27 Jun 2008

Hace unos días comentaba los problemas que tuvo Carlos Pauner en el Lhotse, donde se dio la vuelta a doscientos metros de la cumbre tras intentar una rapidísima ascensión desde el CB "como si fuera un tresmil de los Pirineos", según sus propias palabras.
Aquí tenéis el vídeo de su experiencia, en el que cuenta lo poco que le faltó para no contarlo:

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24 Jun 2008

Ha comenzado ya la temporada en el Karakorum y los cinco ochomiles de Pakistán reciben ya el asedio de cientos de alpinistas (un día de estos os cuento las primeras ascensiones del verano). Sin embargo, habrá una baja significativa: Gerlinde Kalterbrunner, la austriaca que encabeza, con once (junto con la italiana Nives Meroi), la carrera femenina por ascender los catorce ochomiles, ha anunciado que este verano no intentará el K2, su objetivo para los próximos meses. El argumento esgrimido son los problemas físicos que sufrió hace poco más de un mes en el Lhotse, que intentó enlazar con la ascensión al Dhaulagiri, donde coincidió en la cumbre con Edurne Pasaban.
Efectivamente, Gerlinde y su marido Ralf Dujmovits se las prometían muy felices en el vecino del Everest. De hacer cumbre,el alemán, que venía de hacer cumbre en el Makalu, habría terminado los Catorce. Pero las cosas se complicaron. El desgaste que ambos sufrieron en el Dhaulagiri y el Makalu fue mayor de lo que creían y en el Lhotse sufrieron problemas físicos y principios de congelación que les obligaron a darse la vuelta no muy lejos de la cumbre.
Y ahora ha llegado la renuncia de Gerlinde al K2, una decisión más que acertada, ya que la segunda montaña más alta del planeta exige plenitud de forma para afrontarla con garantías. Esta decisión puede permitir a Edurne Pasaban alcanzar a la austriaca y a la italiana Nives Meroi (aún recuperándose de un accidente el otoño pasado en el Makalu) el próximo otoño, en el que la tolosarra intentará el Manaslu. (En la foto, Edurne y Gerlinde en la cumbre del Broad Peak. Colección Edurne Pasaban).
Hablando de sustos en el Lhotse, el de Carlos Pauner sí que fue realmente serio. El aragonés sufrió un principio de edema cerebral (lo supo más tarde) y gracias a que las escasas fuerzas que le quedaban le permitieron un momento de lucidez en el que decidió darse la vuelta a apenas doscientos metros de la cumbre, porque si no, ahora el relato sería bien distinto.
El caso es que Pauner, que también había ascendido el Dhaulagiri unos días antes, confió en sus fuerzas y en la aclimatación lograda en La Montaña Blanca y planteó la ascensión al Lhotse como "subir a un tresmil en Pirineos". Dicho y hecho,: llegó al Campo Base (el mismo del Everest), esperó un par de días a que los partes meteorológicos fueran buenos, se echó la mochila al hombro y tiró para arriba... Y así le fueron las cosas. Carlos cuenta que ya subiendo en la zona baja notó cierto cansancio. Y luego, arriba, se rozó la tragedia. Incluso fue auxiliado por varios alpinistas españoles que descendían del Everest (El Lhotse y el Everest comparte ruta hasta el campo III), que le suministraron oxígeno y le ayudaron a descender hasta el CB.
Definitivamentem, no hay nada como perderle el respeto a la montaña, sea el Lhotse, el Aneto o el Gorbeia, para jugarte la vida.

