentos para cuidar en la bajada al maltrecho Koke. Además, la bajada tenía una capa de unos ocho centímetros de nieve. Aquí se nos cayó el alma al suelo cuando oíamos helicópteros por el valle abajo y Antonio, de la compañía de seguros, insistía en que la máquina estaba a punto de llegar.
--> Cuando parecía que ya lo veíamos, la niebla se echó al completo y nos aguó la fiesta de nuevo. Una vez llegamos a nuestro campo, - el único que quedaba dando la nota en todo el espacio donde días antes relucía un surtido colorido de tiendas -, comenzamos a indagar lo que Koke pudiera tener. Llamamos a Ramón Gárate y por los síntomas podría tratarse de un neumotorax. Al momento comenzamos a medicarle y así esperamos resultados de mejora que sutilmente fueron apareciendo. Koke, comenzaría a ser tratado como una máquina cuando se le va parcheando para que vaya tirando hacia delante.
El cuarto día no nos planteamos ni tan siquiera bajar puesto que la climatología hablaba por sí misma. Además, en la mañana Koke, lucía su peor rostro que invitaba al nerviosismo y a actuar con contundencia para frenar lo que pudiera estar padeciendo.
Tras hablar con los médicos de la compañía de seguros y comentarles que probablemente Koke estuviera sufriendo un edema pulmonar, y debíamos meterlo en la cámara hiperbática pero no podíamos hacer que estuviera echado, nos fueron indicando qué tipo de medicina había que suministrarle para conseguir tumbarlo dentro.
Tras varias sesiones dentro de la cámara, koke fue resucitando a pesar de las fugas que el viejo aparato de Oscar Cadiach, tenía. Entre parches de chicle y pegotes de cinta americana, la vida abrazó al pobre Koke.
Esa noche, por fin, nos metimos más tranquilos al saco olvidándonos del helicóptero. Esa noche misma, comencé a sentir que los ganglios de ambas piernas se me hinchaban y que una infección me iba dejando fuera de combate. Volví a hablar con el médico de la compañía y me sugirió qué medicina podía tomar, tanto para el dolor como para la infección.
Esa noche, para qué dejarlo para otra ocasión, comenzó un ciclón que se originaba en el Golfo de Bengala y de paso nos visitaba para no sentirnos solos en el campo base. Las ráfagas de viento sacudían una y otra vez la tienda y dábamos gracias a Dios por no salir volando, cosa que por otra parte, tanto ansiábamos.
Esa noche nuestro compañero, Oscar Cadiach, estaba aislado en el campo 3. No quiero ni pensar qué sensaciones recorrían su cuerpo. Oscar, el ciclón y el Kangchenjunga: una compañía perfecta para marcar un antes y un después en la vida de cualquier persona. Y amaneció. El viento llamaba una y otra vez a la puerta. A pesar de su insistencia, sólo le hice caso a las doce del mediodía, y al salir, el metro y medio de nieve que había caído y la ventisca que todo lo envolvía, me hicieron retroceder sin lograr llegar a la tienda-comedor, donde el equipo. A las cuatro de la tarde pude conseguirlo, el viento había amainado y sólo seguía cayendo copos ordenados e inofensivos de nieve.
Cuando ya todo se nos ponía en contra y comenzábamos a revelarnos contra nuestro destino cruel, un nuevo día nos trajo todo lo que habíamos necesitado: Oscar, el helicóptero y hasta la sonrisa.
Ya en la clínica, nos han examinado, primero el médico nepalí y después, por suerte, una pareja de médicos españoles que Oriol había conocido: José Ramón Morandeira y María Antonia Nerín. Ambos expertos en congelaciones y que han tomado parte como médicos en la expedición al Manaslu de Carlos Pauner. Lo primero que me ofrece el médico nepalí es quedarme unos días para someterme a cirugía quitándome la ampolla que envuelve la congelación. El doctor Morandeira me explica lo que yo ya sé, precisamente ese envoltorio del dedo que es la ampolla, es la verdadera protección. Así que los doctores españoles convencen al nepalí para que haga las curas en el hotel y que ellos me observarán la evolución.
