14 Ago 2008
Mañana se cumplen dos semanas de la tragedia del K2. Los supervivientes curan ya sus heridas en sus paises de origen y la montaña recupera su tranquilidad.
Sanos y a salvo, los supervivientes han contado sus vivencias, sus experiencias, lo que unido a lo que se conoce de la operación de rescate llevada a cabo por las expediciones que se vieron involucradas en él ha permitido elaborar una cronología bastante aproximada de lo que ocurrió entre el 1 y el 2 de agosto a más de ocho mil metros en la segunda montaña más alta del planeta.
Éste es el relato del os hechos. Sacad vosotros mismos las conclusiones:
La noche del 31de julio al 1 de agosto, 31 alpinistas se encuentran el en campo IV del K2, sobre 'El Hombro', casi ochomil metros de altura, para partir de madrugada hacia la cumbre. Pertenecen a las expediciones coreana (5 alpinistas), holandesa (5), noruega (4), serbia (4), italiana (2), el irlandés Gerard McDowell, adscrito a la expedición Norit (holandesa), y el veterano francés Jean Luis Marie Hugues d'Aubarede, líder de una expedición internacional en la que al final se ha quedado prácticamente sólo. Además, por supuesto varios sherpas o/y porteadores de altura paquistaníes acompañan a casi todos los grupos.
Hay un alpinista más que también va hacia la cumbre, pero no está en el campo IV. Es el alavés Alberto Zerain. En una decisión que inicialmente parece algo arriesgada, ha decidido realizar el ataque a cumbre desde el C-III, a 7.500 metros de altitud. Él explica sus motivos. “Tenía algunas dudas sobre el tiempo y además vi que el día anterior subía mucha gente al IV y que én él sería complicado descansar, así que preferí quedarme tranquilamente solo en el III, y me pasé todo el día hidratándome y descansando. La noche del 31 salí a las 10 de la noche y en menos de tres horas estaba ya en el C-IV”.
Mientras, en el C-IV hay algunas dudas sobre la meteorología y las condiciones de la montaña. Incluso alguno alerta sobre el mal fario que supone coincidir con el eclipse de sol que ese día se produce en buena parte del continente asiático. Todos esos debates no hacen más que retrasar la hora de salida hacia la cumbre. Tanto, que Zerain decide partir hacia arriba sólo. “Estuve más de una hora esperando fuera de las tiendas, en el C-IV a que la gente con la que había quedado para subir juntos y equipar la ruta saliese. Pero no se decídian, así que decidí seguir para arriba solo”.
Por fin, los primeros hombres se deciden a partir, al margen de Zerain, que va varias horas por delante. El equipo Norit informa que sobre las seis de la mañana, Wilco van Rooijen, Gerard McDonnell y Cas van de Gevel alcanzan muy arriba del Cuello de Botella a Gyalje sherpa Pemba, que había salido antes para equipar la ruta. Tres horas más tarde, informan que los cuatro están en el principio de la Travesía, el sector más técnico y expuesto de toda la ruta.
Mientras, por detrás, un buen número de alpinistas se ha animado y han salido detrás del grupo holandés. Uno de ellos sufre el primer accidente de los varios que se desarrollarán en las siguiente 24 horas y que conformarán la mayor tragedia del K2. En el Cuello de Botella, el serbio Dren Mandic pierde pie y, tras deslizarse 200 metros por la empinada ladera, cae al vacío. El sueco Fredrik Strang informa al CB que va a subir para intentar recuperar el cuerpo. Llega hasta una reunión de varios escaladores que, según él, ofrecen síntomas de hipotermia y anuncia que “toma el mando” en el intento de rescate del cuerpo. Pero ve como un porteador de altura paquistaní pierde pie y cae también al vacío. Es el segundo muerto del día. Strang decide entonces regresar al campo IV. Pero el grueso del grupo sigue, aunque en una ascensión extremadamente lenta. Más tarde, el noruego Rolf Bae, toda una celebridad de la exploración glaciar en su país y alpinista de primer nivel, decide también darse media vuelta, mientras otros dos miembros de su grupo, su mujer Cecile Skog y Lars Naesse, siguen para arriba. No se volvería a saber nada de Bae, aunque nadie se daría cuenta de su desaparición hasta muchas horas después, cuando sus compañeros llegaron a las tiendas del C-IV y comprobaron que no estaba. Luego confirmarían que había fallecido en una avalancha.
Casi una veintena de alpinistas continúan hacia la cumbre. Y van llegando a ella. El primero, ajeno a todos los problemas que van sugiendo por detrás, es Alberto Zerain, que holla la cima del K2 sobre las tres de la tarde. Sobre las cinco llegan Cecile Skog y Lars Naesse junto con el sherpa Chiiring Dorje Sherpa, único integrante que hace cumbre de la expedición internacional que lidera el estadounidense Michael Farris y de la que es integrante Fredrik Strang. Supone ademas su 17º ochomil. Media hora después llegan cinco coreanos, incluyendo a Go Mi-Sun, que logra su sexto ochomil, y dos de sus sherpas sherpas. A las 7 p.m., Gerard McDonnell llama a su casa para informar de que se acaba de convertir en el primer irlandés en ascender el K2. Con él está Marco Confortola. Poco después, Hugues d'Aubarede holla también el que es su cuarto ochomil, acompañado por su fiel porteador paquistaní Karim Meherban. Los últimos son Wilco van Rooijen, Cas van de Gevel y Pemba Gyalje Sherpa, que se habían retrasado, según informaría días mas tarde Wilco, por un error en la instalación de las cuerdas fijas, que incluso les llevó tener que reinstalarlas en el Cuello de Botella y la Travesía.
En sus declaraciones tras el rescate, Wilco van Rooijen se mostró especialmente enfadado con este extremo. "El mayor error que cometimos fue llegar a acuerdos” entre las distintas expediciones, dijo. "Todo el mundo tenía su propia responsabilidad, pero algunas personas no hicieron lo acordado”. Así, aseguró que una de las expediciones, de la que no quiso dar el nombre, no subió la cuerda acordada, y a la hora de la verdad, se vieron con sólo la mitad de la cuerda prevista. “Con esas estúpidas decisiones pusieron en peligro las vidas de muchos alpinistas”, añadió.
