11 Jul 2008

Parece que se ha iniciado la triste racha de accidentes, muchos de ellos mortales, que sacuden al colectivo montañero. El jueves falleció el baracaldés Gorka B. A. en el Eriste (Benasque) y ayer corrió la misma mala suerte el montañero de 59 años, M.D., natural de Pamplona, ha sido hallado muerto esta mañana (08.34 horas), en una zona de difícil acceso cuando descendía hacia la Laguna tras haber coronado el Pico Almanzor, cima de 2.592 metros, la más alta de la Sierra de Gredos (Ávila).
Según informaron fuentes del Servicio de Emergencias 112 de Castilla y León, todo apunta a que el motivo del fatal desenlace ha sido una caída.
A las 22.08 horas de ayer, la esposa del montañero alertó al 112 de la desaparición de su marido, que se encontraba de excursión en el pico Almanzor, el más alto de la Sierra de Gredos con 2.592 metros, y que se dirigía al refugio de la laguna portando únicamente una mochila con algo de ropa de abrigo.
Desde el 112 se dio aviso a la Guardia Civil, que activó a los grupos de Rescate e Intervención en Montaña de las localidades abulenses de El Barco de Ávila y Arenas de San Pedro, para la búsqueda del desaparecido.
En ese primer momento no pudo salir ningún helicóptero de rescate, pues ya era de noche, y ha sido esta mañana cuando ha iniciado la búsqueda por la zona un aparato procedente de la base de Torrejón de Ardoz (Madrid).
El vehículo del montañero que iba solo (atención al dato) estaba aparcado en Navarredonda de Gredos. Según los primeros indicios, el excursionista se extravió y sufrió una caída cuando bajaba de la montaña. Las mismas fuentes no han especificado si lo hacía por la ruta normal del Portillo del Crampón o por otra alternativa.
En el paraje conocido como Canales Oscuros del mismo pico, en la vertiente que mira a Candeleda, falleció en diciembre de 2006 Segundo Arratibel de 51 años, que salió de su domicilio en Zumárraga (Guipúzcoa) el 29 de noviembre. Su desaparición fue denunciada el 3 de diciembre, fecha en la que tenía previsto regresar, tras acudir a la sierra en solitario, sin decir la vertiente por la que se iba a adentrar, ni portar teléfono móvil.
El hallazgo se produjo cuando en un reconocimiento aéreo vieron el cuerpo sin vida de una persona junto a una mochila. Pensaron que podría ser el desaparecido al acercarse a pie y reconocer la indumentaria, si bien las labores de rescate fueron arriesgadas por la pronunciada y deslizante pendiente.
En condiciones normales el Pico Almanzor no es peligroso, sencillamente es duro debido al desnivel entre la Plataforma (aparcamiento a 1.770 metros) y la cima. En verano tiene la dificultad añadida de la masificación, con el riesgo de la caída de piedras. A pesar de ello, es una montaña en la que se producen numerosos accidentes, generalmente mortales.