Con respecto a Koke, después de la revisión y placas de las vías respiratorias, el edema y un pinzamiento en la zona aparecen bien visibles. No obstante, los médicos recomiendan reposo en el hotel.
Por la tarde, nos visitan para ver sobre todo la evolución de Koke. Al ver que padece fiebre y que está pachucho, le someten a un análisis exhaustivo y viendo los datos que va dando en las diferentes pruebas, le van suministrando inyecciones y medicamentos. Ahora, un día después, recién empieza a cambiarle la cara y en esas nos encontramos ahora".
Alberto Zerain
29 May 2009
Conquistar el Kangchenjunga pudo tener consecuencias fatales para Edurne Pasaban (35 años). Una bronquitis, el calor y el agotamiento derivaron en un desfallecimiento al día siguiente de hacer cumbre, cuando lo peor parecía haber pasado y descendían del campo IV al III. Salvó la vida gracias al empeño de sus compañeros Alex Txikon y Ferrán Latorre. El vizcaíno le cuidó, alimentó y literalmente arrastró, hasta la llegada de los sherpas. Entre todos solventaron una situación límite, la más comprometida en la carrera de la ‘ochomilista’ tolosarra, que finalmente se ha solventado con unas ligeras congelaciones que no les impedirán ir en octubre al Shisha Pangma y de las que se recuperan en la clínica MAZ de Zaragoza, donde relataron a EL CORREO con todo detalle el dramático descenso.

–La jornada de cumbre duró prácticamente 24 horas, lo mismo que en el K2 en 2004. ¿Hay más similitudes en los dos ataques?
–Antes de empezar, me decía a mí misma ‘esto se va a convertir en otro K2’, por que teníamos la referencia de la coreana Ms. Ho, que con oxígeno, empleó treinta y pico horas en total unos días antes que nosotros. Y cuando nos lo contó, yo me decía ‘si ella con oxígeno ha tardado eso, ¿Cuánto tardaremos nosotros?’. Aquí el motivo del retraso no ha sido la nieve como en el K2, sino porque la ruta es larguísima y muy técnica, siempre entre rocas y por un terreno muy sinuoso, todo el rato subiendo y bajando. A veces tenías la sensación de que estabas haciendo una arista del Pirineo, pero a ochomil quinientos metros de altitud.
–Pese a todas esas dificultades, llegó bien al C-IV. Los problemas vinieron al día siguiente.
–Exacto. Llegué de la cima al campo IV incluso mejor que Asier [Izagirre]. Llegamos a la tienda, bebimos algo, nos metimos en el saco, nos quedamos dormidos y ya está. Al día siguiente me levanté bien, pero cuando comenzamos a bajar hacia el campo III, hacía un calor exagerado. Es un ‘plateau’ de nieve inmenso y allí no sé qué me pasó. No se si fue el calor o qué, pero me hundí, me dio el bajonazo. Me senté, me quité la mochila y les dije ‘yo me quedo aquí’. Y es cuando empezaron a decirme ‘venga, un poco más, levántate y anda un poco más’, pero llegó un momento en que no podía. Inconscientemente, dentro de ti dices ‘te tienes que levantar de aquí’, pero el cuerpo no me respondía. Yo les veía a estos pobres que me arrastraban y hacían todo lo posible para que siguiese, pero mi cuerpo no respondía.
–¿No perdió la consciencia?
–Nunca. Yo me daba cuenta que me levantaban los pies o me arrastraban, o les decía ‘cogerme esto o lo otro’. La mente me respondía, pero el cuerpo no. Yo veía a unos metros un banderín y me decía, ‘venga Edurne, vamos a gatas, como los niños, a ver si así llegas’. Pero no podía, el cuerpo no se movía.
–¿Es la primera vez que te pasa algo así?
–Sí. Es como decir, ‘Pero Edurne, ¡Qué haces! Venga tía ¡Venga! No hagas tonterías, que tu cabeza está funcionando bien. Déjate de bobadas y vete hasta ese banderín’. Pero tu cuerpo no puede, y te sientes totalmente inútil. Hay momentos en los que hasta te sientes culpable y piensas ‘les estás tomando el pelo. Ellos aquí ayudándote y tú no les haces ni caso. Te estás inventado todo para que te lleven hasta el campo III porque tú crees que estás cansada’... ¡Uf!... Unas paranoias increíbles. Luego, encima se puso a nevar, se cerró el tiempo... Menos mal que al final subieron nuestros tres sherpas y nos ayudaron.