En total, 18 alpinistas hacen cima a lo largo de la tarde y primeras horas de la noche del 1 de agosto.
Pero ahora toca descender. El agotamiento y la oscuridad ralentizan enormemente la bajada, que se alarga más allá de lo que cualquier protocolo de seguridad en montaña recomienda. Sólo Alberto Zerain (al C-III) y los noruegos (al C-IV) alcanzan la seguridad de las tiendas sin novedad y totalmente ajenos a lo que está ocurriendo más arriba, donde la tragedia comienza a fraguarse (Alberto Zerain confiesa que no se entera de lo que ha ocurrido hasta que llega al CB al día siguiente).
(El relato, a partir de ahora, parece en algunos momentos inconexo e incluso contradictorio, sobre todo en lo referente a los horarios, pero está elaborado única y exclusivamente con las declaraciones posteriores de los supervivientes, que se refieren no a una, sino a varias avalanchas, como las causantes de la tragedia).
Sobre las 4 de la madrugada del 2 de agosto, la expedición Norit informa que uno de sus alpinistas que descienden de la cumbre (al parecer Wilco) ha llamado para decir que un pedazo de hielo se ha desgajado del serac que hay sobre la Travesía y el Cuello de Botella y al caer se ha llevado las cuerdas fijas que aseguraban la ruta. En ese momento, nadie sabe si la avalancha ha arrastrado también a alguno del los montañeros que descendían. El informador dice que cerca de doce escaladores han quedado atrapados por encima de la sección rota.
La expedición holandesa se moviliza inmediatamente y, en coordinación con la coreana, organizan un intento de rescate. Mientras, arriba, el caos y el pánico se apoderan de la situación, según explicaría más tarde Wilco van Rooijen, que tras ser rescatado se mostró extremadamente duro con la actitud de los alpinistas en esos momentos. "La gente corría hacia abajo, pero no sabía a dónde ir, por lo que muchas personas se perdieron al seguir un camino equivocado”. También dijo que intentó que los alpinistas atrapados sobre el Cuello de Botella trabajasen juntos para superar la situación, pero no le hicieron caso. “Querían usar mi gas y mi cuerda", dijo. "Así que, en realidad, todo el mundo estaba luchando por cada uno mismo, No entiendo por qué nos separamos."
En sus declaraciones, Marco Confortola también incide en los problemas de desorganización que hubo entre los alpinistas y explica cómo, nadam ás iniciar el descenso surge un nuevo problema que ralentiza la bajada: varios alpinistas, incluido él, habían quedado en ir poniendo banderines durante la subida para marcar el camino, pero ninguno lo ha hecho. Pese a todo, consiguen descender hasta llegar justo encima del gran serac (en la zona de la Travesía y la parte alta del Cuello de Botella. “Gerard, mi amigo, va por delante. Entonces le grito que pare porque oigo un gran estruendo. Veo caer a tres coreanos por la pendiente. A continuación, silencio absoluto” relata. Según él, son alrededor de las ocho y media de la noche. Entonces le dice a Gerard que se quedan donde están porque todo está muy oscuro y corren el riesgo de caer ellos también. “Así que pasamos allí mismo la noche”.
Están en una pendiente de casi 60 grados sin nada en lo que guarecerse, así que hacen dos agujeros, “dos sillas más bien”, en los que se aprestan a pasar la noche. El objetivo es aguantar el vela. Allá arriba, a la intemperie, dormir es sinónimo de morir. De pronto, Marco escucha que alguien la llama a gritos, a su derecha, en la pared, por debajo de él. Es el holandés Wilco van Rooijen. Intentan hablar pero no se entienden. “Mi inglés es repugnante”, confiesa el italiano. Más tarde, sienten una súbita racha de viento y acto seguido se ven cubiertos por una nube de polvo. Otra avalancha a pasado junto a ellos.
Al poco, Gerard, que se ha alejado unos metros para orinar, llama a su compañero. Marco acude, mira hacia donde le indica el irlandés, hacia abajo en el canal, y ve las cuerdas fijas que desaparecen en el serac. “Me asomo un poco más y veo que hay tres alpinistas colgados, los que que habíamos visto antes. Tratamos de socorrerles, pero no podemos hacer nada”.
Después, “sobre las 3 y media”. Marco dice ver a cuatro sherpas que continúan descendiendo. Y después, a un alpinista, al que no indentifica, en la parte inferior del canal que había perdido parte de su material en la avalancha, le faltaban las manoplas, las gafas, una bota incluso. Lo único que puede hacer es darle un guante. “Seguimos bajando, pasamos la Travesía y bajamos el Cuello de la Botella y, justo cuando estamos debajo, siento un gran rugido, miro para atrás y veo, a unos 400 metros sobre nosotros, una avalancha que cae del serac”. Cuando pasa junto a él “entonces veo que de ella sobresalen dos botas que conozco”. Son las de su compañero Gerard McDonnell. Entonces, Marco cuenta que “derrumbado, me dejo caer en la nieve y me quedo dormido”.
No sabe cuanto tiempo está así. Lo siguiente que recuerda es que un sherpa le despierta, le da oxígeno y le lleva hasta el campo IV. El rescatador es Pemba Gyalje Sherpa, que junto con el holandés Cas van de Gevel, ha logrado descender hasta el C-IV en medio de la noche y sin la cuerdas fijas y al dlía siguiente ha vuelto a remontar el Cuello de Botella en busca de supervivientes. “Si no hubiese sido por él, sin duda habría muerto” reconoce Marco Confortola. Pero antes de llegar a las tiendas, aún tienen tiempo de escuchar otra gran avalancha que cae del gran serac.