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19 Jun 2008

Elizabeth Hawley es una institución en el mundo del himalayismo. Esta mujer que desde los años sesenta se ha convertido en la notaria de las ascensiones significativas en el Himalaya, sobre todo a los ochomiles, ha recibido estos días seguramente la mejor alegría posible. Un escalador francés, François Damilano, ha querido reconocer su labor y no ha tenido mejor idea que ascender una montaña virgen y darle su nombre. se trata de una cumbre de 6.182 metros de altitud localizada en el macizo de los Dhaulagiri, que desde ahora lleva el nombre de Peak Hawley.
Pocos homenajes le habrán hecho más ilusión a Ms. Hawley que este. Seguramente, es la persona que mejor conoce las rutas de ascensión a los ochomiles, cada piedra, cada cadáver en la ruta, pese a que en su vida se ha acercado ni tan siquiera a sus campos base. En los años sesental llegó para Katmandu para ahceru n reportaje para la agencia Reuters, para la que trabaja, y ya no salió de allí.
El sistema de trabajo de Elizabeth Hawley es tan curioso como riguroso. Ella entrevista a todos los alpniistas y en la encuesta introduce ocasionalmente preguntas trampa para saber si le dicen la verdad. Luego contrasta las respuestas con las de otros alpinistas que han realizado la misma ascensión y así sabe perfectamente quien le ha dicho la cerdad y quien no. Y así da descubierto las trampas de numerosos alpinistas, algunos de ellos renombrados, que se vieron cegados por la fiebre de la cumbre...
Yo la conocí en 2002 en Katmandu, a la vuelta de la expedición de Iñurrategi al annapurna y su compañía es sencillamente deliciosa. Su imagen de encantadora abuelita británica contrasta con los incisivos interrogatorios que hace a los alpinistas. Y quizá ese sea su secreto. En todo caso, es toda una institución en el mundo del himalayismo.

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03 Jun 2008

Ayer partió para Pakistán la expedición formada por José Carlos Tamayo, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre. Os preguntaréis a donde se va esa pléyade de alpinistas de ensueño, ese 'dream Team' del himalayismo vasco (seguro que Ferrán, catalán hasta la médula él, no se enfada si le hago vasco un ratito para redondear el adjetivo). Pues nada menos que al G-IV.
¿El G-IV? Sí, el cuarto pico más alto del macizo de los Gasherbrum, en el corazón del Karakorum, en torno a ese pequeño paraiso para los montañeros conocido como Concordia, confluencia de tres glaciares a cuatro mil metros de altitud y privilegiado mirador a algunas de las montañas más altas y bellas del planeta.
El G-IV es la montaña perfecta, sus formas, su dificultad la convierten en el sueño de todo alpinista, una más que digna competencia para el cercano K2 (8.611 m.). Os preguntaréis entonces porque no es una montaña conocida, popular, codiciada como su vecina. La culpa la tienen 75 metros. Los que le faltan para medir 8.000. Esos 75 metros la dejan fuera de Los Catorce (es la decimoséptima montaña más alta del mundo). Esa mínima distancia la ha relegado al anonimato.
Tanto que sólo cuenta con cuatro rutas (tres a la cumbre principal, en la foto la punta derecha del polígono rocoso) y otras tantas ascensiones desde que Walter Bonatti y Carlo Mauri pisaron su cumbre por primera vez en 1958. El dato es el mejor reflejo de su dificultad.
Para varios de los expedicionarios vascos es también un viejo anhelo. Así Tamayo lo intentará por tercera vez (1997 y 1004), mientras que para Iñurrategi, será su segunda incursión en la montaña (2004).
El grupo ha decidido intentarlo por la ruta que en 1986 abrió la expedición australiano-americana formada por Andy Tuthill, Greg Child, Tom Hargis y Tim Macartney-Snape, y que supuso la segunda ascensión absoluta de la montaña. La vía discurre por la arista Noroeste (la de la izquierda en la fotografía), una ruta lógica, bella y con una dificultad mantenida, con una sorpresa final: media docena de largos de V grado a 7.700 metros de altitud.
En 15 días el grupo estará instalado en el campo base y, desde ese momento, la montaña será enterita para ellos. Mientras, a apenas un par de kilómetros, decenas y decenas de personas convertirán las laderas del Broad Peak en una especie de romería camino de uno de los santuarios ochomilísticos. ¡Benditos 75 metros! pensará para sus adentros el G-IV mientras mira de reojo la hilera de penitentes de su vecino. En la inmensidad de sus paredes, la presencia de cinco alpinistas, osados y nobles en la pelea, será para él todo un honor.
¡Suerte y fuerza para todos!