–Y se os hizo tarde.
–Claro, tardamos cuatro o cinco horas lo que se suele hacer en poco más de media hora.
–Viendo lo que sufrió, las congelaciones que tienes son mínimas.
–Desde luego. Pero es que además son del día de cumbre. Ya me había visto los dedos morados la noche anterior, en el C-IV.
–Y luego llegó la decisión de tomar oxígeno artificial.
–Sí. Cuando les explicaron lo que me pasaba, los médicos del CB decidieron que necesitaba oxígeno artificial, pero no había en el campo III. Entonces, Oriol [Rivas, de la expedición de Alberto Zerain], que había subido al C-I para esperarnos y traernos unos refrescos, le explicaron que las cosas se habían complicado y que yo necesitaba oxígeno. Entonces se lo pidió a los sherpas de una expedición americana. Su respuesta fue que la botella costaba 400 dólares a pagar al contado. Así estuvieron un buen rato regateando, hasta que convencieron por walkie al responsable del grupo, que estaba en el CB, que les íbamos a pagar cuando bajásemos. Y es cuando por fin pudo subir el oxígeno al campo III.
-¿Eras consciente de lo mal que estabas?
–Para nada. No era consciente de que estaba tan mal. De cabeza estaba bien…
–Pero sí hay un momento en el que les pides que te dejen allí.
–Eso sí. Además me puse así, como un fetillo [Edurne hace el gesto de un bebe que se acurruca] y les dije ‘dejarme aquí y lo, lo, lo ,lo’. Y estos me decían ‘que no, que no, vamos Edurne’ y éste [señala a Txikon] me decía ‘venga pitxin, sigue’ y me daba besos para que reaccionara y yo le respondía ‘¡Dejame en paz!’. Pero sin ser consciente de que parar significaba la muerte. Simplemente estaba cansada y quería descansar. Son pensamientos muy simples, elementales, sin darte cuenta de las consecuencias. Pero luego, había momentos que me decía ‘tengo que moverme y llegar al campo III’, mientras otra parte de mí quería dejarlo. Es como el diablillo y el ángel de los dibujos animados que revolotean sobre la cabeza y se pelean por convencerte cada uno de su idea. En otros momentos, por el contrario, me culpaba a mí misma y me decía ‘Edurne, lo estás haciendo a propósito para que te den mimos y te ayuden a bajar’, pero evidentemente no era así. Es una sensación muy muy extraña.
–¿Qué conclusiones has sacado de esta experiencia?
–Yo creo, y lo he comentado con los médicos y me lo han confirmado, que el problema fue que hice el ataque a cumbre con una bronquitis muy fuerte. Y la combinación de cansancio con la enfermedad tuvo ese resultado. Yo nunca había echado tanta sangre por la boca. Más que esputos eran cachos de carne sanguinolenta.
-¿En el K2 no llegaste a ese límite?
-No, no. Para nada. Allí estaba muy cansada y me llegué a quedar dormida, pero luego llegó Juan y me ayudo a bajar, pero sin tener esa sensación de desdoblamiento, de perder na noción de la realidad. En el K2 fue una bajada dura, pero llegué hasta abajo, poco a poco, pero llegué. Yo creo que el problema aquí es que estaba enferma antes de llegar a la cumbre. Por que si no, no es entendible que después del día de cumbre y de descansar y rehidratarme toda una noche me pase eso. No tiene lógica. Hubiese sido más lógico si me pasa bajando de la cima, pero no del C-IV al C-III. Por eso cuando he llegado aquí lo que más me ha preocupado es saber qué me pasó. Y efectivamente las pruebas han descartado cualquier edema. Con el doctor Kiko Arregi hemos llegado a la conclusión de que fue la combinación del cansancio con la bronquitis que tenía los días previos al ataque a cumbre.
-¿Ms. Ho, la coreana que está intentado hacer todos los ochomiles con oxígeno, te preocupa?