La noche del sábado, 2 de agosto, cae sobre el K2. No aparecen más supervivientes. Tampoco Wilco van Rooijen, que en un momento del descenso que ninguno logra concretar se ha separado de Confortola. De pronto, se recibe una llamada suya en el CB. Apenas acierta a decir que está en la “cara sur” de la pared. Además de que ya es de noche, es imposible localizarlo sólo con ese dato. Pero el teléfono satélite permite ubicar exactamente el punto desde el que se ha realizado la llamada. La firma del celular (Thuraya) accede a dar las coordenadas exactas y un grupo de rescate sale urgentemente en su busqueda. Lo encuentra al día siguiente (domingo) descendiendo desorientado en un punto entre los campos IV y III de la ruta Cessen, la utilizada por los holandeses para la ascensión (y que confluye en El Hombro con la Abruzzos).
Con el rescate de Wilco las operaciones de salvamento se dan por cerradas. Es domingo y han pasado 48 horas desde la avalancha que ha cortado la ruta y 72 horas desde que partieran para la cima. Las explicaciones de Marco y Wilco dan a entender que los tres coreranos y lod sod sherpas han muerto bajo la avalancha principal. Pero aún hay dos, el francés Hugues d'Aubarede y su porteador paquistaní Karim Meherban. Sepultados bajo alguno de los aludes o perdidos en el intento de descender sin las cuerdas fijas, el caso es que el margen de supervivencia en esas condiciones y a esa altitud ha quedado ampliamente superado. Se les da por muertos.
El saldo final de fallecidos queda establecido definitivamente en 11, el mayor de la historia del K2 en un sólo ataque a cumbre. Wilco llega al día siguiente al campo base con congelaciones en las manos y rápidamente es evacuado en helicóptero a un hospital. Marco aún tarda dos días más en llegar al CB y otro más, por culpa del mal tiempo, en ser evacuado en helicóptero a un hospital. De Skardu. Sufre gravísimas congelaciones en los pies.
Esta cronología de lo sucedido en el K2 entre el 1 y el 5 de agosto ha sido realizada con los datos obtenidos de una conversación mantenida con Alberto Zerain y en las siguientes webs:
www.barrabes.com
broadpeak08.blogspot.com/
www.desnivel.com
www.elcorreodigital.com
www.explorersweb.com
www.k2climb.net
www.mounteverest.net
www.montagna.org
www.marcoconfortola.it/
www.noritk2.nl
www.reuters.com
news.yahoo.com/
14 Ago 2008
Mañana se cumplen dos semanas de la tragedia del K2. Los supervivientes curan ya sus heridas en sus paises de origen y la montaña recupera su tranquilidad.
Sanos y a salvo, los supervivientes han contado sus vivencias, sus experiencias, lo que unido a lo que se conoce de la operación de rescate llevada a cabo por las expediciones que se vieron involucradas en él ha permitido elaborar una cronología bastante aproximada de lo que ocurrió entre el 1 y el 2 de agosto a más de ocho mil metros en la segunda montaña más alta del planeta.
Éste es el relato del os hechos. Sacad vosotros mismos las conclusiones:
La noche del 31de julio al 1 de agosto, 31 alpinistas se encuentran el en campo IV del K2, sobre 'El Hombro', casi ochomil metros de altura, para partir de madrugada hacia la cumbre. Pertenecen a las expediciones coreana (5 alpinistas), holandesa (5), noruega (4), serbia (4), italiana (2), el irlandés Gerard McDowell, adscrito a la expedición Norit (holandesa), y el veterano francés Jean Luis Marie Hugues d'Aubarede, líder de una expedición internacional en la que al final se ha quedado prácticamente sólo. Además, por supuesto varios sherpas o/y porteadores de altura paquistaníes acompañan a casi todos los grupos.
Hay un alpinista más que también va hacia la cumbre, pero no está en el campo IV. Es el alavés Alberto Zerain. En una decisión que inicialmente parece algo arriesgada, ha decidido realizar el ataque a cumbre desde el C-III, a 7.500 metros de altitud. Él explica sus motivos. “Tenía algunas dudas sobre el tiempo y además vi que el día anterior subía mucha gente al IV y que én él sería complicado descansar, así que preferí quedarme tranquilamente solo en el III, y me pasé todo el día hidratándome y descansando. La noche del 31 salí a las 10 de la noche y en menos de tres horas estaba ya en el C-IV”.
Mientras, en el C-IV hay algunas dudas sobre la meteorología y las condiciones de la montaña. Incluso alguno alerta sobre el mal fario que supone coincidir con el eclipse de sol que ese día se produce en buena parte del continente asiático. Todos esos debates no hacen más que retrasar la hora de salida hacia la cumbre. Tanto, que Zerain decide partir hacia arriba sólo. “Estuve más de una hora esperando fuera de las tiendas, en el C-IV a que la gente con la que había quedado para subir juntos y equipar la ruta saliese. Pero no se decídian, así que decidí seguir para arriba solo”.
Por fin, los primeros hombres se deciden a partir, al margen de Zerain, que va varias horas por delante. El equipo Norit informa que sobre las seis de la mañana, Wilco van Rooijen, Gerard
McDonnell y Cas van de Gevel alcanzan muy arriba del Cuello de Botella a Gyalje sherpa Pemba, que había salido antes para equipar la ruta. Tres horas más tarde, informan que los cuatro están en el principio de la Travesía, el sector más técnico y expuesto de toda la ruta.