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29 May 2008

Ayer (29 de mayo) se cumplieron 55 años de la ascensión de Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay al Everest. Fueron dos pioneros que se adentraron en una tierra desconocida, pisando por primera vez la cima del mundo.
Tenzing Norgay hace ya muchos años que nos dejó. Edmund Hillary falleció este año, tras haber dedicado su vida a ayudar al pueblo sherpa. Recomendamos la carta que Ang Tshering Sherpa le dedicó tras su fallecimiento, en la que cuenta cómo gracias a Sir Edmund y sus escuelas los sherpas aprendieron a ganarse la vida.

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26 May 2008

Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) es una mujer feliz. Acaba de subir su décimo ‘ochomil’ en una ascensión rápida y limpia y ve más cercano el final del reto de su vida: ascender los catorce ‘ochomiles’ del planeta. Atrás han quedado ya algunos fantasmas que hace unos meses sembraron de nubarrones el objetivo y ahora mira ya hacia el futuro con optimismo. Y con ganas de cerrar este capítulo de su vida para poder abrir otros, como el de la maternidad. Pero los ‘ochomiles’ no ofrecen tregua y, recién llegada de su ascensión al Dhaulagiri, recibía como una sopapo la muerte de Iñaki Ochoa de Olza, un amigo muy especial para ella.
–¿Esperaba ese desenlace para Iñaki Ochoa de Olza?
–Le conocía, era un alpinista muy fuerte y nunca pensé en ese final, confiaba en que saldría adelante, aunque también era consciente de que las posibilidades eran pocas, sobre todo según iban pasando los días y no conseguía salir de allí arriba. Siempre es duro recibir una noticia así, pero en este caso además era un buen amigo y ha sido una persona muy cercana a mí. Aún no me había levantado cuando me llamó Alex Txikon a primera hora de la mañana para decírmelo. Me quedé dos horas en la cama, sin reaccionar, dándole vueltas a todo.
–¿Ante una noticia así no dan ganas de dejarlo todo?
–No. Merece la pena lo que hacemos. Sabemos que puede pasar. Y nunca creemos que nos va a tocar tan cerca. Aunque nos toca. Pero dejarlo, jamás. Esas montañas son nuestra vida, nuestra libertad. Y sabemos que el precio a pagar a veces es alto. Pero hacemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona. Es nuestra vida.
–El Dhaulagiri ha sido su décimo ‘ochomil’. ¿Ve más cerca el final?
–Un poco más cerca sí. A veces sí que lo siento más cerca. Pero tambien soy consciente de que me quedan cuatro. Y muy difíciles. Sobre todo Kanchenjunga y Annapurna, que son dos montañas duras. Así que lo veré más cerca cuando vaya con doce. Con diez todavía queda un largo camino.
–Ahora que se va acercando al final, ¿se siente presionada?
–No especialmente. He dejado siempre muy claro que los cuatro que me quedan tengo que hacerlos tranquilamente. Porque si me obsesiono con ellos el factor del riesgo se dispara. Así que los voy a hacer muy tranquila. Hombre, viendo como van mis ‘rivales’, entre comillas, Gerlinde (Kaltenbrunner) y Nives (Meroi), tendré que espabilar un poco si quiero ser la primera. Pero desde luego, por mi entorno y los patrocinadores no me siento presionada para nada.
–¿Y por usted misma?
–Tampoco. Yo me he planteado esto en dos o tres años y creo que tengo tiempo suficiente para hacerlo. Hombre, si dentro de un año no he subido ningún ‘ochomil’ más entonces seguramente sí que me sentiría presionada. Pero por ahora no. He cumplido en el Dhaulagiri el primer plazo y todo va bien.
Las ‘rivales’
–¿Y si al final es la segunda o la tercera en acabar los ‘ochomiles’?
–No creo que me sentiría muy diferente. Tampoco va a cambiar mucho la vida ni de Edurne, ni de Gerlinde ni de Nives por esto. La primera que lo consiga pasará a la historia y estará en los libros. Pero no creo que por ello vaya a tener más trabajo ni sea más que las otras. ‘Guay’ para la primera, porque será eso, la primera. Es lo que buscamos las tres, aunque no haya competencia entre nosotras. Pero, al final, lo importante es terminar los catorce para una misma. Y si soy la primera, mejor. Pero lo haré para mí. Gerlinde y yo pensamos eso. Los hemos hablado mucho en esta expedición y las dos lo tenemos claro.
