La época del "spam"
Creo que vivimos en la época del spam. Como todo el mundo ya debe saber, me refiero a esos mensajes no deseados que colapsan las direcciones de correo electrónico, y que tienen su trasunto en las páginas web que se abren a traición o en los virus que envenenan nuestros ordenadores. Fuera de la Red, el spam también prolifera y triunfa como si la vida imitara a Internet y no al revés. Es como si las empresas se hubieran inspirado en lo peor de la Red de redes para gestionar su propaganda con una agresividad inusitada. Así, es frecuente recibir varias llamadas telefónicas al día de comerciales que intentan convencerte de que tal compañía es mejor que cual o de otros que te anuncian que has ganado un presunto viaje para dos personas a no sé qué extraño balneario de Dios sabe qué lugar costero. Entras en los supermercados y el hilo musical es otro spam fastidioso y recurrente, porque la calidad de la música de la radio fórmula española es peor que mala, pero a base de repetir machaconamente los mismos temas una acaba acostumbrándose a sufrir ese asalto hasta en el dentista, donde a la espera de que te torturen en el potro te ves obligado a escuchar también al último ganador de Operación Triunfo.
Continuamente somos receptores de mensajes que no deseamos recibir, y ya ni siquiera los teléfonos móviles se libran de este fenómeno, y el mío cada poco vibra en mi mesa para avisarme de que por fin me puedo bajar la canción del Chiki-Chiki o similar. Incluso los bancos nos atacan con su spam usurero, y pronto nos cobrarán comisiones hasta por abrir la puerta de la sucursal. Recuerdo una película de Steven Spielberg protagonizada por Tom Cruise, Minority Report. La película no me entusiasmó, la verdad, pero sí me impactó una escena en la que el protagonista se adentra en unos grandes almacenes: un montón de imágenes virtuales empiezan a acosarle, a proponerle comprar tal o cual producto llamándole por su nombre. ¿Será de verdad así el futuro? Qué espanto.
Anuxi Varilla
Sevilla
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