(El Cuello de Botella, con el Gran Serac encima)
Mientras, por detrás, un buen número de alpinistas se ha animado y han salido detrás del grupo holandés. Uno de ellos sufre el primer accidente de los varios que se desarrollarán en las siguiente 24 horas y que conformarán la mayor tragedia del K2. En el Cuello de Botella, el serbio Dren Mandic pierde pie y, tras deslizarse 200 metros por la empinada ladera, cae al vacío. El sueco Fredrik Strang informa al CB que va a subir para intentar recuperar el cuerpo. Llega hasta una reunión de varios escaladores que, según él, ofrecen síntomas de hipotermia y anuncia que “toma el mando” en el intento de rescate del cuerpo. Pero ve como un porteador de altura paquistaní pierde pie y cae también al vacío. Es el segundo muerto del día. Strang decide entonces regresar al campo IV. Pero el grueso del grupo sigue, aunque en una ascensión extremadamente lenta. Más tarde, el noruego Rolf Bae, toda una celebridad de la exploración glaciar en su país y alpinista de primer nivel, decide también darse media vuelta, mientras otros dos miembros de su grupo, su mujer Cecile Skog y Lars Naesse, siguen para arriba. No se volvería a saber nada de Bae, aunque nadie se daría cuenta de su desaparición hasta muchas horas después, cuando sus compañeros llegaron a las tiendas del C-IV y comprobaron que no estaba. Luego confirmarían que había fallecido en una avalancha.
Casi una veintena de alpinistas continúan hacia la cumbre. Y van llegando a ella. El primero, ajeno a todos los problemas que van sugiendo por detrás, es Alberto Zerain, que holla la cima del K2 sobre las tres de la tarde. Sobre las cinco llegan Cecile Skog y Lars Naesse junto con el sherpa Chiiring Dorje Sherpa, único integrante que hace cumbre de la expedición internacional que lidera el estadounidense Michael Farris y de la que es integrante Fredrik Strang. Supone ademas su 17º ochomil. Media hora después llegan cinco coreanos, incluyendo a Go Mi-Sun, que logra su sexto ochomil, y dos de sus sherpas sherpas. A las 7 p.m., Gerard McDonnell llama a su casa para informar de que se acaba de convertir en el primer irlandés en ascender el K2. Con él está Marco Confortola. Poco después, Hugues d'Aubarede holla también el que es su cuarto ochomil, acompañado por su fiel porteador paquistaní Karim Meherban.
Los últimos son Wilco van Rooijen, Cas van de Gevel y Pemba Gyalje Sherpa, que se habían retrasado, según informaría días mas tarde Wilco, por un error en la instalación de las cuerdas fijas, que incluso les llevó tener que reinstalarlas en el Cuello de Botella y la Travesía.
(En la imagen, el inicio de la Travesía, el tramo más técnico y peligroso de la ruta)
En sus declaraciones tras el rescate, Wilco van Rooijen se mostró especialmente enfadado con este extremo. "El mayor error que cometimos fue llegar a acuerdos” entre las distintas expediciones, dijo. "Todo el mundo tenía su propia responsabilidad, pero algunas personas no hicieron lo acordado”. Así, aseguró que una de las expediciones, de la que no quiso dar el nombre, no subió la cuerda acordada, y a la hora de la verdad, se vieron con sólo la mitad de la cuerda prevista. “Con esas estúpidas decisiones pusieron en peligro las vidas de muchos alpinistas”, añadió.
En total, 18 alpinistas hacen cima a lo largo de la tarde y primeras horas de la noche del 1 de agosto.
Pero ahora toca descender. El agotamiento y la oscuridad ralentizan enormemente la bajada, que se alarga más allá de lo que cualquier protocolo de seguridad en montaña recomienda. Sólo Alberto Zerain (al C-III) y los noruegos (al C-IV) alcanzan la seguridad de las tiendas sin novedad y totalmente ajenos a lo que está ocurriendo más arriba, donde la tragedia comienza a fraguarse (Alberto Zerain confiesa que no se entera de lo que ha ocurrido hasta que llega al CB al día siguiente).
(El relato, a partir de ahora, parece en algunos momentos inconexo e incluso contradictorio, sobre todo en lo referente a los horarios, pero está elaborado única y exclusivamente con las declaraciones posteriores de los supervivientes).
Sobre las 4 de la madrugada del 2 de agosto, la expedición Norit informa que uno de sus alpinistas que descienden de la cumbre (al parecer Wilco) ha llamado para decir que un pedazo de hielo se ha desgajado del serac que hay sobre la Travesía y el Cuello de Botella y al caer se ha llevado las cuerdas fijas que aseguraban la ruta. En ese momento, nadie sabe si la avalancha ha arrastrado también a alguno del los montañeros que descendían. El informador dice que cerca de doce escaladores han quedado atrapados por encima de la sección rota.
La expedición holandesa se moviliza inmediatamente y, en coordinación con la coreana, organizan un intento de rescate. Mientras, arriba, el caos y el pánico se apoderan de la situación, según explicaría más tarde Wilco van Rooijen, que tras ser rescatado se mostró extremadamente duro con la actitud de los alpinistas en esos momentos. "La gente corría hacia abajo, pero no sabía a dónde ir, por lo que muchas personas se perdieron al seguir un camino equivocado”. También dijo que intentó que los alpinistas atrapados sobre el Cuello de Botella trabajasen juntos para superar la situación, pero no le hicieron caso. “Querían usar mi gas y mi cuerda", dijo. "Así que, en realidad, todo el mundo estaba luchando por cada uno mismo, No entiendo por qué nos separamos."
En sus declaraciones, Marco Confortola también incide en los problemas de desorganización que hubo entre los alpinistas y explica cómo, nadam ás iniciar el descenso surge un nuevo problema que ralentiza la bajada: varios alpinistas, incluido él, habían quedado en ir poniendo banderines durante la subida para marcar el camino, pero ninguno lo ha hecho. Pese a todo, consiguen descender hasta llegar justo encima del gran serac (en la zona de la Travesía y la parte alta del Cuello de Botella. “Gerard, mi amigo, va por delante. Entonces le grito que pare porque oigo un gran estruendo. Veo caer a tres coreanos por la pendiente. A continuación, silencio absoluto” relata. Según él, son alrededor de las ocho y media de la noche. Entonces le dice a Gerard que se quedan donde están porque todo está muy oscuro y corren el riesgo de caer ellos también. “Así que pasamos allí mismo la noche”.