–Gerlinde lleva un ritmo tremendo.
– Está claro que ella va mucho más a saco que yo. Va a un ritmo mucho más fuerte. No sé si porque está presionada o porque los austriacos son más cuadriculados en los planteamientos una vez que se marcan un objetivo, mientras que nosotros somos más relajados.
–Ha coincidido con ella en los dos últimos ‘ochomiles’. ¿Su relación sigue igual de bien?
–Es una pasada. Mantenemos el contacto continuamente, no sólo en las expediciones. Por ejemplo, acabo de recibir un ‘e-mail’ suyo en el que me cuenta que está esperando a su marido, Ralf Dujmovits, que ha subido el Makalu, para irse juntos al Lhotse, que les falta a los dos. Y me contaba que ha estado superpreocupada porque no ha sabido nada de él, que si los hombres cómo son… Lo que quiero decirte es que nuestra relación es de todo menos de rivalidad.
–¿Qué tienen cada una de las tres a favor y en contra para ser la primera en acabar Los Catorce?
–Antes pensaba que Gerlinde y Nives tenían la ventaja de sus maridos, que siempre iban a escalar con ellos. Y no por el hecho de que fueran sus maridos, sino porque vivían en un entorno familiar que giraba también sobre su objetivo de terminar los ‘ochomiles’. Y yo me sentía un poco sola. Pero ya no es así. De otra forma, con un programa de televisión, un patrocinador y un entrenador, pero ahora también me siento arropada en torno al mismo objetivo. Son personas que saben lo que quiero y lo ponen todo de su parte para que lo logre. Es un equipo que trabaja para lograrlo conmigo. Y ya no siento esa soledad de antes.
–Antes hablábamos de la presión de acabar...
–A ellas las veo más obsesionadas que yo para terminar Los Catorce. Mucho más. Muy obcecadas en ello. Yo desde luego quiero terminarlos y me gustaría ser la primera, pero hago las cosas más pausadas y pensadas. A otro ritmo. Valoro mucho, mucho la vida. Y eso no quiere decir que ellas no la valoren, pero su vida sólo la basan ahora mismo en terminar Los Catorce. Y yo no.
El final
–De momento Gerlinde tiene ventaja.
–Sí.Y yo creo que será la que acabe primero. Si no le ocurre nada. Lo que pasa es que le queda un hueso muy duro que es el K2. Pero es la que más boletos tiene. Y la que más me gustaría, si te soy sincera, que acabase primera. Es una gran persona y una muy buena alpinista. Se lo merece.
–¿Y Nives?
–Es mayor que nosotras, de otra generación. No la conozco tanto como a Gerlinde, aunque veo que está obsesionada con terminarlos. Se ha metido a saco en esto y no mira por lo demás. Incluso ha tenido alguna disputa con Gerlinde, contra la que se querelló porque hizo algún comentario sobre las dudas que existen de la ascensión de Nives y su marido al Dhaulagiri. Y no es algo que diga Gerlinde, es algo de lo se duda en el mundo de alpinismo... Y una persona que va de este modo por la vida se ve claramente lo que quiere...
–Y cuando acabe los catorce, ¿será el final?
–Seguramente el final de los ‘ochomiles’ sí. No me veo como Juanito haciendo 22, 25 o no sé cuántos. Me veo haciendo montaña, y seguramente el Himalaya no lo voy a dejar nunca porque me gusta ir allí y estar con su gente. Pero desde luego no voy a seguir haciendo ‘ochomiles’ como loca.
–¿Antes de dejarlo se plantea hacer el Everest sin oxígeno?
–Sí, sí. Primero vamos a terminar los catorce, pero desde luego sí que me lo planteo. Sí que me gustaría intentar el Everest sin oxígeno. Sería el final. La mejor forma de cerrar el ciclo de los ‘ochomiles’.
–Con la perspectiva de que fue su primer ‘ochomil’, ¿se arrepiente de haberlo hecho con oxígeno?
–No. Porque creo que cada cosa hay que hacerla en su momento y como viene. Y yo, en 2001, no tenía la experiencia que tengo ahora. Entonces, el Everest para mí era una fijación. No me planteaba para nada Los Catorce y lo único que quería era subir al Everest. Primero lo intenté sin oxígeno y al final me costó ¡tres años! Así que no me arrepiento para nada de lo que hice entonces ni de cómo lo hice.