-Es que es otra guerra. Es una competición entre dos coreanas, como ya hicieron hace cinco años los dos primeros coreanos que completaron los Catorce. Las dos luchan por ser la primera de su país y para ello les vale todo. Ms. Ho, por ejemplo, tiene equipos trabajando exclusivamente para ella que llegan antes a la montaña, le preparan la ruta y luego ella llega, está unos días en el CB, se enchufa el oxígeno y para arriba. Pero lo que más me fastidia es que la tía miente. El otro día, después de que hiciese el ‘Kangchen’, una semana antes que nosotros, fui a su tienda comedor a felicitarla cuando le pregunté por sus planes me dijo que se iba para casa, que estaba echa polvo y que no pensaba subir el Dhaulagiri. Pero luego al rato, estuve hablando con sus sherpas, con los que tengo buena relación de otras expediciones, y van y me dicen que ahora se van para el Dhaulagiri para subir con ella. Eso me parece ridículo. Que mienta de esa manera. Pero si yo no voy a cambiar mis planes porque tú vayas o dejes de ir al Dhaula.
-¿Cómo definiría el Kangchenjunga?
-Es una montaña muy grande. Buscando una comparación, el K2 es muy grande, pero el ‘Kangchen’ es gigante, un monstruo al que te tienes que ir acercando poco a poco. Y es muy larga. Ir de un campo a otro no supone una ascensión con equis metros de desnivel, no. Supone una travesía en la que subes, bajas, sorteas seracs, cruzas glaciares… Es una montaña en la que debajo de ella te sientes muy poca cosa. No es una montaña, es todo un macizo en un circo muy grande. Técnicamente, además, continuamente hay tramos complicados que exigen instalar cuerdas. Y el día de cumbre es muy duro, porque entras primero en un corredor de nieve y luego son todo tramos rocosos, salteando viras con rocas y más rocas. El sitio es muy complicado.
-¿Qué se ve desde la cima?
-Es una cumbre muy bonita. Y sagrada, que no se puede tocar la punta. Como referencia, había una bandera nepalí con dos botellas de oxígeno un poquito más abajo, y era el límite al que los sherpas habían establecido que podíamos llegar. Ahí es donde nos hicimos la foto.
-En las imágenes de ‘Al filo’ Oiarzabal incluso parece hacer una reverencia.
-Sí. Cuando llegamos, Juanito se tumba y besa la bandera. Fue su forma de agradecer que habíamos llegado hasta allí arriba.
-El panorama debía ser impresionante.
-Sí, si. El paisaje es una pasada. Tengo un foto de 360º en la que se ve todo. El cielo estaba limpísimo. La cumbre es impresionante. Fíjate si estabamos bien y tranquilos que justo debajo de donde se nos ve en la foto de cumbre, empieza ya la roca y hay como una pequeña visera que hace una peña. Allí nos metimos debajo y estuvimos comiendo un poco de chocolate y bebiendo. ¡Como si estuviéramos en Pirineos!
-¿El que fuese tan tarde no os hizo dudar?
-Yo no me di cuenta ni qué hora era cuando llegamos a la cumbre. Me di cuenta a la mañana, sobre todo cuando amanecía, que podía ser un poco tarde, pero a partir de allí no hice caso. Luego nos cruzamos con los coreanos, que bajaban, sobre las once y media y nos dijeron que estabamos a hora y media de la cumbre. Nos pareció poco por que ellos estaban con oxígeno, pero quizás sí unas tres horas. Ése es el último momento que tengo de una referencia horaria. Y por supuesto no tardamos eso, pero es que arriba se complica mucho la ruta, con continuas subidas y bajadas. Hay un momento en el que llegas a una especie de chimenea potente, de unos diez metros, que hay que rapelarla, y cuando llegas abajo te metes en una zona de rocas y continúas por unas viras. Encuentras bloques de rocas como una casa de grandes. Y claro, luego, en el descenso, hay que hacer todo eso en sentido inverso y subir esa chimenea que antes habíamos bajado. De verdad es muy muy complicado.
-¿Tras esta cumbre ves por fin Los Catorce a tu alcance?