Están en una pendiente de casi 60 grados sin nada en lo que guarecerse, así que hacen dos agujeros, “dos sillas más bien”, en los que se aprestan a pasar la noche. El objetivo es aguantar el vela. Allá arriba, a la intemperie, dormir es sinónimo de morir. De pronto, Marco escucha que alguien la llama a gritos, a su derecha, en la pared, por debajo de él. Es el holandés Wilco van Rooijen. Intentan hablar pero no se entienden. “Mi inglés es repugnante”, confiesa el italiano. Más tarde, sienten una súbita racha de viento y acto seguido se ven cubiertos por una nube de polvo. Otra avalancha a pasado junto a ellos.
(En la imagen, Cas van de Gevel y Wilco van Rooijen)
Al poco, Gerard, que se ha alejado unos metros para orinar, llama a su compañero. Marco acude, mira hacia donde le indica el irlandés, hacia abajo en el canal, y ve las cuerdas fijas que desaparecen en el serac. “Me asomo un poco más y veo que hay tres alpinistas colgados, los que que habíamos visto antes. Tratamos de socorrerles, pero no podemos hacer nada”.
Después, “sobre las 3 y media”. Marco dice ver a cuatro sherpas que continúan descendiendo. Y después, a un alpinista, al que no indentifica, en la parte inferior del canal que había perdido parte de su material en la avalancha, le faltaban las manoplas, las gafas, una bota incluso. Lo único que puede hacer es darle un guante. “Seguimos bajando, pasamos la Travesía y bajamos el Cuello de la Botella y, justo cuando estamos debajo, siento un gran rugido, miro para atrás y veo, a unos 400 metros sobre nosotros, una avalancha que cae del serac”. Cuando pasa junto a él “entonces veo que de ella sobresalen dos botas que conozco”. Son las de su compañero Gerard McDonnell. Entonces, Marco cuenta que “derrumbado, me dejo caer en la nieve y me quedo dormido”.
No sabe cuanto tiempo está así. Lo siguiente que recuerda es que un sherpa le despierta, le da oxígeno y le lleva hasta el campo IV. El rescatador es Pemba Gyalje Sherpa, que junto con el holandés Cas van de Gevel, ha logrado descender hasta el C-IV en medio de la noche y sin la cuerdas fijas y al dlía siguiente ha vuelto a remontar el Cuello de Botella en busca de supervivientes. “Si no hubiese sido por él, sin duda habría muerto” reconoce Marco Confortola. Pero antes de llegar a las tiendas, aún tienen tiempo de escuchar otra gran avalancha que cae del gran serac.
(En la imagen, Marco Confortola a su llegada a Italia)
La noche del sábado, 2 de agosto, cae sobre el K2. No aparecen más supervivientes. Tampoco Wilco van Rooijen, que en un momento del descenso que ninguno logra concretar se ha separado de Confortola. De pronto, se recibe una llamada suya en el CB. Apenas acierta a decir que está en la “cara sur” de la pared. Además de que ya es de noche, es imposible localizarlo sólo con ese dato. Pero el teléfono satélite permite ubicar exactamente el punto desde el que se ha realizado la llamada. La firma del celular (Thuraya) accede a dar las coordenadas exactas y un grupo de rescate sale urgentemente en su busqueda. Lo encuentra al día siguiente (domingo) descendiendo desorientado en un punto entre los campos IV y III de la ruta Cessen, la utilizada por los holandeses para la ascensión (y que confluye en El Hombro con la Abruzzos).
Con el rescate de Wilco las operaciones de salvamento se dan por cerradas. Es domingo y han pasado 48 horas desde la avalancha que ha cortado la ruta y 72 horas desde que partieran para la cima. Las explicaciones de Marco y Wilco dan a entender que los tres coreranos y lod sod sherpas han muerto bajo la avalancha principal. Pero aún hay dos, el francés Hugues d'Aubarede y su porteador paquistaní Karim Meherban. Sepultados bajo alguno de los aludes o perdidos en el intento de descender sin las cuerdas fijas, el caso es que el margen de supervivencia en esas condiciones y a esa altitud ha quedado ampliamente superado. Se les da por muertos.
El saldo final de fallecidos queda establecido definitivamente en 11, el mayor de la historia del K2 en un sólo ataque a cumbre. Wilco llega al día siguiente al campo base con congelaciones en las manos y rápidamente es evacuado en helicóptero a un hospital. Marco aún tarda dos días más en llegar al CB y otro más, por culpa del mal tiempo, en ser evacuado en helicóptero a un hospital. De Skardu. Sufre gravísimas congelaciones en los pies.
Esta cronología de lo sucedido en el K2 entre el 1 y el 5 de agosto ha sido realizada con los datos obtenidos de una conversación mantenida con Alberto Zerain y en las siguientes webs:
www.barrabes.com
broadpeak08.blogspot.com/
www.desnivel.com
www.elcorreodigital.com
www.explorersweb.com
www.k2climb.net
www.mounteverest.net
www.montagna.org
www.marcoconfortola.it/
www.noritk2.nl
www.reuters.com
news.yahoo.com/
12 Ago 2008
Estos días, con todo lo sucedido en el K2 y buscando documentación, he desempolvado los libros sobre la Montaña de las Montañas. Hay unos cuantos. Tanto o más que del Everest. La montaña desde luego da para ello. Acumula gestas y tragedias como ningún otro ochomil. Es, digamoslo así, una montaña muy literaria.
Al hablar del literatura sobre el K2 en la mente de todos está la afamada obra 'El nudo infinito' de Kurt Diemberger, donde relata todo lo sucedido aquel trágico verano de 1986.
Sin embargo, si tengo que elegir un libro sobre el K2 me vais a permitir que me quede con 'Cita con la cumbre' de Juanjo San Sebastián (Ed. Desnivel), en el que relata el dramático descenso con Atxo Apellaniz por la cara norte tras hacer cumbre el 4 de agosto de 1994. Quien piense que es un libro dem ontaña está muy equivocado. Es un retrato vital y personal del autor que trasciende mucho más allá del simple relato de una expedición.
No dudo que si Juanjo, en vez de haber nacido en bilbao, lo hubiera hecho en alguna ciudad francesa, austriaca o italiana, estaríamos ante el libro sobre el K2 más afamado mundialmente.