–¿Tiene miedo al vacío que se siente tras concluir algo que se ha convertido en el objetivo de su vida?
–Aunque esas cosas hasta que llegan no sabes si te van a pasar y cómo vas a reaccionar, yo creo que no. Porque ahora me falta tiempo para hacer otras muchas cosas. Y la maternidad es algo que también me va a llenar muchísimo cuando acabe con esto. Así que no me van a faltar ocupaciones ni preocupaciones. Van a llenar con creces el espacio que ahora ocupa la montaña. No sólo no tengo miedo al vacío, sino que quiero terminar con esto para poder empezar a hacer otras cosas.
–Tiene muy claro lo de ser madre.
–¡¡¡¡Síííí!!!! La maternidad será mi decimoquinto ‘ochomil’. Al menos lo espero. Por eso me marco el límite de acabar los catorce en dos o tres años. Para poder pasar a otras etapas de mi vida que también quiero hacer y que de momento tengo aparcadas, como tener una pareja, un hijo… ahora tengo un sobrino al que estoy todo el día dando la lata cuando estoy en casa. ¡¡¡¡Tengo el instinto a flor de piel!!! ja ja ja ja. Llevo dos años que no sé qué me pasa… Ahora que hay pastillas para todo, tendrían que inventar alguna que calme el instinto maternal… ¡¡Ja ja ja!!
–No sé si preguntarle si ya ha elegido el padre.
–¡Noooo!. Eso no lo tengo aún elegido. ¡¡Este es el problema!! Ja ja ja. De todas formas, ahora la ciencia ha avanzado una barbaridad, así que si no encuentro uno que me guste no lo necesito. Pero esto no lo pongas, no vaya a ser que asuste a los posibles candidatos y no encuentre ninguno… (Edurne vuelve reír con ganas).
–Hablemos de los ‘ochomiles’ que le faltan: el Manaslu.
–Para mí es un desconocido. Nunca he estado ni he oído hablar mucho de él. Aquí, en Euskadi, por ejemplo, han ido poquitas personas. Iremos este otoño y no sé si es la mejor época, porque se carga bastante de nieve en el monzón. Por lo demás no es una montaña muy complicada. El problema es la nieve y que es muy fría. Nuestras posibilidades dependerán mucho del monzón que haga.
–Shisha Pangma.
–He estado ya dos veces. Para subir tengo que ir por la cara sur. El año pasado estuvimos por la norte, por la que es una montaña ‘facilita’ entre comillas, por lo menos hasta la cima secundaria. Pero creo que la ruta para hacerlo es la Británica, por el sur. Cuando estuvimos allí subimos hasta los siete mil y pico, y me parece una vía muy bonita y divertida.
–Annapurna.
–Bueno, después de la experiencia del año pasado al menos ya sé a dónde voy. La clave del Annapurna es saber elegir por dónde subir y cuándo. Por mí, la dejaría para el final, pero la gente me dice que no lo haga. Podríamos ir por la vía del año pasado. Sobre todo porque ya la conozco. Ir al Annapurna por una vía que ya conoces, en la que sabes dónde vas a encontrar los problemas, es un plus muy importante. Pero, bueno, ya veremos cuando llegue el momento.
–Tras darse la vuelta el año pasado dijo que fue la mejor decisión. ¿Sigue pensando igual?
–Para nada. Ahí la cagué. Tenía que haber aguantado más. Lo que pasa es que me encontré un poco sola. Iván (Vallejo) y Fernando (González) iban por delante, abriendo ruta (ambos hicieron cumbre al día siguiente). Asier (Izagirre) se puso enfermo y yo me quedé sola en el campo 3. Y soy una persona que afronto todo, pero siempre necesito a alguien al lado que me apoye. Me equivoqué. Tenía que haberle echado más cojones y haber tirado para arriba. Ahí fastidié una buena oportunidad para quitarme el Annapurna. Pero, bueno, las decisiones se toman sobre la marcha y es mejor no darle más vueltas.
–Kanchenjunga.
–Uf,.. es la más alta que me queda. Muy alta... un montañón. A la que va poca gente, así que habrá que currar mucho... Iván dice que es muy chula y muy noble. Pero es que todo lo que tiene de noble lo tiene de alta. Y eso asusta. Porque últimamente hemos estado en montañas más bajas, al límite de los ocho mil metros, y los pies ya andan pasando penurias... Creo que la dejaremos para la próxima primavera e iremos mentalizados de que será la única expedición del año, como hice en el K2 en 2004.