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27 Jun 2008

Mariano Sánchez, guarda ‘honorario’ del refugio de Cabaña Verónica (Picos de Europa) desde hace 25 años, se encuentra ingresado en el hospital de Liencres, anteriormente lo estuvo en el hospital de Valdecilla de Santander, aquejado de una grave enfermedad pulmonar (El Diario Montañés, 24 junio 2007 y Grandes Espacios , junio 2008, nº134).
Cabaña Verónica es en realidad un iglú metálico de 9 m2 colocado a 2.325 metros de altura, en pleno Macizo Central de Picos de Europa. Su instalación partió de una idea del ingeniero bilbaíno Conrado Sentíes y de su amigo el arquitecto Luis Pueyo, que en 1961 animaron a don Julián Delgado Úbeda, presidente de la Federación Española de Montaña, a comprar una de las cúpulas antiaéreas del portaviones americano Palau, veterano de la guerra del Pacífico, que estaba siendo desguazado en la dársena de Sestao, para desmontarla, trasladarla a lomos de mulo y colocarla en este enclave pétreo y sin agua.
Montañeros españoles, entre los que había numerosos escaladores vascos de la época, ayudaron a subir las piezas por la Horcadina de Covarrobres. El refugio, bautizado con el nombre de una de las hijas del difunto Conrado, fue inaugurado en agosto de 1961.
Años de abandono e incuria lo convirtieron en una ruina, incluso fue incendiado y se llegó a pensar en su demolición, hasta que en1983 apareció Mariano Sánchez. Este montañero tenía entonces 34 años y había sido guarda en Electra del Viesgo. Se lía la manta, abandona Santander, se instala en la cabaña, la adecenta y así ha seguido hasta el pasado verano, cuando se sintió enfermo y aconsejado por unos amigos, los mismos que le ayudaban a subir bebidas hasta el refugio, bajó al valle. Allí, en vista de su grave estado fue ingresado en Santander.
Quizá Mariano, con la salud muy deteriorada por esta larga vida en altura, ya no podrá volver a subir a los Picos de Europa, pero durante todos estos años se ha ganado una merecida fama en el mundo de la montaña. Su labor desinteresada siempre ha ido encaminada a ayudar, socorrer y salvar a montañeros y turistas en momentos de extrema necesidad.
Además su colaboración con el Grupo de Rescate de Montaña de la Guardia Civil ha sido fundamental para rescatar montañeros accidentados, turistas imprudentes y salvar muchas vidas.
Curiosamente, jamás ha tenido ni sueldo, ni Seguridad Social, por lo que en la actualidad depende de la caridad pública, en este caso del Gobierno Regional de Cantabria, aunque en 2004, con asistencia de primeras autoridades regionales, fué homenajeado en la 1ª Gala del Deporte de Montaña de Cantabria.

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25 Jun 2008

Lo contaba a principios de mes en este mismo foro: El Dream Team del alpinismo vasco -Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza, José Carlos Tamayo y Ferrán Latorre - partía hacia el Karakorum para intentar escalar el Gasherbrum IV, un 'casi' ochomil (mide 7.925 metros) famoso tanto por su belleza como por su dificultad (sólo ha sido escalado cuatro veces, y de ellas, sólo dos a la cumbre principal).
Me habían llegado noticias de que llevaban ya varios días instalados en el Campo Base y hoy, por fin, tras unos cuantos intentos infructuosos, he podido hablar con ellos vía teléfono satélite.
Y lo que me han contado no podía ser mejor: El grupo apenas lleva diez días en el CB, pero les ha dado tiempo a instalar el campo I y a llevar material hasta el campo II, a 6.500 metros. A partir de ahora, su plan es intentar llegar hasta los 7.000 metros, donde quieren instalar el C-III. Y mañana mismo saldrán para arribna, ya que el parte del tiempo les ha garantizado bonanza hasta el domingo.
El navarro Mikel Zabalza fue quien cogió el teléfono, así que él es el que me explicó que el buen tiempo que han tenido desde su llegada (salvo una nevada que les cayó nada más instalarse en el CB) es lo que les ha permitido tener ese ritmo tan rápido a la hora de instalar los campos de altura. "La verdad es que el tiempo ha sido muy bueno y la pared está bastante pelada porque el invierno ha sido bastante seco, así que no hemos perdido el tiempo", explicaba Mikel.
Sin embargo, esa velocidad en la instalación de los campos ha traído un pequeño cotnratiempo: "hemos ido muy rápido y todavía nos falta un poco para completar la aclimatación. En otras circunstancias, al llegar a 7.000 sería ya suficiente para completarla, pero aquí no se si será suficiente ya que sólo llevamos diez días en el campo base. Alberto (Iñurrategi) se aclimata muy rápido y él ya está preparado. Si por el fuera, tras esta salida que vamos a hacer hasta los 7.000, la siguiente vez iríamos para la cumbre. Pero creo el resto tenemos que esperar un poco más y completar una buena aclimatación, porque el trabajo que vamos a tener por arriba va a ser duro".
Efectivamente, una vez que salgan para cumbre, su plan es montar el C-IV camino de la cima "y aún seguramente tendremos que vivaquear una noche más entre que vamos y volvemos a la cumbre principal", explicaba Zabalza. "El G-IV no es un ochomil, pero por la planificación que requiere es como si lo fuera", añadía.
Por lo demás, el grupo se encuentra perfectamente en todos los aspectos y muy tranquilos, ya que están solos en la montaña y en su campo base, "mientras que en el base del G-I y el G-II (a menos de un día de marcha del CB del G-IV) hay más de doscientas personas", explicaba indisimuladamente complacido Mikel Zabalza.