Si tenéis ocasión no dejéis de leerlo. absolutamente recomendable. Y si ya lo habéis leído, volved a hacerlo. Paladearéis aún con mayor placer el estilo de Juanjo, esa ironía que destilan sus frases, la sinceridad que emana de cada palabra.
07 Ago 2008
Los foros y las webs sobre montaña echan humo estos días tras la tragedia del K2. El debate está servido: ¿Los alpinistas involucrados tenían experiencia y nivel suficiente para acometer la ascensión a esa montaña? ¿Fue una imprudencia continuar hasta la cumbre pese a lo tarde que se les había hecho? (hicieron cumbre sobre las ocho de la tarde, casi noche cerrada ya en el Karakorum) ¿Lo sucedido fue mala suerte o la actitud de los alpinistas resultó decisiva para el fatal desenlace? ¿Se puede responsabilizar a los alpinistas de la muerte de los porteadores y sherpas que habían contratado para ayudarles en la ascensión?
En algunos foros y comentarios de periódicos incluso ha habido profusión de insultos para los alpinistas fallecidos, descalificándolos como personas y como montañeros. Algo con lo que evidentemente no estoy de acuerdo: es muy fácil criticar la actuación de una persona, al límite de sus fuerzas y a ocho mil metros de altitud, desde el salón de tu casa, con un gin tonic a tu vera y el ordenador enfrente. 
Y es que como suele suceder en casi todos los ámbitos de la vida, no todo es blanco o negro. En la vida no hay buenos y malos (eso queda para las del oeste de serie B). Todo hombre, y cada una de sus actuaciones, tiene muchos matices. Y es muy dificil juzgarlas desde la distancia, en un contexto totalmente diferente y sin ni siquiera conocer al cien por cien los detalles de lo sucedido.
(En la imagen de la derecha, la vía de los abruzzos, ruta habitual de ascenso al K2.)
Pero vayamos por partes:
1ª Pregunta: ¿Los alpinistas involucrados tenían experiencia y nivel suficiente para acometer la ascensión a esa montaña?
Un vistazo al currículum de la mayoría de las personas que estaba allí arriba invita a pensar que desde luego no eran unos novatos, no eran unos "turistas" -como algún ilustre escritor les ha definido en un periódico de tirada nacional- la mayoría de ellos tenían amplia experiencia en el Himalaya y/o como escaladores de dificultad. Ahora bien, ¿esos historiales les capacitaban para ascender el K2? Seguramente en circunstancias normales sí (indudablemente, en la lista de personas que han subido el K2 hay gente con peor historial que ellos). El problema es que el 1 de agosto pasado, una serie de circunstancias convirtieron la ruta del K2 en una trampa casi mortal de la que sólo escaladores de una cualidades excepcionales podían escapar. No es casualidad que los dos únicos supervivientes (pese a todo con graves congelaciones) del grupo que quedó atrapado por encima del 'Cuello de Botella' hayan sido el holandés Wilco van Rooijen y el italiano Marco Confortola, sin duda los dos hombres con mayor calidad y experiencia contrastadas de los que estaba allí arriba.
2ª Pregunta: ¿Fue una imprudencia continuar hasta la cumbre pese a lo tarde que se les había hecho?
Aquí hay un dato irrefutable: El código de seguridad de toda expedición en un ochomil dice que hacer cumbre más allá de las dos de la tarde supone superar unos límites cuyas consecuencias pueden ser imprevisibles. Y es que la primera norma que cualquier montañero debe de tener presente siempre es que la ascensión no termina en la cumbre, sino en el campo base tras bajar de ella. O como dijo Kurt Diemberger a raíz de su ascensión al K2 en 1986: "un ochomil sólo te pertenece cuando has llegado al campo base. Hasta entonces, tú le perteneces
a él". El problema -o el mérito- es tener la suficiente lucidez, cuando te encuentras al límite de tus fuerzas, por encima de los ochomil metros y a pocos centenares de metros de una cumbre en la que has empeñado todas tus energías durante los últimos años, para decidir darte la vuelta. Probablemente sea ésa la mayor prueba de madurez y responsabilidad a la que se pueda enfrentar un alpinista. Pese a todo, el himalayismo está repleto de ejemplos en los que escaladores, algunos de ellos de contrastada calidad, han hecho cumbre muy tarde, incluso de noche, y han descendido sin mayores problemas. Aunque otros no.
(En la foto de la derecha se advierten las graves congelaciones que sufre Marco Confortola en sus pies)
3ª pregunta: ¿Lo sucedido fue mala suerte o la actitud de los alpinistas resultó decisiva para el fatal desenlace?