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22 May 2008

Si todo ha ido según lo previsto, probablemente a esta hora el suizo Ueli Steck habrá llegado ya al campo 4 del Annapurna, donde Iñaki Ochoa de Olza lleva ya tres días semiinconsciente y asistido por su compañero de cordada, el rumano Horia Colibasanu. Puede que incluso hayan iniciado ya el descenso. Según las últimas noticias, conocidas ya hace varias horas (la diferencia horaria con Nepal es de cuatro horas y allí empieza ya a atardecer), Ueli se encontraba a tres horas del campo 4, hacia donde subía con medicinas para tratar el edema cerebral que todo apunta que padece Iñaki. Mientras, el otro rescatador, Simon Anthamattenn, se ha quedado en el campo 3, no se sabe muy bien si porque el esfuerzo del rapidísimo ascenso le ha pasado factura o como parte de la estrategia del rescate, para estar más fresco a la hora de auxiliar al navarro durante le descenso.
Ayer, Horia logró contactar unos minutos con la familia, a los que confirmó que Iñaki sigue vivo, aunque semiinconsciente e incapaz de moverse por su propio pie. Según los síntomas que padece, los neurólogos consultados en España por la familia apuntan a una más que probable lesión cerebral.
Pero el de Ueli y Simon no es el único equipo de rescate que se ha puesto en marcha. Don Bowie -que en un principio iba en el equipo con Iñaki y Horia, aunque se separaron tras algunas discrepancias-, ha vuelto desde Katmandú, junto a Denis Urubko, otro alpinista ruso potentísimo, y ya han salido para arriba desde el campo base con oxígeno artificial para asistir al navarro.
Además, el llamamiento que desde la web www.mounteverest.net se realizó para conseguir un helicóptero de rescate en cuanto se supieron los problemas de Iñaki ha dado sus frutos y un helicóptero ha trasladado hoy al campo base a otro grupo de rescate, en el que se encuentra un médico polaco, dos alpinistas rumanos, uno ruso y sherpas de altura para ayudar en en el tramo final del descenso, sobre todo el complicado cruce del glaciar. Por supuesto, el helicóptero aguardará en el CB para trasladar inmediatamente a Iñaki a Katmandú.
Mientras, ayer contábamos que el ruso Bolotov, que también intentaba la cumbre con Iñaki y Horia, bajaba con un principio de edema pulmonar. Las últimas noticias le sitúan en el campo 2, donde han desaparecido los síntomas del mal de altura. Y aguarda allí por si su ayuda fuera también necesaria.
Al margen de cómo termine todo, que esperemos que sea bien, creo que en el Anapurna se está escribiendo estos días una de las más bonitas páginas de solidaridad entre alpinistas de los últimos tiempos. Un ejemplo que devuelve todo el sentido al espíritu montañero, algo vilipendiado en los últimos tiempos por desgraciados pasajes de insolidaridad alpina, protagonizados, sobre todo, por expediciones comerciales y en el Everest.