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24 Jun 2008

Ha comenzado ya la temporada en el Karakorum y los cinco ochomiles de Pakistán reciben ya el asedio de cientos de alpinistas (un día de estos os cuento las primeras ascensiones del verano). Sin embargo, habrá una baja significativa: Gerlinde Kalterbrunner, la austriaca que encabeza, con once (junto con la italiana Nives Meroi), la carrera femenina por ascender los catorce ochomiles, ha anunciado que este verano no intentará el K2, su objetivo para los próximos meses. El argumento esgrimido son los problemas físicos que sufrió hace poco más de un mes en el Lhotse, que intentó enlazar con la ascensión al Dhaulagiri, donde coincidió en la cumbre con Edurne Pasaban.
Efectivamente, Gerlinde y su marido Ralf Dujmovits se las prometían muy felices en el vecino del Everest. De hacer cumbre,el alemán, que venía de hacer cumbre en el Makalu, habría terminado los Catorce. Pero las cosas se complicaron. El desgaste que ambos sufrieron en el Dhaulagiri y el Makalu fue mayor de lo que creían y en el Lhotse sufrieron problemas físicos y principios de congelación que les obligaron a darse la vuelta no muy lejos de la cumbre.
Y ahora ha llegado la renuncia de Gerlinde al K2, una decisión más que acertada, ya que la segunda montaña más alta del planeta exige plenitud de forma para afrontarla con garantías. Esta decisión puede permitir a Edurne Pasaban alcanzar a la austriaca y a la italiana Nives Meroi (aún recuperándose de un accidente el otoño pasado en el Makalu) el próximo otoño, en el que la tolosarra intentará el Manaslu. (En la foto, Edurne y Gerlinde en la cumbre del Broad Peak. Colección Edurne Pasaban).
Hablando de sustos en el Lhotse, el de Carlos Pauner sí que fue realmente serio. El aragonés sufrió un principio de edema cerebral (lo supo más tarde) y gracias a que las escasas fuerzas que le quedaban le permitieron un momento de lucidez en el que decidió darse la vuelta a apenas doscientos metros de la cumbre, porque si no, ahora el relato sería bien distinto.
El caso es que Pauner, que también había ascendido el Dhaulagiri unos días antes, confió en sus fuerzas y en la aclimatación lograda en La Montaña Blanca y planteó la ascensión al Lhotse como "subir a un tresmil en Pirineos". Dicho y hecho,: llegó al Campo Base (el mismo del Everest), esperó un par de días a que los partes meteorológicos fueran buenos, se echó la mochila al hombro y tiró para arriba... Y así le fueron las cosas. Carlos cuenta que ya subiendo en la zona baja notó cierto cansancio. Y luego, arriba, se rozó la tragedia. Incluso fue auxiliado por varios alpinistas españoles que descendían del Everest (El Lhotse y el Everest comparte ruta hasta el campo III), que le suministraron oxígeno y le ayudaron a descender hasta el CB.
Definitivamentem, no hay nada como perderle el respeto a la montaña, sea el Lhotse, el Aneto o el Gorbeia, para jugarte la vida.

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21 Jun 2008

El montañero Alberto Zerain, 46 años, primer alavés que conquistó la cumbre del Everest, partió el pasado viernes hacia Pakistán para intentar realizar en julio el doblete de coronar las cimas del K-2, el segundo pico más alto del planeta tierra con sus 8.611 metro y ldel Broad Peak, la duodécima montaña (8.047 metros). En caso de lograrlo será una 'primera' para Zerain, porque no recuerdo que nadie haya hecho cima en el K2 tras ascender otro ochomil.
El alavés estará acompañado en el Broad Peak por el vizcaíno Aitor Las Hayas y el castreño Juan Carlos González. En el campo base se les sumarán los andaluces Lina Quesada, que ha subido al Everest junto al bilbaíno J. R. Madariaga y el catalán Jordi Estanyol, y Rafael Merchán; los extremeños Santiago Martín y Diego Hernández, y el riojano Alfredo García.
Al K2 piensa ir en solitario, intentando no usar las cuerdas fijas de otras expediciones.
En el supuesto de que Zerain consiga hacer realidad ambos objetivos, serían su sexto y séptimo 'ochomil', tras haber hecho cumbre con anterioridad en los picos del Everest, Makalu, Lhotse, Gasherbrum II y Hidden Peak.
El vitoriano ya tiene una idea del esfuerzo que requiere la aventura, puesto que hace dos años subió junto a Xabier Alzola el GI y el GII de forma consecutiva. Eran cimas de altura aproximada. En este caso el desafío es diferente y más peliagudo.
Los himalayistas advierten de la dificultad de encadenar un 'ochomil' pelado y una cima de dimensiones considerables como es el K-2. El primero se sube bien, pero en el segundo el 'techo' parece que está fijado en los 8.100 metros, punto en el que el cuerpo se bloquea.
Pauner en una entrevista que concedió a Barrabés al descender de su intento del Lhotse hace unas semanas, aseguraba que {no es lo mismo encadenar dos ochomiles pelados, que traspasar la barrera y llegar a los 8.611 metros del K2, que encima es el ochomil más complicado.A esa altura ya superas el ‘muro’. Ralf y Gerlinde Kaltenbrunner también intentaron el Lhotse tras el Dhaulagiri y se han quedado a 8.100 metros. No pudieron seguir}, decía el aragonés.

