Discriminación televisiva
Tengo una hermana con síndrome de Down y fan incondicional, desde el inicio del concurso, de Operación Triunfo. El próximo día 1 de junio pensaba darle una sorpresa llevándola de público a la gala que se emite los martes en el canal de televisión de Telecinco. Cuál ha sido mi sorpresa cuando, al realizar los trámites con la productora Gestmusic para asistir al evento, me comunicaron que las personas con discapacidad no pueden asistir como público. La razón: no quedan bien en los planos del público que salen en el programa. Según parece, la productora considera que sólo pueden salir planos de personas normales para no dañar la imagen de su programa y subir puntos en el share. Mientras, Telecinco y uno de los patrocinadores del concurso hacen campañas como el 12 meses 12 causas, y Compromiso con la sociedad...
Celeste López
(Diario METRO Alicante, 04/06/2008)
Pasmosa televisión
Siempre he pensado que hay dos clases de películas malas: las que aburren e incitan a abandonar la sala de cine y las que, de tan malas, logran generar una especie de fascinación en el incrédulo espectador; como si la visión de la ridiculez tuviera un imán atractivo.
Algo parecido ocurre en la televisión. Algunos programas llegan a generar fascinación no por sus virtudes, sino por su alucinante amoralidad, como si el espectador se quedara atrapado en lo peor. La fórmula es muy antigua. La combinación de fotos de mujeres desnudas y tragedias bélicas ha sido siempre una garantía de venta de revistas en el quiosco: carne y sangre, voluptuosidad sensual y mutilaciones tenebrosas. Hoy en día, la única fórmula exitosa para la prensa convencional es regalar descuentos en electrodomésticos y televisiones, hasta el punto de que ya no es necesario acudir a Ikea para decorar la casa, siempre y cuando uno tenga la menguante costumbre de comprar el periódico a diario. Son las televisiones quienes han rescatado lo peor del periodismo para perfeccionarlo hasta extremos alarmantes.
La noche de los viernes y sábados la tele es un peligro siempre al acecho y ¡ay de aquel que caiga en la tentación de encenderla! Corre el riesgo de presenciar sin respirar, sumido en un estupor paralizante, el interrogatorio que sedicentes periodistas de la prensa rosa perpetran al invitado de turno, como si fueran agentes de la CIA en Guantánamo. Una de las periodistas, que dice ser rosa pero es amarilla, iracunda y cuya carótida se hincha cuando grita a sus víctimas, me resulta especialmente llamativa. Entre otras lindezas cargadas de hipocresía y mala uva, suele acusar a sus invitados de acudir al programa para ganar dinero. Como si cobrar por acudir a la tele fuera un delito; ella, que vive gracias a ese estercolero. Vivir para ver. Y ver para apagar la televisión, si es que uno consigue salir del pasmo.
Anuxi Varilla
Sevilla
Un día sin televisión
Consiste en no encender esa caja tonta que se ha metido en nuestros hogares con toda clase de morbo, insultos, series violentas y testimonios de gente aireando sus intimidades o las de los demás. Ya no nos acordamos de cómo podrían vivir las antiguas generaciones sin televisión; de lo emocionante que era relatar un cuento a un niño, enseñarle a hablar, jugar...
Hoy, le enchufamos la tele y a descansar. Luego, cuando sea mayor, diremos: “A este hijo mío ¡es que no lo entiendo!”. Tenemos la ocasión de probar a ver qué tal nos va sin enchufar la tele.
Rafael Calvo
(Diario 20 MINUTOS Alicante, 23/05/2008)
Demasiados anuncios
Escribo para mostrar mi indignación ante la abundancia de anuncios de televisión que hay durante los descansos de las series, programas o películas que ponen.
Hace poco estuve viendo una película de hora y cuarto que, según la guía de programación, empezaba a las 22:15 h. Comenzó media hora más tarde y acabó a las 00:50 h aproximadamente. ¿No es para enfadarse? A nosotros, en la tele, nos gusta ver programas y series, no anuncios.
Por eso ahora, cada vez que ponen algo que me gusta lo grabo o lo veo al día siguiente en Internet. Es la mejor forma de mostrar mi desagrado ante tal cantidad de anuncios, la mayoría de los cuales se repiten varias veces en tan sólo un descanso.
Lara Gómez González
(Diario 20 MINUTOS Sevilla, 05/05/2008)
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