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21 May 2008

Antes de nada ¡¡¡Iñaki Ochoa de Olza está vivo!!! Así lo ha podido confirma el perdiodico Diario de Navarra, patrocinador del alpinista. Sigue en el campo 4 semiinconsciente a la espera del equipo de rescate. Y es que esa es la segunda buena noticia. La cordada que sube en su ayuda está formada por los suizos Uli Steck y Simon Anthamatten. Además de ser dos los mejores alpinistas del mundo en este momento, están perfectamente aclimatados, ya que llevan mes y medio en altura, tiempo en el que han realizado la apertura de la pared norte del Tengkangpoche, una de las mejores actividades, si no la mejor, en lo que va de año. Otra muestra de su calidad es que en febrero Uli Steck batió el record en solitario de la pared norte del Eiger: escaló los 1.800 metros invernales de la ruta Heckmair (ED2) en 2 horas, 47 minutos y 33 segundos. También se puede recordar su ascenso en solo a la pared norte del Cholatse, lo que estuvo a punto de valerle el Piolet d’Or.
Y poco han tardado en demostrar su calidad y velocidad: La pareja suiza llegó ayer al campo base y las últimas noticias les sitúan ya en el campo 3, a 6.900 metros, tras superar los tramos más delicados y técnicos de la ruta.
Además, los compañeros del ruso Bolotov, que ha regresado de su intento a cima con edema pulmonar y desciende ya por debajo del campo 4, estaban ya en Katmandu pero en cuanto han conocido la noticia se han puesto en marcha hacia el Annapurna haciendo buena su premisa de no abandonar jamás a un compañero, sin plantearse siquiera los roesgos propios que puedan asumir. El tambien potentísimo grupo ruso está capitaneado por Bogomolov, otro de los ochomilistas más en forma de la actualidad.
Así que dentro del delicado momento que atraviesa Iñaki, puede felicitarse de que algunos de los mejores alpinistas del mundo estén inmersos en su rescate.
¡¡Fortaleza y mucha suerte, Iñaki!!!

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20 May 2008

Mientras el Everest asiste a un ataque masivo de centenares de alpinistas (entre ellos los bilbaínos Juan Ramón Madariaga y Jordi Estanyol), Iñaki Ochoa de Olza pasa por serios apuros en el Annapurna. Las últimas datan de última hora de ayer, cuando se intentaba recuperar en el campo IV, a 7.400 metros de altitud, de un inesperado ataque acompañado de tos y vómitos que le dejó semiinconsciente. Con el se encuentra el rumano Horia Colibasanu, que está intentado coordinar un rescate. Por si fuera poco , los teléfonos móviles de ambos se han quedado sin baterías y no se tienen noticias de ellos desde hace casi 24 horas.
La secuencia de hechos es la siguiente: tras 16 horas ininterrumpidas de ascensión, Iñaki, Horia y el ruso Alexei Bolotov llegan a cien metros de la cumbre del Annapurna (8.091 m.), pero antes las congelaciones que tiene el navarro en las manos y lo delicado del terreno deciden darse media vuelta. Sólo Bolotov decide continuar en solitario. Iñaki y Horia vuelven al campo IV, desde el que esperan descender al día siguiente hasta el campo base.
Es allí donde, de repente, Iñaki sufre un ataque acompañado de tos y vómitos que le deja prácticamente inconsciente. Horia le administra medicación por si se tratase un edema pero no mejora. El rumano contacta con un compatriota que les recomienda perder altura lo antes posibles. También logra contactar con algunas expediciones que intentan el Annapurna por la cara norte, que inician los preparativos para un rescate. Mientras, el ruso Bolotov aún no ha regresado de un intento de cumbre en solitario. Y hasta ahí llegan los datos que se conocen. Las baterías de los dos alpinistas se agotan y se hace el silencio.
Desde aquí sólo podemos confiar la fuerza y experiencia de Iñaki para que todo termine bien.