Llegamos al meollo de la cuestión. Una vez que todos los supervivientes están ya a salvo y han comenzado a contar lo vivido, sus relatos están sirviendo para conocer con bastante precisión lo ocurrido, que en muchos detalles no coincide con los datos que se manejaban hasta ahora. En todo caso, todo apunta a una combinación de mala planificación, decisiones erróneas y, también, mala suerte. Para empezar, dos de los fallecidos, el serbio Dren Mandic y uno de los porteadores paquistaníes, murieron antes de llegar a la cumbre. Concretamente, poco después de partir del campo IV, cuando Mandic perdió pie y cayó al vacío y a su porteador le pasó lo mismo al acudir en su ayuda. Esta primera desgracia hizo dudar al resto del grupo, formado por una veintena de escaladores de varias expediciones, la mayoría del os cuales finalmente decidió continuar la ascensión. Llegan al 'Cuello de Botella', el tramo más técnico de la ruta. Aquí, Wilco van Rooijen y Marco Confortola han coincidido tras su rescate en declarar que fue en ese momento cuando se dieron cuenta de que el grupo pecaba de desorganización e inexperiencia. Hasta el punto de que una mala colocación de las cuerdas fijas les hizo perder casi dos horas. El holandés añadía que esa mala colocación pudo ser incluso determinante para que horas más tarde fueran arrastrada por una avalancha. Pese a todos los problemas, el grupo continúa hacia la cumbre. Camino de ella se cruzan con Alberto Zerain, que baja ya. Sus sensaciones son premonitorias: “iban muy lentos, yo creo que bastante justos de fuerzas y encima la mayoría llevaba botellas de oxígeno. Por la hora que era y el ritmo que llevaban me pareció que era una temeridad seguir subiendo”. Pero lo hacen. Y llegan a la cumbre. Ocho de la tarde, noche ya en el Karakorum. Y es en el descenso cuando se desata la tragedia. En el 'Cuello de Botella' se desprende un trozo del serac que pende sobre él y provoca una avalancha que arrastra a tres coreanos y sus sherpas, que justo estaban pasando por debajo, y las cuerdas fijas. Varios de los que habían hecho cumbre habían pasado ya, pero media docena de hombres queda atrapados por encima del Cuello de Botella. Ante ellos, un caos de nieve y hielo ocupa ahora el lugar de la ruta y las cuerdas. Confortola relata cómo vio a varios coreanos colgados de la cuerda sin poder hacer nada por ellos. Bajaba con su amigo Gerard McDonnell y deciden hacer un agujero en la nieve a la espera de ayuda. Entonces un nuevo e
struendo sacude al italiano, que sólo acierta a ver las botas de su compañero en el seno de un nuevo alud que pasa junto a él. Algunos de los supervivientes logran llamar a sus campos base con los teléfonos satélites e informar de lo ocurrido. Desde el Campo IV varios porteadores salen con cuerda para reequipar la vía. Por el camino encuentran a Marco. Wilco van Rooijen también aparece más tarde. Del restonada más se ha vuelto a saber.
(Los holandeses Las Van De Gevel y Wilco Van Rooijen, dos de los sueprvivientes, tras ser tratados de sus congelaciones en Skardu)
4ª Pregunta: ¿Se puede responsabilizar a los alpinistas de la muerte de los porteadores y sherpas que habían contratado para ayudarles en la ascensión?
Es uno de los aspectos que más polémica está suscitando. Al fin y al cabo, los sherpas y porteadores de altura paquistaníes suben allí arriba por dinero, porque es su trabajo, no por gusto o placer. Y aunque nadie les pone una pistola en el pecho para hacerlo, quizás si el nivel de vida de su país y el suyo propio fueran otros elegirían otra actividad menos arriesgada. Aquí el debate es complicado y va más allá del alpinismo para entrar en aspectos socioculturales y económicos, de la dicotomía Primer mundo/Tercer mundo. Un debate, en todo caso, inabordable en lo legal pero con las más variadas interpretaciones en lo moral.
Yo me apunto a la reflexión con un, como mínimo, curioso dato: en el trágico verano de 1896, de los 13 alpinistas que murieron en el K2, ninguno de ellos era sherpa ni porteador. En la tragedia de la pasada semana, casi la mitad lo eran. ¿Es ese dato un retroceso para el alpinismo o un avance para los países de los que son originarios los porteadores y guías (Nepal y Pakistán), que han convertido esa actividad en una de sus principales fuentes de riqueza? Sea lo que fuere, es indudable que cualquier persona que afronta una actividad donde el peligro de muerte es palpable debería pensarse muy mucho el implicar en ella a personas cuya decisión de acompañarle se vea condicionada por aspectos económicos y no sólo la amistad, el compañerismo o la comunión de objetivos.
Y para finalizar, aún a reconociendo que todas las comparaciones son odiosas, no quiero concluir este comentario sin recordar que el mismo día de la tragedia del K2, a unos pocos kilómetros de allí, cuatro alpinistas vascos y un catalán (Alberto Iñurrategi, José Carlos Tamayo, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre), completaban la sexta ascensión de toda su historia al Gasherbrum IV (7.925 m.) tras una complicadísima y exigente escalada en la que no usaron ni porteadores de altura ni oxígeno. El grupo llegó a las cuatro de la tarde a la cima Norte (9.710 m.) y pese a tener la cumbre principal a apenas 300 metros distancia, pensaron que podían asumir demasiados riesgos y decidieron descender. Todos llegaron sin novedad al campo base, salvo Ferrán, al que una piedra de un desprendimiento mientras completaba el último ráppel, cerca del campo I, le golpeó en el codo y una pierna y le ocasionó unas heridas leves.
05 Ago 2008
Camino ya de casa, Alberto Iñurrategi ha relatado con detalle la ascensión de los cinco miembros del grupo a la cumbre del G-IV. Lo primero que ha querido dejar bien claro es que se quedaron en la cumbre secundaria de la montaña, en la cima norte de 7.910 metros de altitud y separada de la principal (7.925 m.) por una arista de unos 300 metros de longitud.
Las informaciones iniciales, recogidas de las escuetas notas publicadas en la web de Ferrán Latorre (trasladado en helicóptero a Skardú para tratar sus heridas, que no revisten gravedad), se referían escuetamente a que habían lacanzado la cima de la montaña, aunque en el gráfico que acompañaba la información se veía que era la cumbre Norte.
Alberto Iñurrategi despeja ahora cuqluier atisbo de duda y recuerda que " hemos llegado hasta la cumbre norte, no hasta la principal. Ése era nuestro objetivo, pero después de doce horas escalando ininterrumpidamente, y cuando digo escalar me refiero al sentido literal de la palabra, llegamos a la cima norte a las cuatro de la tarde y seguir hasta la principal era tentar mucho la suerte. El cansancio acumulado y la hora que era nos llevó a tomar la decisión de forma unánime. Fue una pena, pero era la única decisión posible. La cumbre principal se veía cerca y el terreno no parecía muy complicado, pero era tarde y estábamos muy justos de fuerzas. Un vivac hubiese sido inevitable y sus consecuencias, imprevisibles en el estado en el que estábamos". La ascensión les llevó doce horas de actividad, y el descenso al campo IV otras cuatro, para completar una jornada de cumbre de 18 horas.