-Hombre, sí que los veo más cerca. Mucho más cerca. Creo que me he quitado un buen hueso. Antes de hacer al ‘Kangchen’ yo me decía que no me tenía que emocionar con Los Catorce hasta no subirlo. Y lo que ha pasado y hemos sufrido ha confirmado eso, que era muy duro de pelar.
-¿Podrás mantener los planes de intentar en otro el Shisha Pangma pese a las congelaciones?
-El doctor Kilo Arregi me ha dicho que sí, que sin problemas si este verano me porto bien y no ando por nieve ni sitios fríos. Que entrene bicicleta y al sol, y que para septiembre fijo que podré ir. Además el Shisha es un ochomil justo, bajito, así que sin problemas. Cuando me lo ha dicho me he animado mucho, porque recordaba la larga recuperación del K2. Pero esto no tiene nada que ver.
-¿Has hablado con tu amiga Gerlinde Kaltenbrunner tras hacer cumbre?
-No. No he tenido ocasión.
-Ya sabes que al día siguiente que tú ella hizo el Lhotse.
-Ya, ya me lo comentaron. Hemos hablado durante la expedición y espero poder llamarla en cuanto pueda.
-¿Y qué tal la relación con Nives Meroi en el campo base?
-Rara, muy rara (Edurne sonríe). En cuanto me veía se escapaba. La verdad es que es una tía más rara que la leche. Y por lo que me han dicho se dio la vuelta por su marido.

-De los ochomiles que has hecho cual es la cumbre más bonita, la más fea y la que nunca volverías.
-¿Volver? ¡A ninguna! (Edurne ríe con ganas). A ver, en serio, la más bonita no sabría decirte. Yo creo que todas han tenido su historia bonita. Yo creo que el conjunto de poder escalar todos esos ochomiles y conocer el himalaya, es lo bonito de todo. Compensa todas las penalidades sufridas. Y sobre todo por los países que he conocido. El vínculo que tengo con Nepal, con su gente... Eso no se paga con nada. Es los más importante de todo.
-Y tu madre que dice de todo esto (está en la habitación y ha asistido en silencio a toda la conversación).
-Pregúntaselo a ella… ja ja ja… (su madre rehuye contestar y sólo explica su alegría por tener a su hija allí, junto a ella).
29 May 2009
El lemoarra Alex Txikon (28 años) se convirtió en un inesperado ángel de la guarda para Edurne Pasaban en el dramático descenso del Kangchenjunga. Su emocionante relato evidencia los malos momentos vividos, pero también su determinación para sacar a la tolosarra de aquella situación.
-¿Cómo fue el día de cumbre?
-Muy muy largo. Quedamos para salir a las doce de la noche. Pero ya a las diez, mientras estábamos con los preparativos, haciendo agua y demás, notamos que el viento empezaba a soplar con fuerza. Y no paró hasta la una y pico, así que estuvimos esperando a que amainara. El caso es que al final salimos para cumbre a la una y media. Así que ese fue el primer retraso.
-¿Porqué fue tan larga la subida? ¿Era lo previsto u os retrasó algo?
-Nada en especial, pero hacía mucho frío también y fuimos un poco más lentos de lo normal. Además, los primeros tramos eran muy empinados y al hacerlos de noche vas con más cuidado. Todo eso nos fue retrasando poco a poco. Estuvimos tres veces a punto de darnos la vuelta. Asier (Izagirre) por que tenía mucho frío, Juanito (Oiarzabal) por que íbamos lentos y se iba a hacer muy tarde, y Edurne, al ver las dudas de los otros dos también comentó para bajarnos. Pero yo lo tenía muy claro. Cada vez que lo comentaban yo les gritaba “¡Para arriba, para arriba!”. Por fin, en la tercera intentona de darse la vuelta les chillé “¡Venga, por favor, venga equipo, que hay que subir!”. Le dije entonces a Ferrán (Latorre) que se pusiese a tirar por delante mientras yo cerraba el grupo y así siguieron hasta arriba. Así que al final hicieron cumbre por mí y el que me quedé sin ella fui yo!
-¿Qué te pasó para no llegar a la cima?