En la foto de Andrade, el grupo de Zerain posa antes de tomar el vuelo hacia Pakistán.

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03 Jun 2008

Ayer partió para Pakistán la expedición formada por José Carlos Tamayo, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre. Os preguntaréis a donde se va esa pléyade de alpinistas de ensueño, ese 'dream Team' del himalayismo vasco (seguro que Ferrán, catalán hasta la médula él, no se enfada si le hago vasco un ratito para redondear el adjetivo). Pues nada menos que al G-IV.
¿El G-IV? Sí, el cuarto pico más alto del macizo de los Gasherbrum, en el corazón del Karakorum, en torno a ese pequeño paraiso para los montañeros conocido como Concordia, confluencia de tres glaciares a cuatro mil metros de altitud y privilegiado mirador a algunas de las montañas más altas y bellas del planeta.
El G-IV es la montaña perfecta, sus formas, su dificultad la convierten en el sueño de todo alpinista, una más que digna competencia para el cercano K2 (8.611 m.). Os preguntaréis entonces porque no es una montaña conocida, popular, codiciada como su vecina. La culpa la tienen 75 metros. Los que le faltan para medir 8.000. Esos 75 metros la dejan fuera de Los Catorce (es la decimoséptima montaña más alta del mundo). Esa mínima distancia la ha relegado al anonimato.
Tanto que sólo cuenta con cuatro rutas (tres a la cumbre principal, en la foto la punta derecha del polígono rocoso) y otras tantas ascensiones desde que Walter Bonatti y Carlo Mauri pisaron su cumbre por primera vez en 1958. El dato es el mejor reflejo de su dificultad.
Para varios de los expedicionarios vascos es también un viejo anhelo. Así Tamayo lo intentará por tercera vez (1997 y 1004), mientras que para Iñurrategi, será su segunda incursión en la montaña (2004).
El grupo ha decidido intentarlo por la ruta que en 1986 abrió la expedición australiano-americana formada por Andy Tuthill, Greg Child, Tom Hargis y Tim Macartney-Snape, y que supuso la segunda ascensión absoluta de la montaña. La vía discurre por la arista Noroeste (la de la izquierda en la fotografía), una ruta lógica, bella y con una dificultad mantenida, con una sorpresa final: media docena de largos de V grado a 7.700 metros de altitud.
En 15 días el grupo estará instalado en el campo base y, desde ese momento, la montaña será enterita para ellos. Mientras, a apenas un par de kilómetros, decenas y decenas de personas convertirán las laderas del Broad Peak en una especie de romería camino de uno de los santuarios ochomilísticos. ¡Benditos 75 metros! pensará para sus adentros el G-IV mientras mira de reojo la hilera de penitentes de su vecino. En la inmensidad de sus paredes, la presencia de cinco alpinistas, osados y nobles en la pelea, será para él todo un honor.
¡Suerte y fuerza para todos!

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29 May 2008

Ayer (29 de mayo) se cumplieron 55 años de la ascensión de Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay al Everest. Fueron dos pioneros que se adentraron en una tierra desconocida, pisando por primera vez la cima del mundo.
Tenzing Norgay hace ya muchos años que nos dejó. Edmund Hillary falleció este año, tras haber dedicado su vida a ayudar al pueblo sherpa. Recomendamos la carta que Ang Tshering Sherpa le dedicó tras su fallecimiento, en la que cuenta cómo gracias a Sir Edmund y sus escuelas los sherpas aprendieron a ganarse la vida.