Y es que si por algo recordará lberto Iñurrategi esta montaña es por su dureza. "Desde luego, es la montaña del Himalaya en la que más he tenido que escalar, además de la nieve que había. Muchísima. En muchos momentos teníamos que abrir huella con nieve hasta la cintura, con el desgaste que implica".
Sin embargo, y pese a esa pequeña decepción de no llegar a la cima principal, "la sensación que no ha quedado es la de haber hecho cumbre", explica Alberto por teléfono vía satélite.
Pese a todo, Alberto, José Carlos Tramayo, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferrán Latorre se pueden dar por satisfechos. Es la sexta expedición que corona la montaña en toda su historia, de las cuales sólo tres llegaron a la cima principal.
En la fotografía, de la agencia EPA, se distinguen las dos cumbres del G-IV. La norte es la de la izquierda y la principal, la de la derecha.
04 Ago 2008
La Secretaría de Turismo de Pakistan ha confirmado la muerte de once alpinistas en el K2 así como los detalles de la tragedia, como explica hoy la información de la edición impresa del periodico.
Sin embargo, hay un dato que no había trascendido hasta hoy: dos de los fallecidos, un sherpa nepalí y un porteador de altura pakistaní, murieron despues de dar media vuelta y volver a ascender para intentar ayudar a distintos miembros de sus expediciones. Una profesionalidad que les costó la vida.
La lista oficial de fallecidos, dada a conocer por la Secretaría de Turismo de Pakistán es la siguiente:
03 Ago 2008
Mientras conocíamos la llegada a la seguridad del campo base de la expedición al G-IV con un Ferran Latorre herido en un codo y una pierna al caerle una piedra en un rapel y la cumbre de Alberto Zerain en el K2 , la noticia de una tragedia en esta última montaña ensombrecía todo lo demás.
Como suele suceder en estos casos, los datos que llegan son algo confusos y las cifras, totalmente provisionales. En principio, al parecer estan confirmados nueve muertos y cuatro desaparecidos de diversas nacionalidades (coreanos, pakistaníes, nepalíes, serbios, holandeses, noruegos... al verse alcanzados por una avalancha en la zona alta de la montaña, por encima del campo IV, a más de ochomil metros de altura.
La secuencia del suceso es la siguiente: decenas de alpinistas parten hacia la cumbre del K2 desde los campos altos el pasado 1 de agosto. La ascensión se desarrolla sin contratiempos y casi una veintena de ellos hacen cumbre, aunque algunos de ellos muy tarde, cerca de las ocho de la tarde, ya prácticamente noche cerrada en el Karakorum.
Es en el descenso cuando se desencadena la tragedia. Un bloque de hielo se desprende del serac que pende sobre el conocido como "cuello de botella", un estrecho y técnico paso a 8.200 metros por encima del "hombro" (una especie de explanada a casi 8000 metros de altura donde se suele ubicar el campo IV) y que da acceso a las empinadas rampas que llevan a la cumbre.
El serac arrastró las cuerdas fijas que equipaban la ruta y se llevó por delante a varios alpinistas, mientras que otros quedaron aislados por encima del "cuello de botella".
En estos momentos, el objetivo de los equipos de rescate que han iniciado la ascensión es, más que buscar supervivientes, equipas de nuevo de la ruta para que los alpinistas que permanecen aislados, y que acumulan ya casi tres días por encima de los 8000 metros, puedan descender a altitudes más seguras.
01 Ago 2008
Los cinco integrantes de la expedición vasca al Gasherbrum IV (7.925 m.) han alcanzado hoy por la mañana (hora local) la cima de la montaña. Alberto Iñurrategi, José Carlos Tamayo, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Ferran Latorre han hollado la cumbre tras una durísima ascensión desde el campo IV que le ha llevado doce horas.
Poco más se sabe de la noticia, conocida a través de la web de Ferran , a la que el catalán pudo transmitir la noticia: "12 horas desde el Campo IV. Duro, duro, duro, muy duro. Pero todos han conseguido hacer cima. Muy satisfechos, pero pensando ya en la bajada". Y esa es ya la noticia que esperamos: que el descenso se produzca sin novedades.
El día de cumbre ha estado precedido de otra jornada de ayer no menos dura en la que tuvieron que trabajar durante ocho horas para salvar los apenas 600 metros de desnivel entre los campo III y IV.
Foto (cortesía de la web de Ferran Latorre): ruta de ascensión seguida por la expedición.
Broad Peak
Por otra parte, el Alavés Aitor Las Hayas no ha logrado cumbre en el Broad Peak, en el que se tuvo que dar la vuelta cerca de la cumbre. Las últimas noticias le situaban camino del campo I, donde esepraba pasar la noche.
Por su parte, Alberto Zerain tampoco tuvo éxito en su intento de ayer de hacer cumbre en el K2. De momento, no sabemos si ha tomado la decisión de descender o aguardará a recuperarse para hacer un nuevo intento desde los campo de altura.
31 Jul 2008
No hay rastro del alpinista escocés Ben Cheek desaparecido desde el día 15 de julio en el Shimshal Whitehorn, en el Karakorum (Pakistán). Son ya muchos los días que lleva sin aparecer el joven alpinista pero la esperanza sigue viva. El lunes por la mañana dos helicópteros del ejercito paquistaní sobrevolaron toda la zona, tanto la montaña como los glaciares, siguiendo especialmente la ruta que Ben pudiera haber llevado, pero no consiguieron encontrar ningún rastro de Ben.
Aunque lleva desaparecido desde el día 11 de julio, aún se mantienen vivas las esperanzas de encontrarle con vida, si pudo refugiarse de las tormentas que azotaron la zona, y que hicieron que desaparecieran tanto Ben como dos italianos, que ya fueron rescatados. Así, según nos informa Miquel Antonijuan, contacto de la familia en España, y amigo personal de Ben Cheek, su hermana ha lanzado otra operación con helicópteros dependientes del ejército pakistaní, los mismos que han realizado los espectaculares rescates en el Nanga Parbat. Probablemente, los mejores pilotos de altura del mundo, por encima de 5.000 metros.