-En el torreón final, ellos se metieron a la derecha y yo, que iba un poco rezagado, tranquilito, sacando fotos y filmando, me desvié un poco a la izquierda y llegué a un punto bastante técnico unos cuarenta metros por debajo de la cumbre. Volví a bajar para ir por el otro lado, pero entonces vi a Ferrán que bajaba y pensado que si yo seguía para arriba podía retrasar al grupo me bajé con él. ¡Y luego resulta que estuvimos más de hora y media esperándoles un poco más abajo! Estuve casi dos horas a media hora de la cumbre. ¡Fíjate si hubiese tenido tiempo de llegar a la cima! Pero bueno, no llegué hasta el punto más alto, aunque para mí, personalmente, como si hubiese hecho cumbre, vamos. Estaba allí mismo. Al lado, al lado…
-O sea que no fue un problema físico…
-No, no, para nada. Simplemente que era un terreno en roca, con poca nieve, donde la huella apenas se veía y vas a lo tuyo, disfrutando de la ascensión y las vistas, tras haber hecho lo peor, y yo me desvié un poco…
-Y no tienes un poco de frustración por haberla tenido tan cerca y no haber llegado?
Bah… No… hombre, un poco de pena sí que te da. Da pena por que dices, “joer, no haber pisado la cumbre teniéndola tan cerca…”. Pero, de verdad, para mí personalmente es como si hubiese llegado a la cima. Me he quedado satisfecho como si la hubiese hecho. Además yo soy un tío conformista, tranquilo, porque mis compañeros, y sobre todo Edurne, que es por la que estábamos allí, llegaron hasta arriba y yo es algo que no necesito, por que no estoy metido ni me interesa lo de los catorce ochomiles.
-Y la bajada…
-Ferrán y yo nos adelantamos y llegamos al campo IV sobre las ocho de la noche. Por detrás vino Juanito, y por último Edurne y Asier. Todo sin problemas. Muy cansados, pero bien. Fíjate. Igual el que peor bajó de la cumbre fui yo, por que tenía muchísimo sueño y en algún momento que paré a descansar me quedé dormido. Y cuando Ferrán me vino a despertar le debí de decir alguna incongruencia, según me contó luego.
–El día siguiente, el de la bajada del campo IV al III comenzó con normalidad.
–Si. Madrugamos, desmontamos el campamento y comenzamos a bajar. Íbamos todos en grupo, sin novedades. Hasta que Edurne empezó a ir muy lenta y a quedarse rezagada. Primero le cogí su mochila y me quedé cerca de ella mientras los demás seguían a su ritmo. De pronto se sentó, me acerqué a ella y vi que ya no reaccionaba. ‘¡Ostras!’ pensé, ‘hay que hacer algo rápidamente’. Llamé a Ferrán, que venía también un poco rezagado, y a Juanjo Garra [del grupo de Alberto Zerain], que también bajaba con nosotros, le dije que bajase corriendo al C-III a buscar ayuda. Al verla allí tumbada me dije ‘hay que sacarla de aquí como sea’, le dimos un miligramo de Fortecortín (Dexametasona), y empezamos el descenso. A partir de ahí la situación se puso cada vez peor. Del sol y el calor con el que salimos del C-IV pasamos a una ventisca y una nevada impresionante, y sin casi visibilidad. Me eché a hombros a Edurne y la bajé un rato, cien o doscientos metros, antes de quitarnos las mochilas y abandonarlas, porque no hacían más que molestarnos.
–Fue un momento verdaderamente duro.
–Malo. Pero malo, malo. Fue cuando Edurne comento a decir ‘dejarme aquí, dejarme aquí, por favor’. Yo peleaba con ella para que no se durmiera, unas veces dándole mimos y otras enfadándome con ella, gritándole o raspando su cara con mi barba para que reaccionara. Al menos, en esos momentos me decía ‘jo, que pesado Alex, déjame en paz’. Yo le insistía: ‘Edurne, por favor no te me duermas. Siente tu cuerpo, ayúdanos a caminar. Camina por tu familia, acuérdate de la gente que te quiere’… le daba de beber… Y así durante todo el descenso. Hubo momentos en que no sabíamos ni como bajarla. Al principio la arrastrábamos por la nieve. Luego, cuando el medicamento le hizo efecto y se pudo poner de pie, la bajamos sujetándose en nuestros hombros. El problema es que había tramos muy técnicos, con rapeles y todo.