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19 May 2008

El catalán Jordi Panyella Renom, ‘Pany’, uno de los mitos del alpinismo español de los años 40 del siglo pasado, falleció el 14 de mayo a los 92 años. Formo parte de la llamada ‘Edad de Oro’ de la escalada en la que estaban hombres de la categoría de Ferrera y Mallafré, en Cataluña; Teógenes Díaz, González Folliot, Baldomero Sol y José María Galilea, en Madrid, y Serón, Millán y Bescós, en Aragón
Panyella desarrolló sus actividades principalmente en Montserrat y Pedraforca, con algunas aperturas que siguen asombrando a los escaladores actuales. Fue miembro fundador del GAM del Club Muntanya Barcelonés y del CADE (1942) del Centre Excursionista de Catalunya. Además de Montserrat y Pedraforca también realizó varias primeras absolutas y nacionales en los Pirineos. Entre ellas destacan la Torre de Góriz y la Brecha de Rolando (Monte Perdido), en 1.943.
En misma época se volcó en los Mallos de Riglos (Aragón), centro de atracción de los escaladores de unos tiempos de autarquía, pobreza y fronteras cerradas. Además de la apertura de la vía ‘Pany-Haus’ al Mallo Pisón, fue el primero en este mismo monolito desde el collado. Realizó la primera repetición a la punta de los Catalanes del Fire (la más alta). En cambio, M. Bescós, Alberto Rabadá y Cintero se le adelantaron en el Puro.
En los años 50, se fue retirando progresivamente de la escalada. Con su fallecimiento se va uno de los montañeros que contribuyó al nacimiento de la escalada de dificultad en España.
Su muerte acaece un año después de la desaparición del inolvidable Pedro Udaondo (17 de marzo de 2007), a los 72 años, en Picos de Europa, en plenas facultades y haciendo lo que más le gustaba, y de Alfonso Alonso, ‘Fonsín el de Cosgaya’ (30 de abril 2007) , una de las leyendas del alpinismo cántabro, a los 85 de edad, en Barcelona.
La noticia de Pedro Udaondo tuvo un amplio eco en EL CORREO, no así la de ‘Fonsín’, que escondida por el día a día pasó desapercibida salvo entre los alpinistas más veteranos.
Aprovecho lel fallecimiento de Panyella para recordar a Alfonso Alonso, un gran amante de la montaña, especialmente de los Picos de Europa, donde realizó ‘primeras’ en la Sur de Peña Vieja y en el Macizo Oriental en los años 50.
Su nombre adquirió trascendencia en febrero del 70. El Naranjo de Bulnes había atrapado en sus paredes a Lastra y Arrabal y las tentativas de rescate eran infructuosas. El de Cosgaya, con conocimientos de aviación por haber sido piloto en las milicias universitarias, propuso a la tripulación del helicóptero que pasase cerca de la repisa donde se refugiaban los madrileños. Con medio cuerpo fuera del aparato, en pie sobre el patín del aparato de la Guardia Civil de Tráfico, logró echarles una mochila con pertrechos y una nota de ánimo.
Al día siguiente, de nuevo Fonsín fue el encargado de descolgar una cuerda con un mosquetón en el extremo, con la que engancharon e izaron desde la cima a Arrabal exhausto.
Posteriormente tomó parte de la primera expedición vasca al Everest.