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11 May 2008

Sí, sí, pasiones. Y no me refiero precisamente a la más bajas (por cierto, nunca he entendido el por qué se las considera bajas), no. Se trata de las otras: las elevadas, sobre todo una: odio. Esa es la conclusión a la que he llegado tras leer los comentarios escritos en El Correo Digital a cuenta de la ascensión de Juanito Oiarzabal al Makalu. Parece que a unos cuantos les molesta que el vitoriano sea capaz aún de subir un 'ochomil.
Sinceramente, no entiendo esa animadversión ¿O será envidia? que algunos muestran en sus comentarios, algunos de los cuales rozan incluso el insulto personal. Y no pretendo con ello erigirme aquí en defensor de nadie. Conozco a Juanito y he compartido con él expediciones (aunque sólo haya sido hasta el campo base), así que puedo decir que le he 'sufrido', pero también que he disfrutado con él. Y, sobre todo, he podido comprobar su experiencia, su capacidad de sufrimiento y superación, sus condiciones innatas para la alta montaña.
Juanito tiene un carácter difícil. No estoy descubriendo nada. Cualquiera que lo conozca lo puede corroborar. Y ha tomado una serie de decisiones en su vida personal, al margen de la montaña, que a unos gustarán más que a otros. Pero no dejan de ser suyas. Y por eso hay que respetarlas. A mí me importa un bledo si antes de escalar el Makalu ha ido a 'Supervivientes' a 'Operación Triunfo' o a 'Barrio Sésamo'. A mí lo que me importa es que es un tío capaz de demostrarse a sí mismo que cuatro años después de sufrir la amputación de todos los dedos de los pies por congelaciones y con 54 años en la chepa aún puede subir hasta la cumbre del Makalu, una 'tatxuelilla' de casi ocho mil quinientos metros de altitud (el quinto ochomil más alto). Lo que supone, por recordar un detalle sin importancia, su vigésimo segundo ochomil. Miren ustedes por donde (otro detalles sin importancia), algo que nadie ha hecho aún en este planeta.
Algunos de los comentarios hacen referencia también a su supuesta fama de mal compañero y lo justifican refiriendose a la gente que se ha muerto en sus expediciones. Eso es algo que no se puede negar. Los hechos están ahí. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero en ese caso quizás sería bueno mirar a otros ochomilistas. ¿Cual de ellos, y me refiero a los que tienen una cierta experiencia, a los que acumulan ya unos cuantos años de expediciones, no ha sufrido la pérdida de algún compañero de expedición o no han vivido situaciones extremas en las ascensiones con el resultado de muertos, sean compañeros o miembros de otras expediciones? Y Juanito acumula casi 40 expediciones. Seamos justos. La alta montaña, y más los ochomiles, es un deporte de riesgo, de alto riesgo. Y el que no arriesga no se muere, pero tampoco sube.
Y en cuanto a antiguos compañeros de cordada que parecen ir diciendo ahora por ahí que no le quieren ver ni en pintura, creo que hay que volver a ser justos. Es probable que Juanito no este ahora mismo para hacer la 'magic line' del K2 en alpino o la travesía de los kangchenjuga en solitario y necesite unos buenos compañeros de expedición para completar una ascensión a un ochomil (los que no los necesitas en el ochomilismo actual se pueden contar con los dedos de una mano). Pero durante años, él ha sido una referencia en el mundo del ochomilismo, y a él se han pegado muchos escaladores porque para ellos era la única forma de llegar a un ochomil. Incluso en tiempos más recientes se le ha utilizado como reclamo publicitario para conseguir patrocinios para luego relegarle a un segundo plano en la expedición. En el mundo del ochomilismo hace tiempo que el romanticismo pasó a mejor vida. Cada uno mira por sus intereses (absolutamente honorables siempre que se vaya con la verdad por delante) y la amistad ha quedado relegada a un plano muy inferior.
Así que sólo me queda darle la enhorabuena al Oiarzabal montañero por su capacidad de superación y por su vigesimo segundo ochomil. ¡Zorionak Juanito!

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