–Además, Edurne perdió sus guantes.
–La verdad es que no entiendo cómo no he bajado con congelaciones en las manos, porque en un momento dado nos dimos cuenta de que no llevaba guantes y yo le dejé mis manoplas. ¡Hice todo el descenso con las manos a pelo!, con una nevada y una ventisca alucinantes y ¡mira! [Alex levanta entonces con indisimulado orgullo las manos, que en las puntas de los dedos muestran el característico color amarillo de una incipiente congelación), ¡no tengo nada¡ Yo creo que fue toda la tensión que viví y el continuo trajín con ellas lo que evitó que se congelaran. Para que te des cuenta de lo que pasamos, del C-IV al C-III se baja normalmente en apenas cuarenta minutos y nosotros tardamos unas cinco horas. Y ya como colofón, justo antes del C-III hay que subir un gran serac y bajarlo por el otro lado. Y cuando estábamos buscando el modo de hacerlo ya aparecieron los sherpas, que nos ayudaron a llevarla hasta las tiendas de campaña. Y encima Edurne iba un pelín mejor al perder altura.
-Y en el C-III hubo que tomar la decisión de seguir bajando a quedarse a dormir.
-Sí. Primero decidimos que Juanito y Asier siguieran bajando, que eran los que estaban más cansados. Y enseguida vimos que para Edurne era demasiado, que no podía seguir bajando. Ella nos decía “por favor, por favor, marcharos todos” y se quería quedar con un sherpa. Pero yo, después de haber bajado con ella hasta allí, tenía claro que no iba a dejarla sola. Así que nos quedamos a pasar la noche. Y Edurne volvió a empeorar otra vez.
-A qué te refieres.
-A que empezó a echar sangre por la boca. Dos esputos de sangre muy grandes que a ella le asustaron mucho porque nunca le había pasado algo así. Y cuando se intentaba recostar se ahogaba. Eran claros síntomas de edema pulmonar y yo pensaba ‘Joder, y el oxígeno [que habían pedido a otras expediciones] que no llega’. Y Edurne cada vez más apurada… Y así aguantamos hasta que llegó el oxígeno, sobre las diez de la noche. Entonces nos quedamos más tranquilos, pero fue una noche muy muy larga.
-¿Y tus congelaciones?
-Yo estoy convencido que me las hice esa noche, porque estaba tan cansado que me quedé dormido con los botines atados y la sangre no me circuló bien por los pies.
-A la mañana siguiente seguisteis bajando.
-Sí. Al día siguiente Edurne estaba muy recuperada tras haber recibido el oxígeno y bajamos al C-II, donde nos estaban esperando los demás, y de allí bajamos ya sin más contratiempos hasta el Campo Base.
-Fue entonces cuando comenzó tu particular calvario.
-Si. Desde el día de cumbre no me había quitado las botas y los pies se me empezaron a recalentar por las congelaciones. Era como si me estuvieran clavando miles de agujas en los dedos. ¡yo me quería morir! Pero bueno, al final tampoco ha sido para tanto y no nos va a tener que cortar nada. El viernes nos dan de alta y luego tenemos un mes mas o menos de curas y reposo ¡Yo que quería hacer ahora una temporada con el hacha de la de Dios!, con
-¿Ha sido la experiencia más fuerte que has vivido en un ochomil?
-Si. Ver a Edurne allí tumbada, que no reaccionaba… fue muy duro. Yo pensé que se nos moría, la verdad.
-¿Y el Kangchenjunga? ¿Qué te ha parecido la montaña?
-El monte es muy duro, pero yo creo que subimos bien. Hombre, luego oyes que uno sube en cuatro horas, el otro en dieciocho… pero claro, aprovechando el trabajo de los que hemos ido por delante. Y la verdad es que estoy hasta los huevos de que venga la gente criticando, que esto y lo otro del equipo de ‘Al Filo’. Y luego esa gente te roba el gas, te roba la comida, se meten en tu saco, se meten en tu tienda… es que ¡joder! Toda esa gente que corre tanto, si es tan buena como dice, lo que tenía que hacer es coger y abrir nuevas rutas o irse al pilar oeste del Makalu en estilo alpino, como hacen otros. Esas son las cosas que te dan un poquito de rabia.