Foto. Diario Montañés

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08 May 2008

El Centro de esquí de Lunada ocupa la ladera del Pico de la Miel en el valle del mismo nombre, a 20 kilómetros escasos de Espinosa de los Monteros, en Las Merindades (Burgos).
Ostenta el récord de ser la estación de esquí con las cotas de remontes mecánicos más bajas de España: mínima a 1.280m y máxima a 1.440m. En los inviernos propicios, el anterior y éste que ha acabado no lo han sido, acumula grandes cantidades de nieve debido a la pluviometría de la zona.
Para los esquiadores de cierta edad que aprendimos a deslizarnos en el remonte (desmontado y reducido a chatarra) que instalaba el Club Deportivo Bilbao en La Sía, Lunada es algo que hemos visto nacer, cobrar auge y caer prácticamente en el olvido. Volver a su aparcamiento, dejar el coche frente al edificio que reúne oficinas, bar y guardaesquís y estirar las piernas con los remontes que afean el Pico de la Miel frente a nosotros, es volver 20 o 30 años en el tiempo.
Lunada vivió una época dorada a mediados de los años 80. De los dos parkings, uno estaba reservado para los autobuses que venían llenos. Los coches ocupaban el otro y los laterales de la carretera. Muchos fines de semana de febrero y marzo los coches aparcados llegaban hasta el desvío con la carretera al puerto.
Eran tiempos mejores. La estación ha caído en el olvido, entre otras razones porque ya no nieva con la intensidad de hace 20 años, y abre cuando hay nieve en cantidad suficiente y .... despejan la carretera.
El pasado martes (día 6) aprovechamos el aparcamiento de Lunada para realizar una marcha hasta el escondido y poco visitado Pico de Torcaverosa, que se encuentra detrás del Castro Valnera. Lo recomiendo. Nadie nos vino a saludar. Los cuervos y grajos se asomaron por los andurriales en busca de algún resto de comida. Él único sonido era el del viento. Nos deprimió ver tanta infraestructura desaprovechada, tanto destrozo para nada. Aún nos acordábamos, primero de los años en los que no había estación. Cuando todo eran brezales y prados. Pero también echamos en falta el bullicio de los años buenos de esquí bilbaíno-burgalés.
La estación tiene una página en internet: www.lunada.es.vg

Foto: Mauricio Martín

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07 May 2008

Hacer posible lo imposible. Ése ha sido el empeño de Sebastián Álvaro durante los últimos 27 años al frente de ‘Al filo de lo imposible’. El resultado son cerca de trescientos documentales y un programa de aventuras que se ha convertido en un referente televisivo.
Un cuarto de siglo en el que sigue manteniendo «la ilusión del primer día» y cree haber dado con el santo grial de la longevidad en una televisión sometida a la tiranía de las audiencias. «Hemos durado tanto tiempo en primer lugar porque somos rentables. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que un partido de la Champions cuesta lo mismo que tres años de ‘Al filo’. Somos, además, probablemente el programa más premiado y el más vendido de TVE. Sin olvidar, por supuesto, la calidad del equipo humano del programa, sin el que nada de esto hubiese sido posible», añade orgulloso. «Así que creo que nos salen las cuentas».
Ahora, el director del programa ha reunido en un libro (editorial RBA) los momentos estelares de ese cuarto de siglo largo recorriendo el planeta en busca de las montañas más altas, las simas más profundas, los vuelos más inverosímiles. La obra incluye 25 aventuras, una por cada año, y se edita con dos de retraso respecto a las bodas de plata de ‘Al filo’ porque precisamente lo que más le ha costado a Sebastián Álvaro «ha sido elegir los temas. Cuando empecé la selección me di cuenta de lo difícil que iba a ser. Son muchos años y muchos recuerdos. La mayoría buenos y algunos malos, pero de todos ellos hemos sacado lecciones, nos han hecho mejores, más grandes como personas, que al final es lo que cuenta».
Aunque, si tiene que elegir uno, la expedición al K-2 de 1994 sigue ocupando un lugar preferencial. «Siempre ha sido una montaña especial para el programa, desde que la vimos en el primer viaje al Karakorum en 1981, y fue la primera en la que perdimos a un compañero (Atxo Apellaniz). Creo que hay un antes y un después del K-2 en la historia del ‘Al filo’».
Empezaron en la montaña –«el medio más cercano por mi formación»– y siguieron en el mar, en la tierra, en el aire, en los polos: buceo, espeleobuceo, travesías de desiertos, ala delta, globos... Les quedan pocas modalidades por probar, pocos lugares por visitar... «¡Sí, el espacio!», interrumpe Álvaro.
«En el primer viaje a Marte nos vamos a ir éste (el alpinista bilbaíno Juanjo San Sebastián, otro de los pioneros del programa, está presente en la entrevista) y yo porque nos hemos enterado de que hay una montaña llamada Cráter Olimpo que mide doce kilómetros de altura y la vamos a hacer sin oxígeno», apostilla entre risas... Las mismas que soltaron sus amigos cuando les propuso en 1981 viajar al Karakorum para hacer un documental.

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