-¿Os robaron en los campos de altura?
-Cuando llegamos a las tiendas del campo III en el ataque a cumbre nos encontramos con que nos faltaba gas, comida… nos cogieron de todo. Como al final estuvimos un día entero y dos noches esperando a que el tiempo mejorase, durante todo ese tiempo estuvimos prácticamente sin poder comer nada, y bebiendo lo justo, porque se lo habían llevado casi todo Yo no quiero culpar a nadie, pero desde luego hubo alguna expedición cuyo comportamiento dejó mucho que desear.
-¿Dónde está la dureza del Kangchenjunga?
-El día final. Es muy muy técnico. Y a esa altitud… Lo demás muy bien. Y creo que también hemos tenido mucha suerte con el tiempo
-¿Entonces no vas a volver para quitarte la espina de esos cincuenta metros finales?
-Ja, ja, ja, ja. ¡Jo, pues no lo sé! No creo, ¿no? Hombre… la verdad es que me quedado con la cosa esa de que no he pisado la cumbre, pero bueno. Los que me conocen ya saben que yo a por Los Catorce no voy. Tengo otros proyectos, otras cosas en mente para hacer en Nepal…Por ejemplo, en octubre, tras hacer el Shisha Pangma, quiero volver en moto desde allí. Por lo demás te queda esa cosilla dentro de no haber llegado hasta arriba, pero bueno… Antes me iría al Pilar Oeste del Makalu, que ya intentamos en ‘Al Filo’ hace tres años y no tuvimos suerte. Allí sí tengo que volver.
28 May 2009
El alemán Ralf Dujmovits, el último conquistador de los catorce ochomiles tras
ascender hace una semana el Lhotse, ha realizado una interesante propuesta en una no menos interesante entrevista a la web desnivel.com. Básicamente, Ralf, que además dirige una empresa dedicada a organizar expediciones a ochomiles, propone dividir la carrera del os ochomiles entre los que han ascendido alguno con oxígeno y los que han hecho todos sin la ayuda de oxígeno embotellado.
Con esta propuesta, él mismo se descarta de la que considera auténtica, la de los que no han usado oxígeno, ya que en 1992 utilizó bombonas para hollar el Everest. "Hasta que no vuelve a subirlo sin oxígeno no consideraré que he ascendido los catorce ochomiles", asegura. Y todo ello respetando a los que eligen esa opción y sin querer buscar la más mínima polémica.
Creo que su relflexión es muy loable y refleja el caminos que debería tomar el alpinismo del siglo XXI. Se trataría de dividirlo en dos vertientes. Por un lado una llamemosla comercial (expediciones comerciales/turísticas, vias normales, etc) y otra más deportiva, en la que se tenga en cuenta el cómo y el por dónde se intenta alcanzar una cumbre, incluso por encima del hecho en sí mismo de haberla conseguido.
No es la primera vez que se realiza esta propuesta, aunque en muchos foros no acaba de cuajar porque implicaría dejar fuera a dos de los más grandes escaladores de la historia, Jerzy Kukuzka y Krzysztof Wiekicki, que en los años ochenta escalaron el Everest con oxígeno, aunque abriendo una impresionante vía en el Pilar Sur y realizando la primera invernal, respectivamente. En estos casos, Ralf entra de lleno en la polémica para reivindicar un alpinismo ético en el que los escaladores respeten sus límites y dejen a otros los que ellos no puedan hacer salvo que utilicen medios extras como el oxígeno. Es como dijo en su día Reihnold Messner evitar "matar lo imposible".
Con esta propuesta, la lista de 16 alpinistas que han subido los catorce ochomiles quedaría reducida a 8: Reinhold Messner, Erhard Loretan, Juanito Oiarzabal (que en 2001 repitió el Everest sin oxígeno tras haberlo subido años antes con él), Alberto Iñurrategi, Ed Viesturs, Silvio Mondinelli, Iván Vallejo y Denis Urubko.
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